Autor: Julien Garcia

Aguasvivas

El topónimo “Aguasvivas”

(Libro de Buen Amor, 302a) y un episodio de la Crónica de Juan II (junio-julio de 1429)

 

Si no impenetrables, a menudo sorprendentes son las vías por las que la inspiración del momento suscita el interés del investigador por un tema insospechado. Me siento incapaz de decir qué circunstancias me llevaron a redactar algunos títulos que figuran en mi bibliografía personal. Supongo que esto habrá ocurrido a muchos. A veces, la lectura de un artículo nos incita a someter a nuevo enfoque algún tema familiar. Esta oportunidad, acaba de dármela, hace unos días, la recepción del sexto volumen de Actas de los Congresos homenajes que el Ayuntamiento de Alcalá la Real va dedicando a eminentes especialistas de la obra del Arcipreste de Hita, por iniciativa y al cuidado del excelente Francisco Toro Ceballos. Hojeando el que acaba de ofrecerse a mi admirada colega Folke Genaert, me detuve, como no podía dejar de hacerlo, en la contribución del Profesor Jacques Joset y me llevé una sorpresa garrafal. En la primera de sus dos “Notas ruicianas”, en la que intenta desentrañar el significado de la expresión “a aguas vivas” que aparece en el verso 302a del Libro de Buen Amor, se refiere a un pasaje del Reportorio de Príncipes de Pedro de Escavias. No me resulta tan habitual ver mencionada esta obra primeriza mía y menos para aclarar un punto tan alejado cronológica y temáticamente de las preocupaciones del caballero andujareño. Además, el hecho de utilizarla como instrumento para aclarar un topónimo oscuro no deja de abrumarme – y de emocionarme el que el amigo Jacques maneje con cierta frecuencia esa obra -, aunque coincida con la idea que fue la mía desde un principio, de que el Reportorio podía servir de útil manual para un mejor conocimiento de la realidad castellana de la Baja Edad Media. Confieso además que, si bien la he utilizado con ese fin en numerosos casos, no creo que se me hubiera ocurrido hacerlo de encontrarme en el trance de aclarar el sentido de ese verso del Libro de Buen Amor. Mi sincera enhorabuena y profundo reconocimiento a don Jacques por este detalle que me llega al corazón.

El pasaje de Escavias citado resume un episodio del reinado de Juan II, concretamente el intento de invasión del territorio castellano por las tropas de Alfonso V, de su hermano don Juan, rey de Navarra, y de su otro hermano, don Enrique, maestre de Santiago, con el fin de alejar a Alvaro de Luna del poder. Estos acontecimientos, como es bien sabido, se sitúan en junio y julio de 1429. La cita de Jacques Joset ha despertado mi curiosidad porque coincide con una preocupación que voy llevando, desde años atrás, la de mejorar la identificación de las fuentes del Reportorio que realicé para mi edición de 1972, y que me resulta a todas luces insuficiente, después de tantas novedades que, a lo largo de estos cincuenta años (se dice pronto), se han publicado para mejor conocimiento de las fuentes cronísticas castellanas. Hasta la fecha, no he podido afrontar tamaña empresa, pero no descarto la posibilidad de analizar algún elemento aislado.

Mi interés por este episodio histórico se debe también a que la comarca concernida fue la cuna de mi familia, tanto materna (Medinaceli, Utrilla, Arcos de Jalón, Santa María de Huerta) como de mi familia paterna (Judes, Arcos de Jalón), y a que la he recorrido en numerosas ocasiones desde que la descubrí, siendo niño, en 1955. Al respecto, remito a Histoire de ma famille maternelle, bajo Textes inédits en la parte francesa de esta misma página web.

 

Resumen de los hechos

Los reyes de Aragón, Alfonso V, y de Navarra, Juan II, entraron en Castilla el 23 de junio de 1429 desde Ariza y se reunieron con su hermano, el maestre de Santiago don Enrique, cerca de Hita. Allí los alcanzó Álvaro de Luna con la vanguardia del ejército castellano que el rey Juan II estaba reuniendo a toda prisa. El enfrentamiento entre los dos bandos no pasó de unas escaramuzas y se acabó después de la intercesión, primero del cardenal de Foix, legado de Benedicto XIII, luego de la reina María, hermana del rey don Juan y esposa de Alfonso V, que consiguió la retirada de los reyes de Aragón y Navarra a cambio de un seguro de cuatro días, que era el tiempo necesario para abandonar el territorio del reino. Los reyes se habían convencido del peligro que corrían, lejos de sus bases, al no recibir la ayuda esperada por parte de ciertos señores castellanos y ante la llegada cada vez más numerosa de tropas frescas castellanas. En el camino de vuelta, con Álvaro de Luna pisándoles los talones, “fuéronse camino de Aragón a más largo paso que a la venida”, en términos del cronista Alvar García de Santa María. De lo que dicen las crónicas, se deduce que en su vuelta siguieron el camino de ida, y cruzaron la raya de Aragón por Santa María de Huerta, hacia Ariza.

El maestre de Santiago acompañó a sus hermanos, no se sabe si por cortesía o para protegerse, ya que contaba con demasiadas pocas lanzas para andar por territorios hóstiles. Lo que interesa aquí es identificar el lugar en el que se separa de sus hermanos para volver a las tierras del maestrazgo donde se sentía más seguro.

 

Se despide el maestre Enrique

El Halconero es el que proporciona más detalles sobre el momento y lugar en que el maestre se separa de sus hermanos. Proporciona una fecha, el domingo 3 de julio, es decir al término de los cuatro días de plazo consentidos por los Castellanos, ya que el trato conseguido por la reina María lo fue el miércoles anterior, 30 de junio. Se supone, por consiguiente, que dicha separación tuvo lugar en la raya de Aragón. Lo confirma el camino que, según aquel cronista, siguió don Enrique, camino de Uclés: Medinaceli, Canrredondo (al este de Cifuentes), Escanillas (léase Escamilla), la puente de Alcocer y la ribera del río Maya (léase río Mayor, que cruzaría en Huete). Sin embargo, no designa el lugar preciso.

Alvar García de Santa María confirma por donde los reyes volvieron a entrar en Aragón: “El Infante don Enrique llegó con los Reyes a Huerta, que era en los confines de Castilla e de Aragón, e volvióse para su Maestrazgo a donde estaba la Infante doña Catalina, su mujer, al tiempo que lo sobredicho se concordó”.

Hasta este punto, el Reportorio de Pedro de Escavias se atiene fielmente a las reglas del resumen cronístico, aportando el mínimo de información para que el lector pueda seguir el desarrollo de la narración, – datos geográficos imprescindibles, un párrafo para explicar el motivo alegado por los reyes para entrar en Castilla, etc. – todo ello sacado de las fuentes de que dispone, elegidas con criterio seguro. De pronto, irrumpe con un dato ausente de las crónicas, el topónimo Aguasbivas. En realidad, es la segunda vez que Escavias añade un dato por su cuenta, siendo el anterior la designación del alto, el ‘Cerro de los Infantes’ cerca de Hita, en el que Alvaro de Luna se había hecho fuerte para hacer frente a las tropas invasoras, mucho más numerosas. Si bien ese Cerro de los Infantes sigue siendo un enigma, no así Aguasvivas que, con la variante del singular por el plural, se documenta en algunos mapas. Aprovecho esta oportunidad para resaltar la ayuda preciosa que me ha prestado y sigue prestándome, como editor, el Mapa oficial de carreteras del MOPU (Ministerio de Obras Públicas), al recoger muchos topónimos antiguos, sobre todo desde el momento en que sus autores tuvieron el acierto de añadirle un índice de lugares (edición 34, 1999).

A pesar de su novedad, la versión proporcionada por Escavias no contradice fundamentalmente los testimonios conocidos, si bien difiere en la destinación final del maestre: “Y llegando a Aguas Biuas, que es el mojon de los rreynos, el ynfante don Enrique, su hermano, bolviose con su gente para Ocaña”. La lección Ocaña sería aceptable si el Halconero no hubiera detallado tan precisamente el camino seguido por el maestre hacia Uclés. Escavias pudo haberse confundido de buena fe, no solo por ser Ocaña cabeza de una encomienda mayor de la orden de Santiago, sino porque al parecer, don Enrique había salido de allí para reunirse con sus hermanos en Sopetrán. Por lo tanto, ya dispuestos a seguir la opinión de nuestro andujareño, ¿en qué medida podemos hacerlo cuando designa a Aguas Vivas como lugar de la separación?

El lugar existe. Madoz lo incluye en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico (T. I, p. 127-128) y lo localiza en la provincia de Soria, partido judicial de Medinaceli y diócesis de Sigüenza, definición que corresponde a todos los pueblos de la comarca cruzada por el río Jalón desde su fuente hasta Santa María de Huerta. Añade: “Su término confina por norte con el de Taroda, por este con el de Utrilla, por sur con el de Somaén y por oeste con el de Badona”. En el mapa del MOPU, aparece bajo el nombre de Aguaviva de la Vega y está situado a 19 kms (algo más de 3 leguas castellanas) de Santa María de Huerta, pasando por Utrilla y Almaluez. Esta distancia no contradice el que se la designe como mojón entre los dos reinos y, en buena medida, corresponde a la distancia prudencial que un señor castellano de la importancia de don Enrique debía mantener con un territorio extranjero, aunque el monarca fuera su propio hermano.

Concluyo que el lugar designado no es una invención de Pedro de Escavias sino una aportación digna de tomarse en cuenta, por llenar el vacío del Halconero y la Refundición, y ser más plausible que ‘Huerta’ (Alvar García) que sirve más para indicar una comarca indeterminada en torno a un monasterio famoso que un lugar preciso, como ese modesto pueblo soriano, desprovisto de cualquier importancia, dentro de este contexto, fuera de su localización.

Saber de donde sacó esta información el autor del Reportorio es empresa harto difícil. Suponer una fuente desconocida es la primera hipótesis que a uno se le ocurre, pero es poco verosímil, por cuanto Escavias ha demostrado de sobras que no se aparta de las que conocemos. También descarto que lo deba a un testimonio ajeno, porque me cuesta trabajo imaginar que, cuando redacta el resumen de ese reinado, treinta o cuarenta años después de los sucesos, recurriría a un testigo presencial. Otra hipótesis consiste en suponer que es un dato que le venía de su propia experiencia. En efecto, lo más probable es que haya participado en el episodio. La biografía de Pedro de Escavias presenta lagunas que la documentación al alcance no permite colmar. Con todo, parece seguro que estuvo en la corte real hasta por lo menos el año 1437, momento en que redacta la elegía fúnebre al joven conde de Mayorga, como lo señala en el encabezamiento de sus poesías recogidas en el Cancionero de Oñate. La poca distancia temporal que separa este suceso y los acontecimientos de 1439 aboga por una participación personal de nuestro andujareño en la empresa, al lado del rey don Juan quien tuvo una parte muy activa en ella.

Esta hipótesis queda reforzada por la aparente anomalía de la mención del Cerro de los Infantes ya señalada. Es un dato que no reproducen los cronistas y su omisión no incide en la comprensión del pasaje, sino más bien lo aligera de un elemento innecesario. Paradójicamente, esa dimensión meramente anecdótica es la que induce a pensar que Escavias no quiso dejar de aprovechar un dato que solo podía recordar a tan larga distancia un testigo presencial. Incluso sospecho un rasgo de humor por su parte, porque el topónimo designa el lugar en que había acampado justamente el enemigo de los Infantes, como se designaron a los hijos de Fernando de Antequera antes de que alcanzaran sus títulos posteriores.

 

Aguasvivas en la obra del Arcipreste

De todo ello resulta que el Aguasvivas del verso 302a del Libro de Buen Amor no debe tomarse literalmente sino que apunta, como lo sospecha Jacques Joset, hacia un topónimo usado metafóricamente: “salir corriendo hacia un lugar muy lejano”. Es una expresión coloquial no exclusivamente castellana. En mi niñez landesa, ese punto inasequible a la que condenábamos al compañero expulsado era ‘Pampelune’, una ciudad que para nosotros era más legendaria que real. Noto como una extraordinaria coincidencia que la mención de este pueblo mojón entre los reinos de Castilla y Aragón pertenezca al relato de un acontecimiento histórico que concierne también la villa de Hita. Pensándolo bien, dudo que sea una casualidad si el camino seguido por las tropas en retirada fuera el mismo que el que asigna el dicho popular a los que huyen, desde esa zona (entre Cogolludo al norte y Torre del Burgo, al sur), hacia Aragón, aunque solo sea porque Huerta y su comarca era el punto más asequible para quien quisiera alcanzar el territorio del reino vecino. Esta realidad era la misma, un siglo antes, y el Arcipreste de Hita, si es que el autor del Libro de Buen Amor lo fuera, como familiar de esos lugares, no podía ignorarlo. Se lo recordaba oportunamente una expresión coloquial que formaba parte de su bagage lingüístico.

 

Conclusión

Podría concluir aquí estas divagaciones, contentándome con subrayar una coincidencia geográfica compartida por los castellanos de mediados del siglo XIV con los de 1429. Pero, ya dispuesto a dejar rienda suelta a mi imaginación, la explicación se me queda algo corta. ¿Qué necesidad tenía Pedro de Escavias de poner su grano de sal en un plato lo suficientemente condimentado? ¿Quería lucirse? Supongamos que quiso demostrar que había leido al Arcipreste. ¿Qué mejor medio tenía de hacerlo que una alusión más que discreta a un verso de su obra? Ya he sugerido que la indicación del Cerro de los Ynfantes puede interpretarse como un rasgo irónico dirigido contra los que fueron los Infantes por antonomasia. La mención de Aguaviva parece responder al mismo talante humorístico. Es como si los dos topónimos “inventados” por Escavias tuvieran otro objeto que el de informar de la realidad de los hechos, el de facilitar una intrusión personal del cronista que rompe así con la monotonía de su tarea, aún a riesgo de ser entendido por pocos.

Semejante hipótesis parecerá descabellada. Sin embargo, en un trabajo anterior (“La noción de género en el corpus cancioneril: el caso de la serrana”, Padova 2005), al estudiar las serranas del Marqués de Santillana, he señalado que éste fue el iniciador de un movimiento de recuperación de las serranas del Arcipreste de Hita que dio lugar, en la corte de Juan II, a unos intercambios entre Iñigo López de Mendoza y algunos jóvenes trovadores. Fue en esas circunstancias cuando Pedro de Escavias compuso la primera versión de su serrana, al mismo tiempo que otro joven émulo del Marqués, Fernando de la Torre, compuso su serranica. No parece admisible que Escavias no conociera la obra del Arcipreste si la imitó, aunque fuera por mediación del Marqués. Me imagino que las obras de Santillana servirían más bien de lazo con el Libro de Buen Amor que de pantalla opaca entre aquél y sus imitadores.

Creo que acertó el Profesor Joset al reunir en un misma nota a Juan Ruiz y a Pedro de Escavias, y opino que esa coincidencia no es ocasional.

[A punto de publicarse: edición y comentario del testamento de Pedro de Escavias (1485)].

 

Anejo

Copla que compuso mi abuelo Alejandro Muñoz para celebrar su pueblo de Utrilla:

Cuatro cosas tiene Utrilla

que no las tiene Aragón

la plaza y la plazuela

la Puerta Encima, la Hondón.

 

31 de mayo de 2022

 

Gerardo Rueda

Gerardo Rueda, leyendo, en su primera visita a L’Olive (1965). Estoy a su lado; de espaldas, Paul y Suzon Enjolras, padres de Michèle
Biografía de Gerardo Rueda

Para redactar su biografía de Gerardo Rueda, del que había sido el asistente, (Gerardo Rueda, sensible y moderno. Una biografía artística. Ediciones del Umnbral, Madrid 2006) Alfonso de la Torre, crítico de arte y comisario de exposiciones, me sometió unas preguntas sobre la relación que tuvimos, Michèle y yo, con aquel gran artista y entrañable amigo. Las aprovechó en las páginas 52 y 53 de su libro. Reproduzco aquí la integralidad de la comunicación que hice a Antonio.

 

Conforme a tu petición, te mando unos apuntes sobre lo que recuerdo de Gerardo en los años que te interesan.

Acerca de las preguntas concretas que me haces, sabemos poco.

-Sobre la presencia de Rueda en París, años cincuenta-sesenta

– dónde se alojaba Gerardo. Supongo que en casa de sus primos Cabillon ;

– cómo se llamaba el instituto de cultura latina en el que trabajaba madame Sarrailh : Michèle S. era secretaria general del Institut d’Etudes d’Amérique Latine, que había creado su padre, Jean Sarrailh, siendo rector en torno a 1960. Está ubicado en la rue Saint-Guillaume (barrio de Saint-Germain-des-Prés, frente à Sciences Politiques, donde, por cierto, Pepi Cabillon trabajaba).

– Los Sarrailh y los Cabillon se conocieron en Madrid (durante la primera Guerra Mundial), donde Jean Sarrailh era Profesor del Instituto francés y Cabillon, director del Liceo francés. Se hicieron amigos, quizás también porque eran casi coterráneos : Jean Sarrailh, del Béarn, y Cabillon, de Bayona. Al final de su vida, los Sarrailh tuvieron piso en Bayona y se veían, creo, con frecuencia. Jean Sarrailh se hizo famoso con su libro La España ilustrada de la Segunda mitad del siglo 18. Supongo que Cabillon fue primero profesor de español y luego se dedicó a la administración y a la inspección genaral.

– cómo era el mundo francés que Gerardo encuentra en París en esos años. Me resulta difícil contestarte, en la medida en que sólo llegué a París en 1960, como estudiante, y no tengo la pretensión de haber vivido la vida cultural de la capital desde muy cerca. Michèle vivió en Madrid los años 1961-1962. Lo que sí se puede decir es que, para un joven español de entonces, ir a París significaba un cambio inmenso con el triste ambiente de la España de entonces. Para un artista, París, aunque hubiera perdido algo de su preeminencia de antes de la guerra, seguía siendo un foco importante de creación. No sé qué decirte más que no sepas.

Añado algunas notas sobre mis primeros contactos personales con Gerardo y el grupo de artistas españoles que frecuentaba.

Conocí a Gerardo el año de nuestra estancia en España (1963-1964). Michèle, que había pasado los años 1960-1962 en Madrid, ya lo había conocido antes por mediación de su prima Michèle Sarrailh. Los padres Sarrailh estaban muy relacionados con los Cabillon, y la madre de Gerardo era hermana de la señora de Cabillon. Creo que Michèle Sarrailh se interesó muy pronto por la pintura de Gerardo, aunque tardó algo en señalar a su prima la existencia de Gerardo. Este se enfadó mucho cuando descubrió, en un encuentro fortuito, que Michèle Enjolras llevaba meses en Madrid sin que Michèle Sarrailh le hubiera dicho nada al respecto. Michèle Enjolras y Gerardo se vieron a partir de ese momento con cierta frecuencia. El invierno del 62, Gerardo, Fernando Zóbel y Antonio Lorenzo hicieron un viaje a París. Michèle les guió por algunos monumentos, especialmente Versailles. Queda constancia de ello en algunas fotos que conservamos.

El curso 1963-1964, lo pasamos, ya casados, Michèle y yo en España, principalmente en Madrid, disfrutando de una beca de la Escuela Normal Superior. No recuerdo que hayamos visto con mucha frecuencia a Gerrado aquel año, en el que viajamos mucho, sin embargo, fue suficiente para trabar una amistad que se confirmó en los años siguientes. De aquel año conservo pocos recuerdos de Gerardo. Creo que estuvimos juntos en la inauguración de una exposición de Miguel Herrero, que estaba casado con una chica francesa (Françoise Hay) a la que Michèle había tratado como bibliotecaria del Instituto francés de Madrid. Es un recuerdo muy vago pero que te permitirá quizás situar el momento. Fue mi primer verdadero contacto con la comunidad de pintores de aquella generación. También visité con Michèle, no sé por qué razón, el piso de sus padres en Bravo Murillo y donde, creo, Gerardo seguía teniendo su habitación. Fue cuando me enteré, por boca de Ana, que Gerardo había cursado una carrera de derecho. Hay un detalle, sin embargo, que me hace pensar que nos tratábamos con cierta asiduidad, y es que recurrimos a él para que nos recomendara un abogado amigo suyo para intentar recobrar la cantidad correspondiente a la venta de un coche. Ese abogado no fue muy formal y le pesó mucho a Gerardo, que nos recordó el trance varias veces, los años siguientes.

Al final del curso, nos invitó Gerardo a pasar una temporada con él en Cuenca. Yo aproveché la invitación (en julio sería) y Michèle se unió a nosotros más adelante. Gerardo ocupaba el segundo piso de una casa, calle de las Armas 1, en cuya planta baja vivía Fernando Zóbel y en el entresuelo, Antonio Lorenzo, con su mujer Margarita (Margaret) y su hija. Para mí fue una iniciación en muchos sentidos. Aprendí a conocer mejor al grupo de artistas. Se veía poco a Carlos Saura que vivía allí permanentemente, pero alternábamos con Gustavo Torner, Manolo Millares, su mujer Enriqueta y su hija, quizás Eusebio Sempere, aunque creo recordar que se hizo conquense algo más tarde. Descubrí el estilo de vida de Fernando Zóbel, su modo de sacar provecho de esas casas pueblerinas, usando el duro yeso de la comarca pintado en blanco, el ladrillo para estanterías, muebles rústicos para colocar sus cosas. Se notaba una constante preocupación por compaginar lo popular con el más exquisito gusto. La influencia de Fernando en ese sentido me pareció evidente y se hizo más palpable aún cuando los propios pintores conquenses adoptaron esos mismos criterios. Sospeché también que sin la generosidad de Fernando, Gerardo ni, menos aún, Antonio Lorenzo, hubieran podido adquirir sus pisos respectivos y lanzarse a esa aventura. Se manifestaban agradecidos en detalles que me llamaron la atención. El ambiente general era de gran confianza y respeto mutuo.

Esos pintores se interesaban mucho por dar vida a la Cuenca de entonces, que se había vaciado de sus pobladores. Las actividades se concentraban en la parte baja. Era chocante ver como los indígenas (dicho sea sin desprecio) desconocían el tesoro de su casco viejo : maldita la gracia que tenía la parte baja que conformaba, por contraste, una de las más siniestras capitales de provincia. Los pintores se sintieron a gusto de inmediato en ese recinto que apenas había cambiado desde la época de los Austrias. La fachada de la catedral, que un terremoto había derrumbado, seguía en obras. Recuerdo, que, unos pocos años después, coincidí con el I. S. Revah, que luego fue Profesor del Collège de France, especializado en la historia de los marranos españoles y portugueses, que estaba investigando en el riquísimo archivo de la Inquisición conservado en la catedral. Lo presenté a Gerardo. Nos contó que sentía una emoción intensa cuando pisaba la plaza mayor, porque ésta conservaba intacto el aspecto que tenía cuando se celebraban en ella los autos de fe (no las ejecuciones que se hacían tradicionalmente fuera del recinto de las ciudades). Ni el suelo había cambiado, ya que seguía de tierra más o menos bien aplanada. Otro elemento me daba personalmente escalofríos, era la cruz de los Caídos, pintada en la fachada del convento, y ante la que tuve la oportunidad, por única vez en mi vida, de presenciar un acto con saludos fascistas. Pocos años después, pasaron el monumento a la plazoleta que está bajando hacia el museo. Cuenca era una ciudad carquísima, a la que cayó en suerte (o en desgracia) pasar toda la guerra en el campo republicano. Hizo todo lo posible, después de la contienda, para desquitarse de esa mala imagen. Sin los pintores, yo no me hubiera sentido a gusto en ese ambiente de mogigatería.

Es verdad que también tenía sus encantos, los de una ciudad pequeña, muy bien conservada en su parte antigua, con sus fachadas pintadas, y una extraña disposición urbana, debida a las dos hoces, del Huécar y del Júcar, que hacía que el piso bajo de una casa, dando a la calle, resultaba ser el tercero o el cuarto hacia la bajada. Como no había restaurantes en la parte vieja, había que bajar cada día a la ciudad moderna. Lo hacíamos, usando de ese subterfugio para ahorrarnos andanadas por la calle empinada que bajaba al puente del Huécar. Era divertido entrar en una casa de pisos, bajar una escalera y desembocar al aire libre en la mitad del acantillado, en un sendero polvoriento. Otro de los encantos consistía en las tiendas de antigüedades que había por entonces, una de ellas cerca del puente del Huécar. Allí Gerardo compró algunas de las piezas de alfarería que luego irían a parar en las vitrinas de su casa de la calle San Pedro.

El grupo había hecho suyo un restaurante, el Alaska (o Nebraska ?), en el que se les reservaba unas mesas en la sala interior, que habían decorado (creo recordar que pintada de negro). El dueño fue sin duda uno de los primeros conquenses en adquirir obras de esos pintores. Le conocí, cuando ya había dejado el negocio a su hijo, si bien recuerdo, siempre tan aficionado. Fue uno de los éxitos más rotundos de esos pintores conseguir hacer que los adoptara una gente humilde, que supo captar el interés de las obras que pintaban, aunque su estética estuviera alejadísima del gusto corriente.

En toda esa parte antigua, no había más comercio que una panadería y una tienda de frutas y ultramarinos, unos pasos más abajo de la Casa consistorial dieciochesca. Además estaba, yendo hacia el castillo, el taller de carpinteros de los Garrote, que fueron colaboradores permanentes de los pintores, arreglando muebles y enmarcando cuadros. El panadero era poco formal. Como había conseguido ganar algún dinerillo con sus nuevos parroquianos, se compró una moto, lo que dio lugar a una escena que encantaba a Fernando Zóbel, que la contó a doquier durante meses. Resulta que cuando su chófer (Felipe) o quien fuera fue a comprar el pan cierta mañana, la panadera le dijo que ese día su marido no había cocido. Cuando se le preguntó por qué, contestó : « porque ha comprado una moto ». Fernando se desternillaba de risa. Pasando los años, esa parte vieja recobró vida. Buena señal fue cuando abrió el bar Los Arcos que irrisoriamente, por lo rústico del marco, fue denominado por los pintores « El Saint-Trop » (por Saint-Tropez).

