Mes: agosto 2025

Miguel Lucas de Iranzo nombra a Juan Díaz de Navarrete alcaide de Alicún (10 de julio de 1470)

Miguel Lucas de Iranzo nombra a Juan Díaz de Navarrete alcaide de Alicún

(10 de julio de 1470)

 

Mi amiga Rosalía Calzado, quien fue la que descubrió el testamento de Pedro de Escavias, tuvo la gentileza de comunicarme otros hallazgos suyos relacionados con la historia del reino de Jaén. El que publico y comento aquí es uno de ellos. Se conserva en el Archivo Histórico Nacional, con la signatura Diversas colecciones, 15, N. 1174.

 

 

Descripción

El documento viene precedido por una cuartilla con el sello A. H. N. diversos, en la que una mano reciente describe su contenido:

Dn Miguel Lucas, condes

table de Castilla

Andalucía.                  Jaen.

10 de julio de 1470

 

Condiciones

para que Juan Diaz de Navarrete sea su alcaide

en la frontera de Alicun[1]

tiene la mancha de la cera encarnada del sello[2]

El texto ocupa folio y medio. En el verso del segundo en 1573 se ha añadido el siguiente aviso encima del sello primitivo:

En la villa de Xodar, a deziseis deste mes de abril de mill quinientos e setenta e tres años, se saco vn traslado desta forma y manera Para entrar en el castillo de Alicun para el señor capitan don Juan de Faro Nabarrete, pescador, que tiene aqui con otros muchos Para peces en rresguardo, y se volbio al archiuo, que firmo aqui Su Señoria su nonbre y yo el dho secretario

 

Don Alonso

de Caruajal Osorio

                                                           fdo. Ortiz

secretario

Transcripción del documento

/1r/

¶La forma y manera en que manda y es voluntad del muy magnifico y mas virtuoso señor el señor don Miguell Lucas, condestable de Castilla, que Iohan de Nauarrete sea su alcayde de la su villa y castillo de Alicun e las condiçiones con que lo manda y plaze a Su Señoria que sea tenydo e guardado son las siguientes.

 

Primeramente

¶quel dicho Juan Diaz de Nauarrete reçiba la dicha fortaleza con pleito y omenaje segund fuero, vso y costunbre antigua de España, e por virtud de aquel tenga la administraçion y jurediçion çeuil y criminal mero y mixto ynperio de la dicha villa, con todos los derechos pechos y tributos puertos y castilleria en nonbre del dicho señor condestable, de los frutos y rentas y prouechos de los quales Su Señoria le faze merçed por razon de la dicha alcaydia.

 

¶Iten que reçiba por ynuentario todos los pertrechos y armas de qual quier calidad y condiçion que sean, que en el dicho castillo estouieren, y todo aquello sea obligado a restytuyr al tienpo que la dicha fortaleza dexare al dicho señor condestable o a quien Su Señoria mandare.

 

¶Iten que a Su Señoria plaze quel dicho Iohan Diaz sea su alcayde de la dicha fortaleza desde el dia quel dicho Johan Diaz la reçibiere e fiziere por ella pleito y omenaje fasta el dia del año nueuo y dende en adelante fasta dos años conplidos primeros siguientes, que se conpliran en fyn del año de setenta y dos años.

E que, en este dicho tienpo, la voluntad del señor condestable es que non le sea quitada la dicha fortaleza mas que la tenga el dicho tienpo, no parando perjuyzio nin condiçion alguna a la puridad del dicho pleito y omenaje con que lo reçibe. Pero es clara condiçion que, si Su Señoria quisyere vender o trocar o enpeñar la dicha villa y castillo antes de los dichos dos años ser conplidos, quel dicho Iohan Diaz sea tenudo de entregar la dicha fortaleza en conplimiento del dicho su pleito e omenaje al dicho señor condestable o a su çierto mandado. E que Su Señoria da y dara su fe al dicho Iohan Diaz de le pagar porrata todo lo que le fuere deuido, pagandole y mandandole pagar todas las cosas que de mas el dicho alcayde ende touiere o dexandogelas sacar pero non metiendo la fortaleza en este partido.

 

/1v/

¶Otrosy quel dicho señor condestable mande dar y de al dicho Iohan Diaz çiertas contias de maravedis, segund que pareçera por alualaes del dicho Iohan Diaz, para fazer en la dicha villa y fortaleza çiertas obras y lauores, las quales Su Señoria con el dicho Iohan Diaz tiene apuntado, como mas largo Sancho de Quesada, su obrero, con los albañires lo declarara y dara firmado de su nonbre, de que la dicha fortaleza sera mas guardada y defendida.

Pero es condiçion que, durante el fazer de las dichas obras, el dicho alcayde aya de tener e tenga en guarda de la dicha fortaleza veynte y çinco onbres, pero que comiençe a labrar primero dia de agosto deste año de setenta en que estamos e dende en adelante fasta fazer y acabar las dichas obras en el termino y dentro de aquel que por dos albañires para ello diputados fuere declarado, faziendole y mandandole fazer Su Señoria la paga.

 

¶Otrosy porque, segund por Su Señoria es apuntado con el dicho Iohan Diaz sobre las dichas lauores, son tales e tan fuertes que para la defensa de la dicha fortaleza bastan doze o treze onbres, que, despues de aquellas fechas, tenga los dichos doze o treze onbres y aquellos de ally adelante le sean pagados. E que Su Señoria la mandara fazer la paga de los maravedis aqui en esta çibdad de Iahen, segund que montare la tenençia y paga della, por los terçios de cada vn año. E el pan que le sea pagado en las villas de Bedmar y Xodar y Quesada, o en qualquier dellas.

 

¶Otrosy quel dicho Iohan Diaz faga libro de los maravedis que reçibiere y gasto que en las dichas obras fiziere, declarando como y en que lo gasto, demostrando las lauores y obras a vista de maestros, con juramento quel faga asy en lo que se gastare por menudo como por granado.

 

¶Otrosy que a Su Señoria plaze y quiere que las recuas al dicho castillo neçesarias para basteçimiento del, sy fueren enbargadas o contrariadas por gentes de cristianos o moros, que no puedan ser metidas por la tal contradiçion de qual quier persona poderosa que estado o dignidad tenga o en otra manera que en guarniçion o guerra contra el dicho castillo estouiere, quel dicho señor condestable, en los /2r/ dichos casos o qual quier dellos seyendo requerido, dara fauor e ayuda para que la dicha recua sea metida, segund que mas y mejor pudiere a todo su leal poder y cuydado, y que yncunbrile puede con la mas gente de cauallo y de pie que pudiere como a otra qual quier de sus fortalezas.

 

¶Para lo qual todo asi tener, guardar y conplir, el dicho señor condestable dixo que daua y dio su fe como cauallero y onbre fijo dalgo, y prometio de lo asy tener y guardar a buena fe syn mal engaño;

y para que sea çierto y syn dubda alguna firmolo de su nonbre y mandolo sellar con su sello,

quel fechó en la muy noble famosa y muy leal çibdad de Iahen a diez dias del mes de jullio año del nasçimiento del Nuestro Señor y Saluador Ihu Xpo de mill y quatroçientos y setenta años.

fdo. yo condestable

 

¶Otrosy para conplimiento de todo lo suso dicho y capitulado, el dicho señor condestable da e dio su fe como cauallero y onbre fijo dalgo al dicho Iohan Diaz de Nauarrete de le dar y pagar en cada vn año por los dichos treze onbres que ha de tener en la dicha fortaleza despues de fechas las dichas obras, sesenta y tres mill maravedis y treze cahiçes de farina por los terçios de cada año y, sy menos onbres bastaren para la dicha fortaleza, que se descuente en este respecto. E que asy mismo al dicho respecto sea pagado el tienpo que touiere los dichos veynte y çinco onbres en los quales dichos sesenta y tres mill maravedis entran los diez mill maravedis de tenençia quel dicho alcayde ha de aver.

En firmeza de lo qual, Su Señoria lo firmo de su nonbre.

fdo. yo condestable

 

COMENTARIO

Antecedentes

Del topónimo Alicún sólo se conservan dos ocurrencias, las dos en al-Andaluz: Alicún de Ortega en la provincia de Granada y Alicún en la de Almería. A pesar de que los dos lugares pertenecen a parajes que se señalan por una ocupación humana antigua, comparten un nombre de origen árabe que se debe a la presencia de una fuente que se usó para cuidados médicos como lo demuestra la existencia de dos balnearios a su proximidad (Alicún de las Torres; San Nicolás en Alhama). Esa proximidad geográfica y función similar explican sin duda que el nombre del Alicún granadino fuera completado en el siglo XVI con el de su primer señor, Ortega, para distinguirlo del otro.

El castillo de Alicún, hoy Alicún de Ortega, ocupaba una posición adelantada dentro del sistema de defensa del reino de Granada frente al de Jaén, lo que obligaba a los cristianos a tomar ciertas precauciones cuando planeaban alguna incursión más al sur. Así, en julio de 1462, cuando el condestable Miguel Lucas realizó su entrada en la comarca de Guadix, tuvo que dar un rodeo para que los guardas de aquella fortaleza no dieran la alerta [cf. Textos inéditos / Temas Giennenses / Incursiones del condestable Miguel Lucas en el reino de Granada (abril-agosto de 1462)]:

Otro día, martes, dos oras despues de medio dia, mouio con su hueste, e andouo aquel dia con toda la noche por vn camino el mas estrecho e fragoso del mundo, que se llama el puerto del Çelemin, a fin de furtar las guardas de Alicun, que estonçes era de moros.

