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PEDRO DE ESCAVIAS : CONTRIBUCIÓN PERSONAL A LA HISTORIA DE CASTILLA

 

Aunque no escribió Memorias, Pedro de Escavias no desdeñó contribuir personalmente a la historia de su tiempo cuando se le daba una oportunidad para hacerlo, principalmente en los capítulos del Reportorio de Príncipes de España dedicados a los reinados de Juan II y Enrique IV. No suele expresarse en primera persona, en contra de lo que hace por ejemplo Alonso de Palencia cuando relata el sitio de Maqueda (1440):

Yo, a mis 17 años, era criado de uno de ellos, el obispo de Burgos. Por tanto participé en la embajada” [Gesta hispaniensia, Decas I, p. 8, traducción de Brian Tate y Jeremy Lawrance].

Sin embargo, algunos puntos de su relación sin fuente escrita identificable bien podrían confundirse con testimonios personales. En el minucioso cotejo que, en la edición, he llevado a cabo con las fuentes escritas que manejó, he procurado señalar esos pasajes, aunque sin poder comentarlos debidamente dada la brevedad de las notas a pie de página. El objetivo que persigo aquí es, a la vez que analizar más detenidamente el modo de actuar del historiador Escavias, descubrir algunos detalles de su vida que contribuyan a un mejor acercamiento a su biografía y a su personalidad.

I. Romance del Infante Enrique

Dedicaré el primer capítulo, no a la prosa del Reportorio sino a los versos del Romance al Infante don Enrique, sin duda el texto poético de Pedro de Escavias que más se asemeja a un testimonio personal. Por su propia iniciativa, sin tener que someterse a la contextualización de una obra de mayor alcance, el poeta dedica al Maestre Enrique un texto de forma mixta, entre loor y planto. Imagina la confesión del Infante después de la batalla de Olmedo (1445) en la que sufrió una herida que causará su muerte. Las circunstancias en las que se suponen pronunciadas sus palabras (in articulo mortis) garantizan que están plenamente conformes con la verdad de los hechos vividos. Tomando al pie de la letra la ficción creada por el poeta, parece, pues, lícito cotejar ese texto con los escritos de otros autores contemporáneos.

Los episodios de la vida del Infante evocados están en conformidad con la ideología caballeresca, la cual sustituye poder y riqueza a cualquier otro valor humano y no se plantea en ningún momento la legitimidad de la posición social de su héroe. Ascendencia, unión matrimonial, gloria, fama conforman la expresión más perfecta de la felicidad que alcanza su cumbre cuando el Infante no encuentra obstáculo, ni siquiera en la voluntad real, para ejercer la plenitud de su caprichosa voluntad:

desta vez me vy señor / muy mayor que ser solia / vyme señor de Toledo / señor dell Andaluzia / yo solo mandaua el rreyno / yo solo me lo rregia / yo solo daua merçedes / aquellos que me plazia.

La imagen del poder no compartido que ejerció el Infante sobre gran parte del reino castellano en los años 1419-1421 es fiel a la realidad. Coincide con los meses en que, al frente de un fuerte partido de aristócratas y procuradores en Cortes, mantuvo al rey secuestrado y a su hermano y principal rival, Juan, alejado del territorio por motivo de su casamiento con la hija y heredera del rey de Navarra; y consiguió que la hermana del rey, Catalina, aceptara casarse con él, aportándole una dote sustanciosa, en particular el señorío de Villena. Ese prodigioso destino destella aún más si se tiene en cuenta que los principales protagonistas de ese episodio de la historia de Castilla apenas había alcanzado los 20 años. Todos eran mozos solteros cuando empezó la guerra intestina, al morir la reina madre en 1418 y, aunque no haya que despreciar la influencia de prelados, nobles y demás letrados que, más cargados en años y más experimentados, les aconsejaban, su actuación lleva el sello de una juventud poco dispuesta a condenar ciertos excesos. El tono que caracteriza esos versos traduce sin duda también el entusiasmo que provocó en el niño Escavias la figura del Infante que, entre sus títulos, ostentaba el de señor de Andújar.

El único obstáculo a esa felicidad es la Fortuna cuya rueda hace alternar períodos gloriosos con otros desastrados, sin más justificación que la fuerza que la anima y a cuyo poder de esencia divina ningún humano puede oponerse.

Prisión del Infante (1422-1425) (

Boluio contra mi su rrueda

Fortuna que no dormia

rreboluiome con mi primo

el rrey don Juan de Castilla

Fizole que me prendiese

avnque non lo mereçia

enbiome preso a Mora

30 vna fortaleza mia

do me touo en grandes fierros

tres annos de dia en dia.

El rrey dAragon mi ermano

como aquel que le dolya

juntara muy grandes gentes

por librarme do yazia

fizole que me soltasse

avnque voluntad no avia

no digo que fue por miedo

40 saluo fue por cortesia.

Fuyme luego para el rrey

donde sus cortes tenia

rreçibiome alegremente

diziendo que me faria

muchas graçias y merçedes

mas que no fecho mavia.

El poeta no exagera: la caída del Infante fue tremenda. Su prisión duró tres largos años. La prisión de un alto personaje del reino, incluso de sangre real, no es excepcional en la historia de Castilla. Algunas terminaron con el soborno del carcelero, pero las hubo también que acabaron con la muerte del detenido. La leyenda se hace eco de uno y otro caso: por una parte, el conde San Díaz, padre de Bernardo del Carpio, por otra, los condes de Castilla Fernán González y Garci Fernández.

Tuvo que ser una prueba cruel para un caballero en edad juvenil estar encerrado en una fortaleza, aunque la mención de los grillos no pase de ser una imagen, separado de su esposa y de sus familiares, sin poder ejercer su voluntad ni dedicarse a las habituales cabalgadas por espacios abiertos. El poeta no dice nada al respecto, en cambio insiste en la duración exacta del encierro: “tres años de dia en dia”. La misma cifra adelanta Diego de Valera: “y fueron libres el Ynfante y el conde de Castañeda depues de aver estado el Infante en fierros tres años en el castillo de Mora” (p. 319).

Una cifra redonda para un espacio de tiempo tan largo llama la atención. Cuando iban a cumplirse los tres años de prisión, la prolongación del cautiverio fue tema de debate entre el rey de Aragón y el de Castilla. Zurita resume el parecer de aquél en estos términos:

Decia al rey [de Castilla] que si aquella prisión se había hecho por corrección, asaz había sido grave y que punzaba. Si era por punición, la larga detención suya en aquella prisión podía ser estimada y atribuida a gran pena.

Según opinión de Alfonso V, prolongar el encierro no se justificaba por el primer motivo ya que la pena sufrida cubría con creces la pena merecida. Ahora, si el rey de Castilla se acogía al segundo, tendría que proclamar que había condenado al Infante a cadena perpetua y asumir las consecuencias.

Diego de Valera parece hacerse el intérprete de una opinión común favorable a la liberación del Infante por haber cumplido la totalidad de su pena, la cual se mide por años. La comparte Escavias en su poema, añadiendo que se cumplió puntualmente sin que faltara un solo día.

En el Reportorio, también insiste en la exacta medida de tiempo abarcado:

E asi pasaron los fechos del rreyno algund tienpo fasta que, a grande ynstançia del Rey don Alfonso de Aragon, ermano del dicho Ynfante, y por escusar escandalos y grandes ynconuinientes que se esperauan, ca, de cada dia, se aparejaua para entrar poderosamente en Castilla con ayuda y esfuerço de otros grandes señores del rreyno que querian y procurauan la deliberaçion del Ynfante don Enrrique, el Rey lo mando soltar en fin de tress años y tres meses y tres dias que auia estado preso en el dicho castillo de Mora.

Aquí la cifra exacta sufre un cambio notable y significativo. Ya no contabiliza un número exacto de años, sino que lo completa con meses y días e incluye la misma unidad de tres para unos y otros, lo que le confiere un valor simbólico mayor al cómputo.

De hecho, la cuenta “tres años, tres meses y tres días” es más conforme con la realidad que la del romance. Los cronistas coinciden en fijar la fecha de la detención el domingo 14 de junio de 1422. Queda alguna duda sobre la de la liberación. El Halconero afirma:

Domingo, a siete dias del mes de octubre, estando el rey de Castilla en Palençuela, mando soltar al Ynfante don Enrique.

Según este testimonio, ciertamente digno de fe ya que Pedro Carrillo de Huete registraba día tras días los hechos que relataba, el 7 de octubre de 1425, habían transcurrido desde el arresto del Infante tres años, tres meses menos siete días. La cuenta no coincide con la del Reportorio, aunque la diferencia no es insalvable.

Conviene recordar que la liberación del Infante intervino después de varias embajadas y conferencias entre los reyes de Castilla y de Aragón y sus enviados que se iniciaron en mayo del año 1424 y concluyeron el 10 de octubre de 1425, fecha en que el Infante recobraría el maestrazgo de Santiago, “todas la villas y lugares, condados y tierras […] que poseía al tiempo de la prisión” además de las rentas que le habían sido secuestradas. Dada la sentencia, firmadas las concordias y jurados los homenajes que los tres reyes (Castilla, Aragón y Navarra) se hicieron mutuamente, el rey de Navarra entregó al Infante a su hermano, el rey de Aragón, en El Campillo viniendo de Agreda, el jueves 18 de octubre, es decir tres años, tres meses y cuatro días después de su detención.

Entre esa cifra y la que proporciona el Reportorio, la diferencia resulta, pues, mínima. Hacerlas coincidir resultaría fácil, por poco que se fijara la liberación al día anterior, en el momento en que el Infante llegó a la línea de Aragón, donde esperaría a que su hermano, el rey de Navarra, que le acompañó en ese viaje, se hubiera reunido con el de Aragón y quedara listo el protocolo de la ceremonia que tendría lugar al día siguiente. No optaré por esa solución, por la sencilla razón de que se perdería el valor simbólico de aquella, que sugiere un pacto entre el Infante y la Fortuna y la atención particular con la que esta se cuida de dotar a Enrique de un destino fuera de lo común, que solo en apariencia queda sometido a una voluntad humana, materializada en unas cifras sin más valor que el literal. La Fortuna se mueve en un campo mágico en el que las cifras cumplen otra misión que la de sumar años.

 

Actuación del Infante en Andalucía (1444)

Fuyme luego para el rrey

donde sus cortes tenia.

90 Mando que fuese a Seuilla

a soltar a don Alonso

de la prisyon do yazia

Leue catorze batallas

de gente mucho guarrnida.

Fuy çercar a Cantillana

quen camino me caya

pusele çiertos engennos

y muy gran vallesteria.

100   En fin de los treynta dias

ya por mia la tenia

saluo quel conde de Niebla

que a Seuilla defendia

puso comigo sus tratos

que la çibdad me daria.

Creyme de sus palabras

por la sangre do venia

no pensando que tal onbre

la verdad quebrantaria.

110   Faltome los juramentos

faltome la pleytessia.

Veinte años después, se produjo en Castilla una situación política muy similar a la que provocó en 1422 la derrota y prisión del Infante Enrique: el rey de Castilla secuestrado por Juan, rey de Navarra, al frente de una coalición de nobles y ciudades y con la ayuda de su hermano, el maestre de Santiago. Con el fin de granjearse un máximo de partidarios en todo el territorio del reino, este se encargó de “traer las ciudades andaluzas a la opinion del rey de Navarra, su hermano e suya”, según fórmula del cronista. Habiéndolo conseguido en Córdoba, se dirigió hacia Sevilla a cuyo mando estaba el conde de Niebla, Juan de Guzmán. De camino, quiso tomar a Cantillana pero no lo consiguió. Alargándose las negociaciones entabladas desde Alcalá de Guadaira con el conde de Niebla y enterado del reforzamiento del partido del rey de Castilla al que se había unido el Príncipe Enrique, desistió de seguir adelante y terminó por reunirse de nuevo con su hermano.

La versión de los acontecimientos contenida en el romance es conforme en líneas generales con la de la crónica real pero la relación se acerca más a la que ofrece la primera Década de Alfonso de Palencia.

Desdeñando la resistencia del joven exiliado de Córdoba Pedro de Aguilar, y de algunos otros que en la tierra de Jaén se le mostraron contrarios, [el Infante Enrique] marchó Guadalquivir abajo para apoderarse por fuerza o por tratos de la villa de Cantillana. Pero no logró su intento, ni vio cumplidas las promesas que (según se dice) le hizo el conde de Niebla y más tarde duque de Medina Sidonia Juan de Guzmán, el cual se convirtió en enemigo cada día más duro, asegurando Sevilla con una fortísima guarnición.

Si la mención de las promesas no cumplidas del conde y el inciso (“según se dice”) delatan una fuente común a los dos textos, el romance aporta algunas precisiones sobre las condiciones del asedio (máquinas y vallesteros) y su duración (un mes) que no se leen en los demás testimonios. Se deduce que Escavias dispuso de una fuente distinta, que muy bien pudo ser oral, como el testimonio de algún actor de la empresa.

miercoles era por mayo. Batalla de Olmedo (1445)

miercoles era por mayo

ya despues del mediodia

quando asomo el rrey don Juan

con su gente bien rregida

con tronpetas y atabales

dando muy gran bozeria

140  su pendon rreal tendido

llamando todos ¡Castilla!

   Mas comol can que con rrauia

de su sennor traua y tyra

salimos a rreçebillo

a los canpos do venia.

   Ovimos la gran batalla

çerca dOlmedo esa villa

do fuemos todos vençidos

por muy gran desdicha mia.

              deo graçias

No suele ser habitual que en un documento histórico se señale el día de la semana en que intervino cierto acontecimiento. En general, solo se menciona el mes y la fecha del día, este en relación con una fiesta del santoral. Citaré a título de ejemplo la inscripción que se lee en el porche de la iglesia de Avon-les-Roches, vecina a Chinon en Turena, ciudad donde vivo:

L’an myl IIIICLXXVI devant Nancy dedans Lorrene fut tué le duc de Borgoigne la vigile de Typhoine

Año 1476 ante Nancy en Lorena fue muerto el duque de Borgonia vigilia de la Epifanía [5 de enero de 1477].

Ese dato es reservado a los eventos que tuvieron un impacto excepcional y quedaron grabados en la memoria del cronista, o porque coincidieron con una fecha notable del calendario, caso del anónimo tourangeau.

La Crónica de Juan II, a la que sigue Diego de Valera en su Crónica abreviada, es la que proporciona la formulación más completa de la fecha de la batalla de Olmedo:

Y el miércoles siguiente que fueron diez y nueve de mayo del año de mil y quatrocientos y quarenta y cinco años, la batalla se dio […] (Edición y estudio de Cristina Moya García, Fundación Universitaria Española, 2009, p. 325).

Al día de la semana (miércoles) añade la fecha precisa (diez y nueve). No será por un prurito de exactitud sino más bien porque el primer acto del episodio relatado, que consistió en un requerimiento que dirigieron al rey los nobles rebeldes, lleva una fecha precisa (El lunes ante de la batalla). Por lo tanto, la fórmula “el miércoles siguiente” debe contextualizarse dentro del proceso cronológico del relato más que como una indicación encargada de aislar el suceso, dotándolo de un valor particular.

Escavias no precisa la fecha del día, asignando así a ese dato un estatuto secundario con respecto al mes. El discurso deja de ser exclusivamente histórico para cobrar una tonalidad más poética, que hoy nos resulta típica del género romanceril y que quizás lo fuera ya en la época en que Escavias compuso su romance:

Por el mes era de mayo

cuando hace la calor …

septiembre de 2026

II. EL CANCIONERO DE OÑATE Y CASTAÑEDA

El Cancionero de Oñate y Castañeda, custodiado en la Houghton Library de la Universidad de Harvard con la signatura Span 97 (HH1 según la normativa de Brian Dutton), es un abultado volumen de 437 folios, el más extenso de los cancioneros manuscritos castellanos del siglo XV. Contiene noventa y dos piezas, algunas de ellas incompletas, de doce autores identificados, más unos pocos fragmentos breves no atribuidos. Esa corta lista de autores queda compensada por el hecho de reunir la plana mayor de los trovadores de los reinados de Juan II y Enrique IV.

En mi Tesis de Tercer Ciclo (1971), estudié los poemas de Pedro de Escavias que cierran el códice y, unos años después, dediqué el primer curso que disfruté en la Casa de Velázquez de Madrid (1976-1977) para establecer una descripción detallada de su contenido que publicaron los Mélanges de esa institución (1978-1980). Hoy, después de publicar su testamento y de llevar a cabo una edición renovada del Reportorio de Príncipes de España, siento la necesidad de volver a la colección poética del andujareño, aprovechando un mejor conocimiento de su personalidad.

El término ‘cancionero’ sirve para designar volúmenes que rara vez responden a una definición única, tanto en su materialidad como en su época de creación o en su contenido. Procuraré usarlo lo menos posible, sustituyéndole el de ‘colección’ e incluso de ‘códice’, según el caso. En cuanto al autor de la colección, – quizás convendría mejor llamarle ‘hazedor’ o ‘artífice’ -, lo designaré el ‘compilador’ o por su apellido, cuando conste que intervino personalmente en la recolección.

 

ÍNDICE DE AUTORES Y OBRAS

FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN, SEÑOR DE BATRES (fols. 1-78r)

            – Tratado de virtudes e viçios (fols. 1r-30r)

            – Poemas religiosos (19 ítems; fols. 30r-43v)

            – Tratado de las quatro virtudes cardinales (fols. 44r-48r)

            – Tratado de los claros varones dEspaña (fols. 48v-73r)

            – Relaçion de la dotrina que fue dada a Sara (fols. 73v-78r)

ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA, MARQUÉS DE SANTILLANA (fols 78v-143r)

            – Ynfierno de amadores (fols. 78v-82v)

            – Comedieta de Ponça (fols. 83r-104r)

            – Tratado de proberbios (fols.104v-115r) [incluido un proemio en prosa]

            – Debate entre Bias y Fortuna (fols. 115v-132r) [incluidos una Carta consolatoria y una Prosa]

            – Doctrinal de priuados (fols. 132v-136r)

            – Otras sobrel mesmo casso (fols. 136v-140r)

            – Loores a la Virgen Maria (fols.140v-141r)

            – Al señor rrey don Alfonso de Portogal (fols.141v-142r)

            – Del señor marqués [Gentyl dueña tal parece] (fols.142v-143r)

JUAN DE MENA

            – Tratado de la coronaçion del señor marques (fols.143v-153v)

            – Debate de la rrazon contra la voluntad (fols.154r-162r)

GÓMEZ MANRIQUE

            – Prosigue esta obra (fols.162r-174v)

ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA, MARQUÉS DE SANTILLANA (fols 78v-143r)

            – Sobre la muerte de don Enrique de Villena (fols. 175r-178r)

            – Del dicho señor marqués [Triunphete de amor] (fols. 178v-179v)

            – Tratado de la batalla que ouieron Venus y Diana (fols. 180r-185r)

JUAN DE MENA

            – [Las Trescientas] (fols. 185v-231v)

            – Coplas de Juan de Mena [El sol clareçia los monte Acayos] (fols. 232r-234v)

            – Otras [El fijo muy claro de Yperion] (fols. 234v-237v)

MARQUÉS DE SANTILLANA Y JUAN DE MENA (fols 238r-238v)

            – Pregunta del señor marqués [Dezid Juan de Mena y mostradme qual]

            – Respuesta de Juan de Mena [En corte gran Febo y en campo Anibal]

            – Pregunta de Juan de Mena [Como quien sube trepando]

            – Respuesta del señor marqués [Vuestro saber cotejando]

[LAGUNA fols. 239r-250v]

COSTANA

            – [acéfalo: Al tienpo que se leuanta] (fols. …-251v)

            – Conjuro de Toscana (sic) (fols. 252r-254r)

JUAN ALVAREZ GATO

            – Coplas al conde de Saldaña [incompleto: fols. 254v…

[LAGUNA fols. 255r-261v]

GÓMEZ MANRIQUE

            – [acéfalo: Defuncion de Garcilaso de la Vega] (fols. 262r-266r)

            – Planto de las virtudes (fols. 266v-279r) [incluida una carta dedicatoria en prosa]

DIEGO DE BURGOS

            – Triunffo del señor marques de Santyllana (fols. 279v-314r)

FRAY ÍÑIGO DE MENDOZA

            – Vita Christi (fols. 314v-345v)

            – [Apéndices a la Vita Christi] (fols. 345v-346v)

[VÁZQUEZ DE PALENCIA]

            – Coplas fechas por vn gentilonbre contra frey Yñigo (fols. 347r-349v)

PEDRO [DIEGO] DE SAN PEDRO

            – Pasion trobada (fols. 350r-372r)

FRAY AMBROSIO MONTESINO

            – Coplas a la Varonica (fols. 372v-380v)

GÓMEZ MANRIQUE

            – Tratado a Diego Arias de Avila (fols. 381r-385v) [incluido un proemio en prosa]

            – Regimiento de Prinçipes (fols. 386r-393v) [incluido un proemio en prosa]

FRAY ÍÑIGO DE MENDOZA

            – Sermon trovado (fols. 395v-400r)

            – Dechado a la reyna (fols. 400r-405r)

[PERO GUILLEN DE SEGOVIA]

            – Salmos penitenciales (fols. 314v-345v) [incluida una carta dedicatoria en prosa]

ANTÓN DE MONTORO

            – Coplas al rey açerca de sus priuados y del condestable Miguel Lucas (fols. 414r-418r)

            – Sobre los seruiçios de Fernando de Villafañe (fols. 418v-421r)

JORGE MANRIQUE

            – Coplas a la muerte del maestre don Rodrigo Manrique su padre (fols. 421v-424v) [incompleto: falta un fol.]

            – [A la Fortuna] (fol. 426r) [acéfalo por la pérdida de un folio]

PEDRO DE ESCAVIAS

            – Coplas y canciones de Pedro dEscauias siendo paje de el Rey y harto mochacho (fols. 426v-431r) [15 poemas]

            – Coplas fechas sobre las deuisiones del rreyno (fols. 431v-434r)

            – Romançe que fizo al señor don Enrique maestre de Santiago (fols. 434v-435v)

            – Coplas dirigidas al condestable don Miguel Lucas criado del señor rrey (fols. 436r-437v) [con glosa en prosa intercalada entre dos coplas] [interrumpidas después de la copla 7].

HISTORIA DEL CÓDICE

En la biblioteca de los Montealegre

La noticia más antigua que se conserva de la existencia y paradero del Cancionero de Oñate se encuentra en el catálogo de la biblioteca de Pedro Núñez de Guzmán, Marqués de Montealegre, redactada por José Maldonado y Pardo en 1677 (cf. bibliografía, Carlos Conde y Víctor Infantes). En el fol. 109r del catálogo, se registra el asiento correspondiente al cancionero en términos idénticos a los que se leen en la hoja de guarda del códice. Nos consta, pues, que permaneció en el fondo de esa casa por lo menos desde esa fecha hasta que la condesa de Castañeda decidiera ofrecerlo en 1902 al director de la Real Academia de la Historia, Francisco Uhagón. Poco antes de morir (1927), éste vendió sus libros al librero Pedro Vindel, entre ellos este códice, que fueron a parar a manos de cierto Ramón Rodríguez y de su esposa, María Bauzá. Muerto su marido, esta y su hijo lo sacaron de España, de donde no debió salir, y fue subastado en Londres en 1959. Lo compró Edwin Binney, coleccionista adinerado además de Profesor de Francés en Harvard, que terminó por cederlo a la Houghton Library de aquella universidad, donde, por fin, desde 1968 pudimos consultarlo directamente o en microfilms Dorothy Severin, Keith Whinnom, Julio Rodríguez Puértolas y yo. Gracias al Hispanic Seminary of Medieval Studies de Madison, los especialistas pueden disfrutar desde 1990 de la excelente transcripción realizada por Fiona Maguire. Hasta aquí lo que se sabe del historial de ese códice y de las condiciones de su transmisión en la época moderna y contemporánea. Para completar ese panorama, conviene remontar el hilo del tiempo hasta llegar al momento en que fue transcrito el códice.

Desconocemos la fecha de su ingreso en el fondo de los Marqueses de Montealegre o de sus antecesores. Sin embargo, disponemos de unos pocos datos que pueden ayudar a fijarla. El primero es una inscripción copiada en el margen alto del folio 361r correspondiente a la transcripción de la Pasion trobada de Diego [‘Pedro’ en el códice] de San Pedro, en letra cursiva que dice: en 20 de sepbre de 1588. Después de la inscripción vienen unos garabatos a modo de rúbrica que no son más que ensayos de pluma, como lo indica el que haya tres más en el margen derecho, así como otra inscripción cortada e ilegible en el margen izquierdo. Se conoce que el amanuense, ocupado quizás en otra tarea, aprovechó los espacios en blanco de esa plana para limpiar su pluma y se le ocurrió estampar esa fecha para conseguirlo. Simpática ocurrencia la suya, que nunca se le podrá agradecer como se merece, pero de no fácil interpretación para nuestro propósito.

No se nos escapa, en efecto, que el 20 de septiembre de 1588 la Armada Invencible conoció el peor momento de su desastre, cuando dos de sus barcos, el San Esteban y el San Marcos, naufragaron y sus marineros fueron presos y ahorcados a los pocos días. Por la razón que fuera, el lector desconocido la estampó en aquel lugar, a pesar de que no tuviera nada que ver con el poema de San Pedro.

En cambio, esa fecha tiene una posible relación con la historia del linaje al que perteneció el códice. Como se sabe, al mando de la expedición de la Invencible estuvo Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia, y los señores de Montealegre entroncan con la casa Guzmán desde el año 1568, cuando Martín de Guzmán, camarero del emperador Fernando I recién fenecido, compró el señorío. Su nieto y homónimo fue el I Marqués de Montealegre. En 1588, el II señor de Montealegre es Ramiro Núnez de Guzmán.

Por si fuera poco, el índice del cancionero viene colmado de poetas pertenecientes a la casa Guzmán o emparentados con ella. A Fernán Pérez de Guzmán, quien inaugura la colección, le acompañan Mendozas, Vegas, Manriques. Especialmente atento a ese parentesco estuvo Gómez Manrique quien, en La defunción de Garcilaso de la Vega, coloca a su héroe dentro del linaje:

Este sin duda bien ha demostrado

en quantos peligros y fechos se vio

venir del linaje daquel que passo

con tanto peligro primero el salado

Un lector atento, quizás el mismo que puso la fecha de 1588, subrayó el final del verso, al recordar sin duda las coplas 1663-1664 del Poema de Alfonso onceno:

E passo por otra parte

Alvar Pérez de Guzmán

vn varón bueno sin arte

a quien todos gran prez dan.

E iva acompañado

de los donzeles braçeros

para pasar el Salado

estos fueron los primeros.

 

Estos datos, aunque escasos, no son de desdeñar porque proyectan una luz insospechada sobre la recepción o transmisión antigua del cancionero al sugerir la posibilidad de que fuera su contenido el que despertara el interés de los que lo adquirieron.

Pedro de Escavias, compilador de la colección

Acerca de la autoría del Cancionero de Oñate y Ca stañeda, en mis anteriores trabajos me he basado en una observación básica que, creo, sigue válida: la coincidencia entre la trayectoria vital de Pedro de Escavias y la ordenación de la colección.

La identificación de Pedro de Escavias como compilador del cancionero que defendí desde el principio no ha sido discutida y la edición del Reportorio de Príncipes de España me ha aportado nuevos datos que la confirman, por lo que no veo inconveniente en mantenerla hoy.

El argumento más evidente a favor de ese compilador reside en la antología de sus propias obras que figura al final de la colección, cuyo texto fue revisado en vista a su incorporación en ese lugar, como lo demuestra un cotejo con las versiones de algunos de esos poemas conservadas en otras colecciones. Aún si hubiera alguna duda sobre la identidad del iniciador de ésta, no se puede negar que el códice perteneció a Escavias. Tampoco debe sorprendernos que este acometiera la ambiciosa empresa de formar un volumen de esa extensión porque, en la misma época, mandó constituir el códice del Reportorio de Prinçipes de España de tamaño similar que contiene al final una línea de su puño y letra. Incluso, los dos códices presentan analogías materiales, siendo la principal el uso de una tinta que tiende a corroer el papel.

La vocación temprana de Pedro de Escavias por la creación poética viene avalada por la rúbrica que colocó a su antología: Coplas y canciones de Pedro dEscauias siendo paje de el Rey y harto mochacho. Esa afición se desarrolla dentro de un contexto geográfico y cultural preciso, la corte de Juan II.

La protección de Enrique de Aragón, señor de la villa de Andújar, donde residían los Escavias, debió ser decisiva para que se le acogiera en la corte como paje, lo que le facilitó el contacto con algunos caballeros eminentes, entre ellos Fernán Pérez de Guzmán, partidario del Infante hasta su desastrada muerte (1445). Así se explica que Escavias dedicara una de sus obras primerizas, las Coplas que fizo sobre la muerte del conde de Mayorga (1437), a Pedro de Guzmán, hijo de Fernán Pérez, su sucesor en el señorío de Batres y – detalle importante – futuro regidor perpetuo de Toledo. Más significativo aún: la biblioteca del señor de Batres conservaba, bajo el título de Alabanzas de España, un ejemplar de la traducción castellana del De Praeconiis Hispaniae de Juan Gil de Zamora, obra de muy escasa circulación en su versión romance que Escavias manejó cuando redactó su Reportorio. Otro posible compañero de aquella estancia en la corte pudo ser Gómez Manrique, su exacto contemporáneo. La frecuentación de esos personajes se hace notar, como se verá, en el contenido de la colección.

Se ignora la fecha de nacimiento de Pedro de Escavias y la de su muerte. En cambio, se conserva el testamento que firmó en 1485 así como el codicilo de 1488. En los años ochenta, sigue ostentando el título de alcaide, pero ha cedido los demás cargos a su hijo y solo actúa de representante de la ciudad en actos solemnes como la entrada de los reyes, Isabel en 1484 y Fernando en 1485. Se supone que nació en torno a 1415 y murió hacia 1490. El 2 de septiembre de 1450 por decisión del Príncipe Enrique, a quien el rey había concedido el señorío del reino de Jaén, se le entrega la alcaidía de la fortaleza de Andújar, lo que asegura que, en aquella fecha y con toda probabilidad unos años antes, había dejado la corte.

El índice de la colección asocia diversos criterios de selección, siendo el más constante la prioridad concedida a la cronología de las obras que coincide con el momento de la recogida de los textos. Existen otros criterios ocasionales como asociar a autores contemporáneos o reunir piezas que comparten una misma temática, pero no influyen decisivamente en el proyecto de partida. Estas características resaltan la originalidad de este cancionero, comparado con las colecciones manuscritas o impresas finiseculares o de principios del siglo XVI, al conservar vivo el contexto cultural, social y político que acompaña la recepción de esas obras por los contemporáneos. Esa información es especialmente útil tratándose de obras controvertidas.

PROCESO CREATIVO DE LA COLECCIÓN

Este hilo cronológico que estructura la ordenación de los poemas permite reconstruir el proceso creativo de la colección, que la unidad material del volumen tiende a ocultar. El códice fue formándose acopiando series constituidas en circunstancias y épocas distintas que debían formar inicialmente cartapacios independientes, los cuales han sido transcritos in fine uno tras otro por un copista encargado de reunirlos en un solo volumen, bajo la autoridad de Pedro de Escavias o de alguna persona designada por él para esa tarea.

REINADO DE JUAN II

Obras de Fernán Pérez de Guzmán

Los 43 primeros folios del códice contienen, como lo señala el título general, una selección de poesías de Fernán Pérez de Guzmán que este comunicó a Alvar García de Santa María:

tratado de virtudes & viçios & ygnos rymados fecho & compuesto por fernan perez de guzman señor de Batres y por el enviado aluar garçia de santa marya.

El título fue mal interpretado por los primeros lectores del códice que confundieron al destinatario de esos poemas con un autor de la colección, a pesar de que la formulación describe el contenido de este conjunto con una claridad meridiana: además del tratado de virtudes & viçios, este se compone de 18 poemas religiosos, entre ellos siete himnos (ynos), más el vltilogo, una octava que sirve de colofón al conjunto. En el vltilogo Pérez de Guzmán se refiere de nuevo a Alvar García como destinatario (ved aquí la rrelaçion / muy buen onbre Aluar Garçia).

1) De lores diuinos a los maytines (Como al principio del dia);

2) Siguense los çien trinales a loor de Nuestra Señora (*A la tu clara eçelençia);

3) *A la singularydad virginal de Nuestra Señora (Si yo mi ynsufiçiençia);

4) *Ino a la virtud de Nuestra Señora (O Maria luz del dia);

5) O[t]ras a Nuestra Señora (O secra esposa del Espiritu santo);

6) Yno a Nuestra Señora enviado a prior de Lupiana frey Esteuan de Leon (La flor que de eterna lavde;

7) Mostrate ese matrem (Muestrate Virgen ser madre);

8) Yno a santa Isabel de Vngria (Graçias a Santa Maria);

9) A san Evgenio (De las Españas luzero);

10) Yno al algel (sic) san Migel (Prinçipe muy eçelente);

11 Yno a san Gil (Hatenas mas glorioso);

12 Yno a san Lucas (Animal del quall nos canta);

13) Yno a santa Leocadia (Defensora & patrona);

14) Ffin de loores de ssantos (Como fizo Bonifaçio);

15) Te deum laudamus (A Ti alabamos Dios);

16) Pater noster qui es yn çelis / sanctiffiçetur nomen tuum (Padre nuestro que estas);

17) Aue Maria (Ave preçiosa Maria);

18) Oraçion a Nuestra Señora en ffin de toda la obra (Virgen preçiosa cuyo dulce aspecto);

19) Vltilogo (De la gruesa ynvençion mya).

Los poemas religiosos fueron ampliamente difundidos y se conservan con el mismo título general en numerosas colecciones manuscritas del siglo XV sin apenas más variantes que las que generan los descuidos de los copistas (MM1, MN6, MN10b, NH4, PN5, PN6, PN9). En cambio, la versión de HH1 presenta variantes significativas con respecto a las demás.

La serie viene introducida por un poema inaugural (De lores a la Virgen María) con una rúbrica distinta a la de las otras versiones (Ynos a los gozos de Nuestra Señora). Añade también una copla de introducción a las çien trinales, que no existe en ninguna de las series conservadas y no queda registrada tampoco como poema aislado en el Catálogo de Brian Dutton:

A la tu clara eçelençia

que todo defeto sobra

suplico que esta mi obra

yndina de tu persona

en estilo y eloquençia

material & grosera

sea dulce y placentera

a la tu magnifiçençia.

Otra diferencia significativa concierne la ordenación de los poemas: el Yno al arcangel san Miguel viene colocado en posición retrasada, entre el Yno a Leocadia y la Fin de loores de santos en otras. Por otra parte, Los çien trinales y O Maria luz del dia faltan en algunas series.

Este cancionero es el que ofrece la transcripción más completa y mejor ordenada de todas. No falta un poema, están agrupados de manera lógica – a la Virgen, a los santos, oraciones -, y las rúbricas están reproducidas con exactitud. Se deduce que el compilador pudo consultar un ejemplar del conjunto dedicado a Alvar García de Santa María después que lo completara y revisara el propio Pérez de Guzmán sin modificar el título general. Pudo copiar la serie desde el original que se supone estaría en manos de familiares del señor de Batres. Añádase que la consiguió tempranamente, si nos fijamos en el uso del signo tironiano ‘e’ (z), para representar la copulativa. Escavias dejará de usarlo a finales de los años 1450 sustituyéndole la forma moderna, según consta en el Reportorio de Principes de España. Esa nueva grafía se generaliza en el cancionero después del vltilogo. Esto significa que corrió cierto lapso de tiempo entre la recogida de la primera serie de obras de Pérez de Guzmán y la de las siguientes.

A continuación, vienen el Tratado de las quatro virtudes cardinales (5 fols.), el Tratado de los claros varones (24 fols.) y la Relaçion de la dotrina que dieron a Sarra (5 fols.). El primero suele venir en los cancioneros justo después del vltilogo, por lo que no hay que descartar que formara parta del cartapacio que Pérez de Guzmán envió a Alvar García, aunque no lo mencionara en el título general. En cambio, el Tratado de los claros varones y la Dotrina que dieron a Sara no aparecen juntos en los cancioneros ni tampoco incluidos en una serie de obras de Pérez de Guzmán.

Conviene señalar que la transcripción del Tratado de la quatro virtudes costó a los copistas más trabajo que la del primer cartapacio, hasta el extremo de que tuvieron que desistir de reproducir algunas coplas repletas de nombres de sabios antiguos que no supieron descifrar, debida quizás a su ignorancia pero posiblemente también al estado de conservación de su modelo (fols. 45-46). De ello se deduce que la copia de este tratado y, por vía de consecuencia, de los otros dos fue llevada a cabo en época posterior a la del conjunto definido por el título general y en condiciones menos favorables, cuando Escavias ya había dejado la corte.

Como la ordenación del final de la serie no se repite en otras colecciones resulta natural atribuirla al compilador. Este sembró alguno que otro guijarro blanco para señalar su presencia, como en la copla 307 del Tratado de los claros varones de España, donde sustituye el nombre de Andújar al de Cádiz entre las ciudades que, según una muy discutible cronología y en detrimento de la regularidad silábica, se ofrecieron al rey cristiano conquistador de Sevilla:

eçija vbeda y baeça / jahen andujar y carmona / miembros daquesta cabeça / y perlas desta corona / vyendo mansa tal leona / y siguiendo sus pisadas / vinieron manos juntadas / diciendo ‘señor perdona’.

La Dotrina que dieron a Sara es una contribución importante del cancionero para un exacto conocimiento de las obras tardías de Pérez de Guzmán. Los editores suelen elegir esta versión como texto base para su edición comparada del texto, a pesar de no considerarla como la copia más antigua, ya que, siguiendo una opinión que se ha hecho común, se suele fijar en 1485. Esta datación es muy discutible al confundir el supuesto momento en que se copia el códice y se insertan las últimas obras que contiene, concretamente las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique, con los distintos momentos de la recogida de textos, algunos muy anteriores a esa fecha. Si se acepta la hipótesis de que las primeras obras de Pérez de Guzmán fueron recogidas cuando el joven Escavias seguía de paje en la corte, es decir con seguridad antes del año 1450, no tardaría 35 años para compilar las poesías que cierran la serie reservada a ese autor, sino que pudo seguir beneficiando de la ayuda de los familiares de Pérez de Guzmán para completar una colección que, en ese momento de la formación del cancionero, no parece tener más objeto que reunir la obra completa del señor de Batres segunda manera.

Así constituido, este conjunto de poemas equivale al corpus poético completo de la segunda época de Fernán Pérez. Además, da la pauta del proyecto del compilador que quiso privilegiar las obras compuestas o difundidas en el momento en que estaba en condiciones de captarlas, en detrimento de las de épocas pasadas, práctica que mantuvo en toda la colección. Quizás sin quererlo, se hace así intérprete el compilador de la voluntad de Fernán Pérez preocupado en proporcionar una imagen de él como poeta distinta de la que las obras anteriores habían contribuido a dibujar. Así se explica que, en esta selección, no quepa ninguna de las obras que figuran en el Cancionero de Baena.

Obras de Santillana

En aquellos años (finales de los 50), Escavias seguía disfrutando de un acceso facilitado a los escritos no solo de Fernán Pérez sino también de los otros dos poetas mayores del reinado de Juan II, el marqués de Santillana y Juan de Mena. El espacio (fols. 78-238) que les dedica duplica sobradamente el que ocupan los poemas de Pérez de Guzmán y queda repartido equitativamente entre los dos, si bien el número de poemas de Santillana sobrepasa el de Mena.

Son 12 los poemas del marqués de Santillana que reproduce este cancionero, ordenados en dos series separadas por 4 poemas de Mena:

            Primera serie

1) Ynfierno de amadores;

2) Comedieta de Ponça

3) Tratado de proverbios [con un proemio en prosa];

4) Debate entre Bias y la Ffortuna, [precedido de una Carta consolatoria y de una Yntroduçion];

5) Dotrinal de priuados;

6) Otros sobrel mesmo casso;

7) Loores a la Virgen Maria;

8) Al señor rrey don Alfonso de Portogal;

9) Gentyl dueña tal parece.

            Segunda serie

10) Sobre la muerte de don Enrique de Villena;

11) Triunphete de amor;

12) Tratado de la batalla que ovieron Venus y Diana (El sueño)

            Contribución de Gómez Manrique

Para conocer cómo esa selección de poemas del marqués pudo llegar a Escavias en su lejana Andújar, conviene no olvidar que los propios autores solían favorecer la circulación de sus obras, como lo hizo Pérez de Guzmán con la que destinó a Alvar García. Santillana siguió ese ejemplo, ofreciendo una a Violante de Prades (1443-1444) y otra al condestable don Pedro de Portugal (entre 1445 y 1449). Esas selecciones, tanto más preciosas cuanto que las había ordenado el propio poeta, fueron adorno de las librerías de sus destinatarios, ambos no castellanos, pero pudieron ser objeto también de una difusión dentro del reino de Castilla a destinación de otros poetas, máxime si eran parientes del marqués.

Así Gómez Manrique, deseoso “de auer de vuestras obras en vn cançionero / siquiera por ser dellas pregonero / puesto le sea pequeño fauor”, solicitó y obtuvo de su tío la selección que parece coincidir con el MS 2655 de la Biblioteca universitaria de Salamanca (SA8, según la clasificación de Dutton), tan pulcramente editada por Pedro Cátedra y Javier Coco Senande. Es dudoso que el contenido de la selección solicitada por Gómez Manrique no saliera de la librería del toledano porque, conociendo la relación privilegiada de éste con el marqués de Santillana, no faltarían quienes le pidieran algunos poemas de su tío. En quien recayó la elección de los poemas, no lo sabemos, pero se supone que principalmente en Gómez Manrique, aunque no haya que excluir que ciertos corresponsales del toledano, al tanto de la obra del maestro, pidieran obras precisas o, en todo caso, privilegiaran las más recientes si ya tenían una colección de las anteriores.

Para certificarlo, un método apropiado consiste en cotejar la lista de los poemas recibidos con el índice del posible códice de partida. Entre las colecciones manuscritas que más coincidencias presentan con la selección del de Oñate y Castañeda, se cuentan el códice de Salamanca (SA8) y el Ms 3677 de la BNM (MN8). Los 9 poemas y sus piezas liminares figuran en los dos códices: el Ynfierno de amadores y Gentil dueña tal parece entre los primeros, respectivamente séptimo y onceno en SA8 y octavo y doceno en MN8, seguidos de cerca por la Comedieta de Ponça, décimo sexto y décimo noveno. Existe otra mini serie compuesta de los Loores a la Virgen Maria (57 y 81), Al señor rrey don Alfonso de Portugal (58 y 82) y el Doctrinal de privados (60 y 83).

Esta ordenación, aunque fragmentaria, evoca una lista referencial establecida a medida de que iba enriqueciéndose la producción del marqués, la cual fue adaptándose para integrar las nuevas creaciones, pero sin dejar de conservar ciertas miniseries que el uso había impuesto. Así se entiende que los dos poemas que ocupan lugares muy diferentes en los dos códices, el Tratado de proverbios (19 y 45) y el Bias y la Ffortuna (59 y 44) no quedan aislados sino que forman miniseries nuevas: el Tratado de proverbios con la Comedieta de Ponça en SA8 (19) y con el Bías contra Fortuna en MN8.

Otro criterio clasificador de la selección del cancionero de Oñate y Castañeda es el cronológico. Si bien se manifiesta también a trechos dentro de la selección de las obras de Santillana, responde sobre todo a una preocupación del compilador que lo ha elegido para ordenar la totalidad del volumen. Admite una sola excepción en esa parte, las coplas Al señor rrey don Alfonso de Portugal de 1447 que vienen a continuación de tres poemas entre los últimos que compuso Santillana. Ese fallo puede que sea solo aparente ya que, como queda dicho, tanto en SA8 como en MNl las coplas al rrey de Portugal forman una miniserie con los Loores a la Virgen Maria, quizás explicable porque Santillana dedicó este a la imagen de Guadalupe con ocasión de una romería que hizo al santuario y la proximidad con el reino de Portugal pudo inspirarle la idea de asociar los dos poemas.

            Coplas inéditas contra Alvaro de Luna

Los últimos poemas de Santillana recogidos son el Doctrinal de privados y su continuación (Otras sobre el mismo casso) posteriores a la muerte de Alvaro de Luna (1452). Esta serie está copiada muy cuidadosamente, sin ahorrar espacio entre los poemas y menos aún entre los poetas, reservando, salvo escasas excepciones, a cada rúbrica una plana nueva, práctica que no se mantiene a continuación (cf. Planto de las virtudes fol. 268r y las coplas añadidas al final de la Vita Christi de Fray Iñigo de Mendoza, fol. 345 y siguientes).

En regla general, el compilador presta una atención especial a la redacción de las rúbricas de los poemas sin ahorrar detalles sobre las circunstancias de la composición ni sobre los títulos de los destinatarios o personajes mencionados. A esa norma obedece la rúbrica del Doctrinal, que resulta ser la más extensa de todas las versiones conocidas, ya que no omite ningún episodio del trágico fin del personaje (“prisión y muerte”) ni sus títulos principales (maestre de Santiago y condestable de Castilla):

Doctrinal de priuados ordenado por el dicho señor marques sobre la prisión y muerte de don aluaro de luna maestre de Santiago y condesstable de Casstilla.

Se deduce de ello que ha sido redactada precisamente para ser incorporada en esta colección.

En cambio, la rúbrica del poema inédito sobre el mismo tema es muy breve:

Otras del dicho señor marques sobrel mesmo casso.

La formulación no deja de ser vaga y no permite precisar si estas coplas fueron redactadas antes o después del Doctrinal, aunque se transcriban después. Rafael Lapesa sostenía que se trata de un texto redactado anteriormente, en el espacio de tiempo que medió entre la condena y la ejecución de Alvaro de Luna y que, una vez cumplida la sentencia, fue juzgado obsoleto. Esto explica quizás por qué no figura “en los códices más autorizados” pero no impide que llegara a difundirse a pesar de ello, como lo demuestra la versión contenida en este cancionero. El compilador juzgó personalmente que estas coplas merecían darse a conocer, por ser la obra de un poeta admirado, referirse a un acontecimiento sobresaliente de la historia del reino o cualquier otro motivo.

El debate no se limita a esos dos textos inspirados a Santillana por la caída del privado de Juan II. Habría que añadir el Favor de Hercules contra Fortuna, breve decir que sí parece corresponder a esa definición temporal señalada por Lapesa, entre juicio y ejecución, según los términos de la finida:

Sin mas dilaçion la bestia dañosa

sea afogada sin aver perdón

e non le aproueche tornarse en vision

de syerpe nin toro por arte infintosa.

El poeta anima al rey a que cumpla la sentencia, aunque le cueste tanto como le costaron a Hércules realizar sus trabajos, temeroso de que las intrigas palaciegas le hicieran retroceder, como ocurrió en otros momentos de su reinado.

Si llegó a conocer Escavias los tres poemas y optó por renunciar a uno de ellos, difícil es imaginar que descartara al Doctrinal, fingida y póstuma confesión de gran fuerza dramática puesta en boca del condenado, compuesta y ampliamente difundida cuando ya la tragedia se había cumplido. En cambio, es muy posible que decidiera no reproducir uno de los dos poemas redactados en el calor de los acontecimientos, lo que le animó a elegir el que le pareció más ambicioso por su extensión y su variedad formal.

Se sospecha que las coplas inéditas tuvieron una carrera distinta a la de los otros poemas antes de ser incorporadas en el cancionero y que no formaban parte de la selección previa de la que las extrajo el compilador de Oñate y Castañeda. La rúbrica lo dice a las claras (Otras sobrel mesmo casso). Esta proporciona  un mínimo de información acerca de los escritos de Santillana inspirados por el juicio de Alvaro de Luna y fue añadida por el mismo compilador en el momento de colocar el poema en el sitio que ocupa.

La conclusión de esas otras coplas nos señala una pista a la hora de suponer cómo Escavias consiguió un ejemplar. Este poema en forma de epístola tuvo que haber llegado a los destinatarios designados, el rey, la reina y el Príncipe. Pues bien, Escavias estaba en relación estrecha con el Príncipe, quien acabada de concederle (1450) la alcaidía de Andújar, villa de la que el futuro Enrique IV era señor, como de todo el obispado de Jaén. Escavias recibiría una copia del original como otros caballeros familiares de don Enrique y, con el mismo fervor que conservó muchos papeles de la corte, como lo proclama en su testamento, más aún por tratarse de uno de los primeros emitidos, lo transcribió entre las obras del marqués de Santillana. De ese modo se explicarían las anomalías ya señaladas que presenta ese poema dentro de la colección.