Insisto en la importancia de Cuenca, no sólo porque allí tuve la oportunidad de familiarizarme con Gerardo y sus amigos, sino porque considero que la empresa de montar el museo de arte abstracto contemporáneo español es única, en la medida en que es expresión de una colectividad que aspiraba a un mínimo de reconocimiento en un ambiente político poco propicio a la creación de vanguardia. Hizo mucho por el renombre de esa pequeña capital, que quizás no se merecía tanta suerte. Mejor para ella.

El piso de la calle de las Armas, ahora que lo voy pensando, era demasiado pequeño para que Gerardo se montara allí un taller, aunque fuera mínimo. No recuerdo haberlo visto trabajar, pero no descarto que tuviera un cuarto para sus obras en algún otro sitio. Aparte de Fernando Zóbel, que disfrutaba de un buen espacio y Gustavo Torner, que tenía casa, no creo que los pintores entonces trabajaran mucho en sus estancias en Cuenca. Se veían a diario, intercambiaban pareceres, se comunicaban sus experiencias. Formaban realmente un grupo y de esa vida colectiva nació una parte no despreciable de su obra. A pesar de que sus creaciones eran de muy distinto signo, estoy convencido de que se dejan ver las influencias mutuas en las obras que producieron por aquellos años, de ahí que no me parezca exagerado hablar de Grupo de Cuenca.

Las cosas cambiaron cuando Gerardo adquirió la nueva casa, un poco más lejos en la misma calle, frente a la esquina del convento. Tenía jardín, era amplia y con un desván imponente. En ésa, estaba en condiciones de trabajar. Pero mis recuerdos de esa época son escasos, en parte porque Gerardo se deshizo de ella muy pronto para comprar la de la calle San Pedro.

En aquellos años nos vimos con cierta frecuencia. Quizás el mismo año 64, o sino el 65, Gerardo vino durante el verano a Chinon. Se alojaba con nosotros en la parte que habían comprado mis suegros pero donde no vivían aún. Al contrario, la casa principal seguía ocupada por unos inquilinos, que tenían un perro, siempre atado, que no paraba de ladrar. Se llamaba Capi y Gerardo lo bautizó Capicojones. Durante esa estancia, él y Michèle pasaron muchas horas hurgando en « brocantes » buscando objetos o muebles a su gusto. En particular, Gerrado conservaba un recuerdo enternecido, ya que lo evocó en muchas ocasiones, de una tienda de Montsoreau (entre Chinon y Saumur) que llevaban tres hermanos, bastante parecidos entre sí, además de redomados borrachos y fumadores empedernidos. Se daban nombres diminutivos bastante ridículos, que en boca de Gerardo terminaron en « Titi », « Toto » y « Lolo ». Alfonso de la Torre recuerda esas dos anécdotas en su libro.

Gerardo ocupaba entonces casi todo su tiempo en arreglar pisos y casas, lo que le obligaba a almacenar mucho material. Fue su época « anticuaria » que se amplió luego con un comercio, no sólo suyo sino donde compartía intereses, de un almacén de cuadros antiguos. Yo lo veía ejercer ese oficio con dedicación plena y me daba, en cierta medida, lástima, porque iba camino de ser un artista frustrado, por falta de tiempo y, paradójicamente, por tener éxito en todo lo que emprendía. Gerardo tenía una doble personalidad : artista y empresario. No siempre se compaginaron bien las dos actividades, sino que a veces se hacían mutuamente sombra. Me alegré mucho cuando pudo dedicarse casi de pleno a la creación. Verdad es que supo aprovechar, en su última etapa, la práctica que había adquirido en la anterior, al organizar su taller de artista como el de un artesano, como bien sabes. Fue algo que siempre me impresionó, ver cómo sabía limitar su intervención en la creación artística a momentos claves : la idea de partida, tal o cual momento de la realización, que requería un cambio de rumbo o una adaptación. También supo dominar perfectamente la técnica de la serie, que supone saber organizar la labor de los colaboradores encargados de la realización material.

Para volver a la cronología, en calle de la Armas 1, bautizamos en julio del 67 a nuestro hijo Patrice, de 7 meses, con un excelente vino de Chinon del 1964. Una anécdota más : esas vacaciones coincidimos con la prima de Michèle que tenía un perro feo y sin gracia, pero al que cuidaba como un niño, lo que nos parecía algo ridículo, y hasta pesado cuando exigía que le dieran de comer en los restaurantes. Un día, salimos de casa de Gerardo, él y yo llevando el capazo donde descansaba el bebé y Michèle S. con su perro. Gerardo hizo notar, con su humor tan genuino, que justamente lo que más temía del matrimonio, niños y perros, se habían conjurado contra él en aquella ocasión.

A pesar de ser muy educado y capaz de frenar sus impulsos, Gerardo tenía lo que se llama un carácter fuerte. En cierto modo, yo temía sus reacciones y procuraba hacerme lo más discreto posible cuando estaba con él. Verdad que yo era un niño (tenía 22 años cuando lo conocí), sin embargo me manifestaba cierto afecto, al que yo sabía apreciar, viniendo como venía de un descendiente de vascos y segovianos, dos genios poco expansivos. Era fiel en la amistad y mi relación con las dos Michèle era, para él, un viático suficiente para que me aceptara en su círculo. También le interesaba no limitarse al mundo de los pintores y yo, como otros en otros campos, le proporcionaba la posibilidad de hablar de cultura en sentido amplio. Uno de nuestros temas de conversación predilectos concernía las diferencias de criterios de comportamiento entre pueblos distintos. En estas ocasiones, se mostraba muy crítico hacia lo español y muy afín a las costumbres francesas. Le gustaba poder practicar el francés y sentirse francés también. Supongo que diría lo mismo su primo Etienne Cabillon.

 

27-8-2004

Tristes tardes de toros en Madrid

Tristes tardes de toros en Madrid

Sábado 15 de mayo

Hace casi frío. ¡Ojalá no llueva! Se echaría a perder la corrida a la que pienso ir con mi colega Barrère de la Universidad de Pau.

Andrés Vázquez tiene innegables detalles toreros, no como esas figuras que solo conocen una faena, cualquiera que sea el toro que tienen delante. Procura variar los pases, también su modo de emprender a la res. Además, demuestra tener un temple enorme. Pero ¡ay de los toros! El primero solo aguantó una vara: se cayó nada más topar el caparazón del caballo. A pesar de ello, se ha concedido una oreja al torero por su faena ante un animal tan débil. El cuarto, cojo, y el quinto, mansísimo, fueron devueltos al corral. Uno de ellos era ya un sustituto. Barrère estaba encantado de volver a vivir momentos de su estancia en Madrid en 1950 y 1951. El público estaba animado y en el tendido 8, el de los aficionados de pro, hubo una pelea y tuvieron que expulsar, no sin dificultades, a un par de tíos excitados.

El monumento a Antonio Bienvenida es horroroso.

 

Domingo 22 de mayo

Barrère viene a recogerme y nos vamos a Las Ventas. En la reventa pagamos 425 pesetas por unos billetes que valían 250. El espectáculo se salvó gracias a los rejoneadores: Alvaro Domecq, sobrio y elegante, eficiente con la espada; al joven portugués, Moura, muy nervioso, le tocó en suerte un toro muy parado. Sus caballos recibieron algunos arañazos pero consiguió lances soberbios, fijando la res, provocándola para que se lanzara. Sin embargo, no se apea para matar. Para ello, recorre a un subalterno, aunque esta vez no fue necesario llegar a tal extremo.

Lo demás de la corrida apenas merece mencionarse. Los tuliovázquez fueron rechazados por los veterinarios y sustituidos por un lote pasable, en todo caso no peor que los que se suelen ver. Malos, los toreros: Tini, Calatraveño (tan amedrentado que no dio un pase), El Puno que se salvó a medias, porque es algo menos mediocre. Sin embargo, no me duele haber gastado ese dinero. Me resulta mil veces más triste sufrir el fraude que las figuras Camino y El Viti infligieron al público frente a los victorinos.

Sábado 15 y domingo 22 y domingo de mayo de 1978

 

Recepción de Andrés Segovia

INGRESO DE ANDRES SEGOVIA EN LA ACADEMIA

DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO

Domingo 8 de enero de 1978

 

Aquel domingo, vinieron a comer a nuestro piso de la calle Juan Bravo José Antonio Bonilla, director del Instituto de Estudios Giennenses (cf. En torno a la edición de la Tesis sobre Pedro de Escavias), y su esposa, la deliciosa María, tan graciosa como siempre con su acento granadino. Nos invitaron a acompañarlos por la tarde a la recepción de Andrés Segovia en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. El acto tuvo lugar en el salón de la Real Academia Española, por estar en obras el de Bellas Artes. Presidieron el acto los recién coronados reyes (Franco había muerto en noviembre del 75).

En el salón abarrotado de gente, como era de suponer, estaban presentes la joven esposa de Segovia y su hijo de nueve años de edad, detalle que no podía dejar de llamarnos la atención, estando su padre a punto de celebrar sus 85 años.

El padrino fue Joaquín Rodrigo. El ritual de ingreso exige que el padrino salga a buscar al académico novel para introducirlo ante sus pares. Al ser ciego aquél, lo acompañó otro músico, el director Rafael Frühbeck de Burgos. El encargado de recibir a Andrés Segovia fue el maestro Federico Moreno Torroba, también muy anciano, ya que solo llevaba dos años al impetrante. Ver reunidos a tantos músicos famosos fue algo impresionante. Regino Saínz de la Maza, otro guitarrista célebre, debió también estar, ya que era miembro de la academia desde 1958 y solo murió en 1981, pero Andrés Segovia no señala su presencia. También faltaban los compositores de la generación siguiente, los cuales ingresarían unos años más tarde, Cristóbal Hálffter en 1983 y Luis de Pablo en 1989.

Estábamos deseando oír a Andrés Segovia tocar la guitarra, aunque dudábamos si el protocolo lo permitiría o solo admitía un discurso. Nos tranquilizó ver que llevaba su instrumento consigo. De hecho, lo primero que hizo fue ofrecer un concierto, con tres obras, de S. L. Weiss, J. S. Bach y H. Villa-Lobos. A continuación, leyó su discurso titulado, sin falsa modestia, La guitarra y yo.

En él despachó a su antecesor, Oscar Esplá, con unas palabras de elogio para la persona y su carrera de músico, pero sin dejar de manifestar que no supo componer para guitarra:

[…] pues allá por el año 1920 me dio la alegría de dedicarme una espléndida sonata, pero, ¡ay!, compuesta directamente por él para la guitarra. Mi contento se convirtió en amarga desilusión.

No tuvo en cuenta el Maestro que la guitarra es como cantero de sendas abruptas y laberínticas. Precisa el compositor que desee penetrar en él un experto guía que lo acompañe y dirija en su siembra, si quiere que fructifique.

En general se mostró complaciente hacia sí mismo, sin dejar por ello de usar de un estilo florido y de un humor típicamente andaluces:

Unos me hacen nacer en Granada, y ni que decir tiene que agradezco vivamente ese obsequio. Otros en Jaén, y hasta apoyándose en mi apellido, me han hecho ver la luz en Segovia. […] Finalmente, han dado en el clavo: soy hijo de Linares, lo que me enorgullece sobremanera. También hay discrepancia en cuanto a la fecha de mi nacimiento. Se ha publicado que he venido al mundo en 1882, y creo, sin vanagloria, que no aparento ser tan viejo. […]

También evocó los principales momentos de su carrera, iniciada desde muy joven:

Mi completo despertar a la belleza heterogénea de la música ocurrió cuando por vez primera escuché uno de los conciertos de orquesta que don Tomás Bretón solía dirigir en el palacio de Carlos V, de Granada. […] Me había sentado en un banco de los jardines cercanos, sin recursos para presenciar más cerca aquel milagro sonoro; pero desde mi asiento, quieto y en éxtasis, se abrían todos los poros de mi ser para que penetrase en mi alma el misterio de la música. Mi vocación estalló en llamaradas.

Cuenta sus primeros conciertos públicos en Granada en 1909 y 1910 y, al llegar a Madrid, en 1913, cómo consiguió su primer instrumento de concierto que le regaló el “luthier” del Real Conservatorio, Manuel Ramírez, en una escena que habría contado mil veces y tenía entonces los visos de haberse vuelto mítica.

Después de recordar a los músicos a los que pidió que escribieran para su instrumento y salvarlo así de un repertorio compuesto esencialmente de adaptaciones, el primero de los cuales fue el mismo Federico Moreno Torroba, concluyó del siguiente modo.

Concluyo con el temor de que mi discurso os haya producido irreprimible somnolencia por lo inhábil y porque a los casi ochenta y cinco años no se alojan ya en mi mente sino imágenes retrospectivas de mi vida.

Este colofón nos hizo mucha gracia, y no solo a nosotros, porque a muchos no se les escapó que el rey intentó reprimir en varios momentos unos bostezos, confirmando, lo que era un secreto a voces, que la cultura le interesaba menos que otras actividades lúdicas.

Otro detalle de la ceremonia fue que, al finalizar el acto, el servicio de seguridad no supo tomar las medidas idóneas para la salida de los reyes, y estos tuvieron que cruzar el salón en medio del público. Lo hicieron por el lado en el que estábamos sentados y nos rozaran al pasar junto a nosotros. Aunque en aquellos ya lejanos años la paranoia no fuera la de hoy, nos chocó el grado de improvisación que se manifestó en ese caso.

Fuente

La guitarra y yo. Discurso leído por el Excmo. Sr. Don ANDRÉS SEGOVIA TORRES con motivo de su recepción pública el día 8 de enero de 1978 y contestación del Excmo. Sr. Don FEDERICO MORENO TORROBA. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, MCMLXXVIII.

En torno a la edición de la Tesis sobre Pedro de Escavias a cargo del Instituto de Estudios Giennenses 1969-1972

En torno a la edición de la Tesis sobre Pedro de Escavias

a cargo del Instituto de Estudios Giennenses

1969-1972

 

Después de sacar las oposiciones (Agrégation) en 1966 y cumplir mi último año en la Escuela Normal Superior de Saint-Cloud (1966-1967), fui nombrado asistente en la Universidad de Lille. Decidí emprender investigaciones sobre literatura medieval castellana como tesis de Tercer ciclo (tesis secundaria, siendo la principal la tesis de Estado). Pensaba dedicar ese primer trabajo a la edición comentada de un texto inédito. No recuerdo quién me orientó hacia Pedro de Escavias y sus poesías, el caso es que el Profesor Michel Darbord, conocido por su tesis sobre la poesía religiosa desde los Reyes Católicos hasta Felipe II, aceptó el encargo de dirigirme. Sobre las poesías de Escavias existía un trabajo ya antiguo de Fr. Uhagón, que fue, en su tiempo, director de la Real Academia de la Historia. Luego descubrí que había sido posesor del Cancionero de Oñate, que le ofreciera la condesa de Castañeda, y que se deshizo de él a favor de un comprador inglés, detalle que afea mucho la personalidad de ese erudito y tuvo como consecuencia que quedara inasequible desde entonces y quizás para siempre ese monumento de la poesía cancioneril castellana. Transcribí las poesías y empecé a estudiarlas basándome en el trabajo de Fr. Uhagón. Pedro de Escavias era además el autor de un resumen cronístico, el Repertorio de Príncipes de España (sería más exacto decir Reportorio), lo que, añadido a las poesías, ofrecía una materia suficiente para una tesis. La única versión conocida del Reportorio estaba custodiada en los fondos de la Biblioteca del Escorial (Muchos años más tarde descubrí que existía otra versión de la obra en la Biblioteca Nacional de Lisboa, con el agravante de que fuera la que sirvió de modelo a la copia que se conservaba en el Escorial). A principios de julio de 1969, estuve unos días en El Escorial. Como ya había estudiado las poesías de Escavias, visité a Rafael Lapesa que estaba veraneando allí, y coincidí con Juan López-Morillas, que ejercía de catedrático en la estadounidense Brown University de Providence (Rhode Island), al que comuniqué la imposibilidad de conseguir una copia del Cancionero de Oñate y Castañeda, porque su propietario, Edwin Binney, Profesor en Harvard y coleccionista, se negaba a enseñarlo. Me prometió hacer alguna gestión a su vuelta a EEUU [cf. carta del 18 de enero de 1970].

En la Biblioteca del Real Monasterio, estuve consultando el códice del Repertorio y familiarizándome con su grafía. Conseguí que me sacaran un microfilm, y gracias a la generosa atención que me prestó el fotógrafo de la institución, a quien quiero mencionar aquí, José de Prado Herranz, el documento me llegó a finales del mismo mes. La transcripción del Reportorio me ocupó hasta el final de aquel año 1969.

Paralelamente me preocupé por reunir material para conocer mejor la personalidad de Pedro de Escavias. Con ese motivo, hice un recorrido por el santo reino en septiembre. En Jaén, visité el archivo histórico provincial, donde me enteré de la existencia del Instituto de Estudios Giennenses, entonces alojado, si bien recuerdo, en el palacio de la Diputación Provincial. Estando ausente su director, don José Antonio de Bonilla y Mir, me aconsejaron consultar a otro consejero, el canónigo Juan Montijano Chica, que me acogió amablemente en su piso de la calle de Los Olmos (entonces aprendí cómo había que pronunciar el nombre de la calle para ser comprendido por los vecinos: Lo (H)olmo(h)). Este se comprometió a introducirme cerca de don José Antonio. No quise dejar de visitar Andújar y allí me recibió muy amablemente el doctor Torres Laguna, aunque no me pudo proporcionar datos concretos sobre una posible documentación relativa a mi tema. El panorama, en cuanto a la dimensión histórica de la tesis, no era muy halagüeño cuando inicié la correspondencia que reproduzco a continuación.

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Correspondencia destinada a conseguir una reproducción de las poesías de Escavias en el Cancionero de Oñate y Castañeda y, más adelante, de la totalidad del códice.

 

Residencia de Profesores

Madrid, 31 de diciembre, 1969

Mi distinguido amigo:

Perdone mi retraso en contestarle. He tenido que resolver una serie de asuntos urgentes y ello ha perturbado mi correspondencia.

El profesor a quien V. conoció en nuestra casa de El Escorial es don Juan López-Morillas y enseña en la Brown University. Su dirección es 90 Brown Str. Providence, R.I. 02906.

Feliz año nuevo. Con nuestro saludo para Mme. Garcia, Mme. Rosenfeld y Mme. Sarrailh, reciba V. los muy cordiales de

Rafael Lapesa.

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[a Juan López-Morillas]

París, 11 de enero de 1970

Cuando les conocí, a Vsted y a su señora, en casa de los señores Lapesa, tuve la oportunidad de hablarles de la tesis que estoy preparando sobre Pedro de Escavias, escritor y hombre político del s. 15. Les dije, en particular, como su obra poética se encontraba en el Cancionero de Oñate y Castañeda, el cual, después de desaparecer durante medio siglo, había vuelto a aparecer en poder de un profesor americano, Edwin Binney, catedrático, al parecer, en Harvard.

Desde aquí, me resulta muy difícil entrar en contacto con el señor Binney. Imagino que será más fácil desde los mismos EE.UU. Por eso, me permito rogarle que me facilite esta gestión, localizando a este señor y, si fuera posible, entregándole la cuartilla que le mando aparte, en la que expongo más detenidamente el caso.

Hace tiempo que quería escribirle, pero no tenía su dirección. Se la he pedido al señor Lapesa y acabo de recibirla.

Le ruego me disculpe por la molestia que le causa y le mando un atto saludo,

Michel Garcia

 

[cuartilla adjunta]

Soy profesor en la Escuela Normal de Profesores de París-Saint-Cloud. Estoy preparando una tesis sobre Pedro de Escavias, en la que incluyo la edición de sus obras y, en particular, de sus poesías.

Estas eran conocidas por un artículo de Fr. de Uhagón (Rev. de Arch. Biblio. y Museos, Madrid 1900) que reproduce las poesías a partir del Cancionero de Oñate y Castañeda al que pudo consultar. Pero, aparte de que publicar unos poemas partiendo de una reseña cuando existe el original es poco deseable, el trabajo de Uhagón no parece ofrecer todas las garantías que pueden exigirse hoy de una edición crítica: hay dos lagunas y la ortografía no parece exacta.

Por esas razones, me sería muy útil poseer una fotocopia o un microfilm de los folios 426 hasta el final del Cancionero.

Me comprometo a no publicar ninguna de esas fotocopias. Lo único que haré es utilizar esos documentos para establecer una edición seria de las poesías de Pedro de Escavias.

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Brown University, Department of comparative literatura

18 de enero de 1970

Estimado amigo:

No nos habíamos olvidado del encargo que nos dio Vd. en El Escorial; solo que ni mi mujer ni yo habíamos tenido ocasión de ir a Cambridge desde nuestro regreso de Europa. Fue al día siguiente de recibir la carta de Vd. cuando mi mujer pudo por fin ir allá llevada por asuntos propios. Llamó por teléfono al Sr. Binney, quien mostró curiosidad por saber cómo se había enterado Vd. de que él había comprado el MS, ya que creía que era un secreto conocido de dos o tres personas solamente. El Sr. Binney dijo a mi mujer que había vendido a su vez el MS a la Houghton Library de Harvard, y que le convenía por tanto ponerse en contacto con el Sr. Bond, el bibliotecario. Esto fue lo que hizo ella el día siguiente durante su estancia en Cambridge. Se entrevistó con el Sr. Bond, que se mostró por cierto muy amable, le entregó la referencia que mandó Vd. y recibió del bibliotecario la impresión de que todo se arreglaría sin gran inconveniente al parecer. El Sr. Bond le escribirá a Vd. en breve.

Esperamos, pues, que todo quede arreglado como Vd. desea. Fue un placer conocerle en casa de los Lapesa. Y con muchos deseos de que el 1970 le sea un año próspero y venturoso, acepte un cordial saludo de su afmo. s.

Juan López-Morillas

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The Houghton Library, Harvard University

January 22, 1970

Dear Mr. Garcia:

I am enclosing an application form naming our Cancionero de Oñate y Castañeda. The charge por Xerox copies of the last 12 leaves would be our minimum one of $2.50, and you would be billed after we had done the work. If you Will complete and return the enclosed form I shall be happy to place your order.

Very truly yours,

Rodney G. Dennis

Curator of Manuscripts

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Correspondencia con el Instituto de Estudios Giennenses

 

[Estas dos cartas fueron revisadas y muy mejoradas en su estilo por mi amigo Fernando Baeza, como lo atestigua el borrador que conservo de ellas, enmendado de su puño y letra].

 

[al Padre Juan Montijano Chica, canónigo de la catedral de Jaén]

15 de octubre de 1969

Reverendo Padre Montijano Chica,

Como me lo había propuesto tan amablemente durante la grata conversación que mantuvimos en Jaén hace un mes, me permito mandarle adjunta una carta para don José Antonio de Bonilla y Mir en la que expongo las dificultades que encuentro en la realización de mi proyecto.

Le agradezco mucho haya aceptado introducirme cerca de dicho señor, pues sé que Usted podrá proporcionarle datos más precisos sobre el trabajo que he emprendido, tomándose así seguramente él más interés por mi ruego.

En espera de que me disculpe por las molestias que le ocasiono, me es grato reiterarme de Usted atto. s. s.

Michel Garcia

 

[a don José Antonio de Bonilla y Mir, director del Instituto de Estudios Giennenses]

15 de octubre de 1969,

Muy distinguido señor mío,

El Reverendo Padre Juan Montijano Chica ha aceptado con mucha amabilidad remitirle esta carta y a la vez presentarme a Usted, todo lo cual hubiera sido mucho más difícil por correspondencia.

Como hemos mantenido una larga conversación durante mi estancia en Jaén en el mes de septiembre, así podrá decirle cuál es mi plan de investigación y en qué sentido necesitaría de su reconocida competencia en la historia de la provincia de Jaén.

Pero, para fijar mejor el asunto, me permito enumerar con la mayor precisión posible lo que preparo y los obstáculos que he encontrado en mi labor.

1. Mi tesis consiste en la edición de las obras de Pedro de Escavias, alcaide de Andújar en la segunda mitad del siglo XV: edición de sus poesías con introducción y notas; edición de su Repertorio de Príncipes, todavía inédito, con introducción y comentario. Esta edición irá encabezada por una nota biográfica sobre el personaje. Esta constituye hasta ahora el mayor de los obstáculos de que le hablaba.

2. Lo poco que sé de Pedro de Escavias y de su familia es lo que se encuentra en: Argote de Molina, Nobleza del Andalucía; la Crónica del Condestable Miguel Lucas de Iranzo; los encabezamientos de sus poesías; los escasos datos biográficos que aparecen en su Repertorio.

3. En cambio, es mucho más lo que ignoro: fecha de nacimiento y muerte; cuándo dejó de ser alcaide y por qué razón (a este respecto, lo único que sé es lo que se lee en la Crónica de los Reyes Católicos, es decir que, en 1478, tomaron entre varios la fortaleza de Andújar y “pusieron en ellos alcaides a personas paçificas que las tuvieses por ellos”. Si se encontrase esa acta, tal vez tendríamos noticia de si Escavias fue alcaide hasta 1478 y por qué se le sustituyó); todo lo que concierne a su niñez y juventud (si vivió en la Corte de Juan II; cuándo fue nombrado alcaide; de su familia, mujer e hijos, sé muy poco. La Crónica del Condestable solo hace una alusión).

Estos son los datos importantísimos que desconozco.

Estuve en Andújar donde visité al doctor Torres Laguna, pero, por lo que me dijo, no posee más datos que los que mencionó en sus libros, lo cual resulta muy insuficiente.

Cuando fui a Jaén, lo hice con intención de visitarle a Usted, pero no pudimos coincidir allí, lo que siento muchísimo porque, desde mi primera visita al Archivo histórico de Madrid, en busca de datos sobre él, me aconsejaron muy encarecidamente que fuese a verle a Usted. Lo malo es que, cuando se es profesor, no queda más remedio que viajar durante las vacaciones, momento en que las personas que necesitaríamos ver se han ausentado de las ciudades, como es natural, y en que las bibliotecas apenas si abren.