Hechos del condestable, cap. VIII, p. 79.

La medida fue suficiente para no despertar la atención del enemigo, lo que indujo a los giennenses a pensar que el castillo de Alicún estaba algo desatendido por los moros. De ahí la idea de hacerse con él. De ello se encargó Fernando de Villafañe, que había participado a la expedición, sin duda con el visto bueno del condestable, La ganó el mismo día que fue conquistada Gibraltar, el 21 de agosto de 1462, es decir apenas unas semanas después de la incursión a la comarca de Guadix. Por lo menos, así lo afirma Arquellada (libro 1º, 33; p. 155):

En este sobredicho dia [“año de mil y cuatrocientos y sesenta y dos años, en viernes veintidós del mes de agosto”] se ganó Alicún y lo ganó Hernando de Villafañe, asistente de Baeza, con la gente de Baeza y de Úbeda y del adelantamiento de Cazorla, que se le rindieron con muy buen partido, que dexaron salir a los moros con sus armas y todas sus haciendas.

La noticia viene confirmada por el testimonio inédito de Pedro de Escavias en su Reportorio de Príncipes de España[3]:

Asimesmo, se gano Alycun por fuerça, la qual gano Ferrnando de Villafañe, vn cauallero que fue criado de la Reyna doña Maria, madre del Rey don Enrrique, estando por corregidor en las çibdades de Baeça y Vbeda[4]. […] Avnque Alecun despues se torrno a perder por vn mal cristiano que en el castillo con otros estaua, no se si echadizo de los moros o sy rreyno el diablo en el, el qual secretamente daño la poluora y corto las cuerdas de las vallestas y furto las nuezes de las cureñas[5] que en el castillo estauan, y fizolo saber a los moros. Y luego vinieron sobre el castillo poderosamente y, como los de dentro non tenian con que lo defender, tomaronlo por conbate y por escalas.

Pedro de Escavias, Reportorio de Príncipes de España, cap. clxv [año 1456]

La tenencia de Villafañe fue por poco tiempo, como lo señala una nota marginal al manuscrito de la crónica de Los Hechos del condestable:

En este tiempo renunció Hernando de Villafañe la tenencia de la villa y castillo de Alecún, que él ganó de los moros siendo asistente de las quatro cibdades del obispado de Jaén, en el condestable Miguel Lucas; como parece por la renunciación y merced, que fue la renunciación a 20 de diciembre de 1464 años, y la merced a 20 de março de 1465. Está la escritura original en poder del doctor Francisco de Villafañe, nieto del dicho Fernando de Villafañe.

Hechos del condestable, 1464, cap. XXIII, p. 254.

Así es como el condestable Miguel Lucas se hizo con la tenencia de la villa y castillo de Alicún. Ignoro a quién, entre marzo de 1465 y el 10 de julio de 1470, delegó el cargo, ya que el contrato firmado con Juan Díaz de Navarrete no se refiere a ningún titular anterior a él.

Condiciones

La escritura de otorgamiento concedida por Miguel Lucas a Juan Díaz de Navarrete contiene siete artículos más uno añadido, que ha sido copiado debajo del sello final.

El primero define el marco jurídico requerido por los ordenamientos judiciales vigentes: conformidad con el uso y costumbre del reino; delegación de poderes concedida por el condestable al nuevo alcaide; enumeración de las prerrogativas y derechos que implica el cargo de alcaide.

El segundo enumera el material contenido en el castillo, con obligación de devolverlo cuando se termine el cargo. Este inventario es exclusivamente bélico, sin que se mencione a cualquier otro utensilio o bien mueble.

El tercero fija la duración del contrato: se iniciará el día del pleito homenaje y cubrirá dos años plenos, hasta el último día de 1472 (24 de diciembre, según el calendario de la época), más lo que quede del año corriente. El nuevo alcaide seguirá ejerciendo el cargo hasta el plazo final, mientras tanto el condestable fuera propietario de la fortaleza y de la villa. En caso de que las condiciones de la propiedad cambiasen antes del plazo por iniciativa del condestable (vendida, trocada o empeñada), no podrá oponerse el alcaide pero se le garantiza que recibirá una compensación monedada por parte del condestable además de lo que ya haya recibido y de llevarse lo que le correspondiera, con la salvedad de no atentar a la integridad de la fortaleza.

En el cuarto, el condestable se compromete a abonar al alcaide los gastos exigidos por las obras que han de realizar dos albañiles para mejorar las defensas de la fortaleza, en conformidad con el documento redactado por el maestro de la obra (“su obrero”) Sancho de Quesada. Queda establecido que las obras empezarán el 1 de agosto del año corriente (1470). Mientras duren, el alcaide se compromete a mantener a 25 hombres de armas para guarda de la fortaleza.

El quinto fija el número de hombres que compondrán la guarnición a 12 o 13, cuya soldada recae en el condestable. Se realizará en Jaén además de lo que corresponde a la tenencia de la alcaidía, en tres plazos para cada año, sin que se precise su fecha. El pan entra también dentro de los ingresos del alcaide y de los guardas; su coste será abonado en las villas de Bedmar, Jodar y Quesada, (“o en qualquier dellas”), según donde se compre. La cantidad de pan quedará precisada en el último artículo que ha sido copiado debajo del sello.

El sexto obliga al alcaide a establecer un libro de cuentas con todos los ingresos y gastos, “por menudo y por granado”. La fórmula no está documentada en los diccionarios que he podido consultar, aunque se entiende que deberá apuntar las cuentas detalladas (“en menudo”) y globales (“por granado”) de todo lo que entre o salga.

El séptimo describe el modo de suministrar a los guardas del castillo todo lo que necesiten especialmente en víveres. Se hará por medio de recuas de mulas y burros, bajo la responsabilidad del condestable que se compromete a protegerlas hasta su destinación, proporcionando la protección de hombres de armas, como para sus otras fortalezas. Se supone que, en caso de pérdida, se compromete a compensarla.

La redacción inicial del documento se acaba en este lugar. El condestable se compromete a cumplir las condiciones fijadas. Siguen lugar y fecha (“en Jaén el 10 de julio de 1470”) y la firma del condestable, debajo de la cual queda la marca del sello personal de Miguel Lucas.

Se ha añadido una octava condición, introducida como las anteriores por la preposición “otrosi”, que completa o precisa algunos puntos del contrato. El alcaide recibirá 10.000 maravedís por la tenencia y los trece guardas se repartirán 73.000 (5.500 para cada uno). Para la alimentación de los hombres, el contrato contempla solo el pan, elemento de base de la alimentación medieval: 39 cahices anuales de harina (13 “por los tercios de cada año”). Esta disposición significa que el resto de avituallamiento – carne, pescado, fruta, verduras -, que completan la dieta habitual de un hombre de armas, corre a cargo del alcaide y de los guardas. Es muy probable que se criara ganado dentro y fuera del recinto del castillo, cerdos y cabras, ovejas y vacas. Habrá que considerar también que los villanos de Alicún, si es que la villa siguiera activa, estuvieran en condiciones de mantener huerta y vergel. En contra de esa posibilidad está el hecho de que la guarnición recibiera el pan bajo forma de harina y no de grano, lo que revela la ausencia de un molino, cosa poco concebible si hubiera una población. También habría que contemplar, como sugiero en el artículo quinto, que las recuas salían de una de las tres villas citadas y que el avituallamiento que transportaban no se limitaba a la harina.

Motivaciones del condestable

No le faltaban motivos a Miguel Lucas para hacerse cargo de la plaza. Su ambición no admitía en el santo reino rivales potenciales. Si no estaba en condiciones de ejercer todas las prerrogativas del título de condestable en el reino de Castilla, procuró hacerlo en el de Jaén donde le correspondía mantener la integridad del territorio frente al reino nazarí. Apoderarse de la plaza de Alicún le ofrecía la posibilidad de afirmarlo públicamente, mediante la anexión de una fortaleza en territorio enemigo. La expedición de 1462 le había demostrado el interés de disponer de un punto de apoyo bien protegido en caso de incursión hacia el corazón del reino moro, Guadix, Baza, incluso la misma Granada.

Un episodio ocurrido el año 1465, relatado detenidamente por la crónica de Los Hechos, revela que la intención de Miguel Lucas no era solo esa. A finales de octubre del año 1465, por tanto, unos meses después de la renuncia de Villafañe, Miguel Lucas decide socorrer el castillo de Montizón al norte de la Sierra Morena, que pertenecía a su hermano, Diego, comendador de la orden de Santiago y que llevaba varios meses asediado por Rodrigo Manrique. La tregua que había firmado con el maestre de Calatrava, Pedro Girón, impedía al condestable intervenir personalmente en un conflicto armado contra los Manrique que eran aliados del maestre.

Para socorrer al castillo de su hermano, inventó una treta. Montó una expedición con la ayuda de Pedro de Escavias. Las tropas de Andújar, con la recua prevista para abastecer al castillo, se dirigieron hacia Jaén, “diciendo que la dicha recua yva para Alecun, que es vna fortaleza quel dicho señor condestable tenía a quince leguas de la çibdad de Jaén, cerca de Guadix”. Al llegar a la altura de Mengíbar, volvieron riendas y se dirigieron hacia el norte para cruzar el Puerto del Muradal. Igualmente, el comendador de Montizón salió de Jaén “con boz y fama que yua al dicho castillo de Alecún” pero, “des que fueron arredrados de la çibdad, muy secretamente dieron la vuelta…” (Hechos del condestable, 1465, cap. XXVIII, p. 298).