En cuanto a Gentil dueña, si queda tan retrasada en la selección con relación con los otros dos códices, será por iniciativa de Escavias que echaría de menos un ejemplo de esos decires líricos que habría descubierto en su época de paje en la corte. El mismo Santillana no desdeñaba colocar, ya en edad avanzada, algunos de ellos en las selecciones que iba repartiendo, como la que recibió Gómez Manrique. Si su inserción en el cancionero se debe al andujareño, no cabe descartar que haya podido consultarlo directamente en el códice de Toledo.

            Segunda serie

Enrrique de Villena 143

decires narrativos menores

            Triunphete de amor

            El sueño

Sorprende ver colocados fuera de la selección de las obras de Santillana a estos tres poemas que no faltan al principio de SA8 y MN8. Más aún si se considera que podían figurar en la selección anterior sin apenas modificar la ordenación de las piezas allí recogidas ya que el lugar de los dos primeros en los dos códices se sitúa entre el Ynfierno de amadores y la Comedieta de Ponça. En cuanto al Sueño, obra gemela del Ynfierno de enamorados, suele precederlo en los cancioneros. Es muy posible que ese cambio se debiera a un accidente en el manejo de los documentos que el compilador enmendó posteriormente. Pudo contribuir a ello la tentación de colocar el Tratado de la coronaçion justo después de las obras del marqués, y esa inserción fue prolongada indebidamente por la del Debate de la rrazon contra la voluntad e hizo perder momentáneamente de vista el hilo predefinido.

Obras de Mena

Los poemas de Mena vienen en dos grupos separados por esos tres poemas de Santillana: primero el Tratado de la coronaçion del señor marques y el Debate de la rrazon contra la voluntad; luego las Tresçientas y dos decires sin título, El sol clarecía los montes acayos y El fijo muy claro de Yperion. El Tratado es una de sus obras primerizas, compuesta en 1438 para celebrar la toma de Huelma por el marqués y puede considerarse tanto o más como una prolongación de la obra de Santillana que como una creación exclusiva de Mena. Viene aquí sin el largo y erudito comentario que le añadió el poeta en fecha desconocida para aclarar las referencias a la mitología y a la Antigüedad. La que reproduce Escavias es la versión primitiva del poema, aunque es dudoso que la consiguiera en fecha temprana, porque el que viene a continuación (Debate de la rrazon contra la voluntad), Mena lo compuso al final de su vida y no llegó a concluirlo. De las continuaciones que tuvo este poema inacabado, Escavias reproduce la de Gómez Manrique y no la de Pero Guillén ni la de fray Jerónimo de Olivares, motivo suficiente para suponer que fue aquel quien le envió esta creación suya reciente. Lo confirma el que la rúbrica sea idéntica a la que se lee en los cancioneros de las obras de Gómez Manrique (MN6 y MP3) y radicalmente distinta de otra versión muy difundida: Coplas de los siete pecados mortales.

La presencia de las Trescientas no necesita explicación, sino que demuestra cuán ambicioso era el proyecto de Escavias que no se amedrentó ante la extensión de algunos de los poemas que merecieron sus favores compilatorios.

Los dos decires, El sol clarecía los montes acayos y El fijo muy claro de Yperion, tuvieron escasa difusión, ya que se conservan solo en el Cancionero de Herberay des Essarts (LB2) y en el de Módena, probable copia de ese. Allí aparecen juntos también y sin rúbrica destinada a dar a conocer en qué condiciones se compusieron, como si estuvieran destinados a un público limitado, aficionado a la erudición mitológica y a la invención formal, que no necesitaba glosa explicativa. Esas similitudes acentúan el parecido formal entre ambos. Alternan dos estructuras estróficas, una copla de dodecasílabos dedicada a ejemplos mitológicos con una de octosílabos, de lamentación amorosa, adornado con alguna que otra figura retórica como, en El sol clarecía los montes acayos, la duplicación de la palabra-rima del verso f al principio del verso siguiente (pensé / pensé; sentir / sentir; grado / grado; etc.).

La presencia de esos dos poemas en la brevísima selección de poesías de Juan de Mena incluidas en el cancionero delata la afición del compilador por la invención formal.

Conclusión

Las obras de los dos poetas no tienen el mismo estatuto en la colección. Las de Santillana ofrecen una muestra representativa de su obra, lo que no pueden pretender las pocas obras de Mena aquí reunidas, colocadas en cierta medida, como lo anuncia la primera (Tratado de la coronación), bajo el patrocinio del marqués. Los pocos poemas añadidos denuncian la ambición menor de esa selección comparada a la del marqués. No excluyo que la intención inicial del compilador quedara truncada por el transcurrir del tiempo o la dificultad por conseguir los textos. Sospecho que la familiaridad que tuvo Escavias con la familia Guzmán o la del marqués, que tanto facilitó su tarea de compilador, no haya tenido equivalente en el caso de Mena.

Con todo, sería injusto sospechar en el andujareño una falta de interés por la obra de este, como lo demuestra el que haya reproducido las Trescientas. Igualmente, los dos decires finales traducen el mismo interés por celebrar un aspecto poco conocido de la obra del poeta. Por fin, la breve serie de preguntas y respuestas, que no parece interrumpida a pesar de la pérdida material de los folios siguientes (239-250), dice a las claras que Escavias asociaba estrechamente a Santillana y a Mena en su admiración.

Costana, Juan Alvarez Gato

Entre el fol. 238 y el 262 se observan dos lagunas notables en el códice, una de 12 folios (fols. 239 a 250), y otra de 7 folios (fols. 255 a 261) después de la reanudación del texto en 4 folios (251-254). Estos folios han sido extraídos del códice provocando un salto en la numeración. Parte de esas pérdidas puede compensarse recomponiendo los fragmentos de los poemas mutilados.

            Primera laguna

– La serie de Preguntas y respuestas intercambiadas por Santillana y Mena se acaba con la segunda en la columna b del folio 238v. Es muy dudoso que esa serie se prolongara por el blanco que quedó libre al final de la columna, en el que cabía perfectamente la rúbrica de una nueva pregunta. Por consiguiente, no descarto que la interrupción al final del folio coincida con el final de la serie.

– Del poema acéfalo de Costana De la afiçion y el deseo y la esperança el códice conserva cuatro décimas más 4 coplas de pie quebrado de 16 versos incluida una finida, que ocupan la totalidad del folio 251. Resulta arriesgado postular la extensión de lo que antecedía, por las notables divergencias formales que ofrecen las versiones conservadas de ese poema. Lo que sí se puede afirmar es que lo que se perdió del inicio del poema de Castana dista mucho de poder rellenar los 12 folios que faltan. Por consiguiente, otros textos cabrían en esa laguna.

            Segunda laguna

– De las coplas al conde de Saldaña de Juan Alvarez Gato, la colección no reproduce más que las 4 primeras coplas que ocupan el folio 254v entero. Las dos que faltan para completar el poema corresponderían a una columna del folio siguiente.

– El texto se reanuda con la segunda redondilla de la copla 7 de la Defuncion de Garçilaso de la Vega de Gómez Manrique. A continuación, la disposición del texto consiste en 3 coplas y media en cada plana, lo que significa que la extensión de lo que se perdió corresponde a un folio entero, el 261. Quedan, pues, en total por lo menos 5 folios de contenido ignorado.

Sería ilusorio pretender conocer el contenido de lagunas tan extensas, sin embargo, los poemas que se han conservado en medio de esa laguna, así como los que retoman el hilo de la colección después de esa interrupción pueden ser un indicio útil para conocer a través de qué avatares se fue constituyendo el códice.

Mi opinión es que la pérdida de los textos transcritos entre el final de la parte dedicada a Santillana y Mena y la que inaugura Gómez Manrique no fue solo un accidente, sino que formaban un conjunto que el compilador juzgó útil al principio para su proyecto pero que, más adelante, no le convenció y optó por descartarlo. Por lo que se puede juzgar por el contenido de los fragmentos conservados, esa serie contrasta en la temática con la anterior y, más significativo aún, quizás también con la de las obras que iban a completar la colección. Es un cambio de rumbo sorprendente y posiblemente forzado, por poco que la selección fuera establecida no por un solo compilador sino por varios.

De esas piezas se reproduce íntegro el Conjuro de Costana, único poema de ese conjunto que el compilador quiso conservar definitivamente en su colección. Así cobra sentido el que, de la pieza que precede el Conjuro, se conserve solo la cara del folio recto anterior al poema de Costana que empieza en el verso del folio.

Un detalle codicológico interesante aboga por esa hipótesis. Ese fragmento final del poema de Costana viene numerado iiii en el recto, en contra de la norma del códice en el que la foliación aparece en el verso. La cifra indicada corresponde a una numeración particular de este poema, ya que las 19 coplas iniciales, de extensión variada pero inferior a la de las finales, podían caber en tres folios. Este dato remite sin duda a una etapa previa a la formación del volumen, cuando el copista iba transcribiendo los documentos originales en vista a incorporarlos en el volumen definitivo.

En resumidas cuentas, esas dos lagunas hubieran podido confundirse en una sola, de cuya existencia no nos hubiéramos enterado excepto por la interrupción en la foliación del códice, si al compilador no se le hubiera ocurrido salvar el poema de Costana. Este hecho aporta cierta luz sobre su modo de actuar a la hora de fijar definitivamente su colección.

Tanta importancia concedida al Conjuro de Costana confiere a ese poema un carácter excepcional, al que concurre también la enigmática identidad del autor, que hoy sigue siendo incierta. Bien podría servir para identificarlo el lugar en que el compilador lo coloca en esta colección, tan atento a          no interrumpir el hilo cronológico de las piezas que va incorporando. Si esta pertenece a los últimos años del reinado de Juan II o a los primeros del de Enrique IV, como las que lo rodean, difícil será atribuir su composición al que fue colegial de San Bartolomé en 1477, aparte de que habría que prestar al famoso teólogo salmantino unos antecedentes que cuadran mal con la personalidad que manifestó a lo largo de su carrera. Me temo que el enigma siga en pie. Por otra parte, las versiones del poema que se han conservado difieren de tal modo que sería ilusorio querer unificarlas.

Gómez Manrique, Diego de Burgos

El curso del cancionero vuelve a un cauce menos fantasioso después de ese accidentado paréntesis. Recobra un criterio temático de fácil interpretación, si bien distinto del criterio de la autoría que domina en los 278 primeros folios (obras de Pérez de Guzmán, Santillana y Mena). Los tres poemas, aunque de autores distintos, son otros tantos loores a ilustres personajes de la alta aristocracia que se ilustraron en las letras y no es arriesgado suponer que el compilador los reunió por ese motivo.

No creo disparatado asociar a los dos homenajes al marqués de Santillana compuestos por Gómez Manrique y Diego de Burgos el que aquel dedicó a la memoria de Enrique de Villena, a pesar de la distancia cronológica que separa la fecha de las dos muertes (1434 para Villena, 1455 para Santillana) y de que aquel se conserva acéfalo. Le faltan la rúbrica y las seis primeras coplas más la mitad de la séptima, es decir un folio entero. Esa pérdida pudo ser accidental y, de todos modos, representa solo la quinta parte de la totalidad del poema. Sin embargo, conviene señalar que el homenaje a Villena carece de la función estructuradora que el compilador ha destinado a los dos últimos poemas, encargándoles de concluir el corpus de obras creadas bajo el reinado de Juan II.

REINADO DE ENRIQUE IV

Se abre una nueva serie con obras de poetas del reinado de Enrique IV. La inaugura la Vita Christi de fray Íñigo de Mendoza y la concluyen dos poemas de Antón Montoro en alabanza a dos privados del rey, Miguel Lucas de Iranzo y Fernando de Villafañe. Dentro de este conjunto, se observan ciertos indicios de un proceso de formación menos unívoco, ya que la temática religiosa mayoritaria (Vita Christi, la Pasión trobada de Diego de San Pedro, las Coplas a la Varonica de fray Ambrosio Montesino, el Sermón trovado de fray Íñigo y los Salmos penitenciales de Pero Guillén de Segovia) alterna con la política (Tratado a Diego Arias de Ávila, Regimiento de Prinçipes y los dos poemas de Montoro).

Fray Íñigo de Mendoza, Vázquez de Palencia y la Vita Christi

De todas las versiones de las Coplas de la Vita Christi esta fue asequible tardíamente y grande fue la sorpresa de los que pudieron consultarla al constatar las numerosas e interesantes diferencias – no solo variantes textuales -, que presentaba con relación con los otros códices y con las ediciones tempranas. De acuerdo con el editor de las obras de fray Íñigo, Julio Rodríguez Puértolas, me convencí de que se trataba de una primera redacción de la obra que se podía fechar en los años 1467-1468. Esa fecha se deduce del extenso pasaje dedicado a Pedro Girón, maestre de Calatrava, que acababa de morir (2 de mayo de 1466). Incluso, nace la sospecha de que la redacción no estaba del todo ultimada cuando la recibió Escavias. En efecto, no está concluida, ya que fray Íñigo anuncia en la antepenúltima copla que, después de la matanza de los Inocentes, piensa proseguir narrando la salida a Egipto:

que pongo ffin a tu estoria [se dirige al rey Herodes]

por torrnarme con mi escrito

para la tierra de Egipto

tras el Señor de la gloria.

En cuanto a la última copla, viene precedida de la oración de doña Juana y parece más bien ser pensada como conclusión provisional que como colofón.

Las estrofas que prolongan la Vita Christi – lo que ha de tener el frayle, la muerte con los estados grandes, contra luxurias, contra las rriquezas, da esfuerço a la virtud fatigada– , también de fray Íñigo, no tienen título y su versificación no las distingue de las anteriores; además concluyen con el deo gracias que indica el final de toda la obra. De ahí que sea legítimo pensar que Escavias las recibió unidas en un cuaderno único y que no se le ocurrió copiarlas aparte. Más aún, es muy probable que ese volumen contuviera también las coplas de Vázquez de Palencia.

La difusión algo prematura del poema de fray Íñigo se explica sin duda por el revuelo que produjo entre sus primeros lectores y las polémicas que suscitó, hasta el extremo de que el franciscano optó por censurar en una segunda versión la invectiva contra los partidarios del Príncipe Alfonso designados nominalmente, entre los que se encontraba el arzobispo de Toledo Alfonso Carrillo, por su ostentatoria riqueza.

El poema también provocó una reacción crítica por parte de ciertos caballeros quienes consideraron que el fraile no debía intervenir en asuntos amorosos, menos aún dentro de una obra dedicada a la vida de Christo. El Cancionero de Pero Guillen contiene dos de esas reprimendas, la de un “galán”, y esta, atribuida a un gentilhombre designado como Vázquez de Palencia, cuyo nombre omite señalar el compilador de Oñate y Castañeda. Tiendo a opinar que la tonalidad polémica adoptada por fray Íñigo fue uno de los atractivos que incitó a incorporarlas en la colección. La respuesta de Vázquez de Palencia, por limitada que fuera en su objeto, traducía una opinión contraria a la del franciscano que se difundió fuera de los círculos religiosos. Por eso no conviene disociar los dos poemas, a pesar de que el de Vázquez de Palencia se limita a criticar una opinión precisa formulada por el fraile que no pasa de ser anecdótica comparado con el ambicioso proyecto del franciscano.

Diego de San Pedro y fray Ambrosio Montesino

Los dos poemas anteriores resultan indisociables sin por ello dejar de mantener una relación estrecha con los dos que siguen por la temática (Vida de Christo y su Pasión) y porque forman una serie iniciada y concluida por dos hermanos franciscanos. Además, están compuestos, o así lo pretenden sus autores, a petición de una señora: Juana de Cartagena, madre de fray Íñigo, para la Vita Christi; dos religiosas para las siguientes. Diego de San Pedro lo precisa en la rúbrica no reproducida en el cancionero de Oñate:

Una devota monja rogó a Diego de Sant Pedro que trobasse la Passión de Nuestro Redentor, a la cual el quería tanto que todo su pensamiento era en qué y cómo la havía de servir …

Lo mismo hace fray Ambrosio Montesino en la rúbrica de las Coplas a la Varonica, dato ausente de las versiones atribuidas a fray Íñigo de Mendoza, de la que el cancionero de Oñate ofrece una versión detallada:

Coplas fechas por fray Anbrosio Montesino obseruante de la orden de san Françisco elegicas rimadas en el ilico estilo y en materia eroyca por la quales ynduze a la santa Varonica fablar con el Señor en la forma siguiente.

Además de estas similitudes, la Pasión trobada y las Coplas a la Varonica comparten con la Vita Christi otra característica que contribuye a asociarlas muy estrechamente.

La consulta del códice de la Houghton Library, cuando resultó posible (1968), reveló la existencia de una versión primitiva inédita no solo de la Vita Christi, como ya queda dicho, sino también de la Pasión trobada. Me tocó la misma sorpresa cuando me di cuenta de que las Coplas a la Varonica, que las ediciones conocidas atribuían a Fray Íñigo de Mendoza, en ese códice se colocaban bajo el nombre de fray Ambrosio Montesino y ofrecían una versión muy diferente de la que se imprimió más adelante bajo el nombre de aquél. Esto nos obliga a reconsiderar las circunstancias de la composición de esas obras y de su recepción.

No deja de llamar la atención que tres poemas en su versión primitiva se sigan uno tras otro. Su temática común no bastaría para explicarlo si no hubiera entre ellos otra coincidencia mayor, la de haber sido compuestos en el mismo tiempo y lugar y, por ese motivo, fueron interpretados por el compilador como un conjunto indivisible. Las revisiones a las que los tres textos fueron sometidos en época posterior denotan paralelamente una forma de premura por no decir de urgencia en la composición inicial.

La hipótesis que me parece hoy la más probable es que esas coincidencias suponen a la base un proyecto concertado y reducen el papel del compilador al de mero receptor, a la par que le inmerge dentro de una red de transmisión de textos poéticos que intentaré esbozar.

La fuente toledana

Han transcurrido unos diez años entre la fecha de redacción de los homenajes al marqués de Santillana por Gómez Manrique y Diego de Burgos y la de esta Vita Christi, lapso de tiempo suficiente para que pueda interpretarse como una interrupción en la recogida de obras en vista a completar la colección comenzada. Se deduce que la inserción de la Vita Christi coincide con una reanudación del proyecto, centrado en un corpus de obras renovado comparado con el que el compilador inició en su época juvenil y prolongó hasta la extinción de los autores contemporáneos de aquel período.

Esa nueva vida del cancionero innova también en la fuente de recursos en la que bebe Escavias. Ya no es la corte real sino otros focos de creación, formados en torno a una personalidad eminente, según un esquema habitual en la sociedad aristocrática de la época.

Durante el reinado de Enrique IV, la vida de la Corte en Castilla se concentra entre Madrid y Segovia, que son las dos ciudades más visitadas por el rey. Andalucía interesa a la realeza y a la aristocracia como campo de ejercicios guerreros con los granadinos más que como un espacio de vida donde pudieran desarrollarse actividades culturales. El reino de Jaén está en contacto permanente, para bien y para mal, para el comercio y para la guerra, con el nazarí. Desde él, las relaciones con lo demás de Andalucía son escasas, incluso en la cuenca del Guadalquivir, y con Levante se limitan al reino de Murcia, más allá del adelantamiento de Cazorla.

Andújar, donde reside Escavias, mira hacia el norte. En las faldas de la Sierra Morena están los pastos en los que se cría un ganado abundante, las posadas de colmenares donde se produce la miel y el monte donde se practica la caza. La Sierra Morena no es un obstáculo insuperable para llegar a la Mancha. Recién casados, Miguel Lucas y la condesa de Torres, su esposa, mientras se habilitaba su palacio en Jaén (1459), fueron de romería a Guadalupe en pleno invierno, durante las fiestas de Navidad.

El centro administrativo más próximo es Toledo, cuyo arzobispo es Alfonso Carrillo y donde residen Gómez Manrique y Pedro de Guzmán así como un círculo de familiares del prelado. Allí fue arcediano, hasta el año 1464 en que murió estudiando en Salamanca, Alonso de Iranzo, hermano menor del condestable Miguel Lucas. En su honor, este celebró solemnes funerales en Jaén, cuyo relato ocupa la totalidad del capítulo XXII de la crónica de Los Hechos del condestable, señal de la proximidad que mantenían entre sí los dos hermanos.

Fray Íñigo de Mendoza no pertenece a ese círculo. Al contrario, como ya he señalado, en la Vita Christi se enfrenta en términos violentos con el arzobispo:

Guay de vos nuestro primado

o don Alonso Carrillo

porquel hacer del estado

vos haze muy alongado

del pesebre pobrezillo

vuestros costosos manjares

vuestros francos benefiçios

a las presonas seglares

son virtudes singulares

mas en el cielo son viçios.

La reacción no se hizo esperar. Las únicas respuestas en forma de invectiva que se hayan conservado, a cargo de dos caballeros, no pasan de ser anecdóticas. Hubo sin duda gestiones más discretas y más eficientes para que el franciscano se viera obligado a censurar esta copla y otras similares. Parece ser que la reacción más patente que provocó fray Íñigo fue promover un corpus de textos sobre la Vida de Cristo. Si este se halla tan abundantemente representado en este cancionero se debe sin duda a que Pedro de Escavias fue el feliz destinatario de una comunicación desde el centro donde se inició esa creación, que tiendo a identificar con los círculos del arzobispo de Toledo.

Si se lleva más adelante esta hipótesis, habrá que suponer que los autores concernidos tenían una relación con los toledanos. La cosa es evidente tratándose de Pero Guillén de Segovia. Su traducción versificada de los salmos penitenciales podría engrosar la serie sin modificar exageradamente la economía de esa parte del cancionero y servirle de clausura. También es concebible para fray Ambrosio Montesino, quien vivió en el convento de San Juan de los Reyes de Toledo antes de seguir la corte de la Isabel y de darse a conocer más adelante como traductor de la Vita Christi de Ludolfo de Sajonia. En la época en que compuso esas Coplas a la Varonica se supone que tendría poco más de 20 años. Por la misma edad andaría Diego de San Pedro. Tan joven era y su nombre tan poco conocido que en la colección se le llama Pedro en lugar de Diego, no sé si a iniciativa del compilador o del que le envió el texto.

No cuesta trabajo imaginar que esos escritos juveniles tuvieron poca difusión en su versión original y fueron sometidos a amplias enmiendas antes de publicarse bajo el nombre de su autor, cuando este ya había conseguido cierto renombre. Esas dos obras primerizas sufrieron suertes contrarias que lo confirman. San Pedro no menciona la suya entre su producción al principio de su Desprecio de la Fortuna y se dudaría de su existencia si no se conservaran algunos versos suyos en las Siete angustias de la Virgen Maria, un pliego suelto donde se atribuye formalmente a ese autor (“Compuestas por Diego de Sant Pedro’). Muy escasas son las citas pero confirman claramente la autoría de la Pasion trobada.

En cuanto a las Coplas a la Varonica, peor aún fue la suerte que se le reservó ya que fray Íñigo se las atribuyó a sí mismo en la edición de sus obras, aunque después de haberlas enmendado, a pesar de que la última copla de la versión de este códice proclama la paternidad de Montesino:

Vos muy noble rreligiosa

de santo saber y sano

la demanda virtuosa

no muy sotil ni graciosa

reçebilda de mi mano

y sy no es tan soberano

 el estilo ni tan dino

como vos

perdonad a vuestro ermano

frey Anbrosio Montesino

por vn Dios.

Gracias a Pedro de Escavias y a las relaciones privilegiadas que supo mantener, podemos disfrutar, como quien dijera en directo, de este momento de intensa creación que se dio en el reino de Castilla al final del reinado de Enrique IV.

REINADO DE ISABEL Y FERNANDO

Los cuatro poemas siguientes forman un conjunto cuya evidencia salta a la vista y queda idealmente definida por el título que Gómez Manrique pone a uno de los suyos, Regimiento de Príncipes: consejos para gobernar dedicado a jóvenes príncipes, basados en ejemplos ilustres.

Gómez Manrique, Fray Íñígo de Mendoza, escritos políticos

Holgaría cualquier comentario sobre los motivos por los que el compilador incluyó juntos esos cuatro poemas en su colección si, además de la temática, coincidiera la época de su redacción, lo que nos proporcionaría una idea exacta del momento en que fueron recogidos.

No hay duda de que los dos poemas de fray Íñigo de Mendoza fueron compuestos en los primeros años, y posiblemente los primeros meses, del reinado de Isabel y Fernando, como lo adelanta Rodríguez Puértolas, aunque algunos acontecimientos concretos que señala merecerían matizarse. La rúbrica del Sermon podría crear cierta confusión (Sermon trovado por fray Yñigo de Mendoça al rey nuestro señor), ya que Fernando solo fue rey consorte de Castilla y heredó el título de Aragón a la muerte de su padre en 1479, pero reconozco que es un exceso de escrúpulos no admitir que se llamara rey al esposo de la reina titular, sin contar que lo fuera también nominalmente de Sicilia.

La fecha de redacción de las obras de Gómez Manrique no resulta tan clara. La rúbrica del Regimiento de Príncipes parece inequívoca:

Conposiçion fecha por Gomez Manrique a los muy altos rey y reyna de los reynos de Castilla de Aragon y de Seçelia.

Interpretada al pie de la letra remite a una época posterior a 1479, fecha en que Fernando sucedió a su padre como rey de Aragón, a pesar de lo que afirma su editor Augusto Cortina según el cual el poema “fue escrito antes de 1478”, precisión de la que no se sabe si la deduce de la bula papal de creación de la Inquisición o del final de la guerra con Portugal. La lectura del texto ayuda poco para fijar el momento porque frases como “los virtuosos momentos” del reinado y “el virtuoso camino que aves començado” contenidas en el proemio no fijan un término claro. Además, después de confortada la indiscutida autoridad de la pareja real dentro y fuera del territorio castellano, los avisos y consejos de Gómez Manrique parecen algo trasnochados.

La fecha del Tratado a Diego Arias de Avila complica el asunto, al provocar un salto hacia atrás de diez años o más y un regreso al reinado de Enrique IV. En efecto, Diego Arias dejó su cargo de contador mayor en 1464 y la rúbrica que califica al destinatario como “contador mayor del señor rey y del su consejo” no deja lugar a dudas, porque tanto “el señor rrey” como “del su consejo” deben interpretarse como datos de una actualidad indiscutible en el momento en que Gómez Manrique se dirige a él.

Por consiguiente, este conjunto de poemas añade a tres textos del principio del nuevo reinado uno que fue compuesto en el anterior y hace que recaiga en el compilador la iniciativa de reunirlos sobre la base de una temática común. Este abandono del criterio temporal ya se había manifestado más arriba con la reunión del loor a Enrique de Villena a los de Santillana, aunque la diferencia de años era allí menor. Sin embargo, denota cierta tendencia del compilador a completar una serie de textos contemporáneos con alguno más antiguo, pero de temática similar.

Pero Guillen de Segovia

No se conoce la fecha de composición de la traducción de los Salmos penitenciales pero, al morir su autor en 1474, su inclusión significa un nuevo salto atrás cronológico que complica la interpretación de la secuencia que inaugura y se concluye con las Coplas de Jorge Manrique.

Esta versión del poema no lleva título, al contrario de la del cancionero SA10 (Universitario 2763):

Syguense los salmos penitençiales que ordeno Pero Guyllen e comiença vn prologo en prosa fingiendo que fabla con vn amigo

Tampoco pone título a las coplas iniciales en contra de SA10: “syguese otro prologo en metro”.

Estas precisiones no aclaran la cuestión de la fecha pero sugieren que el compilador del Cancionero de Oñate y Castañeda tuvo acceso a una copia aislada del texto.

Antón de Montoro

Los poemas de Antón Montoro en loor a Miguel Lucas de Iranzo y Fernando de Villafañe nos introducen en el ambiente familiar a Pedro de Escavias, quien estuvo muy estrechamente relacionado con esos dos privados del rey Enrique IV.

En su Reportorio de Príncipes de España, Escavias define a Fernando de Villafañe como “un cauallero que fue criado de la rreyna doña Maria, madre del Rey don Enrrique”, información que se buscará en vano en otras fuentes históricas y que Escavias recogió sin duda en la corte cuando estuvo de paje. En 1450, Villafañe, siendo Asistente de Andújar por el Príncipe Enrique, fue encargado de presidir la ceremonia de entrega del alcázar de esa villa a Pedro de Escavias. Ambos siguieron muy cercanos hasta el año 1465 en que el privado perdió algún tiempo el favor real y tuvo que dejar el reino de Jaén. Las hazañas de Fernando de Villafañe que Montoro menciona en su poema pertenecen a los años 1462 (toma de Alicún) y 1464 (toma de Belmez). Se deduce que ese poema fue compuesto en 1464-1465.

En el poema en alabanza del condestable Miguel Lucas (Coplas al señor don Enrrique acerca de sus priuados y del condestable don Miguel Lucas), Antón Montoro enumera primero a los privados del Príncipe. Entre ellos, menciona a Pedro Girón († 1466) y llama a Beltrán de la Cueva conde (lo fue de Ledesma desde 1462) y no duque (de Alburquerque, título que obtuvo en 1465). No refiere ningún hecho concreto pero es lógico suponer que el poema es anterior al destronamiento de Avila (mayo de 1465). Se deduce que los dos poemas fueron compuestos por la misma época.

Escavias no pudo ignorar la existencia de esos poemas desde el momento en que el Ropero de Córdoba los compuso, aunque solo fuera porque se hicieron seguramente por encargo de los dos privados. De todos modos, esa clase de testimonio necesitaba un mínimo de publicidad para surtir el efecto deseado en la opinión giennense.

Su incorporación tardía en la colección obedece al nuevo giro tomado por el compilador de ofrecer una selección de su propia creación como conclusión al cancionero. Los poemas de Montoro que celebra a dos personalidades sobresalientes del reino de Jaén sirven de introducción a ese nuevo curso, a la vez que ofrecen un lugar merecido junto a otras grandes figuras de la poesía castellana a un poeta cuya vida ha transcurrido en la ciudad de Córdoba, vecina de Andújar.

Jorge Manrique

La incorporación, en ese lugar de la colección, de las Coplas a la muerte de su padre y del poema A la fortuna, ambos de Jorge Manrique, pone a mal la relación entre las dos obras de Antón Montoro y las de Pedro de Escavias. Sin embargo, ese cambio encuentra fácil explicación. Escavias no quiso perder la oportunidad de incluir una obra, quizás a instancias de Gómez Manrique, que recibió muy pronto una acogida muy favorable, acentuada por la muerte prematura de su autor (1479).

Por otra parte, debió transcurrir cierto tiempo entre el momento en que Escavias pensó incorporar una antología de sus propias obras y lo cumplió. Mientras tanto, se anticipó a copiar los dos poemas de Antón Montoro encargados de introducir en el cancionero una temática giennense. Decidido a clausurar la colección con sus obras personales y deseoso de rendir homenaje a Jorge Manrique, no le quedó más remedio que introducirlo en el espacio momentáneamente libre.

Las Coplas a la muerte de su padre inauguraban un conjunto de por lo menos dos obras del mismo poeta, que empezó a copiarse en el fol. 421v, a la vuelta de 421r donde terminaba el segundo de Montoro (421r), y prosigue hasta el final del fol. 426r. Falta el fol. 425 que se perdió, donde solo cabrían las 6 coplas finales de las Coplas a la muerte de su padre y las dos primeras de A la Fortuna con su rúbrica. La amputación de los dos poemas en lugar tan estratégico se debe sin duda a un accidente material.

El texto de A la Fortuna diverge notablemente de la versión canónica. De las 9 coplas finales, este cancionero solo reproduce 5. Pero lo más significativo es que omite la copla final o cabo, por lo que se pierde el reto del poeta en respuesta a una supuesta carta de desafío que le dirigiera la Fortuna. La última copla de esta versión transcribe la primera quintilla de la penúltima de la versión definitiva:

Mas vengança que no puede

syn la firmeza quebrar

sser tomada

mas contento so que quede

mi ferida por vengar

que no vengada

deo graçias

El texto que prolonga este final en la versión canónica es, con toda evidencia, una ampliación posterior, por cierto, no muy bien zurcida: – “que no vengada / mas con todo he gran placer…” -, pensada para rellenar el vacío existente ante el cabo que quiso añadir el poeta. Por consiguiente, Escavias poseía una versión primitiva del poema que su autor revisó posteriormente.

La revisión se limitó a las coplas finales porque esta versión de las Coplas a la muerte de su padre presenta una sola variante significativa con la conocida, copla 27, verso j: “en la nobleza el troyano” /vs/ “en su braço Aureliano”.

Pedro de Escavias

Índice

1. Cançion (4, 2×8) Por mi triste apartamiento

2. Coplas que fizo a Pero de Guzmán sobre la muerte del conde de Mayorga (8×8,4). [1435] Vos señor que tan profundo

3. Cançion (4, 8) Quando viste que party

4. Otra suya (4, 8) Dios que tanta fermosura

5. Coplas suyas (3×8) A quien daua triste yo

6. Cançion suya (4, 8) Quanto mas pena sofrir

7. Coplas a vna dama (8×8, 4) Mas fermosa que no Dido

8. Cançion (4, 2×8) De poder vos yo jamás [MH1-174 Coplas de Manuel de Guzman (4, 2×8)]

8 bis. Otras de Manuel de Guzman (4, 2×8) Donzella si por amarvos [MH-176]

9. Serrana (4, 7×8) Llegando cansado yo [MH1-161: Otra [cançion] de Pedro de Escavias, (4, 8) Veniendo cansado yo]

10. Coplas (7×8) O triste partida mia [MH1-157]

11. Cançion (4, 8) Vuestra crueldad matar [MH1-160: Vuestra crueldad sobrar]

12. Cançion (4, 8) Gentil dama valerosa

13. Coplas suyas (7×8, 4) De uos que puedo llamar [MH1-158]

13 bis. Otras del mesmo (4, 8) De uos por mal que pasase [MH1-159]

14. Otra (4, 8) Depues que party

15. Coplas suyas (4×10, 5) No puedo mi bien pensar [MH1-177 Otras suyas (4×8, 4)]

16. Coplas fechas sobre las deuisiones del rreyno por la priuança del condestable don Aluaro de Luna con el señor rrey don Juan el segundo quando la batalla dOlmedo (18×8, 4) [1445]

17. Romançe que fizo al señor ynfante don Enrrique maestre de Santiago (148 versos) [1445]

18. Coplas dirigidas al condestable don Miguel Lucas criado del señor rrey (4, 8×8) [1463]

A la vuelta del folio 426r donde terminan las coplas A la Fortuna de Jorge Manrique, se inicia la transcripción de 18 poemas de Pedro de Escavias que ocupan hasta el folio 437v donde se interrumpe brutalmente, dejando una copla sin su comentario. Es el conjunto más extenso dedicado a uno solo poeta y, por su posición en la colección y la identidad del autor, le corresponde un estatuto especial.

Lleva un título general:

Coplas y canciones de Pedro dEscauias siendo paje del rrey y harto mochacho.

Es la segunda vez que esto ocurre en el cancionero, después del título general antepuesto a la transcripción de las obras de Fernán Pérez de Guzmán al principio del códice:

tratado de virtudes & viçios & ygnos rymados fecho & compuesto por fernan perez de guzman señor de Batres y por el enviado aluar garçia de santa marya.

Esos dos títulos no introducen la totalidad de los poemas sino los primeros transcritos: el tratado inicial y las poesías religiosas de Pérez de Guzmán y las obras juveniles de Pedro de Escavias.

La poesía de Pedro de Escavias tuvo poca difusión. No llegó a ser impresa y, además de este cancionero, solo el de Gallardo San Román de la Real Academia de la Historia (MH1) conserva algunas muestras, concretamente 5 poemas a él atribuidos y 4 más bajo el nombre de Manuel de Guzmán, dos de ellos duplicados. Cabe pensar que los dos que no han sido recogidos por el compilador también son obras suyas. Los incluyo en la lista con los números 8bis y 13bis.

Aunque de los poemas conservados, son pocos los no reproducidos, no debe excluirse que el compilador se haya limitado a una selección en la producción de Escavias. En efecto, esta abarca un amplio abanico de géneros – canción, decir lírico, decir narrativo, arte mayor, romance y serranilla – y, más insólito aún, en ella no se repite nunca el mismo esquema formal en dos poemas, sino que cada uno contiene un elemento original, como he procurado demostrarlo en la conferencia inaugural de 1997 (cf. supra). Semejante preocupación es más acorde con la época en que fueron reunidos los poemas en el cancionero que con la etapa de composición de las obras.

Por otra parte, el cotejo entre las dos versiones de los poemas, cuando estas existen, demuestra que las contenidas en el de Gallardo San Román han sido objeto de algunas modificaciones antes de su incorporación en el de Oñate y Castañeda. Así, a las 4 coplas del decir Non puedo mi bien pensar que estaban compuestas primitivamente por dos redondillas (abba cddc) se les ha añadido un verso en cada una de ellas para transformarla en quintilla (abbba cdddc). La misma manipulación se reproduce en el decir O triste partida mia. Otras enmiendas textuales tienen por objeto marcar las distancias con una inspiración juvenil que ya no se adecúa a la edad del poeta cuando establece su selección. Por fin, la serrana (9) inicialmente era una canción con estribillo y una copla de ocho versos. Para transformarla en serrana, han sido modificados los tres últimos versos de la copla y se han añadido 6 coplas más. Estos cambios pudieron ser realizados poco tiempo después de la primera redacción y no necesitarían modificar el orden cronológico inicial de los poemas.

El título general que introduce esa sección nos informa de la vocación poética precoz de Escavias y cómo fue favorecida por su estancia en la corte de Juan II. De hecho, lo esencial de la poesía aquí recogida, – los 15 primeros poemas -, pertenecen a ese período de su vida, en la que sacrificó a la moda de la retórica amorosa al uso, por lo demás, preocupación típica de la edad juvenil. La lamentación por la muerte del conde de Mayorga, único poema no amatorio y segundo de la selección, permite fechar las obras de juventud en torno a 1435. Esta producción, a pesar de su escasa originalidad, no desdice del talento del joven trovador, el cual se manifiesta indudablemente en la serrana que compuso a imitación de las serranillas de Santillana.

En los años posteriores, viviendo ya en Andújar, no parece que Escavias se haya dedicado demasiado a la poesía, en todo caso no después de los primeros años sesenta del siglo, en que compuso el poema en alabanza al condestable Miguel Lucas. Sin embargo, conviene señalar que los dos poemas inspirados en la batalla de Olmedo (1445) obedecen a una ambición mayor. Las Coplas por las deuisiones del rreyno, remedando las listas de personajes antiguos y modernos de los grandes tratados poéticos de la época, enumeran a lo largo de 4 coplas todos los linajes nobles del reino, en un alarde de virtuosismo que denota además el perfecto conocimiento que tenía Escavias de la aristocracia contemporánea. En cuanto a su romance dedicado al Infante Enrique es uno de los primeros ejemplos conocidos de un romance trovadoresco.

 

Conclusiones

El objetivo que me he fijado, no sólo hoy sino desde el momento en que pude consultar el cancionero, ha sido procurar reconstruir las etapas del proceso que se materializó en el códice conservado en la Houghton library y elegir para ello una metodología adaptada. Disponía para conseguirlo de algunas claves útiles, siendo las dos principales la más que probable identidad del compilador, Pedro de Escavias, y el criterio cronológico que ordena la selección de obras. Estos presupuestos eran lo bastante sólidos para ofrecerme un marco de interpretación de las obras, que se ha beneficiado del mejor conocimiento que tenemos hoy de la historia y de la personalidad de Escavias. Por lo demás, la metodología adoptada no se aparta demasiado de la habitual en esa clase de estudios, trátese de la identificación de los poetas y del contexto en el que se mueven o de una evaluación de la calidad de las versiones transcritas.

Sin embargo, la convicción de que Escavias fue el artífice, desde el principio hasta el final, de esa realización añade un elemento nuevo al incorporar al análisis una dimensión humana que el alejamiento temporal no impide considerar, por poco que uno se preocupe de limitarla a comportamientos motivados por la manipulación de lo escrito que, a pesar de la distancia de siglos, nos resulta aún familiar (por lo menos a la gente de mi generación que ha dedicado gran parte de su vida a manejar en la práctica únicamente medios mecánicos).

Fernán Pérez de Guzmán

Esta realidad se manifiesta desde el principio de la colección. Dedicar 78 folios a las obras de un solo autor no es un acto gratuito. En la medida en que las obras que contienen corresponden a una época determinada de la creación de su autor, la última que le tocó vivir, y reúnen, si no la totalidad por lo menos la gran mayoría, de las obras que compuso en aquellos años, se deduce que la intención del compilador no fue otra que reunir una colección exclusiva reservada a ese poeta. Hace falta mucha constancia para no interponer en un corpus de textos de ese tamaño elementos ajenos a él, lo bastante para que la interpretemos como indicio de una intención declarada. Si además imaginamos el volumen que alcanzarían los cuadernos en los que se habían copiado los textos, la satisfacción de haber reunido un tomo de ese tamaño con las obras de un maestro admirado debió colmar las esperanzas de su poseedor e incitarle quizás a no ir más allá.

La reunión de las obras de un solo autor no era usual en la época. Los únicos testimonios que conservamos son las selecciones realizadas por el mismo poeta y dirigidas a un destinatario, como la que Fernán Pérez regaló a Alvar García de Santa María. En mi comentario sugiero que la selección en cuestión no iba más allá de los poemas enumerados en el título general y que los demás habían sido añadidos, desde otras fuentes, por el compilador del cancionero. Ahora me asalta una duda. En vista de que ese corpus fue completado y revisado por Pérez de Guzmán sin dejar de conservar su título general, es decir en una época posterior al primer envío del que se hacen eco los demás códices, es muy posible que los tres poemas añadidos después de los religiosos lo fueran en esa segunda etapa. Incluso, si se encargó algún familiar suyo de comunicar la nueva versión al mismo destinatario ya muerto el poeta, pudo hacerlo conservando ese título inicial.

Santillana

Las obras del marqués de Santillana tuvieron un tratamiento similar, incluso en el número de folios (78 en total), aunque no parece que la copia fuera reservada a un destinatario particular. Ciertamente, el compilador ha interpolado obras ajenas a esos poemas, pero la elaboración posterior del cancionero no debe ocultarnos el estado primitivo del material reunido. El nuevo volumen obedece a criterios de selección similares a los de las obras de Fernán Pérez de Guzmán, al no incluir canciones o serranillas, ni tampoco sonetos; de los decires amatorios solo conserva, en primera instancia, el Infierno de los enamorados.

El compilador pudo contentarse con copiar las obras del marqués después de las del señor de Batres. Sin embargo, no lo hizo. Antes de buscar el motivo preciso de esa negativa, conviene tener presente que, si la colección fue pensada primero para reunir las obras de un solo poeta (Fernán Pérez de Guzmán), la adición de las de otro (el marqués de Santillana), aunque fuera en las mismas condiciones materiales, modificaba radicalmente la naturaleza del proyecto por el mero hecho de reunir en un mismo volumen las obras de dos autores distintos. El compilador se exponía a adherirse a un nuevo modelo, el de una colección de obras de varios autores, la fórmula más generalizada entre los cancioneros a la vez que más apta para toda clase de asociaciones significativas: entre poetas, en el campo de la temática, etc.

El factor que llevó a Escavias a adoptar el nuevo criterio fue la tentación de concluir el primer corpus de obras de Santillana por medio de Tratado de la coronación del señor marques de Juan de Mena, lo que abrió una perspectiva insospechada a la que el compilador no supo resistir, la de prolongar el Tratado con otra obra del mismo. Quizás estuviera inducido a hacerlo por el hecho de que se le habían agotado las obras que del marqués entonces poseía. Esa posibilidad, no la contradice el añadido de otras tres obras del marqués, porque la primera es antigua (Sobre la muerte de don Enrique de Villena) y las demás (El triunfo de amor y El debate entre Venus y Diana) pertenecen a otro registro, lo que hace pensar que esos tres poemas pudieron haber sido reunidos tardíamente, cuando ya se había cerrado la serie dedicada a ese poeta.

Lagunas

Las lagunas del códice es un tema que queda pendiente de explicación. Ignoro quien suprimió esos folios y por qué motivo lo hizo. La mutilación intervino cuando ya el códice estaba constituido y sus folios numerados. Cuesta trabajo imaginar que fuera la misma persona la que encargó la copia de los poemas y luego mandó suprimir algunos de ellos. Más lógico es suponer que una persona ajena al establecimiento de la selección la juzgara inadecuada con la excepción del Conjuro de Costana. Quizás haya que buscar el motivo de la sustracción en la identidad de las obras que llenaban esos folios, que el censor juzgó indignas de figurar junto a las demás. Por otra parte, nada permite fijar la época en que se mutiló el códice. Pudo ser en época posterior y por iniciativa de sus nuevos dueños que actuarían conforme a unas normas literarias o morales alejadas de las de Escavias cuando hizo su selección.

Hilo cronológico

Con la ordenación cronológica de las series anda parejas otro dato temporal, en relación con la persona del compilador, la casi certidumbre de que los poemas reunidos le interesaban por ser creaciones que pertenecían a una época compartida por él con sus autores. Esto confiere a la selección una dimensión particular, la de un diario a la vez que de un testimonio directo sobre la producción de la época que le tocó vivir. Esta afición encuentra su manifestación más completa cuando se le ofrece la oportunidad de recoger los primeros pasos de unos jóvenes poetas del círculo toledano participantes de un concurso de poesías sobre la vida de Cristo. Le obliga también a incorporar in fine las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique cuando ya estaba a punto de concluir la colección con una selección de sus propias obras.

Destino final

Escavias destinaba la colección a su uso personal y posiblemente también al de sus familiares: en su testamento, señala la afición por los libros que compartía con él su yerno, Pedro Sánchez de Carvajal. Es un volumen personal que se podría calificar, a imitación de la obra que dedicó a la historia de la Península, reportorio de poetas castellanos, una suerte de conservatorio de las obras que le acompañaron a lo largo de su vida. Cuando lo considera acabado, decisión materializada por la inclusión de sus obras personales, hace por lo menos quince años que ha dejado de componer. Se supone también que su interés por la actualidad poética había bajado notablemente. Por fin, pudo haberle inducido a poner un punto final a su colección un factor nuevo, el de la difusión impresa de la poesía que intervino por aquellos años, con su tendencia a privilegiar obras de autores aislados (fray Iñigo de Mendoza, 1483-1484) sobre cancioneros colectivos.

BIBLIOGRAFÍA (MUY) SELECTA

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– El Cancionero de Oñate-Castañeda, Edición de Dorothy Sherman Severin, Introducción de Michel Garcia, Asistente editorial Fiona Maguire, Madison, 1990.

– Conde López, Juan Carlos e Infantes, Víctor, “Nuevos datos sobre una vieja historia: el Cancionero de Oñate-Castañeda y sus propietarios”, in Nunca fue pena mayor. Estudios de literatura española en homenaje a Brian Dutton, Cuenca, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1996, p. 163-176.

– Garcia Michel, “Nuevas consideraciones sobre el Cancionero de Oñate”, De lagrymas faziendo tinta. Memorias, identidades y territorios cancioneriles, Édition scientifique par Virginie Dumanoir, Madrid, Casa de Velázquez, 2017, p. 71-94.

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– Noticias genealógicas de los señores de Batres y Cuerva, del linaje de Figueroa y de Guzmán, llamados Laso de la Vega. Biblioteca Digital Real de la Real Academia de la Historia [9/237, f° 100 y 101]

          Marqués de Santillana

– Cancionero del Marqués de Santillana [B.U.S.., Ms 2655], Presentación de Pedro Cátedra García y Transcripción de Javier Coca Senande, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1990, 2 vols.

– Marqués de Santillana, Obras completas, edición, introducción y notas de Ángel Gómez Moreno y Maximilian P. A. Kerkhof, Barcelona, Planeta, 1988.

          Juan de Mena

– Mena, Juan de, Obras completas, edición, introducción y notas de Miguel Ángel Pérez Priego, Barcelona, Planeta, 1988.1989.