Por ahora, en cuanto a la biografía de Pedro de Escavias, me hallo estancado. Y lo lamento mucho porque, como decía al Padre Juan, ese personaje ha dejado de ser para mí un tema de Tesis para convertirse en algo más próximo: le estoy tomando cariño. Es una lástima que un caballero al que todos los testimonios contemporáneos presentan como un varón virtuoso, un ejemplo de lealtad y rectitud siga siendo desconocido, tanto más cuanto que su obra no es nada desdeñable. Mi tesis se ha convertido en un verdadero desafío al olvido a la par que se está transformando en una obra impresionante por su volumen. Desprenderá Usted delo que precede lo agradecido que le estaría si me pudiera proporcionar los más mínimos datos sobre la vida de Pedro de Escavias, sin excluir otros aspectos relacionados con su obra.

Le ruego me perdone esta manera tan directa de recurrir a Usted y disponga de su reconocido y atto. s. s.

Michel Garcia

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Jaén, 6 de enero de 1970

Muy Sr. mío:

Ya es hora de que conteste su carta del 15 de octubre pasado, que recibí por medio de Don Juan Montijano. Supongo que este señor le diría que, al entregármela, le manifesté que tardaría algún tiempo en poder escribirle, ya que tenía proyectada una serie de viajes, que me iban a impedir buscarle los datos y antecedentes que tanto le interesan.

En primer lugar, quiero felicitarle por haber elegido ese tema, realmente fascinante, de la vida y obras de Pedro de Escavias. A mí, particularmente, todo cuanto concierne al siglo XV en España me interesa de modo extraordinario. Desgraciadamente, no puedo dedicarme a investigar a fondo, como sería mi deseo, tantos y tantos episodios de la historia de Jaén en esa época, que adquiere singular relieve con motivo de las últimas guerras de la Reconquista. La investigación histórica es para mí un recreo, casi mi único recreo, y como tal, apenas puedo disfrutarlo. Me considero más obligado a emplear mi poco tiempo libre en fomentar la alta cultura en mi provincia, a través del Instituto de Estudios Giennenses del C. S. I. C.

Pero vamos a su tema. Le envío una cuartilla con una serie de fichas, correspondientes a otros tantos documentos relacionados con Pedro de Escavias, que se encuentran en el Archivo General de Simancas, en la Sección titulado “Registro del Sello”. Esta Sección tiene un valor incalculable, ya que contiene los registros, con copia literal, de todos los documentos que se expedían sellados con el sello real. Creo le será fácil, dirigiéndose al archivo, obtener una copia literal de dcada uno de los documentos que le interesen. Casi puedo asegurarle que las fichas que le envío comprenden los únicos documentos que se conservan en el Registro del Sello, relativos a Pedro de Escavias.

Podrá Vd apreciar que, en 30 de marzo de 1478, se le llama alcaide y guarda mayor de Andújar. Sin embargo, en 3 de abril del mismo año se menciona a Pedro de Escavias diciendo “alcaide que fue” de la fortaleza de Andújar. Deduzco de aquí, salvo lo que nos diga el contenido pleno del documento original, que, si el 3 de abril había dejado de ser alcaide, y así se afirma en una ejecutoria de esa fecha, lógicamente tampoco lo era ya en 30 de marzo del mismo año. Es casi seguro que en dichas ejecutorias se refiera al cargo que tenía Pedro de Escavias cuando comenzó el pleito, y también es posible que en la segunda, se haga mención del dicho cargo, refiriéndola al momento en que la ejecutoria se expide. Creo, como antes le digo, que una transcripción literal y compmeta de ambos documentos puede darle plena luz sobre ello.

Parece que aun cuando cesó Pedro de Escavias en la tenencia de la alcaidía, conservó el otro cargo de guarda mayor, a que se refiere la carta receptoria fechada en Sevilla el 6 abril 1478.

Otros datos muy interesantes que se deducen de estos documentos son los relativos al pleito que tuvo con la familia Palomino, una de las más poderosas de Andújar y de Jaén, sobre el oficio de escribanía del concejo de Andújar, que al fin debió fallarese a favor de Pedro de Escavias, como se prueba por la ejecutoria de 10 abril 1478, y el hecho de que en 12 agosto 1479, obtuviese facultad de la reina Doña Isabel para renunciar dicho oficio en su hijo Francisco de Escavias.

Sobre todo, los documentos de 30 marzo y 3 abril de 1478, estimo que pueden ser de gran valor, por referirse a los movimientos provocados en la ciudad de Andújar por el partido del Maestre de Calatrava, en el reinado de Enrique IV.

De momento, no puedo facilitarle otros datos. Cuando vaya a Granada, buscaré en la Chancillería cualquier documento que pueda existir relacionado con esta familia. En la Academia de la Historia -colección Salazar y Castro- quiero recordar que existen datos genealógicos de los Escavias. También trataré de ver lo que hay, en algunos de mis viajes a Madrid. Tendría una verdadera satisfacción en poder proporcionarle nuevos materiales para su trabajo. ¿Piensa Vd. publicarlo en España? Mucho me interesará conocer cuanto se relacione con esta publicación, ya que tanto el Instituto de Estudios Giennenses como yo, nos preocupamos mucho por dar a conocer todas las figuras ilustres de nuestra provincia de Jaén.

Celebrando mucho haber entrado en relación con Vd., ya sabe que me tiene a su disposición, y haré cuanto pueda, como antes lo digo, por facilitarle nuevos datos para su trabajo. Muy atentamente le saluda y queda suyo affmo amigo

Firmado. José A. de Bonilla

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[Pedido de fotocopias al Archivo General de Simancas, servicio fotográfico]

París a 10 de enero de 1970

Soy profesor de español en la Escuela Normal Superior de Profesores de París (Saint-Cloud). Estoy preparando un libro sobre Pedro de Escavias que fue alcaide de Andújar en la segunda mitad del siglo 15.

Le quedaría agradecido si me pudiera mandar copia literal (en fotocopia o en microfilm) de los documentos cuyas fichas vienen en la cuartilla aparte que le mando aquí, con esta.

Le podré abonar el coste de este trabajo por mi cuenta corriente del Crédit Lyonnais de Madrid, en cuanto me lo haga conocer.

Tengo en mi poder una tarjeta nacional de investigador del Ministerio de Educación y Ciencia español, 307/69.

Muy atentamente le saluda y queda su atto s. s.

Michel Garcia

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[a don Juan Antonio de Bonilla y Mir]

París a 11 de enero de 1970

Muy distinguido señor mío,

No sé cómo agradecerle el interés que ha tomado por mi libro. Los documentos cuyas fichas me ha mandado son de un valor inestimable. Acabo de pedir fotocopia al Archivo General de Simancas. Esos datos contribuirán a llenar uno de los vacíos de mi biografía de Escavias, la que corresponde al final de su vida y al momento en que dejó de ser alcaide. Y si la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia nos puede proporcionar datos genealógicos de los Escavias, pienso que se completarán los elementos dados a conocer por Argote de Molina.

Por ahora, estoy preparando la edición del Repertorio de Príncipes. Es un trabajo enorme de unas 400 páginas. Ya he copiado enteramente el manuscrito. Estoy corrigiendo la copia y pongo la puntuación.

En cuanto a la publicación, me gustaría mucho que se hiciera en España y más todavía, que fuera a cargo del Instituto de Estudios Giennenses. De todos modos, le pondré al corriente de cuanto concierne esa publicación. Pienso leer mi tesis a finales de este año 1970.

Esta pienso que será la composición que se titulará Pedro de Escavias, poeta e historiógrafo del siglo 15 (poco más o menos): 1. Biografía de Pedro de Escavias; 2. Una introducción sobre el personaje y la obra (estas dos primeras partes representarán unas 150 páginas); 3. Edición críticas de las poesías a partir del manuscrito de Oñate y Castañeda según la reseña de Fr. de Uhagón (RABM 1900), y del cancionero de Gallardo-San Román de la Academia de la Historia. Hoy mismo mando una carta a unos profesores españoles que se encuentran en América para intentar obtener una fotocopia de los poemas a partir de Cancionero de Oñate y Castañeda que, al parecer, pertenece a un profesor americano. El hecho es que este cancionero había desaparecido – por ello no quedaba más remedio que partir del artículo de Uhagón – pero se ha vuelto a tener noticia de él hace unos meses (la edición de las poesías, con notas, representará unas 60 páginas); edición del Repertorio de Príncipes de España a partir del manuscrito único de la Real Biblioteca del Escorial (el texto irá precedido por un inventario de las fuentes de que se ha valido Pedro de Escavias para redactar cada capítulo, a imitación de la edición de la Crónica alfonsí por el Seminario Menéndez Pidal).

Me encantaría que esto pudiera ayudarles, a Vd. y al Instituto de Estudios Giennenses en su magnífica labor para dar a conocer todas las altas figuras que han ilustrado la provincia de Jaén.

Permítame manifestarle a Usted todo el agradecimiento de su reconocido y atto. s. s.

Michel Garcia

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Jaén, 4 de febrero 1970

Mi distinguido amigo:

He regresado de Madrid recientemente, y tengo la gran satisfacción de poder darle importantísimos datos, que le servirán para enriquecer notablemente su biografía del alcaide Pedro de Escavias. En la Academia de la Historia, he hecho un hallazgo verdaderamente fabuloso. Nada menos que treinta y una cartas de los Reyes Juan 2° y Don Enrique 4°, amén de otra del Rey Don Fernando el Católico, dirigidas todas ellas a Pedro de Escavias. Se hallan copiadas literalmente, y lo que es mejor aún, autenticadas por un notario. Aparte de ello, otros documentos de enorme interés, como por ejemplo una real cédula de Enrique 4° en la que concede a Pedro de Escavias la merced de acrecentar con una orla blanca en rededor de su escudo de armas. Aparte de ello, se conservan también muchos datos genealógicos de Pedro de Escavias y de su familia. A continuación, le anoto los diversos manuscritos y sus signaturas, para que pueda Vd. pedir las fotocopias de ellos que desee, a cuyo efecto también le envío un impreso que con ese objeto me han facilitado en la Academia.

1°. Volumen manuscrito D-64 Folios 198 y siguientes. Son las consabidas cartas y otros documentos. Se trata de un testimonio hecho por el escribano Antonio Palomino en Andújar, el 5 febrero 1632.

2°. Volumen manuscrito C-20 Folios 376 a 379. Contiene genalogías muy completas y abundantes datos de la familia Escavias de Andújar y de Pedro de Escavias. Son ocho páginas tamaño folio, que contienen numerosos datos de esta familia a partir del siglo 13. Este manuscrito y el anterior son los más importantes y completos. Además de ellos, hay los tres siguientes:

3°. Volumen manuscrito D-19 Folio 279 vlto. Àrbol de costado de Escavias Carvajal, Sr. de Rui Sánchez, 4° nieto de Doña Leonor de Escavias, hija del célebre alcaide de Andújar, Pedro de Escavias.

4°. Volumen manuscrito D-26 Folio 265 vlto. Genealogía de los Escavias esde Juan González Priego de Escavias Sr. de Aldeguela, criado del Rey don Alonso, hasta el alcaide Pedro de Escavias y los sucesores de éste.

5°. Volumen manuscrito D-27 Folio 1 vlto. Descendencia de Lucas de Escavias.

Todos estos manuscritos pertenecen a la colección Salazar y Castro, y así debe Vd. indicarlo al pedir las fotocopias correspondientes.Recibí oportunamente su carta fecha 11 de enero, y no sabe cuánta satisfacción me ha producido ver lo útiles que le habían sido mis anteriores referencias. espero que encuentre aún más interesantes las que ahora envío.

Mucho le agradezco las noticias que me da sobre el trabajo que está realizando, y le agradezco también su ofrecimientode tenerme al corriente del mismo. Me gustaría asistir a la lectura de su tesis. ¿Dónde va a tener lugar? ¿Cuáles son los profesores que formarán el tribunal que ha de juzgarla?

Por supuesto, si a Vd. le parece bien, el Instituto de Estudios Giennenses se consideraría muy honrado de poder publicarla, como estamos haciendo con otras, y por supuesto con la intervención suya directa en la impresión del libro.

Muy afectuosamente le envía un atento saludo su buen amigo

Firmado. José A. de Bonilla

Estuve en el Archivo de Simancas el mes pasado, y me dijo el Director que ya habían recibido su petición.

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París, 9 de febrero de 1970

Apenas acabo de recibir el microfilm de los documentos del Archivo General de Simancas que Vd. me había indicado y sacado una foto sobre papel de los mismos, cuando me entero del formidable hallazgo que ha hecho en la colección Salazar y Castro de la RAH. Es Vd. para mí la misma Providencia. Ni que decir tengo que he pedido los microfilms a vuelta de correo. Y en cuanto haya terminado la edición de los textos, los estudiaré muy detenidamente. Lo único que siento es no haber estado con Vd. cuando encontró las cartas reales. Imagino que habrá sido un momento emocionante, por no haber tan solo encontrado lo que buscaba sino más de lo que podía esperar. Estos hallazgos van a cambiar del todo la redacción del capítulo dedicado a la biografía de Pedro de Escavias. De todos modos, estos documentos que habré utilizado para mi tesis, pienso que podrían publicarse después, bajo el amparo del Instituto de Estudios Giennenses para que pudieran servir para otros trabajos. Así intentaré compensar en parte la deuda que tengo para con su ilustre director.

Además, tengo la satisfacción de comunicarle – “un bonheur ne vient jamais seul” – que estoy esperando estos días una fotocopia de las poesías de Pedro de Escavias en el Cancionero de Oñate y Castañeda de la Houghton Library de Harvard. Parece mentira que un manuscrito del que no se tenía noticia desde casi medio siglo vuelva a parecer en el momento en que lo necesitaba. Así, la edición de las obras de Escavias se hará partiendo de los documentos originales.

Por ahora, no tengo más deseo que conocerle personalmente y reiterarle de palabra todo mi reconocimiento. Pero creo que, antes de las vacaciones de verano, no nos será posible ir a Jaén, a mi mujer y a mí, a no ser que nos animemos y vayamos en la primera semana de las vacaciones de Pascuas (del 20 al 27 de marzo). De todos modos, se lo confirmaríamos a tiempo. Y si no podemos ir por Pascuas, iré durante las vacaciones de verano y ya le podré entregar un ejemplar de los textos de Pedro de Escavias que estoy escribiendo a máquina sobre stencil. Pienso redactar la Introducción a partir de julio.

La fecha exacta de la lectura de mi tesis, no la sabré antes de octubre o noviembre. En cuanto la conozca, se la comunicaré. Pero, si Vd. tiene la oportunidad de venir a París, tendríamos mucho gusto en recibirle.

Mucho le agradezco la oferta que me hace de publicar mi tesis. Espero que será el inicio de una colaboración duradera.

Quedo atto. s. s.

Michel Garcia

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París, 7 de abril de 1970

No he podido realizar, durante estas fiestas de Pascuas, el viaje que había proyectado. No nos ha parecido conveniente emplear los pocos días de descanso que nos concedían para hacer un viaje tan largo.

He aprovechado esa temporada para estudiar los documentos del Archivo de Simancas. Su interés es fundamental. Dos de ellos nos proporcionan datos sobre la carrera política y los cargos oficiales de Escavias. Resulta de ellos que Pedro de Escavias dejó de ser alcaide de Andújar en 1476-1477. Consta además que disfrutaba del oficio de escribano del concejo de Andújar desde 1459. La reina Isabel le otorga la facultad de transmitirlo en 1479 a su hijo, Francisco.

Añadiré que otro aspecto muy importante de estas cartas es que nos dan a conocer el ambiente en que tuvo que desenvolverse Escavias después de la muerte de Enrique IV, ambiente que le era francamente hostil. Ha sufrido varios ataques personales – por parte de antiguos partidarios de Pedro Girón – al desaparecer su principal defensor, el rey. Pero hay que subrayar que el Consejo Real parece haberle defendido con mucha objetividad y cierta buena voluntad.

A partir de estas cartas, los rasgos del personaje se hacen más precisos y más matizados. Además, podrán completar útilmente ciertos datos de la Crónica de Miguel Lucas.

He recibido la fotocopia del Cancionero de Oñate y Castañeda y así he podido corregir ciertas imperfecciones del texto conocido de las obras poéticas de Escavias.

Aún no he recibido nada de la Real Academia de la Histora. Les hice el pedido en cuanto recibí las signaturas de los manuscritos que Vd. me embió. He vuelto a escribir el 10 del mes pasado y no he tenido respuesta aún.

El texto de las obras de Escavias estará listo (duplicación acabada) durante el mes de julio.

Me es grato saludarle muy atentamente,

Michel Garcia

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Jaén, 13 de mayo 1970

Mi distinguido amigo:

Le ruego me perdone por haber tardado tanto en contestar sus cartas últimas. Esperaba poder ir a Madrid, y hacer allí personalmente una gestión en la Real Academia de la Historia, para que le enviasen inmediatamente los microfilms que necesita. Realmente ha sido una pena que se hagan confundido y le hayan remitido otra cosa distinta de la pedida. Parece que no debido ocurrir una cosa de esas.

En vista de que no he podido marchar a Madrid todavía, he escrito al Académico Bibliotecario Perpetuo de la Academia, rogándole que se ocupe de indagar lo ocurrido activando el envío de los nuevos microfilms, si es que aún no ha tenido lugar. De todas maneras, tan pronto como vaya a Madrid, comprobaré si se los han emitido.

No sabe cuánto me alegra que todo el material que ha podido recoger hasta ahora por indicación mía le haya resultado tan provechoso.

Siento de verdad que no pudieran Vds. venir por Jaén durante la Semana Santa, pero pierdo las esperanzas de que puedan hacerlo más adelante, y tengamos el gusto de conocerles personalmente.

Le agradeceré que, al recibir los microfilms definitivos, me ponga unas líneas para mi tranquilidad.

Muy afectuosamente le saluda y queda suyo affmo y buen amigo

Firmado. José Antonio de Bonilla

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Instituto de Estudios Giennenses, C.S.I.C.

Jaén, 30 de junio 1970

Distinguido amigo:

He recibido su carta fecha 20 del cte., y me satisface mucho la idea de que podamos encontrarnos en España en fecha próxima.

Como me dice que piensa venir a partir del 20 de julio, más o menos, quiero que sepa que el citado 20 de julio y posiblemente el 19, pienso estar en Madrid, donde le recibiría con mucho gusto. Es posible que aun permanezca en Madrid el día 21, aunque no es seguro, ya que el 22 quiero embarcar en Valencia para Palma de Mallorca, donde pasaré, Dios mediante, la mayor parte del verano. Mi dirección en Madrid es Zurbano 4 y el teléfono 419-2455.

En Palma de Mallorca, mi dirección es Son Buit, La Bona nova, Palma de Mallorca; es una finca que se halla en las afueras de Palma, en el caserío de La Bonanova, y se llama Son Buit, como ates le digo, y mi teléfono es 23-03-83.

Hasta el 18 de julio, pienso estar en esta D. m.

Tendremos una gran satisfacción en conocerle, así como a su mujer, y espero que podamos hablar largo de todos sus trabajos relacionados con n uestra provincia de Jaén y con el alcaide Pedro de Escavias.

Entre tanto, queda suyo aftmo. buen amigo,

Firmado. José Antonio de Bonilla

Director

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París a 7 de diciembre de 1970

Excelentísimo señor,

He terminado de redactar mi tesis hace ya más de un mes. Todavía no sé cuándo la leeré. Hasta ahora, mi director no se ha manifestado, pero supongo que se leerá antes de Navidad.

Como ya le dije, la Introducción consiste en una presentación de los textos (Repertorio de Príncipes y Poesías) de Pedro de Escavias. He añadido un índice muy voluminoso de las fuentes de cada capítulo del Repertorio. Es lo que me ha costado más trabajo, pero, aunque no esté totalmente completo por razones que no dependen de mí, creo que será muy útil para el conocimiento de la historiografía castellana del siglo 15.

Al final, he añadido algunas notas para aclarar los puntos oscuros y para comentar el aspecto formal de los poemas.

Pienso poder mandarle una versión española de todo lo mío durante el mes de enero próximo.

Como ya Vd. lo habrá notado, en la transcripción de los textos me he atenido al criterio de la fidelidad al original. Si se llegan a editar, no sé si no tendré que aportar ciertas modificaciones como, por ejemplo, la de introducir la acentuación moderna o la de suprimir todas las –rr que no corresponden a la grafía actual. A este respecto, tendría gran interés en conocer las reglas adoptadas en la edición de la Nobleza del Andalucía de Argote de Molina que realizó el Instituto de Estudios Giennenses.

Me ha faltado tiempo para redactar el artículo que proyectaba sobre la carta del Condestable don Miguel Lucas. Pienso aprovechar las vacaciones de Navidad para hacerlo. Se lo mandaré en cuanto lo haya terminado.

Sigo muy interesado por una suscripción a la revista del Instituto. Le ruego tenga la bondad de encargar sus servicios de dirigírmela según las condiciones habituales.

Permítame manifestarle a Vd. todo el respeto de su reconocido y atto s. s.

Michel Garcia

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Cómo fue constituido el tribunal de tesis.

Las dos cartas que reproduzco aquí dicen a las claras las dificultades que suponía constituir un tribunal de medievalistas hispanistas en París por aquellas fechas, como en fechas posteriores (cuando leí mi tesis principal en 1980, la situación no había mejorado: el medievalismo seguía siendo el ‘parent pauvre’ del hispanismo en la Universidad francesa). Mi director, Michel Darbord, no era medievalista “puro”. Tampoco lo era Charles-Vincent Aubrun, aunque no me explico ni recuerdo por qué no participó en el tribunal ni, en cierta medida, por qué no fue mi director de tesis, a pesar de haber estudiado la Crónica de Miguel Lucas. Se me ocurre que fue porque acababa de jubilarse o estaba a punto de hacerlo (había nacido en 1906), La norma exigía que, en el tribunal formado por tres doctores, debían figurar dos de la misma Universidad que el director, en este caso, la Facultad de Nanterre. Fue designado Charles Minguet, americanista, que acababa de leer su tesis sobre Alexandre de Humboldt. Como M. Darbord tardaba en encontrar una solución satisfactoria para completar el jurado (de ahí que corriera tanto tiempo desde el momento en que deposité los ejemplares de la tesis terminada). Terminé por proponerle el nombre de Pierre Vilar, quien, como historiador de la Cataluña del final de la Edad Media y de los siglos modernos, era una figura respetada por los hispanistas. Yo le admiraba además porque era una persona ideológicamente comprometida y por su estilo de enorme calidad literaria.

 

[carta al Profesor Pierre Vilar]

París, le 24 décembre 1970

Monsieur,

Je me permets tout d’abord de me présenter à vous, en effet, vous avez eu tellement peu d’occasions de me voir que vous ne devez pas vous rappeler qui je suis. Nous avons dîné un soir chez Michèle Rosenfeld (née Sarrailh) dont ma femme est la cousine germaine, en compagnie, si mes souvenirs sont exacts, d’Arturo Serrano Plaja. Je suis actuellement Assistant d’Espagnol à l’ENS de Saint-Cloud.

J’ai réalisé, sous la direction de monsieur Darbord, une thèse de 3e cycle intitulée Pedro de Escavias, poète et historiographe castillan du XVe siècle. J’ai terminé mon travail et les exemplaires sont déposés.

Je m’adresse aussi directement à vous, contre toutes les règles de la bienséance, pour vous demander de bien vouloir accepter de siéger à mon jury. Monsieur Darbord m’a prié de vous dire qu’il serait très heureux d’être à vos côtés pour la circonstance.

Mon travail a consisté en une publication des œuvres de Pedro de Escavias, qui fut alcaide d’Andújar sous le règne d’Henri IV de Castille : à savoir un recueil de poésies et un Compendio histórico ou chronique générale résumée de l’Espagne depuis l’origine des temps jusqu’à la fin du règne d’Henri IV, intitulé Repertorio de Príncipes de España.

Certaines des poésies ainsi que la totalité du Repertorio, à l’exception du dernier chapitre consacré au règne d’Henri IV, sont inédits.

Je me suis donc attaché avant tout à mettre à jour ces textes, ce qui a représenté un travail assez considérable, puisque le manuscrit du Repertorio couvre à lui suel 147 folios d’une écriture assez serrée. Ceci explique les dimensions de me thèse : 690 pages environ.

J’ai rédigé parallèlement un index des sources de chaque chapitre du Repertorio et j’ai été ainsi amené à faire un recensement des textes « chronistiques » dont a pu se servir mon auteur. Cet index n’est pas aussi complet que je l’aurais souhaité, mais il permet déjà de mieux cerner la culture historique d’un écrivain de la fin du XVe siècle. J’ai ajouté quelques notes pour expliquer certaines citations ou termes obscurs et établi un index des noms cités.

Mon travail s’ouvre sur une Introduction générale de 75 pages dans laquelle je m’efforce de présenter les différents textes avec le plus de clarté possible et sans développement important, pour ne pas grossir excessivement ce trail. Je vous adresse ci-joint la table des matières pour vous permettre de mieux juger du contenu de ma thèse.

Je vous prie de bien vouloir pardonner la façon cavalière que j’ai de vous solliciter mais je serais très honoré si vous acceptiez de siéger à ce jury. Je suis évidemment très intéressé par les critiques que vous seriez amené à formuler sur mon travail.

J’ai cherché à vous joindre plusieurs fois par téléphone les 23 et 24 décembre. N’y étant pas parvenu, je vous envoie cette lettre.

Je vous prie d’agréer, Monsieur, l’expression de mes sentiments respectueux.

Michel Garcia

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Université de Paris. Faculté des Lettres et Sciences Humaines. Institut d’histoire économique et sociale

Paris, le 1-1-71

Cher monsieur,

Est-il besoin de dire que j’accepte volontiers, malgré mon incompétence sur la plupart des aspects que vous abordez, de faire partie du jury de votre thèse ?

Votre lettre m’a suivi en pays basque, d’où je partirai incessamment. Je vous envoie cependant ce mot pour que vous puissiez me joindre dès mon arrivée à Paris 272 44 60.

Je suis tout de même un peu inquiet de mes ignorances historiques sur votre période. Après une conversation avec vous et un coup d’œil sur le manuscrit, je vous dirai si les problèmes de méthode et les quelques aspects que je peux connaître justifient l’intervention que je peux prévoir.