El castillo de Alicún queda, pues, identificado como una pertenencia del condestable incluso por sus enemigos, que no ponen trabas a que lo utilice como punto de apoyo para sus actividades bélicas en la zona, imaginando quizás que solo iban dirigidas contra los moros de Granada. En el primer socorro del castillo de Montizón, le sirvió de coartada para poder cruzar un territorio ocupado por fuerzas contrarias. Más adelante, cuando Pedro Manrique volvió a sitiarlo y finalmente a apoderarse de él, Miguel Lucas, decidido a socorrerlo de nuevo, hizo etapa con la recua en Alicún, con intención de proseguir el camino hacia el castillo de su hermano, pero tuvo que desistir y fue allí donde recibió la noticia de la rendición.

Cuestiones anejas, algunas pendientes

            Designación del condestable

“Su Señoría” es la fórmula habitual para designar en tercera persona a un miembro de la nobleza titulada o con cargo relevante dentro del reino, como en este caso el de condestable de Castilla; en estilo directo, “vuestra señoría”, que pasará más tarde a la forma “usía”.

Miguel Lucas firma el documento de su puño y letra, pero no usa su nombre y apellido sino su título de condestable que le confiere la autoridad necesaria para otorgar la tenencia. La fórmula “Yo el condestable” resulta además más solemne (cf. “Yo el rey”).

Juan Díaz de Navarrete

Este documento no proporciona ningún dato que permita identificar al nuevo alcaide, aunque se supone que era persona de confianza y probablemente un criado de Miguel Lucas. Esta suposición queda confirmada por el testimonio de la crónica de Los Hechos del Condestable, donde aparece un “escudero que Juan de Navarrete se llamaua” (Cap. XII, año 1463, p. 137). El 3 de septiembre de 1463, Miguel Lucas le mandó al frente de cuarenta peones a espiar el castillo de Arenas (Campillo de Arenas) para conocer el número de sus guardas. La misión fue un éxito ya que cautivaron a dos moros que trajeron al condestable, los cuales le confesaron que había 33 moros en el castillo.

Si este Juan de Navarrete es el mismo que el Juan Díaz de Navarrete del contrato, resulta que Miguel Lucas eligió para desempeñar el cargo de alcaide de Alicún a un hombre que ya fue merecedor de su confianza en una misión bélica anterior que supo llevar a bien, lo que induce a pensar que se le confiara una misión de más responsabilidad dentro del mismo campo, siete años más tarde.

Gastos no considerados

No aparecen en las cuentas la adquisición de armamento nuevo ni el mantenimiento del existente, como “los pertrechos y armas” que se conservan en la fortaleza. La armadura y arma individual o son de la responsabilidad de los guardas o entran en una cuenta aneja. Tampoco se habla de las cabalgaduras, aunque solo sea las del alcaide, porque es muy posible que los guardas no dispusieran de una propia.

Conclusión

Una de las características más llamativas de esa escritura es la relación directa y exclusiva que denota entre el condestable y el nuevo alcaide. Miguel Lucas actúa como dueño único de un lugar fortificado como si se tratara de una finca. En ningún momento interviene una autoridad superior, aunque fuera por delegación de poderes, a pesar de que esta operación concierne una de las prerrogativas principales del rey. Podría interpretarse como un efecto de la delicuescencia del poder de Enrique IV en aquellos años, como lo sugiere el documento de 1478, en el que, por el contrario, la reina interviene en la cesión de la tenencia de las fortalezas de Mengíbar y Pegalajar entre la ciudad de Jaén y Luis Lucas de Torres. También puede que tenga que ver con las circunstancias de su adquisición por el anterior dueño, Fernando de Villafañe. Este la conquistó de los moros y, por lo tanto, se puede suponer que disponía de una propiedad plena sobre él, al tratarse de un bien primitivamente exterior al reino. El nuevo adquisidor no tendría más obligación hacia la autoridad real que la que tuviera él.

Otra de las características reside en la caducidad del contrato. No solo se limita a dos años, sino que puede ser interrumpido en cualquier momento si así lo desea el condestable. Es cierto que la ruptura se acompaña de compensaciones para el alcaide y, se supone, para los trece hombres de la guarnición, pero sorprende que la defensa de un castillo ignore en tal grado una permanencia mínima, que es la mejor garantía para que sea eficaz. Una posible interpretación sería que lo que interesaba en prioridad a Miguel Lucas era la restauración del castillo y que los dos años de tenencia fueran, además de la seguridad de que se llevaría a cabo, una forma de remuneración de Díaz de Navarrete por haber dirigido las obras.

No vuelve a mencionarse a Alicún en la crónica de Los Hechos del Condestable ni aparece en la documentación relacionada con la herencia de Miguel Lucas.

BIBLIOGRAFÍA

Hechos del condestable Don Miguel Lucas de Iranzo (Crónica del siglo XV). Edición y estudio por Juan de Mata Carriazo; estudio preliminar por Michel Garcia; presentación por Manuel González Jiménez. Editorial Universidad de Granada, Granada MMIX.

Arquellada, Juan de, Sumario de proezas y casos de guerra aconteçidos en Iahen y reynos de España  y de Ytalia y Flandes, y grandeza de ellos desde el año 1353 hasta el año 1590 &. Edición y estudio Enrique Toral y Peñaranda, Jaén, Diputación provincial de Jaén, Instituto de estudios giennenses, 1999.

Escavias, Pedro de, Reportorio de Prínçipes de España, cap cxlvii. en prensa.

Julio de 2025



[1] Ms: Aliar.

[2] La mancha del sello aparece en el recto del folio segundo y se trasluce en el verso del mismo donde se ha copiado el aviso de 1573.

[3] Tampoco la recoge Arquellada.

[4] Según Arquellada (libro 1º, 33), la ganó Villafañe el mismo día que fue conquistada Gibraltar, el 21 de agosto de 1462.

[5] Nuez: pieza móvil que, colocada en el palo (cureña) de la vallesta, se accionaba con una llave para disparar el virote.

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo en el reino de Granada (abril-agosto de 1462) II

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo

en el reino de Granada (abril-agosto de 1462)

II. Testimonios de Pedro de Escavias

Al final del Cancionero de Oñate, Pedro de Escavias ha reunido tres poemas suyos dedicados a personajes sobresalientes de los reinados de Juan II y Enrique IV: Coplas fechas sobre las divisiones del reyno por la privança del condestable don Aluaro de Luna con el señor rey don Juan el segundo quando la batalla de Olmedo; romançe que fizo al señor ynfante don Enrique, maestre de Santiago; Coplas dirigidas al condestable Miguel Lucas, criado del señor rey. Esas tres piezas forman un capítulo aparte dentro de la producción versificada de Escavias, en la que domina la inspiración amorosa bajo la forma de canciones y decires. Ordenadas cronológicamente, esas obras pueden interpretarse también como tres calas en la biografía del poeta, quien estuvo en la corte de Juan II, “siendo paje del rey y harto mochacho”, como lo precisa en el encabezamiento sus poemas. Allí conoció a Álvaro de Luna y al maestre Enrique, quien fue además señor de Andújar, la villa en la que el linaje Escavias ocupó una posición eminente desde que fue conquistada y de la que Pedro sería alcaide y alcalde mayor. En cuanto a Miguel Lucas, estuvo en la frontera de Granada durante el breve período en que fue el privado de Enrique IV y luego gobernó a Jaén en los últimos quince años de su vida (1459-1473), en unión estrecha con Pedro de Escavias, como lo demuestran hasta la saciedad las numerosas ocasiones en que el redactor de Los Hechos del condestable se refiere al andujareño.

En dos de sus obras Pedro de Escavias menciona esos episodios de la frontera: en las Coplas dirigidas al condestable don Miguel Lucas y en el último capítulo, dedicado al reinado de Enrique IV, del Reportorio de Prinçipes de España.

 

Coplas dirigidas al condestable don Miguel Lucas, criado del señor rey

De las Coplas se conservan siete estrofas. Cuatro de ellas (la tercera, la cuarta, la quinta y la sexta)[1] están acompañadas de glosas que reproducen a veces literalmente el texto de la crónica de Los Hechos del Condestable. Reproduzco las de las coplas 3 y 4 que corresponden a las dos incursiones de julio y agosto de 1462.

Virtuoso condestable

vuestros fechos tanto buenos

que fazeys contra [a]garenos

vos dan fama muy loable

1. Tanto que por todo [e]l mundo                                4. No contenta vuestra espada

suenan ya vuestras vitorias                                           de fechos tan singulares

en cantares y en estorias                                               boluistes a los lugares

llamanuos el Çid segundo.                                           que [e]stan juntos con Granada

¡O que fama ynestimable                                             do troxistes d[e] esa entrada

para quien del se pregona                                            fasta los niños de teta

syn que se falle presona                                               syn muchos que de la seta

quel contrario desto fable!                                           murieron abominable.