          Gómez Manrique

– Gómez Manrique, Regimiento de Príncipes y otras obras, Prólogo, selección y vocabulario de Augusto Cortina, Buenos Aires, col. Austral, 1947.

          Costana

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– Rico, Francisco; Primera cuarentena y Tratado general de literatura, Barcelona, Quadern Cremas, 1982.

– Cáseda Teresa, Jesús Fernando, “Nuevos datos biográficos de un poeta olvidado del Cancionero General: Francisco de la Costana”. Anuario de Estudios Filológicos 49 (May), 2026, p. 333-344.

          Juan Álvarez Gato

– Álvarez Gato, Juan, Cancionero inédito, Prólogo de Emilio Cotarelo, Madrid, Imprenta de la Revista española, 1901.

          Fray Íñigo de Mendoza

– Fray Íñigo de Mendoza, Cancionero, edición, introducción y notas de Julio Rodríguez Puértolas, Madrid, Clásicos castellanos, 1968.

– Rodríguez Puértolas, Julio, Fray Íñigo de Mendoza y sus “Coplas de Vita Christi”, Madrid, ed. Gredos, 1968.

          Diego de San Pedro

– San Pedro, Diego de, Obras completas, Edición de Keith Whinnom y Dorothy S. Severin, Madrid, Clásicos Castalia, 3 vols. (1972, 1973 y 1979).

          Pero Guillén de Segovia

– Moreno Hernández, Carlos,

          “Pero Guillén de Segovia en el círculo de Alfonso Carrillo”, Revista de Literatura, 94 (1985), p. 17-49.

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          “Algunos aspectos de la vida y la poesía de Pero Guillén de Segovia”, Anales de literatura española, n°5 (1986-1987), p. 329-356.

          Antón de Montoro

– Cancionero, edición crítica de Marcella Ciceri, Introducción y notas de Julio Rodríguez Puértolas, Universidad de Salamanca, Biblioteca española del siglo XV, 1990.

– Poesía completa, Prólogo de Brian Dutton, Estudio, edición y notas de Marithelma Costa, Cleveland; Cleveland State University, 1990.

          Jorge Manrique

– Poesía, Edición, Prólogo y notas de Vicente Beltrán, Barcelona, Crítica, 1993.

 

          Pedro de Escavias

– “Entre Santillana y Manrique: el poeta Pedro de Escavias en su siglo”. Conferencia inaugural del Curso académico 1997-1998. Jaén Instituto de Estudios Giennenses, octubre de 1997, 35 págs.

– “Rromançe que fizo al señor Ynfante don Enrique Mestre de Santiago”, Le Romancero ibérique. Genèse, architecture et fonctions, ed. Claude Prémond et Sophie Fischer, Madrid, Casa de Velázquez, 1995.

– “La noción de género en el corpus cancioneril : el caso de la serrana”. I Canzioneri di Lucrezia. Los Cancioneros de Lucrecia. Atti del convegno internazionale sulle raccolte poetiche iberiche dei secoli XV-XVII. (Ferrara, 7-9 ottobre 2002), a cura di Andrea Baldissera e Giuseppe Mazzocchi. Padova : Unipress, 2005. p. 25-41.

– “La serrana castellana ¿género paródico?”. The Burlesque, the parodic and the satiric in medieval and early modern Spain, La Corónica 38.1, Fall 2009, p. 333-348.

– “Nuevas consideraciones sobre el cancionero de Oñate”, De lagrymas fasiendo tinta. Memorias, identidades y territorios cancioneriles, editado por Virginie Dumanoir. Madrid: Casa de Velázquez, 2017.

 

Octubre de 2026

I. EL POETA PEDRO DE ESCAVIAS EN SU SIGLO

Hasta una fecha reciente, el nombre de Pedro de Escavias figuraba sólo en algunos manuales de historia literaria, entre los escritores de modesto rango cuyas obras permanecían inéditas en unos fondos de difícil acceso

Reproduzco aquí el texto de la conferencia que pronuncié en la sesión inaugural del curso 1997-1998 del Instituto de Estudios Giennenses, en la capilla del antiguo hospital de San Juan de Dios de Jaén (octubre de 1997). Permanecía inédito. Lo cuelgo en esta página web como introducción al trabajo que acabo de redactar (agosto-septiembre de 2026) sobre el Cancionero de Oñate y Castañeda. Desde aquella fecha, he podido enriquecer notablemente lo que conocía de Pedro de Escavias gracias a su testamento recién descubierto que he publicado con la asociación de Amigos del Patrimonio de Andújar (2023) y gracias a los trabajos preparatorios para la nueva edición del Reportorio de Príncipes de España que acaba de salir de las prensas de la Editorial de la Universidad de Jaén (2026).

A pesar de esas nuevas aportaciones, reproduzco el texto de la conferencia sin enmendarlo como testimonio del estado de mis conocimientos sobre el tema en aquellos años. El lector podrá disponer además de una edición de las poesías de Pedro de Escavias que completará útilmente el último capítulo del texto sobre el Cancionero de Oñate y Castañeda mencionado.

Introducción

Hasta una fecha reciente, el nombre de Pedro de Escavias figuraba sólo en algunos manuales de historia literaria, entre los escritores de modesto rango cuyas obras permanecían inéditas en unos fondos de difícil acceso. Hace algo más de veinticinco años, el personaje se salvó de tan inmerecida oscuridad gracias a dos obras simultáneas del Profesor Juan Bautista Avalle-Arce y mía. Luego, gracias al interés del Instituto de Estudios Giennenses, que supo siempre dar acogida en su Boletín a los trabajos que le concernían, se fue perfilando con más detalle la figura del alcaide de Andújar.

Don Enrique Toral Peñaranda realizó la síntesis que imponía tanta información dispersa, sometiendo los documentos aducidos y las interpretaciones formuladas por unos y por otros a la severa mirada del historiador y jurista que es. Nos obsequió así con una biografía que muy difícilmente se podrá superar, a no ser que aparezca un nuevo documento importante como el testamento de Escavias, conservado por ahora, si es que se ha conservado, en paradero desconocido.

Mi propósito aquí no consiste en trazar una nueva biografía de Pedro de Escavias, sino en recordar algunos aspectos de esa vida que me servirán a ilustrar lo que considero las dos vertientes principales del personaje : el actor y el testigo.

Le fue dado vivir en una época excepcional de la historia de Castilla, ese siglo XV que sigo considerando, a pesar de la visión negra que impuso la desgraciada fórmula de Huizinga “otoño de la Edad Media” y, en España, una lectura política más abocada a alzar las figuras de Isabel y Fernando que a dar cuenta objectiva de los dos reinados anteriores, como el más brillante de la historia de aquel reino. Fue un siglo de gran vitalidad, marcado por una nueva distribución de los poderes, lo que naturalmente produjo excesos de toda clase, pero que ofrecía perspectivas de protagonismo para amplias capas de la población. Este fue el caso de Pedro de Escavias, al que sus antecedentes condenaban a una actividad local en su Andújar nativa y que, sin embargo, fue mezclado a acontecimientos de gran transcendencia no sólo para el reino de Jaén, sino también para la Corona de Castilla, y alcanzó en su tiempo unos cargos y una notoriedad envidiables.

Su excepcional longevidad le permitió conocer tres reinados : casi enteramente el de Juan II (ca 1410-1454) ; el de Enrique IV, que corresponde a su madurez (1454-1474) ; la primera mitad del de Isabel (1474-ca 1490, fecha aproximada de su muerte). Además, las circunstancias le colocaron en puestos privilegiados. Discurrió su mocedad en la misma Corte de Juan II y, posiblemente, en el entorno no menos brillante del Infante Enrique, Maestre de Santiago. Le tocó observar de cerca los conflictos que opusieron a los distintos bandos de la nobleza, en tiempos de Enrique IV, en el reino de Jaén, zona eminentemente sensible por cuanto era campo de enfrentamiento directo entre los Maestres de la Ordenes y los partidarios del rey. Por fin, la guerra de Granada, iniciada en 1482, le colocó en primera fila para contribuir a la logística de las tropas castellanas.

Difícilmente se puede concebir vida más llena. Sin embargo, a la enumeración que acabo de hacer falta una dimensión esencial, la actividad cultural, la que hace de Pedro de Escavias un testigo excepcional de su siglo. A ello dedicaré esta ponencia, privilegiando la producción poética de nuestro andujareño.

Obras de Pedro de Escavias

La toma en cuenta de ese aspecto de la actividad cultural de Pedro de Escavias nos lleva forzosamente a analizar su Reportorio de Prínçipes de España, crónica abreviada de Castilla con una atención especial concedida a los reinados de Juan II y Enrique IV. Pero, antes de tratar aunque someramente ese capítulo obligado, quiero mencionar un hecho que, hasta ahora, se desconocía, a saber la parte que tuvo nuestro el alcaide en el mantenimiento de una actividad cultural en Andújar.

En la Biblioteca Nacional de Madrid, con la signatura Ms. 4183, se conserva un ejemplar manuscrito del Confesional de Alfonso de Madrigal, El Tostado, cuyo colofón reza así (fol. 64v) :

Este libro mando escreuir el muncho onrrado e virtuoso cauallero Pedro dEscauias mi sseñor, guarda mayor del Rey nuestro señor e del su Consejo e su alcayde e alcalde mayor en esta muy noble e muy leal çibdad de Andujar, a mi, Bartolome de Alcaraz su criado, el qual se acabo de escreuir jueves treze dias del mes de agosto año del nasçimiento del Nuesto Señor e Saluador Jesu Cristo de M cccc lxxii años. firmado : Bartolome de Alcaraz.

Esta noticia, breve pero enjundiosa, nos indica que Pedro de Escavias no era sólo un jefe militar y político, lo que ya sabíamos, ni que tampoco se dedicara a la escritura a título personal, sino que supo fomentar en torno suyo una actividad que implicaba un círculo más amplio de personas. La forma que tomó esa actividad parece coincidir con un taller o scriptorium en el que copistas profesionales se dedicaban a transcribir volúmenes conseguidos por medio de un sistema de préstamo, a través de unas relaciones mantenidas con personas o instituciones provistas de una biblioteca. En todo caso, el colofón no deja lugar a dudas sobre la identidad del promotor de ese trabajo, ya que el copista la formula con cierta solemnidad, declinando los títulos de Pedro de Escavias.

Ese colofón nos descubre también las aficiones de nuestro personaje, que sólo por falta de información imaginábamos interesado principalmente por la historia. Consta que su religiosidad debió influir en sus lecturas, pero no hay que descartar tampoco el interés por la vida cultural de su tiempo, que le inducía a leer las obras de excelentes escritores y pensadores de su tiempo, tales como El Tostado.

Por fin, esa nota resulta preciosa para descubrir algo del ambiente político que reinaba en Andújar, y no sólo en esa villa sino en todo el reino de Jaén, al final del reinado de Enrique IV. Nos sugiere un clima de paz y concordia, bajo la férula de un alcaide y alcalde mayor que ejerce su indiscutida autoridad en todos los campos de la vida cívica. Sin embargo, la documentación de que disponemos nos obliga a matizar tan idílica visión. Miguel Lucas de Iranzo será asesinado, al año siguiente de 1473, a consecuencia de las matanzas de judíos que se perpetraron aquel año en Castilla pero también en Aragón. En cuanto a Andújar, aprovechando los disturbios consecutivos a la muerte de Enrique IV y al acceso al trono controvertido de Isabel I, el mismo Bartolomé de Alcaraz se adhirió al partido de Rodrigo Palomino para despojar a Pedro de Escavias de la mitad del oficio de escribano del Concejo de Andújar, medida que prosperó ; ese colaborador de los tiempos de paz sería, por consiguiente, más tarde, cuando se ajustarían las cuentas del reinado pasado, el instrumento de una operación de se hizo en detrimento de nuestro alcaide, hasta que los Reyes zanjaran a favor de este en 1478.

No conviene comentar más un dato que resulta ser por el momento único, pero sugiero que se investigue en ese campo de la difusión de la cultura en el reino, sin limitarse a Jaén y a la Corte del Condestable. Por la Crónica del propio Miguel Lucas, sabemos por ejemplo que Pedro de Escavias tomaba iniciativas interesantes, como alquilar un órgano para el casamiento de su hija, mostrando un gusto musical algo más ecléctico que el del Condestable, al parecer más afín a la música marcial.

El historiador

El Reportorio de Prinçipes de España sigue siendo la obra magna de Pedro de Escavias. Se trata de la mejor ilustración de un subgénero de la Crónica real castellana, el de los resúmenes cronísticos, que tuvo gran difusión a partir de finales del siglo XIV. Tenía por objeto hacer asequible para un amplio público los grandes hechos de la historia del reino. Es innegable que se trata de obras de vulgarización, pero no por eso desdeñables, en la medida en que esa clase de textos encontró un público, sin duda menos exigente que el de los eruditos, pero realmente deseoso de conocer el pasado de su reino.

Las crónicas del corpus iniciado por Alfonso X y proseguidas hasta finales del siglo XV, gracias al talento de historiadores como el Canciller Ayala, Alvar García de Santa María, Enríquez del Castillo o Alonso de Palencia merecen todo nuestro respeto, pero cabe tener algunas dudas sobre su difusión fuera de la Corte y de algunas casas nobiliarias. En cambio, los resúmenes cronísticos no son concebibles sin un número apreciable de lectores potenciales. Estos pertenecían a capas medias e inferiores de la nobleza que buscaban el modo de adherirse a un destino colectivo a través de una historia común. Esos resúmenes, fuente inagotable de fechas y anécdotas memorables, me atrevería a decir que son el punto de arranque de una de las aventuras más excepcionales de la literatura castellana desde finales del XV, a saber el romancero. No se puede entender ese interés por episodios de las vidas de los héroes desde Bernardo del Carpio, si no se tiene en cuenta que tanto los poetas como sus oyentes conocían los detalles de lo narrado a través de obras históricas como los resúmenes cronísticos.

El Reportorio cumple perfectamente con ese cometido; además, es un verdadero manual de historia. Desde esta perspectiva, responde también a un objetivo ideológico. Como las Crónicas reales que resume, exalta la institución monárquica y, en primer lugar, la figura del rey, encarnación de la legitimidad del poder sobre la comunidad. No es puro azar si esa historia de Castilla se redacta en un momento en que la institución está puesta en tela de juicio. Era la mejor manera de recordar a todos el repeto que se debía a una monarquía que quedaba justificada por un glorioso pasado, gaje de una perennidad futura.

Por fin, como para poner en práctica el mensaje ideológico que pretende comunicar a sus lectores, Pedro de Escavias redacta los dos últimos capítulos, referentes a los reinados de Juan II y Enrique IV, sin apenas valerse de fuentes que no fueran andaluzas. Al salirse del molde de una crónica oficial, está en condiciones de proponer una interpretación personal de una historia de la que había sido testigo activo. Centra su relato en algunas figuras sobresalientes, la primera de ella la del rey, pero también sobre las de Alvaro de Luna, Miguel Lucas y Juan Pacheco. En todos momentos se muestra partidario de la sumisión al monarca legítimo y se salva hábilmente de zanjar en algunos debates candentes como la supuesta impotencia de Enrique IV o el conflicto de legitimidad entre su hija Juana y su hermana Isabel.

Parece hacerse así el intérprete de un grupo de la mediana nobleza que procura no mezclarse en asuntos que conciernen sobre todo a los Grandes, como lo demuestra, entre otros pasajes, la descripción horrorizada que proporciona de la farsa de Avila. Se mantiene fiel a la Corona, no sin mostrarse severo con el rey, si hace al caso.

El poeta

Frente a una obra histórica de tamaña envergadura, la producción poética de Pedro de Escavias podría pasar por una mera diversión cortesana. Como sus contemporáneos de todas las clases, nuestro andujareño se habría dedicado a cultivar el verso porque así lo exigía la convención social. No se puede negar el hecho si nos atenemos a los poemas amatorios, claramente atribuibles a una mocedad transcurrida en la Corte de Juan II, como lo certifica la rúbrica general del Cancionero de Oñate : “Coplas y canciones de pedro descauias syendo paje del rrey y harto mochacho.” Pero la ambición poética de nuestro alcaide va mucho más allá, como procuraré demostrárselo.

La obra poética de Pedro de Escavias consta de veintiún poemas. Dieciocho de ellos se conservan agrupados bajo su nombre en una colección de finales del siglo XV, el Cancionero de Oñate y Castañeda, así llamado por haber pertenecido a esa familia condal ; uno más, junto a otros cuatro del primer corpus, también atribuídos a nuestro poeta, en el Cancionero de Gallardo-San-Román, importante colección conservada en la Real Academia de la Historia ; por fin, dos más, junto con otros dos ya conocidos, bajo el nombre de Manuel de Guzmán, en el mismo Cancionero de Gallardo-San-Román.

Una veintena de poemas de un mismo autor ni es mucho ni tan poco, dentro del contexto de la producción del siglo XV. Pero, en el caso de Escavias, hay que relativizar las cifras por cuanto queda evidente que el propio poeta realizó, al final de su vida, antes de incluirlas en el Cancionero de Oñate, una selección de sus obras, descartando parte de su producción. Por la misma razón, hay que interpretar los corpus menores del Cancionero de Gallardo-San-Román como restos de una producción más amplia que se ha perdido o anda desperdigada en otras colecciones, bajo nombres de préstamo, como el de Manuel de Guzmán.

Lo lógico para un comentarista y editor es que trabaje sobre el mayor número posible de textos de un autor; así lo hice cuando publiqué las obras de nuestro poeta o cuando las completé más adelante. Sin embargo, esta producción presenta un caso particular, ya que se ofrece como una selección ya hecha y que esa selección tiene características que remiten de algún modo no tanto a la producción como a una valoración crítica de la misma. Para aclarar algo esta formulación oscura, diré que Pedro de Escavias, al reunir sus poemas en el Cancionero de Oñate, no pretende tanto dar a conocer su obra como a proporcionar una idea precisa de la concepción que tenía del arte de trovar.

Llama la atención la gran variedad de formas poéticas utilizadas por Pedro de Escavias: para la poesía amatoria, la canción, el decir lírico y la serrana; para la temática más seria, el decir narrativo, el arte mayor y el romance. En total, son siete formas distintas, varias de ellas utilizadas una sola vez. Para las otras, como lo veremos más adelante, no se observa ningún caso de reproducción idéntica de una misma forma en dos o varias piezas.

En otro lugar interpreté esa variedad como un alarde de virtuosismo por parte del poeta. Escavias actuaba como si quisiera demostrar que había practicado todas las formas a su alcance respetando los criterios más exigentes. De hecho, no creo que haya fallido en su propósito ; al contrario, sus poemas soportan dignamente la comparación con los de los más hábiles trovadores de su tiempo.

En esta segunda parte de mi exposición, quisiera pasar revista a las distintas formas para mostrarles cómo se manifiestan las preocupaciones estilísticas de nuestro poeta. Para designar los poemas remitiré a la numeración que los precede en la edición que acompaña el texto de mi ponencia.

La canción

Se dan dos clases de canciones, desde el punto de vista de la forma claramente definidas : las de dos coplas (I y VIII) y las de una copla (III, IV, VI, XI, XII, XIV). La diferencia entre las dos clases, antes de responder a un criterio formal, traduce una cronología de composición distinta : la canción de dos coplas es más propia de la generación del Marqués de Santillana (primera mitad del siglo XV), mientras que la de una copla corresponde a los gustos vigentes en la segunda mitad del siglo : Jorge Manrique sólo escribe canciones de una copla. Así parece confirmarlo el que el primer poema, el que justamente no tiene título por venir encabezado por la rúbrica general, es de dos coplas.

Las canciones de dos coplas ofrecen una estructura similar en cuanto al cómputo silábico (versos octosílabos), el número de versos (ocho por coplas) y la distribución de las rimas : un estribillo inicial en abba ; una copla compuesta de una mudanza cddc y una vuelta similar al estribillo, abba. Se trata, pues, de la estrofa que se conoce como copla castellana. Sin embargo, esas dos canciones se distinguen por los elementos del estribillo retomados en la vuelta : en VIII, sólo se repite la palabra-rima del último verso, mientras que, en I, se reproducen idénticos la palabra-rima del verso antepenúltimo más los dos últimos versos.

Es también en la reproducción de palabras o versos del estribillo en lo que se diferencian las canciones de una sola copla, creando entre sí una gradación de menos a más. Las piezas III y VI corresponden al grado cero, ya que no reproducen nada del estribillo, fuera de las rimas. La XI reproduce la palabra-rima del penúltimo verso y el último completo ; las XII y XIV, los dos últimos versos ; la XIV, la palabra-rima del primer verso, el antepenúltimo en parte y los dos últimos completos.

La identidad formal entre dos poemas apuntada para III y VI, y XII y XIV contradice la hipótesis sobre el alarde de virtuosismo del poeta, ya que éste supone naturalmente que cada forma se aplique a un solo poema. Un análisis atento de los casos visibles de repetición muestra que el criterio de discriminación sistemática entre los poemas recogidos queda respetado a pesar de las apariencias. En efecto, si la pieza VI responde exactamente al grado cero ya mencionado, habrá que matizar para la III, ya que los dos últimos versos de la vuelta son un eco evidente de los mismos versos del estribillo : “tras mi / en pos de mi ; siguio / seguia”. Asimismo, las canciones XII y XIV se distinguen radicalmente por presentar ésta el único caso de hexasílabo en toda la colección.

Si tenemos en cuenta ahora la temática de las distintas piezas, observamos otra forma de separación entre ellas. Las dos canciones de dos coplas pertenecen a dos temáticas distintas : el “apartamiento” del amante para la primera ; la crueldad de la dama para la segunda. Lo mismo se puede decir de III y VI, por una parte, de XII y XIV, por otra. No existe, pues, ningún riesgo de confusión. Más aún, cuando dos poemas tratan el mismo tema desde un criterio formal muy parecido, el poeta hace todo lo posible para reducir al mínimo las similitudes. Así, las canciones III y XIV, a pesar de tener la misma rima inicial y un primer verso muy parecido, tratan el tema con un arte consumido de la variación. Empleo este término adrede porque esa manera de escribir se asemeja tanto o más a la técnica de composición musical que a la literaria.

Decires amatorios

El decir de inspiración amorosa supone para el poeta menos exigencias formales y nuevas posibilidades expresivas. Para ilustrar el primer aspecto, observamos que el número de estrofas es ilimitado, aunque siempre superior a dos para no entrar en competencia con la canción : aquí varía entre tres y siete. El poema está desprovisto de estribillo inicial pero puede presentar una coda o finida, que coincide con media copla. La ausencia de estribillo inicial suprime cualquier obligación de retomar, al final, alguna rima anterior.

Esa notable libertad de que dispone el poeta no se traduce, en la producción de Pedro de Escavias, por un relajamiento en la forma ; al contrario, bien se echa de ver que, en ese género también, procura variar las formas utilizadas, lo que se traduce por la presencia por lo menos de un rasgo diferencial entre los poemas. Las coplas VII y XIII, de misma amplitud (7 estrofas), provistas ambas de una finida, se distinguen por el número de rimas por estrofa : 4 para aquélla, 3 para ésta. Igualmente, las coplas X y XV comparten el número de versos por estrofa, 10, pero la segunda tiene una finida de la que carece la primera. Más aún, sabemos que X fue primitivamente compuesta de estrofas de ocho versos, así se conserva en el Cancionero de Gallardo-San-Román, y que pasó a tener diez versos por copla por medio de un artificio : el poeta añadió, en cada semi-copla, un verso a modo de aposición que apenas influye en la comprensión. De ese modo, Pedro de Escavias amplía el abanico de formas posibles, proporcionando dos longitudes distintas para las coplas de estrofas de diez versos (una de 4, otra de 7), a la par que evita una excesiva concentración de decires de 7 estrofas de ocho versos, lo que hubiera quitado fuerza a la demostración. Además, nos es dado observar a qué clase de manipulación, sea dicho en el buen sentido de la palabra, se dedicaba un poeta de aquel tiempo para conseguir el efecto deseado. La exigencia de la forma colocaba la del significado a un nivel secundario.

La serrana

En el campo de la amplificación de versiones primitivas, se señala de modo especial el poema IX. En su primera versión, se trataba de una canción compuesta de un estribillo más una copla. En el Cancionero de Oñate, aparece como una serrana de siete estrofas con estribillo. El cambio es mucho más notable que en los casos ya observados porque concierne no ya sólo la forma sino también el género : de la canción al decir y, dentro de esta categoría, de las coplas a una forma particular, la serrana. La justificación de semejante cambio reside sin duda, en primer lugar, en la posibilidad para el poeta de conciliar la forma primitiva con una ampliación de la misma. Formalmente hablando, una canción puede confundirse con el principio de una serrana. Además, en el caso del poema analizado, la temática de la canción primitiva coincidía con la de aquel género, ya que situaba al poeta en las circunstancias habituales de la serrana : el encuentro de un caballero, en medio de un paisaje agreste, con una moza deseable. Sin embargo, el motivo verdadero de esa transformación reside en la voluntad del poeta de medirse con un género poético de larga tradición, aunque muy poco practicado por sus contemporáneos.

En efecto, si la serrana tuvo gran acepción en la poesía gallega, a imitación de la provenzal y la francesa, apenas se practicó en Castilla. Las cuatro piezas que el Arcipreste de Hita incluyó en su Libro de Buen Amor no dieron lugar a una corriente propia a Castilla. Un siglo más tarde, el Marqués de Santillana fue el primeo, y casi el único, en explotar esa vena. Lo hizo con la manera sistemática que era la suya cuando tocaba un género, hasta tal extremo que sus ocho serranas son algo así como los apuntes de sus peregrinaciones por la geografía del reino, para honrar sus obligaciones de señor o de capitán de guerra al servicio de la política real.

Hay que inscribir la serrana de Pedro de Escavias dentro de ese intento de recuperación de un género perdido por el Marqués de Santillana y algunos de sus émulos[1]. El hecho es notable, porque apenas si esos innovadores pasan de dos : además de nuestro poeta, Fernando de Torre, del que se sabe que perteneció al círculo de Santillana. Torre compuso una serranica donde se observa la imitación de las de su ilustre modelo más claramente que en la de Escavias.

La tentación es grande de asociar a Fernando de Torre y Pedro de Escavias en esa aventura porque sus dos poemas presentan algunas analogías sorprendentes. Los dos sitúan el marco geográfico del encuentro en una Tierra de Losa, que podría ser la misma y podría interpretarse, además, como un homenaje al Arcipreste de Hita, si la identificamos con el paraje segoviano familiar del gran poeta del XIV. La temática principal coincide también en los dos poemas, donde la serrana sufre la competencia de una dama amada a la que los dos caballeros protagonistas se niegan a traicionar. Se me ocurre, pues, que nuestros dos trovadores quisieron enfrentarse en la composición de una serrana, demostrando así una particular sensibilidad al patrimonio formal heredado de una tradición castellana que ha dejado pocos rastros en la producción del siglo.

No podemos dejar de notar con qué elegancia nuestro andujareño se sale de tan comprometido duelo. Lo hace librándose de las normas del modelo, inventando una serrana más narrativa que lírica, a la vez homenaje al género y su parodia, como también es parodia de las normas del amor cortesano que obliga, aún en las circunstancias más excepcionales, rendir gajes de fidelidad a la señora amada.

Decires narrativos

La inspiración seria de Pedro de Escavias utiliza un número notable de formas distintas : el decir o coplas, las coplas de arte mayor, el romance. Tanto myor es la diversidad cuanto que se aplica a un número reducido de poemas, cuatro en total. El contraste con la producción dedicada a temas amorosos resulta, pues, evidente. Para explicar esa diferencia, se pueden aducir varias razones. La primera y principal reside en la importancia relativa de cada inspiración. Pedro de Escavias se dedicó a la poesía prioritariamente en su juventud, en una época de su vida que privilegiaba las ocupaciones propias de un caballero joven ; en su madurez y vejez, sólo recurrió excepcionalmente al arte de trobar. También cabe decir que la temática amorosa, a pesar de acoger mucha convención o por eso mismo, se prestaba a cierta variedad de formas, como ya he señalado ; no así los temas graves, que conceden menos importancia a la forma. Pero lo que no desaparece en la obra de nuestro alcaide, cualquiera que sea el tipo de inspiración que le anima, es el interés por la experimentación formal. Ilustraré esa constante comentando los decires que nos ha dejado.

El primero (II) está dedicado a llorar la muerte verdaderamente trágica del joven Juan de Pimentel muerto accidentalmente en plena juventud, en 1437. La Crónica del Halconero de Juan II dedica un breve capítulo a la noticia :

Jueves siguiente [14 de febrero de 1437] en Ayllón, vinieron nuebas al rrey en como era fallesçido don Juan de Benauente, conde de Mayorga, fijo de don Rodrigo Alfonso Pimentel, conde de Benauente e mayor heredero de su casa, el qual era muy buen cauallero. De su muerte ouo muy grande sentimiento el rrey e el condestable e todos los caualleros e gentiles onbres de su casa ; e tomaron todos lloros por el.

La elegía dedicada por Pedro de Escavias a ese triste acontecimiento debe interpretarse como participación al duelo colectivo impuesto a la corte, a la que seguiría frecuentando en aquella época. Se conservan otros dos poemas sobre el mismo asunto, debidos a Juan de Agraz, ambos conservados en el Cancionero de Gallardo-San-Román. En contraste con estos, cargados de estoicismo cristiano, el de Pedro de Escavias presenta un carácter frívolo, poco adaptado a las circunstancias que pretende ilustrar. Aún a riesgo de cometer un anacronismo, parece poco acertada la sumisión que manifiesta aquí el poeta a los valores al uso, como si el elogio de un caballero de tantas esperanzas debiera culminar en una evocación de sus virtudes amorosas. Demuestra además cierta torpeza poco habitual en este poeta, pero que tiene quizás su explicación en su relativa falta de experiencia como trovador. Desde el punto de vista formal, el poema no presenta ningún rasgo digno de mencionarse, con excepción de la vuelta, en la finida, de la penúltima rima de la copla anterior. Pero, al no ser la última rima, queda la posibilidad de que se trate de una mera coincidencia.

Más interesantes son las Coplas dirigidas al condestable. Constan de un estribillo inicial, seguido de 7 coplas, con vuelta al final de cada copla de la rima primera del estribillo. En el Cancionero de Oñate y Castañeda, único que las conserva, van acompañadas además de una larga glosa, que parafrasea los pasajes correspondientes de la Crónica de los Hechos del Condestable. La concepción de ese poema supone, pues, una complejidad mayor, en la medida en que, por una parte, no responde a un hecho preciso sino que pretende evocar a una persona real a través de unas actividades concretas y, por otra, consiste en la adaptación en verso de un texto en prosa preexistente.

No estoy seguro de que Pedro de Escavias haya encontrado desde el principio la forma que convenía a su propósito. En efecto, un análisis detenido muestra que la primera estrofa recibe un tratamiento formal particular : mientras que las demás reproducen tres veces su rima primera, según el esquema cddcceea (estrofa segunda ; siendo a la primera rima del estribillo), aquélla repite cada rima dos veces (cddc aeea), incluída la rima del estribillo. El tratamiento original de la primera estrofa tiene como resultado que esta y el estribillo siguen el esquema de una canción, con la única particularidad de no reproducir en la copla la segunda rima del estribillo. El poema se compondría, por consiguiente, de dos elementos: una canción inicial seguida de seis coplas. Cada elemento correspondería a un momento de la elaboración del poema, primero una canción, más adelante, gracias a la aportación correspondiente a la Crónica del Condestable, un decir. Esta interpretación queda confortada por el hecho de que la glosa en prosa que se añade al poema sólo se aplica a las estrofas 2 y siguientes. De hecho, esa primera copla tampoco contiene nada que merezca comentarse, a diferencia de las demás que están repletas de menciones a acontecimientos concretos.

Con las Coplas sobre las diuisiones del reino, volvemos a algo más tradicional. La utilización de las coplas de arte mayor para celebrar un acontecimiento grave y generalmente desgraciado de la política del reino fue inaugurada por el mismo inventor del arte mayor, a saber el Canciller Ayala que lo aplicó a su Tratado sobre el Cisma. Fue practicada más adelante por Alfonso Alvarez de Villasandino en su elegía a la muerte de Enrique III, que dio lugar a varios poemas más de altos personajes de la Corte, a imitación del primero. La elección de esa forma para lamentar el estado del reino en el momento de la batalla de Olmedo se explica quizás por la opción narrativa que hace intervenir al rey Enrique III como protagonista principal de este corteggio al modo italiano. Puede que, consciente o inconscientemente, Pedro de Escavias se haya dejado llevar por una especie de identificación entre la personalidad del rey difunto y esa forma poética. Es la hipótesis que adelanto. Añadiré que nuestro poeta se muestra bastante hábil en el aprovechamiento que hace de las características del arte mayor, cuya amplia estrofa permite cierto énfasis expresivo, así como la estructura rítmica del verso, dividido en hemistiquios, ofrece, además de efectos de simetría variados, la posibilidad de enumeraciones copiosas. Por mi parte, considero que quien pudiera memorizar las coplas 10 a 13 habría alcanzado un buen conocimiento de las grandes familias nobles del reino de aquel siglo y de los siguientes.

El romance al Infante Enrique

Capítulo aparte merece este poema por ser una de las más antiguas y más acabadas expresiones del género romance en la producción escrita castellana. Las circunstancias de su composición quedan oscuras. No parece prudente colocar la fecha de redacción de este romance, ni tampoco de las coplas anteriores, en 1445, fecha de la batalla de Olmedo, ya que aquél no era momento propicio para hacer el elogio del Infante vencido y condenar al Condestable vencedor. El año de 1453 y siguientes serían más probables ya que corresponden a la caída y ejecución de Alvaro de Luna. De algún modo, esos dos poemas expresarían la venganza póstuma del derrotado Infante e irían a engrosar las filas de las obras, a veces violentísimas, en las que poetas tan ilustres como el Marqués de Santillana celebraron la definitiva derrota del antiguo valido de Juan II.

Resulta arduo definir formalmente el romance de Pedro de Escavias porque corresponde exactamente a lo que es esa forma poética para los lectores modernos: octosílabos con rima asonante de los versos pares. Pero, si aceptamos la fecha propuesta para su redacción, estamos ante un caso muy precoz, prácticamente sin antecedente conocido.

No quiero decir que Escavias haya inventado la forma romance tal como se ha practicado hasta hoy. Está claro, por ejemplo, que la expresión en primera persona del protagonista, expresada desde el inicio del poema (“yo me so”), es el eco de una tradición elegíaca ilustrada por el mismo Juan Agraz en uno de los poemas al Conde de Mayorga (“Yo el conde sin ventura vos saludo in Ihu Xpo”). Pero no hay que reducir excesivamente la parte de innovación que corresponde a Pedro de Escavias en la elección de la forma romance: supo ver en ella las características que la hacían adaptable al tema que quería tratar. En el momento mismo en que el romance sigue siendo un material idóneo para la letra musicada, como se señala en la misma Crónica del Condestable (“el rey le mandó facer un romançe el qual a los cantores de su capilla mandó asonar”, p. 90), Escavias lo utiliza como vehículo de noticias históricas. Aprovecha la libertad que concede al poeta en términos de extensión y de criterios formales, ya que se parece más a una prosa rimada que a un decir poético, para someterlo a las leyes de la narración pormenorizada de acontecimientos presentados cronológicamente. Lo utiliza en la función que será la privilegiada en los tiempos modernos, la de la expresión con un máximo de lirismo y emoción de acontecimientos sobresalientes de la historia del reino.

Conclusión

A lo largo de este repaso entre superficial y minucioso de la producción de Pedro de Escavias, he procurado demostrar que ese autor tuvo una consciencia clara de su quehacer de poeta. No lo limitaba a adoptar ciegamente los comportamientos o las opciones estéticas de sus contemporáneos, sino que pretendía usar de todas las formas posibles con el fin de enriquecer los modos de expresión vigentes. Esta filosofía suponía hacer compatible la aceptación de la tradición heredada y una voluntad de innovación. La primera queda ilustrada por la gran variedad de formas practicadas en el campo de la poesía amorosa, siendo la más sorprendente de todas la serrana. La segunda se expresa idealmente en el romance de cuya versión moderna Pedro de Escavias puede considerarse como uno de los inventores.

Las cualidades demostradas por nuestro poeta quedan patentes en su labor de compilador de poemas, como queda reflejado en el Cancionero de Oñate y Castañeda. Se trata de una de las mejores colecciones poéticas del siglo XV y de una de las mejor compuestas. La producción allí recogida cubre toda la extensión de la vida de Escavias, lo que demuestra que su afición a la poesía no fue circunstancial. La inspiración de los poemas es conforme a la propia evolución de la personalidad del compilador: desde la despreocupación de la juventud hasta la gravedad de la madurez. La visión que se nos proporciona así de la producción poética para todo el siglo es la de una vida humana, como si la sucesión de reinados fuera equiparable a la sucesión de las edades del hombre, lo que ofrece materia a reflexión.

Sobre todo, la elección de los poemas denota, por parte de Escavias, una gran acuidad crítica que le permite discernir, más allá de sus gustos personales, los valores imperantes en cada época: a la dominante amatoria y mitológica del reinado de Juan II sucede una nueva preocupación por lo religioso de claro signo fransciscano junto con una irrupción de la sátira política durante el reinado de Enrique IV. El de los Reyes Católicos viene marcado por una poesía hagiográfica hacia las autoridades políticas y de una reflexión sobre la muerte. Añádase el esmero puesto en recoger cada poema en su misma fuente o muy cerca de ella, que hace de ese Cancionero un yacimiento de versiones primitivas.

Todas las cualidades de un gran crítico están reunidas en ese personaje fuera de lo común. Y si tuviera que ilustrar mi opinión con un ejemplo indiscutible, me limitaría a señalar que Pedro de Escavias fue quizás el primero en recoger las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique en una colección poética. ¡Qué más prueba se quiere del excepcional talento de nuestro gran andujareño !

EDICIÓN

Coplas y canciones de pedro descauias

syendo paje del rrey y harto mochacho

I. Por mi triste apartamiento

sennora de vuestra vista

gran deseo me conquista

con terrible pensamiento

Y en tal manera maquexa

que presto me matara

pues la pena que me da

nunca afloxa ni me dexa

asy que de mi tormento

es causa por vuestra vista

deseo que me conquista

con terrible pensamiento

Avnque mi gran padeçer

lleno de tanta desgraçia

alguna vez se me saçia

pensando cos he de ver

pero luego el mal que siento

es tanto por vuestra vissta

quel desseo me conquissta

con terrible pensamiento

II. coplas que fizo a pedro de guzman

sobre la muerte del conde de mayorga

1.Vos sennor que tan profundo                                                5. Despues de tanta virtud

por virtudes soys mostrado                                                       como en el sennor avia

cuyos ojos an mirado                                                                  tanta fe y amor tenia

vna gran parte del mundo                                                         que fue fin de su salud

dezidme la muerte donde                                                           el amo tan verdadero

mostro su yra cruel                                                                      a su dama y la siruio

tan rrauiosa como en el                                                               quen pensallo agora

de mayorga triste conde                                                             yo siento tal dolor que muero

2. La qual con sanna ençendida                                               6. Nuestro gran rrey y sennor

syn ninguna piedad                                                                     a quien yo vere muy çedo

en muy peligrosa edad                                                               por temor sin duda y miedo

ha leuado desta vida                                                                   poderoso enperador

este que por sus bondades                                                         aya pesar con su muerte

sus enemigos loauan                                                                  del quen virtud y bondad

y todos sennor le amauan                                                          syn otra contrariedad

de sus propias voluntades                                                          tuvo coraçon tan fuerte

3. Ya la fama en toda espanna                                                 7. Pues las damas del qual eran

contaua ser generosso                                                                 tenidas en tanto grado

este conde virtuosso                                                                    por su caso desastrado

de quien he manzilla estranna                                                  llorenlo fasta que mueran

valiente de la presona                                                                 que su gloria fue seruir

do virtud no ffalleçio                                                                  a todas por quien amaua

de guissa que mereçio                                                                 finalmente desseaua

sobre todos gran corona                                                             por qualquier dellas morir

4. Sus virtudes espeçiales                                                          8. Dando fin a mi rrazon

eran por el mundo todo                                                              vos y todos quantos aman

publicadas en tal modo                                                              o suyos de amor se llaman

quera pasmo a los mortales                                                       aved del gran conpasion

no tenie puesto en oluido                                                           faziendo terrible duelo

de fazer sienpre nobleza                                                            asimismo larga estoria

& siguio la gentileza                                                                   por que biua ssu memoria

por do fue mas conoçido                                                            syn llegar jamas al suelo

                                                                               ffin        

                                                               Por sus fechos gran vitoria              

                                                               le deuemos todos dar

                                                               por que se puedalegrar

                                                               dondesta y rreçiba gloria

          III. cançion                                                                   IV. Otra suya

Quando viste que party                                                                       Dios que tanta fermosura

de ty la ssennora mia                                                                           sobre quantas son vos dio

cuydado partio tras mi                                                                         quiso cos amasse yo

que siguio mi conpania                                                                       mas que a biua criatura

                                                                                                                

El cual dixo que mandado                                                                  De manera que tenes

le fue por amor seguirme                                                                     mi presona asy vençida

y asy fuy marauillado                                                                          que no puede ser mi vida

que no supe que dezirme                                                                     mas de quanta vos querres

espantado me bolui                                                                              duenna de gran fermosura

pensando que te veria                                                                           sobre quantas dios crio

y vy venir en pos de mi                                                                        quiso cos amasse yo

cuydado que me seguia                                                                        mas que a biua criatura

                                                                                                                

                                                      V. coplas suyas

1. A quien daua triste yo                                                                     2. A quien daua que no oviera

tantos gemidos llorando                                                                      conpasion de mi algun dia

a quien daua sospirando                                                                      a quien daua mi sandia

mi salud la qual gassto                                                                        voluntad tan verdadera

a quien daua coluido                                                                            a quien daua en tal manera

mis seruiçios fastaqui                                                                          mis seruicios sin mentyr

daualos a quien de mi                                                                           daualos a quien morir

solo vn dia no curo                                                                               ver syn duda me quisiera

                                                                                  fin

                                                               Si pudiese desamar

                                                               la que digo no amaria

                                                               avnque se que me ffaria

                                                               sy quisiese rrecobrar

                                                               tal plazer quen lo pensar

                                                               tanto gozo me seria

                                                               que pesar no me podria

                                                               ningund tienpo aconpannar

 

                                                      VI. cançion suya

                                                               Quanto mas pena sofrir

                                                               me faze vuestra beldad

                                                               tanto mas mi voluntad

                                                               es dispuesta a vos seruir

                                                               Dios que vos fizo fermosa

                                                               mas cotra persona alguna

                                                               creo syn duda ninguna

                                                               que vos fizo piadossa

                                                               pero quereslo encobrir

                                                               con sobra de gran bondad

                                                               demostrando crueldad

                                                               por mas gloria rreçebir

 

                                                  VII. coplas a vna dama

1. Mas fermosa que no dido                                                                4. La guerrera muy famosa

ni que la rreyna jocasta                                                                       que dizien pantaselea

ni que aquella virgen casta                                                                 ni andromaca ni penea

por quien fue apolo ofendido                                                             nos pasaron de fermosa

de diana cabe ygual                                                                              ni la rreyna simiramis

entre tisbe y penolope                                                                          ni la virgen proserpina

y la rreyna de rredope                                                                          vos soys de tal rrobo dina

sennora soys espeçial                                                                           como fue elena de paris

2. La del coraçon maldito                                                                    5. Eurediçe la dorffeo

medea ni filomena                                                                                antiopa ni adriana

ni la que naçio por pena                                                                      ni a la otra que fue ermana

del troyano çircuyto                                                                             y muger de macareo

ni la madre de cupido                                                                           no les pudo dar natura

ni las que fermosas fueron                                                                  mas beldad ni a ypromestra

mas que vos ser no pudieron                                                              ni la rreyna clitimestra

o tengol seso perdido                                                                           vos paso de fermosura

3. La que fuen sennal de gloria                                                           6. Nin aquella gentil dama

rrobada por los de greçia                                                                     de breçayda ni atalante

ni la rromana lucreçia                                                                          ni la que llego delante

de quien fazen gran memoria                                                             de las otras a la fama

ni la que por nigligençia                                                                       mas que vos no fue smerada

de creon ardio en sus bodas                                                                pues con las que los actores

en virtudes estas todas                                                                         escriuieron por mejores

nos leuaron preminençia                                                                     deueys sser canonizada

 

7. De virtudes espeçiales                                                                     8. Mi proçeso abreuiando

dios vos fizo tan conplida                                                                   pues que soys tan singular

que presona desta vida                                                                        dexo de mas dilatar

no naçio con otras tales                                                                       y digo determinando

las que son biuas oy dia                                                                       que las quen mayor potençia

y las que despues vernan                                                                    son de tales presumiendo

que les pese vos daran                                                                         la verdad no sescondiendo

sobre sy gran mejoria                                                                          vos deuen gran rreuerençia

                                                                                  fin

                                                               Asy que sennora aquel

                                                               que no tyene ssoberano

                                                               vos porrna con la su mano

                                                               la corona de laurel

 

                                                    VIII. cançion

                                                               De poder vos yo jamas

                                                               oluidar en ningun dia

                                                               no pienso sennora mia

                                                               ante sienpre amaros mas

Basta mi bien que creays                                                                     Essta es la causa por que

esta ser mi voluntad                                                                             gloria rreçibo en penar

avnque con gran crueldad                                                                   vos ser la mas singular

terribles penas me days                                                                       syn duda de quantas se

rrecordaos que me matays                                                                  mi bien desque vos mire

y sy yo muero por vos                                                                          amo vos tan syn medida

sera porque os ffizo dios                                                                      no penseys como a mi vida

de las fermosas la mas                                                                         ssaluo diez mill vezes mas

 

                                                      IX. sserrana

                                                               Llegando cansado yo

                                                               al puerto la peralosa

                                                               vna serrana fermosa

                                                               al encuentro me salio

1. No le do mayor loor                                                                         4. Dixo pues amor vos faze

solo por no ynjuriar                                                                              sostener tal pensamiento

la que me puede mandar                                                                     de vuestro padeçimiento

y tiene por seruidor                                                                               sabe dios que me desplaze

mas tan bien me pareçio                                                                      mas holgad aqui do no

y tan desenbuelta y donosa                                                                 avres noche trabajosa

que mi firmeza dubdosa                                                                      avnque mi madres çelosa

y alterada sse paro                                                                                la mas conbre nunca vio

2. Viendome venir asy                                                                         5. Vista su gran cortesia

mas triste que plazentero                                                                    dixe sennora merçedes

y a vos dixo cauallero                                                                          porque asy vos condoledes

quien vos traxo por aqui                                                                     de la gran fatiga mia

o que senda vos guio                                                                            y pues dios aqui mecho

por esta sierra fragosa                                                                          yo açebto vuestra graçiosa

por la qual andar no osa                                                                      profierta con vna cossa

quien en ella sse crio                                                                            de no errar a cuyo sso

3. Cuan cortesmente yo pude                                                             6. Y aquella noche con ella

rrespondi de mi venida                                                                        alverguen cama de heno

otra presona naçida                                                                              do tuve tal tenpre y freno

no es causa sy Dios mayude                                                              quella se quedo donzella

saluo amor que me prendio                                                                 qual su madre la pario

por do mi vidafanosa                                                                           pero creo que ssannossa

despues aca no rreposa                                                                        porque no me dixo cosa

ni jamas no rreposso                                                                            al partir ni me miro

                                                               7. Dixele por dar color

                                                               pues sennora a dios seays

                                                               ved si algo me mandays

                                                               que faga por vuestro amor

                                                               nada no me rrespondio

                                                               mas con ayre desdennoso

                                                               y senblante rrigurosso

                                                               las espaldas me boluio

 

                                                         X. coplas

1. O triste partida mia                                                                          4. E ssi conpasion de mi

ffin de todos mis enojos                                                                      tristeza tomalgun tanto

causa de çien mill antojos                                                                   y le mueue mi gran llanto

llanto de mis tristes ojos                                                                      fara gran rrazon por quanto

que no çessan noche y dia                                                                   largos tienpos la sserui

de mi muerte mensagera                                                                     y por ella los pasados

la qual poco tardara                                                                             afanes que aver ssolia

de guissa quessta ssera                                                                        syn punto de mejoria

segund la pena me da                                                                           syguen y tienen la via

mi partida postrimera                                                                          que lieuan mis tristes fados