Veuillez présenter à Madame Garcia mes respectueux hommages et croire à mon amical dévouement.

P. Vilar

 

Tuvimos una entrevista cuando volvió a París. Se dejó convencer de participar en el tribunal. La tesis se leyó el viernes 12 de febrero de 1971 a las 14h30 en la Sorbona (Salle des Commissions). La intervención de P. Vilar fue muy documentada y bastante elogiosa. En ningún momento me hizo sentir que mi trabajo no fuera el de un historiador, lo que me sorprendió, dado que mi formación era filológica y literaria, y me animó a proseguir por ese camino.

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Correspondencia con el Instituto de Estudios Giennenses y preparación de la edición

 

11 febrero 1971

Mi distinguido amigo:

Tengo que rogarle que me perdone por el retraso con que contesto sus dos cartas últimas, con una de las cuales me ha enviado su interesantísimo artículo relativo a la carta inédita del Condestable Miguel Lucas de Iranzo. He estado fuera de Jaén una larga temporada, y hace solo dos o tres días que me he incorporado a los trabajos del Instituto. Esta ha sido la razón de mi demora, que lamento muy de verdad.

He gozado – esa es la verdadera palabra – leyendo su precioso trabajo, que por sí solo me da una idea del valor de toda la obra que Vd. está realizando. Se refiere a la época para mí más apasionante de la Historia de España, y son tan atinadas y exactas sus observaciones que le dan un gran valor para el conocimiento de nuestra historia.

Espero con verdadera ilusión conocer la versión española de su trabajo íntegro que ofrece enviarme. Estoy seguro de que la lectura de su tesis se traducirá en un magnífico éxito, por el cual le felicito ya de antemano.

Por supuesto, si Vd. está conforme, nos gustará mucho llegar a editar la versión española de su tesis. En cuanto al criterio a seguir para la transcripción de los textos, me dirijo a nuestro Consejero D. Enrique Toral y Fernández de Peñaranda que dirigió la edición de la Nobleza de Andalucía de Argote de Molina, ya que deseo oír su opinión antes de contestarle.

Por lo que respecta a su artículo sobre la carta del Condestable, lo daré inmediatamente a la imprenta para que aparezca en uno de los próximos Boletines.

Me dicen en Secretaría que ya cumplimentaron su encargo en relación con la suscripción al Boletín de referencia.

Esperando sus siempre gratas noticias, le saluda muy afectuosamente su buen amigo

Fmd/. José Antonio de Bonilla y Mir

            Director.

[Respondido el 17 de febrero. Respuesta no conservada]

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París 15 de mayo de 1971

Excelentísimo señor,

No he cumplido con lo que me comprometí, poco después de leer la tesis, de enviarle el texto español a finales de abril. He tenido y tengo mucho que hacer en el Centro Audio Visual de la Escuela Normal Superior donde trabajo toda la semana. Me queda poco tiempo, no solo para redactar lo que me queda por hacer, sino también para hacerlo detenidamente como se requiere.

Sin embargo, la Introducción y los índices están traducidos. La biografía de Escavias está casi totalmente lista. No me queda, pues, nada más que traducir las notas, completarlas y colocarlas al pie de las páginas y no como en la versión francesa al final del texto.

Es poco lo que me queda por hacer. En el mes de junio estará todo terminado.

Si, por su parte, – en caso de que el Instituto de Estudios Giennenses obtuviera la ayuda necesaria para editar esta obra – es necesario respetar algunos plazos, le quedaría muy agradecido hacérmelo saber, así como todo lo que concierna una posible edición.

Esto es, pues, rápidamente expuesto, el estado en que se encuentra mi trabajo.

[Quedo su atto s. s.]

Michel Garcia

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Instituto de Estudios Giennenses, C.S.I.C.

24 mayo 1971

Mi distinguido amigo:

Contesto su carta fecha 16 del cte., y le agradezco mucho las noticias que me da sobre la marcha de su trabajo. No se preocupe por el retraso que ha sufrido, pues de sobra sabemos que estas cosas son lentas y requieren bastante tiempo hasta que aparece el libro en la calle.

Desde luego, el Instituto de Estudios Giennenses está dispuesto, si Vd. así lo desea, a llevar a cabo la edición de este trabajo. No es preciso respetar ningún plazo, y podemos empezar a trabajar sobre el libro en cualquier momento.

Claro que lo deal sería que tuviésemos una entrevista previa para tratar las características del mismo, y mi deseo sería que en todo caso estuviese Vd. en contacto con nosotros para dirigir la publicación y resolver los pequeños problemas que suelen presentarse al llevar a cabo trabajos de este género.

Confío en que tenga proyectado para antes del verano riguroso algún viaje a España, en cuyo caso podríamos concertar con tiempo nuestra entrevista.

Muy afectuosamente le saluda y queda suyo buen amigo

Fmd/. José Antonio de Bonilla y Mir

            Director

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Parí, 7 de junio de 1971

Excelentísimo señor,

Le quedo muy agradecido por la amable atención que dedica a mi trabajo. Ya le puedo anunciar que el texto definitivo de mi tesis está listo. Solo tengo que revisar las páginas recién añadidas.

En cuanto a la marcha de la edición, le confirmo que mi amigo editor de Madrid, el señor Baeza, se encarga de dirigirla. Si Vd. no ve ningún inconveniente, a mí me viene mucho mejor, por varias razones. Por su experiencia, el señor Baeza sabe mucho más que yo en materia de edición. Además, como reside en Madrid, le será más fácil dirigir la preparación de la publicación que a mí que vivo fuera. Creo que así todas las gestiones se verán muy simplificadas.

En fin, me resulta muy difícil poder ir a Madrid antes del verano: tengo que corregir unas oposiciones hasta el 15 de julio y luego estaré ocupado en mudanzas y otros trámites porque seguramente trabajaré en Tours a partir de octubre. Mi amigo Baeza permanece en Madrid los meses de junio y julio. Si Vd. desea conocerle cuando pase por Madrid, contestará a su llamada. He aquí su dirección y teléfono […].

Por mi parte, cuando el señor Baeza mande el ejemplar para la edición, añadiré una nota con las características que me parecen indispensables en el libro. Por lo demás, remitiré a la experiencia de mi amigo.

No desespero de poder visitarle al final del verano.

[Quedo su atto s. s.]

Michel Garcia

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Instituto de Estudios Giennenses, C.S.I.C.

5 julio 1971

Mi querido amigo:

Con mucho gusto contesto sus dos cartas de fecha 7 y 30 de junio pd°. Cuando llegó la primera, estaba ausente de Jaén por una temporada. Por eso les escribo con algún retraso.

Estoy contentísimo de ver que ya tiene el libro terminado, y más aún de saber que se lo ha enviado al Sr. Baeza en Madrid. Tengo verdadera ilusión por conocer su contenido, que no dudo ha de ser de enorme interés.

Antes de marchar a Mallorca, calculo que hacia el 20 de este mes, tengo que ir a Madrid y llamaré enseguida al Sr. Baeza para que podamos entrevistarnos y tener un cambio de impresiones. Los trabajos, habrá que dejarlos para comenzar a la vuelta del verano.

Reciba un afectuoso saludo de su buen amigo, que se alegraría mucho de ver confirmada la idea suya de entrevistarnos en otoño.

Fmd/. José Antonio de Bonilla y Mir

            Director

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París 25 de octubre de 1971

Excelentísimo señor,

Me ha sido imposible este verano ir a España. De todos modos, sabía que no le vería a Vd. así que he preferido retrasar el viaje para otro momento. Fernando Baeza me habló de la entrevista que tuvieron hace unos meses y me contó cómo se había llevado el ejemplar de mi tesis para estudiarlo durante sus vacaciones.

Siento un inmenso interés en conocer su parecer acerca de la obra acabada, aunque una obra no lo esté nunca del todo. Solo le diré que la Introducción mía merecería ciertas mejoras en la redacción. Pienso aportarlas, con la activa colaboración del señor Baeza, estas semanas próximas. Sea como sea, me parecería conveniente empezar la edición por el texto del Repertorio y de las poesías porque es evidente que el trabajo principal consistirá en la corrección de pruebas. Esta opción es fácil de llevar a cabo si se conserva la doble numeración de las páginas – árabe para los textos, latina para la Introducción –. eso nos daría tiempo para aportar todas las modificaciones necesarias al manuscrito de la Introducción.

Además, la revisión de pruebas, de la que se encargaría el señor Baeza, se podría hacer a medida que salieran. Esto quizás facilitaría la fabricación del libro.

Estas son las sugerencias que se me ocurren por ahora y me gustaría conocer lo que piensa Vd. sobre el particular.

Hace tiempo, le hablé de un próximo viaje a Jaén, pero hasta ahora no pudo realizarse. El año que viene, pensamos ir por Pascuas y recorrer todas las ciudades y lugares del antiguo reino. Espero que le podremos visitar entonces.

Quedo suyo atto s. s.

Michel Garcia

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10 de noviembre 1971

Mi distinguido amigo:

Le extrañará mi silencio tan continuado. Quiero explicarle lo ocurrido. Antes del verano al pasar por Madrid de camino para Mallorca vi efectivamente a Don Fernando Baeza, quien me entregó su trabajo. Regresé de Madrid hacia el 20 de septiembre, teniendo que ocuparme de la operación gravísima de mi administrador, persona a la que quería como de mi propia familia y que desgraciadamente murió el día 5 de octubre. Como el día 6 de ese mes empezaba el Congreso Nacional de Arqueología, organizado por nuestro Instituto, tuve que venirme a Jaén unos días, trayendo su libro para verlo aquí despacio. El día 10 de octubre recién terminado el Congreso, tuve que meterme en la cama por orden del médico, en vista de unos trastornos de circulación de la pierna derecha, que precisaban para su curación de quietud absoluta. Aunque estoy mejor gracias a Dios, no puedo hacer mi vida normal, ni ocuparme de tantos asuntos como sobre mí pesan, con la intensidad que fuera necesaria. En esas circunstancias recibí su carta, que paso a contestar, ahora que puedo trabajar algo en mi despacho.

He aprovechado mi enfermedad para leer mucho, y por supuesto para ver detenidamente su tesis, que, sinceramente le digo, encuentro magnífica y me confirma en la impresión tan buena que yo tenía, acerca del rigor científico de sus investigaciones. Desde luego, seguimos encantados de poder publicarla y dispuestos a ello lo antes posible. Mi proyecto era estar la segunda quincena de octubre en Madrid, y allí tratar de que un Consejero del Instituto, que ya dirigió la publicación de otras obras nuestras, se ocupase de llevar a cabo ésta, en un todo de acuerdo con el Sr. Baeza. Pero, como antes le digo, mi enfermedad ha echado por tierra todos mis planes. Aun no sé cuándo me autorizará el médico para viajar a Madrid. He tenido que excusarme de asistir a unas reuniones del Consejo Superior de Investigaciones durante el mes pasado, y aun no sé si podré ir al pleno de San Sebastián el mes de diciembre, donde pensaba llevar una comunicación a base de documentación original que poseo, de los veinticinco primeros años de la Sociedad Vascongada de Amigos del País (1765-1790). Tan pronto como vaya a Madrid deseo poner en práctica el plan que antes le he indicado respecto a la publicación de su libro, entrevistándome con nuestro Consejero Sr Toral y con el Sr Baeza. Me dijo este Sr que él tenía una editorial, y no descarto, aunque tampoco afirmo, la posibilidad de que pudiéramos encargarle la impresión del libro. Espero que tengamos conversaciones sobre ello, para que el Consejo de nuestro Instituto pueda resolver en definitiva, consultando también con Vd. como es natural.

Estoy completamente de acuerdo con las sugerencias de su carta, y no veo inconveniente en ue, llegado el caso, pueda empezar la composición del libro por el Repertorio, dejando para el final la introducción y la biografía de P. de Escavias.

Vuelvo a repetirle la gratísima impresión que me ha causado conocer el conjunto de su trabajo.

[PS manuscrito]. Pienso poder comunicarle pronto nuevas noticias. Entre tanto me tiene aquí para cualquier […] que […] hacerme.

Reciba un afectuoso recuerdo de su buen amigo

José A. de Bonilla

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París, 23 de noviembre 1971

Excelentísimo señor,

La noticia de su enfermedad y la de la muerte de su administrador me han llenado de tristeza. Quiero manifestarle cuánto le deseo que se reponga muy rápidamente de ese molesto accidente de salud que, así lo espero, pasará a ser pronto un mal recuerdo.

Comprendo muy bien que, en tales circunstancias, la edición de mi libro pase al segundo plano.

Le confesaré, sin embargo; que siento cierta impaciencia por ver editado mi libro, tratándose de mi primera publicación importante y también por lo que representa para mí en el plano profesional. Impaciencia, si no excusable, por lo menos comprensible.

No puedo asegurarle que el señor Baeza aceptaría de encargarse de la impresión. Más bien creo que no, aunque no he podido hablar con él detenidamente sobre el caso, porque, aunque me ha anunciada su venida próxima a París, todavía no ha realizado su viaje. Me permito sugerirle a Vd. que se organice una entrevista en Madrid entre su Consejero, el señor Toral, y el señor Baeza para fijar las respectivas responsabilidades de cada uno en la marcha de la edición, y quizás para establecer un “planning” en la realización. No le hago más que una sugerencia.

Vuelvo a repetirle mis deseos de verle en perfecto estado de salud y quedo su agradecido s. s.

Michel Garcia

Parece ser que la salida del Boletín ha sufrido un gran retraso.

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Instituto de Estudios Giennenses, C.S.I.C.

18 diciembre 1971

Mi distinguido amigo:

Oportunamente recibí su carta, que no he contestado antes en espera de poder desplazarme a Madrid y entregar el ejemplar mecanografiado de su libro a nuestro Consejero D. Enrique Toral y Fdez. de Peñaranda, Oficial Mayor del Ministerio de Justicia, a quien el Instituto ha encargado de la dirección y gestión necesarias para la publicación de aquella, de acuerdo con Vd. y en su representación con el Sr. Baeza Martos.

Ya tiene su libro D. Enrique Toral, quien ha aceptado gustosamente nuestro encargo, ya que además, lo ha leído y le ha gustado muchísimo. Es persona muy competente y de extraordinaria cultura.

Intenté localizar al Sr. Baeza para ponerle en comunicación con D. Enrique Toral, pero sin duda no estaba en Madrid porque no contestó el teléfono de su casa. En vista de ello le escribo también con esta fecha.

Creo que ahora el asunto marchará sin interrupción. Espero las indicaciones y sugerencias que nos haga nuestro Consejero, después de haber tenido un cambio de impresiones con el Sr. Baeza. Por mi parte, deseo estar en Madrid los primeros días del año próximo y procuraré reunirme con ellos. Mucho celebraría que en esas fechas coincidiéramos con algún viaje suyo a Madrid.

El Boletín que contiene su trabajo sobre la carta del Condestable está a punto de salir de la imprenta. Tan pronto como lo tengamos, le enviaré las separatas.

Muy afectuosamente le salud, deseándole unas felices Navidades su buen amigo,

Fmd/ José Antonio de Bonilla y Mir

            DIRECTOR

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París, 31 de diciembre 1971

Excelentísimo señor,

Le agradezco mucho las buenas noticias que me da de la marcha de la edición de las Obras de Pedro de Escavias. Como, además, me hace saber que ha realizado un viaje a Madrid, deduzco que se ha repuesto de su accidente de salud. Otra oportunidad tengo pues de alegrarme.

Si mi presencia resulta indispensable, estoy dispuesto a hacer el viaje a Madrid, siempre que tenga lugar un fin de semana. Pero, como pienso estar ocupado a finales del mes, antes de proponerles una fecha a Vd. y al señor Toral, prefiero intentar adaptar mi empleo del tiempo al de Vds.

Ahora mismo escribo a Fernando Baeza, que habrá vuelto a su casa. En cuanto a la edición, a mi parecer lo más importante es que empiece por las obras de Escavias y no por la Introducción, que exige ciertas mejoras.

He recibido los números 51 y 52 del Boletín dedicados al Museo de Jaén y al Homenaje a Alfredo Cazabán. Su lectura me ha encantado.

Deseándole un muy feliz Año nuevo, quedo su muy atto. s. s.

Michel Garcia

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París, 2 de febrero de 1972

Excelentísimo señor,

Le informo que mi mujer efectuará un viaje a Madrid a partir del 12 de febrero. Piensa permanecer en la capital y en Cuenca hasta el 16 por la tarde.

Si Vd. lo cree útil, podría reunirse con el señor Toral. De todos modos, le entrego a ella unas cuartillas complementarias de la Introducción.

Nos puede Vd. comunicar su contestación en París o, si el plazo le parece corto, por medio del señor Baeza.

Mi esposa está bastante al tanto de estas cuestiones editoriales para que su presencia pueda facilitar la toma de decisiones.

Quedo suyo muy atto s. s.

Michel Garcia

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Instituto de Estudios Giennenses, C.S.I.C.

9 febrero 1972

Mi distinguido amigo:

Otra vez he vuelto a estar enfermo y por eso no he contestado sus dos cartas últimas de 1 de enero y 2 de febrero respectivamente.

Los preparativos para la publicación de su libro van muy adelantados. Tuve varias reuniones en Madrid con el Sr. Toral Peñaranda, quien ya tiene en su poder el presupuesto de una importante imprenta que hace muy buenos trabajos para el Ministerio de Justicia y en la cual tiene depositada el Sr. Toral mucha confianza. Por nuestra parte hemos aprobado ya el presupuesto y la propuesta del Sr. Toral.

Confío en que el citado señor y Consejero nuestro se habrá puesto ya en comunicación con Vd. o con el Sr. Baeza, a cuyo efecto le facilité las oportunas direcciones. No obstante, hoy le escribo de nuevo diciéndole que su mujer estará en Madrid entre los días 12 y 16 de este mes, y que puede hablar con ella dirigiéndose a casa del Sr. Baeza. Espero pues que se reúnan para ultimar pequeños detalles y concretar la totalidad del texto al objeto de que puedan comenzar enseguida los trabajos de composición del libro.

Como el Sr. Toral anda muy ocupado por razón de su cargo, yo le ruega diga Vd. a su esposa o al Sr. Baeza que ellos por su parte traten también de ponerse al habla con el mismo en el Ministerio de Justicia donde suele estar toda la mañana y a últimas horas de la tarde.

Es posible que yo pueda ir a Madrid antes del día 16. Haré todo lo posible para asistir a alguna entrevista.

Mucho celebro que le hayan gustado los números 51 y 52 de nuestro Boletín. En el 53, aparece por fin su “carta” con tan interesante y bonito comentario. Espero lo envíen de la imprenta un día de estos y enseguida se le remitiré un ejemplar juntamente con las separatas que el Instituto le dedica.

Por supuesto cualquier trabajo sobre Jaén o biografía de algún personaje nuestro nos interesa siempre, máxime conociendo ya la perfección de los estudios que Vd. realiza y la exactitud con que trata nuestros asuntos históricos. He de decirle que el Sr. Toral y Peñaranda está gustosísimo de dirigir la publicación de su libro porque lo encuentra como nosotros de gran mérito e interés.

Fmd/ José Antonio de Bonilla y Mir

            DIRECTOR

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París, 19 de febrero de 1972

Excelentísimo señor,

Mi mujer me cuenta que usted tuvo la gentileza de llamarla por teléfono y hablar unos instantes con ella en Madrid. Desgraciadamente, no pudo verle por estar a punto de tomar el tren otra vez para París.

Me ha dicho también como usted se ofrecía para reservarnos una habitación en Jaén con ocasión del viaje que pensamos hacer allí por Pascuas. Le agradezco mucho el interés que nos concede. Sé además que por esa temporada siempre resulta difícil encontrar dónde alojarse. Nuestro plan es llegar a Jaén el martes 4 de abril por la tarde. Saldremos lo más tarde el viernes 7 por la mañana ya que tendremos que estar en París el domingo para reanudar las clases al día siguiente.

El miércoles 29 y el jueves 30 de mayo, estaremos en Madrid donde esperamos encontrar al señor Toral. Este tuvo una entrevista con mi mujer. Hoy mismo le mando una carta para darle noticia de nuestro próximo viaje a Madrid.

Según parece, la imprenta va a empezar su trabajo estos días. La noticia me ha encantado, como era de

suponer.

Me alegra pensar que podremos hablar de eso y de otros proyectos, espero, dentro de poco en su buena ciudad de jaén.

Quedo suyo muy s. s.

Michel Garcia

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[a don Enrique Toral]

París, 19 de febrero de 1972

Muy distinguido señor mío,

He sabido por mi esposa el interés que usted concede a mi libro y a su publicación. Se lo agradezco mucho. Además, me es grato comunicarle que estaré en Madrid unos días durante las vacaciones de Pascuas. Más concretamente, llegaré el miércoles 29 de marzo para salir el viernes 31 por la tarde o el sábado 1° por la mañana.

Si a usted le conviene, tendré pues la ocasión de hablar detenidamente con usted y con el señor Baeza sobre la edición de las obras de Escavias. Espero también si, como me lo dice mi mujer, la labor de imprenta comienza estos días, poder hacerme una dea del aspecto definitivo del libro.

Le llamaré a su casa cuando llegue a Madrid.

Quedo suyo muy s. s.

Michel Garcia

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MINISTERIO DE JUSTICIA

El oficial mayor

Mi querido amigo:

Acabo de recibir su carta y me apresuro a contestarle, enviándole, ante todo, mi cordial saludo para su mujer.

Mañana entregaré el original al impresor, con el que tengo concertada una reunión para explicarle sus nuevos deseos, reteniendo en mi poder la introducción, para la que estoy preparando unas pequeñas notas sin importancia para que Vd. las vea y resuelva lo que le parezca más oportuno.

Le envía un abrazo su affmo.,

Enrique Toral

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11 de marzo 1972

Mi querido amigo:

He venido a Jaén unos días, y el lunes D.m. pienso marchar de nuevo a Madrid, donde tengo unas reuniones importantes del C.S.I.C.

Con mucho gusto he hecho su encargo y tienen Vds. reservada una habitación doble para el próximo día 4 de abril, en el Hotel Residencia Xauen, situado en la Plaza del Deán Mazas 3, en el centro de la ciudad. Únicamente me han dicho que, si piensan llegar después de las ocho de la tarde, conviene les avisen, ya que normalmente solo mantienen las reservas hasta esa hora.

Aun cuando me marche a Madrid, pienso regresar a esta dentro de nueve o diez días, y ya no quisiera moverme de aquí a ser posible, hasta mediados de abril. Confío pues en que estaré en Jaén cuando Vds. vengan, y podré tener el gusto de acompañarles y atenderles.

Efectivamente, el Sr. Toral me dice que se ocupa activamente de la impresión de su libro. Espero verlo la semana que viene y que me diga cómo va marchando este asunto.

Ya está en la calle el número 53 de nuestro Boletín, con su bonito trabajo sobre la carta del Condestable. Es muy posible que ya lo haya recibido.

Esperando tener la satisfacción de poderles saludar, y rogándole me confirme su llegada a esta, cuando esté próxima, queda suyo affmo y buen amigo

José Antonio Bonilla

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Madrid, 28-1-73

[…]

Me sorprende, Michel, que aun no hayas tenido noticias de tu obra. Las segundas pruebas – con pocas erratas – fuéronme entregadas el 23 de diciembre pasado. El 27, por la mañana, las devolví corregidas al impresor, y este me informó que los editores querían contar con volúmenes encuadernados para el día 8 del mes que finaliza. Quiere decirse que, sobre la marcha, hubiera de determinar otra fecha ulterior para el “lanzamiento” del libro. Mejor que así haya sido, pues, a mi juicio, era muy corto el plazo que mediaba para que la obra pudiese ser parida sin menoscabo. Por cierto, la portada dejaba bastante que desear en la composición tipográfica. Mas, siendo ese el negociado de don Enrique Toral, hube de limitarme a unas someras indicaciones, que supongo le serían trasladadas. En fin, estamos, en cualquier caso, al borde del acontecimiento.

[…]

Fernando Baeza

___________

Instituto de Estudios Giennenses, C.S.I.C.

3 febrero 1973

Mi querido y distinguido amigo:

Con algunos días de retraso por haber estado ausente de Madrid, contesto a su carta dirigida a mi casa de Jaén. Le ruego me perdone.

Me ha satisfecho muchísimo, y lo mismo ha ocurrido con los Consejeros del Instituto a quien he comunicado la buena noticia, el proyecto que tienen Vds. de venir por Jaén entre el 18 y el 25 de este mes para participar en una reunión del Instituto y hacer la presentación de su libro.

Por cierto, en Madrid ya lo vi terminado y ha quedado muy a nuestro gusto. Esperamos que también sea de su agrado. Ya dimos instrucciones el Sr. Toral y yo para que le enviasen cuanto antes, en rama como Vd. deseaba doscientos ejemplares corrientes y 25 numerados, en papel de hilo.

En principio, pienso que posiblemente, y si a Vds. les venía bien podríamos celebrar nuestra reunión en el Instituto el día 19 o 20, que los tenemos libres, ya que el 21 hay proyectada una conferencia de la Universidad de Granada.

Pienso ir a Madrid (D.m.) el próximo día 11 para asistir a una reunión del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y otra de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pero solo estaré allí dos o tres días, regresando inmediatamente a Jaén.

Le agradeceré, pues, sus noticias, y que me indique si les convendría alguna de las fechas indicadas. También desearíamos saberlo con tiempo para reservarles sitio en el Hotel.

Mi mujer celebra mucho que venga Vd. acompañado con la suya, y también tendrá mucho gusto en atenderles en casa.

Muy afectuosamente les saluda y queda su buen amigo

Fmd/ José Antonio de Bonilla y Mir

            DIRECTOR

 

 

En la parte izquierda de la foto, sentado frente a mí se puede ver a don José Antonio de Bonilla y Mir, con mi esposa a su derecha y don Enrique Toral Peñaranda a su izquierda.