2. Con dolor de los cuytados                                       5. El rrey Çidiça aquel dia

de la çibdad de Jaen                                                     que del Alhanbra miraua

que [e]n Granada padeçien                                          cuando la presa pasaua

catiuos aherrojados                                                       y la vega toda [a]rdya

çinquanta moros atados                                                su ventura maldezia

de la Yllora troxistes                                                    non osando pelear

los cuales les rrepartistes                                              porque vos veya andar

con amor muy entrannable.                                          como leon espantable.

3. Por la sierra y por lo llano                                        6. No digo dotras entradas

faziendo talas peleas                                                    que fezistes muchas vezes

a Guadix y sus aldeas                                                   trayendo rricos jaezes

posistes a saco mano                                                    y moros manos atadas;

do lloro el pueblo pagano                                            otros muchos a lançadas

trayendo moras y moros                                               matando por alquerias

muchas joyas y tessoros                                               ni dotras cauallerias

que fue cosa ynumerable.                                             de memoria asaz notable.

7. Mas dexando lo que toca

a los perros ysmaeles

enemigos ynfieles

contra quien soys como rroca

tornara contar mi boca

lo cual puede dezir bien

cuanto vos deue Jaen

ser para sienpre açebtable

Glosa de la copla 3

A Guadix / Allende la çibdad de Guadix bien quatro leguas o mas, esta vna sierra por los moros llamada el Çenet, al pie de la cual muchas y buenas aldeas bien ricas estan, las quales en todas las guerras pasadas por estar metidas en el çentro de su defensa de todo asalimiento de enmigos estouieron seguras. Y, como este señor de lo tal auisado fuese, non enbargante que por algunos grandes capitanes, que por mandado del rey nuestro señor en aquella frontera estouiesen antes de aquesto, fuese ensayado de enprender este fecho el qual, aviendolo por muy peligroso, ya del camino a la çibdad de Vbeda se ouiesen tornado, el condestable con fasta mill y trezientos de cauallo y tres mill onbres de pie, vn miercoles por la tarde por el mes de jullio de lxii, de vna ribera que Alhama se llama donde ese dia avie reposado, partio. Y, andando toda la noche, a Guadix a la mano derecha dexando, al alua del dia dio sobre vnos lugares que estan al pie de la sierra ya dicha, llamados al vno La Calahorra y al otro Aldeyra, muy poblados de gentes y bien ricos de todas cosas, por aventura mas que otros lugares semejantes de todo el reyno de Granada los quales, non enbargante la dura resistençia fecha por los enemigos, por animoso conbate luego fueron entrados por fuerça donde, syn los muertos que fueron asaz, muchos moros y moras e ynumerables riquezas de oro y de plata y de seda sacaron tanto que apenas la gente y fardaje era bastante de lo poder traer. Y con todo ello y con muchos ganados la tierra toda quemando ese dia de buelta por delante las puertas de Guadix paso, do trezientos caualleros de la casa de Granada con el Alatar estauan en guarda y, en tanto que toda la caualgada paso, la gente de pie les fizo gran tala. Y despues de muchas escaramuças pasadas, mouio sus batallas y esa noche vino a reposar a la Torre de Xeque que es a vna legua pequeña de ally. Y otro dia continuo su camino fasta llegar a la çibdad de Jahen, de lo qual los moros se quebrantaron mucho porque nunca jamas en ofensa suya ally llegaron christianos. Y deste camino con el mucho trabajo y poco dormir de la gente y los grandes soles y sed que pasaron muchos por algunos dias perdieron el seso.

Glosa de la copla 4

No contenta / No es duda syno quel fecho de Guadix suso rrecontado fue de muy grande audaçia y tanto caualleroso que a qualquier señor grande bastara para se rreputar glorioso e rreposar algund dia. Mas este señor, con vn animo marauilloso, dende a quinze dias, con mil y dozientos de cauallo y fasta tres mill onbres de pie a la Vega de Granada boluio. Y, una tarde, de Alcala la Real se partiendo, toda la noche Xenil arriba andouo fasta que amaneçio sobre unos lugares que son en somo de aquella tan populosa y cauallerosa çibdad, que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena, y tan çerca de aquella que las mugeres y niños se van a pie a librar sus negoçios casy por deporte sin ninguna pena, de la otra parte tan rricos y ajaezados que es cosa marauillosa poderse creer. Y muy poco antes de saliendo el sol, dio sobre los dichos lugares y, como quiera que los abitadores dellos vigurosamente a la defensa se dispusieron y junto con los cristianos fasta quinientos caualleros moros en su socorro allegaron, syn otros asaz caualleros e ynfinita gente de pie que a sus espaldas al rrebato venia, sin enbargo de aquello, luego fueron entrados donde, syn muchos que fueron puestos a cochillo, bien dozientos moros y moras y niños fueron catiuos y presos y los lugares rrobados de muchas joyas de oro y de plata y de seda y puestos a fuego. Y, por çierto, los presos y muertos fueran mas de dos mill sy, la noche de antes, de sus guardas ssentidos no fueran. Y, dado fin a la entrada y despojo, assy por el clamor de las mugeres y niños que, en tanto que sus maridos y padres murien peleando, escaparon fuyendo a la çibdad de Granada, como por la nouedad y graueza del fecho tanto çercano a la dicha çibdad, el alboroço y rrebato fue tan grande aqui, sobreste señor cargo tanta gente que solos los de pie que al canpo eran salidos syn los caualleros eran mas de quarenta mill. Y el, con grande animosidad, rrecogio toda su gente y en tal ordenança se puso a que los moros no se treuieron de le dar la batalla. Y asy, como vençedor trivnfante, toda la tierra rrobando y quemando, con muy grande onrra a la çibdad de Jahen se boluio.

COMENTARIO

El contenido de las coplas y, más aún, la letra de las glosas son un resumen fiel, incluso un calco parcial de los pasajes que la crónica de Los Hechos del condestable dedica a esos sucesos. Como lo indica el título, el poema fue compuesto en vida de su dedicatario, lo que plantea la cuestión de la fecha de su composición. Si se tiene en cuenta que la redacción de la crónica no pasó del capítulo del año 1471, como consecuencia del asesinato del condestable en la Pascua de 1473, se deduce que Pedro de Escavias tuvo acceso a esos capítulos correspondientes a los años 1462 y 1463 antes de que finalizara la redacción del volumen. Esto refuerza la hipótesis que adelanté en el “Estudio preliminar” de la edición de Los Hechos del condestable (Granada, MMIX, p. L-LI) según la que la redacción se hizo por etapas, siendo la primera la relación de los sucesos de los años 1462-1463, que se compuso poco después (¿1464?) cuando aún el proyecto de una crónica no estaba claramente definido. Este tomó cuerpo en el momento en que se redactaron los capítulos relativos a los años anteriores, partiendo arbitrariamente del año 1458, el de la investidura de Miguel Lucas como condestable de Castilla, cuando aún no había dejado la corte ni pensaba refugiarse a Jaén. En la medida en que las Coplas comparten el mismo objeto que esas relaciones, la de contribuir a realzar la figura de Miguel Lucas en un momento preciso de su vida, no es aventurado suponer que la composición de las Coplas fue casi concomitante con la redacción de aquellas. De hecho, ningún momento de la actuación posterior del condestable se prestaba mejor que esos años a la celebración de las hazañas de ese “Cid segundo”.

Esta creación en proceso podría aplicarse también al poema de Escavias, ya que el estribillo inicial y la copla 1, encargados de definir la temática de la obra, se refieren exclusivamente a la lucha contra los moros, mientras que la copla 8 parece iniciar un nuevo rumbo hacia otras acciones de Miguel Lucas en beneficio de Jaén que no fueran únicamente bélicas: “Mas dexando lo que toca / a los perros ysmaeles…”. La pérdida material de uno o varios folios finales del códice del cancionero no permite aclarar definitivamente esa duda.

El estribillo inicial y la primera copla carecen de glosa, al no tener más objeto que alabar en términos ditirámbicos la figura del héroe e introducir la relación de sus triunfos. Las coplas siguientes, en cambio, se refieren explícitamente a las entradas realizadas en territorio de Granada y, por eso mismo, son inseparables de las glosas que las completan: la Illora (copla 3); Guadix (copla 4); Churriana y Aruriena [“los lugares / questan juntos con Granada”] (copla 5); Padul y Alhama (copla 6); Arenas y Montefrío (copla 7). Además de designar los lugares asaltados, con la excepción de la 7 que abarca varias entradas, las coplas hacen eco al texto de la crónica al reproducir ciertos datos significativos de la relación en ella contenida: el botín (coplas 2-4), el rey moro Cidiza (copla 5), quemas de cultivos (copla 6), otra vez el botín (copla 7).

La prosa de las glosas alterna un resumen y una transcripción literal de su modelo. Los pasajes siguientes son una copia exacta del texto cronístico:

copla 3

[…] al alua del dia dio sobre vnos lugares que estan al pie de la sierra ya dicha, llamados al vno La Calahorra y al otro Aldeyra, muy poblados de gentes y bien ricos de todas cosas, por aventura mas que otros lugares semejantes de todo el reyno de Granada.

[…] Y deste camino con el mucho trabajo y poco dormir de la gente y los grandes soles y sed que pasaron muchos por algunos dias perdieron el seso.

copla 4

que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena, y tan çerca de aquella que las mugeres y niños se van a pie a librar sus negoçios casy por deporte sin ninguna pena, de la otra parte tan rricos y ajaezados que es cosa marauillosa poderse creer.