2. Por fuerça me partire                                                                       5. La qual yo considerando

cunpliendo tu voluntad                                                                        el triste tienpo pasado

con tamanna ssoledad                                                                         y tan mal galardonado

y tan poca piedad                                                                                 seguire doy mas forçado

que por do vaya dare                                                                           mis cuytas acreçentando

sospiros muy doloridos                                                                        fasta que mi vida acabe

haziendo cosas estrannas                                                                    asy que desta figura

den medio de mis entrannas                                                               con sobra de gran tristura

por ser mis penas tamannas                                                               me lieua desauentura

lançando grandes gemidos                                                                  tan triste como dios sabe

3. Mas rruegote mi partida                                                                 6. Pero como ya querria

que ally muestres dolor                                                                        ser libre de mal tan fuerte

ca sabes que seruidor                                                                            a ti mi tenprana muerte

con muy entrannable amor                                                                 pues tal ha sydo mi suerte

he sydo toda mi vida                                                                            leuare por conpannia

ffaziendo por mi saber                                                                         la qual yo rreçebire

a quien tanto me desmaya                                                                  con gozo muy singular

que biuo doquier que vaya                                                                 la vida de bien amar

avnque piedad no aya                                                                          ques gemir y ssospirar

o muerto suyo he de ser                                                                       haziendo doquier que yre

                                                               7. Contigo sere gozosso

                                                               dexando penas mortales

                                                               contigo mis grandes males

                                                               y angustias tan desiguales

                                                               yo siento que avran rreposo

                                                               contigo muerte querida

                                                               mis cuytas avran rreparo

                                                               tu sola seras anparo

                                                               rremedio muy çierto y claro

                                                               de vida tan dolorida

 

          XI. cançion                                                                  XII. cançion

Vuestra crueldad matar                                                                       Gentil dama valerosa

me puede syn mereçer                                                                         mas que quantas vi ni veo

mas no sennora fazer                                                                           rrecordadvos que desseo

que vos pueda dessamar                                                                     es pena muy congoxosa

Porque vuestra hermosura                                                                  Rrecordadvos solamente

me tiene tan convençido                                                                     dun seruiçio que vos fize

que rrazon ni buen sentido                                                                  que mi lengua aqui no dize

no me basta ni cordura                                                                        por estar de vos ausente

y por tanto avnque penar                                                                    y pues de mi mal gozosa

me fagays y padeçer                                                                            soys y causa segund creo

no podreis tanto fazer                                                                          rrecordadvos que desseo

que vos pueda desamar                                                                       es pena muy congoxosa

 

                                                      XIII. coplas suyas

1. De uos que puedo llamar                                                                4. Vos soys la por quien porfio

prinçipio de mis amores                                                                      ssi vos pudiese oluidar

que me dan tales dolores                                                                     mas quisos Dios otorgar

dolores para matar                                                                               ssobre mi tal poderio

de vos mi bien singular                                                                        que soy vuestro mas que mio

rreçibo contra rrazon                                                                            por tal manera que ya

terrible muerte y pasion                                                                       en vuestro poder essta

syn poderme defenssar                                                                        todo mi franco aluedrio

2. Vos de mi pues vuestro sso                                                            5. De mis males sabidora

sennora seres seruida                                                                           vos fago por escritura

vos sola tenes mi vida                                                                          pues mi gran desauentura

y otra ninguna no                                                                                  que fue sienpre estoruadora

vos soys la que me prendio                                                                 no me da lugar ssennora

en tienpo quera ynoçente                                                                    que por mi os pueda dezir

vos soys de quien soy ausente                                                           lo que me faze ssentir

y cuando presente esto                                                                         vuestra beldad matadora

3. Vos soys la que podes dar                                                              6. La qual nunca piedad

gozosa fin a mi pena                                                                            quiso fastaqui mostrarme

vos soys la que sienpre ordena                                                           antes por mas pena darme

la contra de mi pensar                                                                          con terrible crueldad

vos soys la que mi penar                                                                     faze mi catiuidad

de cada dia esforçays                                                                           mas graue que ser deuiera

vos sola multiplicays                                                                            porque yo ynoçente muera

mi continuo ssospirar                                                                           en tan tierna y poca edad

                                                               7. Pero sy sennora aves

                                                               de mi muerte alguna gloria

                                                               tal morir mes gran vitoria

                                                               tanto que vos me mates

                                                               por ende sy mas seres          

                                                               seruida con mi morir            

                                                               que con mi triste beuir         

                                                               dadme cual muerte querres 

                                                                                     ffin                     

                                                               Asy que sennora vos

                                                               syn otra duda saluar

                                                               me podeis o condenar

                                                               pues vuestro me fizo dios

 

                                                         XIV. otra suya

Depues que party

mi bien de vos ver

pensad que plazer

jamas no senty

Ni pude ffallar

por bien que buscase

rrazon que bastase

mi mal consolar

mas como me vy

de vos lexos sser

pensad que plazer

jamas no senty

 

                                                         XV. Coplas suyas

1. No puedo mi bien pensar                                                                3. Ni puedo pensar sennora

en que vos aya enojado                                                                       de como mi voluntad

porque vuestro gesto ayrado                                                              viendo vuestra crueldad

desdennoso y alterado                                                                         con tan poca piedad

contra mi deuays mostrar                                                                    nos puede oluidar vn ora

mostrando gran sentimiento                                                               ni pienso fallar rremedio

y sanna do no ay por que                                                                     a pena tan desigual

que vos juro por mi ffe                                                                        ni puedo pensar en al

yo jamas nunca os erre                                                                         ni siento quien de mi mal

ni solo por pensamiento                                                                      vos pueda dezir lo medio

2. Ni puedo fallar carrera                                                                    4. Ni puedo pensar sy yo

de yerro que vos fiziesse                                                                      vos amo por fermosura

porque padeçer deuiese                                                                        ni se sy por aventura

tal pena ni mereçiese                                                                            por creçer mas mi tristura

castigo de tal manera                                                                           fue plaga que dios me dio

ni se que pena mayor                                                                           ni se persona que crea

pueda ser que los enojos                                                                     mis penas que nos escriuo

que me dan vuestros antojos                                                              ni sy soy libre o catiuo

ni se por que vuestros ojos                                                                  ni se la vida en que biuo

me miran tan syn amor                                                                        ni puedo pensar que sea

                                                                               ffin

                                                               Ni quiero mas enojaros

                                                               con largo rrazonamiento

                                                               saluo que soy muy contento

                                                               de padeçer mi tormento

                                                               y morir por no cobraros

 

       XVI. Coplas fechas sobre las deuisiones del rreyno por la priuança del condestable

       don aluaro de luna con el sennor rrey don juan el segundo quando la batalla dolmedo

1. Viniendo camino con mucho cuydado                            6. Enpero despues que casy canssadas

traspuesto del todo sin cosa sentir                                         quedauan por causa del gran conbatir

fortuna me fizo por fuerça seguir                                          en modo espantable qual no se dezir

vn valle muy hondo sin otro poblado                                  mostrando sus caras de furia ynflamadas

por do camine asaz esspantado                                             juntauanse todas al suelo ynclinadas

y vyendome al pie de vna gran sierra                                   fazien tan gran duelo con boz espantosa

a fin de ssalir de tan triste tierra                                            cual pienso que nunca se fizo por cossa

me di tanta priesa que fuy muy cansado                             ni verlo pudieron las gentes pasadas

2. Del gran caminar sobrado y vençido                               7. Al son del qual llanto vi venir alli

la noche viniendo en medio del valle                                   por todas partes ynfinita gente

al tienpo que vmana natura sse calle                                    que avien ya pasado la vida presente

y todo rreposo haya rreçebido                                               por quanto daquellos los mas conoçi

dun pesado ssuenno yo fuy costrennido                              y de los que agora macuerdo que vy

el cual fue rreposo de mi pensamiento                                porrne por escrito aqui en singular

fasta la ora daquel partimiento                                              ca no me podria del todo acordar

do faze la lunbre ssu curso deuido                                        segund el terrible pauor que senty

3. Aquella sazon por toda carrera                                         8. Vinie en los primeros el muy ecçelente

vi que salieron de muchas ffaçiones                                    rrey don enrrique terçero passado

tigres diuersas y fuertes leones                                              y luego con el a su diestro lado

con otros vestiglos destranna manera                                  la muy virtuosa rreyna potente

valientes dragones lançando de fuera                                  al otro siniestro viniel traçendente

flamas terribles de fuego ençendidos                                   y santa presona del rrey don fernando

de sus bozes rroncas y grandes aollidos                               a par del la rreyna los otros andando

todonbre desfuerço ssin duda temiera                                  asy cada vno por tal consiguiente

4. Y bien como quien sin fuerças ni mannas                      9. Vinien los parientes del rrey mas çercanos

solo se falla entre grandes tropeles                                       vinien los tres duques maestres priores

asy me vy cuando de bestias crueles                                    vinien muchos condes y grandes ssennores

vy tal moltitud de formas estrannas                                     asy de castilla como comarcanos

y vnas a otras rronper las entrannas                                     vinien muchos primos parientes hermanos

faziendo tan braua y cruda pelea                                           con gran clerezia vinien arçobispos

que dubdo sy fue ni es onbre que lea                                    vinien asymesmo muy muchos obispos

ni oyga dezir de otras tamannas                                            los ojos llorosos torçiendo las manos

5. Las cuales despues cauien conbatido                              10. Vinien conpannia daquestos perrlados

çesauan vn poco mirando las muertas                                 el arçobispo don pedro tenorio

mas luego yndinadas las bocas abiertas                              vinien los dacunna vinien los dosorio

tornauan al fecho con fuerte bramido                                  vinien los mendoças vinien los furtados

lançando de sy tamanno rroydo                                            Vinien sandouales non mucho alongados

quen todo lugar do oyr sse pudiese                                       vinien los guzmanes cubiertos de niebla

no siento presona que miedo no oviese                                vinie don enrrique el conde de niebla

mirad que faria quien solo lo vido                                        y los de velasco en vno ayuntados

11. Vinien los pachecos y los de gueuara                           15. Llegados alli do el llanto ffazian

girones manrriques en son muy notable                              los brauos vestiglos maguer ynsensibles

vinie don rruy lopez el buen condestable                            del danno presente con bozes terribles

con otros que fueron ssennores de lara                                ally todos juntos muy fuerte plannian

asi como aquellos a quien dessanpara                                 los vnos llorauan los otros gemian

la vela en los mares con tienpo ynportuno                          asy que los montes de çerca atronauan

vinien los padillas y rrojas en vno                                        despues de diuersas querellas que dauan

con ojos llorosos y muy triste cara                                       en fin de sus llantos asy concluyan

12. Vinien los de castro y los de ferrera                              16. Lloremos vn caso ya tan dessastrado

con ellos los daça y los daguilar                                            pues vemos los nuestros enbueltos en guerras

vinien los de haro y los de touar                                           y vnos a otros tomarse las tierras

vinien arellanos y los de rribera                                             que nos les dexamos con tanto cuydado

y luego vn escuadra de gentestranjera                                 lloremos lloremos pues han acordado

vinie tras aquestos que contado he                                       que todo perezca syn otra manzilla

la cual comoquier que bien rremire                                       lloremos pues vemos la nuestra castilla

jamas conoçi ni supe quien era                                              arderse por causa dun ssolo priuado

13. Vinien pimenteles daquesta figura                                17. Lloremos mas rrezio la causa ynportuna

sarmientos carrillos de silua y de ayala                               por quien se consume todo quanto ovimos

vinien los destunniga que asi dios me vala                         lloremos los debdos de quien nos sentimos

dolor me tomo por ver su tristura                                          por vellos metidos en tanta fortuna

vinien los quinnones con tal catadura                                  lloremos por quanto mirando la luna

cual muestran aquellos que sufren tormento                      el rrey suçediente quiere consentir

vinien otros muchos que aqui no rrecuento                         por mas sublimalla perder y estroyr

por quanto seria muy larga escritura                                   los rreynos que ovo mamado en la cuna

14. Aquestos de suso por mi rrecontados                            18. Bien tal como quando jasson conbatia

no vi que vinieron pasando baladas                                     aquel velloçino que en colcos estaua

con mantos bordados nin rropas chapadas                         y de la serpiente que sienpre velaua

ni menos vestidos de rricos brocados                                  y asy de los toros dubdaua y temia

mas vy que vinieron muy mal arreados                               bien tal me fallaua ca yo no sabia

sus luengos cabellos trayen desconpuestos                         aquella sazon de mi que fiziese

los cuerpos coruados con muy tristes gestos                       ni por cual guisa partir me pudiese

comonbres que son a muerte juzgados                                dally do fortuna leuado mauia

                                                                                     ffin

                                                         Estando espantado del acto que via

                                                         comonbre que parte de si non sopiese

                                                         yo fuy delibrado dalli syn que viese

                                                         presona ninguna que fuese mi guia

 

                                 XVII. rromançe que fizo al sennor ynfante don enrique

                                                      maestre de santiago

Yo me so el ynfante enrrique                                                    que me torrnarie mis tierras

daragon y de sseçilia                                                                             y mucho mas [me] daria.

fijo del rrey don fernando                                                                      Yo como ley sus cartas

nieto del rrey de castilla                                                                      vineme para castilla

maestre de Santiago                                                                             desta vez cobre lo mio

de la gran caualleria                                                                       80 quanto yo perdido avia

el gran conde dalburquerque                                                              desta vez me vy sennor

sennor de huete y gandia                                                                     muy mayor que ser solia

sennor de muchos vasallos                                                                 vyme sennor de toledo

10 en aragon y castilla                                                                         sennor dell andaluzia

el mayor duque ni conde                                                               yo solo mandaua el rreyno

quen espanna sse ssabia.                                                                     yo solo me lo rregia

Dierame dios muger                                                                          yo solo daua merçedes

a la ynfante catalina                                                                             aquellos que me plazia.

ermana del rrey don juan                                                                       En esta sazon el rrey

del rrey don enrrique ffija                                                            90 mando que fuese a seuilla

que despues de ser fermosa                                                                a soltar a don alonso

muchas virtudes tenia.                                                                         de la prisyon do yazia

De las glorias deste mundo                                                             Leue catorze batallas

20 nada no me ffalleçia                                                                       de gente mucho guarrnida.

tanto que por toda parte                                                                          Fuy çercar a cantillana

mi gran fama sestendia.                                                                      quen camino me caya

Boluio contra mi su rrueda                                                              pusele çiertos engennos

fortuna que no dormia                                                                         y muy gran vallesteria.

rreboluiome con mi primo                                                           100  En fin de los treynta dias

el rrey don juan de castilla.                                                                 ya por mia la tenia

Fizole que me prendiese                                                                   saluo quel conde de niebla

avnque non lo mereçia                                                                         que a seuilla defendia

enbiome preso a mora                                                                         puso comigo sus tratos

30 vna fortaleza mia                                                                            que la çibdad me daria.

do me touo en grandes fierros                                                                Creyme de sus palabras

tres annos de dia en dia.                                                                      por la sangre do venia

El rrey daragon mi ermano                                                              no pensando que tal onbre

como aquel que le dolya                                                                     la verdad quebrantaria.

juntara muy grandes gentes                                                       110    Faltome los juramentos

por librarme do yazia                                                                           faltome la pleytessia

fizole que me soltasse                                                                          faltaronme mis amigos

avnque voluntad no avia                                                                     en quien mas fuzia tenia

no digo que fue por miedo                                                                  y algunos de mis criados

40 saluo fue por cortesia.                                                                    daquellos que mas queria

Fuyme luego para el rrey                                                                 alçaronse mis lugares

donde sus cortes tenia                                                                          muchos dellos en vn dia.

rreçibiome alegremente                                                                          Mando pregonar el rrey

diziendo que me faria                                                                          so pena de la ssu yra

muchas graçias y merçedes                                                       120  que no me diesen viandas

mas que no fecho mavia.                                                                    ni macogiesen en villa

Syenpre yo estaua pensando                                                           que todos sus caualleros

en que le seruir podria                                                                         fuesen con el muy ayna

mas don aluaro de luna                                                                        jurando que desta vez

quera mucho su priuado                                                                     seria preso o morria.

50 condestable de castilla                                                                       Enbie mis mensageros

ovo de mi grande enbidia.                                                                   a nauarra y por castilla

por no perder la priuança                                                                   rrogando que macorriesen

la priuança que tenia                                                                           los queran de mi valia.

al rrey mi sennor de mi                                                               130    Mi hermano el rrey de nauarra

sienpre mucho maldezia.                                                                    y otros grandes de castilla

El por le fazer plazer                                                                         de ginetes y onbres darmas

mostro contra mi su yra                                                                      troxieron gran conpannia.

desterrome de sus rreynos                                                                      Miercoles era por mayo

60 corriome fasta seçilia                                                                      ya despues del mediodia

tomome todas mis tierras                                                                    quando asomo el rrey don juan

diolas a quien mas queria                                                                    con su gente bien rregida

las que me dexo mi padre                                                                   con tronpetas y atabales

y las quel dado mauia.                                                                         dando muy gran bozeria

Doze annos andoue fuera                                                       140  su pendon rreal tendido

desterrado de castilla                                                                            llamando todos “!castilla!”.

a vezes tenia mucho                                                                                Mas comol can que con rrauia

a vezes me falleçia                                                                               de su sennor traua y tyra

pasaron por mi fortunas                                                                      salimos a rreçebillo

quales contar no sabria.                                                                       a los canpos do venia

70    En cabo de los doze annos                                                         ovimos la gran batalla

el sennor rrey mescreuia                                                                     çerca dolmedo esa villa

que me viniese a sus cortes                                                                 do fuemos todos vençidos

donde quier que las tenia                                                                    por muy gran desdicha mia

                                                                        deo graçias

 

                                            XVIII. coplas dirigidas al condestable don miguel lucas

                                                               criado del sennor rrey

                                                               Virtuoso condestable

                                                               vuestros fechos tanto buenos

                                                               que fazeys contragarenos

                                                               vos dan fama muy loable

1. Tanto que por todol mundo                                                            4. No contenta vuestra espada

suenan ya vuestras vitorias                                                                 de fechos tan singulares

en cantares y en estorias                                                                      boluistes a los lugares

llamanuos el çid segundo                                                                    questan juntos con granada

o que fama ynestimable                                                                      do troxistes desa entrada

para quien del se pregona                                                                   fasta los ninnos de teta

syn que se falle presona                                                                      syn muchos que de la seta

quel contrario desto fable                                                                    murieron abominable

2. Con dolor de los cuytados                                                              5. El rrey çidiça aquel dia

de la çibdad de jaen                                                                             que del alhanbra miraua

quen granada padeçien                                                                        cuando la presa pasaua

catiuos aherrojados                                                                              y la vega todardya

çinquanta moros atados                                                                      su ventura maldezia

de la yllora troxistes                                                                             non osando pelear

los cuales les rrepartistes                                                                     porque vos veya andar

con amor muy entrannable                                                                 como leon espantable

3. Por la sierra y por lo llano                                                              6. No digo dotras entradas

faziendo talas peleas                                                                            que fezistes muchas vezes

a guadix y sus aldeas                                                                           trayendo rricos jaezes

posistes a saco mano                                                                           y moros manos atadas

do lloro el pueblo pagano                                                                   otros muchos a lançadas

trayendo moras y moros                                                                      matando por alquerias

muchas joyas y tessoros                                                                      ni dotras cauallerias

que fue cosa ynumerable                                                                    de memoria asaz notable

                                                               7. Mas dexando lo que toca

                                                               a los perros ysmaeles

                                                               enemigos ynfieles

                                                               contra quien soys como rroca

                                                               tornara contar mi boca

                                                               lo cual puede dezir bien

                                                               cuanto vos deue jaen

                                                               ser para sienpre açebtable.

Octubre de 1997

 



[1] Desarrollé este tema en dos trabajos posteriores: “La noción de género en el corpus cancioneril : el caso de la serrana”. I Canzioneri di Lucrezia. Los Cancioneros de Lucrecia. Atti del convegno internazionale sulle raccolte poetiche iberiche dei secoli XV-XVII. (Ferrara, 7-9 ottobre 2002), a cura di Andrea Baldissera e Giuseppe Mazzocchi. Padova : Unipress, 2005. p. 25-41; “La serrana castellana ¿género paródico?”. The Burlesque, the parodic and the satiric in medieval and early modern Spain, La Corónica 38.1, Fall 2009, p. 333-348.

Hipérboles taurinas

Hipérboles taurinas

Faena de Juan Belmonte en San Sebastián

El 21 de agosto de 1927 se celebró en la Plaza de toros de San Sebastián una corrida en la que Juan Belmonte alternó con Nicanor Villalta y Niño de la Palma frente a toros de Concha y Sierra. Reproduzco pasajes del artículo que el revistero El Tío Cañitas redactó para La Voz de Guipúzcoa del 23 de agosto, página 9 [puede consultarse en línea]. Mi suegro, Paul Enjolras, de edad de 24 años entonces, tuvo la oportunidad de presenciar la corrida y conservó religiosamente la página del diario. De esa experiencia nos hablaba a menudo. Fue la primera corrida a la que asistió y solía contar que el amigo español de su cuñado Jean Sarrailh que lo acompañó le aseguró que en su vida había visto faena tan prodigiosa como la del cuarto toro y que podía dejar de ver más corridas después de aquella. Paul, que vivía en Saint-Étienne y luego en París, lejos de las plazas españolas o del sur de Francia, no tuvo más oportunidad de volver a ver una corrida hasta el año 1935, en que visitó Sevilla y pudo presenciar la del 29 de septiembre, día de San Miguel, en la que coincidieron de nuevo Juan Belmonte y el Niño de la Palma y, junto con ellos, Marcial Lalanda. Nos dejó en herencia el billete que había conservado (Sombra, Grada 3, fila 1, núm. 34). No recuerdo si lo comentamos, pero resulta que mi suegro tuvo así la suerte de asistir a la despedida del trianero. No creo que lo hiciera adrede, porque dudo de que la gira por España que dio con sus amigos de Saint-Étienne a modo de despedida de su vida de soltero, ya que iba a casarse al año siguiente, fuera calculada para coincidir en Sevilla en esa fecha que resultó memorable para los aficionados. Sea como fuera, da la extraordinaria casualidad de que mi suegro se inició a la tauromaquia bajo el signo de Belmonte y su escasa experiencia coincidió con dos momentos claves de la carrera de uno de los mayores toreros de la historia.

LA TERCERA DE ABONO

………………….

Belmonte, “magistral honoris causa taurina”

…………………………………….

……………………………

Juan pone cátedra y se lleva dos rabos y cuatro orejas. – Villalta se gana a pulso la oreja y el cartel y el Niño de la Palma aguanta la borrasca que anunció Orcolaga y que no llegó a tiempo

[…]

  […] suena la trompeta intrépida y en el ruedo limpio de polvo y paja aparecen las cuadrillas capitaneadas por Juan Belmonte, el “terremoto” de la Martinica y todas las islas de Oceanía; Nicanor Villalta, el torero de más firme voluntad que hemos conocido, y Cayetano Ordóñez, el más desaprensivo de los astros coletudos, indigno de haber nacido en Ronda, que fue la cuna del toreo, según reza el cantar.

  Se lidian seis hermosos toros de la viuda de Concha y Sierra, que armaron una revolución y que dicho sea por adelantado dejaron al pabellón tan bien puesto, como para saludarle con veintiún cañonazos desde el castillo de la Mota.

  Belmonte en el paseo, es recibido con aplausos del tribunal, que no cesó de batirle palmas toda la tarde.

UN TORERO Y UN TORO

  Rompe plaza “Esmeraldo” negro lombardo, bien armado y guapo mozo, para quien quiera algo de él.

  Bravo, noble, casi ideal.

  Belmonte le lancea ceñido, pero con algún movimiento y escucha las primeras palmas.

  El toro arremete valiente con los de “aupa” y Juan saca (¿sale?) del peligro toreramente.

  Villalta remate un quite con dos verónicas estupendas y Cayetano apenas se llama Pedro. Belmonte toca el testuz.

  Pareado como de costumbre sin pena ni gloria, pasa al último tercio, inocente y noble.

  Juanito saluda a los infantes que asisten a la corrida y al presidente y al asesor, y después se cuadra ante don Sabino Ucelayeta y le llama escrupuloso empresario, inteligente aficionado y guapo inclusive y le brinda la muerte del Concha y Sierra.

  ¿Qué pasó después?

  Un hombre, un torero, “un torero”, entiéndase bien un torero, desafía al bicho a dos pasos de la cun, y derrochando gracia, arte, valor y redaños.

  Con el trapo rojo explica todo un curso de tauromaquia con acotaciones al margen. El hombre y el toro sumiso a sus mandatos componen un cuadro de insuperable valor estético; la línea aparece perfectamente definida y hay que reirse de la sinusoide y de la hipotenusa inclusive. Naturales, altos, de pecho, a dos pasos del pitón, mandando, dominandoy con el toro metido en el bolsillo de la chaquetilla desde el primer pase.

  Y luego venían alegrías, y un molinete en el que el toro le hizo cosquillas a Belmonte en ambos sobacos con los pitones al mismo tiempo; faroles con la muleta, arte, gracia, distinción y similicadencia taurina.

  Eso es torear, lo demás es pura fantasía y hay que distinguir entre torear y cobrar.

  Para fin de aquella faena que emborrachó al público, el hombre del corazón más grande que las pirámides de Egipto, se arranca desde la propia cuna y hunde hasta el pomo el estoque en las péndolas, dos centímetros de la línea media, y rueda el toro, y el público en pleno “de[li]rium tremens” le otorga al trianero las dos orejas y el rabo y don Sabino le prende en la montera al devolvérsela u alfeler de brillantes y zafiros.

  Las ovaciones al trianero se oyeron en el otro continente.

[…]

LO QUE VIERON QUINCE MIL MORTALES DICHOSOS

  Se presenta en ruedo “Avellano”, colorado, ojo de perdiz, buen mozo y con más velas que un monumento, que dijo Quevedo en un clásico soneto que dicen escribió cuando estuvo preso en San Marcos, de mi pueblo, porque “mangue” es de León. Pero el verdadero monumento es otro, como verá el lector, otro que hace pendante con el de catedral sevillana en la noche del “Miserere” famoso.

  Belmonte le templa y recoge como las propias rosas, y luego hace un quite como para esculpirlo Benlliure, y Nicanor otro muy bueno. Zurito pone dos grandes puyazos y es ovacionado, y en otro quite Belmonte se ciñe el toro a la cintura. Pronto y bien pareado, pasamos al último tercio, abriéndose de par en par las puertas el paraíso taurino.

Belmonte brinda a los faroleros del “Heraldo de Madrid”, y en medio de la plaza, completamente solo y aislado, hace una faena de muleta épico – gigantesco – monumental, explicando artepuro y ampliando los estudios superiores de un curso de estética taurina. Pases altos dibujados por el propio Apeles; naturales y de pecho incopiables; molinetes y faroles como parapasar a la posteridad. Otros de cabea a rabo solemnes y majestuosos, con temple y todos los mandamientos juntos, y luego la vértiga, la panocha y el desmigue y el descortezamiento de todos los bosques vírgenes. Después, corto, derecho y a volapié neto, coloca el estoque hasta las cintas en todo lo alto y rueda el toro sin puntilla, tocando solas a gloria las campanas de la Giralda y algrándosele la cara a la propia Virgen de la Macarena.

  Ruge la multitud, arden las manos de tanto aplaudir, el ruedo se llena de prendas de lujo y chapiris de señora, y mientras el puntillero Calderón diseca al toro, cortándole orejas y rabo, Belmonte da vueltas al ruedo, sale a los medios una, dos, tres veces, y sigue el “trimulto” y la dislocación, con vistas a nunca acabar, teniéndose que retrasar la salida del quinto toro, mientras el público “homenajea” al trianero, que está más valiente que cuando competía con Joselido y con más “ciencia” que el propio Newton cuando se le ocurrió aquello del binomio. Belmonte queda nombrado rector honorario de la futura Ciudad Universitaria.

[…]

PUNTO FINAL

  De los diestros ya hemos dicho bastante; vamos a terminar dedicando a los toros cuatro palabras. El ganado de Concha y Sierra resultó superior de presentación, de bravura y de poder. Ninguno de los toros lidiados el domingo hizo nada feo, ni sospechoso; eran nobles y muy manejables, grandes y de mucha romana. El promedio de su peso fueron 300 kilos, habiendo alguno – como el corrido en sexto lugar – que pesó 344 kilos, más de 28 arrobas. La corrida del domingo fuetoda una señora corrida. Así da gusto.

El Tío Cañitas

El periodista que firma Tío Cañitas, y al que no he podido identificar, era oriundo de León; así lo sugiere en otro pasaje de este artículo, refiriéndose a los años en que Quevedo estuvo preso en San Marcos (“de mi pueblo”). No debe confundirse con José Maria Gaona, también revistero taurino, gaditano de nacimiento y cordobés por elección, que firmaba Tío Caniyitas y empezó su carrera de periodista en 1947. Hay que buscar el origen del seudónimo en la zarzuela así titulada (1859), aunque nuestro periodista optó por una versión reducida (Cañitas por Cañiyitas), en contra de su colega más joven. Vivía en el País Vasco, donde, además de a la Voz de Guipúzcoa, colaboró a El Día. Además demuestra estar muy familiarizado con la geografía y la historia de Donostia. Menciona de pasada a Juan Miguel Orkolaga († 1914), meteorólogo y fundador del observatorio del monte Igueldo así como a Sabino Ucelayeta, médico, empresario taurino y fundador de Radio San Sebastián, una de las primeras emisoras de España.

A Juan Belmonte se le dio muchos apodos, entre otros Pasmo de Triana y este de Terremoto. El Tío Cañitas no se limita a repetir uno de los más conocidos sino que lo glosa, añadiendo su granito de sal conforme a la pretensión que manifiesta a lo largo del artículo por un estilo ampuloso y desorbitado. Costará trabajo identificar el terremoto que asoló la isla en una época anterior a 1925, a no ser que se le confunda con la erupción del volcán de la Montaña Pelada de 1902. De todos modos, colocar el Caribe entre las islas de Oceania demuestra un conocimiento peculiar de la geografía oceánica.

También le apetece al autor hacer alarde de su íntima familiaridad con Donostia, sus lugares y personajes famosos, incluidos los cafés y restaurantes de más postín.

El texto está colmado de alusiones más o menos claras y acertadas, síntomas, sospecho, de una cultura que confunde erudición aparatosa y verdadera sabiduría. El estilo presta a sonrisa. A mi suegro, buen germanista pero hispanista novel, se le había grabado en la mente la extrafalaria construcción adjetival “épico – gigantesco – monumental” en la que, si bien recuerdo, solía sustituir “piramidal” a “monumental”, por lo menos así la memoricé antes de descubrir la versión auténtica en el artículo, lo que demuestra que, cuando se abren de par en par las puertas de la creación idiomática, no existen límites a la invención. Así es como, para celebrar la calidad de las reses, se requieren los veinte cañonazos de rigor y, por si ello no fuera suficiente, disparados desde el castillo de La Mota, que no resulta excesivamente cercano a la plaza de San Sebastián. Para caracterizar la cornamenta de una res, no podía dejarse de citar a Quevedo ni a los sonetos que compuso durante su cautiverio en San Marcos, ni al Miserere cantado en la catedral de Sevilla. Cualquier hecho relatado lleva pegada una glosa sin demasiada atención a mantener el registro elocutivo: la línea que dibujan torero y toro “se ríe” de la sinusoide y la hipotenusa, vaya usted a saber por qué. No basta referirse al talento del Benlliure como escultor, hay que añadirle el de Apeles, como dibujante. A la res, Belmonte se la pone en el bolsillo de la taleguilla; el toro le hace cosquillas. Sería cruel proseguir.

No falta tampoco cierta inquina hacia los periodistas del Heraldo de Madrid, no se sabe si por ser madrileños, amigos de la ostentación o por disfrutar de unas condiciones materiales muy superiores a las que la prensa regional reservaba a sus colaboradores.

El párrafo final dedicado a los toros llama especialmente la atención por poco que se haya mantenido uno al tanto de las condiciones del toreo, desde los años 1960 hasta los actuales. Si el “promedio de su peso fueron 300 kilos”, esto significa que la mayoría de las reses no alcanzaba esa cifra, a pesar de ser inferior a la de un novillo, por no decir a la de un becerro anovillado. A no ser que la cifra corresponda al peso en canal, lo cual es poco probable.

No he querido disociar al Tío Cañitas del recuerdo que Paul Enjolras conservaba de la corrida de San Sebastián porque, para él estaban íntimamente unidos, pero no me cabe duda de que no debe faltar el testimonio de algunos revisteros menos preocupados por lucirse, incluso en el Heraldo de Madrid.

                         

 

Mayo de 2026

Compromiso de lealtad de los caballeros de Andújar (1 de mayo de 1466)

Compromiso de lealtad de los caballeros de Andújar

(1 de mayo de 1466)

En su gran mayoría, los documentos del siglo XV que Jorge Núñez Velázquez de Cuero Escavias incluye en la Probanza que redacta en 1671 son escritos dirigidos a Pedro de Escavias o a la ciudad de Andújar por los reyes u otras personalidades del reino, salvo dos de ellos que emanan de los hidalgos de Jaén y/o de Andújar y fueron redactados en 1466 y 1473. Son dos “pleytomenajes” en los que sus autores se comprometen a mantener una fuerte unión frente a los peligros del momento. En el de 1473, 66 caballeros prometen fidelidad a Alfonso Aguilar, encargado por Enrique IV de administrar Jaén y su reino después del asesinato del condestable Miguel Lucas (marzo de 1473). El de 1466 es menos conocido, sin duda porque es el fruto de una reflexión colectiva llevada a cabo en la ciudad de Andújar en respuesta a una amenaza exterior.

Lo que me incita a publicar aquí ese texto es su escasa difusión y también el que la versión que ofrece la Probanza se distinga en muchos aspectos de las que publicó Enrique Toral Peñaranda en su obra Pedro de Escavias (Notas para un estudio de su obra y vida en Andújar), Jaén, Instituto de Estudios giennenses, 1993, p. 109-113, y en Andújar en el siglo XV, p. 97-100). No precisa don Enrique cuál fue su fuente, si proviene de un archivo privado o público, cosa que habría que averiguar en el fondo de su fundación en Alcalá la Real. Por las dificultades que parece haber tenido para transcribir el texto, sospecho que se trata de un traslado escrito en letra procesal y en un soporte en mal estado. Razón de más para aprovechar la copia realizada para los Quero de Escavias sobre un modelo en mejor estado y fruto también quizás de la pericia de amanuenses del siglo XVII.

En esta página, me propongo editar el texto de la versión de la Probanza de 1671. Respeto su grafía; añado un mínimo de puntuación y algunos cambios de línea para facilitar la comprensión; enmiendo errores evidentes del copista entre corchetes. Luego, teniendo en cuenta las diferencias observadas entre las dos versiones, dedico un comentario de crítica textual con el fin de situarlas una con relación con la otra y las posibles modificaciones e incluso manipulaciones de que han podido ser objeto. Por fin, analizaré el documento desde un punto de vista.

Texto del compromiso incluido en la Probanza (versión B)

[63r] En todas las ocasiones que Andujar tubo de mostrar la debida fidelidad a los Reyes de Castilla, no solo ayudaba el alcayde Pedro de Escabias para el cumplimiento de sus obligaciones sino los caballeros particulares a su exenplo hacian continua demostraçiones de su lealtad, /63v/ siendo de todos cabeça y caudillo como alcayde e justicia maior de la ciudad,

lo qual consta de el conpromiso de lealtad que los caballeros hijos dalgo de Anduxar hicieron en favor de el Rey Don Enrique quarto que su tenor es como se sigue[1]:

Compromiso de lealtad de los caballeros de Anduxar

Por quanto por ley diuinal Nuestro Señor Dios ordeno su corte celestial en el cielo e, despues, de si tubo por bien e ordeno la corte terrenal en la tierra, e puso en su lugar por cabeça de todo el pueblo a el Rey e diole poderío de lo guiar, e mando que el pueblo en uno e cada un ome por si recibiese e obedeciese sus mandatos e lo amase, temiese, guardase, onrrase e preçiase asi su onrra como su fama o cuerpo,

e como las horribles e torpes bocas llenas de ponçoña e menguadas de virtud, siguiendo su natural iniquo, ayan dicho e publicado contra el inocente, limpio, puro, noble, magnanimo Rey don Enrrique, nuestro señor, cosas tan inmundas, inormes e sin for-/64r/-ma que en las aprehensiones de los onbres entera mente son dubitadas e en ellos por gran vso enbejeçidas,

de la qual causa se an seguido en estos tan nobles reynos de Castilla muy graves discordias, disensiones e alborotos, en tal manera que, por nuestros pecados, en esta Andaluçia muy pocos an guardado la fidelidad, nobleça e lealtad deuida a el muy alto, excelente, ilustrado e muy poderoso señor, el Rey don Enrrique, salvo el muy magnifico, radiante e claro espejo don Miguel Lucas, condestable de Castilla e, a su exemplo, las muy nobles, famosas e leales ciudades de Anduxar e Jaen.

el Alcayde Pedro de Escabias

En la qual virtuosa mente contenplando el alcayde Pedro de Escabias, quiriendo en todo parecer o a lo menos en algo remedar según sus buenos e leales deseos, e por ellos aumentar la conseruaçion de esta republica en el seruiçio de el dicho señor Rey,

e porque la dicha ciudad de Anduxar sienpre este a su seruiçio e los malos sean punidos e enfrenen e retraygan /64v/ las riendas de su mal uibir por miedo e temor de la pena, e porque los buenos ayan uida segura,

acordo de tomar la fe, juramento e pleytomenaje a todos aquellos caballeros fijos dalgo que con el quisieren seguir el camino e trato dicho, porque por lo tal puedan sienpre permaneçer firmes en lo que asi una bez prometieron e juraron.

Los caballeros que entraron en el compromiso

Por tanto nos, el alcayde Pedro de Escabias, Juan de Cardenas, Pedro Sanchez de Santa Marina, Juan de Valenzuela, Jorje Serrano, Diego Mesia, fijo de Gonçalo Mesia, Gomez Martinez de Parraga, Alonso Sanchez de Salcedo, Juan Perez de Santa Marina, Bernabe Serrano, Bartolome Perez e Gonçalo Perez, Juan de Soto e Juan de Cañete, Diego Mesia, fijo de Rodrigo Mesia, Juan Sanchez de Mercado, Pedro de Luçena e Juan del Villar, Gonçalo Sanchez de Caso, Alexo [Alonso Gonçalez] de Morales, Fernando Diaz de Salcedo, Juan de la Fuencaliente, Alonso de Barajas e Francisco Caro, Pedro /65r/ de Baena e Pedro de Parraga e todos los otros que en fin de esta escritura firmamos nuestros nombres, e los que no sabemos escribir lo fecimos firmar a el escribano publico yuso escrito;

considerando los grandes deudos de casamientos que en uno abemos, e queriendo leal mente con puro amor e lealtad estar e permanecer en el seruiçio de Dios Nuestro Señor e de el dicho señor Rey don Enrrique, nuestro señor, e otrosi para guardar esta noble ciudad e republica de ella donde uiuimos e ansi mesmo nuestras honrras e personas,

prometemos los unos a los otros e los otros a los otros, a ley de omes fijos dalgo, buena paz e amistad, pura, leal e uerdadera e sin mistura de engaño e otra cautela, para virtud e firmeça de la qual dicha paz e amistad ordenamos entre nos de tomar, guardar e cunplir las cosas que adelante seran escritas en los capítulos siguientes.

Primeramente.

Que todos e cada uno de nos por si con pura lealtad guar-/65v/-daremos el seruiçio de el dicho señor Rey, nuestro señor, asi en publico como en escondido e si, por aventura, por algunas personas que non aman nin quieren su seruiçio fuere tratado o fablado asi en publico como en oculto algunas cosas que sean contra el seruiçio de Su Alteça, e por alguno o algunos de nos los sobre dichos fuere sabido o a su noticia uiniere en qual quier manera,

que luego lo faga saber a todos los otros para que justa mente en uno aquellos que se hallaren e cada uno de por si podamos resistir e resistamos a todos aquellos que se moviesen o quisiesen mover contra el seruiçio de el dicho señor Rey lo mas presto que pudieremos, entre tanto que Su Alteça provea sobre ello como entendiese ser cumplidero a su seruiçio.

2. Iten, que todos juntos e cada uno de /66r/ por si seguiremos e guardaremos la uia de la justicia e trabajaremos por nos e con nuestros parientes, amigos e allegados e con todos los otros veçinos de esta ciudad e su tierra que la sigan e guarden, e que todos uibamos e uiban debajo de ella, e que daremos todo favor e aiuda a los oficiales de la dicha justicia.

3. Iten, que daremos ansi mismo favor a el regimiento desta dicha ciudad, cada e quando nos e qualquiera de nos fuere requerido en todo lo que fuere seruiçio de Nuestro Señor Dios e de el dicho señor Rey, pro e bien de la dicha ciudad, de manera que las ordenanças de el cabildo en este particular sean tenidas e acatadas e los que las quebrantaren sean con las penas punidos e afrentados.

4. Iten, que con las nuestras fuerças trabajaremos en la guarda e defension de esta dicha ciudad para el dicho señor Rey, e la tendremos e guardaremos e defenderemos a todo nuestro leal poder, de qualesquier desseruidores de el dicho señor Rey que de ella se /66v/ quieran apoderar.

E si por alguna o algunas personas fuere tentado e movido algun mal o daño contra esta ciudad o contra la republica de ella e lo tal fuere sauido por nos, qualquiera de nos lo faga saber a todos los demas para que juntos nos pongamos a la defension de la dicha ciudad, en tal manera que por mengua nuestra el dicho señor Rey non pueda de ella nin en ella ser deseruido nin ningún deseruidor suyo apoderado de la dicha ciudad.

5. Iten, por quanto nos los sobre dichos sienpre abemos seruido e guardado el seruiçio de el dicho señor Rey, especial mente despues que se promovieron estos escandalos e movimientos contra Su Alteça e estado real,

e con todas nuestras fuerças abemos trabajado e procurado por guardar esta dicha ciudad por el dicho señor Rey por que de ella non se apoderase ningún caballero nin ombre poderoso en su desseruiçio, segun se apoderaron e enseño-/67r/-rearon de otras ciudades de estos reynos de Castilla e de esta Andaluçia e comarca, por causa de lo qual algunos de los dichos caballeros e prelados an andado e estan en su deseruiçio;

e ansi mismo otras personas vecinas e naturales de esta ciudad que en sus fechos, dichos, muestras e continencias an mostrado amar e querer muy poco o nada el seruiçio de Su Alteça e el pro e bien de esta ciudad, e tomado e conçebido contra nos e algunos de nos muy grande odio e omeçillo, e en muchos actos e palabras muestran e an mostrado que están de intención e voluntad de nos tratar en secreto todo qualquier mal o daño que puedan façer,

por tanto, continuando nuestro buen deseo a el seruiçio de el dicho señor Rey e al pro e bien de esta dicha ciudad e a la buena paz, deudo e amistad que en uno abemos, si, por aventura, por algunas personas, por raçon de el dicho odio o enemistad que con nos tienen o por otra qualquiera causa o raçon, contra justicia, contra nos o qualquiera de nos fuere intentado o presumido /67v/ o puesto en obra de façer alguna injuria o fuerça o desonrra u otra sinraçon que causa justa e legitima non aya,

que todos seamos juntos, unanimes e conformes con aquellos que de nosotros o de nuestros parientes o amigos se pudiesen juntar para socorrer e ayudar a aquel o aquellos a quien la dicha injuria e desonrra o sinraçon se fiçiere o tentare de façer, e les aiudaremos a defender e amparar sus honrras, personas e haciendas de todos e qualesquier personas que desonrra e sinraçon les quisiere façer, según dicho es, e que en ello ninguno de nosotros pierda tiempo alguno, si presente fuese o lo supiese o a su noticia viniese.

6. Iten, si por abentura, entre nos los suso dichos o algunos de nos, naçiese o ubiere algún debate o contienda entre nuestros parientes, criados o allegados, o cosas nuestras que los otros que quedaren de fuera sean tenudos de se entremeter entre los que ansi anduvieren o debatieren para los juntar e componer en buena paz;

e si el /68r/ negoçio fuere tal que non se pueda igualar e las partes lo quisieren llebar por derecho, cada uno llana mente siga ssu justicia e ninguno de los otros de mas fabor al uno que a el otro e por la tal non se quiebre la dicha paz nin se tome achaque nin color para se partir de ella.

7. Iten, que ninguno de nosotros non se pueda partir de esta paz por cosa que por qualquiera se faga por yerro nin en otra manera, nin por quejo que tenga de nos fasta que primera mente el tal quejoso lo diga e faga saber a el alcayde Pedro de Escabias e Juan de Cardenas e Pedro Sanchez de Santa Marina.

Jueces de las contiendas y debates

A los quales de todo lo sobre dicho façemos jueçes e los elegimos e diputamos para ello, los quales uean e se informen de la tal queja e agrabio que qualquiera diga que se le façe e, uisto por ellos, si fallaren que es asi, trabajen por enmendar o desfaçer el tal agrabio;

e si non le fiçieren enmienda o non pudieren e declararen dos de los dichos jueçes que el tal quejoso /68r/ tiene raçon de se partir de la dicha paz e amistad, que entonces se pueda partir de ella e uaya a buscar bentura;

pero si los dichos jueçes fiçiesen enmienda a el dicho quejoso e declararen que el tal quejoso non tiene justicia nin raçon de se apartar de la dicha amistad, que se quede y este ligado a ella e non se pueda partir nin despedir sin incurrir en las penas de el juramento e pleytomenaje  de suso contenid[a]s.

E porque la dicha paz e concordia sea entre nosotros muy firme e segura, e mejor sigamos e guardemos todo lo que en los dichos capítulos se contiene, fue acordado por todos nosotros de façer juramento sobre ello.

E reduçiendolo a el fecho, nos e cada uno de nos façemos pleytomenaje los unos a los otros, una, dos e tres ueçes, según fuero e costunbre de España, e juramos por Dios e por Santa Maria, su madre, e por las Palabras de los Santos Evangelios, do quier que sean escritas, e por esta señal de cruz en que todos pusimos nuestras manos derechas e juramos e prometemos de guardar e cumplir los sobre dichos/69r/ capítulos a todo nuestro entender e poder, so pena que por el mesmo caso caygamos en pena de perjuros e infames e fementidos, e incurramos en caso de menos baler y en todas las penas que incurren los fijos dalgo que quebrantan sus fees e palabras.

E lo firmamos los que supimos, e los que no sabemos escribir rogamos a el escribano publico que lo firme por nosotros.

Que son fechos e otorgados en la dicha ciudad de Anduxar a primero dia de el mes de maio de el año de mil e quatroçientos e sesenta e seis., ante mi Bartolome Sanchez de Alcaraz, escribano publico de la noble ciudad de Anduxar.

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COMENTARIO

Las dos versiones

La versión reproducida en la Probanza de los Quero Escavias (versión B) se divide en cinco partes claramente señaladas en el margen por una rúbrica o una cifra para los capítulos (entre corchetes, los subtítulos añadidos por mí):

[Prólogo]: Compromiso de lealtad de los caballeros de Anduxar

Los caballeros que entraron en el compromiso

[Capítulos]: de 1 a 7, numerados frente al “Item” inicial de cada uno.

Jueces de las contiendas y debates.

Jura solemne de los participantes.

Frente a esta presentación ordenada, la versión A, publicada por E. Toral, ofrece un texto mucho más confuso, desprovisto de separaciones claras. La única división materializada es la palabra “Yten” que encabeza, en las dos versiones, cada capítulo del compromiso, aunque dos de ellas faltan en la transcripción de la versión A: el encabezamiento del capítulo 2, que ha sido transcrito “Y a”, probable lectura errónea de “Yten”, y el del 3° de la versión B que no figura en la A, donde el texto prosigue sin solución de continuidad: “y ansimismo daremos favor y ayuda a el Regimiento de la dicha ciudad…”.

En cambio, a los capítulos señalados en la versión B, la A añade cuatro nuevos, precedidos por su correspondiente “Ytem”, situados después de los capítulos 5 (5b), 6 (6b y 6c) y 7 (7b) de la versión B, y alcanza en total 10 capítulos, incluyendo el 2° no señalado.