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ANEJO

Edición del Cancionero de Oñate y Castañeda

 

Habiendo aprovechado para la tesis, las poesías de Pedro de Escavias en la versión del Cancionero de Oñate y Castañeda, me interesaba preparar una edición de la totalidad de la colección poética por considerar que había sido reunida por el mismo Escavias y que debía, por consiguiente, figurar entre sus obras. Les pedí que me mandaran una reproducción completa del códice. Tardé unos seis meses en conseguirla (cf. cartas infra).

 

The Houghton Library, Harvard University

January 3, 1972

Dear Mr. Garcia:

I am enclosing an application form naming our Cancionero fMS Spanish 97. I am willing to have this manuscript filmed one time despite its considerable fragility. Therefore if you be willing to pay for our master microfilm of the manuscript I should be glad to have a positive copy made. The charge for this would be approximatively $75.00, and I must remind you that you would be expected to return your copy of the film to this library after your present project is completed. These conditions may seem somewhat harsh to you but in the present instance it is the only way I can see in which your present scholarly needs and our interest in the preservation of the manuscript can be satisfied. Il you will complete and return the form, retaining the yellow copy for your own records, I shall be glad to place your order.

Yours very truly,

Rodney G. Dennis

Curator of Manuscripts

______________

Saint-Cloud, le 11 janvier 1972

Dear Mr. Dennis,

Thank you very much for your positive answer to my letter.

I am quite ready to pay for the master microfilm. I also accept all the conditions which your library sets for the examination of manuscripts. I shall send the film back as soon as I have finished using it. ‘If there is a time limit, I woul be very grateful if you could tell me what it is).

Could you please tell me if I must pay immediately or only on reception of the microfilm?

How long do you think it will take to make the microfilm? Also, I would like to know who is the owner of the Cancionero.

Yours very truly

Michel Garcia

Assistant d’Espagnol

____________

The Houghton Library, Harvard University

January 3, 1972

Dear Mr. Garcia:

I have placed your order for a microfilm of our fMS Span 97. I suspect it may take at least a month before you receive the film because our photocopy laboratories are overworked at the present time. You will be billed after the film has been made.

The manuscript is the property of the Harvard College Library. It was presented in November 1970 by Edwin Binney, 3rd.

Yours very truly,

Rodney G. Dennis

Curator of Manuscripts

______________

Mientras me llegaba el microfilm, lo que ocurrió en mayo de 1972, fui constituyendo una versión facticia de la colección, a base de fotocopias de los poemas que contenía, principalmente desde el Cancionero castellano del siglo XV de M. Foulché-Delbosc (NBAE). Pensaba así facilitar la transcripción de tan voluminoso códice, limitándola a un cotejo de variantes con el texto impreso. Así fue, y, además, ese cotejo verso a verso me proporcionó una gran cantidad de datos para mi comentario. Pero el proyecto quedó estancado, al no encontrar editor dispuesto a cargar con tamaña empresa. Terminó por ver la luz, aunque no fuera por iniciativa mía sino de mi colega de la Universidad de Liverpool Dorothy Severin, quien, con la colaboración de Fiona Maguire, transcribió el códice y consiguió que el Seminary of Medieval Studies de Madison se hiciera cargo de la edición. Conociendo mis trabajos sobre Pedro de Escavias, D. Severin me propuso asociarme a la empresa. Ella no necesitaba de mi transcripción, pero pude ofrecerle de redactar la Introducción a la edición.

Como colofón, transcribo la correspondencia que mantuve con Edward Binney 3rd y con la casa Sotheby sobre el dueño del códice anterior a su compra par el coleccionista americano.

______________

Paris, le 28 avril 1973

Monsieur,

Il y a quelques années, Monsieur López-Morillas, professeur d’Espagnol à la Brown University, avait effectué, en mon nom, une démarche auprès de vous afin de me permettre de consulter le Chansonnier manuscrit castillan d’Oñate y Castañeda dont vous aviez été le propriétaire. Je préparais alors une édition des poésies de Pedro de Escavias qui figuraient dans le manuscrit. Celui-ci ne vous appartenait déjà plus, aussi avez-vous adressé monsieur et madame López-Morillas à la Houghton Library où vous aviez déposé le manuscrit. Le directeur de la Bibliothèque a bien voulu m’adresser un microfilm du texte et je suis en train de l’étudier de près.

C’est pour me permettre de mieux connaître l’histoire de ce chansonnier que je m’adresse encore à vous, mais directement cette fois.

Je vous serais donc infiniment reconnaissant de bien vouloir me communiquer à quelle époque et à quel endroit vous avez pu acquérir le manuscrit. Depuis le début du siècle, on ignorait où il se trouvait. J’aimerais pouvoir reconstituer l’histoire de sa transmission de cette époque à celle, récente, où, grâce à vous, il a été donné aux chercheurs de pouvoir le consulter à nouveau. Grâce aux renseignements que vous voudrez bien me fournir, il me sera, je pense, possible de remonter le fil de cette histoire.

Voilà bientôt un an que je dispose de votre adresse, grâce à l’amabilité de monsieur le Professeur Bénichou, qui a bien voulu m’autoriser à me recommander de lui, mais j’ai préféré attendre de bien connaître le texte du Chansonnier avant de vous solliciter. Les quelques renseignements que je permets de vous demander me seraient aujourd’hui d’une grande utilité.

Je vous prie de bien vouloir me pardonner de vous écrire en français mais, bien que lisant l’anglais, je serais bien incapable de rédiger une lettre comme celle-ci dans cette langue.

Je vous prie d’agréer, Monsieur, l’expression de mes sentiments respectueux.

Michel Garcia

______________

P.O. Box 561,

East Orleans, Mss. 02643

Le 12 mai 1973

Monsieur,

Votre lettre arrivait hier, et je me hâte de vous répondre avec les très rares connaissances que j’ai !

Avec un nom comme le vôtre … para mí, estará muy difícil en español pero con un francés perfecto, porque continuar… Continuons en français (et j’espérerai un de ces beaux jours de l’écrire avec votre maîtrise !)

C’était dans une vente chez Sotheby à Londres où j’achetai le Concioneiro (sic) Oñate-Castañeda, le 7 décembre 1964. C’était la librairie Maggs (M. Clifford Maggs) qui était agent pour moi. Je n’en savais RIEN hors les indications de ce catalogue de vente. À ce moment, j’ai bien voulu « faire quelque chose » pour le département d’Espagnol à Harvard où j’enseignais comme professeur de littérature française. Le manuscrit restait chez moi pour deux ou trois ans, (avec une demande pour le consulter d’un monsieur dont j’oublie le nom complètement mais dont les manières étaient d’une grossièreté dégoûtante. Cela va sans dire qu’il n’y voyait rien ! Une autre demande de la part d’un professeur à Londres qui faisait des recherches sur tous les Cancioneiros – avec consultation de « computers » à la fin de ses recherches – finissait par le prêt d’un microfilme.)

Pendant ce temps, il n’y avait qu’un seul « graduate student » du département à Harvard qui demandait permission de regarder le manuscrit. Après ce temps, je donnais le manuscrit à Harvard, et me trouvait mal satisfait qu’ils permettaient à n’importe qui de consulter le ms.

Je regrette infiniment de ne pas avoir plus de précisions à vous fournir vis-à-vis de l’histoire du manuscrit. Il se peut que Sotheby’s eux-mêmes sachent quelque chose. Moi, je n’en sais absolument rien hors les références du catalogue de vente.

Agréez, Monsieur, avec mes regrets pourle manque de renseignements que j’ai, l’expression de mes sentiments amicaux.

Edwin Binney 3rd

_____________

[à Southeby & C°

Paris, le 17 mai 1973

Dear sir,

I teach Spanih literature at the University of Paris. I am studying a 15th century manuscript called Oñate y Castañeda. In order to trace its origin, I am trying to reconstrue the history of haw it was handed down. Now, Professor E. Binney, of Harvard University, its last owner, in a recent exchange of letters, has given me the following information.

The “Cancionero” was bought from you by Mr. Clifford Maggs, a book seller, in Mr. Binney’s name, on the 7 of December 1964.

Therefor, I would like to make two requests:

1) Can you send me the information concerning this document as mentioned by you in the sale catalogue?

2) Could you also send me all the other information that you have at hand concerning the previous owners of this manuscript?

I would be extremely grateful for any help you can give me in my research.

With thanks, I am yours sincerely

Michel Garcia

____________

Sotheby & C°, 34 & 35 New Bond Street, London W1A 2AA

22 May, 1973

Dear Sir,

Thank you for your letter of May 17. We are sending you a photocopy of the description of the manuscript in our 1964 sale catalogue.

We are sorry to say that we cannot add anything to this description.

Yours faithfully,

Sotheby & Co.

 

Catalogue 7th December, 1964

The property of a gentleman

168 Cancionero Oñate-Castañeda, a well-known and important manuscript authority for the Castilian poetry of the fifteenth century, manuscript on paper, 409 ll. (of 437, lacking ff. 16, 18, 88, 218, 239-250, 255-261, 270, 271, 282, 394 and 425), most pages with two columns, about 20 leaves damaged by corrosion and repaired with silk gauze and a few other leaves imperfect, written in a bold calligraphic hand, old limp vellum, in a red half-morocco case

(283mm, by 211mm.) [Castile, c. 1470-1479]

** Provenance

 *

Formerly in the library of the Condes de Oñate, whence it passed by descent to the Condesa de Castañeda. By her it was given c. 1890 (see the note in her hand on a fly-leaf) to Francisco de Uhagón, Marqués de Laurencin, who published a description of it in the Revista de Archivos, 1900, pp. 321 seq.

 

Contents

The manuscript is an important source (in the case of some poems, the sole source) for the courtly poetry of the age of Juan II and Enrique IV. All the leading poets of the age are represented, including Fernán Pérez de Guzmán, the Marqués de Santillana, Juan de Mena, and Gomez and Jorge Manrique. Among poems not foud elsewhere are a poem of 50 coplas by the Marqués de Santillana (ff. 136-140, upon the death of Don Alvaro de Luna) and 18 poems by Pedro de Escavias, Alcade (sic) of Andujar (ff. 426-437). The contents are:

[sigue el índice del Cancionero]

______________________________________

 

 

Bibliografía somera

Repertorio de Príncipes de España y obra poética del alcaide Pedro de Escavias. Jaén: Instituto de Estudios Giennenses del C.S.I.C., 1972. CXIV + 490 p.

– “Una carta inédita del Condestable Migue1 Lucas de Iranzo.” Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, año XIII, n° 53, enero de 1972, p. 15-20.

– “Un caballero andujareño del siglo XIII: Garci Pérez de Vargas.” Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, año XV, n° 61, diciembre de 1973, p. 75-83.

– “Un episodio de la frontera de Granada: e1 Madroño, 1462.” Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, año XX, n° 79, enero-marzo de 1974, p. 9-24.

– “Otros documentos inéditos sobre Pedro de Escavias: 1477-1480.” Boletin del Instituto de Estudios Giennenses, Año XXVIII, núm. 112, octubre-diciembre de 1982, p. 19-60.

– “Los inicios del Gran Cisma: un documento castellano inédito.” Boletín de la Real Academia de la Historia. CLXXXI, cuad. II, 1984, p. 223-227.

El Cancionero de Oñate y Castañeda. Edición D. Sherman Severin et M. Garcia. Introducción de M. Garcia. Madison: The Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1990. XXXIV+433p.

– “Nuevas consideraciones sobre el cancionero de Oñatein Dumanoir, Virginie (ed.) De lagrymas faziendo tinta… Memorias, identidades y territorios cancioneriles, Madrid: Collection de la Casa de Velázquez, vol. 162, 2017, págs. 71-94.

 

Criterios Seguidos en la edición del Libro del Canciller

CRITERIOS SEGUIDOS EN LA EDICIÓN

DEL LIBRO DEL CANCILLER

[Texto de la ponencia que pronuncié el 7 de octubre de 2019 en la Facultad de Letras de Vitoria, en la presentación de mi edición de: Pero López de Ayala, Libro del Canciller o Libro del Palacio. Edición, introducción y notas de M. G., Bilbao, Universidad del País Vasco. Col. Historia Medieval y Moderna, 82, 2019]

INTRODUCCIÓN

Algunos principios relativos a la edición de textos

El objeto de la crítica textual consiste en establecer un texto ideal, el más cercano posible al que escribió el autor. Según formulación de G. Orduna: fijar un texto crítico, libre de deturpaciones, lo más próximo posible al momento de su producción.

Esta definición, aunque ampliamente compartida desde que se constituyó un método racional para el establecimiento de los textos, no deja de tener una dimensión utópica, en la medida en que el campo al que se aplica no es tan firme ni unívoco como se pretende. Suponer la existencia de un texto único y perfecto, cuyas copias han deteriorado (cf. el término deturpaciones) la perfecta construcción original, es ya de por sí una opción discutible, porque introduce dentro de la creación literaria (escrita) un criterio que, por motivos ideológicos, se ha elaborado para cierta clase de textos como la Escritura, definida por su inmutabilidad, al considerarla como la mera fijación escrita de la palabra divina.

Por otra parte, salvo en muy contados casos, no se conserva de los textos antiguos un autógrafo caracterizado por el mismo autor de versión ne varietur de su obra, como pudo ser el caso de la versión definitiva de sus obras que Don Juan Manuel pretende haber depositado en el castillo de Peñafiel. El que ocupa el lugar correspondiente es el texto crítico (TC) establecido por el editor. Pero éste no puede pretender sustituir al original sino como hipótesis de trabajo. Lo que no se puede, es confundir la naturaleza artificiosa del TC con la autenticidad del supuesto original. En la práctica, cada editor pretende no caer en la trampa, lo cual no impide que, faltando el original, el TC ocupe su lugar y que hay que ser muy virtuoso para no convencerse de que el autor ha escrito lo que pretende el editor.

Mi ya larga carrera como editor me ha convencido de que muchos obstáculos impiden una aplicación estricta de los principios enunciados. Este será el objeto de esta charla.

Etapas del proceso

Recordaré aquí las etapas recomendadas por la crítica neo-lachmaniana.

a) recensio: reunir los testimonios; distinguir entre códices sin antecedentes conocidos y códices descripti (copias exactas de otros).

b) collatio codicum o cotejo de los códices: comparar el contenido de los textos;

            – collatio externa: codicología (tipo de papel, encuadernación, desordenación, etc.), contexto, piezas anejas, lagunas, prólogos, títulos, divisiones.

            – collatio interna o literal: inventario de variantes (‘errores’ lachmanianos)

c) Constitutio textus : elaboración del texto crítico

            – determinación de arquetipos;

            – colocación en un árbol o stemma;

            – elección de la copia más fiel o texto base;

            – elección de las copias susceptibles de ofrecer variantes que mejoren ese texto base.

d) Edición

Publicación de la versión elegida como texto base, enmendando sus lecciones erróneas recurriendo a las otras versiones, usando de signos diacríticos, y mencionando su propia variante y las de los otros testimonios en nota.

Libro del Canciller

El Libro del Canciller, designación que prefiero a la tradicional de Rimado de Palacio, se ha conservado en dos códices principales: Ms. 4055 de la BN de Madrid y h.III.19 de la del Escorial. Son los únicos que merecen tomarse en cuenta. En efecto, el Ms. 216 del fondo español la BN de París contiene 13 coplas del Tratado del Cisma, pero seguidas de 12 más que no se deben a Ayala, lo que, además de aportar una información mínima (la obra consta de 1500 coplas), complica inútilmente la recensio al introducir un criterio que remite a la recepción posterior de la obra. Otro códice del fondo español de la BNP, el 37, conocido como Cancionero de Baena, contiene un poema de Ayala, en el que insertó 7 coplas de la obra. Por lo tanto, se impone atenerse a los dos códices principales, designados por las siglas de N y E.

APLICACIÓN DE LOS CRITERIOS NEO-LACHMANIANOS

Collatio codicum

Estas características codicológicas inciden fatalmente en la segunda fase de la edición, la collatio codicum, limitándola a la porción de la obra presente en ambos manuscritos, lo que no deja de complicar la lógica del proceso.

El inventario de errores es la fase del proceso de la edición más pesada porque apenas requiere algo más que paciencia y minucia. Se traduce en cifras y esa cuantificación lleva a una toma en consideración de la obra muy alejada de la que suele caracterizar su lectura e interpretación según cánones literarios acostumbrados. Además, recomendaría no abandonar del todo una actitud crítica, para facilitar más adelante el aprovechamiento de esos datos cuantitativos. Entre otros, conviene introducir una distinción entre el tipo de variantes, por ejemplo, bajo el aspecto del impacto que tiene en el contexto. Por eso, en la collatio que llevé a cabo, desde el principio he establecido tres listas: variantes correspondientes a una palabra; a un hemistiquio; a un verso o más. A pesar de ello, el resultado no deja de ser abrumador. Solo para las coplas 1-720, he contabilizado 600 variantes de la primera clase, 240 de la segunda y 100 de la tercera. Ante cifras tan ingentes, comparadas con la extensión del texto analizado, uno debe preguntarse si esos cuadros pueden desembocar en una conclusión útil para la elección del texto base o solo servir para la anotación del TC.

Un repaso superficial de ese inventario deja entrever que la elección entre los dos códices no va a ser nada fácil porque distan mucho de ofrecer una distinción neta entre sí, ya que, en su gran mayoría, los errores están repartidos equitativamente entre uno y otro, lo que induce a atribuirlos a la desidia de los copistas más que a una variante textual propiamente dicha. Paradójicamente, la multiplicidad de variantes mínimas aboga por una proximidad entre los dos códices, su realización en dos períodos de tiempo cercanos y en un mismo lugar. Quizás también el que los copistas tuvieran un gran margen de iniciativa, sea porque transcribían un modelo borrador poco cuidado, o por otros motivos relacionados con las circunstancias en las que realizaban su labor que favorecía la interferencia de ciertos usus suyos, lingüísticos u otros.

A título de ilustración he aquí una muestra de las variantes respectivas, que extraigo de dos series de coplas de transición insertas en el Cancionero que forma la segunda Parte de la obra.

               N                                                                             E

729a       yo puedo                                                            non puedo

*729c     con aquesta mi prision                                       con esta mi p.

729d       queria                                                                 querria

 

*730a     estoue                                                                 estaua

730b       grandes penas                                                     graves penas

730c       gimidos                                                              gemidos

730d       rrogar le que quisiese                                         rrogandole que quisiese

 

731c       que quisiese valer me                                         e quisiese valer me

*731c     sin me mas oluidar                                             sin mas oluidar

731d       diziendo asy                                                       deziendo yo asy

__________

*770a     aqui fuy escruiuir                                               alli

770b       e de la virgen muy santa                                    a la virgen maria

*770c     e fui de mi partir                                                e fuy departyr

770d       grant parte del enojo                                          grant partida

 

*771b     ca fui luego acordado                                        ca luego fuy acordado

771c       verso                                                                   vierso

*771c     que dize al cuytado                                            el cuytado

 

772c       que estaua en toledo                                          que en toledo estaua

*772c     e que alli me ofreçia                                           e alli

772d       donas                                                                  dones

*772d     segunt                                                                 segund

 

773a       fize dende luego                                                 fize luego dende

773b       escrevi                                                                escrivi

Con la excepción quizás de 729a y 770b, ninguno de esos errores puede considerarse como disyuntivo, al manifestar una divergencia significativa entre las dos versiones, sino que remite a la práctica lingüística de cada copista o a las circunstancias de la copia (mala calidad del modelo y/o transcripción a partir de un dictado y/o distracción del copista, etc.): vocalismo (730c, 731d, 773d); consonantismo (729d, 772d); divergencia fonética (771c, 772d); omisión de palabras (731c, 772c); inversión de términos (772c, 773a); sustitución de palabras (730b, 731c, 770c (¿lectura errónea?), 770d, 771c).

Ninguno de los dos códices destaca por su calidad frente al otro; no sorprende, por lo tanto, si, hasta ahora, los editores los han considerado como testimonios equivalentes. Solo Joset, valiéndose de “un consensus general no formulado” (sic) y que “es tan malo E” (resic), opta por N, aunque afirma en otro lugar que “Finalmente, una verdadera edición crítica pertenece más al editor que al autor” (pág. 48), lo cual no es falso, pero relativiza mucho el alcance de la elección que hace de N como texto base. Orduna y Garcia no se decantan claramente por uno de los códices, considerando que el Texto crítico debe ser fruto de una síntesis de los dos.

Existe otro motivo para explicar esa ausencia de un texto base, el que el contenido de los dos códices coincida solo parcialmente para la Parte dedicada a la adaptación versificada de los Morales sobre el Libro de Job, de Gregorio Magno. De las 1249 coplas de la totalidad, solo 608 son compartidas: 106 se conservan solo en N y 502 (40%) en E. Se hace difícil, por consiguiente, prescindir de E y no considerarlo, de hecho, como texto base para el fragmento que le corresponde en exclusiva.

A pesar de ello, la collatio codicum ha sido realizada por los editores de 1978 con toda la atención exigida por una estricta aplicación del método lachmaniano. Han establecido una lista completa de errores que han sido aprovechados en las ediciones respectivas y las variantes sistemáticamente incluidas en las notas. El resultado conseguido es inmejorable, pero también tiene sus limitaciones, en la medida en que la ingente cantidad de información recogida no desemboca, como ya he señalado, en una conclusión indiscutible, la de un códice mejor que otro. Es posible configurar en alguna medida la personalidad de cada copista y su usus scribendi pero poco más.

Constitutio textus

Ante esa dificultad, el stemma propuesto por los tres editores de 1978 sitúa a los dos códices, si bien en dos ramas distintas de la tradición, – aunque solo sea por la falta de coincidencia en la reproducción de la adaptación de los Morales de Job -, a igual distancia del supuesto autógrafo, dejando manos libres al editor para conciliar las dos versiones dentro del TC. Es una manera de curarse en salud que no traduce una excesiva preocupación por aplicar estrictamente el método neo-lachmaniano.

El Libro del Canciller y los códices

Resulta evidente que el Libro del Canciller se resiste a un análisis tradicional, sin duda porque no corresponde a las normas habituales, o consideradas como tales, de la obra literaria medieval. La disparidad entre los dos códices en la reproducción de la adaptación de los Morales debería haber llamado la atención desde el principio. ¿Cómo es posible que los únicos dos manuscritos que conservan la obra, tan coincidentes desde el principio para las dos primeras Partes (confesión y Cancionero), lo sean tan poco al final? Más aún, a lo largo de las quinientas primeras coplas de dicha adaptación, mantienen la proximidad que les caracterizaba en las dos Primaras Partes, la cual desaparece radicalmente en un momento dado.

La solución reside en que el editor deje de confundir el contenido cumulado de los dos códices con la obra misma y llegue a la conclusión de que lo que se conserva en E y N es el Libro del Canciller MÁS un material que no le pertenece. No es necesaria una gran agudeza crítica para llegar a esa conclusión, sino el ser capaz de deshacerse de ciertos prejuicios, siendo uno de ellos la gran reverencia con la que se suele considerar cualquier testimonio escrito del pasado.

Aun limitándose a un estudio intrínseco de los códices, ciertas características suyas hubieran debido orientar la reflexión de los editores. Una de ellas es que son los únicos testimonios de la existencia de esa obra y su proximidad hace pensar que provienen del mismo lugar, que bien pudiera ser el scriptorium de su autor. Son copias poco cuidadas, realizadas desde borradores y sin vistas a una amplia difusión. Más que nada, son documentos de trabajo, que sirven de soporte no a una obra definitivamente elaborada, sino que admite un material anejo, descartado o reservado para su incorporación ulterior en la obra en curso de elaboración.

Lo que definitivamente anula cualquier duda al respecto es el análisis preciso del contenido de los fragmentos adaptados del comentario de Gregorio Magno.

LA ADAPTACIÓN Y SUS FUENTES

En 1978, fui el único entre los editores en recurrir sistemáticamente a las fuentes de la adaptación de los Morales que forma la Tercera y última Parte de la obra. G. Orduna conocía bien el texto romance pero no lo aprovechó directamente, salvo a través de las Flores de los Morales de Job, que es una de los avatares de esa adaptación

Adaptaciones de los Moralia in Job de Gregorio Magno

Morales de sant Gregorio sobre el Libro de Job (versión romanzada)

Compendio de los 35 libros de los Morales

Flores de los Morales sobre Job

Libro del Canciller (adaptación versificada, Tercera Parte)

Fragmentos finales de los códices E y N (adaptación versificada)

Cuando realicé el cotejo de la adaptación versificada con el texto romance de los Morales, para este solo disponía de los Mss. 10136 a 10138 de la BN de Madrid, el primero y más voluminoso de los cuales estaba tan mal conservado que es el único que la BN no ha reproducido en versión fotográfica. Para compensar los pasajes deturpados, había que recurrir al Compendio, en caso de que se hubieran reproducido en él, o a una traducción posterior conservada en le Biblioteca del Escorial. Hoy el panorama es muy distinto, ya que, en fecha reciente, la BN ha adquirido de la Biblioteca de la Casa de Alba otra serie completa de esa traducción (Mss. Reserva 291-295), lo que ha facilitado enormemente el cotejo para esta edición mía (no creo que H. O. Bizzari la haya aprovechado).

El cotejo que llevé a cabo entonces me permitió identificar la fuente precisa de cada copla para la totalidad de los fragmentos finales de E y N. Me proporcionó, al mismo tiempo que un material lingüístico precioso para establecer el TC, la localización de cada fuente a lo largo de los 42 libros del Job y de los 35 de los Morales. Son datos que publiqué en apéndice a mi edición de Gredos. Mi ambición no iba más allá que ofrecer al lector la información útil para conocer en qué consistió la labor del adaptador, más pertinente que citas del texto latino gregoriano.

Observé que las 600 primeras coplas de la adaptación (897-1505), además de estar compartidas por los dos códices, lo que las diferenciaba de los dos fragmentos finales de cada manuscrito, presentaban un tratamiento original de las fuentes, ya que alternaban el bíblico Libro de Job con el comentario de Gregorio Magno y seguían el hilo de los dos modelos desde el principio hasta el final[1].

No supe sacar entonces todas las consecuencias de esas observaciones para la definición de la obra y su extensión, sin duda porque me resultaba violento poner en tela de juicio el testimonio de los venerables códices que nos habían conservado el último escrito del Canciller. Sin embargo, algunas conclusiones se imponen por sí mismas, por poco que uno se atreva a interpretar los datos sin prejuicios.