[…] Y, por çierto, los presos y muertos fueran mas de dos mill sy, la noche de antes, de sus guardas ssentidos no fueran. Y, dado fin a la entrada y despojo, assy por el clamor de las mugeres y niños que, en tanto que sus maridos y padres murien peleando, escaparon fuyendo a la çibdad de Granada, como por la nouedad y graueza del fecho tanto çercano a la dicha çibdad, el alboroço y rrebato fue tan grande aqui,

La glosa se aparta de la crónica en pocos lugares. La de la copla 4 es precedida de una corta introducción en la que Escavias expresa su admiración por el condestable:

No es duda syno quel fecho de Guadix suso rrecontado fue de muy grande audaçia y tanto caualleroso que a qualquier señor grande bastara para se rreputar glorioso e rreposar algund dia.

Fuera de esa adaptación del texto de la crónica dentro de su nuevo contexto, el de una glosa, algunas variantes indican un compromiso personal de Pedro de Escavias. Así, el cronista recuerda que, durante las campañas de Juan II al inicio de su reinado, “algunos grandes capitanes” habían pensado realizar una expedición contra Guadix, pero habían vuelto riendas a mitad camino sin atreverse a culminarla. Escavias añade “ya del camino a la çibdad de Vbeda se ouiesen tornado”, sin que se mencione esa ciudad en la crónica. Precisa también cómo los cristianos alcanzaron los dos lugares: “Y, andando toda la noche, a Guadix a la mano derecha dexando”, detalle omitido por el cronista que no carece de interés estratégico. En la glosa de la copla 4, se precisa el camino seguido por los asaltantes: “Y, una tarde, de Alcala la Real se partiendo, toda la noche Xenil arriba andouo fasta que amaneçio sobre unos lugares que son en somo de aquella tan populosa y cauallerosa çibdad, que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena”.

El interés de esas variantes reside en que completan la relación del cronista desde la experiencia de un testigo ocular. Sabemos que Escavias pudo haber presenciado las campañas de Juan II, del que fue paje, y también que participó en la expedición de la sierra de Zenete como capitán de la gente de Andújar, encargado del fardaje y de la retaguardia. Según parece, no se resistió a la tentación de precisar algún punto que el cronista había omitido. Así nos enteramos de que los cristianos rodearon a Guadix por el este para alcanzar Aldeire y La Calahorra y que, por el mismo motivo, siguieron el curso del Genil para llegar directamente a Churriana y Armilla sin cruzar por delante de las puertas de Granada. El cronista podía prescindir de esos detalles, no un participante activo que conservaría una imagen concreta e imborrable de aquella experiencia personal.

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Pedro de Escavias, Reportorio de Príncipes de España, cap. clxvii [año 1462]

Pedro de Escavias vuelve a mencionar esas incursiones de Miguel Lucas en territorio granadino en su obra magna, el Reportorio de Príncipes de España, abreviación de la historia de la Península, cuyo capítulo cxlvii y último resume el reinado de Enrique IV. En un apartado enumera a los privados del rey y, al evocar a Miguel Lucas, que fue uno de ellos, cuenta por qué motivo se alejó de la corte y cómo se casó en Jaén con la condesa, señora de la casa de Torres, y desde ese momento se dedicó a “[fazer] cosas buenas en tierras de moros”.

Dende a poco, boluio, con doss mill e quinientas lanças o pocas mas y con tress mill peones del obispado de Iahen y del adelantamiento de Caçorrla, a correr vnos lugares que son allende de la çibdat de Guadix, al pie de vna sierra que es llamada El Çenet, al vno de los quales dizen Aldeyra y al otro La Calahora, muy poblados de gentes y muy rricos de todas alhajas y joyas de oro y de plata y de seda y de lana, por ventura mas que otros lugares semejantes de todo el rreyno de Granada. La cabsa de su abundançia y rriqueza era porque, de todas las guer[r]as pasadas, sienpre estouieron seguros y guardados, porque alli nunca llegaron cristianos, por estar muncho metidos en el çentro de su defensa.

Y, al alua del dia, dio sobre los dichos lugares y entrolos por fuerça, do murieron munchos moros, y otros munchos con sus mugeres y ffijos traxo presos. Y los dichos lugares fueron de todo punto rrobados y puestos a saco mano y apenas, avnque el fardage era muncho, fue bastante de traer el despojo que de alli sacaron. Y asi vino y paso aquel dia con toda la presa por delante de las puertas de la çibdat de Guadix, do se talaron las viñas y panes y pasaron algunas escaramuças, y boluio con todo ello a la çibdat de Iahen. Y del trabajo del camino y de los grandes soles, que era por el mes de jullio, y del no dormir, perdieron munchos en esta jorrnada el seso por algunos dias, que no torrnaron en si.

De esto no bien rreposadas sus gentes, dende a veynte dias, torrno a la Vega de Granada con dos mill de cauallo y tress mill onbres de pie. Y, al quarto del alua, dio sobre otros doss lugares, llamados al vno Armilla y el otro Aruriena, que estan en somo de la çibdat de Granada y tan çerca della que las mugeres y niños se van a pie casi por deporte a librar sus negoçios y fazenderas. Y, sin enbargo de la dura rresistençia que en ellos fallo, los dichos lugares fueron entrados y rrobados y munchos moros muertos, y otros con las mugeres y fijos catiuos y presos, ca fasta los niños de teta acaeçio sacar en çeuaderas. Y, como quiera que, por ser tan çerca de Granada, salieron al rrebato fasta mill y quinientos de cauallo y munchos peones, el condestable boluio por la Vega de Granada y, a vista della con toda la caualgada, quemando y destruyendo quanto alcançar podia, sin que los moros osasen pelear con el. Y asi ssalio por Alcala la Real y se boluio a la çibdat de Iahen.

COMENTARIO

Ese capítulo final del Reportorio de Prinçipes de España fue añadido posteriormente a la obra, que en su versión original concluía con el reinado de Juan II. Por consiguiente, también es posterior a la redacción de las glosas a las Coplas y, por ese motivo, esos párrafos no comparten con ellas un objetivo común como el que se observa entre estas y el relato de la crónica de Los Hechos. El nuevo capítulo del Reportorio es posterior al año 1474 en que fallece el rey y, por lo tanto, se redactó por lo menos más de diez años después de la época en que actuaba el cronista de Los Hechos. Las circunstancias también eran muy distintas y es de suponer que la fama de Miguel Lucas habría perdido de su fuerza reinando Isabel y Fernando. Ello no impide que Escavias no dudó en insertar en su Reportorio un eco de esas hazañas del condestable, a pesar de que eso le alejara indudablemente de su objeto principal, que era narrar lo ocurrido en tiempos de Enrique IV.

Lo hizo con los ojos puestos en la crónica de Los Hechos a la que reproduce a veces literalmente: “muy poblados de gentes y muy rricos de todas alhajas y joyas de oro y de plata y de seda e de lanas e linos, por ventura mas que otros lugares semejantes de todo el rreyno de Granada” (Aldeire y La Calahorra). “[…] tanto cerca que las mujeres e niños dellos se van a pie a librar sus megoçios e façenderas, casi por deporte, sin ninguna pena”.

Ello no impide que, como en las glosas, añade algún detalle que no está en la fuente cronística pero que su memoria ha conservado: “ca fasta los niños de teta acaeçio sacar en çeuaderas[2]”. Es una visión que le impresionó, para bien o para mal. No estamos en condiciones de poder juzgarlo, pero tengo la debilidad de pensar que si la recordó es por el efecto de la compasión que le inspiró ver a niños pequeños echados en capachos que se solían usar para dar la cebada a las caballerizas, sin hablar de la angustia de las madres que no dejaría de manifestarse a lo largo del camino.

Julio de 2025



[1] Con la copla 7 acaba el códice del Cancionero, por lo que se ignora si el poema proseguía y si esa copla también tuvo su glosa.

[2] La acepción más acorde con este contexto es la que propone Martín Alonso, remitiendo a la Conquista de Ultramar: «morral o manta que sirve de pesebre para dar cebada al ganado en el campo» (Enciclopedia del idioma, s.v. cebadera). En expediciones militares también se necesitaban par dar de comer a las caballerías en los momentos de descanso previstos al efecto (“dar cebada”).

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo en el reino de Granada (abril-agosto de 1462) I

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo

en el reino de Granada (abril-agosto de 1462)

I. Testimonio de la crónica

Hechos del condestable Miguel Lucas de Iranzo

Huyendo de la corte en 1459, Miguel Lucas de Iranzo, condestable de Castilla, establece su residencia permanente en la ciudad de Jaén, base económica del linaje Torres al que pertenecía su esposa. Su posición de cabeza política del santo reino va afianzándose hasta alcanzar su punto culminante a principios de los años 1460.

La redacción de la crónica de Los hechos del condestable Miguel Lucas de Iranzo, cuyo autor permanece desconocido, siguió un proceso complejo (cf. Hechos del condestable …, “Estudio preliminar” (p. L-LI)). Este se inició en los años 1464-1465 con la relación de los años 1462-1463, que fue completada más adelante con unos capítulos que relatan la época anterior desde 1458, fecha de la investidura de Miguel Lucas como condestable de Castilla, y cubre hasta 1471 incluido. La relación del año 1472 no llegó a componerse, al morir el condestable asesinado en la Pascua de 1473.