Capítulos de A omitidos en B

5b. Ytem. Si por alguna persona o personas en publico o en escondido fueren de dar algunas palabras injuriosas o disfamatorias contra la onrra de nos o de qualquier de nos en ausencia, que aquellos que estuvieren presentes sean tenidos de responder, sosteniendo su onrra y estado e, si por algunos inconvenientes que nacieren, sea fecho saber a los otros o a los que se pudieren aver para socorro y en ello remedio, según dicho es.

6b. Ytem. Que los parientes y amigos de cada uno de nosotros a quien somos tenudos de guardar,  esto se entienda de aquellos que al presente andan y están con nosotros en el servicio del dicho señor Rey y ansimismo son y están declarados y conocidos en nuestra intención y partido, guardemos y miremos en todas sus onrras, guardando ellos el servicio del dicho señor Rey e la bara de la justicia e la onrra de cada uno de nosotros y, quando no la guardaren ni quisieren guardar ni seguir, ni siguieren la via e intención de aquel o de aquellos con quien el tal deseo oviere, que los otros no serán tenudos de guardar a ellos ni sus onrras y que por eso no se pueda quebrar la dicha paz por ninguno ni alguno de nos.

6c. Ytem. Si alguno de nos tuviere algún pariente o amigo o allegado o cosa por quien aya de facer e los otros o algunos de nos, no saviendo, fuere en contra el e le faciere algún daño o enojo, que aquel cuyo fueren o a quien el tal de uno toviere lo faga saber a los otros declarando ser suyo e guardando el las cosas suso dichas, según guarda su onrra y sea mirado para nos.

9. Yten. Que cada y quando nosotros a los dichos jueces e diputados entendieren o entiendan que cumple el tiempo o la razón lo necesitare, pueden añadir en su paz y concordia otros capítulos que [en]tendieren ser convenientes y aquellos y los sobredichos puedan corregir y enmendar y mejorar e interpretar a la mas sana parte, según que se entendiere que conviniere a razón o el tiempo demandare.

Son muchas las variantes que las dos versiones presentan entre sí, pero esos cuatro capítulos plantean la cuestión de su cronología relativa en términos tan evidentes que deben considerarse como testimonios prioritarios.

Los cuatro pertenecen a la misma versión A, lo que simplifica la comparación al limitar la oposición a los dos textos sin tener que recurrir a un testimonio exterior. Queda por averiguar cuál de las dos versiones, la más extensa o la más breve, antecede a la otra; en otros términos, cuál de las dos resulta de una revisión del original, por medio de sustracciones o de añadidos.

El análisis del contenido de esos cuatro capítulos no nos ayuda demasiado a zanjar la dificultad porque, si se integran bien dentro de la temática general del documento, su omisión no la desnaturaliza ni la empobrece radicalmente. El 5b completa el apartado 5 al evocar el caso en que la respuesta común ante la injusticia debe ejercerse también cuando la víctima no está presente. Los 6b y 6c tratan los dos de la protección que cada caballero debe a sus parientes y criados en ciertas circunstancias y prolongan la obligación que tiene de mantener la paz y la equidad dentro de su partido. El capítulo 9 reconoce a los jueces facultades mayores en caso de necesidad.

La característica principal de esos capítulos es que su aportación sirve más para completar algunas de las otras disposiciones que para introducir novedades. En cuanto a la última (9), al ensanchar el campo de intervención de los jueces designados, parece responder a una necesidad impuesta por la experiencia acumulada en las primeras aplicaciones del compromiso.

Esta característica común induciría a pensar que esos cuatro capítulos fueron añadidos a la versión primitiva y que fue esta la que se conservó en el archivo de los Escavias en Porcuna y que reproduce la Probanza.

Aparentemente, el que la versión B no señale los capítulos 2 y 3 de la versión A no contradice esas conclusiones porque se trata de evidentes fallos de la transcripción. En lugar del “Ytem” que anuncia el capítulo 2, el copista ha leído “Y a”. En cuanto al que abre el capítulo 3, también lo ha confundido con la copulativa, equivocado por la lógica expositiva materializada por la repetición del mismo sintagma verbal en dos frases contiguas de las dos versiones: “e que daremos todo favor e aiuda a los oficiales de la dicha justicia” … “que daremos ansi mismo favor a el Regimiento desta dicha ciudad”. El copista no percibió el cambio de capítulo.

Otro pasaje omitido en B

Lo dice la santa escritura que no hay mayor engaño que dañar la fama de otro y en otro lugar que todo onbre que de los fechos o dictados del Prinçipe algun mal trata o dice, e de este mal logrado e cae en pena de sacrilexio y ace su culpa a todo el pueblo de lo que fuera capilla luciferina que por sus soberbia y maldad e ingratitud fue derrivada sin esperar ni atender remedio y por la pena sufrio su gran destruymiento. Y como las orribles y torpes bocas …

La variante es un comentario del que no se precisa la fuente exacta. Pertenece a la introducción del compromiso donde se lamenta la desafección de muchos súbditos castellanos para con el rey Enrique IV. Es una frase totalmente autónoma cuya ausencia en la versión B no se percibe, por lo que nada impide considerarla como un añadido, que muy bien hubiera podido incluirse en el margen a modo de glosa.

Variantes accidentales

Transcribo primero la versión A, luego la B. La lista no es limitativa.

a) mengua de virtud /vs/ menguadas de virtud

b) su natural inquieta /vs/ su natural iniquo

c) linpio pero /vs/ linpio puro

d) que en los aprestensores enteramente /vs/ que en las aprehensiones de los onbres entera mente

e) ciudades de Xaen /vs/ ciudades de Anduxar e Jaen

f) y los malos serán perseguidos e se enfrenten e retraygan en las riendas de su mal vivir /vs/ e los malos sean punidos e enfrenen e retraygan las riendas de su mal vivir

g) tomar e recevir seguramente pleyto omenaxe /vs/ tomar la fe, juramento pleytomenaje

h) por la tal prenda /vs/ por la tal puedan

i) la vara de la justicia /vs/ la uia de la justicia

j) en tal manera que por ninguna via /vs/ en tal manera que por mengua nuestra

k) o puesto en obra de façer alguna injuria o fuerça o desonrra u otra sinraçon ni causa justa e legitima aya por via de justicia /vs/ que causa justa e legitima non aya

l) nin tomar ni ayudar a otra … para que se aparte della /vs/ nin se tome achaque nin color para se partir de ella

m) ni por quita … el tal caso /vs/ ni por quejo … el tal quejoso

n) ficieren enmendar el dicho quexo /vs/ fiçiesen enmienda a el dicho quejoso

Las lecciones de B permiten enmendar errores flagrantes de la transcripción de A y restituir el significado del pasaje. Conociendo la pericia de E. Toral en materia de paleografía castellana, es de suponer que esos defectos se deben al mal estado del ejemplar de que dispuso nuestro amigo. Por contraste, el cotejo demuestra la calidad del que disfrutó el amanuense de la versión B y del esmero que puso en reproducirlo.

Llama la atención la variante e) y la omisión de Andújar en la versión A, a pesar del plural “ciudades”. El documento conservado en el archivo de los Escavias en Porcuna no comete ese error. Conviene preguntarse si el olvido del copista de la versión A no debe atribuirse a un vecino de Jaén menos interesado en restituir a Andújar el lugar que le correspondía.

Variantes redaccionales

Variantes de uso

Otras diferencias no son reductibles a una mala interpretación del texto transcrito por uno de los amanuenses, sino que corresponden a una opción del redactor.

a) mandamientos /vs/ mandatos

b) y liso espejo /vs/ y claro espejo

c) por ende /vs/ por tanto

d) o posponga a tiempo alguno /vs/ pierda tiempo alguno

e) en pena de perjuridad e seamos perjuros /vs/ en pena de perjuros

Estas variantes pueden atribuirse a la voluntad de modernizar la expresión y hacerla más conforme al uso del momento de la copia de la versión B.

Otras omisiones de B

Entre corchetes las palabras de A que no reproduce el copista de B.

a) Considerando los grandes [deudos de sangre y naturaleza] y deudos de casamientos /vs/ considerando los grandes deudos de casamientos

b) guardar y [sustentar] y cumplir /vs/ guardar y cumplir

c) e que daremos todo favor e aiuda a los oficiales de la dicha justicia [para lo cumplir y executar en qualesquiera personas que se devan executar] /vs/ a los oficiales de la dicha justicia

d) e si por alguna o algunas personas [de cualquier estado o condición que sea] fuere tentado /vs/ E si por alguna o algunas personas fuere tentado

e) o cosas nuestras [avia avido otro desvario] que los otros que quedaren de fuera /vs/ o cosas nuestras que los otros que quedaren de fuera

f) en buena paz [y concordia] /vs/ en buena paz

g) naciere algún debate contienda o punto quistión /vs/ ubiere algún debate o contienda

h) o si las partes [no se quisieren avenir] e lo quisieren [seguir e] llevar por derecho /vs/ o si las partes lo quisieren llevar por derecho

i) E porque la dicha paz e concordia [y amistad] sea entre nosotros /vs/ E porque la dicha paz e concordia sea entre nosotros

Varias de las omisiones de B traducen cierta tendencia del copista a reducir series de sinónimos a una cifra inferior (guardar y sustentar; paz y concordia; debate, contienda, punto, quistión; seguir y llevar; paz, concordia y amistad),.

La variante a) se debe quizás a un fallo del copista, un “salto del mismo al mismo” debido a la repetición de “deudo” en un espacio reducido.

Variante c): la proposición completa útilmente la frase, sin que por ello el texto de B resultara deficiente. Es una precisión que el copista de esta pudo juzgar innecesaria y, hasta cierto punto, comprometedora.

La omisión del sintagma “avia avido otro desvario” es un claro error de la versión B que omite el verbo de la proposición “o [entre]… cosas nuestras …”.

Lo más significativo de esta segunda clase de variantes son los cortes en las series de sinónimos, lo que supone una revisión sistemática de la versión A.

Lecciones originales de B

a) e por ellos efectuar e aumentar e continuar el servicio del dicho señor Rey /vs/ e por ellos aumentar [la conseruaçion de esta republica] en el servicio del dicho señor Rey

b) a todos aquellos /vs/ a todos aquellos [caballeros fijos dalgo]

c) los unos a los otros e los otros a los otros buena paz y amistad /vs/ los unos a los otros e los otros a los otros [a ley de omes fijos dalgo] buena paz e amistad

d) an mostrado que están de intención e voluntad de nos tratar [en secreto] todo qualquier mal o daño que puedan façer.

e) y aquello reduçiendo a el fecho todos y cada uno de nos juramos /vs/ E reduçiendolo a el fecho, nos e cada uno de nos [façemos pleytomenaje los unos a los otros, una, dos e tres ueçes, según fuero e costunbre de España], e juramos

De las tres ocurrencias del término “republica” contenidas en el documento, la primera no aparece en la versión A, lo que resulta significativo porque es el único caso en que el concepto aparece aislado. En las dos siguientes va unido al de ciudad (“esta noble ciudad e republica de ella”; “contra esta ciudad o contra la republica de ella”), lo que le resta valor. En la primera ocurrencia, expresa por sí solo la comunidad ciudadana en su dimensión política.

Variantes b) y c): estas lecciones exclusivas de B prestan una especial atención a la nobleza de los protagonistas, que la versión A omite a menudo de señalar (“caballeros fijos dalgo; omes fijos dalgo).

Variante d). La situación impone a los partidarios del rey recurrir a medidas preventivas para reprimir cualquier intentona antes de que se llevara a cabo, lo que conlleva el riesgo de ciertos abusos que los redactores declaran asumir.

La variante e) concierne una fórmula jurídica que se repite diez veces a lo largo del documento y que, por esa razón, el copista de A pudo olvidar de reproducir por inadvertencia. Su ausencia no afecta la comprensión del texto.

Esos añadidos de la versión B sugieren que la eventual revisión de la redacción original del compromiso no obedecía únicamente a preocupaciones estilísticas.

Diferencias redaccionales

a) e diole poder de regir /vs/ e diole poderío de lo guiar

b) ofreciera también su fama y onrra como un cuerpo /vs/ e preciase asi su onrra como su fama e cuerpo

c) cosas tan ynmundas, y enormes e sin forma [que en los aprestensores enteramente guardarse pueda] de la qual causa /vs/ cosas tan inmundas, inormes e sin forma [que en las aprehensiones de los onbres entera mente son dubitadas e en ellos por gran vso enbejeçidas], de la qual causa

d) grandes disensiones, movimientos y alteraciones /vs/ graves discordias, disensiones e alborotos

f) valeroso e muy poderoso rey y señor nuestro /vs/ ilustrado e muy poderoso señor

g) este tan santo e derecho camino /vs/ el camino e trato dicho

i) podamos remediar y resistamos /vs/ podamos resistir e resistamos           

j) entremeter … contendieren … los iguale y pongan /vs/ entreponer … anduvieren … para los poner

k) los sobredichos jueces o [d]os de ellos /vs/ dos de los dichos jueçes

l) en caso de menos valer [y que del tal juramento no podamos pedir absolución ni relaxacion. Y porque todos y cada uno de nos seremos ciertos e seguros los unos de los otros y los otros de los otros que tendremos e guardaremos todo lo sobre dicho, los que saben escrevir firmamos los dichos capítulos de nuestros nombres] e por los que no saben /vs/ en caso de menos valer y en todas las penas que incurren los fijos dalgo que quebrantan sus fees e palabras. E lo firmamos los que supimos, e los que no sabemos …

Algunas de estas diferencias (b, c, d, i) atestiguan las dificultades encontradas por el copista de A para descifrar el texto de su modelo.

La variante l) ilustra el fenómeno de la doble redacción a la que han sido sometidos algunos pasajes del texto.

Conclusión

Las numerosas diferencias, algunas de bulto, que distinguen las dos versiones conservadas del compromiso jurado por los caballeros hidalgos de Andújar ante la amenaza de los partidarios del niño rey Alfonso excluyen la existencia de un original único compartido por los dos amanuenses. Esa posibilidad, admisible cuando se trata de una obra de creación, se aplica mal a un texto elaborado colectivamente. Además, las copias están destinadas a un público específico, el de los familiares de cada caballero. Como tales, si bien respetan el espíritu general del documento firmado por todos y reproducen literalmente algunos pasajes esenciales – exposición inicial, capítulos principales, conclusión – no prestan una excesiva atención a la exacta reproducción de la terminología empleada.

La versión B proporciona un texto de una calidad indudable. Al contrario de lo que ocurre con la versión A, no contiene ninguna lección aberrante y poquísimos errores de transcripción (los señalo entre corchetes), lo cual es excepcional en una copia de documento medieval.

La versión B ha sido conservada en el archivo de los Escavias cuyo descendiente residía en Porcuna, dos siglos después de los acontecimientos evocados. Es lógico suponer que esa versión fue ordenada por Pedro de Escavias y que, si se distingue de la otra versión conservada del documento, es para conformarse con la interpretación personal que el alcaide hacía del compromiso.

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COMENTARIO HISTÓRICO

Declaración liminar

Entre las obligaciones del súbdito hacia su rey enumeradas viene en primer lugar la obediencia. La completan el amor, el temor y el respeto que se declina en fidelidad (“guarda”) y honra. El final de la frase, que no supo leer el copista de la versión A, reúne bajo la obligación de honrar al soberano la preservación de su fama y de su persona física. Esa enumeración, no tan tópica como parece, es una denuncia concreta de la actitud de los partidarios del Infante Alfonso en contra del rey Enrique. En particular, la referencia al cuerpo del rey no puede comprenderse si no se tiene en cuenta el regicidio simbólico cometido por los sublevados cuando despojaron a el monigote encargado de representar al rey de sus atributos para luego echarlo abajo del cadalso. Igualmente, las “cosas tan inmundas, inormes e sin forma” pronunciadas por las “horribles e torpes bocas llenas de ponçoña e menguadas de virtud” condenan no solo un comportamiento muy difundido en la sociedad castellana de la época sino algunas de sus manifestaciones literarias, como las coplas satíricas que se componen en aquellos años. Sin embargo, parecen referirsemás precisamente a la ceremonia burlesca montada en Avila el 5 de junio del año anterior, en la que el rey recibió calificativos denigrantes por parte de los más altos señores de Castilla.

En la versión B, no se reproduce la glosa que remite a la sagrada escritura que prolonga el párrafo en la versión A. La omisión de ese comentario de inspiración religiosa centra la temática del compromiso dentro del registro político sin añadirle consideraciones morales.

La persona del rey recibe calificaciones ditirámbicas, que parecen más bien concebidas para combatir los excesos del partido contrario que para ofrecer un retrato fiel de Enrique. Los calificativos “alto, excelente, ilustrado e muy poderoso señor” pertenecen al tópico de la representación de la figura del rey, salvo quizás “ilustrado” que sustituye en la versión B a la lección “valeroso” de la A, más conforme con el retrato tradicional. En cambio, la limpieza, pureza, nobleza y magnanimidad que se le atribuye, desborda el marco habitual para rendir un homenaje personal al rey existente y emana de unos súbditos cegados por una fidelidad a ultranza, como fue el caso de Pedro de Escavias.

También queda favorecida la figura solar (“radiante”) del condestable, en cuyo espejo de lealtad se mira el alcaide de Andújar con la voluntad de imitarle. Esta prosa poética no desluce bajo la pluma de este.

No oculta ser autor en reivindicar la iniciativa del compromiso y en colocarse a la cabeza del movimiento ya que le corresponde “tomar la fe, juramento e pleytomenaje a todos aquellos caballeros fijos que con el quisieren seguir el camino e trato dicho”. No se puede ser más claro.

Los caballeros que entraron en el compromiso

Existen tres listas de caballeros compromisarios: una al principio de cada versión más otra, de firmantes, al final de la versión A. Las tres listas no coinciden. Si comparamos las dos de A, se observa que en la inicial faltan los nombres de cuatro caballeros (Alfonso Sanchez Robledo, Gutierre de Revolledo, Juan de Salta y Lope de Cañete); su ausencia queda compensada en la de los firmantes por otros cuatro nombres (Gomez Martinez de Parraga, Fernando de Santa Marina, Alexo [Alonso Gonçalez] de Morales, Alonso de Bargas [o de Barea]). La lista de la versión B incluye cuatro nombres que no figuran en las otras dos: Alonso Sanchez de Salcedo y Fernando Diaz de Salcedo, Juan de Soto y Juan de la Fuencaliente. En total, entre omisiones y añadidos, las cuatro listas son de extensión equivalente (24 y 25 nombres). Las diferencias deben resultar de factores diversos: el tiempo transcurrido entre la redacción de la primera lista de la versión A y la de la segunda; la relativa autonomía de la versión B con relación con la otra.

Las tres listas coinciden en su inicio, con la enumeración de los siete primeros caballeros sin omitir a ninguno ni apenas modificar su ordenación: Pedro de Escabias, Juan de Cardenas, Pedro Sanchez de Santa Marina, Juan de Valenzuela, Jorje Serrano, Diego Mesia, fijo de Gonçalo Mesia, Gomez Martinez de Párraga. La distribución de los demás caballeros resulta más aleatoria, como si los que encabezan la lista fueran los representantes de las familias principales de la ciudad. De hecho, en contra de lo que ocurre después, no se repite ningún apellido entre los siete primeros citados, como para confirmar que se trata de siete linajes y no de caballeros particulares: Escabias, Cárdenas, Santa Marina, Valenzuela, Serrano, Mexía y Párraga. Es muy posible que esos personajes formaran el regimiento de la ciudad. Uno solo de los cargos está referido, en la versión A, el de alguacil, que ejercía Juan Sánchez de Mercado.

De la copiosa lista inserta en el acta de entrega de la alcaidía de Andújar en 1450, no quedan más que cuatro nombres, los de Juan de Cárdenas, Gomez Martinez de Parraga, Bernabé Serrano y Juan de Villar. Resulta poco probable que los hidalgos de la ciudad hayan sufrido una mutación tan profunda en quince años y más lógico pensar que algunos de ellos habían abandonado el partido del rey Enrique por el de su hermano y por eso no firmaron el compromiso.

Juan de Cárdenas no tardará en alzarse contra Pedro de Escavias, sustituyendo a los Palominos a la cabeza del bando contrario al del alcaide. Algunos de los nombrados, en cambio, seguirán fieles al alcaide, como Juan de Valenzuela, Pedro de Lucena, Diego de Barajas, Diego de Mexía, Pedro de Santa Marina, Pedro de Párraga, Jorge Serrano, ya que sirven de procuradores a Pedro de Escavias en los pleitos que este mantuvo en los años 1470 con Juan de Cárdenas.

En ese momento de la historia de Andújar (1 de mayo de 1466), el alcaide procura preservar bajo su autoridad la unión de los caballeros que no se han adherido al partido del Maestre de Calatrava, Pedro Girón, ni han jurado al Príncipe Alfonso como rey. Esto ocurre un año después del destronamiento simbólico de Enrique IV en Avila (5 de junio de 1465), al principio de un reinado del que no se sospecha que quedará brutalmente interrumpido por la muerte del niño rey (5 de julio de 1468). La jura que exige Pedro de Escavias es una medida de coercición para alejar la amenaza de que esas familias una sustracción de obediencia por de Considerada desde esa perspectiva, la iniciativa patrocinada por Pedro de Escavias puede interpretarse como una adhesión a la resistencia frente a un partido contrario más numeroso, al que solo faltaba apoderarse de las ciudades de Jaén y Andújar. Los capítulos de la jura deben interpretarse teniendo en cuenta esa situación de extremado peligro.

Capítulos del compromiso

Después de proclamar su lealtad hacia Enrique, el capítulo primero contempla la posibilidad de adoptar medidas preventivas para ahogar desde sus primicias cualquier manifestación de desobediencia en contra del rey. Se trata de combatir los rumores malintencionados y no permitir la formación de una conjura. La represión corresponde al rey, limitándose los compromisarios a informarle para que actúe según su interés.

En el capítulo segundo, la única respuesta que se prevé en Andújar consiste en permitir el funcionamiento legal de la institución judicial (“la uia de la justicia”). La administración del Estado debe seguir ejerciéndose también a nivel local por medio de las autoridades existentes. Esta determinación es una manera de afirmar que no se reconoce más legitimidad que la del rey Enrique frente a las pretensiones de los partidarios de su hermano, dirigidos por Juan Pacheco. En ningún momento el rey ha abdicado ni piensa hacerlo, lo que cierra la posibilidad a un acceso legal del Príncipe al trono.

En los dos capítulos, se insiste en la necesidad de aportar una respuesta colectiva a cualquier intento de secesión (“todos y cada uno de nos de por si”; “todos juntos e cada uno de por si”).

El tercero es una declaración de fidelidad a los titulares de los cargos públicos y la garantía de que su autoridad será respetada por sus administrados. Confirma que la proclamación del Infante Alfonso no ha tenido efecto en la composición ni en el funcionamiento del regimiento que no reconoce más rey que Enrique.

El capítulo cuarto es el primero en evocar la dimensión guerrera del conflicto. Cada bando procura reunir el mayor número de ciudades y villas del reino a su favor y confortar así su poder tanto militar como económico. La defensa armada de Andújar contra posibles asaltantes es una realidad que los compromisarios consideran como posible e incluso inminente.

El quinto es el artículo más extenso. Señala primero que Andújar no ha dejado de obedecer al rey Enrique y que ha combatido con las armas para no conocer la suerte de de Baeza y Úbeda, que han caído en manos del partido contrario. No designa nominalmente a ninguno de esos “caballeros” (2 ocurrencias) u “ombres poderosos”, pero resulta fácil reconocer al maestre de Calatrava y a sus aliados, Fadrique Manrique, al conde de Cabra y a varios comendadores de órdenes militares. En cuanto a los “prelados” que “an andado e están en su deseruiçio”, es una clara alusión al obispo de Jaén, Alonso Vázquez de Acuña, del que se sabía que tenía tratos con Pedro Girón.

Luego denuncia la campaña de odio movida por algunos vecinos de Andújar contra las partidarios del rey y su intención “de façer alguna injuria o fuerça o desonrra u otra sinraçon que causa justa e legitima non aya”. La amenaza no tiene límites ya que concierne “honrras, personas e haciendas”.

El capítulo sexto transcrito por la versión B trata de los conflictos internos que pudieran surgir dentro del partido enriqueño y de su solución. Isiste en que esta, cualquiera que sea, no debe de ningún modo deshacer la paz existente en los partidarios, ni menos servir de pretexto para pasarse al bando contrario.

Jueces de las contiendas y debates

El último capítulo contempla la posibilidad de una ruptura del compromiso sin medida coercitiva contra el querellante (“quejoso”), si los jueces no están en poder de devolverle sus derechos. En caso de que se satisfaga la queja y el que la presentó decide salir del compromiso, sufrirá penas del juramento. Las únicas penas que incurre este son las que se indican al final del compromiso: “caso de menos valer” y ser “perjuros, infames e fementidos” (A: “caygamos en pena de perjuridad” […] “y que de tal juramento no podamos pedir absolucion ni relaxacion”).

A ese efecto, establece un tribunal encargado de resolver los conflictos en apelación. Los jueces designados son los primeros nombrados en la lista inicial de caballeros, Pedro de Escabias, Juan de Cardenas y Pedro Sanchez de Santa Marina, lo que demuestra que la ordenación de esa lista no es casual, sino que mantiene una jerarquía entre ellos.

El texto de B restituye el funcionamiento de ese tribunal, que no supo leer el copista de A ni E. Toral, que, en caso de división entre los jueces, la decisión se toma por mayoría (“dos de los dichos jueces”).

Conclusión

Desde una perspectiva textual, el estado defectuoso de la versión A refleja en buena medida las dificultades sufridas por los partidarios del rey Enrique en un momento histórico en el que su legitimidad estaba puesta gravemente en peligro. Presenta evidentes desperfectos en su redacción, no todos achacables a la mala calidad de la transcripción. La división en capítulos deja que desear y las listas de los firmantes no coinciden exactamente al principio y al final del documento, como si se tratara de un texto en curso de elaboración y que no hubo tiempo de revisar. La versión B, aunque reducida respecto a la anterior, se caracteriza por una redacción mucho más cuidada. Su autenticidad queda fuera de duda, ya que se sacó del archivo conservado por los herederos por vía de varón del iniciador del compromiso. Ignoro el lugar de conservación de la versión A, que su editor Enrique Toral omitió de precisar. A falta de poder contar con esos datos concretos para interpretar el motivo preciso de las diferencias materiales de las dos versiones, es necesario desplazar la atención hacia otros campos. Uno de ellos es la destinación prevista para cada copia. He sugerido que la versión A parece haberse redactada para servir de testimonio interno a la comunidad de los caballeros de Andújar y que, por ese motivo, la formalización de cada copia destinada a una familia no estaba sometida a una exigencia máxima, lo que provocó variantes entre ellas. En cambio, la calidad redaccional de la versión B la destina a un público más exigente fuera de la ciudad.

Lejos de ser gratuita, esta suposición queda confortada por la merced que Enrique IV concede a Pedro de Escavias poco después de la firma del compromiso. En efecto, el 23 de noviembre del mismo año 1466, el rey hace merced a Pedro de Escavias de la alcaldía mayor de Andújar como concesión perpetua y con la facultad de renunciarla en su hijo, Francisco. No sería sorprendente que la versión B del compromiso fuera una copia del documento que mandó redactar el alcaide con destino a la corte.

diciembre de 2025



[1] Supongo que esta rúbrica ha sido redactada cuando se incorporó el texto a la Probanza (1671) posiblemente por un escribano, a juzgar por la fórmula final habitual en las producciones de esos oficiales. Enrique Toral hace preceder su transcripción por la siguiente rúbrica que pudo figurar en su modelo: “Condiciones que se obligaron de guardar para la conversación y lealtad y guarda de esta dicha ciudad a su Rey y señor don Enrique”.

Correspondencia con Pedro García Cabrera

Correspondencia con Pedro García Cabrera

Un mes en Tenerife, abril de 1964

Después de cumplir el primer curso, los alumnos de la Escuela Normal Superior de Saint-Cloud disfrutarban de una beca de un año (no contabilizada dentro de los cuatro años que componían el cursus legal) para residir en el extranjero sin obligación particular, oportunidad que un hispanista en ciernes no podía perder. Michèle se mostró conforme. Es así como la pareja de recién casados salió rumbo a Madrid con la firme intención de aprovechar esos meses para viajar por toda España y ampliar el círculo de nuestros conocidos. En vista de ello, compramos una Renault Ondine de segunda mano, con matrícula americana de Florida, lo que abarataba mucho el coste. Fue nuestra fiel Rocinante hasta el final de nuestra estancia.

Ya titular de la Licenciatura, decidí dedicar dos años a una tesina [Diplôme d’Études Supérieures] sobre El Mono Azul (véase ‘Esbozo biobibliográfico’): el primero en Madrid para reunir el material, el segundo, en París, para la redacción y la lectura. Durante el primer trimestre, de octubre a diciembre de 1963, trabajé en la Hemeroteca municipal de Madrid, donde se conservaba una colección de la revista, que completé gracias a la ayuda del librero Miranda, de la calle del Prado, que me facilitó los números que allí faltaban. Desde ese momento, instalados definitivamente en una pensión de la misma calle, a dos pasos del Ateneo, al que solía acudir después de cenar para ahorrarme la molesta presencia de un televisor de reciente adquisición por los dueños de la pensión, empezamos a viajar.

El día primero del año (1964), después de la Nochebuena que celebramos con nuestros amigos madrileños, nos fuimos a Judes, pueblo donde había nacido mi padre, cerca de Arcos de Jalón (Soria), acompañados por dos compañeras de curso, Nicole Avant y Catherine Spinetta. Aquella preparaba, con el mismo director que yo, el Profesor Robert Marrast, una tesina sobre La Gaceta de Arte, publicada en Tenerife en los años anteriores a la Guerra civil. Nicole había estado en las Islas para trabajar en su tesina y había vuelto encantada. Insistió para que fuéramos a Tenerife, asegurándonos de que allí conoceríamos a gente de gran calidad intelectual y artística. Su entusiasmo nos convenció y decidimos dedicar el mes de abril a esa aventura.

De esa temporada, solo nos quedan recuerdos viejos de más de sesenta años, algunas sensaciones y poquísimas fotos. A pesar de ello, lo poco que conserva nuestra memoria ayudará a comprender en qué circunstancias se inició nuestra correspondencia con Pedro García Cabrera, de la que solo conservamos las cartas de nuestro amigo.

En los primeros días de abril, embarcamos en Cádiz en un buque de la Transmediterránea con rumbo a Santa Cruz. Fue un viaje de pesadilla. Tuvimos la mala idea de sacar billetes de tercera clase, como era natural para una pareja de estudiantes que vivía con una sola beca, poco abundante además, sin medir las consecuncias que ello suponía. Carecíamos de experiencia, ya que Michèle solo había viajado a Córcega con sus padres; en cuanto a mí, era mi primer viaje en barco. Lo peor era que los pasajeros de tercera se alojaban en dormitorios, que no camarotes, los cuales naturalmente no eran mixtos. Además, tuvimos que soportar la proximidad de un fuerte contingente de legionarios, la cual resuló tan molesta que el comandante optó por ascender a segunda a las viajeras de tercera, lo que amenizó mucho la prueba para Michèle y sus compañeras. En cuanto a mí, debo confesar que pasé las tres noches y dos días de viaje sin moverme de mi cama, intentando desviar la vista de la ventanilla a la que estaba pegado para no anegarme en las aguas del océano que la batían hasta media altura. Llegué a Santa Cruz destrozado pero me consolé al observar que Michèle lo había pasado mucho mejor.

Al cabo de unos días, una vez superado el mareo y recobrado el dominio de la estación vertical, había llegado el momento de familiarizarnos con el nuevo marco de vida. El hotel en que nos alojamos era modesto pero lleno de encanto. La habitación daba a un patio al que alegraba el canto de unos pajaritos enjaulados. Fuimos descubriendo poco a poco algunas características de la vida isleña. Algunas no nos sorprendieron demasiado, como la suavidad de la temperatura aunque, si no me equivoco, en el mes de abril suele llover con frecuencia. La flora era abundante y coloreada: las jacarandas cargadas de flores, las begonias a lo largo de las carreteras, las palmeras, y los imponentes dragos. También nos sorprendió la gran variedad de tabaco en venta, incluidos los puros, cuyo uso no parecía reservado a señores adinerados, como en nuestro país. Muy pronto nos familiarizamos con la guagua porque, desde el momento en que preguntábamos a un transeunte cómo se iba a tal o cual lugar, siempre nos remitía a esa institución del transporte urbano isleño, aunque el sitio quedara cerca. Nos sorprendió observar que la Casa de Correos tenía cuatro buzones: Canarias; Continente (metrópoli); Extranjero; Venezuela. Nos iniciamos también a la gastronomía local: el potaje con gofio; el pescado, principalmente la vieja; las papas negras o blancas, y la manera de guisarlas (arrugadas); los diminutos plátanos; las naranjas ligeramente aplastadas en su centro, etc.

Aprovechando que habíamos embarcado nuestro coche, recorrimos la isla solos o en compañía de algunos amigos. Las expediciones más memorables fueron la del Teide, con la bajada, con el motor apago, hasta Vilaflor; la de Tacoronte con Pedro y Matilde; la del nordeste de la Isla, con su verdura, su niebla y su relieve, y su niño titiritando de frío que pedía limosna. La visita de Puerto de la Cruz fue breve, porque descubrimos allí las premisas de un futuro desarrollo turístico del que conocíamos ya los efectos nefastos en las costas francesas y españolas. A La Laguna solíamos ir a menudo, porque conservaba el encanto de las primitivas ciudades coloniales y por su Universidad. Allí asistimos con Domingo Pérez Minik a una conferencia del dramaturgo Alejandro Casona, que acababa de regresar de su exilio, una de las últimas que dio, ya que murió al año siguiente (1965). En cambio, no disfrutamos demasiado de la playa, porque el tiempo no se prestaba a ello y por cierto encuentro con una pareja de guardias civiles. Michèle llevaba un traje de baño de dos piezas, lo que estaba prohibido entonces en España, y más en Canarias, cuyo obispo denunciaba entonces los bailes populares como una antesala del Infierno. Tuvo que cubrirse y lo hizo sin discutir, con la seguridad de que no serviría de nada intentar convencer a dos jóvenes que cumplían órdenes y de los que sospechábamos que, envarados en su uniforme de invierno, con gusto se lo hubieran quitado.

Poco a poco, fuimos visitando a los amigos de Nicole: Eduardo Westerdahl, su esposa, Maud; Pedro García Cabrera y Matilde; Domingo Pérez Minik y Rosita principalmente. El recuerdo que les había dejado Nicole era excelente, así que la acogida que nos reservaron fue afectuosa desde el principio.

Los veíamos a menudo. Cenamos más de una vez en casa de Domingo Pérez Minik y Rosita, que sufría ya entonces del reuna deformante que la achacó hasta su muerte. Ella y Michèle se llevaban muy bien. Vivían en un edificio reciente que se había construido en el solar donde tenían su casa, y conservaban algunos cuadros de pintores surrealistas. Manteníamos también un trato frecuente con los Westerdahl, especialmente con Maud, oriunda de Limoges, ciudad cercana a la Turena donde teníamos nuestra casa. Su conversación era interesante porque, durante su vida en París y su vida común con Oscar Domínguez, había conocido a grandes artistas, entre ellos a Picasso. Ofreció a Michèle un preciosa sortija que desgraciadamente se perdió en un viaje posterior. Pedro y Matilde nos llevaron a varios de sus lugares predilectos con la intención de hacérnoslo descubrir. En Tacoronte, conocimos a Salvador Fuentes, con el que había compartido cárcel y que era productor de un vino tinto rústico pero agradable. En Vilaflor, merendamos en un pinar y hablamos de escritura poética. De allí nos acercamos a Los Cristianos, que era la playa preferida de Pedro. Visitamos diversas instituciones culturales de Santa Cruz. Recuerdo perfectamente la que hicimos del Museo arquelógico, guiados por su Director, Luis Diego Cuzcoy, que nos inició a la cultura guanche, gracias a las preciosas momias conservadas en él. También presenciamos algunos momentos compartidos por poetas y pintores, como esa lectura poética que dio uno de ellos, Carlos Pinto, médico en un hospital siquiátrico.

Cuando llegó la hora de volver a la metrópoli, no quisimos repetir la dura prueba de los barcos de la Transmediterránea. Los amigos nos recomendaron viajar por un buque de carga, práctica que aún no se había generalizado. Algunos barcos de la Naviera Pinillos ofrecían un número limitado de camarotes. El que elegimos tenía tres o cuatro muy confortables, de los que solo dos fueron ocupados, uno por una pareja de alemanes, el otro por nosotros. Las condiciones fueron idílicas. La tripulación nos atendió como a recién casados en su viaje de novios y, de hecho, lo fue, aunque ocurriera seis meses después de la ceremonia oficial. Embarcamos al atardecer en Santa Cruz. Hicimos noche en Las Palmas. El día siguiente, mientras se cargaba el buque, recorrimos con nuestro coche la costa de la Isla Grande. Salimos al anochecer con rumbo a Barcelona. Cruzado el Estrecho, navegamos, con la costa a la vista, por una balsa de aceite hasta el final de nuestro viaje.

Desde ese momento, no tuvimos más contactos que epistolares con nuestros amigos canarios, exceptuando algunos escasísimos encuentros en la metrópoli con Pedro y Matilde, al final de su vida, y la estancia que hizo en nuestro piso de París Enrique Lite a principios del año 1965. Nuestro corresponsal privilegiado fue Pedro García Cabrera. El nos mantuvo al tanto no solo de sus actividades sino también de las de los demás amigos canarios. Sirva esta transcripción de sus cartas de testimonio de un momento importante de la vida cultural de las Islas, cuando se fueron tirando las vallas que habían impedido durante tantos años una creación libre de trabas de toda clase.

No conozco mejor definición de la poesía de Pedro García Cabrera que estas líneas de G. K. Chesterton (1874-1936), Le studio de l’inutilité (Paris, éd. Flammarion, 2012, p. 52-53).

“[…] le don du poète (qui est aussi le don de l’enfant) consiste en la capacité de rester relié au monde extérieur, de contempler les choses avec une attention intense et totale, et de tomber en extase devant le spectacle du réel”.

“[…] los dotes del poeta (que también son los del niño) consisten en la capacidad de permanercer en contacto con el mundo exterior, de contemplar las cosas con una atención intensa y total, y de caer en éxtasis ante el espectáculo de lo real”.


 

CARTAS DE PEDRO GARCÍA CABRERA

(1964-1976)

 

Doble dedicatoria de Líquenes,

al Gremio de Artes Gráficas (1928)

y a Michèle y Michel (22-IV-1964)

 

S/C de Tenerife, 29 de mayo de 1964

Sres. Garcia – Enjolras. París.

Queridos amigos:

Recibimos vuestra tarjeta de Barcelona. En ella me anunciaba José Domingo que me escribiría, pero aún no lo ha hecho. Anteayer, por fin, la carta de Michèle desde Dax. Me alegró mucho de que todo haya tenido un feliz remate: aduanas y amigos. Y que el mar se portase tan cortés con vosotros.

Ya sabía por la hermana de Matilde que no habíais podido localizarla. Lamento la molestia que con ello os ocasionamos. Ayer le escribí a Rosario para que recogiese el paquete en Hilarión Eslava, 13. Ella se ha mudado de domicilio en estos días. Como le habíamos anunciado vuestra visita, la pobre nos dice que os tenía preparados unos bocadillos y unas cervezas, que tenía en hielo para invitaros. Un día antes de la vuestra llegó esa para vosotros, que adjunto. Perdonad que vaya abierta. Creyó Matilde que era de vosotros para nosotros y hasta que la abrió no se dio cuenta de su error.

Eduardo y Maud tuvieron un accidente de automóvil en la carretera del Sur. Fue en una recta. Un coche, en dirección contraria, al llegar a la altura del de Maud, se le atravesó. Una maniobra muy extraña. Eduardo está enyesado con fracturas de homoplato y muñeca izquierdos. Latosa y pesada la recuperación pero sin gravedad. Maud y Hugo, con contusiones. Pero ya están perfectamente bien.

Nosotros estamos en vísperas de irnos a Los Cristianos. Tomaré las vacaciones de 8 de junio a 7 de julio. Estoy bastante agotado y necesito descansar, bañarme en el mar y escribir en mis libros. Vdes, sigan escribiendo, si quieren, a Sta Cruz, que ya me enviarán toda la correspondencia a la playa. En principio, iba a ir al Médano, a un chalet un poco más allá del Bar por debajo del cual Vds pasaron el día que estuvimos allá abajo. Pero era muy grande: 7 habitaciones y, para nosotros 3, era demasiado. En vista de ello optamos por un apartamento en Los Cristianos. Es menos playa pero a mí me encantan sus marineros, con los que charlo de lo lindo todas las tardes. Además de que en aquel lugar me identifico más con la soledad de la mar y me facilito la creación poética.

Hemos extrañado vuestra ausencia. Ya les queríamos. Es una pena estar tan lejos. Pero, como dice Michèle: ¡Viva el correo! Más lejos estamos nosotros de la libertad y también gritamos: ¡Viva la esperanza!

Me complace que hayan simpatizado con José Domingo: es un muchacho que vale mucho. Su esposa es también encantadora. Vdes pueden verse con facilidad. En cambio, nosotros, en una isla, hemos de soñar en el rostro y las manos de nuestros amigos. Una isla, por bella que sea, siempre es un poco tumba y ningún rincón es bello para morir. Por eso, evocar, rêver, es nuestro puesto de escape, la única salida que tenemos siempre en todo instante. Por eso, vuestra visita, como la anterior de Nicole, ha sido un sueño.

Día 1-6-64. Acabo de recibir carta de José Domingo. Está encantado con vosotros. Miel sobre hojuelas. Ya sé por él que volveréis a Barcelona unos días.

Hemos comenzado a arreglar la casa de Tacoronte. Cuando regrese de la playa de Los Cristianos, nos iremos arriba el resto del verano. Bajaré y subiré diariamente mientras dure la jornada de verano, que para mí será hasta octubre.

Bien abrazos de todos. Cariñosamente.

  Pedro.

 

Tacoronte, 8 de agosto de 1964

Mis queridos Miguel y Michèle:

Al regresar de Los Cristianos el 17 de julio, me encontré con vuestra hermosa carta y con el riquísimo primer envío de sellos. Gracias, muchas gracias. Con la vuestra, esperaba otra de Nicole. Me decía que había hablado con vosotros al regresar de esto. Os copio sus palabras: “Estaban llenos de vitalidad, seguros de sí, da gusto verles vivir”. De Nicole acabo de recibir una postal de New York, desde la O. N. U.

Hoy llegó la vuestra de Cannes. Muy fresquita, es decir, muy reciente, del día 5, también con unos sellos. Debo deciros que sin sellos también os quiero lo mismo, que no condicionéis vuestras cartas a los sellos. Eso sería echar como una sombra sobre la claridad de nuestro conocimiento y afecto.

En Los Cristianos, lo pasé mejor que otros años. Vivir con el mar, con la mar. Con la mar y no junto al mar. Bañarme a las 8 de la mañana, siempre antes que después, apenas saltar de la cama. Después, desayunar y marcharme a lugares aislados a escribir y gozar del mar a vista hasta la hora del almuerza. La siesta enseguida y, por la tarde, a charlar con los marinos. Escribí mucho, unos 20 poemas en el mes. Al regresar a Los Cristianos, hemos subido a la casa de Tacoronte. La hemos remendado lo bastante y de aquel caserón abandonado, hemos hecho un lugar confortable. Bajo a Santa Cruz y subo todos los días, en coche de mis amigos. A las 21/2 de la tarde, ya estoy aquí, rendidas las 6 horas de trabajo. Hoy, sábado, como termino la jornada a midi, me fui a casa y encontré la de Cannes. La leí allí, en Santa Cruz, en la salita de estar donde hemos estado juntos. Antes de leerla, encendí un cigarrillo inglés, de una caja que dejó Michèle. Así, mientras os leía, os sentí mucho más cercanos y, al mismo tiempo, más dulcemente lejanos.

Unos días después de partir de aquí, tuvieron un accidente de auto Maud, Westerdahl y Hugo. Fue en la carretera del Sur, cerca de Candelaria. No fue grave. Hugo con ligera contusión en un muslo. Maud, varios golpes en cabeza y brazo, sin mayor importancia. Eduardo con fisura de homoplato y muñeca. Estuvo con el brazo en cabestrillo un par de semanas, sin ir al Banco. Ya están todos bien.

José Domingo me escribió. Me dice que sois encantadores. Cuando me habláis de mis amigos, de que si los amigos de Pedro, debo deciros que esos amigos son obra vuestra, que todos son lenguas elogiosas en vuestro favor. Y esto no me lo debéis a mí, sino a vosotros mismos, a vuestra simpatía y gentileza. Ciertamente que yo tengo amigos. No sé si alguna vez logré inspirar amor; pero amistad, sí. Matilde misma fue amistad antes que amor. En vuestro caso concreto, soís amigos míos y del hogar, cosa un poco difícil. Matilde, a quien le he leido la vuestra de hoy, me dice, mientras riega las flores con su manguera, que con mucho gusto os recibiría nuevamente aquí, que le gustaría volver a teneros en Tenerife. Y si una dueña de casa dice esto, está dicho todo.

Aquí en Tacoronte, sigo escribiendo este verano. No tanto como en la mar pero sí algo. He escrito el romance de Vilaflor. Es solo el pinar en el que estuvimos almorzando. He recordado vuestra compañía. Miguel, ¿te acuerdas de aquella confidencia en la que me hablaste de la naturalidad de Michèle, dejando, al sentarse, los muslos a lo vivo? Una imagen del poema habla de los muslos a los pinos. Es un recuerdo sin nombre, sin persona, oculto bajo una palabra, de vosotros dos.

Salvador Fuentes estuvo ayer aquí. Está muy atareado. Este año, la cosecha de uvas no es muy buena.

Tuvimos la visita de Julián Marías, el discípulo predilecto de Ortega y Gasset. Dio 3 conferencias. Levantaron llamaradas. Dijo cosas tremendas, vivas, actuales. Una, la dijo en el Instituto de La Laguna, donde vimos a Casona. ¡Qué diferente era aquel local recogiendo las palabras de uno y otro! A Casona, le oímos, a Julián Marías, le vivimos y nos vivíamos.

Bueno, salud, como en tiempos de la República. En París os espero. Un abrazo muy fuerte de los tres para los dos. Iba a terminar. Os escribo en el comedor de Tacoronte. Pero acabo de fijarme en la botella de ron Bardinet que compró Michèle para hacer las tortillas en casa, el día en que invitamos a Sartoris [Alberto Sartoris, arquitecto]. Está como mismo la dejastes, Michèle. No hemos tomado nada de ella. Pero, si algún día hace frío, tomaremos una copa y al cabo del licor, tendrá el calor de nuestra amistad. Otro abrazo,

  Pedro

 

Tacoronte, 25 de Agosto de 1964

Queridos Michèle y Michel Garcia:

Gracias, Michel, por tu bella carta. Efectivamente, el día de mi cumpleaños es secreto. Apenas si lo conocen algunas cuantas personas. Y cada vez será menos conocido. Porque ese día sólo tiene un significado para los padres, los abuelos, los tíos que formaban parte del clan familiar en que nací. Sí, ya sé que esa fecha figurará en alguna biografía que de mí se ha hecho, pero entonces esas fechas sólo sirven para situarlo a uno dentro de una generación literaria y están desprovistas de toda intimidad. Ese día lo he convertido en uno más, aunque mis 59 años no sean ya un grano de anís. Solamente el beso de mi esposa más fuerte y alguna sorpresa en la mesa, a la hora de almorzar. Todo lo demás que va unido a ese día, en forma de recuerdo, se ha quedado enterrado muy adentro, hasta el punto que le cuesta trabajo salir a la superficie, hacerse conciencia. No es precisamente olvido, sé que está en el desván de los trastos inservibles. Si acaso, de ese 19 de agosto recuerdo una nadería. Es ella que, mientras estaba en la bodega del barco, al mirar hacia arriba, buscando un poco de azul con lo mirado, sorprendí que los palos y las jarcias del buque, con sus líneas tensas y abstractas, eran un dibujo de Kandisky o de Paul Klee. El otro aspecto, el humano, el aconteciumiento en sí, no tiene ya vida por sí mismo sino en cuanto ha servido para moldearme, entre otras cosas uno de esos moldeos ha sido eso que, tú lo dices, se parece a bondad. Ya tendréis tiempo de serlo vosotros. Ahora, humanistas y revolucionarios. Lo demás se os dará por añadidura, si la evolución es normal por esa doble vía del tren de la persona. No creáis que trato de aleccionaros. Vosotros tenéis el mejor de todos los maestros, que es la juventud y el amor. Son las dos fuerzas mágicas que todo lo pueden.