No pretendo haber aclarado del todo el proyecto que sustenta la adaptación de los Morales en su totalidad, por lo que sigo andando con prudencia. Por ejemplo, no sabré explicar por qué no se conserva ninguna adaptación de los 8 primeros libros de la obra gregoriana (con la excepción del 5) y por qué algunos (9 a 14) reciben una atención mayor que los otros. La única explicación que se me ocurre es que el adaptador elige los pasajes en función de su contenido. Manifiesta una clara predilección para ciertos temas (secretos juicios de Dios) y privilegia las palabras de Job sobre las de sus amigos. Por fin, tiende a crear cierta continuidad entre las coplas de su adaptación, procurando ensartar los distintos fragmentos adaptados unos con otros para crear la ilusión de un discurso seguido.

Este rasgo me parece decisivo porque explica en gran parte la confusión de los editores y su incapacidad para apreciar la originalidad de la adaptación de las 600 coplas iniciales con las otras conservadas en E y N.

Normas compartidas en la adaptación de los Moralia

Los fragmentos finales de E y N coinciden para ilustrar la manera de actuar del adaptador. Para los pasajes elegidos, ésta consiste en seguir el hilo de la exposición de Gregorio Magno procurando recrear en el texto de la adaptación una continuidad similar o paralela a la del modelo. La adaptación es, por así decirlo, un discurso segundo, compuesto a imitación del original y que pretende transcribirlo como lo hubiera hecho el propio autor. Es una ficción, claro está, pero esa proximidad aparente es imprescindible para valorar la credibilidad de la adaptación y justificarla como una contribución útil a la difusión de la obra de Gregorio, y no como un ejercicio formal más o menos estetizante.

Todos los pasajes conservados en los fragmentos finales de los códices responden a esa definición. No así las 600 primeras coplas de la Parte tercera. La fidelidad al modelo se rompe mediante el recurso al Libro de Job para toda la parte inicial. Esta es la ruptura más visible con la práctica habitual. Pero existe otra ruptura, que solo se descubre identificando paso a paso el modelo de cada copla o grupo de coplas: la opción consistente en elegir los pasajes adaptados del modelo no solo en función de su contenido sino con la intención de cubrir la totalidad de los Morales, aun al precio de contorsiones sorprendentes, siendo la más llamativa la de conceder un lugar simbólico a algunos libros, dedicándoles un número muy limitado de coplas: una para el libro 28, cinco para el 30, cuatro para el 31, seis para el 32. Refuerza esa voluntad implícita de exhaustividad, la elección para los libros tan escuetamente representados de un pasaje perteneciente a su conclusión.

Por consiguiente, lo justo es caracterizar la adaptación conservada en los fragmentos finales de los códices E N como la norma y las coplas 897-1505 como una forma anómala dentro de la práctica del adaptador. Tan anómala es que el modelo común a los dos copistas se despista a menudo, invirtiendo fragmentos, como lo comento en la Introducción (págs. 50-51).

Es evidente que ese cambio de rumbo radical en la labor del adaptador obedece a una lógica distinta de la que le guió en sus primeros ensayos. Hasta entonces, no tenía más objetivo que el de trasladar el texto gregoriano a una versión romance (versificada). Ahora, destina su adaptación a otro objeto, exterior a los Morales y éste no puede ser otro que el Libro del Canciller, en el que se añade a las dos Primeras Partes, como bien lo demuestra su incorporación en ese lugar en los dos códices.

La adaptación como Parte del Libro del Canciller

En efecto, si no fuera por el testimonio material indiscutible que proporcionan los códices, no creo que se le ocurriría a mucha gente pensar que esa adaptación de los Morales pudiera incorporarse dentro de una obra tal como la perfilan las dos Primeras Partes de la misma. Por un lado, se pierde la dimensión que la definía como un testimonio personal del poeta y, por otro, en el plano formal, prolonga un texto que había quedado concluido por una finida compuesta con un esmero especial para ese fin (896).

Sin embargo, y ya que no tenemos más remedio que aceptar que Ayala quiso esa incorporación, no faltan detalles que apuntan hacia cierta compatibilidad entre la adaptación y lo que antecede. El primero es que no escasean las menciones a Gregorio Magno y a sus Moralia en las dos Primeras Partes. Son las más numerosas en referirse a obras ajenas y denotan una evidente influencia de ese texto en el pensamiento del poeta.

Otra característica común es una evidente tendencia a la exhaustividad. La Confesión cumple naturalmente con esa obligación, por cuanto es un ejercicio que exige asumir totalmente los actos del pecador. El Cancionero también, que se aparenta a un testamento poético, ya que recoge una colección significativa de las obras que el poeta está en condiciones de asumir como representativas de su creación pasada y en consonancia con su situación personal y mentalidad del momento. Una tercera Parte no podía faltar a esa norma, y es el caso de ésta como ya he señalado ya que adapta la totalidad de los 35 libros de los Morales.

Otra característica que facilitó esa incorporación es la coincidencia estrófica entre la adaptación y la Confesión, materializada en la copla cuaderna del mester de clerecía, la que, si no suponía forzosamente la utilización de material previo para la composición de esa Tercera Parte, por lo menos colocaba al poeta en terreno familiar.

Conviene también tener en cuenta que esa Tercera Parte, por su extensión, no crea una distorsión dentro de la obra. Equivale, poco más o menos, a las dos terceras partes de lo que antecede (unas 600 / 900 coplas), y lo que resulta más significativo aún, su extensión equivale grosso modo a la Parte primera, toda ella compuesta en coplas cuadernas. Dada la gran extensión de los Morales, y también de los pasajes adaptados conservados en los fragmentos finales de los códices, esta extensión relativamente limitada parece pensada para no desfigurar la obra ideada y ya compuesta.

Esas consideraciones abren una perspectiva nueva en la toma en consideración del Libro, la que apunta a la cronología de su composición.

CRONOLOGÍA DE LA COMPOSICIÓN DEL LIBRO DEL CANCILLER

Todos los editores han tratado este aspecto, pero según un enfoque muy peculiar, sin poner en tela de juicio la unidad del material conservado en los dos códices.

La opinión de G. Orduna, compartida generalmente por la crítica, consiste en asignar dos etapas al proceso de creación del libro. La primera corresponde a la circulación en copias sueltas de “algunos trozos del Rimado”, – piezas líricas, primer Deitado de la Iglesia, los fechos de palaçio -, de las que existe un testimonio fehaciente, el fragmento de Palacio (P). El Segundo estadio “corresponde a la obra ya organizada como hoy la conocemos”[2]. Esta afirmación supone que todo el material conservado puede coexistir dentro de la obra o, dicho de otro modo, que la obra se define como la suma de esos materiales. En cuanto a la aparente incompatibilidad existente entre varias secciones de la adaptación de los Morales de Gregorio Magno, Orduna resuelve esa contradicción suponiendo una fragmentación del arquetipo de la obra acabada y la existencia de copias derivadas de ese arquetipo que incluyeron algunos fragmentos allí contenidos en los testimonios conservados[3]. Dicho de otro modo, no concibe más explicación que dentro de una estricta démarche ecdótica. Así es como, aunque no se le escapa a nadie que la adaptación de los Morales, tal como se ha conservado en los dos códices, resulta confusa y fragmentada, se sigue considerando que la reunión de esos fragmentos dispares, tanto en su fuente como en su tratamiento, componen una misma obra.

Esta interpretación, que no comparto por todo lo aducido hasta aquí, hace caso omiso de varios datos que dejan entrever cómo se fue componiendo el Libro del Canciller.

La Parte inicial (Confesión, etc.) empieza con toda la solemnidad propia de esa clase de escrito de gran compromiso personal, pero termina de manera abrupta (716), dicho de otro modo, no lleva un elemento conclusivo formalmente definido.

716 ¶No puedo alongar   ya mas el mi sermon

ca esto tribulado   en cuerpo e en coraçon

e muy mucho enojado   con aquesta mi prision

e querria torrnar   a Dios mi coraçon.

717 ¶Quando aqui escriuia   estaua muy quexado

de muchas graues penas   e de mucho cuydado

con muy grandes gimidos   a Dios era torrnado

rrogarle que quisyese   acorrer al cuytado.

718 ¶E fize estonçe asi   por me mas consolar

pidiendo a Dios merçed   que me quisiese librar

que quisiese valerme   syn me mas oluidar

diziendo asy   aqueste mi cantar.

Esta brutal interrupción de la exposición hubiera debido poner fin al Libro, y parece muy plausible que este permaneciera inacabado, aunque no olvidado, todo el tiempo que mide entre el cautiverio de Obidos y la fecha en que se redactaron las cantigas más recientes del Cancionero. Cuando retoma el texto para proseguirlo o concluirlo, Ayala no oculta el defecto, sino que lo asume, explicándolo por las circunstancias del momento en que compuso esa Parte primera, y aprovecha ese contratiempo para prolongar la obra más allá de esa interrupción y concluirla con un testimonio poético inspirado, para la casi totalidad de las piezas reunidas, en ese mismo episodio trágico de su vida. El Cancionero es a todas luces un capítulo añadido y dudo mucho que su inclusión se haya previsto desde el principio de la composición. Sea como fuera, concluye con mucha elegancia la obra, dada la calidad de los poemas recogidos y la pertinencia de su inspiración dentro del contexto de una obra tan personal.

No es casualidad si los dos códices coinciden en colocar la Parte Tercera a continuación de un Libro ya acabado y perfectamente viable: efinea esa Parte como un elemento añadido. El mismo autor no se toma demasiado trabajo para ofrecer una transición, ya que la única justificación que se le ocurre (897-899) consiste en proclamar su afición personal hacia el comentario de Gregorio Magno, la cual dista mucho de ser una explicación argumentada.

897 ¶Quando yo algunt tienpo   me fallo mas spaçiado

busco por que lea   algunt libro notado

por fallar buen enxienplo   e ser mas consolado

e Dios me prouee   segunt lo deseado.

898 ¶Non podria yo atanto   a Dios gradesçer

quantos bienes rresçibo   sin yo lo meresçer

falle Libros Morales   que fuera conponer

sant Gregorio papa   el qual yo fuy leer.

En palabras de Ayala, ese añadido se justifica exclusivamente por la dimensión personal de la obra (habla en primera persona), criterio que según él es razón suficiente para admitir la cohabitación de una Confesión y una antología de su producción poética con la adaptación de una obra ajena. Es algo que nos sorprende pero que tenemos que admitir, porque ésa es la voluntad explícita del autor.

En efecto, para un lector moderno parece difícil concebir que se pueda valorar con el mismo criterio una obra de creación y la adaptación de una obra ajena. Es una distinción que aparentemente no hace Ayala. Muy al contrario, su adaptación en versos del comentario de Gregorio Magno, la trata como si fuera obra suya, al no diferenciarla de los demás componentes del Libro. Sería absurdo pensar que llegara a equiparse con un Padre de la Iglesia (la modestia que el lego Ayala suele manifestar hacia la clerecía lo demuestra de sobras) hasta el extremo de sustituirse a él y de atribuirse la labor intelectual de su modelo. En cambio, si no nos limitamos a considerar la relación de Ayala con Gregorio como el face à face del modelo con su adaptador, esa hipótesis no es tan absurda como parece. Basta imaginar que la adaptación está destinada a un público particular (cf. el uso de la 2ª persona en 899a, “Ya oystes como Job…). Dentro de ese contexto, a la relación exclusiva de dependencia del adaptador hacia el modelo se sustituye la de un maestro ante un auditorio. Esto supone que el adaptador tome cierta distancia con su modelo, en la medida en que el objeto principal de su intervención no se mide únicamente en términos de fidelidad a la obra original, sino que responde a unos imperativos didácticos que afectan la integridad de aquella al hacerla asequible para su auditorio, que no comparte el conocimiento que Ayala tiene del comentario gregoriano.

Aquí cobra todo su significado la opción de cubrir la totalidad de los 35 libros y completarla con la inclusión de fragmentos del Libro de Job. Actuando así, Ayala abandona la posición del adaptador stricto sensu para adoptar la del pedagogo, que organiza la materia de su enseñanza según criterios valorados por sí mismo y no solo con el objeto de componer un calco del modelo. En consecuencia, es plausible suponer que la adaptación de los 35 libros que concluye el Libro fue compuesta para formar parte del mismo. Es una empresa distinta de la que ocupa los fragmentos finales de los códices. Se diferencia de ellos por su finalidad, de la cual se deriva la posibilidad de reunirla con otro material dentro de una obra distinta a la adaptación propiamente dicha.

NUEVA INTERPRETACIÓN DE LA TRADICIÓN TEXTUAL DEL LIBRO DEL CANCILLER

Estas observaciones nos alejan bastante de un tratamiento estrictamente ecdótico de la obra, al privilegiar una toma en cuenta de su composición y no solo el estado definitivo del texto. Este nuevo enfoque introduce un factor temporal dentro de una práctica crítica que no suele tomarlo en consideración o, si lo hace, que lo confunde con una estratificación de textos, la cual hace poco caso de la dinámica que acompaña cualquier composición escrita, sin hablar de las circunstancias en que el autor compuso la obra y de sus motivaciones.

Partiendo de ese principio, me detendré en otra manifestación posible de la cronología interna de la obra, quiero hablar de sus posibles redacciones consecutivas. Es otro elemento de esa dinámica que debe contemplarse. En mi edición me he valido del concepto de “edición póstuma” (pág. 18), que se da cuando una obra se conserva en varios estados de redacción o quedó inacabada. El editor debe colocarse dentro de la cronología de la composición y elegir la versión que le parece proporcionar la idea más exacta del proyecto del autor. Suele elegir la última conservada pero no es una norma única (cf. la Comedia Celestina frente a la Tragicomedia, etc.).

Tratándose del Libro del Canciller, he podido observar que las variantes de más bulto (un verso o más, inversiones de coplas, lagunas) que ofrecen los manuscritos en las dos Primeras Partes, que no son muchas, apuntan hacia una revisión de un texto primitivo (hablar de segunda redacción sería excesivo), que se materializa en el códice N. Desde esa premisa, era fácil averiguar si el fenómeno se reproducía en la Parte Tercera, lo que se observa también, pero en menor medida. En cambio, lo que esa operación revela es que la Parte Tercera, tal como se conserva en los dos códices, presenta los defectos de una redacción que aún no se ha concluido. No se conserva ningún testimonio que demuestre que esa redacción se prosiguió más adelante, por lo que no tenemos más remedio que aceptar la conservada como la última.

La cosa en sí no sorprende a quien haya practicado asiduamente la obra literaria del Canciller. Pero López de Ayala es un autor que no se ha preocupado demasiado por poner un punto final a sus obras. Solo algunas de ellas han llegado a tenerlo e, incluso en el caso de que así parezca, cabe alguna duda al respecto[4]. Para algunas, pudieron influir las circunstancias en que las compuso, trátese de una embajada fuera del reino, caso de algunas traducciones, o del cautiverio sufrido en Ovidos, caso del Libro de la caza de las aves. Esas suelen quedar inconclusas, sin duda porque faltó tiempo para terminarlas, pero también porque, al parecer, Ayala las abandonó cuando reanudó con su modo de vida habitual. Entre las que le acompañaron durante largos momentos de su vida, quedaron inconclusas, por razones obvias, las crónicas de los cuatro reinados que le fue dado conocer. En cambio, las que están inspiradas en el Tema de Job[5] conocen una suerte más favorable, ya que se conservan completas la traducción castellana del Libro de Job y de los Moralia de san Gregorio (los Morales sobre Job), y el florilegio que sacó de esta (Flores de los Morales de Job)[6].

Dada la práctica habitual del autor Ayala en su obra más personal, cabe, por lo tanto, dudar de la posible existencia de una versión definitiva del Libro del Canciller y limitarse a intentar establecer la versión última, es decir la existente cuando se interrumpió el proceso de creación, por la razón que fuera: por la muerte del poeta o porque renunciara a dar sima a su proyecto. Esta parece ser la que se conserva en N, a pesar de las imperfecciones que pueda contener.

CONSIDERACIONES FINALES SOBRE EL LIBRO DEL CANCILLER

Llegado a este punto de su estudio, el editor dispone de elementos suficientes para emprender la edición propiamente dicha:

– dispone de un manuscrito base, el códice N;

– sabe que el Libro se compuso por partes;

– sabe que la Tercera se limita a las 600 primeras coplas de la adaptación, y que los demás fragmentos adaptados no pertenecen al Libro.

Por consiguiente, su tarea consistirá en reproducir íntegramente el texto del códice N. La transcripción se hará teniendo a la vista la versión de E para corregir los errores del copista. Cuando sustituye una lección de E a la de N para enmendarla, el editor lo hace solo en casos contados, cuando el error es evidente, y lo menciono en una nota. En cambio, conserva las lecciones sospechosas o que parecen tales para preservar la autenticidad de una lengua cuyas sutilezas pueden desorientar a un lector moderno, huyendo de la voluntad de “mejorar” el texto.

Deja constancia en la transcripción del texto de las distintas Partes y reproduce los subtítulos que el copista de N puso al inicio del códice, completándolos entre corchetes cuando los ha omitido el copista.

Lo mismo hace con la sucesión de libros de los Morales en la Parte Tercera, materializándolos en el texto cuando el número de coplas es muy reducido, o señalando el cambio en nota. Por otra parte, proporciona la fuente precisa de cada copla, trátese de unos versetes del Libro de Job, de un pasaje de los Morales o de una nota marginal a los mismos, lo que proporciona una clave para la comprensión de una formulación oscura del adaptador, lo que se da no raras veces. La reproducción de la fuente ahorra además muchas notas explicativas por parte del editor.

El cotejo de la fuente con la copla correspondiente ofrece una oportunidad excepcional para aprehender el proceso de creación de Ayala. Muy significativo es el caso en que E y N no coinciden, porque ello traduce, por una parte, las dudas del adaptador ante la interpretación de su modelo, por otra, la dificultad para encontrar la formulación más adecuada. Ilustraré este hecho refiriéndome a las 100 últimas coplas del Libro.

 

Cotejo de NE con la fuente

            1408d

N: que andar contigo en pleito   podria yo caer peor / E: caeria en error

Fuente: “E por ende bien es dicho por el profeta [salmista] ‘Señor no entres en juyzio con el tu sieruo ca ningunt omne biuo non sera justificado delante de la tu faz e el tu acatamiento’”.

            1424b

N: por que ante el rrey / E: porque contra dauid   (asy yua fablar)

Fuente: “como Semey lo costreñiese con muchos denuestos”.

            1430b

N: ordena e pon medida    al su buen seruidor / E: al omne pecador

Fuente: “E asi podemos entender que aqui non fallesçio virtud al logar mas fallesçio logar a la virtut. E por ende este muy fuerte cauallero salió de aquella angostura en que estaua e busco canpo para otra batalla”.

            1448b

nin asi tema justiçia   por que consolaçion

N: porque consolaçion / del todo de si parta   desespere perdon / E: mas espere perdon

Fuente: “Nin asi tema la justicia por que pierda toda consolaçion de esperança…”

            1472b-d

N: ¿por que el Juez tan justo    que a todos a de judgar / E: aquel Juez tan justo   

N: ¿por que da para siempre / E: quiere dar para siempre

Fuente: “Ca dizen ‘syn fin non deue ser punida la culpa que ha fin”

            1479d

N: ca es grant caridat / que les sea en perdon / E: que con grant caridat / les de dios perdon

Fuente: “fue dicho por Nuestro Señor ‘Rogad por vuestros enemigos’ […] los santos rruegan por sus enemigos en aquel tiempo que pueden conuertir e traer los coraçones dellos a penitençia buena e fructuosa e por la tal conversaçion saluarlos”.

            1482d

N: por que saluen sus almas   e non finquen fallidos / E: porque en el paraiso   merezcan ser caydos

Fuente: San Paulo ‘por que les de dios arrepentimiento e fuyan e escapen de los lazos del diablo en los quales estan catiuos faziendo e conpliendo la mala voluntad del’.

            1487cd

N: asy lo el testigua   que mucho alegrado / era su coraçon   donde era atormentado

E: asy lo el consolo   e mucho alegrado / su coraçon finco   donde era atormentado

Fuente: “segunt aquello que es dicho por dauid ‘segunt la muchedunbre de los mis dolores en el mi coraçon las tus consolaçiones alegraron la mi alma’”.

            1500c

N: en este mundo presente / E: en esta via (sic) presente

Fuente: “Pues ¿que marauilla es sy el omne pecador en este tiempo breue desta vida presente se somete a la obediencia…”

            1507d

N: todos por muy justos   onrremos e temamos / E: todos por muy buenos   e justos los tengamos.

 

Comentario.

En la Introducción (págs. 29-34), enumero las distintas operaciones que lleva a cabo Ayala, partiendo de la traducción romance de los Moralia (Morales), hasta llegar a la adaptación versificada. De la Fuente literal conserva algunos elementos significativos, – conceptos, fórmulas o términos aislados -, en torno a los que construye su copla. Tratándose de una copla monorrima del mester de clerecía, especial importancia cobra la palabra encargada de suministrar esa rima porque resume o materializa todo el contenido de la estrofa. Pero la forma que le da el adaptador, que no coincide forzosamente con la que tiene en la Fuente (sustantivo /vs/ adjetivo /vs/ verbo), obliga a veces al adaptador a alejarse de la letra de su modelo, dificultad que este asume como puede. (Téngase en cuenta otro criterio como la no repetición de una misma rima entre coplas contiguas).

1408d. La palabra clave es la palabra-rima del verso c “seruidor”. Es la que impone la rima de los demás versos. Para los dos primeros (“Nuestro Señor” / “pecador”), la solución la proporciona la Fuente (directamente: “Señor” o indirectamente: “pecador” a través de “omne biuo” / omne pecador). La elección de la rima del verso siguiente y último de la copla no es tan fácil, lo que explica la duda del adaptador. Las dos lecciones de E y N son buen testimonio de las dudas de Ayala, y ninguna de las dos soluciones está a la altura de lo demás de la copla. Típico del verso d, donde no es raro que haya “rellenos”.

1448b. Adaptación fiel, pero reelaborada formalmente en torno al concepto de “desesperança”, como lo sugiere la Flor correspondiente, Cf. Flores: “nyn ninguno sy pecare non diga ‘desespero de perdon’”.

El adaptador ha querido conservar el concepto de “esperança” pero la forma negativa que le da (“desesperar”) complica la formulación, hasta tal extremo que el copista de E no la entiende, y procura enmendarla, cometiendo un claro contrasentido, cuando le hubiera bastado añadir “ni” (“ni desespere”), aunque a costa del cómputo (hipermetría). N transcribe la probable versión original, avalada por las Flores.

1430b. La copla ofrece una lectura bastante alejada de la letra de la Fuente. Al parecer, Ayala recurre a una solución formal (rima en -or, palabras-rimas “seruidor”, “pecador”) que le permite salir de apuros, pero a costa de no transcribir más que lejanamente el contenido de la Fuente, a pesar de que hubiera podido aprovechar el de “angostura”.

Redacción revisada.

1424b. Dauid ya viene citado en la copla anterior y en el primer verso de esta (“conpañas de dauid”). Probable enmienda (E: “contra dauid” no puede ser un error de lectura, por la preposición).

1472b-d. La Fuente no sirve de mucho porque Ayala opta por una redacción original. Sintaxis inconciliable entre las dos versiones. Claro ejemplo de doble redacción.

1479d. Id. 1472b-d. La copla recoge el contenido de la Fuente, pero la parafrasea a su modo.

1482d. Id. 1472b-d. Lección de E es absurda (“porque ¿del? paraiso”).

1487cd. El adaptador elige “consolaçion” y “alegranza” como conceptos clave y los coloca en la rima (a: “consolado”, c: “alegrado”). En la versión de E se repite “consolo”, defecto que enmienda N, haciendo uso de una palabra (“testigua”) semánticamente llena.

1500c. Ayala parece haber escrito “vida”, confirmado por la mala lectura de E. “tienpo” suena a sustitución voluntaria.

1507d. No hay Fuente (conclusión propia de Ayala). “justos” es lección auténtica (avalada por los dos códices) aunque repita “juyzios” del verso c. La omisión de “buenos” por N equivale a la supresión de una palabra semánticamente pobre (comparada a “justos”) y a su sustitución por un verbo altamente significativo “onrremos” que completa útilmente el hemistiquio final (“e temamos”.)

 

CONCLUSIÓN

La filología lato sensu no se reduce a un solo objeto, – la edición de textos críticos -, si bien éste es el más significativo de todos los que le corresponde. Las técnicas que se han desarrollado y perfeccionado a lo largo del tiempo con este quehacer pueden y deben aplicarse a otros muchos aspectos de la producción y recepción de los textos. Una filología eficaz supone someter el texto a una gran diversidad de enfoques, teniendo en cuenta la multiplicidad de sus significados y la imposibilidad de reducirlos a una interpretación única e intangible. Por otra parte, las peculiaridades de cada lector-crítico, – su ideología por decirlo en una sola palabra -, estrechamente condicionadas por circunstancias históricas externas y personales, individualizan forzosamente los puntos de vista. La coincidencia de éstos solo puede resultar de una actitud consensual entre los lectores que, para que no desemboque en una fosilización de los pareceres, exige una puesta en tela de juicio permanente de las interpretaciones admitidas. La crítica no se concibe sin una constante reflexión sobre los métodos y sin su necesaria revisión.

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Ediciones citadas

Entre “las ediciones de 1978” incluyo la de G. Orduna, que tardó en salir a la calle pero que ya estaba lista en aquella fecha.

Libro Rimado del Palaçio, ed. Jacques Joset, Alhambra, Madrid, 1978, 2 vols.

Libro de Poemas o Rimado de Palacio, ed. Michel Garcia, Gredos, Madrid, 1978, 2 vols.

Rimado de Palacio, ed. Germán Orduna, Giardini Editore, Pisa, 1981, 2 vols.

Rimado de Palacio, ed. Hugo O. Bizzari, Real Academia Española, Madrid, MMXII.

 



[1] El final no resultaba tan evidente porque el contenido de los dos códices prosigue unas treinta coplas más, que adaptan dos fragmentos de los libros 9 y 8 de los Morales, pero ese prolongamiento no podía anular en tan poca extensión un tratamiento tan sistemático como el señalado.