En la crónica, el año 1461 acaba con una descripción de la decadencia de Jaén antes de la venida de Miguel Lucas. Contrastando con esta visión negativa, el texto dedicado a los dos años siguientes ofrece la de una ciudad que ha recuperado su prestigio bajo el doble signo de la lucha contra el moro y de la reanudación de una vida caracterizada por toda clase de celebraciones, religiosas y profanas, habituales en una ciudad principal del reino. Las incursiones en el territorio de Granada ocupan casi la totalidad del capítulo dedicado a 1462.

 

Hasta el mes de abril de 1462, las treguas firmadas entre el rey de Castilla y el de Granada prohibían que se hiciera entradas en territorio enemigo. El cronista afirma que Miguel Lucas soportaba muy mal ese freno a su afán por luchar contra “los moros enemigos de nuestra santa fe” (Hechos, cap. VII, p. 76). Por eso, no tardó más de unos días (“dende a cinco días pasados” escribe el cronista) después de finalizadas las treguas para lanzar el primer ataque[1].

Castillos de Arenas, Cambil y Alhabar (abril)

El primer objetivo fue la fortaleza de Arenas [Campillo de Arenas], al pie del puerto del Carretero, que abre paso hacia Granada. Miguel Lucas la asaltó al alba del 20 de abril, martes de Pascua florida, pero tuvo que renunciar al anochecer ante la resistencia de los moros, más numerosos que lo que suponía, y por falta de una “artellería conveniente”.

Diez días después, hizo otro intento, atacando los castillos de Cambil y Alhabar en sendas orillas del río Villanueva, que representaban un peligro permanente para la seguridad de esa zona del reino, al estar alejadas de solo 5 o 6 leguas (unos 20 kms) de la ciudad de Jaén. No pudo tomarlas y se contentó con arrasar la campiña circundante.

Pueblos de la sierra de Zenete (julio)

La expedición de julio de 1462, dirigida contra una zona más alejada del centro del reino que las tres fortalezas mencionadas debe interpretarse como la voluntad del condestable de no cejar en su “odio natural contra la gente agarena y con el continuo deseo de acrecentar su gloria e su fama” (Hechos, cap. VIII, p. 78). El objetivo deja de ser exclusivamente militar, — neutralizar posiciones fortificadas moras avanzadas —, y más ambicioso, en la medida en que aspira a unir las fuerzas cristianas del reino bajo su mando y levantar la moral de la población ofreciéndole la garantía de una existencia sin sobresaltos, además de proporcionarle un rico botín.

El domingo 11 de julio, Miguel Lucas sale de Jahén. Lo acompañan los hombres de armas de su casa y de la ciudad de Jaén, tanto caballeros como infantes. Se dirige al este hacia Jimena, a unos 30 kms (7 leguas castellanas) en cuyas cercanías él y sus tropas duermen aquella noche. Es efectivamente la distancia que suele recorrer una tropa en un día. El lugar elegido para acampar sería la orilla del río Cuadros, cuya agua era indispensable para hombres y cabalgaduras y más en esa estación del año.

El lunes, las tropas alcanzan el curso del Guadiana menor [“Picos del Guadiana”], no lejos de Huesa o Hinojares, después de un recorrido algo superior al del día anterior (36 kms en línea recta hasta Huesa, 9 leguas). El lugar ha sido elegido para facilitar la reunión de los distintos contingentes de hombres de armas que Miguel Luca ha convocado para esa operación y acortar distancias entre ellas, ya que se sitúa precisamente a una jornada de Baeza y Úbeda y a poca distancia de Cazorla. Solo el contingente de Andújar tendrá que cubrir una distancia mayor, que habrá necesitado un día más de marcha que para los de Jaén y dos más que para los demás.

El cronista evalúa el número de combatientes a 1200 caballeros [1300, según Escavias] y 3000 hombres de pie. Esa tropa no alcanza las dimensiones de un ejército, si se compara con el que Juan II reunió para su primera entrada al reino de Granada en 1431 que sumaba “doçe mill lanças de onbres de armas y ginetes y muy muchos peonajes”[2], y era, por lo tanto, diez veces superior. Sin embargo, no deja de ser numeroso si se tiene en cuenta que, en ese tipo de incursión “relámpago” en territorio enemigo, el efecto de sorpresa desempeña un papel fundamental y exige un máximo de discreción hasta llegar al lugar de la acción, cosa que resulta difícil de conseguir con una fuerte concentración de hombres, caballos y mulas.

La reunión de los cinco componentes de la expedición dio lugar a una celebración festiva a costa del condestable que no escatimó medios, “façiendoles muchas onrras e fiestas e otrosi muy grandes gastos con ellos”. La alegría colectiva engendrada en esa pletórica asamblea de combatientes giennenses en presencia del condestable de Castilla no podía menos de levantar los ánimos ante la perspectiva de una expedición en terreno enemigo, hasta desembocar en una exaltación superlativa: “E todos con tamaño placer e alegría que verdaderamente paresçia que yva en son de conquistar e ganar todo el reyno de Granada”. El cronista no se detiene en contar las peripecias de esa velada campestre, pero se sospecha que ocupó buena parte de la noche porque las tropas no arrancaron, al día siguiente, antes de las “dos oras despues de medio dia”.

La tarde del martes y la noche siguiente hasta “la ora de missas” del miércoles es el tiempo que necesitó la tropa para penetrar en territorio granadino, dando un rodeo, se supone por el este, “a fin de furtar [burlar] las guardas de Alicún” y para llegar, unas horas más tarde (“a ora de missas”), “a una ribera que se llama Alhama”. El río Alhama nace en Lugros y desemboca en el Fardes después de recorrer unos 20 kms. En tan corto recorrido, no cuesta demasiado trabajo localizar el lugar en que acamparon los giennenses, si se descarta que lo hicieran donde el Alhama se acerca más a Guadix (una legua corta de la villa), y que los pueblos que fueron asaltados el día siguiente se encuentran más al sur. Lo lógico sería situarlo entre los actuales pueblos de Beas de Guadix y Lugros.

La distancia entre los Picos del Guadiana y el río Alhama se calcula a vuelo de pájaro en unos 50 kms. Las tropas las recorrieron entre las dos de la tarde del martes y las 10 de la mañana siguiente (hora de la misa), es decir en unas 20 horas, una tardanza sin duda debida al relieve y a que parte del recorrido se hizo de noche lo que supone un ritmo más lento y varias paradas para descansar.

A orillas del Alhama, las tropas descansan unas horas y arrancan “después de ora de viésperas”, es decir al caer de la tarde que, en esa temporada del año, interviene hacia las 9, para andar toda la noche y dar al alba del jueves sobre los pueblos de Aldeire y La Calahorra, en la sierra del Zenete.

Salen en formación lista para la batalla: manda la vanguardia el teniente de Cazorla, Juan Martín de Avendaño (200 rocines); le siguen dos cuerpos de combatientes bajo las órdenes respectivamente del condestable con los de su casa y la milicia de Jaén (“quinientos caualleros”) y de Fernando de Villafañe, corregidor de Baeza, con la gente de Baeza y Úbeda (“quatroçientos de cauallo”); la retaguardia con el fardaje queda a cargo de Pedro de Escavias “fasta çiento çinquenta roçines”. La gente de pie no entra en la cuenta del cronista. Se supone que cada contingente está compuesto por combatientes de una misma procedencia.

Los dos pueblos hacia los que se dirige el ejército, Aldeire y La Calahorra, habían sido elegidos, según el cronista, por no haber sido nunca asaltados por tropas cristianas. Por ese motivo, tenían fama de ser “muy ricos de todas alhajas e joyas de oro e de plata e de seda e de lanas e linos, por aventura más que otros lugares semejantes de todo el reyno de Granada”. Además, debida a la absoluta tranquilidad en la que había vivido hasta entonces, su población no estaba lista para defenderse eficazmente. Por eso, los agresores no encontraron gran resistencia por parte de los moradores, que resultaron asustados además por la “grand vocería y estruendo e muchos atabales y trompetas” que acompañó el asalto, que fue tal “que no paresçía sino que todo el mundo daua sobrellos”. A consecuencia de lo cual, “los dichos lugares fueron del todo entrados e robados y estruydos e metidos a fuego y a sangre”.

El botín ganado por los asaltantes fue tan grande que el cronista renuncia a cifrarlo:

Y el robo y despojo de tantas e tan ricas joyas e alfajas que de alli sacaron, sin las quemas e talas de paruas e huertas, avmentó e aprouechó tanto aquellas quatro çibdades del obispado de Jahén e villas e logares dél e del adelantamiento de Caçorla, que no sé cómo lo diga o estime por yncredulidad de los que no lo vieron ni saben (p. 80).

El saqueo duró desde el alba del jueves hasta “poco más de medio día”, hora en la que se inició el regreso por ante las puertas de la ciudad de Guadix, donde tuvieron lugar algunas escaramuzas con unas tropas moras recién llegadas, al mando de “un buen cauallero de Loxa”, el Alatar, sin que estas consiguieran detener el paso de las tropas y del fardaje.

Las tropas siguieron adelante y se detuvieron para hacer noche del jueves al viernes en la Torre de Xeque, que el cronista sitúa a legua y media de Guadix. El topónimo no se conserva hoy pero puede que se trate del pueblo de Fonelas, donde queda la ruina de una torre atalaya erigida en el siglo XIV.