Sí, mis amigos, amo en vosotros estas fuerzas mágicas y vuestra amistad me las reencarnan.

Soy, pues, dichoso por haber venido a las puertas de mi corazón en ese día.

En París tendréis una carta mía. Esta la dirigiré a Mme Bartholet. Estoy seguro que, de no estar vosotros ahí, la recibiréis.

Matilde os envía muchos abrazos y me dice lo de qiempre: que le gustaría volver a veros por aquí. Saludos de Ani. Y un abrazo muy mío de

  Pedro

 

[Tarjeta de ] FELICIDADES 1965

  De la isla en que vivo

Hoy es la muerte de una mariposa,

volando sobre el mar,

lo que ha llenado el día.

Buscaba una ola quieta

en que poder posarse

y no volvió del agua.

No hubo suicidio

lucha

ni tristeza.

Llegó tan sólo al borde de sí misma,

al ras con ras de su silencio,

con esa sencillez con que el cielo es azul,

nube la nube y pájaro el sonido.

El mar no la hizo suya,

no pudo dominarla.

Cuando cayó estaba ya cumplida

la mariposa que era,

el preludio de libertad de su suelo.

  Pedro GARCIA CABRERA

 

Santa Cruz de Tenerife, 11 de Febrero de 1965

Queridos Micheles:

Recibida vuestra tarjeta de 28 de Enero y anteriormente la de Michel acusando recibo de mi felicitación por Pascuas. Le di a leer vuestra tarjeta a Pérez Minik y me dijo que os había escrito y que seguramente se cruzaría con la nuestra. Supongo que a esas fechas estará en vuestro poder.

Y vamos con las noticias. Ayer, a la 1 y ½, la mujer de César ha tenido 2 gemelas. Lo mismo la madre que las dos recién nacidas se encuentran muy bien. Nacieron en 10 minutos de intervalo. Creo que esto os alegrará.

El verano pasado me fui a Los Cristianos. Es la playa que, por su seguridad, me va a mí mejor entre todas las de Tenerife. A mí me gusta entrar en el mar muy temprano, antes de las 8 de la mañana. Después me desayuno y busco lugares solitarios, a la misma orilla, donde me pongo a escribir. El verano pasado escribí mucho, más que nunca, casi un poema diario. Después del mes en la playa, nos subimos a Tacoronte. Arreglamos la casa y estuvimos arriba hasta mediados de Octubre. Bajaba a trabajar las mañanas y subía a las 2. Como tengo muchos amigos con coche, bajaba y subía con ellos. En Tacoronte seguía escribiendo por las tardes en el libro de romances sobre los pueblos de la isla. Allí hice el de Vilaflor y me acordé de vosotros. Una imagen del poema está sugerida por la presencia en el pinar de Michèle. Al regreso, el grupo de poetas jóvenes que conocisteis en casa de Carlos Pinto [Carlos Pinto Grote, poeta y psiquiatra], me invitó a dar un recital con ellos en un colegio universitario de La Laguna. Este grupo está publicando una colección poética en libros pequeños, à poche [sic por de poche], y me pidieron original para un tomito, que ya les entregué: se titulará De la isla en que vivo y son poemas escritos en Los Cristianos. Ya os mandaré un ejemplar cuando se edite.

Por Noviembre tuve un contratiempo. Me hice un análisis de sangre y tenía un poco de azúcar. Como no soy diabético, con un régimen de comidas apropiado la elimino, sin utilizar medicamentos. El régimen no es duro ni severo, pero me ha hecho bajar casi 10 kg. de peso. Ahora estoy en 65 kg. Me siento más ágil. He eliminado barriga. Estoy contento. Y también otro percance: se me ha vuelto a abrir la herida de la guerra en la rodilla. Me hallo sometido a curas del especialista que me ha tratado siempre esta lesión. No estoy apenado por ello. Pienso que esta herida es la huella que me dejó mi sed de libertad. He de amarla para no caer en la noche del espíritu y en la desesperanza.

Matilde está ahora aprendiendo a conducir. Mientras yo os escribo, está en la misma mesa íntima que conocéis, estudiando “test” de circulación para el examen. Ani, a la vez, merienda, regresada ya de la academia donde estudia taquigrafía y contabilidad. También asiste a francés en la Alianza francesa.

Todos los amigos están bien. Lo mismo Eduardo y Maud que Dorita y Agustín. A Dorita se le murió el padre. Esta carta parece la gacetilla de un periódico. Pero creo que estas cosas tan de todos los días os acercarán más a nosotros, atrapados en el encierro de una isla.

Este invierno ha hecho mucho frío y ha caído mucha nieve. Un día, subimos al Teide. Quisimos llegar hasta Las Cañadas, pero la nieve tenía entorpecida la carretera y no pudimos llegar. Es un bello espectáculo nupcial ver todo blanco.

Debo decirte que los sellos son siempre bien recibidos. Muchos de Francia, los he sustituido en mi colección por los que me habéis enviado. Quiero que en mi álbum estén todos mis mejores amigos. Muchos no los tenía. El ejemplar último de franqueo con el esmalte del siglo XII es estupendo. Gracias, gracias y gracia García. ¿Volveréis por aquí alguna vez? Nuestra casa es la vuestra, y en Tacoronte también tenéis una habitación en que dormir. Muchos abrazos de Matilde y Ani. Mati os quiere igual que yo.

Hasta vuestra felicidad

  Pedro

 

Santa Cruz de Tenerife, 26-IV-65

Sres. Michel y Michèle Garcia-Enjolras París

Queridos amigos:

Creo que me escusaréis por mi silencio. He debido escribiros mucho antes, porque era mi obligación acusaros recibo y daros las gracias por vuestro hermoso obsequio enviado con Lite [Enrique Lite]. Este vino a casa el 12 de marzo pasado y justamente 2 días después, era el santo de Matilde, de modo que vuestro envío fue el primer regalo que recibió Matilde en su onomástica. El primero de la calle porque yo le había ya regalado un Simca 1000 nuevo. De modo que cuando volváis por aquí disponéis de coche y no necesitáis traer el vuestro a Canarias. Matilde está ahora haciendo peninos con el Simca. Sale todas las tardes con un chófer amigo mío, un extaxista, que le acompaña hasta que adquiera total soltura de volante. Matilde me dice que emplee las palabras más expresivas para agradeceros vuestro recuerdo y que no olvida vuestra amistad y os quiere mucho.

Lite viene encantado de París, de vosotros, de vuestros padres. Me ha dicho que vosotros sois muy agradables, pero que vuestros padres os superan aún más en tal sentido.

Este año no iremos a Los Cristianos pues, aunque mi pierna va muchísimo mejor, el médico no quiere que me bañe en el mar porque la arena en suspensión en el agua no me va bien para la herida. Nos pasaremos, por tanto, en Tacoronte el verano. Este año queremos que venga de Madrid mi hermano Anatael, que está bastante agotado por el trabajo; es profesor de la Academia Bilbao: trabaja mucho y gana poco. Los 3 hermanos que vivimos aquí queremos traerlo. Creo que, de venir, solamente estará un mes o poco más. Por consiguiente, si venís a España este verano y queréis dar un salto a Tenerife, os ofrezco casa y comida en Tacoronte o aquí en Santa Cruz. Todo lo arreglaríamos sobre la marcha. De modo que ya lo sabéis: nuestra casa y nuestra mesa está a vuestro servicio durante el verano; todo el tiempo que queráis acompañarnos. Sabed bien que esta invitación no es de boquilla sino de verdad. Y no necesitáis traer sino vuestra juventud, vuestro amor y vuestra cordialidad.

Os adjunto carta para Nicole. A nuestra amiga no se le puede coger posada. Hasta para escribirle hay que hacerlo en vuelo. ¡Maravillosa Nicole! Tiene las alas de Pegaso.

Ahora, los domingos a las 11, mientras Matilde se va a pasear su SIMCA, yo me voy al cine-club. He visto una película de la ‘Nouvelle vague”, Jules et Jim de François Truffaut y A bout de souffle de Jean-Luc Godard, que me han dejado frío, sin despertarme interés. Sobre todo la primera. En cambio, una sesión de documentales franceses, entre ellos La petite cuillère de Villardebot [Vilardebó] y otros de Agnès Varda me entusiasmaron. La última que he visto Sommarlet (Jeux d’été) de Ingmar Bergman me gustó algo, pero no terminó de convencerme. ¿Por qué gastarán tanto tiempo y dinero en pequeños problemas personales, habiendo tantas cosas transcendentales que decir al público?

¿Cómo marchan vuestros estudios este año? Habladme de vosotros cuando tengáis tiempo.

Todos los amigos están bien. Las gemelas de César se crían estupendamente. Hace unos días que fui a verlas, da gloria mirarlas. Tan pequeñas y ya sonríen de manera distinta una y otra.

Bueno, amigos, hasta otro. Abrazos de estos amigos que han quedado “touches” [touchés] por vuestra gentileza y confianza. Hasta la próxima os deseo muchos bienes.

  Pedro

¿Encontró Miguel material importante en Valencia para su Mono azul?

 

Santa Cruz de Tenerife, 9 de marzo de 1966

Ms. Miguel y Michèle Garcia-Enjolras. Paris

Queridos amigos:

Al fin rompo la isla de mi silencio. No, no ha pasado nada. A veces huyo de escribir, no tengo nada que decir, es decir, me parece que son estupideces las ideas que me vienen. Debe ser que atravieso una etapa de poca alegría. No sé en realidad a qué atribuir tanto desgano como tengo. Quizá sean los años que se me han echado encima o tal vez la presión baja. Lo cierto es que cada día me encuentro más torpe para todo, incluso para mi trabajo ordinario. Sé que esto no va bien, que no debo entregarme a la angustia de ver pasar los días sin que traigan algo vivo en el pico. Me duele esperar tanto. Eso es todo. ¿Y para qué ir a vosotros lleno de soledades? Es preferible condenarme al silencio, ya que no soy capaz de retoñarme de alegría.

Pero, en fin, no todo es gris. Ahí estáis vosotros. Os hablaré de los amigos.

Dorita se desenvuelve bastante bien. La casa donde vivía era de ella y estaba a su nombre. Agustín le dejó unos seguros de vida, que ha cobrado – unas 200.000ptas -. Dorita, además, asiste a la Universidad. No sé si sabéis que a ella le faltaban 2 asignaturas para tener la licenciatura de Ciencias Químicas. Dorita fue una estudiante bien dotada y va sacando las 2 asignaturas. Con el título podrá dedicarse a dar clases y sacar adelante a sus hijos. A Dora se la quiere mucho y sus situación económica no es agobiante ni fea.

Este año eligieron a Ani reina de las Fiestas de Invierno de S/Cruz. Empezó todo como un juego. En el Instituto la invitaron a representar a un conjunto artístico que llaman “Los Fregolinos”. Son viejos cantantes, casi todos de mi edad – 60 años -. Digo en el Instituto porque Ani ha querido este curso terminar el bachillerato elemental y la reválida. Pues la eligieron reina entre 18 candidatas. Se ha divertido mucho y nosotros también, aunque yo siempre guardé las distancias para dejarla a ella en libertad y no sintiera el peso de mi generación sobre su cetro.

Mis libros siguen sin publicarse. Todo son dilaciones y obstáculos, si uno quiere hacer las cosas independientes. El verano pasado, escribí mucho. Pero, en el otoño pasado, no he hecho nada que valga la pena ni tampoco he dado golpe en lo que llevamos de invierno, con 20 grados el día más frío.

Recibí tus sellos del Japón, muy hermosos. Y también los que franquean vuestras cartas. Vosotros sí que sois unos amigos estupendos. Era para haberme mandado a la porra ante mi silencio y no lo habéis hecho. Tengo mucho que aprender de vuestra fidelidad al recuerdo de conocernos.

No quiero seguir para que salga esto hoy mismo. Seguiré un día de éstos escribiendo. Pero mi abrazo está siempre vivo para vosotros.

  Pedro

 

Santa Cruz de Tenerife, 25-V-67

Ms. Miguel y Michèle Garcia-Enjolras. Paris

Queridos amigos:

He recibido vuestra carta con la magnífica foto del espléndido Patrice. Cuando, en enero pasado, supe su nacimiento, quise escribir un poema a vuestro hijo. Lo elaboré mentalmente durante varios días pero, cuando me puse a escribirlo, no me gustó: se me había convertido en palabras, nada más, sin fuerza expresiva. Fue un fenómeno curioso: mientras imaginaba el poema, salió bien, lo consideraba una buena obra. Después, al traducirlo en palabras, éstas nacían sin vida. Se conoce que me había chupado toda su emoción. Luego, esperando que acertara en otra ocasión, ha pasado el tiempo, sin poema y sin carta. Pero ahora, será distinto. A la vista de la foto de Patrice, he empezado un nuevo poema que os enviaré cuando lo termine. El está ahora en ese momento en que habla con gesto y ademanes, ese lenguaje universal de la vida, antes de que los vocablos nos den una patria y nos hagan distintos a los demás. Lo que quiero es que un poeta de las islas le salude y dé la bienvenida al mundo y al afecto. Y que esto suceda ahora, cuando él no tiene el don de la palabra, cuando, como los pájaros, entendemos su canto, no importa dónde hayan nacido. Hablamos a menudo de la debilidad de los niños, pero no de su tremenda fuerza viva, de su colosal vivacidad expresiva.

He enseñado la foto a varios amigos: a Domingo, a César, a Lite, y algunos otros amigos que conocisteis aquí, entre ellos Salvador, el de Tacoronte. Todos se han mostrado encantados con vuestra paternidad y con el sol de hijo que tenéis.

Justamente anoche tuvo lugar la apertura de una exposición de pinturas de Lite. Hizo la presentación Domingo. Ha sido tal exposición una verdadera sorpresa. No creía que Lite fuera capaz de trabajar tanto en cantidad y en calidad. Indudablemente, el viaje que realizó a París, vuestra compañía, la experiencia de un ambiente tan cargado de posibilidades artísticas como en la ciudad en que vivís ha obrado poderosamente en el logro de sus cuadros. Es lo que más falta a casi todos los que vivimos en el medio insular, el ver cómo nuestros sueños tienen realidad más o menos afín a nuestra intimidad entre personas a los que ignoramos, con los que no hemos entablado relaciones. Lite, anoche, me enseñó la carta que había recibido de vosotros, con la noticia sobre los Tarquis. Todos los que os han conocido, tanto aquí como en París, hablan de Vdes. en términos muy elogiosos y sois en verdad muy apreciados. Pero, volviendo a Patrice. No me extraña que sea tan observador, que sea tan sencillamente normal, tan vilamente perfecto. Es el fruto del amor y de la ternura, un fruto de selección. Yo lo había ya visto retozar en la mirada de Michèle cuando veía un níño aquí, concretamente en Tacoronte, en casa de Salvador; nunca había visto tal éxtasis como lo que reflejó la cara de Michèle. Desde entonces, ya había comenzado a nacer el hijo, ese que ahora es Patrice.

Yo ahora estoy muy bien de salud. No me molesta nada la pierna y, como he adelgazado algo, me siento más ágil. Trabajo mucho, aunque en la oficina, y poco en poesía. Pero en el verano, el mes de vacaciones es muy fecundo y escribo diariamente un poema. El libro Compañera te doy está ya impreso en Madrid, a falta sólo de tirar la portada. Anoche hablé con un hermano del dueño de la imprenta, encareciéndole que imprimiesen la portada lo antes posible. Espero que por todo el mes de junio próximo lo tenga en mi poder. Ya os enviaré un ejemplar, lo mismo que a Nicole, a la que no olvido, y para quien deseo los mayores bienes.

Tengo, además, otro libro casi acabado. Se titula Las islas en que vivo. Son poemas sobre el mar, escrito todo él en Los Cristianos, la playa adonde voy todos los años, el mes de julio. Estoy comprometido a entregar el original en septiembre para su publicación aquí en Tenerife. Sigo trabajando otro libro de romances, La vuelta a la isla, que va muy avanzado, si bien tengo prisa en forzar su conclusión.

Ani continúa sus estudios. El año pasado hizo 4° de Bachillerato y Reválida en junio y en septiembre el ingreso en la Normal de magisterio. Este año estudia 1° de maestro y en los primeros días de junio le darán las calificaciones del curso. Veremos qué pasa. Matilde bien. Con su SIMCA sin novedad, después de sufrir un pequeño accidente sin consecuencias. Por cierto que Matilde quiso enviaros algún obsequio para Patrice. Luego desistió de momento, pensando que sería mucho más hermoso lo que tuviere el sello de París que lo que pudiere ella remitiros desde aquí. Dame una idea de algo que le pudiera venir bien al niño para enviarlo por correo. Se trata de que en cierta manera participemos en vuestro gozo, no sólo afectivo sino materialmente. Dinos qué prefirirías para él de Tenerife y con el mayor placer procuraríamos complaceros.

Domingo [Pérez Minik] se jubilará el último de mes. Le quedará una buena pensión y tendrá tiempo para escribir. La editorial Guadarrama le está editando un nuevo libro de ensayos literarios y le ha encargado la reedición de otro agotado, poniéndolo al día y aumentando algunos capítulos más. Esta jubilación le conviene a Domingo, porque así podrá dedicarse intensamente a la labor de creación. No sé si me quedará algo importante por ahora. Gracias por los sellos. Un bello ejemplar el del franqueo de la carta. Hace podo, celebramos un acto en honor de Miguel Hernández. Fue magnífico por todos conceptos, con mucho público, policías incluso. Un abrazo y hasta otra.

  Pedro

(Mándame los sellos de esta carta)

 

S/C de Tenerife, 20 de junio de 1967

Ms. Michel y Michèle Garcia Enjolras

Queridos amigos:

Me supongo habrán recibido mi carta última, extensa, como quería Michèle, aunque toda ella giraba sobre Patrice, y cuyo poema les enviaré muy pronto, cuando le dé los toques finales. El día 1 de julio me iré a Los Cristianos, que es la única playa de la isla que me permite bañarme a la hora que más me gusta, las 8 de la mañana, cuando el agua está muy fría y se va calentando al nadar. Estaré allí todo el mes de julio y después, Agosto y Septiembre, en Tacoronte, de donde bajaré diariamente a hacer la jornada de 6 horas de trabajo. En mi carta anterior, dejé de comunicarles algo importante. Se trata de un amigo que llegará a París el día 2 de julio. Es hijo de un íntimo amigo, compañero de Bachillerato. Se llama Alberto Galván Tudela y estudia Filosofía y Letras en Madrid. Deseo darles unos detalles sobre este estudiante. Se educó en un colegio religioso. Sus profesores vieron en él materia para hacer su agosto, quiero decir, cosecha y, contra la aspiración del padre, quisieron apropiárselo. Pero él royó el lazo y abandonó la tutela religiosa, dejando el colegio de los pescadores de inteligencias, para buscar su libertad. Es persona con quien podéis hablar de todo, sin reservas mentales. Le interesa mucho la vida animista, la mentalidad salvaje. Pienso que el Museo de L’Homme, en gran parte, le sugerirá muchas cosas. Le he dado vuestra dirección, más que nada para que no se sienta muy solo en vuestro nido de ciudad. El os podrá informar directamente de la vida estudiantil en Madrid, aspecto que también creo interesante. Ani sólo me aprobó 6 de las 11 asignaturas del curso. Tendrá que apretar en el verano para que pueda completar el curso en Septiembre.

En vuestra carta anterior decíais que no descartabais la posibilidad de volver a Canarias. Al menos eso quise interpretar yo. Ya sabéis que nuestra casa está siempre a vuestra disposición. Y esto no es formulismo, sino auténtica verdad. Matilde os quiere mucho, lo pasaríais bien. Me gustaría una foto de Patrice con el Teide al fondo.

Todos los amigos están bien. Lite ha tenido un gran éxito con su exposición, de crítica y de venta. El sábado anterior fue la clausura. Un acto muy emotivo. En casa todos muy bien. Conservamos el SIMCA sin contratiempos. También es vuestro si volvéis aquí.

Un fuerte abrazo y mis deseos que seáis felices

  Pedro Cabrera

 

S/C de Tenerife, 26 de Enero de 1.968

Queridos Micheles:

Recibí vuestra carta de felicitación por Año nuevo. Lamento mucho la enfermedad de tu madre y deseo que ya se encuentre recuperada. Me satisface que Patrice vaya sobre ruedas, es un decir, quiero significar que se críe de perlas. No os había contestado para hacerlo con más tranquilidad.

Hace dos días os envié una carta personalmente con M. Patrick Webdberg, un importante crítico de pintura surrealista, que vino a ésta a inaugurar una exposición de los cuadros que quedan en Tenerife, desperdigados en colecciones particulares, de Oscar Domínguez, que vivió casi ininterrumpidamente en París desde el año 1927, o cosa así. Hemos hecho una gran amistad, como si nos hubiéramos conocido toda la vida. Tiene interés en conocer la tesis de Nicole sobre Gaceta de Arte, por lo que se refiere al surrealismo. Como no sé la dirección de Nicole, me he permitido darle una carta de presentación para Vdes. al objeto de que le relacionen con Nicole y le facilite dicha tesis.

Ahora sí que va por buen camino la publicación del libro mío Compañera te doy. Pero le he cambiado el título. Ahora llevará el de ENTRE CUATRO PAREDES, porque, como desde 1963 estaba el libro en Madrid pendiente de editarse, alguien que conoció su título [Alfonso Costafreda, 1966] me lo ha pisado y ha publicado un libro de versos con el título de COMPAÑERA DE HOY. Como veis, ya no puedo persistir en la denominación primera, porque aparecería yo como un plagiario. Ahora, después de retirarlo de Madrid, se va a editar aquí y de un día a otro comenzará la imprenta a trabajar en él.

¿Qué ha ocurrido con la tesis de Miguel sobre el Mono Azul? Creo que una vez le pregunté por ella, pero no me habéis dicho ni media palabra de la cuestión y me interesa saber en qué ha quedado el asunto, si lo terminó o no.

Siempre os recordamos con mucho afecto y os deseamos todo género de felicidades, mucho más ahora que tenéis una vida nueva de amor entre los brazos.

Espero que pronto pueda remitiros el libro. Y también otro que estoy ahora en gestiones de publicación, de romances sobre la isla de Tenerife. No sé si os dije que el dedicado a Vilaflor llevará vuestro nombre, en recuerdo de la excursión y almuerzo que realizamos bajo los pinares.

Nada más por hoy. Recuerdos  y abrazos de Matilde y de Any. El abrazo de siempre para vosotros de

  Pedro

Los sellos que franquean esta carta me los envías cuando me escribáis.

 

S/C de Tenerife, 26 de octubre de 1968

Sres. Miguel y Michèle Garcia Enjolras. Paris

Queridos amigos:

Recibí vuestra carta tan cariñosa como siempre sobre la preparación del viaje de Carmelo. No pudo pasar a visitaros. Hace un momento que estuve hablando con él sobre el viaje. Estuvo en París, pero le estaban esperando en Orly tres oceanógrafos franceses que, agradecidos por la ayuda de Carmelo en Copenhague, le cogieron y se lo llevaron a ver las instalaciones de su especialidad. Me dijo que no le dejaron ni un momento, y que lo llevaron fuera de París; en ocasiones y a las horas que le quedaron libres, como no eran a propósito para visitas, no se atrevió a molestaros. Yo lo siento mucho porque tenía verdadero interés en conocer vuestras confidencias a través de mi hermano y os pido en su nombre y en el mío disculpas por no haber ido a charlar con vosotros.

Hoy he puesto un paquete certificado-recommandé (perdonad si no está bien escrito le mot français) conteniendo 4 libros, 2 para vosotros y 2 para Nicole. Ya veréis, como os anuncié que en Vuelta a la isla, figura en romance de Vilaflor dedicado a vosotros. En el próximo libro irá uno dedicado a Nicole. El próximo se titulará Las islas en que vivo, y lo he escrito todo el a la orilla de la mar, en Los Cristianos, aprovechando el mes de vacaciones de cada año. Creo que se publicará en los primeros meses del año que viene.

Hasta la fecha va todo bien. No he tenido contratiempo con Entre 4 paredes, algunos de cuyos poemas son claramente rebeldes, como por ejemplo “Pesadilla”, un poema que ha producido un impacto entre los lectores. La edición ha quedado casi agotada al mes de haberse publicado. De tal manera que no se ha vendido en librería sino directamente por mí. Ahora se están ocupando los críticos de dicho libro. Hasta ahora estoy contento de lo que dicen.

Me complece mucho saber que Patrice se cría muy bien y que Miguel está ya sobre rieles. ¡Magnífico! Me parece que toda tu libertad de mujer la das por la alegría de tener un hijo como el que tienes. Esto me hace pensar en lo que ya sabía, que el sentido del hogar y de la maternidad es en Francia extrordinariamente vivo, aun gozando de la mayor libertad. Es formidable esta característica vuestra, este humanismo basado en la razón y el amor, en las razones del amor, donde la carne se hace pensamiento. Leo con satisfacción cómo se prepara Michèle para sus oposiciones. Te deseo mucho éxito y podéis considerar vuestros triunfos como si fueran míos.

Pérez Minik ha sufrido un mes de cama por una lesión de corazón. No es grave, pero este tipo de lesiones siempre son amenazadoras. Ya sale a la calle y ha vuelto a emprender sus actividades habituales, aunque con un ritmo más mento, para evitar complicaciones. Les hablé de vosotros y se complace en que estéis contentos.

Ani está haciendo el 3° de Magisterio. Se porta muy bien. Es la alegría de la casa y tanto Matide como yo nos sentimos más jóvenes a su lado. Os envían besos y abrazos las dos Mujeres de mi usufructo.

Os deseo las mejores felicidades y no pierdo la esperanza de algún día volver a compartir vuestra gentileza e amigos y de compañeros.

Aquí me tenéis en forma de isla, pero escuchando el rumor de vuestro recuerdo. Con un abrazo,

  Pedro

 

S/C de Tenerife, 31-V-72

Michel y Michèle Garcia Enjolras. Paris

Queridos amigos:

Hace mucho tiempo que no sé de vosotros, pero vuestro recuerdo está siempre vivo. Deseo que Patrice y Virginia se críen bien y seáis muy felices. Yo ahora me encuentro muy bien. Después de la intervención de mi pierna no he tenido más contratiempos con ella. Por ese lado voy muy bien. Ani se casó el día 4 de marzo pasado y ya está en estado. El marido es un muchacho de Lanzarote y se dedica a comprar terrenos y luego vender los solares para edificar. Esto aquí, con el incremento turístico, es un buen negocio. Viven en un piso cerca de nosotros y nos vemos con frecuencia.

Literariamente, después de VUELTA A LA ISLA he publicado dos libros: HORA PUNTA DEL HOMBRE y LAS ISLAS EN QUE VIVO. En el primero hay un poema dedicado a Nicole, que creo que le gustará. Justamente hoy sale de aquí para París el Sr. Desplas Ponset, que ha estado unos días en Tenerife. Es un enamorado de la pintura de Oscar Domínguez y ha hecho fotos en color de los cuadros de Domínguez, entre ellos el que yo tengo. El irá personalmente a llevaros HORA PUNTA… Un ejemplar para vosotros y otro para Nicole. Se ha interesado mucho por el estudio de Nicole sobre Gaceta de Arte y quiere hablar con ella para un libro que desea excribir sobre Oscar y su pintura.

En Dakar, la Universidad me ha publicado una selección de poemas en francés. Está muy bien y en otra ocasión os remitiré un ejemplar.

Este verano pienso ir al norte de la Península. Saldr[emos] Mati y yo desde aquí en el Santa María, el barco que hizo célebre el portugués Galvao, hasta Lisboa y después seguir[emos] por Galicia y el Cantábrico, que no conozco. No sé si pasar[emos] por Francia, al menos prepararé el pasaporte por si tuviera tiempo de cruzar la frontera francesa, pero seguramente no iré a París, sino al mediodía francés.

Todos los amigos se encuentran bien. Y todos los que os conocieron recuerdan vuestra presencia en la isla.

Bueno, tengo muchas más cosas que contaros, pero lo dejaré para otra ocasión. Os escribo a máquina para que sea más fácil la lectura de ésta. Con un fuerte abrazo, sabéis que en esta isla tenéis el amigo de siempre y que os desea, en nombre de Mati y en el mío, los mayores bienes. Esperando tener vuestras noticias, es vuestro

  Pedro

Atención: el número de la calle es ahora el 7 en vez del 5.

 

S/C de Tenerife, 7 de julio de 1972

Mr. Ma (sic) Michel Garcia

Queridos amigos:

Con gran alegría he recibido vuestra carta. Confirmo nuestra salida de aquí el día 11 de este mes. Iremos a Vigo en el Santa María, el barco de Galvao. Procuraremos estar en S. Sebastián el día 31 de julio. En S. Sebastián tengo un amigo. Esta es su dirección. Se llama CARLOS MUNGUÍA, calle Segundino Esnaola, 14-4°. Vosotros podéis ir a su casa y allí os informaréis donde encontrarnos. Yo le escribo con esta fecha para que estén advertidos de vosotros. Si tenéis alguna cosa que comunicarme podéis escribir a Munguía para Pedro García Cabrera.

Os doy también la dirección de Madrid. No sé cuándo llegaremos a la capital de España. Una hermana de Matilde vive en Madrid. Se llama Florencia Torres Marchal y vive en Poblado dirigido de los Cármenes, Bloque 54 Vda (sic) 904. Madrid-19. Tiene teléfono. Es el n° 4716617. Allí podéis escribir y ella nos transmitirá algún recado vuestro, pues nosotros le advertimos que si llega carta vuestra la abran y nos digan cualquier novedad que tengáis, pues nosotros procuraremos estar siempre en contacto con esta hermana de Matilde, dándole cuenta de nuestro viaje por el norte de España, a lo largo del Cantábrico. Nuestra idea es, desde S. Sebastián, bajar a Madrid por Pamplona y Segovia. Luego, de Madrid iremos a Córdoba, a ver los familiares de Matilde y luego seguiremos hasta licante, donde embarcaremos para Canarias en un barco de la Compañía Pinillos, que se llama el SALAZAR. Saldremos de Alicante el día 11 de Agosto por la tarde para Tenerife.

Espero que sí, que podamos vernos y estar juntos. Será para nosotros un gran regalo disfrutar de vuestra amistad.

  Con un fuerte abrazo

              Pedro

 

Madrid, 26-7-72

Queridos amigos:

¡Qué mala suerte! Estuvimos en Lequeitio, a unos 55 kms de S. Sebastián, esperando vuestras noticias. Había hablado con Carlos Munguía para ponerme en contacto por teléfono del sitio donde podríamos encontrarnos. En Lequeitio mismo habíamos hablado para una habitación en la misma casa donde dormíamos nosotros. En la mañana del 22, antes de salir en dirección a S. Sebastián, llamé a Munguía y me dijo que no tenía ninguna noticia de vosotros. Después, 2 días más tarde, tuve que llamar a Lequeitio porque se me había quedado unos souvenirs de la Cuevas de Altamira y nos informaron que, poco después de salir nosotros, llamarían Vdes. ¡Qué pena, penita, pena! Desde aquí, Madrid, al 28 de la mañana, saldremos para Córdoba a ver un hermano de Mati, que hace 30 años que no la ve; pero enseguida iremos a Jaén, a Valdepeñas de Jaén, donde nació Mati, casi en plena Sierra Morena. De allí seguiremos a Granada, y luego a Alicante, donde llegaremos el día 10 de Agosto por la mañana y embarcaremos para Tenerife al día siguiente, 11 por la tarde, en el vapor Salazar de la Compañía Pinillos. No sé si entre en vuestras posibilidades ir a Alicante. Creo que eso será para vosotros muy dificultoso. Pero, por si hubiera alguna posibilidad, os doy la dirección de la casa consignataria del buque, donde iré a sacar el pasaje de regreso a Canarias el día 10 por la mañana, y allí dejaré dónde me hospedaré la noche del 10 en Alicante por si hubiera posibilidad de encontrarnos. La oficia del buque es la siguiente: D. Miguel Polo. CID, 20. Alicante.

Con un abrazo muy fuerte de Pedro y Matilde

Guárdame los sellos del franqueo.     -a c

 

S/C de Tenerife, 13-3-73

Queridos Michel y Michèle,

Acabo de recibir tu tesis sobre el poeta Pedro de Escavias. Es una sorpresa de órdago. He comenzado a leerla. Aún, sólo las páginas en que cronologizas los poemas. Algo hay muy eficaz: el utilizar los conceptos vitales de juventud y madurez para llenar el vacío que dejan las fechas. Es un método existencial del mayor interés. Te felicito. Ya te digo que es sólo la impresión de unas primeras páginas leidas. Más adelante, tal vez pueda decirte algo más. No, claro está, como crítico. Sino como lector.

Me imagino que estáis en Madrid. Y te remito esta apresuradamente por si fuera realidad que, efectivament, andáis por esas tierras. Matilde te agradece vuestro recuerdo, la tan bella carta dedicatoria.

Aqui todos bien. Aní vive independiente, en piso cercano al nuestro. Luego hay algo más relacionado con el nuevo matrimonio. Se llevan muy bien y están enamorados. El niño se cría muy bien. En cinco meses no ha tenido la menor indisposición. No sé si habréis recibido en París HORA PUNTA DEL HOMBRE, un libro de poemas, donde hay uno dedicado a Nicole. Os envié dos ejemplares, uno para vosotros y otro para Nicole. Creo que no los habéis recibido, porque no me habéis dicho nada de ello.

Un abrazo muy fuerte de Mati y mío. Que vuestros dos hijos tengan vuestra hechura, y salud, salud, salud en todos sentidos.

Pedro

_______________

[Tarjeta de Año nuevo 1974

Margen izquierdo: felicidades (vertical) 1.974

Margen inferior: isla de tenerife]

                    Isla de Lobos

Qué ideograma de la mar.

Qué sintaxis de piedras salteadas.

Qué gallo de pelea.

Estoy vivaqueando entre tus rocas,

rocas con un cariz de aves de presa,

rocas que rumian un tormento

de castradas colmenas,

rocas con un candado en las entrañas

y una luz de pimienta en los costados.

Pero rocas que me entran por los ojos,

pisapapeles de los mares,

para que la palabra en que sonrío

no se lleve de mi mesa el viento.

                               Pedro García Cabrera

Con el abrazo y mi deseo de que seáis muy felices con vuestros hijos.

                                                                         Pedro y Matilde

 

31 marzo 1975

c/Santiago Cuadrado, 7-2°. Santa Cruz de Tenerife

Queridos amigos:

Recibimos vuestra tarjeta de felicitación para este año. En ella decís: “Se acerca el momento en que os podremos visitar”. Deseamos, Mati y yo, que se realice vuestro deseo. Nuestra amistad tiene los brazos abiertos para recibiros. Pero queremos saber la fecha en que pensáis venir porque nosotros proyectamos hacer una excursióneste año, a comienzos del verano, a Italia y Grecia.

Tenemos mucho que hablar. Entre nosotros he transcurrido bastante silencio, demasiados días en blanco, como si el afecto se hubiera enturbiado. Y no es así ni por nuestra parte ni por la vuestra.

Cuando Michel publicó su estudio sobre el poeta andujareño Pedro de Escavias, os escribí una carta acusando recibo del libro. Tardé tiempo en hacerlo porque lo leí de cabo a rabo antes de contestar a su envío. Dirigí la carta a Madrid, a Meléndez Valdés, 7, creyendo que estaríais en aquella capital. No fue así y me devolvieron la carta un mes después de haberla puesto al correo. En ella hacía unos comentarios muy satisfactorios sobre la obra. Dicha carta la conservo, devuelta y sin abrir, como prueba de mi interés por el trabajo de Michel. No te la envío hoy porque en este momento tengo desorganizado el conjunto de mis libros y papeles por estar cambiando los estantes de mi biblioteca. Si venís, os la entregaré a mano y si no, la remitiré por correo en otra ocasión. Ya veis por esto cómo el silencio no significa olvido.

Cuando el verano de 1972 se frustró el vernos en San Sebastián y haber pasado a Francia, es lo cierto que estuvimos esperando en Lequeitio 4 días y que salimos del país vasco un día antes de la llegada de Michel.

En otra ocasión estuvo aquí un crítico y coleccionista francés de pintura surrealista y le interesó mucho la tesis de Nicole Avant sobre la Gaceta de Arta. Quería visitar a Nicole en París a su retorno a ésa, pero como no sabía, ni sé ahora tampoco, dónde residía ella, le di vuestra dirección por si vosotros la sabíais que se la facilitarais. Con este señor os envié dos ejemplares de un libro de poemas que acababa de publicar, titulado HORA PUNTA DEL HOMBRE, uno para vosotros y otro para Nicole, en cuyo libro hay un poema dedicado a mi inolvidable amiga, a la que tanto Mati como yo recordamos de vez en cuando, lo mismo que a vosotros. Estoy seguro que dicho personaje no se puso en contacto con vosotros ni os entregó los libros enviados. Si alguna vez sabéis la dirección de esa golondrina blanca que se llama Nicole, decidle esto y que le remitiré otro ejemplar del poemario tan pronto sepa bajo qué techo está ahora posada.

Yo me he jubilado ya, desde diciembre pasado. Ahora dispongo de más tiempo para todo lo que me interesa. En noviembre pasado, estuve en Madrid y di un recital poético en el Ateneo. Dejé allá el original de un nuevo libro, las ELEGÍAS MUERTAS DE HAMBRE, que quedó en publicarme la colección ADONAIS, aunque hasta la fecha no tengo noticia sobre el asunto.

Ani tiene solamente un niño, Carlos Javier, que acaba de cumplir 2 años y medio. A Matilde la llama Abi y a mí Puco. Son nombres de su cosecha. Es una preciosidad. El matrimonio se lleva bien y viven cerca de casa. ¿Y Patrice y Virginia? Ya nos contaréis de ellos.

Esperamos vuestra contestación con la fecha aproximada del proyecto de venir a Tenerife para nosotros combinar nuestro viaje a Italia y Grecia. Iremos en avión, en excursión colectiva. Es decir, no llevaremos el coche, un Fiat 124 especial, que utilizaremos cuando vengáis a la isla.

Muchos abrazos de Mati y míos para los dos, deseando mucho volver a veros.

  Pedro y Matilde

PS. Nosotros pensamos salir de aquí a Madrid en mayo y, desde allí, ir a Italia y seguir a Grecia. También, desde Madrid, pensábamos ira Francia a saludaros. Ya nos dijéis lo que sea más conveniente para que todo se combine bien por ambas partes.

 

Santa Cruz de Tenerife, 14 de enero de 1[9]76

Sres. Michèle – Michel Garcia Enjolras. PARIS

Mis queridos amigos:

Os deseo que el año haya comenzado bien. El verano pasado estuvimos en Italia y después un mes en Andalucía: Córdoba y Jaén. No pudimos ir a Francia porque, esperando localizar al hermano de Matilde, el cual residía en Tolosa pero que ya no está allí y no sabemos aún dónde para, se nos hizo tarde y suponíamos que hiciera mucho calor para acercarnos a París a veros. Tal vez podamos ir este año si Miguel no viene a Madrid como pensaba el año pasado. De todas maneras, conviene que os digáis hasta cuándo estáis ahí y nos remitan el número del teléfono para poder avisaros, si vamos. Nosotros seguimos muy bien. Después de mi jubilación dispongo de mucho descanso y trabajo bastante. En estos días, acaba de publicarse en Madrid, en la colección ADONAIS, un libro titulado ELEGÍAS MUERTAS DE HAMBRE, que trata del hambre infantil en la sociedad de consumo. El libro se estructura como una mesa muy alta, en la que están servidos todos los granos elementales, – frijol, lenteja, arroz, maiz, trigo, etc. – y cada grano hace la elegía de sí mismo, no pudiendo llegar a las manos y las bocas de los niños que en torno a esa mesa se mueren de hambre. Aún no tengo críticas sobre este libro que, como digo, acaba de aparecer y del cual no han llegado todavía ejemplares a la isla.

Os incluyo la carta que os escribí cuando Miguel publicó su Repertorio de Príncipes de España y que me devolvieron por haberla dirigido a la dirección de Menéndez Valdés, 7 en Madrid, donde indicaba el remite del paquete con el libro y yo supuse que estaría en la Península. Luego se me extravió la carta devuelta, como os dije en mi anterior. Pero os adjunto a ésta la empeñada en no llegar a su destino.

El niño de Aní se cría muy bien. Ahora está para dar a luz su segundo hijo. Lo espera para fines de este mes. Ella quisiera una niña para tener la pareja. Veremos qué trae la cigüeña.

Ahora hay aquí una chica, alumna de la Universidad de Nantes, Danielle Sotto, que se ha hecho muy amiga mía. Lleva en la isla unos 3 años. Vino a perfeccionar su español, que ya tiene bien aprobado. Pero le falta una tesina y, a petición de ella, la ha autorizado dicha Universidad para que la haga sobre mi poesía. Ahora está trabajando en ella. No recuerdo si os dijo que la Universidad de Dakar, que tiene una sección de publicaciones latino-americanas y africanas, me ha publicado una antología bilingüe de mis libros. La dirige el profesor F. L. Durand, que me hizo la traducción al francés, y uno de los próximos días en que tengo que escribirle, le diré que os remita un ejemplar del cuaderno poético en que figuro.

Deseo saber muchas noticias vuestras, de Patrice y Virginie, de las actividades docentes y literarias de Michel y de todo lo que os venga en ganas. Nosotros siempre somos los mismos que conocisteis y, casi sin palabras y sin cartas, os tenemos bien metidos en la intimidad. Con muchos abrazos de Matilde y míos, sabed que os queremos

  Pedro

 

Santa Cruz de Tenerife, 27-X-76

Queridos Michel y Michèle:

Ha sido una grata sorpresa recibir vuestra tarjeta. Ya deduzco por ella que habéis conseguido este año la beca que no pudisteis lograr el 75. La enhorabuena. Unos días antes de comunicarnos vuestra estancia en Madrid, os había enviado con mi hermano Carmelo, el oceanografólogo, que estuvo en París, mi último libro, ELEGÍAS MUERTAS DE HAMBRE así como otro, HORA PUNTA DEL HOMBRE, donde hay un poema dedicado a Nicole. Seguramente estabais ya en Madrid, aunque de todas maneras mi hermano no hubiera podido veros en París, porque tuvo que salir urgentemente rumbo a Costa Rica a firmar unos tratados de pesca entre aquel país y España. Me trajo los libros enviados y en la primera ocasión los haré llegar a vuestro poder. Mati y yo iremos a Madrid el próximo mes de mayo, pero si para dicho mes no estuvieseis en esa, podríamos adelantar el viaje para poder abrazaros y charlar con vosotros y conocer vuestros hijos, si están a vuestro lado.

Nosotros estamos en la actualidad pasando dos meses, octubre y noviembre, en una residencia a orillas del mar, en el Puertito de Guimar, a 23 km. al sur de Santa Cruz, si bien todas las semanas vamos a casa para recoger la correspondencia. Esta es la razón por la cual no he acusado recibo antes a vuestra tarjeta. Mis 71 años y los 70 de Mati no nos pesan mucho todavía y podemos bañarnos a mar abierto casi todos los días. Ani tiene dos niños, ambos varones, uno de 4 años y el otro nacido hace unos meses. Estoy muy contento con el ligero airecillo de libertad que comenzamos a respirar, si bien todavía no podremos echar las campanas al vuelo. España es un rompecabezas que cuesta mucho entender. Cuando tengáis algún rato libre, contadnos de vuestras cosas para llenar el vacío de tanto silencio. ¿Cuál es tu trabajo ahora, Michel, con esa beca? Y tú, Michèle, ¿Qué jugo le estás acando al tiempo? ¿Cómo van los dos chicos, si no ha aumentado la descendencia? No es necesario que os diga que seguís estando en nuestro corazón y que os deseamos los mejores éxitos en todos los niveles. Os abrazan fuertemente

  Pedro y Matilde

 

[Extractos de mi diario]

Abril de 1977, Pedro y Matilde viajan a Madrid. El miércoles 13, paso a recoger a Pedro al Ateneo donde tiene previsto dar un recital la semana siguiente. Pasamos revista a todos los amigos canarios.

El sábado suguiente, día 16, comemos con Matilde y Pedro en la Casa de Velázquez con los niños. Después de comer, largo paseo en el Retiro. Tomamos té en casa en compañía de Fernando Baeza. Pedro nos cuenta su guerra y los años de la posguerra.

El miércoles 20, lectura del Romancero cautivo en el Ateneo por Pedro. Como si volviera a descubrir el texto a medida que lo lee. Un oyente observa que esos poemas, a pesar de haber sido redactados en condiciones trágicas, no manifiestan ningún sentimiento de odio. Responde un amigo de Pedro, con la aprobación de este, de que los Republicanos (en sentido lato pero resulta tanto más significativo que el término designe a las izquierdas en general, bajo la monarquía heredada de Franco) no han mamado el odio, en contra de sus enemigos. No conocen ese sentimiento.

El miércoles 27, coincido con Pedro y Matilde en la tertulia de Ínsula.

La pareja come con nosotros y unos amigos nuestros el 1° de mayo. Paseo por el Retiro.

 

Ultimo encuentro, lunes 19 de junio de 1978, en Madrid.

Los García Cabrera vienen a tomar el té y cenar con nosotros. En cierto momento, Pedro deja estallar la alegría que le produce estar con nosotros y expresa sus sentimientos por medio de una enternecedora efusión. Conmovedor. Quizás vaya yo a visitarles este invierno. Les acompaño a Carabanchel.

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ANEJOS

Cartas de Enrique Lite

Tenerife, 12-3-65

Mis queridos Micheles:

A pesar de que ya ha transcurrido una semana desde mi llegada a la Isla, esta es la primera carta que escribo. Es lógico. Es natural. Así es por un imperativo incuestionable: el de mi afecto, mi recuerdo y mi agradecimiento. Los Micheles, los padres de los Micheles, el primo de los Micheles han sido mi caballo de batalla en todas las conversaciones y a cada instante, cada vez que tengo que hablar sobre mi viaje, son Vds., mis queridos Micheles, los que tienen que centrar cualquier tema que trate. Ahora mismo, mientras escribo en mi pequeña habitación de trabajo, mi mujer me interrumpe divagando cómo distribuiríamos la casa para albergarlos cuando vengan a Tenerife. Sin gran esfuerzo lo hemos logrado, con lo que ya pueden contar con el pan, la sal y el mesón en este “remiendo del pantalón del Atlántico”. Y no permitiré que sea en otra parte. Esto por descontado.

Sentir lo que por referencias se sabe no deja de ser curioso. Es una gran experiencia. Dolorosa. Triste. Alegre, poco pero alegre. He leido y oido cientos de veces que el regreso es una inmensa satisfacción que, a su vez, produce en el mismo instante otra insatisfacción. Ahora sé que esto es cierto. Estar en mi casa, con mi mujer, mi madre y mis chicos es sin duda alguna maravilloso. Puesto en una balanza legal, no lo cambio por todo el Barrio latino, ni por París entero. Pero, siempre el dichoso “pero”, no puedo borrar del pensamiento mis retrasadas llegadas a “Odeon”, el café en Danton y la galopada por la Rue de [l’]Ecole de Médecine hasta Gay-Lussac para encontrarme con Vds. o con Nicole a la hora señalada. La verdad, desde aquí lo digo con nostalgia, que nunca pude hacer este trayecto sin pararme un instante en los puestos de libros, en una tienda de música que hay en Lussac y dar una lejano vistazo al Jardín de Luxemburgo. Y como esto tantas y tantas cosas más. En especial cuando me encontraba un tanto a solas y sabía que, a la distancia del metro de Montmartre – Pte de Saint-Cloud, tenía colocada en la mesa la servilleta que señalaba el lugar que, como uno más de la familia, me correspondía. Para qué seguir hablando de esto. Han sido horas, días, inolvidables que no pienso dejar para siempre en la memoria, sino simplemente como un antecedente para reanudarlos con más firmeza.