[2] Orduna, I, p. 79.

[3] Orduna, I, p. 78-79. Se limita a explicar la existencia del largo fragmento con finida de E, contentándose, para el de N, de una alusión a una posible fragmentación. Al final de ese capítulo, resume su parecer del siguiente modo: “Resumiendo: la crítica interna nos confirma un primer estadio del Libro entre 1379 y 1403 (tp, ti y tc), en que éste todavía no se ha organizado como hoy lo conocemos; son poemas o trataditos diversos que corren manuscritos, como lo testimonia el fragmento P. En un momento final de este primer estadio, quizás en tc (1398), el autor puede haber concebido ya la idea de reunir un Cancionero de sus obras de intención didáctica; pero esto se cumplirá solo en el retiro de sus últimos años. Entonces se dará el estadio segundo o final cuando el viejo Canciller redacta la obra hoy conocida. De esta forma última proceden los códices N y E, y de ella extrae el mismo Ayala el trozo que constituirá la tradición del fragmento C. (p. 92)

[4] Ninguna de sus traducciones se conserva completa, salvo la de los Moralia de san Gregorio, si es que es suya. Entre las Crónicas, solo la parte correspondiente al reinado de Pedro I está acabada, las de Juan I y Enrique III son parcelarias, y la del reinado de Enrique II contiene señales de una redacción mejorable. En el Libro de la caza de las aves quedan capítulos sin redactar. La genealogía familiar, por su naturaleza misma, es una obra abierta.

[5] Así designo el conjunto de textos inspirados en la obra de san Gregorio. Todos, en mayor o menor medida, han sido aprovechados en el Libro rimado.

[6] No se sabe qué parte tuvo Ayala en la composición de esas obras: alguna pudo ser anterior (Libro de Job); otra, hacerse por encargo suyo (los Morales); otra, ser total o parcialmente suya (Flores).

Necrológica de Carmina Virgili (2014)

Carmina Virgili Rodón (1927-2014)

 

[La versión en francés fue publicada por la Société des Hispanistes Français (Communication Interne SHF) el 24 de octubre de 2014]

 

Desde que se volvió a abrir el Colegio de España de la Ciudad Universitaria de París, cuyo edificio recién restaurado fue inaugurado oficialmente el 16 de octubre de 1987, se corrió la voz entre los departamentos de estudios hispánicos de las Universidades parisinas que esa institución miraba con buen ojo posibles intercambios con los hispanistas de la capital. Los grupos de investigación fueron los primeros en aprovechar una oferta tan generosa en aquellos tiempos de penuria inmobiliaria. No hubo día de la semana en que la sala de conferencias, situada en un ala del edificio, cuyo arquitecto se había inspirado en el pabellón español de la Exposición Universal de París de 1900, no se abriera para acoger seminarios de toda clase. El auditorio, que ocupa la otra ala, también se utilizó para algunos actos más concurridos, como coloquios o conferencias. Las aulas y también los servicios prestados por el personal administrativo y técnico se ofrecían gratis. No se necesitaba ninguna gestión para alcanzar un resultado tan milagroso como inmediato. Uno se plantaba en el Colegio y Carmina Virgili le abría la puerta de su despacho sin miramientos. Era una mujer enérgica, de la que se sabía poco, pero de la que uno se daba pronto cuenta de que sus funciones le apasionaban y que tenía las ideas claras sobre la misión que pensaba asignar a esa Casa.

Carmina Virgili cursó la carrera en la Universidad central de Barcelona, su ciudad natal, en la que consiguió un doctorado en Ciencias Naturales en 1956. Luego se especializó en sedimentología y estratigrafía, lo que le dio la oportunidad de dedicarse a estudios de terreno que la llevaron a viajar a varios países de Europa pero también de América. Fue la primera mujer titular de una cátedra, en la Universidad de Oviedo, que ocupó desde el año 1963. En su campo, se la reconocía como una autoridad científica pero también por su facultad de favorecer trabajos colectivos en asociaciones y grupos de trabajo. En 1974, fue invitada como Profesora asociada por la Universidad de Estrasbourgo.

Tuvo también una militancia activa en el campo social y político. Combatió el franquismo, especialmente en comités de ayuda a prisioneros, y luego se alistó al PSOE, en el que llegó a presidir la Fundación Pablo Iglesias (1977 a 1987). Fue miembro del primer gobierno presidido por Felipe González como Secretaria de Estado de las Universidades y la Investigación (1982-1985), siendo ministro de Educación José María Maravall, y bajo su autoridad. Este amplió sus prerrogativas en 1985 a la educación fuera de España, administración de la que dependía el Colegio de España, de la que el padre del ministro había sido director en 1949 y 1954. Terminadas las obras de renovación del edificio, era natural que fuera elegida Carmina Virgili como Directora de la institución, función que asumirá hasta el año 1996. En esos años, el Colegio, como lo llamábamos, fue una de las residencias más activas dentro de la Cité. Becados españoles, pertenecientes a un ancho abanico de especialidades, encontraron allí excelentes condiciones para estudiar, además de contribuir a su gestión por medio de un Comité de residentes, a cuyas elecciones la Directora prestaba una enorme atención. Trabajó mucho en restaurar y enriquecer la biblioteca y multiplicó los actos culturales, abiertos a un amplio público exterior: exposiciones de arte, conciertos, proyecciones audiovisuales, conferencias, etc. Junto con los Amigos del Colegio creó un premio de interpretación musical. Por fin, amplió el espacio interior creando en el sótano locales reservados a los residentes.

Sus convicciones la llevaban a comprometerse en campos tan diversos como la democratización de España, la promoción de las mujeres en la Investigación científica, la defensa de la lengua catalana. No compartía el pesimismo de muchos científicos, incluso en temas tan controvertidos como la preservación del patrimonio natural. La crisis de las cuatro E (Energía, ecología, economía, ética) no la asustaba demasiado. El pasado, decía, nos ha enseñado que la Tierra ha sabido vencer cada una de las graves crisis que ha sufrido a lo largo de su historia, renovándose, a veces radicalmente. ¿Por qué la humanidad de hoy no se mostrará capaz de actuar igual, por poco que se dedique a construir un mundo nuevo que sepa hacer suyo la herencia del pasado?

No se departirá nunca de tan optimista opinión incluso cuando los achaques de la vejez y la enfermedad le obligarán a no salir de su piso barcelonés. Los que tuvimos la suerte de conocer a una mujer tan excepcional no la olvidaremos.

 

Michel Garcia

Catedrático emérito

Université Paris 3-Sorbonne Nouvelle

Pedro García Cabrera para celebrar el nacimiento de nuestro hijo, Patrice

Los Cristianos, 3-VII-67

Del amigo y poeta Pedro García Cabrera para celebrar el nacimiento de nuestro hijo, Patrice.

 

M. Miguel et Michèle

Queridos amigos: llegué aquí anteayer. Hoy he terminado el poema prometido. Helo aquí:

 

            Bienvenido, Patrice

Yo ya te había visto mucho antes de nacer

retozando en los ojos de tus padres,

aquí mismo, en la isla

que ama sus volcanes,

esperando que el fuego

pueda darle

un hijo con la voz de la ternura.

Sí, ya estas montañas,

redondas como el vientre de tu madre,

te pensaban, Patrice, y la mar disponía

su moisés de olas

para acunar tu llanto y tu sonrisa.

La mar, que no pronuncia una palabra,

que es toda ritmo, gesto y aleluya,

rostro de fuerza y sangre de rumores,

se arrulla en ti, contigo se debate

como si fuera un pájaro en su nido.

¡Qué pena que no sean estos versos

carne de entendimiento,

cuando aún no sabemos que existen las distancias

y todo se nos entra por los ojos!

¡Qué pena que un poema

no camine hacia atrás

y antes que signos vuelva a ser objetos;

alas, manos, espíritu, juguete,

hermano de los mares y de los bosques,

del aire sin fronteras que todos respiramos,

cuando el mundo es tan sólo la redondez de un seno!

Contigo irán creciendo el viento en los pinares,

las aguas que te viven en los hombros de un río,

la caricia del día bajo soles amantes.

Pero aquí estás sin tiempo, en medio de los mares,

Meciéndote en la cuna de una isla

En que ya sonreías antes de ser Patrice.

Pedro Cabrera, con un abrazo

Los Cristianos, 3-VII-67

 

 

Correspondencia con Juan Gil-Albert, 1965-1969

Juan Gil-Albert y Jean Cassou (1965-1968)

 

El curso 1963-1964, segundo año en la Escuela Normal Superior, me correspondía pasarlo en España para preparar la tesina de literatura sobre la revista El Mono Azul, bajo la dirección del Profesor Robert Marrast. Acabábamos de casarnos y Michèle me acompañó después de conseguir un aplazamiento en su formación para catedrática de instituto. Alentados por una compañera de estudio, Nicole Avant, que preparaba bajo la dirección del mismo R. Marrast una tesina sobre La Gaceta de Arte, pasamos el mes de abril de 1964 en Tenerife, donde conocimos a un grupo de artistas e intelectuales, que eran los que habían organizado la exposición surrealista en la isla en 1935, en presencia de André Breton. Nos hicimos amigos de varios de ellos: el crítico de arte Eduardo Westerdahl y Maud, su esposa francesa, que lo había sido de Oscar Domínguez; el poeta Pedro García Cabrera y su esposa Matilde; el crítico teatral y de literatura Domingo Pérez Minik y Rosita. Por su mediación, conocimos a José Domingo, que había sido preso junto con alguno de ellos en la guerra civil, y trabajaba en una editorial de Barcelona, y él nos introdujo cerca de un grupo de valencianos compuesto por su propio hermano Domingo Orozco, y por José Bueno Ortuño, el abogado Alberto García Esteve, y el maestro y poeta Juan Miguel Romá, que acababa de regresar con su mujer, Benita, y su hijo José María, de Polonia, donde los habían acogido a consecuencia de su expulsión de Francia en 1950. En aquel momento, daba fin a su exilio en Méjico el poeta Juan Gil-Albert, que reintegró la casa familiar de Valencia, en la que vivía su madre. Entre el colaborador de El Mono Azul y miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, que reunió su segundo congreso en Valencia, capital de la República en 1937, y nosotros se entabló una relación amistosa que se mantuvo hasta el final de la vida de Juan (1994), pero que fue especialmente activa en los años sesenta. Como testimonio de ello, reproduzco aquí la correspondencia que recibimos de Gil-Albert y Jean Cassou. No conservamos nuestras cartas, salvo el borrador de una que mandamos a Jean Cassou.

 

 

 

Semalens, 14 avril 1965

Chers amis,

Merci de m’avoir fait parvenir les deux livres de Juan Gil-Albert. Ils sont très beaux et je les ai lus avec un bien cordial et sympathique plaisir. Je voudrais écrire à l’auteur pour le lui dire longuement. Mais je n’ai plus sa carte ; je ne sais d’ailleurs si son adresse y figurait. Soyez donc assez gentils pour m’envoyer cette adresse, soit ici, où je suis encore jusqu’au 20 -Semalens (Tarn)- soit au Musée (2, rue de la Manutention, Paris XVI), soit enfin chez moi, 4, rue du Cardinal Lemoine, Paris V. Je vous suis bien reconnaissant de vous être faits les messagers de Gil-Albert. Dans une de ses dédicaces, il me rappelle une nuit du commencement de la guerre civile où nous nous sommes rencontrés à Valence : je ne me rappelais plus cette rencontre (ç’avait été une nuit si tumultueuse !), mais la nuit, elle, je ne l’ai pas oubliée. Que de choses depuis ce temps et que d’espoirs déçus ! Vous êtes sans doute espagnols, vous deux aussi, un fils d’émigrés ?

Merci encore et toute ma cordiale sympathie,

Jean Cassou

 

 

 

Paris, 2 mai 1965

Ministère d’État. Affaires culturelles. Musée National d’Art Moderne.

Chers amis,

Cette lettre m’a beaucoup touché et intéressé. Vous voilà donc tous les deux situés, et tout ce que vous me dites de cette situation, tous ses points me sont bien sympathiques : la parenté de l’une avec mon cher inoubliable Jean Sarrailh et le diplôme de l’autre sur le Mono azul… J’ai revu dans ma mémoire l’uniforme, -si l’on peut appeler ça l’uniforme-, de cette belle jeunesse que les camions emportaient vers le front, avec de pauvres flingots dérisoires et à peine quelques munitions…

Je viens d’écrire à Juan Gil-Albert, je lui parle de ses beaux livres, de son merveilleux livre de souvenirs d’enfance, de souvenirs valenciens, écrit dans une langue si savoureuse, un beau livre drainant la profondeur.

Que de temps a passé depuis cette nuit valencienne dont je garde un si vif souvenir ! Les choses vécues par l’Espagne –comme celles qui ont été vécues chez nous- sont aujourd’hui oubliées, ou méconnues, […]

Donnez-moi tous deux de vos nouvelles et croyez à toute ma cordiale sympathie.

Jean Cassou

 

 

 

Valencia, 19 de mayo de 1965

Mis queridos amigos, mis jóvenes amigos: gracias por todo. Llegó ya la carta de Cassou, cariñosa y elogiosa, anunciándome el envío de un libro: creo que debisteis haberle dado, también, una copia del que yo llamo “panfleto” porque tal vez él podría habernos orientado con respecto a quienes interesaría de veras su contenido con miras a su publicidad. Ya os dije que los medios “fortmen marxistes” no son los más apropiados para que encuentre la acogida que merece. -Tema inagotable-. Por cierto, la copia que os llevasteis estaba plagada de erratas. ¡Un horror! Alguien se llevó otra a Italia considerablemente corregida. Ahora bien, noto a faltar vuestra opinión, del panfleto y de los libritos. Considero que vuestros exámenes no os dejan tiempo sobrante para una deleitosa crítica, permítaseme el contrasentido, pero no siempre se os permitirá escapar: el camino de la amistad no está necesariamente tendido de rosas. – Tengo estos días a la vista una lectura pública a la que espero asistan José y Juan Miguel; ¡apenas nos vemos! ¿Cuándo podrán los hombres recrearse en lo único valedero: la amistad, el diálogo, el abandono, l’oisiveté…? Ya sé que nunca.

Los tiempos son malos para mí. Cuestiones económicas deprimentes me han hecho vivir un año como metido en un zarzal. Varios golpes sucesivos desde mi regreso de América nos han reducido a una situación realmente crítica. -En las películas de mi época de colegial, el banquero, llegado el momento, se pegaba un tiro; yo me quedaba pensando que su viuda ya no podría seguir ostentando sombreros vacilantes de plumas que se convertían ahora en unos objetos melancólicos. -Lamento que mi madre haya alcanzado a ver aún este desmoronamiento. Sois de una generación que no sé si es capaz ya de comprender esto: la pobreza me atrae como una especie de voluptuosidad. Seguramente os suene a literario; pero lo literario es también una forma de verdad y no tan falsa como podría parecer.

No me queda más que desearos mucho éxito en vuestros esfuerzos; de este esfuerzo de la juventud depende gran parte, o lo esencial, de lo que poseeremos , de lo que seremos; pero cada vez más pienso que la finalidad de la vida es la consecución de una vejez plena; solo, alcanzada esta, adquiere todo lo demás asiento y sentido, totalidad; sin ella lo anterior no son sino partículas, fragmentos, aspiraciones. Excusadme este sermoneo.

Abrazo de vuestro amigo,

Juan [Gil-Albert]

[Nota. El panfleto mencionado, bajo el seudónimo de Diego Selva, lleva el título de Los días están contados. Drama Patrio y la fecha de 1964. Consta de 44 cuartillas dactilografiadas de 50 líneas.]

 

 

 

Paris, le 9 juin 1965

à Monsieur le Directeur du Musée d’Art Moderne [Jean Cassou]

Monsieur,

Nous ne savons comment vous remercier pour l’aimable lettre que vous nous avez envoyée et à laquelle nous avons mis tant de temps à répondre. Heureusement pour moi, l’année scolaire vient de s’achever, ce qui me permet de me consacrer pleinement et sans arrière-pensée au plaisir de renouer notre correspondance avec nos amis espagnols et avec vous, qui êtes si proche de l’Espagne. Peu de jours après votre lettre, nous en avons reçu une de Juan Gil-Albert, dans laquelle il nous fait part de ses joies mais aussi de ses peines qui, hélas ! sont nombreuses ; mais comment pourrait-il en être autrement quand on a vécu ce qu’il a vécu, et quand on se retrouve en prison dans son pays ? Il me demande également de vous parler d’un petit livre, un panfleto, dont il m’a confié une copie et qu’il aimerait voir éditer, sous un nom d’emprunt s’entend. Le peu de temps dont j’ai disposé jusqu’ici ne m’a pas permis de mener à bien cette tâche qui me tient à cœur. J’ai cependant fait parvenir une copie à un éditeur parisien, par l’intermédiaire d’un ami qui publie chez lui, mais je n’en ai jusqu’à maintenant reçu aucune nouvelle. Si vous désirez lire ce livre, j’en tiens une copie à votre disposition. J’irai la déposer moi-même rue de la Manutention.

Le temps, dites-vous, a passé depuis cette nuit valencienne, où vous avez connu les premières manifestations d’un peuple en révolution. Pour nous elle n’a jamais été qu’un extraordinaire poème épique que nous ont récité tout d’abord les exilés puis ceux qui, tels les troyens, sont restés enfermés dans la citadelle avec leurs geôliers. Ce qui nous étonne le plus, c’est l’extraordinaire faculté qu’ont nos amis espagnols d’oublier toutes ces misères et atrocités pour ne se souvenir ou ne vouloir se souvenir que de leurs enthousiasmes.

Aujourd’hui, nous sommes loin de ces temps d’héroïsme, où il suffisait, semble-t-il, de vouloir pour accomplir.

Michèle et moi rejoindrons nos amis castillans et valenciens le mois prochain. Nous ne pouvons guère leur consacrer plus que ce mois de juillet, car il me faudra penser déjà à l’Agrégation de l’année prochaine.

Veuillez agréer, Monsieur, nos respectueuses salutations,

Michel Garcia

 

 

 

Paris, 4 juillet 1965

Dimanche.

Cher Monsieur,

J’ai reçu une lettre admirable de Juan Gil-Albert, bouleversante, vraiment. Et quel beau style, en effet ! Quelle belle langue espagnole, précise et acérée ! Je voudrais beaucoup lire ce pamphlet dont vous me parlez. Oui, faites-le déposer ici, pas rue de la Manutention, mais à la Conservation, avenue du Président Wilson. J’aimerais aussi vous voir tous les deux, et il me serait agréable que vous me l’apportiez et que nous causions un peu. Mais je n’ose vous proposer de rendez-vous, car sans doute partez-vous pour les vacances, comme je vais partir moi-même ; et les derniers jours sont très occupés. Essayez de me téléphoner un matin ici. Sinon, promettons-nous de nous rencontrer à la rentrée d’octobre. En tout cas, j’attends le panfleto.

Je vois justement à la fin de votre lettre que vous parlez de votre départ prochain pour Valence. Alors ne manquez pas d’embrasser notre ami, nos amis. Je suis en profonde communion […] avec vous deux,

Jean Cassou

 

 

 

31 janvier 1966

Chère madame,

Téléphonez-moi un de ces jours, à l’heure des repas, ici afin que nous prenions un jour et une heure et que vous veniez me voir avec votre mari. Vous avez beaucoup de choses à me dire. J’ai bien reçu De oscura transparencia, qui me semble plein de très belles choses, et j’ai le mot de Juan Gil-Albert. Nous perlerons de tout cela. A bientôt donc, n’est-ce pas ? Et partagez, je vous prie, avec votre mari, l’assurance de ma bien cordiale sympathie, à quoi je joins, pour vous, chère madame, mes meilleurs hommages,

Jean Cassou

 

 

 

Valencia s.f. [mayo de 1966

Mon cher couple :

Recibiré vuestros libros con alegría infantil -ya que uno sigue siendo un niño- pero no es este el trato. Si me tratáis demasiado bien impediréis que, de vez en cuando, os haga encargos. Procuradme, ahora -cuando podáis- el folleto a que alude este recorte de Le Monde. El otro libro era Le Tsar Nicolas II en las Ediciones Berger-Levrault, olvidé al autor. No corre prisa.

Ayer comí con José en La Caña,

du “toujours angoissé”,

Juan

 

 

 

Valencia, 18 de mayo de 1966

Mes chers enfants:

Si no hubiera tenido siempre la gran devoción que tengo por vuestro país, bastarían vuestras atenciones para que me rindiera a los pies de Francia. No es ya que cumplís estrictamente los encargos, sino que servís a domicilio, y sin dilaciones, la mercancía. Y ¡qué mercancía! El libro sobre Proust es extraordinario, como informe, y el referente al Zar, un resumen excelente de todo cuanto se ha publicado sobre esa materia. Son dos temas que domino y que me permiten juzgar con conocimiento de causa. Tuve también el envío de editor de Saint-Simon, el primer volumen de los veinte que compondrán su obra completa: la edición es preciosa, pero he dejado de ser rico y no voy a poder permitirme satisfacer un gusto: repararemos así las superfluidades pasadas.

Un amigo me trae la invitación que he recibido para participar en el homenaje a Alberti, -que tendrá lugar en París-; me extraña que Cassou no me haya tenido en cuenta dada nuestra reciente reanudación de relaciones. Tal vez, a pesar del olvido, me decida a enviar unas palabras a Rafael, fuera de concurso. -Os gustaron mis prosas? Parece que la de la Revista de Occidente ha producido una cierta sensación. He escrito mucha poesía e inicié unas memorias, llamémoslas así, con el título de: No salir de mi asombro. Fuera de esto, leo, salgo poco, veo a algún amigo joven, rara vez a José y Juan Miguel, y paso constante revista al pasado no como tal pasado sino como permanencia de mi eternidad. Somos lo que hemos sido.

A bientôt, puesto que supongo que vuestro viaje se acerca. Aquí encontraréis siempre a un amigo vieillissant et rajeuni. ¿No es una buena fórmula poética?

Grandes abrazos de

Juan

 

 

 

Valencia, noviembre de 1967

Querido Michel:

Gracias por el envío de tus notas sobre sobre Jorge Guillén que he leído con detenimiento y que, aunque no tengo a la vista el libro que comentas, encuentro, como trabajo, de factura irreprochable. Es curioso que haya coincidido su llegada con una carta mía al mismo Guillén al que debía contestación, desde junio, por otra suya, escrita desde Málaga, y en la que me hablaba con verdadero entusiasmo de mi librito Concierto en mi menor al que califica de obra maestra. Tengo otro entusiasta del mismo en un profesor holandés [Juan Lechner] que piensa traducirlo y que parece que prepara un estudio serio sobre mí. También, nota simpática, una alumna de la Sorbona ha presentado su tesis, de fin de carrera creo, con el título Juan Gil-Albert, un écrivain levantin de la génération de 1936. Ahí tienes pues la lista de mis últimos laureles.

Comencé mis memorias bajo la frase hecha de “No salir de mi asombro”, pero las he abandonado, de momento, por falta de estímulo. En realidad, he pensado últimamente que no debí haber vuelto de América donde mi vida de escritor se hubiera desenvuelto con más normalidad; claro que algunas páginas escritas aquí no existirían, aunque estén en los cajones. Es horrible que se le haya pasado a uno su tiempo: dispersos los de fuera, silenciados los que volvimos, somos una generación flotante y, más que olvidada, ignorada. Mi caso es singular, para los conservadores soy una oveja descarriada, para los del progreso un intimista. Y así se queda uno sin unos ni otros, sí, con algún que otro, con alguna que otra estrella que late al unísono. Inútil, a estas alturas, de tratar de enmendarle la plana a nuestro destino. Como dijo Gide: “Le jeux sont faits”.

Te agradecería una comisión: comunícate, en mi nombre, con la revista Mundo nuevo, al teléfono 744-23-20 y pregunta por Fernández Moreno, poeta argentino, o por el director de la revista, Rodríguez Monegal. Les escribí rogándoles una copia de un poema mío, Homenaje a Oppenheimer, cuyo original he traspapelado y que necesito para sumarlo a una serie de posible publicación: hace dos semanas que espero su respuesta. ¿Lo habrán perdido a su vez?

Lo de la niña fue atroz. ¡Qué exabrupto en nuestra vida! Medio mes de agosto pasado en una zozobra angustiosa. Todo parece pasado ya, pero la vida confirma, en estos casos de prueba, su aterradora inestabilidad. Algo de ese sentir se traduce en el poema que os adjunto aunque su motivación parece ser otra. ¿Qué es de vuestro pequeño? Os imagino felices si bien muy ocupados. No descuidéis nada, no desechéis nada: en cada momento alienta ese recuerdo del que habremos de vivir más tarde, no tanto como pasado sino como realidad; forjémoslo pues verdadero para que nos sirva.

Michel – Michèle, hombre – mujer de una misma moneda, abrazos de vuestro solitario

Juan

Puse en Aguilar, prólogo al volumen dedicado a Cocteau; ¿lo habéis visto por ahí? Me interesaría que lo leyerais.

 

    IN PROMPTU n° 10

            -Susana-

Oigo lejos, sumido entre mis libros,

sonar esos pasitos incipientes,

esa voz sostenida en las escalas

que apenas utilizan los pianistas

porque es apenas voz, un balbuceo,

la mínima expresión de una persona

que está muy honda aún, de una promesa

que no veré cuajada, un mundo ajeno

que no me pertenece y que me envía

desde su latitud, bajo los techos

familiares, la onda persistente

de que la vida sigue, sigue, sigue,

mientras yo duermo ya, mientras la niña

cruza como una ráfaga y se extingue,

mientras pasamos todos rumorosos

de vida propia, ajena, sin un freno

que nos detenga, un mundo fugitivo

en que suenan, eternos, momentáneos,

estos breves pasitos infantiles,

esta resurrección siempre animosa,

un eco nuevo, voz, voz que se acerca,

que nos confirma, un lastre, un sueño, nada.

                                                    J. G. A.

Este poema está escrito esta mañana

y no lo conoce nadie, niño, está más

que inédito.