La cronología del final de la expedición propuesta por el redactor de Los Hechos es errónea: “otro día, viernes, partió de allí e fue a dormir a Sotogordo, que es cerca de los Picos de Guadiana”. Si bien es admisible que las tropas hayan pasado la noche del viernes al sábado a orillas del Guadiana menor, como lo hicieran en el viaje de ida, el lugar de su parada no pudo ser Sotogordo, que se encuentra muy alejado de esa zona. Por otra parte, como el condestable hizo su entrada en Jaén la mañana del domingo, resulta que el cronista a omitido la etapa del sábado por la noche. A partir de los datos incompletos que proporciona, hay manera de restablecer una cronología aceptable. Las tropas pasan la noche del viernes en los mismos parajes en los que se detuvieron, el lunes anterior, camino de Guadix. Necesitaban recuperarse del cansancio y reordenar el fardaje que se encontraría sobrecargado con todo lo que se robó en Aldeire y La Calahorra. Es posible también que se iniciara un reparto del botín, incluido los moros presos, a favor de la gente del adelantamiento que se separaría del ejército en ese lugar para volver a Cazorla.

Los combatientes de las cuatro ciudades del reino, Úbeda, Baeza, Jaén y Andújar, permanecerían juntas y seguirían los cursos del Guadiana y del Guadalquivir hasta Sotogordo, lugar prácticamente equidistante de Jaén, Baeza y Úbeda, donde se detendrían la noche del sábado al domingo para dormir y para ultimar el reparto del botín según un criterio único: “que cada vno oviese libremente lo que allí avía ganado”, contentándose el condestable con la honra de la victoria. Además, la distancia entre Sotogordo y Jaén, de unas siete leguas, es compatible con que el condestable hiciera su entrada en Jaén el domingo, en medio del regocijo general, aunque no fuera precisamente por la mañana, como lo afirma el autor de Los Hechos.

Armilla y Aruriena [Churriana] (agosto)

El éxito de esa operación tendría como efecto levantar el ánimo de los giennenses y disponerlos a segundar al condestable en las expediciones que planeara con la esperanza de sacar un buen botín. Así es como, tres semanas después, el condestable reúne quinientos caballeros y dos mil hombres de pie para una nueva expedición cuyo objetivo no revela hasta llegar a Pinos Puente, a dos leguas de la ciudad de Granada.

Aunque el secreto fuera bien preservado, no tardarían los hombres de armas en imaginar hacia donde se dirigían. El viernes 5 de agosto salen de Jaén y pasan la noche siguiente cerca del río Víboras a dos leguas al sur de Martos; la noche del 6, a orillas del río Carrizal, cerca del castillo de Locubín. Allí se juntan con el condestable Diego, hijo del conde de Cabra, y Martín Alonso de Montemayor, con sus ochocientos a caballo y dos mil quinientos hombres de pie. El domingo 7, alcanzan Alcalá la Real, donde recogen ochenta rocines más y, a hora de vísperas, emprenden el camino hacia Pinos Puente, unas siete leguas más al sur, que recorren de un tirón.

Es el momento que ha elegido Miguel Lucas para revelar el objetivo preciso de la incursión, Armilla y Aruriena [Churriana], dos pueblos al pie de la Sierra Nevada, al sur de la ciudad de Granada. Sus caballeros manifiestan ciertas reticencias ante la perspectiva de un combate desproporcionado con las tropas granadinas, en el mismo corazón de su territorio pero logra convencerlos. Al alba del lunes, los cristianos se abalanzan sobre los dos pueblos y, “acabado de meter a saco mano los dichos lugares”, el condestable recoge a su gente y la pone en buena ordenanza “aviendo por cierto que el rey de Granada pelearía con él”.

Miguel Lucas emplaza al rey de Granada, asegurándole, por medio de un caballero moro que se había acercado, que le esperaría “cuatro o cinco horas”. La respuesta del rey no tardó: “que se fuese en orabuena, que quien alli avia osado llegar osarie pelear con el rey de Granada, y quel rey su señor no estaua en tienpo de pelear con el al presente”. Con la seguridad de que los granadinos no se opondrían a ello, pudo proseguir su saqueo acrecentando el botín ya acumulado con toda clase de reses, vacas, cabras, ovejas y yeguas. Por fin, se retira a Pinos Puente, donde ordena el reparto del botín, cediendo al hijo del conde de Cabra y a Martín Alonso de Montemayor, que se habían unido a él con su gente desde el principio, la mayor parte y dejando a su propia gente lo restante.

Sin demorarse, el condestable y su gente se retiran a dormir ese lunes cerca de Alcalá y, al día siguiente, martes, en Torre del Campo, donde prepara la entrada solemne en la ciudad del día siguiente, “do fue reçebido con tan grant gozo e alegría como solían resçebir en Roma sus enperadores quando de sus conquistas boluien vençedores”.

 

COMENTARIO

Valor testimonial de la crónica

Como era habitual en la práctica historiográfica, para los hechos que no presenció personalmente el cronista se vale de testimonios escritos u orales proporcionados por algunos testigos oculares. La redacción propiamente dicha se hace después de cierto tiempo, como más pronto, una vez concluido el año concernido, lo que supone que el redactor se basa en las notas que tomó en fecha cercana al acontecimiento, sin forzosamente reactualizarlas en el momento de la redacción final. Estas circunstancias explican algunas de las lagunas visibles en el capítulo que el cronista dedica a la expedición de julio de 1462.

La exactitud de los datos que le han sido comunicados puede variar dentro de un mismo acontecimiento. Así parece evidente que la documentación acerca del final de la expedición es de peor calidad que la del principio. Si no cuesta demasiado trabajo restituir el recorrido hasta el asalto a los pueblos de la sierra de Zenete, para el trayecto de regreso a Jaén se observan algunas lagunas. Así persisten dudas sobre el lugar exacto del vivaque de la noche del viernes. El topónimo “Torre del Xeque” resulta dudoso ya que no se conserva ni parece haberse documentado. Resulta también evidente, como ya he señalado, que el redactor confunde las dos últimas etapas, reduciéndolas a una sola. Por otra parte, el cronista desconoce la zona que el ejército cristiano cruzó aquellos días y se limita a repetir la información recibida sin poder enmendarla o completarla. Esa documentación de segunda mano se aplica también a los hombres. Solo menciona el nombre de tres capitanes, omitiendo al que mandaba las tropas de Úbeda; en cuanto a Avendaño, lo designa únicamente por el gentilicio, sin precisar su nombre y sus títulos.

Personalidad de Miguel Lucas

El redactor de Los Hechos comenta las dos expediciones del verano de 1462 a Guadix y al sur de Granada como dos hazañas, especialmente la segunda en la que la reducida tropa giennense se mete literalmente en la boca del lobo en las mismas puertas de la capital, donde estaban concentradas fuerzas más que suficientes para exterminarla. El condestable no minimiza el peligro que corren sus tropas como lo manifiesta en el discurso que dirige a los “caualleros principales”, que hasta entonces ignoraban cuáles eran los objetivos precisos de la expedición:

Bien sabeys que yo parti de Jahen para yr a quemar y robar vnos lugares que son en somo de la çibdad de Granada e muy cerca della, llamados el vno Armedilla e el otro Aruriena. Y a este fin yo enbié llamar y rogar a estos caualleros que fuesen conmigo. Y pues asi es, puesto que en ello consista el peligro por vos recontado, pues vosotros me distes el ardid y para esto. Sali, este quiero seguir y no otro ninguno, que alli do ay mas peligro consiste la onrra y la fama que yo tanto deseo alargar. E si acaesçiere quel rey e la casa de Granada, con tan grant multitud de moros como vosotros decis, salieren a pelear conmigo, avn confio en el alto Dios que ligeramente podrá ser que yo alcance memorable victoria; de que a vosotros e a mi se siga gloria ynmortal.

Esas palabras, que suenan más a prosa caballeresca que a una arenga guerrera, son buena prueba de que la ambición de Miguel Lucas no acepta ninguna limitación ni siquiera la que recomienda la más elemental consideración del contexto bélico. Reconoce que le han advertido del peligro que hace correr a sus tropas y que este es real (“puesto que en ello consista el peligro por vos recontado” / aunque esta empresa contiene el peligro que señaláis) y, al no poder aducir argumento en contra, deposita su suerte y la de sus hombres entre las manos de Dios. Sin duda sería demasiado tarde para renunciar a la expedición, por lo que concluye el cronista: “Y en fin, el dicho señor condestable continuó su camino quanto más recio pudo

Conviene preguntarse si los demás caballeros y el mismo condestable solo contaban con la intervención divina para salir de ese mal paso o si sospechaban que la situación política del momento en el reino nazarí les depararía una salida feliz inesperada. No ignoraban que el rey Cidiza se encontraba muy debilitado. Era tan notorio incluso entre los cristianos que el redactor de Los Hechos dedica un comentario a “la tan grande confusión e discordia [que] entre los moros avia”, valiéndose del testimonio del prior del convento franciscano de Jaén que había pasado en aquel momento varios meses en la corte de Granada para cobrar las parias.

Como lo repitió el caballero moro, el rey de Granada tenía compromisos más graves que contestar a la provocación de unos pocos cristianos, que aunque pudieran dañar gravemente a la población y a la comarca, no representaban un peligro mayor para el poder nazarí, sino “quel rey su señor no estaua en tienpo de pelear con el al presente”.