He estado con Pedro, Matilde, Domingo, Rosita y todos los amigos comunes. Al sencillo relato de mi estancia en convivencia con Vds. se han conmovido. Y en todos se palpa el mismo deseo de volver o ir por vez primera a ese París en el que saben que disponen de unos extraordinarios embajadores para el conocimientode su vida y su intrincado paisaje urbanístico y humano. Las mujeres quedaron encantadas por sus pañuelos y sus perfumes y nosotros, los maridos, por nuestros libros. En fin casi el final de un cuento rosa al que rápidamente, en lo que a mí se refiere, ha roto la realidad cotidiana de mi trabajo, las naturales preocupaciones del hogar y esa pequeña problemática cotidiana que es la convivencia en esa extraña fauna de pintores, poetas, escritores y demás profesionales del crimen en la que por destino y propia voluntad me veo envuelto.

Claro que esto no me importa. Al contrario: me apetece. Y cada vez que decido apartarme de todo ello me lleno de una amarga nostalgia que me impele a sumirme de nuevo en tan absurdo y paradójicamente lógico mundo. No sé porqué cuento estas cosas, pero como han salido así, a vuelamáquina, pues ahí quedan.

En Madrid estuve con Félix Grande. Es un gran chico, un excelente conversador y un buen poeta. ¿Qué más se puede pedir? Recordamos durante un par de horas nuestras horas parisinas, distantes y al propio tiempo iguales por la comunidad de amigos y lugares que frecuentamos. Naturalmente evocaba con regocijo su conversación con Bernadette y con gratitud la defensa de que fue objeto por parte de Florence en medio de una discusión de no recuerdo qué película española. Su esposa es encantadora. Lamenté de verdad no poder estar con este ya amigo algún tiempo más, pero otras gestiones, la premura de tiempo (solo estuve dos días) y mi obligada visita de cinco horas al Prado (siempre tres para Goya, una al menos para Velázquez, media sin duda para el Greco y el resto a la buena de Dios) lo impidieron.

Creo que tenía razón en cuanto se refiere al problema de los estudiantes. Tanto Félix como otros amigos compartían plenamente mi punto de vista expuesto ante Vds. y especialmente ante Olmo [Olmos García] (para el que ruego un caluroso saludo y mi promesa de esribirle en el acto hablándole de muchas cosas y de gentes que aquí le conocen). Los estudiantes han querido a toda costa que su problema se circunscriba al área puramente universitaria, para que en ningún caso se pudiera tachar al movimiento de tener un carácter eminentemente político. Desde luego esto es una habilidad perfectamente llevada a la práctica, hasta el extremo de que, como  deben Vds. saber, rechazaron la colaboración de obreros de la fábrica Pegaso para unirse a las huelgas. Quiero decir que han conseguido el fin propuesto, es decir que el el Gobierno no pudo esgrimir la escusa revolucionaria para destruir por la fuerza la oposición universitaria, aunque en la práctica haya empleado esta fuerza para reprimirla. Ahora se ha llegado a un acuerdo para dialogar, sin que este diálogo signifique dejación de posiciones por ninguna de las partes. También esto ha sido un éxito. Pero de ahí a las conclusiones definitivas que se estimaban en París hay un mundo. Al pueblo, en sí, el problema no le ha interesado. Se ha logrado difundir en su ánimo una especie de “slogan” que prosperó mucho y que viene a ser algo así como “esto se permite a los estudiantes porque son unos señoritos”, con lo que logran desprestigiar un tanto sus reacciones y apetencias. En concreto, se está tratando de conseguir  que pueda darse un serio paso en la consecución de libertades ordenadas y de claro pensamiento. Aun no se sabe si ha de lograrse o no. Yo creo que sí. Que se cederá en parte. Pero, por el momento, nada más. Aunque ya es bastante. Podría extenderse ampliamente y con detalle pero Vds. saben que no es posible. En cartas sucesivas les daré más noticias, impresiones, etc.

Quiero que me escriban en francés para así practicar. Yo lo estoy estudiando con ahinco. Como dicen que lo más difícil es la música del idioma, creoque tengo un buen trozo de camino andado. Pues esa música del hablar francés la llevo claramente metida en lo hondo de mi recuerdo.

[en el margen, escrito a mano:

Pág. 1: Escriba a Nicole. No he recibido los libros. Hemos bebido el riquísimo calvados. Adjunto una foto que encuentro a mano. Mandaré más y libros. Escribo muy mal a mano. Y a máquina. Pardon.

Pág. 2: A vuestra madre un muy fuerte abrazo. A vuestro padre con la misma fuerza. A vuestro primo. A todos ( el sr. que vive con Vds. ¿cómo es su nombre, por favor?). Quiero carta de Vds. en seguida.]

 

Enrique Lite Lahiguera

[sin fecha, 1965]

Mis queridos Micheles:

Ni siquiera intento disculparme. Solo me limito a pedir perdón y comprensión de esa ilimitada capacidad que para entender a las personas tienen tanto tú, Michel[e], como tú, Miguel. Y tengo la seguridad absoluta de que en el ánimo de ambos está que mi amistad es fervorosa y firme, mi recuerdo continuo y mi agradecimiento, orque a vuestro lado pasé uno de los momentos más felices de mi vida, constante. Esto que escribo no son frases, son realidades que quisiera poder hacer patentes de alguna manera. Saben Vds. perfectamente que soy poco inclinado a hablar de mí y de lo que hago y esto porque tengo conciencia plena de que una y otra cosa carecen de importancia. Pero lo cierto es que en estos últimos meses he tenido un agitado vivir, todo lo agitado, claro está, que mi Isla permite, y si vivir entre las cuatro paredes del mar puede, en puridad, llamarse así. Me explicaré.

Como creo que ya les dije en mi última y única carta después de mi regreso (hasta la máquina se ha puesto colorada al escribir “última y única”), hube de terminar los murales que me fueron encargados para una fábrica de cigarros. Se trata de una industria modelo y los murales están situados en el gran “hall” y en la sala del consejo de administración. Tan pronto las tenga les enviaré fotografías. Después de esto, he pintado intensamente, tratando de asimilar y traducir en mi lenguaje lo mucho que en mi viaje vi. Esto dio el positivo resultado de que se me concediera el Premio de Honor en el Certamen Regional de Pintura que cada año hace el Ayuntamiento de Tenerife, con el consiguiente escándalo de comentarios, críticas violentas y excesivamente laudatorias, etc. Al mismo tiempo, me atreví a correr el riesgo de terminar la carrera de Bellas Artes y revalidarla ante un tribunal especial enviado por la Dirección General de B. A. Afortunadamente obtuve el título. Y ahora estoy ultimando los bocetos de un mural de cincuenta metros para un gran hotel del Puerto de la Cruz. Quiero hacer una exposición individual en Las Palmas y, a principios del año próximo, otra en Madrid. Y si a esto añaden que desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde trabajo oficialmente para tener un ingreso fijo, y mis cinco muchachos, no les extrañe en absoluto que la próxima noticia que tengan de mí sea que he ingresado en un manicomio.

Sé que nada de esto que les digo significa que no haya tenido los diez minutos necesarios de tiempo para escribirles. Es cierto. Nadie más que yo puede hacerse tantos reproches por esta absurda desidia. No sé, no sé… no sabría qué decir si me encontrara ante Vds., y ante Nicole, la extraordinaria Nicole y Bernadette y Florence y no digamos Correa y Olmo[s] y Murcia y en especial Rubén y su mujer y el maravilloso París que por la mano de todos Vds. pude conocer. Necesario es un punto especial para rogarles que todas estas escusas (banales, desde luego) las trasladen a vuestros padres y para que les digan que, si alguna vez vuelvo a París, aunque se enfaden (sé que no) me volveré a sentar en el sillón del fondo de la sala, tomándome un whisky, encendiendo un cigarrillo con el mechero mágico y conversando con tu primo sobre mi frío y su catarro (tendrá que tener un catarro cuando vaya, pues yo garantizo que tendré frío).

El sinvergüenza de Manolo Casanova ha regresado. Digo el sinvergüenza con todo el cariño que los íntimos amigos ponemos al aplicar esta palabra cuando la empleamos con afecto. Cuenta que no acaba. Como habrán comprobado, es hombre simpático y, garantizo, de una amistad leal y sólida. Dije antes sinvergüenza porque a última hora me enteré de su marcha, mejor dicho, del día de su marcha. Yo hubiera querido que llevase algo a todos. En fin… otro pecado más. Entre Manolo y yo se ha suscitado un problema que yo me anticipo a resolver. Si se entera, me mata. Cuando Vds. vengan aquí. O Nicole. O Rubén. O quien sea que digan Vds., han de vivir en mi casa. A Manolo le dejaremos que nos lleve en su coche a dar vueltas por ahí.

Toda esta carta está desbalazada, incoherente y tonta. Es un testimonio de arrepentimiento y así tienen que comprenderlo. Esta semana escribiré ampliamente sobre otras muchas cosas. Quiero hacerles muchas preguntas para algo que estoy escribiendo; ¡¡por favor, no dejen de contestarme!!

¿Dónde está Nicole?

Un abrazo, muy abrazo,

            Enrique

[añadido a mano]

Envié un catálogo de una exposición. ¿Lo recibiste?

A Nicole le escribí. ¿Dónde vive?

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Carta de Maud Westerdhal

Apartado 387.

Santa Cruz de Tenerife.

Islas canarias.

29 mars 1965

Chère Michèle cher Michel

Merci retardé pour votre mot de nouvel an, et re-merci pour le merveilleux foulard apporté par Lite. C’est très gentil de votre part ; mais je ne dis pas qu’il ne fallait pas, car je suis ravie – c’est mon style et c’est ma couleur, parfaitement choisi. Lite vous est très reconnaissant ; il dit que grâce à vous il a bien profité de son séjour à Paris, que vous avez été des amis et des guides délicieux et dévoués. Je m’en réjouis pour lui, car il aurait pu aller au ratage, seul, sans amis et avec très peu de sous. Il ne pense plus qu’à retourner au plus tôt vers la Gaule et se donne – ceci strictement entre nous – des airs de grand voyageur, grand connaisseur de musées, le gars qui en sait long, qui me fait un peu rigoler sans aucune méchanceté.

Ici vous savez que la vie est assez calme. Ça a pourtant remué un peu cette année, de bones expositions, des vites d’amis étrangers, de bons concerts. Nous avons passé 3 semaines excellentes avec E. L. T. Mesens, le chef du groupe surréaliste belge, un vieil ami à moi, et nouveau, mais du genre coup de foudre réciproque, ami d’Aduardo. Oh ! les conversations en toute liberté, où l’on peut tout dire, et qui feraient frémir les espagnols les plus libres d’esprit, les scandales de Mesens à l’hôtel Mencey, toujours contrebalancés par son exquise éducation et sa gentillesse constante, les grandes rigolades et les grands gros mots sans complexes, ce que c’est agréable et rafraîchissant.

Hugo grandit de façon scandaleuse. Il est fort beau garçon, mais entre dans une période moins tendre, plus indépendante et rebelle. C’est normal, il se libère un peu de nous ; ce n’est pas du détachement ni de l’indifférence, mais l’affirmation de son intégrité personnelle. Notre maison de Bajamar est pratiquement finie ; on meuble petit à petit pour louer pour l’été. En conséquence, les finances sont fort basses et il n’est pas question, d’ici longtemps, d’un voyage. Eduardo, né ici, est plus patient, mais on verra combien de temps je tiendrai le coup avant d’aclater comme une cocotte express trop chauffée (moralement, et physiquement avec l’été qui s’amène).

Mais, si nous n’allons pas à Lagardère, Lagardère viendra peut-être à nous. Vous qui êtes plus mobiles que nous (le savetier et le phynancier), viendrez peut-être che(rcher ici le soleil dont nous avons à revendre. Nous serons heureux de vous revoir, et vous envoyons notre sincère amitié.

                                                             Maud Westerdahl

Muy cariñosos saludos y la esperanza de volverles a ver pronto

                                                                                   Eduardo

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EPÍLOGO

En noviembre del año pasado (2024), después de transcribir las cartas de Pedro García Cabrera, decidí depositar los originales en una institución canaria que los conservara. Mi colega Eduardo Aznar Vallejo me informó de la existencia de una Cátedra Cultural Pedro García Cabrera en la Universidad de La Laguna, cuyo director es el Profesor Guadalberto Hernández. Este me puso en contacto con Cecilia Domínguez, que había conocido a nuestro amigo Pedro, el cual había prologado su primer poemario publicado, y con Nilo Palenzuela, que había dedicado su Tesis doctoral a la obra del poeta. No podía imaginar mejores interlocutores para mi proyecto y, de hecho, las cartas ya están en el Fondo del Archivo Pedro García Cabrera de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife.

Entrega solemne de la alcaidía de Andújar a Pedro de Escavias, el 2 de septiembre de 1450

Entrega solemne de la alcaidía de Andújar

a Pedro de Escavias, el 2 de septiembre de 1450

La documentación existente sobre Pedro de Escavias y sus descendientes inmediatos no es tan escasa como se podría temer, sobre todo si se la compara con la que concierne a otros personajes de su época, algunos mucho más ilustres, como el condestable Miguel Lucas de Iranzo y su esposa Isabel, condesa de Torres.

El alcaide deja constancia en su testamento de que se había preocupado de constituir un archivo personal con las escrituras legales y privadas que había recibido:

yten mando que todos los enboltorios que qualesquier escripturas que fallaren en mis arcas e las cartas mensajeras asi de los Reyes nuestros señores como de otros grandes señores destos rreynos que me oviesen enbiado que las guarde la dicha mi muger e el dicho mi fijo e no las rronpan ni quemen ni echen a mal porque no es rrazon que cartas de tan altos prinçipes e de semejantes señores sean maltratadas ni echadas a perder.

Era ciertamente un loable propósito y los descendientes inmediatos parecen haber respetado las recomendaciones de su antepasado, aunque no pudieran impedir que, al filo de los años y de los siglos, el conjunto sufriera una evidente dispersión. No fue por desidia suya sino porque esas piezas tenían un valor testimonial indiscutible para los que querían que su nobleza o hidalguía fuera reconocida. De hecho, varios de esos documentos, entre los que no faltaba algún original, fueron presentados ante el Consejo de las órdenes de San Juan, Santiago, Calatrava y Alcántara para la obtención de un hábito (cf. Escavias, un linaje giennense, siglos XV a XVII), y se sospecha que no siempre se devolvieron al archivo primitivo.

Los pleitos y demás cartas ejecutorias en torno a la reivindicación de hidalguía de los siglos XVI y XVII permiten hacerse una idea de los documentos que seguían asequibles a las distintas ramas del linaje Escavias. La lista fue completándose con los hallazgos realizados en archivos nacionales, como el de Simancas o el de la Chancillería de Granada. Casi todos los documentos que se conservan hoy han sido publicados en los últimos decenios por Juan-Bautista Avalle-Arce (El cronista Pedro de Escavias, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 1972, p. 153-188), Enrique Toral Peñaranda (“Nuevos documentos y noticias sobre el alcaide Pedro de Escavias”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, XCVII, 1978, p. 19-40; Pedro de Escavias, 1993, passim; Andújar en el siglo quince, Alcalá la Real, MMIX, passim), Michel Garcia (“Otros documentos inéditos de Pedro de Escavias, 1477-1480”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, CXII, 1982, p. 19-60).

Entre los documentos no asequibles cuya existencia es conocida, aunque solo sea porque la obtención de un cargo supone una merced real y una escritura oficial, se echaba de menos el de la entrega de la alcaidía del castillo y fortaleza de Andújar en mayo de 1450. Es una pieza importantísima porque el de alcaide es el primer cargo documentado que ejerció Pedro de Escavias y el que lo identificará en su época y para las generaciones posteriores, a pesar de los varios que fue acumulando a lo largo de su vida: alcalde mayor, alguacil mayor, Guarda del Rey y miembro del Consejo real, etc. Esa merced del Príncipe Enrique marca además la irrupción del personaje en la historia de Andújar, sin que se conozca ningún antecedente que la anuncie. Lo único que sabemos de la vida de Escavias anterior a ese momento es que había sido paje del rey Juan II, porque lo señala, ya en la vejez, en la rúbrica de su colección poética incorporada al final del Cancionero de Oñate.

Además de proporcionar un mejor conocimiento de la biografía del andujareño, ese documento ofrece una información insospechada sobre las condiciones de la concesión del cargo, sobre las prerrogativas y las obligaciones del nuevo titular y las del regimiento de la ciudad hacia él, sin descontar la solemnidad del acto de entrega y lo que nos dice sobre ciertas prácticas legales no desprovistas de una dimensión ritual en uso en la época.

El documento me ha sido comunicado por sus descubridores, Rosalía Calzado y Manuel Rodrigo Figueroa. Habían localizado un expediente redactado en 1671 a petición de Jorge Núñez Velázquez de Cuero (o Quero), que, a punto de volver a las Indias, quiso que se les reconociera, a él y a otros de sus parientes, como descendientes legítimos de los linajes Escavias y Quero. Dentro de esa Probanza están las copias de algunas escrituras que conciernen al alcaide de Andújar, entre ellas el acta de la ceremonia de entrega de la alcaidía.

A principios del siglo XVII, los Quero Escavias empiezan a manifestar un interés por conseguir copias autentificadas de documentos relativos a miembros de su familia. El primero es Luis de Quero Escavias el Mozo (1562-1648/51) quien pide el 10 de julio de 1624, “que se saque un tanto autoriçado en publica forma y manera que haga fe” de una cédula concedida el 30 diciembre de 1480 por los Reyes Católicos, por la que se comprometían a entregar “casas y hacienda” de la ciudad de Granada, cuando esa fuera conquistada, a los escuderos que habían acompañada a Fernando del Pulgar en un asalto para pegar fuego a la ciudad sitiada y a su mezquita, entre los que se hallaba Juan de Quero de la Vega. Y precisa que el original de la cédula está en poder de su tío, Alonso, hermano de su padre, Luis de Quero Escavias el Viejo.

Otros documentos incorporados en la Probanza (fols. 42r-43v) provienen también del archivo de Alonso de Quero Escavias. Es el caso de la selección de cartas originales, entre las treinta y cuatro dirigidas por los reyes Juan II, Enrique IV y Fernando el Católico principalmente a Pedro de Escavias (20 de octubre de 1428) y, por fin, del acta de la entrega de la alcaidía de Andújar a Pedro de Escavias (octubre de 1450), como lo precisa Fernando Antonio de Quero Escavias, cabeza del linaje, en su respuesta a la pregunta 3 que hizo como testigo en la Probanza de Jorge Núñez Velázquez (cf. Escavias, un linaje giennense).

Puede que también haya que sumar a ellos el compromiso que firmaron los caballeros hidalgos de Andújar de mantenerse fiel al rey Enrique IV, el 1 de mayo de 1466 (Probanza, fols. 64v-69r), aunque no se reproduzca la nota archivística correspondiente.

El motivo que evoca Luis de Quero Escavias el Mozo para conseguir esa documentación es principalmente y quizás únicamente económico. Lo confiesa sin rodeos en su petición: si solicita un traslado de esos documentos es porque él es “legitimo descendiente [de Pedro de Escavias y de Juan de Quero de la Vega] y a quien derecha mente pertenece el premio de los muchos seruiçios que hiçieron a la Corona Real de Castilla”.

Es posible que Alonso de Quero Escabias compartiera la misma motivación que su sobrino cuando decidió reunir una colección de documentos familiares, pero no conviene descartar la hipótesis de una ambición menos interesada. Lo sugiere el que el comendador de Almazán no fuera cabeza del linaje, aunque ocupara una posición privilegiada dentro del árbol genealógico familiar. En efecto, es hijo de Catalina de Escabias y pertenece, como sus hermanos, a la primera generación del apellido Quero Escabias. Por eso pudo convencerse de que esa unión entre los dos linajes abría una nueva página en la historia familiar.

Esta convicción compartida se materializaría en la multiplicación de copias de documentos autentificados y su intensa circulación dentro de los linajes concernidos. Explicaría también por qué los traslados fueron sustituyendo a los originales, conservándose estos no ya como instrumentos archivísticos sino como objetos de culto familiar, con sus sellos colgantes de cera bermeja y la firma autógrafa del rey que los emitió. El historiador, que no se confunde necesariamente con el coleccionista, considera esta mutación más bien como benéfica porque, al favorecer la difusión, aunque fuera dentro de un círculo estrecho de personas, favoreció la conservación de los textos.

[Acta de la entrega]

El documento reúne distintas piezas. Indico la foliación y señalo las distintas partes: sin corchetes los subtítulos que figuran en el códice; entre corchetes los que he añadido. Conservo la grafía original, que no siempre respeta la práctica de los escribanos del siglo XVII, limitándome a colocar entre corchetes las letras que se han perdido o han sido omitidas. Para facilitar la comprensión, inserto saltos de párrafos, cambios de línea y un mínimo de puntuación. Mi comentario viene después de la transcripción de los textos.

Este es un traslado bien y fielmente sacado de una merced del alcaydia de la ciudad de Anduxar de su castillo y /22r/ fortaleça hecha a Pedro de Escabias segun parece, por el que su tenor es el siguiente [¿nota añadida en 1671?].

[Introducción]

En la noble ciudad de Anduxar, miercoles dos dias del mes de setiembre año del Naçimiento de Nuestro Salbador Jesucristo de mil y quatroçientos y cinquenta años,

estando dentro de las casas del cabildo de la dicha ciudad, estando en ella el honrrado caballero Fernando de Villafañe, Asistente por nuestro señor el Principe en esta dicha ciudad, y Fernando de Baena, alcalde, Luis Lopez de la Saeta, ansi mismo alcalde en la dicha ciudad en lugar de Gonçalo de Baeça, y Rodrigo de Barea, alguacil, y el bachiller Pedro de Quiros, e Fernando Perez de Baena, e Alfonso Diaz de Baena, e Alfonso Lopez Asensio, Jil e Fernan Lopez de Pasilla, regidores, e Pedro Ruiz de Mariana, procurador del concejo de la dicha ciudad, en presencia de mi, Fernando Diaz de Anduxar, escribano de el rey nuestro señor y escribano publico de la dicha ciudad, y de los testigos yuso escritos,

parecio presente Pedro de Escavias, vecino en esta /22v/ dicha ciudad,

y presento ante los dichos señores en el dicho ofiçio por ante mi, el dicho escribano, una carta de nuestro señor el Principe escrita en papel e firmada de su nonbre e sellada con su sello de cera mermeja [sic por uermeja] en las espaldas, la qual yo ley delante de dicha presencia que su tenor es esse que se sigue.

[Carta de merced del Príncipe Enrique]

Zedula del Principe

Don Enrrique, por la gracia de Dios Principe de Asturias, fijo primo jenito eredero de el muy poderoso rey e señor, mi señor padre e señor rey don Juan de Castilla e de Leon,

a el Conçejo, Asistente e alcaldes, alguacil e regidores, caballeros, escuderos, ofiçiales e omes buenos de la ciudad de Anduxar, mis basallos, salud e graçia.

Sepades que ui buestra peticion que me enuiastes en quanto a lo que me me enuiastes a pedir por merced que vos ficiese merced de la tenencia de el castillo de la dicha ciudad para que bos la encomendasedes a una buena persona de esa dicha /23r/ ciudad que lo tubiese en guarda para mi seruiçio.

Yo bos mando que, vista la presente, dedes e entreguedes el dicho mi castillo e fortaleça de esa dicha ciudad a Pedro de Escabias, veçino de esa dicha ciudad, mi basallo, a el qual es mi boluntad de lo mandar dar e entregar para que lo tenga e guarde para mi seruiçio.

E dandogelo e entregandogelo por esta mi carta, alço e quito qualquier pleytomenaje e juramento que por el dicho mi castillo tenga fecho quien hasta entonces lo aya tenido e tenga una, dos e tres veces o mas de quanto de derecho se requiere en tal caso, segun fuero e costunbre de España.

E dandogelo e entregandogelo el dicho castillo a el dicho Pedro de Escabias, mando que recibades de el el pleytomenaje e juramento que en tal caso se requiere para que lo tendra e guardara por mi e para mi el dicho castillo e fortaleça e me acojera en el cada e quando fuere a el, ayrado o de grado, con pocos o muchos, /23v/ o de noche o de dia, e non recibira nin acojera en el otro alguno que mas nin tanto poderoso sea como el[1] sin firma nin carta e espeçial mandado mio para ello.

E tengo por bien e es mi merçed que aya de mi en cada año con la dicha tenencia de el dicho castillo otros tantos marabedis como hasta aqui abia tenido de mi Albaro de Monfernando, mi alcayde que lo solia tener, en quanto a mi merced e uoluntad fuere.

E mando a los mis contadores maiores que lo pongan e asienten asi en los mis libros e nominas de las tenencias e libren a el dicho Pedro de Escabias en cada un año los dichos maravedís, segun e quando libren a los otros mis Alcaydes de los otros mis castillos e fortaleças e tenençias que de mi tienen.

E los unos nin los otros non fagades ni fagan ende al por alguna manera so pena de la mi merçed e de diez mil marabedis a cada uno de bos por quien fincares de lo asi façer e cumplir.

Dada en la noble ciudad de Segobia a once dias de Agosto /24r/ del Naçimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil y quatroçientos y cinquenta años=

Yo el Principe = Yo Diego de Arias de Abila, secretario de nuestro señor el Principe, la fice escribir por su mandado.

escrito entre renglones =asistente= Vala

y abia escrito en las espaldas de la dicha carta donde era registrada= Conçejo Asistente Alcaldes Alguacil Regidores Caballeros Escuderos ofiçiales e omes buenos de la dicha ciudad de Anduxar de esotra parte contenidos ved esta carta de el Principe nuestro señor e cunplidla segun que en ella se contiene= Diego Arias=Juan Garcia = e señalada de otras ciertas señales

[Recepción de la carta]

Requerimiento por Pedro de Escavias

E asi presentada la dicha carta ante los dichos señores en la manera que dicho es, luego el dicho Pedro de Escabias dijo que les requeria e requirio que gela compliesen en todo e por todo, segun en ella se contenia e, conpliendola, le diesen e entregasen luego el dicho castillo, segun e en la manera que el dicho se-/24v/-ñor Principe por la dicha su carta gelo enbia a mandar que lo asi ficiesen.

E dijo que lo farian bien e cumplir[i]an carta e mandado de su Principe e señor natural

e, si lo contrario fiçiesen, dijo que protestaba e protesto de se ir o embiar a querellar de ellos a la merçed de el dicho señor Principe; e, si por non le mandar entregar el dicho castillo, luego algun deseruiçio uiniese a el dicho señor Principe, Su Señoria le mandase tornar a ellos e a sus bienes e non a el dicho Pedro de Escabias e a sus bienes. E de como lo decia e requeria e de lo que ello los dichos señores fiçiesen e respondiesen, dijo que lo pedia e pidio por testimonio a mi, el dicho escribano para guarda de su derecho.

E luego el dicho señor Asistente tomo la dicha carta de el dicho señor Principe en sus manos e besola e pusola encima de su cabeça, e dijo que el, por si e por los otros sobre dichos alcaldes e alguacil e regidores e personas que ende eran presentes, que obedeçia e obedeçio la dicha carta de el dicho señor con la maior e mas debida /25r/ reberencia que podia e debia como carta de su Principe e señor natural, el qual Dios Nuestro Señor deje uibir en sus señorios e acreçentarlos=

E que, en quanto al cumplimiento de ella que el i los sobre dichos dijeron que estaban prestos de lo complir en todo por todo segun en ello se contenia.

Testigos que fueron presentes Juan Ximenez de Cordoba e Alfonso, su ermano, e Gomez Martinez de Parraga, veçinos de la dicha ciudad.

Cabildo abierto

E despues de lo suso dicho en la dicha ciudad de Anduxar, juebes tres de el dicho mes de setiembre de el dicho año de el Señor de mil e quatroçientos e cinquenta años, en la Plaça de Santa Maria de esta ciudad, estando aiuntados a concejo a campana repicada segun que lo an de uso e costunbre, el honrrado caballero Fernando de Villafañe, Asistente en esta dicha ciudad por nuestro señor el Principe, e Fernando de Baena e Gonçalo de Baena, alcaldes, e Pedro Sanchez de Benito Perez, alcalde en lugar de Pedro Serra-/25v /no e Rodrigo de Barea, alguacil, e el bachiller Pedro de Quiros e Fernan Perez de Baena e Fernan Lopez de Pasillas, regidores, e Pedro Ruiz de Moriana, procurador del concejo de la dicha ciudad, e de los caballeros non regidores de la dicha ciudad, Pedro Sanchez de Barajas e Rodrigo de Burg[u]illos Juan Alfonso Palomino e Pedro del Villar e Sancho, su ermano, e Martin de Godoy e Alfonso Sanchez Palomino, e Gomez Martinez de Parraga e Juan de Cardenas e Juan Ximenez de Cordoba e Alfonso Diaz, notario, e Juan Sanchez de Mesa e Pedro Ruiz Façan e Alfonso de El Osso e Alfonso de Cordoba e Luis de la Saeta e Rui Gonçalez e Pedro Sanchez e Alfonso Sanchez de Santiago el moço e Pedro de Castro e Fernando de Barajas e Pedro Lorenço e Juan de Baeça e Juan Ruiz Villar e Pedro Franco e Pedro Sanchez Romo e Gonçalo Rodriguez de Jaen e Alfonso Sanchez e Carlos de Hatero e Fernan Rodriguez de Arjona e Martin Gonçalez de Morales e Alfonso Gonçalez, su fijo, e Juan Serrano e Alfonso Lopez /26r/ de Baeça e Juan Gonçalez de Baños e Alfonso Jil de Lopera e Andres Rodrig[u]ez Palomino e Francisco de La Figuera e Alfonso Sanchez Nabarro e Miguel Sanchez Tejero e Mig[u]el Sanchez Nabarro e Luis Gonçalez de Ayala e Diego Fernandez Contero e Andres Recaudador e Bernabe Serrano e otros muchos de los vecinos e moradores de esta dicha ciudad,

en presencia de nos, Alfonso Sanchez e Ferrnando Diaz, escribanos publicos en la dicha ciudad, e de los testigos suso escritos sus nombres.

Luego en la dicha presencia, vimos en como el señor Asistente dijo en el dicho concejo a todos los sobre dichos en como bien sabian que, a el tiempo que esta dicha ciudad le auia entregado el castillo por mandado de el señor Principe, el le auia fecho juramento e pleytomenaje que, si el dicho señor Principe mandase dar e entregar el dicho castillo a otra persona alguna, que antes que a la tal persona lo diese e entregase, lo faria saber a esta dicha ciudad;

e que, cumpliendo el dicho juramento e pleytomenaje que les tenia fecho, les faria saber /26v/ en como el dicho señor Principe le enbiaba a mandar por una su carta firmada de su nonbre e sellada con su sello e por otras ciertas cartas de el dicho señor Principe firmada[s] de su nonbre que luego diese e entregase el dicho castillo a Pedro de Escabias, su vasallo, vecino de esta ciudad, para que se lo tuviere e guardase por su merçed para su seruiçio;

e dandogelo e entregandogelo, que recibiese de el dicho Pedro de Escabias juramento e pleytomenaje que tendra e guardara el dicho castillo para el dicho señor Principe, segun e en la manera que en la dicha carta mas largamente se contiene;

e que, para cumplir lo que el dicho señor Principe le enuiaba a mandar e porque entendia ser asi complidero a su seruiçio, que le queria dar e entregar luego el dicho castillo a el dicho Pedro de Escabias e recebir de el el dicho pleytomenaje e juramento segun que el el dicho señor Principe gelo manda[ba] e enbiaba a mandar por las dichas sus cartas;

por ende /27r/ que se lo façia saber.

E luego los dichos alcaldes e alguacil e regidores e personero e caballeros e ombres buenos que ende eran presentes dijeron que, pues el dicho señor Principe enbiaba a mandar e mandaba por las dichas cartas que entregase el dicho castillo a el dicho Pedro de Escabias, segun y en la manera que dicha es,

que, en lo que en ellos era, que estaban prestos de las cumplir en todo e por todo, segun e como en ellas se contiene e que, pues el dicho Fernando de Villafañe, Asistente, tenia el dicho castillo por el dicho señor Principe, que lo entregase a el dicho Pedro de Escabias e recibiese de el el dicho pleytomenaje e juramento por el dicho castillo, segun que el dicho señor Principe por las dichas sus cartas gelo enuiaba a mandar, e los otros Alcaydes que an tenido el dicho castillo lo an hecho.

[Condiciones especiales]

E asimesmo que el dicho Pedro de Escabias, aliende de las otras cosas en la dicha carta contenidas, jurase e fiçiese pleytomenaje que, en quanto estubiese en el dicho castillo, non procurara basallos que sean francos nin otra cosa al-/27v/-guna que sea en contra el fuero, derecho e costumbre de esta ciudad para que sean anejos a el dicho castillo.

E luego el dicho Pedro de Escabias dijo que, pues el abia de façer pleytomenaje e juramento para el dicho castillo a el dicho señor Principe de lo tener e guardar por Su Merçed para su seruiçio, e ansimismo a la dicha ciudad que non procuraría cosa alguna de lo sobre dicho que en daño e desafuero de ella fuese,

que la dicha ciudad fiçiese a el el mesmo pleytomenaje e juramento de le ayudar a guardar e defender el dicho castillo, segun que lo abia fecho a los otros alcaydes que abian tenido el dicho castillo e en tal caso se requeria façer.

E luego los dichos alcaldes, alguacil, regidores e personero, caballeros, escuderos e ombres buenos que ende eran presentes dijeron que les plaçia; e todos en concordia por si y en nonbre de la dicha ciudad otorgaron todo su libre e llenero poder cumplido asi como todos e cada uno de ellos abian;

e segun que de derecho mas /28r/ deuia ualer a los dichos Pedro Sanchez de Benito Perez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz de Moriano, personero del dicho concejo, que ende eran presentes, especial mente para que por nonbre de ellos e de la dicha ciudad fiçiesen el dicho juramento e pleytomenaje en sus animas, segun dicho es, el qual ende libre e llenero poder cumplido ellos abian e tenian para lo façer tal e tan complido lo dieron e otorgaron e traspasaron en los dichos Pedro Sanchez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz, personero, e para lo aber por firme obligaron ellos e a sus bienes e de la dicha ciudad=

[Toma de posesión del castillo]

E luego in continenti el dicho señor Asistente e los dichos alcaldes, alguacil, regidores e personero, caballeros, escuderos e omes buenos que ende eran presentes fueron a las puertas del castillo de esta ciudad; e luego el dicho Asistente mando a Pedro de Villaverde, su criado, que estaba dentro de el dicho castillo e lo tenia por el, que le abriese las puertas de el dicho castillo.

E luego el dicho Pedro de Villaberde abrio las dichas puertas e pasose de parte de adentro /28v/ de el dicho castillo con las llaves en la mano.

E luego el dicho señor Asistente dijo que le mandaba e mando que saliese de dentro de el dicho castillo por quanto lo queria dar e entregar a el dicho Pedro de Escabias, según que el señor Principe gelo enbiaba a mandar [e] a el alçaba qualquier pleytomenaje e juramento que de el dicho castillo tiene fecho una e dos e tres ueces, una e dos e tres ueces, una e dos e tres ueces, segun fuero e costumbre antigua de España, e lo daba por libre e quito a el e a sus bienes e a todo su linaje.

E luego el dicho Pedro de Villaberde salio fuera de el dicho castillo e dio e entrego las llaves de el a el dicho señor Asistente, el qual luego las dio e entrego a el dicho Pedro de Escabias.

E tomole por la mano e entrole dentro en el dicho castillo; e dijo que le daba e entregaba en nonbre de el dicho señor Principe con todo lo alto e uajo, segun y en la manera que lo tenia=

E luego el dicho Pedro de Escabias echo fuera de el dicho castillo a el dicho Asistente e çerro las puertas.

Pleytomenaje de Pedro de Escabias

E dijo que reçibia e reçibio el dicho castillo /29r/ e que se otorgaba e otorgo por contento e entregado de el a toda su voluntad;

que façia e fiço pleytomenaje en mano el dicho señor Asistente, asi como en mano de caballero fijodalgo vna e dos e tres ueces, vna e dos e tres ueces, vna e dos e tres ueces, segun fuero e costunbre antigua de España, de tener e guardar el dicho castillo por el dicho señor Principe e para el, e de acogerlo en el quando viniese ayrado o de grado, con pocos o con muchos, de noche o de dia e que non alojara nin recibira en el dicho castillo alguno que mas ni tanto poderoso sea que el dicho Pedro de Escabias sin aber carta ni espeçial mandado de el dicho señor Principe para ello;

e demas que, entre tanto que tubiese el dicho castillo, non procurara ballesteros no otros omes ni otra cosa alguna que sea aneja a el dicho castillo en daño de la dicha ciudad, so aquella pena en que caen e incurren los hijosdalgo que quebrantan e non guardan ni cumplen el pley-/29v/-tomenaje por ellos fecho=

E el dicho Pedro de Escabias dijo que, por quanto el dicho castillo es casa llana e non fuerte e esta casi en medio de esta ciudad çercada de todas partes que, si la dicha ciudad e los vecinos e moradores de ella se alçaran contra el por tomar e ocupar el dicho castillo, que non se lo podria resistir e defender. Por ende dijo que les fara e fiço el dicho pleytomenaje con condicion que, si la dicha ciudad e los vecinos de ella se alçasen contra el para le tomar el dicho castillo e el por esta causa non pudiese dar de el quenta como debia e segun prometido lo tenia, non incurriese en las dichas penas=

Pleytomenaje de la ciudad

E luego los dichos Pedro Sanchez de Benito Perez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz Moriano, por ellos e en nonbre de la dicha ciudad, en manos de el dicho señor Asistente asi como en manos de caballero fijodalgo, dijeron que farian e fiçieron pleytomenaje vna, dos e tres ueces, vna, dos /30r/ e tres ueces, vna, dos e tres ueces, segun fuero e costumbre antigua de España;

que esta ciudad e los vecinos e moradores de ella e de sus lugares e terminos sus partes, bien, leal e derechamente ternan e guardaran esta dicha ciudad e sus arrabales e aldeas e terminos para el dicho señor Principe e lo alojaran en ella ayrado o de grado, con pocos o con muchos, e noche o de dia, segun e en la manera que a el dicho señor Principe pluguiere, e que non iran contra el dicho castillo para lo conbatir nin tomar, nin ofender a el dicho Pedro de Escabias ni aquel ni aquellos que por el dicho castillo tubieren,

antes que le daran todo favor e aiuda e gente que para defensa de el dicho castillo vbiere menester, cada e quando que el dicho Pedro de Escabias se lo requiriere=

Otrosi el dicho Pedro de Escabias, alcayde, por si e por los dichos Pedro Sanchez de Benito Perez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz, Personero, por ellos [e] en nonbre de la dicha ciudad en anima de los dichos vecinos e moradores de ella dije-/30v/-ron que juaraban e juraron por el nombre de Dios e de Santa Maria e por las Palabras de los santos Evangelistas e por una señal de la cruz semejante a esta † que corporal mente con sus manos derechas tocaron, que ellos e por la dicha ciudad e uecinos e moradores de ella ternan, guardaran e cunpliran todo lo suso dicho e cada una boz e parte de ello, so aquellas penas en que caen e incurren aquellos que quebrantan juramento e pleytomenaje justa e debida mente fecho, en lo qual todos consintieron.

E el dicho Pedro de Escabias, alcayde, e el dicho Pedro Sanchez de Benito Perez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz, personero, e los dichos alcaldes, alguacil e regidores e personero, caballeros, escuderos e omes buenos de la ciudad que ende eran presentes dijeron que alçaban e alçaron a el dicho señor Asistente qualquiera pleytomenaje e juramento que çerca de el dicho castillo se aya fecho e lo daban por quito de todo ello para agora e para siempre jamas, en tanto quanto podian e de derecho debian.

/31r / Y el dicho Asistente dijo que el dicho Pedro de Escabias, alcayde, bien sabia como en las cartas e poderes que de el dicho Principe tiene enbia a mandar a los alcaydes que sus castillos e fortaleças tienen en el obispado de Jaen que lo acojan en lo alto y en lo bajo de ellos, que por ende que le fiçiese pleytomenaje de lo acoger en el dicho castillo e fortaleça a el dicho Asistente cada e quando viniese, segun y en la manera que el dicho señor Principe por las dichas sus cartas lo enuiaba a los dichos sus alcaydes,

Pleytomenaje de Pedro de Escabias a el Asistente

E el dicho Pedro de Escabias dijo que, so cargo de el dicho juramento e pleytomenaje que abia fecho en manos de el dicho Asistente, que prometia e prometio de lo acoger en el dicho castillo e fortaleça cada e quando el dicho Asistente uiniese a esta ciudad, segun e en la manera que en las dichas cartas e poderes que de el dicho señor Principe tiene se contiene.

Testigos que fueron presentes por todo lo suso dicho Fernando de Barajas, Rodrigo de Burguillos, e Martin de Godoy, /31v/ e Fernando Martinez, e Sancho de Godoy, vecinos de esta ciudad=

E yo Alfonso Sanchez, escribano publico de la ciudad de Anduxar so testigo=

E yo Fernando Diaz de Anduxar, escribano de el Rey nuestro señor e escribano publico de la noble ciudad de Anduxar, en uno con los dichos testigos e con el dicho Alfonso Sanchez, escribano, a todo lo sobredicho que de mi se façe mençion, presente fui e es cierto e lo testigo e fiçe. aqui esta mi signo en testimonio de berdad Fernando Diaz escribano

[Petición de un traslado por Pedro de Escavias]

En la noble ciudad de Anduxar, juebes primero dia del mes de otubre del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesu Cristo de mil y quatroçientos e çinquenta años,

ante el honrrado Fernando de Villafañe, alcalde en esta dicha ciudad por el nuestro señor el Principe; en presencia de mi Fernando Diaz de Anduxar, escribano publico de la dicha ciudad e de los testigos iuso escritos sus nonbres,

parecio ante el dicho alcalde Pedro de Escabias, alcayde del castillo de esta /32r/ ciudad, e presento ante el dicho alcalde e leer fiço por mi, el escribano, una carta de nuestro señor el Principe firmada de su nonbre e sellada en las espaldas con su sellos de cera mermeja (sic), la qual yo tome e lei en la dicha presencia que su tenor es este que se sigue.

Carta del Principe[2]

Don Enrrique por la graçia de Dios Principe de Asturias, fijo primogenito eredero de el muy Alto e Poderoso señor e padre, el Rey don Juan de Castilla e de Leon,

a el conçejo, Asistente e alcaldes e alguacil e aegidores, caballeros, escuderos, ofiçiales e omes buenos de la ciudad de Anduxar, mis basallos, salud e graçia.

Sepades que ui buestra peticion que me enuiastes a pedir por merçed que vos ficiese merced de las tenencias de el castillo de esa dicha ciudad para que vos la encomendasedes a una buena persona de esa dicha ciudad que lo tubiese e guardase para mi seruiçio.

E yo bos mando que, vista esta la presente, [de]des e entreg[u]edes el dicho castillo e fortaleça de el e de /32v/ esa dicha ciudad a Pedro de Escabias, veçino de esa dicha ciudad, mi basallo, a el qual es mi merçed de lo mandar dar e entregar para que lo tenga e guarde para mi seruiçio.

E dandogelo e entregandogelo por esta mi carta, alço e quito qualquier pleytomenaje e juramento que para el dicho mi castillo tenga[3] fecho el que fasta entonçes lo aia tenido e tenga vna, dos e tres ueces, vna, dos e tres ueces, vna, dos e tres ueces, segun fuero e costunbre de España.

E dandogelo e entregandogelo el dicho castillo a el dicho Pedro de Escabias, bos mando que reçibais de el el dicho Pleytomenaje e juramento que en tal caso se requiere para que tendra e guardara por mi e para mi el dicho castillo e fortaleça e me acojera cada e quando fuere, ayrado o de grado, con muchos o con pocos, de noche o de dia, e non recibira nin acojera en el otro alguno que mas nin tanto poderoso sea como el sin tener mi carta y espeçial mandado para ello.

E tengo por bien e es mi boluntad que aia de mi en cada año con la /33r/ dicha tenencia de el dicho castillo otros tantos marabedis como hasta aqui abia de mi Albaro de Monfernando, mi Alcayde que lo solia tener, en quanto mi merced e voluntad fuese.

E mando a los mis contadores maiores que lo pongan e asienten asi en los mis libros e nominas de las dichas tenencias e libren a el dicho Pedro de Escabias en cada un año los dichos maravedís, segun e quando libren a los dichos mis Alcaydes de los dichos mis castillos e fortaleças las tenençias que de mi tienen.

E los unos nin los otros non fagades ende al por alguna manera so pena de la mi merçed e de diez mil marabedis cada uno de vos por quien de ello ansi fincare de se façer e conplir.

Dada en la noble ciudad de Segobia a once dias de agosto del Naçimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil y quatroçientos y cinquenta años=

Yo el Principe = Yo Diego de Arias de Abila, secretario de nuestro señor el Principe, la fice escribir por su mandado.

escrito entre renglones =Asistente= Vala=

y abia escrito en las es-/33v/-paldas de la dicha carta esta escrito e firmado esto que se sigue= Registrada= conçejo justiçia Asistente alcaldes alguacil e regidores caballeros escuderos ofiçiales e omes buenos de la dicha ciudad de Anduxar de estotra parte contenidos ved esta carta de el Principe nuestro señor e cunplidla de todo e por todo segun que en ella se contiene= Diego Arias=Juan Garcia = e señalada de otras ciertas señales

[Petición]

E presentada la dicha carta ante el dicho alcalde e leida por mi el presente escribano en la manera que dicho es, luego el dicho Pedro de Escabias, alcayde, dijo a el dicho alcalde que el se entendia aprovechar del traslado de la dicha carta para algunas cosas que le cunplian e que se temia que la dicha carta de el dicho señor Principe se le podia perder por fuego o por agua o por robo o en otra qualquiera manera, por ende dijo que pedia e pidio a el dicho alcalde que mandase a mi, el escribano, que fiel mente sacase e fiçiese sacar de dicha carta original de el dicho señor Principe /34r/ vn traslado, dos o mas, quales quisiese e menester ubiese,

e que a el tal traslado o traslados que asi sacase e fiçiese sacar interpusiese en ellos en cada uno de ellos el dicho alcalde su decreto e autoridad judiçial para que ualiese e fiçiesen fe donde quiera que pareciesen como la dicha carta original de el dicho señor Principe.

E luego el dicho alcalde tomo la dicha carta e firma de el dicho señor Principe e mirola e examinola e dijo que, porque la hallaba sana e non rota, nin chançelada, nin en parte alguna sospechosa, mas antes careciente de todo viçio e error, que mandaba e mando a mi el dicho escribano que fielmente sacase e fiçiese sacar de la dicha carta original del dicho señor Principe un traslado, dos o mas, quales e quantos el dicho Pedro de Escabias, alcayde, quisiere e menester ubiere e que a el tal traslado e traslados que yo asi sacase e fiçiese sacar interponia en ello su decreto e autoridad judiçial para que ualiesen e fiçiesen fe cunplida donde quier que pareciesen bien asi cumplidamente /34v/ como la carta original de el dicho señor Principe que de ello debe façer de derecho=

E yo,el escribano de el numero de el dicho alcalde, saque este traslado de la dicha carta original de el dicho señor Principe , en el qual el dicho alcalde escribio su nonbre.

E lo e sacado fielmente el dicho traslado de la dicha carta original del dicho señor Principe, de donde fue sacado en la dicha ciudad de Anduxar en dicho dia mes y año suso dicho de mil e quatroçientos e cinquenta=

testigos que fueron presentes a el darle la dicha autoridad, leer y concertar este traslado con la dicha carta original de el dicho señor Principe de donde fue sacado, Alfonso Diaz de Baena e Fernando Gutierrez de Lara e Juan Lopez de Arjona, vecinos de la dicha ciudad de Anduxar= Fernando de Villafañe, alcalde=

E yo Fernando Diaz de Anduxar, escribano del Rey nuestro señor e escribano publico de la noble ciudad de Anduxar en uno con el dicho alcalde e testigos a le darle la dicha autoridad e leer e concertar este dicho traslado con la dicha /35r/ carta original de el dicho Principe de donde fue sacado, presente fui y es cierto e de mandamiento de el dicho Alcalde lo escribi e so testigo e fiçe este mi signo= es testimonio Fernan Diaz escribano.