 

 

 

Valencia, 27 de marzo de 1968

Mis queridos amigos:

Escribo desde mi nueva casa en la que estamos instalados desde hace un mes: la operación traslado ha revestido caracteres de epopeya ya que no se desarraigan tan fácilmente cuarenta años de existencia con sus bártulos anexos. A mí me pilló, además, con las energías mermadas a consecuencia de un percance que no os relato hoy por no convertirme en un permanente trasmisor de desdichas: el pathos familiar no nos concede tregua. Pero todo pasó, de momento. No me siento mal aquí; desde mi balcón tengo, muy cerca, unas palmeras, y esto me centra en mi mediterráneo local y espiritual. Las ilusiones sobreviven pero la vieillesse aproche…

Os escribo concretamente, -en función de que sois mis embajadores en París, para lo siguiente: a mediados de abril, mi mes preferido, recibiréis mi nuevo libro; quisiera enviar unos ejemplares, para la venta, a la librería des Editions espagnoles, 72 rue de Seine, supongamos que 25; podríais ocuparos de ello dejándolos allí previa entrega de una nota y esperaremos el resultado. Imaginaros que me financio la edición. ¡Una locura! Y necesito que los amigos me ayudéis a que tamaño esfuerzo no resulte totalmente baldío. Decidme, además, si queréis que dedique algún ejemplar a alguien a quien pueda interesarle: uno será para Cassou. Me interesaría tener la dirección de Bergamín que vive, como debéis saber, ahí y, -última petición-, que preguntéis en la embajada mexicana, -inexistente en Madrid-, si Octavio Paz sigue en Nueva Delhi. ¿Son muchas molestias? Vuestra amabilidad, que siempre me pareció tan espontánea, justifica mi abuso, o lo explica al menos. Veremos qué os parece el libro: lleva prosa, poesía y crítica; he pretendido dar una visión conjunta de mi mundo literario, de mi visión, y participación en él, del mundo. Si algunos pueden hablar de “torre de marfil” habrán de reconocer que está bien plantada en medio de la vorágine, lo que quiere decir que “nada humano me es ajeno”; solo que uno es fiel a su razón temperamental sin lo que toda obra resulta artificial o vana. Imposible, a estas alturas, corregir una posición irrigada por la savia de toda una vida anterior. Si, a través de los cambios, hemos conseguido apresar lo esencial, nuestra página podrá seguir siendo actual, siempre. He ahí nuestra ambición: pocos lo consiguen, pero para ello es necesario que muchos otros lo afronten. Y basta por hoy.

Para vosotros y para vuestro crío el afecto de

Juan

 

 

 

Valencia, s.f. [abril de 1968]

Amigo Michel:

Recibo tu carta seguida de la siguiente antes y después de vuestra gira holandesa. Creí que encontraríais ya a Lechner con mi libro, al que envié un ejemplar el quince de abril; a vosotros lo remití hará una semana por correo ordinario; supongo que pronto será vuestro huésped; de aspecto es francamente simpático y parece respirar claridad. El precio, en España, 150 ptas; que ahí le fijen el que más les convenga; me parece indispensable que haya ahí unos ejemplares a la venta y […] que no lo aceptarán; no creo que, a diario, se publique un libro de esa especie. Espero, con ansiedad, t criterio, y el de Lechner. Gracias por la adquisición de la estudiante; habrá que darle un ejemplar del último; también le interesaría leer el prólogo que puse al Cocteau de la editorial Aguilar. Aquí, en Valencia, persiste el silencio como consigna, respecto a mí, condenado de muerte civil; son unos miserables.

Abrazos a los tres,

Juan

 

 

 

Valencia, 13 de septiembre de 1968

Querido Michel:

Por fin te ves libre del yugo militar, lo que no les ocurre, en Europa, a todos. Cuando los acontecimientos de Francia nos sorprendieron, por lo inesperados, hace algún tiempo que la esperanza tenía puesta su atención en los checos, cuya actitud decidida y responsable, extremadamente simpática, ponía en el mundo de hoy, despótico, por un lado, a la manera liberal norteamericana, despótico, por el otro, a la manera rusa zarista, un como balbuceante deseo de luz. ¿Cómo no sentirse con los chicos que en París propugnan “l’imagination au pouvoir”? ¿Cómo no sentirse con los dirigentes checoeslovacos que declaran: “el paso que vamos a dar es inédito”? Son dos actitudes aventuradas pero, por ello mismo, atrayentes. Fuera de ellas no existe más que vulgaridad, burocracia, servidumbre, militarotes, plutócratas y fuerza bruta. En un campo con capitalistas, en otro con el Partido, no digo socialistas. Y toda nuestra vida disimulando a los unos, desenmascarando a los otros. ¡Basta! La vida es corta y no nos permite, por tanto, esperar unos resultados que, por lo que se ve, pertenecen, según ciertos señores, a un porvenir tan lejano como el juicio final. No puedo esperar tanto, sobre todo cuando veo tan comprometido el final. Por pequeño burgués que se sea, tiene uno sus ilusiones entre las que no entra el pertenecer a un país que aspira a dominar el mundo; luego de Roma, de Inglaterra, no tiene ningún atractivo, -nosotros, los españoles, tampoco somos ajenos a esas glorias pretéritas-, y como hijos de grandes nos permitimos poner nuestros anhelos en otra parte, vueltos de espaldas a la grandeza y reclamando de la vida algo más que apariencias, cañones, y fraternidad universal a mazazo limpio. No sé si al proletariado esto le interesa, como novedad, aunque lo dudo. Dicho lo cual, te pido mil excusas por el sermón. Ya ves que, a pesar de todo, de la fama de intimismo que uno goza, coloco lo público antes que lo privado.

Me alegra que mi libro os interese y os sea, por lo que dices, “útil”. ¿Qué más puede desear el poeta que ver realizada, en los otros, su utilidad extra-utilitaria? Ese asentimiento le hace sentirse los pies en la tierra. Llegó tu alumna y tuvo conmigo un cambio de impresión; no sé la que se llevaría de mí; no la fuerces. Le di a leer un trabajo sobre mí de otra muchacha estudiante de la Sorbona; le regalé La Trama. Y estuvo entre parlanchina y, es natural, cohibida. Ya me dirás sobre los ejemplares para la venta, al precio de, lo que corresponda en francos, 150 ptas. ¿Lo crees mucho o poco?

Hasta vuestras noticias.

Para ti, Michèle y Patricio, a quien debemos, en sus primicias, iniciar en los goces de la amistad,

abrazos de vuestro levantino

Juan

Lechner mandó tarjeta desde México; estará ya en casa; lee, dentro de unos días, su tesina sobre España.

 

 

 

Valencia, 25 de marzo de 1969

Querido amigo Miguel:

Acaba de marcharse tu alumna y te escribo en el acto; hace tiempo que no nos comunicamos y esta puede ser la ocasión. Parece que continúa con la idea de dedicarme su atención y la he provisto de libros y publicaciones; me trajo a un compañero, a un chico de Castellón, que medio me comprometió para que vaya a recitarles en su residencia estudiantil; curioso que, hasta en esos pequeños detalles de mi vida profesional, tengan que llegarme de fuera. Tú y Lechner parecéis los dos pilares sobre los que me sustento. A Lechner le debo carta; su trabajo me emocionó. Guillén me escribe: “¡gracias a Dios que alguien le hace a usted sacar el pecho!”. Dejemos este asunto molesto e irremediable ya. El destino existe y no se le puede forzar.

Necesito hacerte un encargo: entérate de qué editorial ha podido publicar, en la fecha que fuese, un Mayakovski. ¿Gallimard? No importa cuál que ofrezca garantías. ¿Lo sabrá Cassou? En los medios marxistas jóvenes estarán al corriente. Me han encargado una traducción, del italiano, de un libro sobre él, en el que figuran sus manifiestos, pero quieren que se añadan poemas. Cuando des con el libro, veas si la editorial puede enviar un ejemplar, con portes pagados, a Difusora de cultura, Cabillers 3, Valencia (3). Te agradeceré mucho la gestión.

Te supongo dispuesto a gozar la distensión de las próximas vacaciones; más que nunca la vida atenaza al hombre y estos breves respiros son lo único que le hacen recordar el paraíso originario, aunque se producen de un modo nervioso y esquemático, imperfecto, es decir, sin dar precisamente pie para una verdadera distensión. La humanidad se ha metido por un camino difícil, sí, pero no sé si prometedor. No me tengas por pesimista. Soy un crítico y ¡doblado de poeta! Un pie en las sementeras y otro en las nubes: de labrador a astronauta. Pero eso es lo que pregunto, si las verdaderas siembras y las verdaderas estrellas cuentan para algo en el mundo actual. La “técnica” ¡qué gran devoradora! Conservo toda mi simpatía por la juventud… rebelde. Que suele, a veces, tener setenta años; esa es mi ruta.

¿Qué es de Michèle y de su vástago? Os espero algún día. Contad siempre con el afecto y la amistad de

Juan

 

 

 

Valencia, s.f. [26 de marzo de 1969]

Miguel: En la carta que te envié ayer cometí un lapso calami, al pedirte que le pidieras el Maïakovski por portes pagados en lugar de decir: a reembolso. Lo primero no se comprende ya que el libro no es para mí, pero aún sin ser petición hubiera sido abusiva.

Me di cuenta de la … apenas echada la carta.

Quede pues enmendado.

Abrazos de Juan

 

 

 

Valencia, s.f.

Querido Michel,

Ha llegado el Maïakovski: muchas gracias. Es estupendo que resulte traducido y comentado por Elsa Triolet, hermana de la mujer del poeta y a la que conocí, junto a Aragon, cuando vinieron a visitarnos durante la guerra civil. Las fotos de M. son impresionantes: se diría un semi-dios del proletariado.

Tu estudiante estuvo conmigo una tarde y se fue cargada de papeles; es bonita y expresiva.

Creo que venís este verano y esto nos dará ocasión de tomar contacto de nuevo; hablaremos de Lechner y de algo que hay en su libro que me pilló de sorpresa y que es más para hablado. Tengo por él un gran afecto.

Para Michèle y para ti un cariñoso saludo de vuestro

Juan

El viaje a La Rochela de Pero López de Ayala

 

De todas las obras de Pero López de Ayala, su tratado de cetrería, que compuso durante su cautiverio en Obidos entre 1384 y 1386, es el que contiene más menciones relativas a su vida personal, lo cual, pensándolo bien, no tiene por qué sorprender, en la medida en que la materia de esa obra se basa en buena parte en su propia experiencia. De sus años juveniles en la Corte de Pedro I, recuerda lo que aprendió de don Juan Núñez de Villazán, Fernando Gómez de Albornoz o Juan Alfonso de Guzmán, pero también de halconeros del rey, como como Juan Fernández Burriello y Ruy González de Illescas, y también de un personal subalterno como Alfonso Méndez, Juan Criado o Fernán García el Romo. Por otra parte, menciona por su nombre, casi siempre pintoresco (‘donzella’, ‘Botafuego’, ‘Picafigo’) ciertas aves dotadas de características sobresalientes. Otra serie de recuerdos se nutre de expediciones marítimas, una de ellas correspondiente a la campaña naval contra Aragón en 1359, la otra en época no definida, que es el tema de esta nota, en que hizo un viaje de ida y vuelta desde Bermeo hasta La Rochelle. Por fin, sus embajadas al reino de Francia y Aviñón le dieron la oportunidad de conocer a personalides muy versadas en la arte cetrera y de conocer ciertas prácticas cinegéticas así como el entramado del comercio de las aves.

Conservamos suficientes datos para poder situar si no la fecha precisa, por lo menos las circunstancias de su vida que dieron lugar a los hechos referidos. La relación con Gonzalo de Mena remite a una adolescencia toledana y se explica también por la proximidad de los dos feudos familiares, la Tierra de Mena y la de Ayala. Las anécdotas de la corte de Pedro I, incluida la expedición naval contra Aragón, encuentran fácilmente su sitio en sus años de paje y, luego, de familiar del rey. Las cuatro embajadas que llevó a cabo a la corte francesa, en 1378, 1380, desde 1381 hasta 1382, y en 1384 ofrecen datos suficientes para explicar cómo pudo conocer a las personalidades a las que cita en su tratado, trátese del rey Carlos V y de su hijo, de los duques de Anjou, Borgoña, Borbón y Bretaña, de un valido como Bureau de la Rivière, pero también de los halconeros brabanzones. Del mismo modo, sabiendo que, en la mayoría de los casos, el viaje a París se hacía por vía terrestre, Ayala tuvo la oportunidad de conocer a expertos cazadores aragoneses, como el vizconde Illa, y familiarizarse con las lagunas del Languedoc.

El único hecho que cuesta situar cronológicamente es el viaje que hizo de Bermeo a La Rochelle. Se refiere a él dos veces en el capítulo 45:

Otrosy vi en el camino de la trauiessa de la mar que se faze entre vermeo villa de vizcaya & la Rochela que pueden ser ochenta leguas poco mas yo yendo en una galea a media via de mar que podien ser .xl. leguas de tierra de cada parte falle garças que llevavan aquella via mesma E asy andan buscando su via & su passo las aves por sua naturaleza E assy los neblis siguen estas aves & atraviessan todo el mundo

Et otrossi vi viniendo de la Rochela en españa bien a .xx. leguas de tierra venir a mi galea vn cernigolo & muy muchos passarillos . pequeños . & posauan enel arbol dela vela & luego que calauan & baxauan el maste bolauan vn poco fuera dela gallea por sobre la mar Et desi tornauan ala galea & tomauan los a manos . & estos non se si passauan en otra tierra

Tratándose de un viaje a tierras francesas, lo natural es asociarlo a una embajada a ese país. Aunque no se conservan todos los documentos relacionados con esas misiones diplomáticas, tales como fechas precisas e itinerarios de ida y vuelta, lo que se sabe es suficiente para afirmar que ninguna de las cuatro embajadas mencionadas más arriba siguió la vía marítima. Sin embargo, los datos precisos que aporta el testimonio reproducido son, sin lugar a dudas, el fruto de una observación directa que no se puede poner en tela de juicio.

Dos posibilidades se ofrecen para aclarar esa incógnita: situar el viaje en una o varias de las embajadas posteriores a 1384; suponer que se trata de un episodio desconocido de la vida de Ayala e intentar situarlo en su biografía.

Entre 1395 y 1396, se señala la presencia de Pero López en la corte francesa no se sabe si en dos ocasiones distintas o durante un período largo, como el que le tocó vivir en 1381-1382. No consta documentalmente por qué vía realizó el viaje. Pero lo más probable es que se dirigiera a París por vía terrestre desde Aviñón, puesto que en el otoño de 1394 está en la ciudad papal como jefe de la embajada castellana para la celebración del pontífice nuevamente elegido (Benedicto XIII), y en la primavera siguiente está en la corte francesa con ocasión del conflicto entre el conde de Noreña y el rey de Castilla que el de Francia se había comprometido a dirimir. Resulta poco probable que, entre esas dos fechas, haya vuelto a Castilla para emprender poco después un viaje por mar hacia el reino vecino. Además, es dudoso que el conflicto entre el el rey de Castilla y el conde Alfonso necesitara el envío de una embajada especial, siendo más probable que se aprovechara la presencia de Ayala en París para intervenir en el asunto.

Por otra parte, es lícito suponer, basándose en la relación extremadamente detallada que hace de los dos eventos para la futura crónica de Enrique III que no llegó a concluir, que, en la primavera de 1395, fue testigo presencial de la vida de la corte papal, y, el 26 de octubre de 1396, en Calais, de la entrevista de los reyes de Francia e Inglaterra con ocasión del matrimonio entre Ricardo y la infanta Isabel de Francia, como se deduce del relato extremadamente detallado del evento que redactó.

Que los viajes se hicieran por Aragón, es decir por vía de tierra, es tanto más credible que la elección de Pedro de Luna en 1394 hizo de Aviñón una etapa casi obligada camino de París.

De todo lo expuesto se deduce que no existe constancia de que Ayala, como embajador, fuera por mar desde Bermeo a La Rochela para alcanzar la capital francesa, y menos en un viaje de ida y vuelta, como el descrito en el tratado. Esto no excluye que fuera el caso en otra ocasión.

 

Embajada de 1375

En el año 1375, sale de Bermeo para La Rochela una embajada encabezada por el camarero mayor Pedro Fernández de Velasco y el obispo de Salamanca, Alfonso de Barrasa, con el fin de unirse en Brujas con una delegación francesa de alto rango encargada de negociar un tratado de paz con el reino de Inglaterra. Aquí el relato que hace Ayala en su Crónica de Enrique II.

El rrey […] ouo cartas del rrey de Françia commo sobre los tratos de la paz entre el rrey de Françia e el rrey de Ingla terra se auian a ayuntar en la villa de Brujas, qu es en el condado de Flandes, e el duc de Angeu e el duc de Bergoña, sus hermanos del rrey de Françia, e de la parte de Ingla terra, el duc de Alencastre e mossen Aymon duc de York, sus tios del rrey de Ingla terra.

E el rrey don Enrrique enbio alla por sus procuradores e enbaxadores a Pero Ferrandez de Velasco su camarero mayor e al obispo de Salamanca que dizian don Alfonso de Barrasa. E los dichos enbaxadores del rrey fueron para vna villa de Vizcaya que dizian Bermeo para aparejar y las naos e pasar a la Rochela.” Crónica de Enrique II, año X (1375), cap. 3.

La indicación resulta clara, no solo para el viaje de ida sino también par el de vuelta.

Despues que Pero Ferrandez de Velasco e el obispo de Salamanca, mensajeros del rrey don Enrrique, llegaron a Bermeo, entraron en la mar, e lleuauan tres naos armadas e encontraron con otras dos naos que partian de Burdeus, en las quales yua vn señor de tierra de Gujana que dizian el señor del Esparra, que yua en Ingla terra, e tomaron lo. E el señor del Esparra dizia que yua por treguas que fueran puestas entre Françia e Castilla e Ingla terra de çierto tienpo. E Pero Ferrandez de Velasco dizia que el señor del Esparra veniera a el por le tomar sus naos e el le acometiera primero e que el defendiosele e en defendiendosele, que lo tomara preso. E commo quier que fue, el señor del Esparra ouo de seer preso. E tornosse Pero Ferrandez de Velasco para Castilla.” Crónica de Enrique II, año X (1375), cap. 4.

El episodio es uno de los numerosos encuentros bélicos en los que tomaron parte marinos castellanos durante la Guerra de los Cien Años. Pero éste tiene una significación especial por las graves consecuencias políticas y diplomáticas que provocó. Florimont de Lesparre, como señor de un feudo en Guyenne, era súbdito del rey de Inglaterra, hecho que los castellanos al parecer no tomaron demasiado en consideración, a pesar de la misión diplomática que se les había confiado. Aunque ese enfrentamiento no opusiera a las dos partes más poderosas del conflicto, -la corona de Francia y la de Inglaterra-, equivalía de hecho a un casus belli y hacía imposible la prosecución de la negociación proyectada. Así lo interpretó la parte castellana que cursó a los embajadores la orden de interrumpir su misión y de volver al reino. Hay quien opina que el incidente bélico fuera iniciativa de la realeza castellana que quiso aprovechar la oportunidad para marcar su oposición a un tratado de paz que no la favorecía o, por lo menos, para mostrarse poco dispuesta a aceptar cualquier concesión importante. Tampoco es de creer que el señor de Lesparre quisiera toma cartas en un asunto que excedía con mucho su capacidad tanto militar como política. Es lo que sugiere el cronista, al no tomar partido sobre la responsabilidad de unos u otros (“E commo quier que fue”), aunque es de suponer que, si la responsabilidad hubiera sido de Florimont, no hubiera dejado de dejarlo claro. Añadase que el infeliz caballero de Guyenne tuvo la mala suerte de topar con personas poco dispuestas a tratarlo bien, por cuanto había participado a la batalla de Nájera bajo el mando del Príncipe Negro, es decir del lado del rey don Pedro. Se le ofrecía a Fernández de Velasco la posibilidad de vengarse del mal rato de 1367.

Si el de Lesparre salió del puerto de Burdeos zarpando para Inglaterra, el encuentro tuvo lugar no lejos de La Rochela, término previsto para el viaje de los castellanos. Esto no les impidió, muy al contrario, de acogerse a ese puerto, tanto más cuanto que no podían cargar con las dos naos de los vencidos además de las suyas. Allí la delegación castellana tardaría cierto tiempo, unas semanas por lo menos, a la espera de las órdenes del rey, antes de volver con su preso a Castilla.

En resumidas cuentas, la embajada no se llevó a cabo y la delegación castellana reanudó el viaje de vuelta en las mismas embarcaciones que la habían llevado hasta La Rochela, se supone que al puerto de partida, Bermeo, donde las naos estaban encaladas.

 

Función de Pedro López en la embajada

Las referencias geográficas proporcionadas por el relato de la crónica coinciden con las de los dos pasajes del capítulo 45 del tratado de cetrería. Teniendo en cuenta que no se puede negar que lo que adelanta Ayala es el testimonio auténtico de una experiencia vivida por él, queda por averiguar si existe algún argumento serio para descartar su presencia en la expedición de 1375.

Si participó en ella como diplomático, ¿por qué no lo mencionan los documentos? La explicación más evidente es porque Ayala no formaba parte aun del personal diplomático de primera fila del reino, entre los que se elegía a los jefes de embajadas. Su primera misión diplomática personal documentada es la del año 1378 y es de poca importancia, como conviene a un primerizo. Por lo tanto, si figura en la embajada de 1375, será a lo sumo como colaborador de Velasco y no había por qué citarlo nominalmente.

Otra posibilidad es que participara en el episodio con otro título que el de diplomático, el de capitán de tropa embarcada, como el que asumió en la campaña de 1359 contra Aragón. Hacia esa interpretación apunta la doble mención de la galea en la que anduvo en aquella ocasión, que introduce en la anécdota del tratado.

Otro dato que hay que tomar en cuenta son las posibilidades de que alguna otra embajada castellana a Francia, distinta de la del año 1375, eligiera la vía marítima en vida de Ayala. Tengo mis dudas al respecto. Lo uno porque el fracaso de la de 1375 demuestra que era aventurado surcar unos parajes en los que los malos encuentros, no solo de ingleses sino también de mercaderes del Báltico, obligaban a recurrir a una protección armada costosa. Lo otro porque, desde el momento en que se establece una paz duradera con Aragón, a partir de abril de aquel mismo año de 1375, lo más fácil es alcanzar Francia cruzando ese reino. Por fin, la elección de Pedro de Luna al papado en 1394 hizo de Aviñón una etapa casi obligada hacia París. Descarto, pues, que hubiera otra embajada que la de 1375 que fuera de Bermeo a La Rochela y menos en un viaje de ida y vuelta.

También conviene averiguar en qué medida la época del año en que se realizó esa embajada es compatible con las observaciones ornitológicas de Ayala.

La cronología de las conferencias de Brujas de 1375-1376 es confusa. Los primeros tratos se sitúan en marzo pero las discusiones fueron aplazadas al mes de septiembre. En la primera fecha, Velasco no estaba en condiciones de viajar porque estuvo en Almazán para la firma del tratado de paz con Aragón en abril de aquel año. Por otra parte, en los primeros momentos de la conferencia de Brujas, la delegación francesa estaba dirigida por el duque de Borgoña y no, como lo señala Ayala, por el de Anjou acompañado de su hermano Borgoña. El de Anjou se desplazó solo a principios de octubre para asumir el mando. Se supone que el capítulo de la Crónica se refiere a ese momento. Con las dilaciones habituales en esos casos, los embajadores de ambas partes se reunieron solo en la fiesta de Todos Santos.

Para volver a nuestros castellanos, firmada la paz con Aragón, hubo que armar las naos, por lo que se supone que no pudieron embarcar antes de muy entrado el verano. Y la vuelta, como ya he señalado antes, se llevaría a cabo ya en otoño. Me parece que esta cronología cuadra bastante bien con las observaciones ornitológicas de Ayala, lo que da aún más crédito a la hipótesis. De todos modos, un viaje marítimo de esa índole difícilmente podría darse fuera de la estación buena del año, dado el peligro de cruzar el golfo de Gascuña.

 

Conclusión

La carrera diplomática de Pero López de Ayala, iniciada tímidamente en 1378, se desarrollará bastante más tarde, con toda seguridad después de su cautiverio en Obidos (1388). No consta que, en ninguna de sus embajadas a la corte de Francia, hiciera el viaje por vía marítima, sino por vía terrestre cruzando el territorio de la corona de Aragón y haciendo etapa en la corte papal de Aviñón. En cambio, la travesía de Bermeo a La Rochela con vuelta a Bermeo, aludida en su tratado de cetrería coincide con la embajada fallida de 1375, en la que participó no tanto como diplomática sino como capitán de hombres de armas. Los que aduce en su tratado son hechos vividos por él unos diez años antes, lo cual no tiene nada sorprendente, teniendo en cuenta que algunos de los hechos que cita, como los que remiten a la corte de Pedro I, son muy anteriores. Por consiguiente, no es necesario imaginar que esos recuerdos fueran un añadido posterior, como lo sugiere la hipótesis de una revisión del texto del tratado, basada en algunas particularidades del código conservado en el Museo de la Caza de París.

 

Bibliografía somera

Ayala (Pero López de), Crónica de Enrique II, Año 10.

Ayala (Pero López de), Libro de la caza de las aves. Versión y prólogo de José Fradejas Lebrero y José Fradejas Rueda, Barcelona, Ed. Castalia, 2016 (Col. Odres Nuevos).

Fradejas Rueda (José Manuel), “La traviesa de la mar que se faze entre Vermeo y La Rochelle”.Un viaje de Ayala y su influencia en el Libro de la caza de las aves, en Antes se agotan la mano y la pluma que su historia. Homenajea Carlos Alvar, Fundación San Millán de la Cogolla, 2016, p. 631-642.

Perroy (Édouard), “Louis de Male et les négociations de paix franco-anglaise”. Revue belge de philologie et d’histoire, année 1949, vol 27, n° 1, pp. 138-150.

Rabanis (J.), Notice sur Florimont sire de Lesparre. Bordeaux: M. Faye, 1843.

Valdeón Baruque (Julio), Enrique II, Ediciones Trea, S. L., 1996.