Cuestiones estratégicas

En la relación de las dos expediciones de julio y agosto, el cronista deja entrever cómo el condestable había montado esas dos operaciones y el plan o ardid que había imaginado para cada una. Para el ataque contra Armilla y Churriana, se había beneficiado de la información que le habían aportado “algunos adalides sabidores de la tierra y de guerra”. Esos caudillos de la frontera eran evidentemente los que mejor conocían el estado de las defensas del reino nazarí y sus eventuales debilidades. Era natural que el condestable recurriera a ellos o que ellos se manifestaran espontáneamente a él, al ser notoria su voluntad de luchar con los moros. Esos colaboradores ocasionales ofrecían a Miguel Lucas el medio para actuar con un máximo de eficacia en un territorio, que, después de residir solo dos años en Jaén, seguía siéndole poco familiar.

En cuanto a la expedición a la sierra de Zenete, un antecedente que relata Jimena Jurado (p. 43) sugiere que la presencia de [Juan Martín de] Avendaño no fue ocasional.

Parece que estas treguas [del año 1452] no tuvieron efecto, ni pasaron adelante, pues en el siguiente año de 1454, como escribe Ruy Díaz de Quesada, en su Kalendario de cosas acaecidas en su tiempo en Quesada, a veintitrés de abril, día de San Jorge, don Martín de Abendaño, teniente del adelantado de Cazorla por Pedro de Acuña, señor de Dueñas, hermano de don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, con la gente de aquel Adelantamiento, y Íñigo de Molina, alcaide de Quesada, pelearon con el rey de Granada en la Vega de Guadix, y le vencieron, y le quitaron y traxeron la cabalgada que él avía tomado.

Esta noticia aclara algún punto del proceso que, sin ella, habría quedado oscuro, siendo el primero que se le ocurriera al condestable pedir la ayuda de la gente del adelantamiento y no se limitara a las fuerzas de las cuatro ciudades del reino (Jaén, Baeza, Úbeda y Andújar), que eran las componentes más naturales de una coalición para cualquier empresa colectiva de los giennenses. Por otra parte, resulta que no era la primera vez que tropas cristianas del adelantamiento penetraban en la comarca de Guadix y no deja de ser significativo que Juan Martín de Avendaño, como teniente del adelantado, se hubiera señalado ya en alguna de esas entradas. Es lógico que Miguel Lucas se dirigiera a él para asesorarlo en esa nueva empresa. Cualquiera que sea el promotor de la entrada, es evidente que Miguel Lucas se concertara antes con gente del adelantamiento de Cazorla y que el teniente interviniera en la preparación de este como iba a intervenir en su realización. Su conocimiento de la zona lo designaba además para mandar la delantera de la tropa y guiarla sin riesgo de perderse en una comarca poco conocida por los demás. Por fin, pudo asegurar a Miguel Lucas que la empresa era factible porque las defensas de los pueblos de la zona eran mucho más fáciles de vencer en un único asalto que las de tres fortalezas que no podían ser conquistadas sin un asedio de varios días.

Los intentos contra las tres fortalezas han demostrado al condestable que la gente de su casa y de la ciudad de Jaén no constituía una fuerza suficiente para llevar a cabo con éxito unas incursiones en el territorio de Granada y que necesitaba la aportación de elementos exteriores, como la milicia de las otras tres ciudades, Baeza, Úbeda y Andújar, así como un contingente significativo del adelantamiento de Cazorla, lo que equivalía a unificar simbólicamente a todas las fuerzas vivas del reino de Jaén, condición indispensable para esperar vencer al enemigo granadino y abrir la posibilidad de algaras de cierta envergadura. Además, se habría convencido de que no conseguiría movilizar a la caballería del reino y a su peonaje si no les garantizaba unas ganancias abundantes.

Buena conciencia

Miguel Lucas coloca sus entradas en territorio granadino bajo el signo de la guerra santa y proclama que él personalmente no aspiraba a nada sino a acrecentar su honra. Al amparo de tan virtuosa misión, el cronista suelta la pluma para relatar las supuestas hazañas de los cristianos que resume en los siguientes términos: a “los enemigos amedrentar e sus tierras dellos ofender y destruyr” (p. 77):

La relación del balance final de la entrada reproduce, en su versión fronteriza, un esquema narrativo ya multisecular en la prosa cronística castellana en el caso de enfrentamientos entre moros y cristianos. Las cifras, trátese de los enemigos muertos o presos, de los ganados robados, sin duda exageradas, así como la radical destrucción de cultivos y edificios sirven para celebrar un triunfo conseguido, Dios mediante, contra unos enemigos que no merecen piedad. No se percibe el menor atisbo de humanidad sino una conciencia tranquila justificada por la convicción de servir a Dios.

Los dichos lugares [Aldeire y La Calahorra] fueron del todo entrados e robados y estruydos e metidos a fuego y a sangre, do muchos moros y moras fueron muertos y presos, en tal manera que los moros fueron muy quebrantados. (p. 80).

[…] luego fueron [Armilla y Churriana] entrados e muertos e presos y los lugares robados y puestos a fuego, do en la verdad fueron muertos e presos bien quinientos moros e moras e niños, e fueran mas de dos mil si la noche de antes no fueran sentidos. […] E asi el dicho condestable, como vencedor trihunfante, mouio su paso, talando y quemando toda la vega y recogiendo y leuando muy grand pieça de ganados vacunos e ovejunos e cabrunos e yeguas e de otras cosas que en la vega fallo (p. 88-89).

Esa violencia no se ejerce solo contra hombres de guerra, sino que afecta también a la población civil, incluidos mujeres y niños, al que no se concede más importancia que a las otras ganancias, animales y objetos. Valga como ejemplo el regreso de la expedición a Guadix que fue particularmente penoso:

Y asi e las grandes jornadas como por cabsa de la sed, que es tierra muy seca, e de la grant calentura del tienpo, ca era en la mayor fuerça de los canicolares, la gente padesçio en este camino e viaje muy grandisimo afán y trabajo, y del poco dormir, muchas personas perdieron el seso y estouieron locos de todo punto por algunos días.

Si lo pasaron tan mal los combatientes cristianos, ¿cómo lo pasarían “los muchos moros y moras catiuos, atados en cuerdas”, que fueron traídos a Jaén, donde fueron vendidos? El cronista no se preocupa de evocarlo siquiera, ni proporciona la cifra de los que murieron en el camino.

El historiador moderno podría juzgar anacrónicas estas consideraciones atendiendo a los cambios que han experimentado las relaciones humanas en los últimos siglos, sin embargo, sospecha que aquella no fuera la única respuesta concebible ya en la época del condestable, sino que existía una forma de coexistencia pacífica entre los dos pueblos, a pesar de la religión que pretendía oponerlos radicalmente. José Rodríguez Molina lo ilustra perfectamente con este testimonio contemporáneo debido a un alhaqueque cristiano, encargado de resolver los conflictos de la frontera:

Cuanto venimos exponiendo nos autoriza a deducir la doble proyección de Jaén en Granada: “Guarda y defendimiento de los reinos de Castilla” y centro, donde durante amplios períodos de la Baja Edad Media se acoge a los granadinos, y desde donde parten para Granada numerosos vecinos a solucionar sus más variados asuntos. Así lo reconocen las declaraciones de un vecino de Jaén, en 1480, cualificado, de otra parte, ya que ejerce el cargo de alhaqueque:

“…dixo que de un año a esta parte él, como alhaqueque desta dicha çibdad, a visto e vee oy día entrar e salir moros del reyno de Granada a esta çibdad con sus mercadurías, así paños, como lino, como cera e otras cosas que traen a esta çibdat, las venden sin contradiçión ninguna ni otro embaraço, y quee vee a vysto que cada día van e vienen christianos a Granada e a su reyno, e van seguros e vienen seguros”.

Con razón pone en tela de juicio la visión que, de las relaciones entre cristianos giennenses y moros granadinos, pretende promover el cronista de Los Hechos del condestable cuando relata “las incursiones guerreras de ese abanderado de la lucha contra el infiel, que se consideraba el Condestable, [que] tienen más de pomposo ropaje y alharaca de crónica que realidad eficiente, generalizada y continuada”. Con todo, no descarto que el fanatismo religioso del personaje fuera real, si bien no estuviera compartido hasta ese extremo por los giennenses de a pie.

BIBLIOGRAFÍA

Hechos del condestable Don Miguel Lucas de Iranzo (Crónica del siglo XV). Edición y estudio por Juan de Mata Carriazo; estudio preliminar por Michel Garcia; presentación por Manuel González Jiménez. Editorial Universidad de Granada, Granada MMIX.

Jimena Jurado, Martí, Obispos de Jaén y anales de su obispado, Madrid 1654, citado en Carriazo y Arroquia, Juan de Mata, En la Frontera de Granada, “5. Las treguas con Granada de 1475 y 1478”, Sevilla, Facultad de Filosofía y Letras, 1971, p. 226.

Rodríguez Molina, José, “Incursiones en tierras granadinas del condestable Iranzo”, Revista del centro de estudios históricos de Granada y su reino, N.°8, Segunda época, Granada 1994, p. 13-40.

Julio de 2025

 



[1] No se incluye en este estudio la entrada que realizaron en octubre de aquel año el condestable y el maestre Pedro Girón, porque se hizo por iniciativa de este e intervino en ella gente de fuera del reino de Jaén.

[2] Las citas de la crónica provienen todas del capítulo VIII; p. 78-90. En la transcripción se reproduce la grafía de la edición de Juan de Mata Carriazo.