[Certificación de la autenticidad de la copia, 21-02-1628]

Corregido e conçertado fue este traslado con su original que para ese efecto exibio ante mi e su merced, Rodrigo Perez Bueso, alcalde ordinario de esta villa, Pedro de Escavias, vecino de ella, por mandado del dicho alcalde e de pedimento de Don Luis de Quero Escabias=

Yo Francisco de Valladares Sarmiento, escribano publico de esta dicha villa lo hiçe sacar y ua cierto y uerdadero y fueron de ello testigos el licençiado Juan Bautista Serrano, presuitero, y Pedro de el Rey, vecinos de esta villa de Porcuna, en ella, en veinte y un dias de el mes de febrero de mil y seiscientos y ueinte y ocho años [21-02-1628], y lo firmo su meçed (sic) el dicho alcalde, y Pedro de Escabias, el recibo el original y fiçe mi signo= Rodrigo Perez Bueso= Pedro de Escavias en testimonio de verdad. Fran-/35v/-cisco de Balladares Sarmiento, escribano publico= Juan de Arjona Colodro, escribano maior de el cabildo de esta ciudad de Anduxar a el uer, sacar corregir y concertar este traslado con su original que para dicho efeto se saco de el Archibo de esta ciudad que se entrego a los dichos señores informantes y firmaron aqui su recibo, el qual dicho traslado va cierto e uerdadero, y se saco en papel de el sello segundo el primer pliego y ultimo y lo demás comun.

[Fecha en que se hizo la copia para la Probanza]]

En Anduxar en diez de otubre de mil y seiscientos e cinquenta y cinco años [10-10-1655]

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Entrega de la alcaidía, comentario

Introducción

La nota preliminar del documento que describe la ceremonia en la que Pedro de Escavias presenta ante los autoridades de Andújar la carta del Príncipe que le designa como alcaide del castillo de la ciudad nos ofrece una lista de los miembros que componían la institución municipal, que se completará en el auto del cabildo abierto:

Asistente [corregidor]: Fernando de Villafañe

Alcaldes: Fernando de Baena y Luis Lopez de la Saeta [en lugar de Gonzalo de Baena]

Alguacil: Rodrigo de Barea

Regidores: Pedro de Quiros, Fernando Perez de Baena, Alfonso Diaz de Baena, Alfonso Lopez Asensio, Jil y Fernan Lopez de Pasillas

Procurador del concejo: Pedro Ruiz de Mariana

Escribano: Fernando Diaz de Anduxar.

Comparado con esos personajes con cargo oficial, Pedro de Escavias, sin más título que el de “vecino de la ciudad”, resulta poco favorecido. Ni siquiera se le reconoce como “natural” de Andújar, lo que hubiera añadido un rasgo de individualización personal.

Cédula del Príncipe

Designación de Pedro de Escavias

En una carta de merced, el Príncipe no tiene por qué justificar lo que le anima a concederla ni menos admitir que lo hiciera por iniciativa de alguno de sus súbditos o de un grupo de ellos. Sin embargo, puede que no sea mero formulismo jurídico la evocación de una petición por parte del regimiento de la ciudad de Andújar. Si es admisible que este manifestara el deseo de que, desde el momento en que el Príncipe decidió sustituir al alcaide, el cargo recayera en “una buena persona de esa dicha ciudad”, en cambio, la designación del elegido es de la responsabilidad exclusiva del Príncipe, por lo que no cabe suponer que se limitara a dar su visto bueno a una designación sugerida por las autoridades ciudadanas.

La fórmula habitual de identificación “vecino de esa dicha ciudad” con la que queda designado Pedro de Escavias viene completada por la fórmula “mi vasallo”, que sugiere, aunque expresada de manera muy escueta, una relación más personal, como se nota en ciertas cartas posteriores del rey donde viene completada por un calificativo laudatorio, “mi leal vasallo”.

Las más antiguas menciones documentadas de Pedro de Escavias se deben al rey Juan II y al Príncipe Enrique y están relacionadas con la donación de la villa de Andújar que el rey hizo a su hijo. Esta estuvo iniciada en 1444, cuando el Infante Enrique de Aragón ejercía aun oficialmente su señoría en ella, se concretó después de la batalla de Olmedo (19 de mayo de 1445) y fue confirmada a la muerte del Infante (15 de junio).

El concejo de Andújar recibió la noticia de la cesión definitiva el 22 de mayo de 1446 por una carta del rey que, además de nombrar al Príncipe señor de la villa, concedía a esta el título de ciudad:

Otrosi por contenplaçion de vos, el dicho Prínçipe, mi fijo, e porque me lo vos suplicastedes e pedistis por merçed, por la presente, de mi çierta çiençia e poderío rreal, fago çibdad la dicha villa de Anduxar e quiero e es mi merçed e voluntad que de aqui adelante para sienpre jamás será çibdad e aya e goçe en quanto çibdad de todas la prerrogatiua e preheminençias e señoríos e priuilegios y essençiones que han e de que goçan e deuen goçar en quanto calidades las otras çibdades de mis rreynos e que les sean guardadas bien e cunplidamente. E de aqui adelante para sienpre jamás sea llamada e la yo llamo por la presente la çibdad de Anduxar.

Es posible que el rey se arrepintiese de su decisión, probablemente a instancias de Alvaro de Luna que no vería con buenos ojos crecer el poder del Príncipe y de sus favoritos, porque, apenas un mes después misionó a uno de sus criados a Andújar con la carta de introducción siguiente a destinación de Pedro de Escavias:

Pedro de Escavias. Sobre algunas cosas tocantes a mi serbiçio y tocantes a la toma que yo mando facer de esa villa de Andújar para la mi corona real, yo imbio allá a Diego de Arroyo, mi vasallo. Yo vos mando, si servicio me desearedes facer, le deis fe y crédito de todas las cosas que de mi parte en esta razón vos dira tocantes a lo sussodicho, y en ellas fagades y cunplades y pongades en ejecución por quanto lo es muy cunplidero a mi servicio.

De la mi villa de Mayorga, a treinta dias de junio del año de quarenta e seis.

Yo el Rey. Por mandado del Rey: Relator.

La “toma que yo mando facer de esa villa de Andújar para la mi corona real” solo puede interpretarse como la negativa a ceder la villa a su hijo y la embajada de Diego de Arroyo estaría destinada a tomar medidas para que no se cumpliera.

Las otras informaciones que proporciona esta iniciativa real conciernen la posición personal de Pedro de Escavias en el contexto político de la época en el reino de Jaén. La primera consiste en la prueba de que había mantenido con el rey una relación que no se cortó cuando Pedro de Escavias dejó la corte en la que, como paje, había pasado varios años de su infancia. Por otra parte, en el conflicto existente, don Juan parece considerar a Pedro de Escavias como un aliado potencial frente al partido del Príncipe y de Juan Pacheco.

Entre esa fecha de 1446 y la de 1450 en la que recibió el cargo de alcaide de manos del Príncipe, es de suponer que hubo altos y bajos en la situación de Pedro de Escavias al tener que componérselas con las dos autoridades en conflicto. Al parecer, supo salir de apuros porque no hizo nada que le negara radicalmente cualquier perspectiva futura como lo demuestra la concesión de la alcaidía. Lo único que cabe suponer es que tuvo que mostrarse paciente y usar de diplomacia. Por fin, lo que no es dudoso es que supo ganarse la confianza del Príncipe, hacia el que no dejará de manifestar, a lo largo de su reinado, una lealtad sin reserva.

Pudo favorecer esa relación Fernando de Villafañe, “vn cauallero que fue criado de la Reyna doña Maria, madre del Rey don Enrrique”, dato biográfico, quizás el único que tenemos sobre el asistente, que incluye Pedro de Escavias en su Reportorio de Príncipes de España. La proximidad de Villafañe con el Príncipe le valió ser nombrado corregidor de Andújar y más adelante de Baeza, Ubeda y Jaén, hasta 1465, fecha en la que perdió la confianza del rey y, al parecer, tuvo que abandonar el reino de Jaén. Su esposa era hija del famoso alcaide de Antequera, Rodrigo de Narváez.

Condiciones

Según la carta de concesión, las obligaciones del alcaide se limitan a mantener el castillo a la disposición del Príncipe, facilitándole el acceso en cualquier momento y prohibir la entrada a cualquiera que no haya sido recomendado por él. El formulismo jurídico remite ciertamente a una práctica avalada en la tenencia de lugares y fortalezas, pero no impide opinar que la misión queda aquí reducida a su más escueta expresión. Basta con comparar las condiciones impuestas por el condestable Miguel Lucas al alcaide de Alicún (cf. Temas giennenses / Miguel Lucas nombra a Juan Díaz de Navarrete alcaide de Alicún (10 de julio de 1470) para percatarse de que la carta omite muchas obligaciones de las que solían recaer en la persona del alcaide.

La cuestión de la financiación apenas es evocada. Los maravedís que cobrará Pedro de Escavias corresponden a la remuneración del alcaide y esta es equivalente a la que reciben todos los que ejercen ese cargo (“segun e quando libren a los otros mis Alcaydes de los otros mis castillos e fortaleças e tenençias que de mi tienen”). No está previsto un presupuesto para el mantenimiento del castillo ni el pago de sus guardas. No se hace ninguna mención de la defensa de la plaza, trátese de la importancia de la guarnición, de los pertrechos disponibles, como si la fortaleza de Andújar no pasara de ser a los ojos del Príncipe un palacio donde pudiera alojarse.

Al expresar la voluntad de reservarse el uso exclusivo del castillo, el Príncipe parece animado por el deseo de imponer públicamente su autoridad en el reino de Jaén, cuyo señorío le ha sido concedido, actitud comprensible en un joven de 25 años que aspira a librarse de la autoridad paternal. El dato más significativo concierne a las personas a las que se prohíbe el acceso al castillo sin mandato especial. La definición “los que mas ni tan poderoso[s] sea[n] como el” abre un abanico ciertamente amplio de personalidades, en las que caben todos los que ocupan un puesto eminente junto al rey y, para empezar, Alvaro de Luna y sus familiares.

Ese objetivo claramente político se observa en la manera en que el Príncipe interpreta la misión del nuevo alcaide en unas cartas poco posteriores a la toma de posesión:

Pedro de Escavias, alcayde. Por algunas cosas complideras a mi seruiçio es necesaria vuestra persona e uenida según el portador de mi parte vos dira; por ende yo vos mando luego, uista la presente, partades conmigo doquier que yo sea antes ser pueda. Esto faced luego en todo caso porque asi cunple a mi seruiçio.

De Toledo a ueinte y quatro dias de el mes de março de cinquenta y uno. Yo el Principe= Por mandado de el Principe Diego Arias.

La segunda carta no lleva indicación de año, pero basta saber que es anterior a 1454, año en que el príncipe deja de serlo para suceder a su padre como rey de Castilla.

Pedro de Escavias, mi alcayde. Por quanto yo mandé estar en essa mi ciudad a Pedro de Cuellar, mi corregidor, vos mando que si fuere a algunos rebatos y otras partes fuera de esa dicha ciudad, vos juntedes y conformedes con la justicia que el dejare en esa dicha ciudad, porque en todo se guarde lo que cunpla a mi seruiçio. Y asimismo vos conformar con el dicho Pedro de Cuellar y consultad con el todas las cosas que entendieredes que sean cunplideras a mi seruiçio y el pro y bien de esa dicha mi ciudad.

Dada en mi Ciudad Real a 26 de abril. Yo el Principe= Alvar Garcia.

Aun si no sabemos qué misión concreta pensaba encargar el Príncipe a Pedro de Escavias en su primera carta, convocándole fuera de Andújar solo tres meses después de nombrarlo alcaide, en cambio, la segunda carta le asocia a la administración de la ciudad, aunque bajo la autoridad del corregidor. Esas dos cartas podrían interpretarse como un toque de atención del Príncipe descontento por la actuación del alcaide, pero, en la medida en que se le mantuvo en el cargo, también podría significar que el Príncipe le confía misiones no ya solo defensivas sino más políticas en la ciudad de Andújar y su comarca.

 

[Recepción de la carta]

La ceremonia se declina en una serie de gestos simbólicos, que reproducen un ritual de toma de posesión bien conocido.

El primero de esos gestos manifiesta la sumisión de los receptores de la carta hacia su autor, lo que equivale en términos legales a la aceptación de la decisión del Príncipe. Como el acto se hace por medio de un apoderado, Fernando de Villafañe, asistente de la ciudad en nombre del Príncipe, esa sumisión se expresa por las muestras de reverencia y obediencia de la que la carta es objeto: “E luego el dicho señor Asistente tomo la dicha carta de el dicho señor Principe en sus manos e besola e pusola encima de su cabeça”.

Cabildo abierto

Las autoridades no necesitaban ser requeridas ni menos amenazadas como lo hace Escavias (“protestaba e protesto de se ir a querellar…”), para obedecer al mandamiento del señor de la ciudad, y nadie creerá que los ediles se oponían al nombramiento de Pedro de Escavias. La sustitución de un nuevo alcaide al anterior podía realizarse por una gestión directa entre el Príncipe, su representante, asistente o corregidor, y el interesado, pero aquí interviene un factor que no podía ser desechado jurídicamente: la propiedad del castillo, que debía corresponder a la ciudad, en totalidad o compartida con el señor. De allí que, aunque fuera una concesión puramente formal se pidiera el acuerdo de las autoridades locales.

La lista de los que presenciaron el cabildo alcanza los 50, si se suman los 45 caballeros hidalgos de la ciudad “non regidores” a los alcaldes, alguacil, regidores, procurador. Dada la solemnidad del acto, pocos caballeros habrán faltado, por lo que puede considerarse esa lista como una exacta imagen del estamento hidalgo de la ciudad. Los linajes enumerados son algo menos porque no es raro que se mencione a dos miembros de una misma familia (Pablo y Sancho Villar, Pedro Sanchez y Alfonso Sanchez de Santiago, Martin y Alfonso González de Morales). Varios de ellos se señalarán en los años siguientes: Baena, Barea, Barajas, Cárdenas, Godoy, Palomino. Entre ellos, no aparece el apellido Escabias ni el de Priego, que eran los del padre del nuevo alcaide.

De paso el documento alude a la presencia de “muchos de los vecinos e moradores de esta dicha ciudad”, lo que confirma que el auto, que se desarrolló primero en la Plaza de Santa María, fue público y abierto a todos, cualquiera que fuera su clase social.

El discurso pronunciado por el asistente Fernando de Villafañe aporta un dato útil para comprender el proceso seguido en la concesión de la alcaidía. El Príncipe concedió el cargo, se supone que poco después de la fecha en la que el rey lo proclamara señor de la villa (1446), a su corregidor y hombre de confianza. Como lo había prometido en aquel momento al regimiento de la villa, se comprometía a informarlo previamente en caso de que sustituyera a otro titular en el cargo. Esta precisión aclara el desarrollo de las etapas anteriores del acto.

[Condiciones especiales]

En el momento de entregar las llaves del castillo a Pedro de Escavias, el asistente añade una condición en su nombre y en el de la ciudad:

aliende de las otras cosas en la dicha carta contenidas, jurase e fiçiese pleytomenaje que, en quanto estubiese en el dicho castillo, non procurara basallos que sean francos nin otra cosa alguna que sea en contra el fuero, derecho e costumbre de esta ciudad para que sean anejos a el dicho castillo.

La formulación resulta algo enigmática. Quizás haya que entender que se prohíbe al alcaide introducir en el castillo e incorporar a la guarnición (“para que sean anejos al dicho castillo”) personas del exterior que no fueran sometidas a la autoridad de la ciudad (“francos”). De ser así, las autoridades se reservarían el derecho exclusivo en la elección del personal encargado de la defensa del castillo. Escavias repite más abajo parafraseándola la condición enunciada en términos que la hacen más comprensible, aunque siga siendo más bien vaga: “que non procuraría cosa alguna de lo sobre dicho que en daño e desafuero de ella fuese”.

Sea como fuere, el nuevo alcaide parece conformarse con la voluntad de los ciudadanos, pero, de pronto, a modo de compensación – “que la ciudad fiçiese a el el mesmo pleytomenaje” – ante esa renuncia parcial por su parte del libre ejercicio de su cargo, pide a la ciudad “de le ayudar a guardar e defender el dicho castillo”. Si el alcaide no está en condiciones de ejercer por sí solo la totalidad de sus prerrogativas, se hace necesaria la intervención de la ciudad para completarla.

[Toma de posesión del castillo]

Es el momento de la ceremonia en el que más se evidencia el tradicional ritual de la toma de posesión, cualquiera que sea su objeto. Se desarrolla según un proceso invariable, en el que interviene la suspensión del oficial anterior y su sustitución por el nuevo, concretizada en algunos gestos y objetos simbólicos. El primer acto consiste en expulsar al que ejercía el cargo por delegación del asistente, que era el alcaide designado, a introducir al nuevo titular dentro del recinto, tomándole de la mano, y a entregarle las llaves, todo ello “en nonbre del dicho señor Principe”. Ya dueño del espacio e investido en su cargo, Pedro de Escavias culmina el auto echando fuera del castillo al asistente y cerrando las puertas[4].

Intercambio de pleytomenajes

Luego las abre y se supone que la escena siguiente se desarrolla ante las puertas del castillo. El juramento del nuevo alcaide dirigido al asistente, en presencia de los hidalgos y de los vecinos de la ciudad, retoma los términos de la carta del Príncipe, añadiendo algunos detalles que completan útilmente la primera versión: se compromete a no alojar “alguno que mas ni tanto poderoso sea que el dicho Pedro de Escavias”; tampoco ningún hombre de armas, “ballesteros no otros omnes ni otra cosa (¿armas o pertrechos?) alguna que sea aneja al dicho castillo en daño de la dicha ciudad”.

El juramento del cabildo también dirigido al asistente, además de repetir en parte la carta del Príncipe, responde positivamente a la petición formulada por el alcaide de que no combatieran el castillo y participaran a su defensa. Ambas partes juran solemnemente “por el nombre de Dios e de Santa Maria e por las Palabras de los santos evangelistas e por una señal de la cruz semejante a esta † que corporal mente con sus manos derechas tocaron”.

Por fin, el nuevo alcaide jura ante el asistente que le acogerá en el castillo en las mismas condiciones exigidas por el Príncipe en su carta.

Aquí termina al auto de entrega de la alcaidía de Andújar a Pedro de Escavias y se inicia un período de varios decenios, solo interrumpido por el paréntesis de Alfonso de Aguilar en los últimos meses del reinado de Enrique IV y del principio del de Isabel, durante el cual Pedro de Escavias ostentará el cargo.

Petición de un traslado

Los documentos reproducidos a continuación prolongan el auto de entrega. Pedro de Escavias pide uno o varios traslados de las actas de la entrega. La petición va dirigida a Fernando de Villafañe, no ya como asistente del Príncipe sino como alcalde, aunque siga representando a don Enrique (“alcalde en esta dicha ciudad por el nuestro señor el Principe”). Viene precedida por una copia de la misma carta del Príncipe que inaugura el documento (versión B), que presenta algunas variantes con aquella (versión A), que solo interesan para valorar la labor de los escribanos copistas e incitar a no sacar consecuencias demasiado rotundas o apresuradas de sus testimonios [entre corchetes las palabras añadidas en una de las versiones]:

                              versión A                                                            versión B

  el muy poderoso rey e señor, mi señor padre           el muy Alto e Poderoso señor e padre

petición [en quanto a lo que me me enuiastes] a pedir por merçed        0

                         vista la presente                                               vista esta la presente

                      dedes e entreguedes                                        presentedes e entregedes

                vna, dos e tres ueces o mas                       vna, dos e tres ueces [repetido 3 veces]

                         que por el dicho                               que para el dicho mi castillo tenga fecho

                              recibades                                                              reçibais

                quando fuere [a el], ayrado                                       quando fuer ayrado

                      con pocos o muchos                                        con muchos o con pocos

                       por quien fincares                         cada uno de vos por quien de ello ansi fincare

                           de lo asi facer                                                        de se façer

                                                                                                  [Poderes] Asistente

La petición presentada por Pedro de Escavias tiene un antecedente: la recepción por el alcalde Gonzalo de Santo Domingo, en nombre del concejo de Andújar, de la carta ya mencionada dirigida al cabildo por el rey Juan II en 1446. La formulación es la misma, con algunas leves variantes (cf. Terrones de Robles, Antonio, Vida, martyrio y translación de San Euphrasio obispo y patron de Andujar, 1579, fols. 123-126, de donde transcribe el documento Toral Peñaranda, Enrique, Andújar en el siglo XV, p. 73).

por quanto […] se entendia aprovechar del dicho señor Rey para algunas cosas cunplideras a el dicho concejo […] e por quanto se recelan a que se le podría [perder] por agua o por fuego o por rovo o por furto o por otra ocasion alguna […]

pedia e pidio a el dicho alcalde que diese lizencia e autoridad a mi, el escribano publico, que fiel mente escribiese e fiçiese escribir de dicha carta del dicho Rey original un traslado o dos o mas, que los quantos menester obiere […]

E luego el dicho alcalde tomo la dicha carta en sus manos, examino la diligencia mirola e dijo que, por quanto la fallaba sana e non rota, nin canzelada, ni rayda, ni en alguna parte de ella sospechosa […]

e que al traslado e traslados que yo asi sacare o fiziere sacar, que interponia e interpuso su autoridad e decreto judiçial para que valgasen e fiçiesen fe cunplida donde quier que pareciesen como la dicha carta original del dicho señor Rey…

Por lo tanto, se trata de un documento jurídico habitual en este caso.

Documentos finales

La certificación de la autenticidad del traslado del acta de entrega de la alcaidía realizado en 1628 a petición de Luis de Quero Escavias vale sobre todo para testimoniar que el original o la copia antigua seguía en manos de un descendiente del alcaide, homónimo de su antepasado, Pedro de Escavias, vecino de Porcuna. El apellido Escavias se había transmitido hasta entonces por línea de varón, aunque no ya en Andújar.

Conclusión

La designación de Pedro de Escavias para ocupar el cargo de alcaide marca un momento importante en la historia local. Desde 1446, Andújar está bajo la autoridad del Príncipe Enrique, lo que no significa que deje de depender de la autoridad real sino, al contrario, que la cesión al heredero del trono asegura su permanencia en la corona. Al mismo tiempo, el rey Juan II le concede el título de ciudad. La designación de Pedro de Escavias como alcaide interviene cuatro años más tarde y pone fin a la administración del castillo por delegación del Príncipe a uno de sus familiares para entregarla a un “vecino de la villa”. La solemnidad del auto de entrega realizado ante un público numeroso que no se limitó a las autoridades, en la plaza de la iglesia mayor y en las puertas del castillo, subraya su importancia para todos los habitantes de la ciudad.

Otro interés del documento incluido en la Probanza de 1671 es que nos introduce en los entresijos de una administración compartida entre el Príncipe, como señor de la ciudad, y la administración local. Por otra parte, nos familiariza con los que gobernaban entonces Andújar y, más generalmente, con las familias pudientes de la ciudad. Ese medio centenar de caballeros identificados ofrece una visión concreta del grupo dominante, aunque se eche de menos la presencia del estamento clerical y, desde luego, de la población femenina. Es interesante observar cómo esa ceremonia no contiene ningún episodio religioso, como la presencia de un prelado en el séquito, una bendición e incluso una misa solemne. Se trata exclusivamente de un auto político y administrativo.

Nos ofrece también la oportunidad de conocer la situación de Pedro de Escavias en los primeros instantes de una ascensión que irá confirmándose en los años siguientes. En contra de lo que sugieren los genealogistas de los siglos posteriores, que tienden a anticipar su exitosa carrera política, la familia de los Escavias aparece aislada dentro de la sociedad andujareña del año 1450. No se menciona ni al padre de Pedro ni a su hermano menor Alfonso, aquel porque habría muerto ya, este quizás por su poca edad. El único familiar suyo presente en la ceremonia es su cuñado, Pedro de Quirós, regidor de la ciudad, esposo de su hermana Catalina. El nuevo alcaide es un joven jefe de familia cuya edad rondaría los treinta años, que no ejerce ningún cargo en la ciudad, ni siquiera el de regidor. Los apoyos de que disfruta y que desembocan en su nombramiento no emanan de Andújar sino de la corte real y se deben a sus años de paje, que han dejado una huella favorable en el entorno de Juan II. El camino que le queda por recorrer para alcanzar el puesto eminente que ocupará en los años sesenta no se anunciaba tan fácil. Tampoco se podía sospechar que el nuevo alcaide se confundiría con su cargo hasta el extremo de que este servirá para identificarlo hasta su muerte y en la memoria de los genealogistas de los siglos posteriores, “el alcaide Pedro de Escavias”.

No sé cómo llegó a la noticia de Luis de Quero Escavias la existencia de este documento. Puede que fuera el fruto de una investigación llevada a cabo cerca de los descendientes varones del alcaide. Cualesquiera que fueran las circunstancias del hallazgo, el documento fue percibido como importante y merecía figurar como prueba de la antigüedad del linaje. Para nosotros y, mientras no encontremos testimonios anteriores, constituye un texto fundador de donde arranca necesariamente toda consideración histórica sobre Pedro de Escavias y su descendencia.

Merece interpretarse la divulgación de ese documento como un guiño del destino, ya que se debe a un caballero cuyo linaje, los Quero de la Vega, no se había arraigado aún en Andújar. Los Escavias lo conservaron, pero los Quero fueron los que lo salvaron del olvido, por lo que los historiadores deben serles para siempre agradecidos.

Cronología

Carta del Príncipe: 11 de agosto de 1450

Recepción de la carta: miércoles 2 de septiembre de 1450

Ceremonia de la entrega: jueves 3 de septiembre de 1450

Petición de traslados del alcaide ante Fernando de Villafañe: jueves 1 de octubre de 1450

 

Cronología de las copias modernas

21-10-1628. Petición por Luis de Quero Escavias el mozo de las cartas y demás papeles.

10-10-1655: fecha en que se hizo la copia del traslado de 1628 en la Probanza.

 



[1] Entiéndase “tan poderoso como el alcaide”, cf. infra: “ni tanto poderoso sea que el dicho Pedro de Escabias”.

[2] A continuación, se reproduce la carta que ya se trasladó al principio del acta. La transcribo de nuevo aquí porque presenta algunas variantes con la primera versión.

[3] Ms: “tengades”.

[4] “Dicho poder se expresaba en otros elementos aún perdurables como la expulsión de los presentes en el rito. Tomó por la mano al dicho Lorenzo de Padilla y lo echó fuera de la fortaleza y cerró las puertas y luego las abrió, todo esto en señal de verdadera posesión”. Rivera Romero, Miguel Ángel, La toma de posesión en los estados señoriales de la Casa de Arcos (1511-1570). Comercio y cultura en la edad moderna. Iglesias Rodríguez, Juan J. et alii (eds.): pp.2727-2738. Sevilla, Universidad de Sevilla, 2015.

Miguel Lucas de Iranzo nombra a Juan Díaz de Navarrete alcaide de Alicún (10 de julio de 1470)

Miguel Lucas de Iranzo nombra a Juan Díaz de Navarrete alcaide de Alicún

(10 de julio de 1470)

 

Mi amiga Rosalía Calzado, quien fue la que descubrió el testamento de Pedro de Escavias, tuvo la gentileza de comunicarme otros hallazgos suyos relacionados con la historia del reino de Jaén. El que publico y comento aquí es uno de ellos. Se conserva en el Archivo Histórico Nacional, con la signatura Diversas colecciones, 15, N. 1174.

 

 

Descripción

El documento viene precedido por una cuartilla con el sello A. H. N. diversos, en la que una mano reciente describe su contenido:

Dn Miguel Lucas, condes

table de Castilla

Andalucía.                  Jaen.

10 de julio de 1470

 

Condiciones

para que Juan Diaz de Navarrete sea su alcaide

en la frontera de Alicun[1]

tiene la mancha de la cera encarnada del sello[2]

El texto ocupa folio y medio. En el verso del segundo en 1573 se ha añadido el siguiente aviso encima del sello primitivo:

En la villa de Xodar, a deziseis deste mes de abril de mill quinientos e setenta e tres años, se saco vn traslado desta forma y manera Para entrar en el castillo de Alicun para el señor capitan don Juan de Faro Nabarrete, pescador, que tiene aqui con otros muchos Para peces en rresguardo, y se volbio al archiuo, que firmo aqui Su Señoria su nonbre y yo el dho secretario

 

Don Alonso

de Caruajal Osorio

                                                           fdo. Ortiz

secretario

Transcripción del documento

/1r/

¶La forma y manera en que manda y es voluntad del muy magnifico y mas virtuoso señor el señor don Miguell Lucas, condestable de Castilla, que Iohan de Nauarrete sea su alcayde de la su villa y castillo de Alicun e las condiçiones con que lo manda y plaze a Su Señoria que sea tenydo e guardado son las siguientes.

 

Primeramente

¶quel dicho Juan Diaz de Nauarrete reçiba la dicha fortaleza con pleito y omenaje segund fuero, vso y costunbre antigua de España, e por virtud de aquel tenga la administraçion y jurediçion çeuil y criminal mero y mixto ynperio de la dicha villa, con todos los derechos pechos y tributos puertos y castilleria en nonbre del dicho señor condestable, de los frutos y rentas y prouechos de los quales Su Señoria le faze merçed por razon de la dicha alcaydia.

 

¶Iten que reçiba por ynuentario todos los pertrechos y armas de qual quier calidad y condiçion que sean, que en el dicho castillo estouieren, y todo aquello sea obligado a restytuyr al tienpo que la dicha fortaleza dexare al dicho señor condestable o a quien Su Señoria mandare.

 

¶Iten que a Su Señoria plaze quel dicho Iohan Diaz sea su alcayde de la dicha fortaleza desde el dia quel dicho Johan Diaz la reçibiere e fiziere por ella pleito y omenaje fasta el dia del año nueuo y dende en adelante fasta dos años conplidos primeros siguientes, que se conpliran en fyn del año de setenta y dos años.

E que, en este dicho tienpo, la voluntad del señor condestable es que non le sea quitada la dicha fortaleza mas que la tenga el dicho tienpo, no parando perjuyzio nin condiçion alguna a la puridad del dicho pleito y omenaje con que lo reçibe. Pero es clara condiçion que, si Su Señoria quisyere vender o trocar o enpeñar la dicha villa y castillo antes de los dichos dos años ser conplidos, quel dicho Iohan Diaz sea tenudo de entregar la dicha fortaleza en conplimiento del dicho su pleito e omenaje al dicho señor condestable o a su çierto mandado. E que Su Señoria da y dara su fe al dicho Iohan Diaz de le pagar porrata todo lo que le fuere deuido, pagandole y mandandole pagar todas las cosas que de mas el dicho alcayde ende touiere o dexandogelas sacar pero non metiendo la fortaleza en este partido.

 

/1v/

¶Otrosy quel dicho señor condestable mande dar y de al dicho Iohan Diaz çiertas contias de maravedis, segund que pareçera por alualaes del dicho Iohan Diaz, para fazer en la dicha villa y fortaleza çiertas obras y lauores, las quales Su Señoria con el dicho Iohan Diaz tiene apuntado, como mas largo Sancho de Quesada, su obrero, con los albañires lo declarara y dara firmado de su nonbre, de que la dicha fortaleza sera mas guardada y defendida.

Pero es condiçion que, durante el fazer de las dichas obras, el dicho alcayde aya de tener e tenga en guarda de la dicha fortaleza veynte y çinco onbres, pero que comiençe a labrar primero dia de agosto deste año de setenta en que estamos e dende en adelante fasta fazer y acabar las dichas obras en el termino y dentro de aquel que por dos albañires para ello diputados fuere declarado, faziendole y mandandole fazer Su Señoria la paga.

 

¶Otrosy porque, segund por Su Señoria es apuntado con el dicho Iohan Diaz sobre las dichas lauores, son tales e tan fuertes que para la defensa de la dicha fortaleza bastan doze o treze onbres, que, despues de aquellas fechas, tenga los dichos doze o treze onbres y aquellos de ally adelante le sean pagados. E que Su Señoria la mandara fazer la paga de los maravedis aqui en esta çibdad de Iahen, segund que montare la tenençia y paga della, por los terçios de cada vn año. E el pan que le sea pagado en las villas de Bedmar y Xodar y Quesada, o en qualquier dellas.

 

¶Otrosy quel dicho Iohan Diaz faga libro de los maravedis que reçibiere y gasto que en las dichas obras fiziere, declarando como y en que lo gasto, demostrando las lauores y obras a vista de maestros, con juramento quel faga asy en lo que se gastare por menudo como por granado.

 

¶Otrosy que a Su Señoria plaze y quiere que las recuas al dicho castillo neçesarias para basteçimiento del, sy fueren enbargadas o contrariadas por gentes de cristianos o moros, que no puedan ser metidas por la tal contradiçion de qual quier persona poderosa que estado o dignidad tenga o en otra manera que en guarniçion o guerra contra el dicho castillo estouiere, quel dicho señor condestable, en los /2r/ dichos casos o qual quier dellos seyendo requerido, dara fauor e ayuda para que la dicha recua sea metida, segund que mas y mejor pudiere a todo su leal poder y cuydado, y que yncunbrile puede con la mas gente de cauallo y de pie que pudiere como a otra qual quier de sus fortalezas.

 

¶Para lo qual todo asi tener, guardar y conplir, el dicho señor condestable dixo que daua y dio su fe como cauallero y onbre fijo dalgo, y prometio de lo asy tener y guardar a buena fe syn mal engaño;

y para que sea çierto y syn dubda alguna firmolo de su nonbre y mandolo sellar con su sello,

quel fechó en la muy noble famosa y muy leal çibdad de Iahen a diez dias del mes de jullio año del nasçimiento del Nuestro Señor y Saluador Ihu Xpo de mill y quatroçientos y setenta años.

fdo. yo condestable

 

¶Otrosy para conplimiento de todo lo suso dicho y capitulado, el dicho señor condestable da e dio su fe como cauallero y onbre fijo dalgo al dicho Iohan Diaz de Nauarrete de le dar y pagar en cada vn año por los dichos treze onbres que ha de tener en la dicha fortaleza despues de fechas las dichas obras, sesenta y tres mill maravedis y treze cahiçes de farina por los terçios de cada año y, sy menos onbres bastaren para la dicha fortaleza, que se descuente en este respecto. E que asy mismo al dicho respecto sea pagado el tienpo que touiere los dichos veynte y çinco onbres en los quales dichos sesenta y tres mill maravedis entran los diez mill maravedis de tenençia quel dicho alcayde ha de aver.

En firmeza de lo qual, Su Señoria lo firmo de su nonbre.

fdo. yo condestable

 

COMENTARIO

Antecedentes

Del topónimo Alicún sólo se conservan dos ocurrencias, las dos en al-Andaluz: Alicún de Ortega en la provincia de Granada y Alicún en la de Almería. A pesar de que los dos lugares pertenecen a parajes que se señalan por una ocupación humana antigua, comparten un nombre de origen árabe que se debe a la presencia de una fuente que se usó para cuidados médicos como lo demuestra la existencia de dos balnearios a su proximidad (Alicún de las Torres; San Nicolás en Alhama). Esa proximidad geográfica y función similar explican sin duda que el nombre del Alicún granadino fuera completado en el siglo XVI con el de su primer señor, Ortega, para distinguirlo del otro.

El castillo de Alicún, hoy Alicún de Ortega, ocupaba una posición adelantada dentro del sistema de defensa del reino de Granada frente al de Jaén, lo que obligaba a los cristianos a tomar ciertas precauciones cuando planeaban alguna incursión más al sur. Así, en julio de 1462, cuando el condestable Miguel Lucas realizó su entrada en la comarca de Guadix, tuvo que dar un rodeo para que los guardas de aquella fortaleza no dieran la alerta [cf. Textos inéditos / Temas Giennenses / Incursiones del condestable Miguel Lucas en el reino de Granada (abril-agosto de 1462)]:

Otro día, martes, dos oras despues de medio dia, mouio con su hueste, e andouo aquel dia con toda la noche por vn camino el mas estrecho e fragoso del mundo, que se llama el puerto del Çelemin, a fin de furtar las guardas de Alicun, que estonçes era de moros.

Hechos del condestable, cap. VIII, p. 79.

La medida fue suficiente para no despertar la atención del enemigo, lo que indujo a los giennenses a pensar que el castillo de Alicún estaba algo desatendido por los moros. De ahí la idea de hacerse con él. De ello se encargó Fernando de Villafañe, que había participado a la expedición, sin duda con el visto bueno del condestable, La ganó el mismo día que fue conquistada Gibraltar, el 21 de agosto de 1462, es decir apenas unas semanas después de la incursión a la comarca de Guadix. Por lo menos, así lo afirma Arquellada (libro 1º, 33; p. 155):

En este sobredicho dia [“año de mil y cuatrocientos y sesenta y dos años, en viernes veintidós del mes de agosto”] se ganó Alicún y lo ganó Hernando de Villafañe, asistente de Baeza, con la gente de Baeza y de Úbeda y del adelantamiento de Cazorla, que se le rindieron con muy buen partido, que dexaron salir a los moros con sus armas y todas sus haciendas.

La noticia viene confirmada por el testimonio inédito de Pedro de Escavias en su Reportorio de Príncipes de España[3]:

Asimesmo, se gano Alycun por fuerça, la qual gano Ferrnando de Villafañe, vn cauallero que fue criado de la Reyna doña Maria, madre del Rey don Enrrique, estando por corregidor en las çibdades de Baeça y Vbeda[4]. […] Avnque Alecun despues se torrno a perder por vn mal cristiano que en el castillo con otros estaua, no se si echadizo de los moros o sy rreyno el diablo en el, el qual secretamente daño la poluora y corto las cuerdas de las vallestas y furto las nuezes de las cureñas[5] que en el castillo estauan, y fizolo saber a los moros. Y luego vinieron sobre el castillo poderosamente y, como los de dentro non tenian con que lo defender, tomaronlo por conbate y por escalas.

Pedro de Escavias, Reportorio de Príncipes de España, cap. clxv [año 1456]

La tenencia de Villafañe fue por poco tiempo, como lo señala una nota marginal al manuscrito de la crónica de Los Hechos del condestable:

En este tiempo renunció Hernando de Villafañe la tenencia de la villa y castillo de Alecún, que él ganó de los moros siendo asistente de las quatro cibdades del obispado de Jaén, en el condestable Miguel Lucas; como parece por la renunciación y merced, que fue la renunciación a 20 de diciembre de 1464 años, y la merced a 20 de março de 1465. Está la escritura original en poder del doctor Francisco de Villafañe, nieto del dicho Fernando de Villafañe.

Hechos del condestable, 1464, cap. XXIII, p. 254.

Así es como el condestable Miguel Lucas se hizo con la tenencia de la villa y castillo de Alicún. Ignoro a quién, entre marzo de 1465 y el 10 de julio de 1470, delegó el cargo, ya que el contrato firmado con Juan Díaz de Navarrete no se refiere a ningún titular anterior a él.

Condiciones

La escritura de otorgamiento concedida por Miguel Lucas a Juan Díaz de Navarrete contiene siete artículos más uno añadido, que ha sido copiado debajo del sello final.

El primero define el marco jurídico requerido por los ordenamientos judiciales vigentes: conformidad con el uso y costumbre del reino; delegación de poderes concedida por el condestable al nuevo alcaide; enumeración de las prerrogativas y derechos que implica el cargo de alcaide.

El segundo enumera el material contenido en el castillo, con obligación de devolverlo cuando se termine el cargo. Este inventario es exclusivamente bélico, sin que se mencione a cualquier otro utensilio o bien mueble.

El tercero fija la duración del contrato: se iniciará el día del pleito homenaje y cubrirá dos años plenos, hasta el último día de 1472 (24 de diciembre, según el calendario de la época), más lo que quede del año corriente. El nuevo alcaide seguirá ejerciendo el cargo hasta el plazo final, mientras tanto el condestable fuera propietario de la fortaleza y de la villa. En caso de que las condiciones de la propiedad cambiasen antes del plazo por iniciativa del condestable (vendida, trocada o empeñada), no podrá oponerse el alcaide pero se le garantiza que recibirá una compensación monedada por parte del condestable además de lo que ya haya recibido y de llevarse lo que le correspondiera, con la salvedad de no atentar a la integridad de la fortaleza.

En el cuarto, el condestable se compromete a abonar al alcaide los gastos exigidos por las obras que han de realizar dos albañiles para mejorar las defensas de la fortaleza, en conformidad con el documento redactado por el maestro de la obra (“su obrero”) Sancho de Quesada. Queda establecido que las obras empezarán el 1 de agosto del año corriente (1470). Mientras duren, el alcaide se compromete a mantener a 25 hombres de armas para guarda de la fortaleza.

El quinto fija el número de hombres que compondrán la guarnición a 12 o 13, cuya soldada recae en el condestable. Se realizará en Jaén además de lo que corresponde a la tenencia de la alcaidía, en tres plazos para cada año, sin que se precise su fecha. El pan entra también dentro de los ingresos del alcaide y de los guardas; su coste será abonado en las villas de Bedmar, Jodar y Quesada, (“o en qualquier dellas”), según donde se compre. La cantidad de pan quedará precisada en el último artículo que ha sido copiado debajo del sello.

El sexto obliga al alcaide a establecer un libro de cuentas con todos los ingresos y gastos, “por menudo y por granado”. La fórmula no está documentada en los diccionarios que he podido consultar, aunque se entiende que deberá apuntar las cuentas detalladas (“en menudo”) y globales (“por granado”) de todo lo que entre o salga.

El séptimo describe el modo de suministrar a los guardas del castillo todo lo que necesiten especialmente en víveres. Se hará por medio de recuas de mulas y burros, bajo la responsabilidad del condestable que se compromete a protegerlas hasta su destinación, proporcionando la protección de hombres de armas, como para sus otras fortalezas. Se supone que, en caso de pérdida, se compromete a compensarla.

La redacción inicial del documento se acaba en este lugar. El condestable se compromete a cumplir las condiciones fijadas. Siguen lugar y fecha (“en Jaén el 10 de julio de 1470”) y la firma del condestable, debajo de la cual queda la marca del sello personal de Miguel Lucas.

Se ha añadido una octava condición, introducida como las anteriores por la preposición “otrosi”, que completa o precisa algunos puntos del contrato. El alcaide recibirá 10.000 maravedís por la tenencia y los trece guardas se repartirán 73.000 (5.500 para cada uno). Para la alimentación de los hombres, el contrato contempla solo el pan, elemento de base de la alimentación medieval: 39 cahices anuales de harina (13 “por los tercios de cada año”). Esta disposición significa que el resto de avituallamiento – carne, pescado, fruta, verduras -, que completan la dieta habitual de un hombre de armas, corre a cargo del alcaide y de los guardas. Es muy probable que se criara ganado dentro y fuera del recinto del castillo, cerdos y cabras, ovejas y vacas. Habrá que considerar también que los villanos de Alicún, si es que la villa siguiera activa, estuvieran en condiciones de mantener huerta y vergel. En contra de esa posibilidad está el hecho de que la guarnición recibiera el pan bajo forma de harina y no de grano, lo que revela la ausencia de un molino, cosa poco concebible si hubiera una población. También habría que contemplar, como sugiero en el artículo quinto, que las recuas salían de una de las tres villas citadas y que el avituallamiento que transportaban no se limitaba a la harina.

Motivaciones del condestable

No le faltaban motivos a Miguel Lucas para hacerse cargo de la plaza. Su ambición no admitía en el santo reino rivales potenciales. Si no estaba en condiciones de ejercer todas las prerrogativas del título de condestable en el reino de Castilla, procuró hacerlo en el de Jaén donde le correspondía mantener la integridad del territorio frente al reino nazarí. Apoderarse de la plaza de Alicún le ofrecía la posibilidad de afirmarlo públicamente, mediante la anexión de una fortaleza en territorio enemigo. La expedición de 1462 le había demostrado el interés de disponer de un punto de apoyo bien protegido en caso de incursión hacia el corazón del reino moro, Guadix, Baza, incluso la misma Granada.

Un episodio ocurrido el año 1465, relatado detenidamente por la crónica de Los Hechos, revela que la intención de Miguel Lucas no era solo esa. A finales de octubre del año 1465, por tanto, unos meses después de la renuncia de Villafañe, Miguel Lucas decide socorrer el castillo de Montizón al norte de la Sierra Morena, que pertenecía a su hermano, Diego, comendador de la orden de Santiago y que llevaba varios meses asediado por Rodrigo Manrique. La tregua que había firmado con el maestre de Calatrava, Pedro Girón, impedía al condestable intervenir personalmente en un conflicto armado contra los Manrique que eran aliados del maestre.

Para socorrer al castillo de su hermano, inventó una treta. Montó una expedición con la ayuda de Pedro de Escavias. Las tropas de Andújar, con la recua prevista para abastecer al castillo, se dirigieron hacia Jaén, “diciendo que la dicha recua yva para Alecun, que es vna fortaleza quel dicho señor condestable tenía a quince leguas de la çibdad de Jaén, cerca de Guadix”. Al llegar a la altura de Mengíbar, volvieron riendas y se dirigieron hacia el norte para cruzar el Puerto del Muradal. Igualmente, el comendador de Montizón salió de Jaén “con boz y fama que yua al dicho castillo de Alecún” pero, “des que fueron arredrados de la çibdad, muy secretamente dieron la vuelta…” (Hechos del condestable, 1465, cap. XXVIII, p. 298).

El castillo de Alicún queda, pues, identificado como una pertenencia del condestable incluso por sus enemigos, que no ponen trabas a que lo utilice como punto de apoyo para sus actividades bélicas en la zona, imaginando quizás que solo iban dirigidas contra los moros de Granada. En el primer socorro del castillo de Montizón, le sirvió de coartada para poder cruzar un territorio ocupado por fuerzas contrarias. Más adelante, cuando Pedro Manrique volvió a sitiarlo y finalmente a apoderarse de él, Miguel Lucas, decidido a socorrerlo de nuevo, hizo etapa con la recua en Alicún, con intención de proseguir el camino hacia el castillo de su hermano, pero tuvo que desistir y fue allí donde recibió la noticia de la rendición.

Cuestiones anejas, algunas pendientes

            Designación del condestable

“Su Señoría” es la fórmula habitual para designar en tercera persona a un miembro de la nobleza titulada o con cargo relevante dentro del reino, como en este caso el de condestable de Castilla; en estilo directo, “vuestra señoría”, que pasará más tarde a la forma “usía”.

Miguel Lucas firma el documento de su puño y letra, pero no usa su nombre y apellido sino su título de condestable que le confiere la autoridad necesaria para otorgar la tenencia. La fórmula “Yo el condestable” resulta además más solemne (cf. “Yo el rey”).

Juan Díaz de Navarrete

Este documento no proporciona ningún dato que permita identificar al nuevo alcaide, aunque se supone que era persona de confianza y probablemente un criado de Miguel Lucas. Esta suposición queda confirmada por el testimonio de la crónica de Los Hechos del Condestable, donde aparece un “escudero que Juan de Navarrete se llamaua” (Cap. XII, año 1463, p. 137). El 3 de septiembre de 1463, Miguel Lucas le mandó al frente de cuarenta peones a espiar el castillo de Arenas (Campillo de Arenas) para conocer el número de sus guardas. La misión fue un éxito ya que cautivaron a dos moros que trajeron al condestable, los cuales le confesaron que había 33 moros en el castillo.

Si este Juan de Navarrete es el mismo que el Juan Díaz de Navarrete del contrato, resulta que Miguel Lucas eligió para desempeñar el cargo de alcaide de Alicún a un hombre que ya fue merecedor de su confianza en una misión bélica anterior que supo llevar a bien, lo que induce a pensar que se le confiara una misión de más responsabilidad dentro del mismo campo, siete años más tarde.

Gastos no considerados

No aparecen en las cuentas la adquisición de armamento nuevo ni el mantenimiento del existente, como “los pertrechos y armas” que se conservan en la fortaleza. La armadura y arma individual o son de la responsabilidad de los guardas o entran en una cuenta aneja. Tampoco se habla de las cabalgaduras, aunque solo sea las del alcaide, porque es muy posible que los guardas no dispusieran de una propia.

Conclusión

Una de las características más llamativas de esa escritura es la relación directa y exclusiva que denota entre el condestable y el nuevo alcaide. Miguel Lucas actúa como dueño único de un lugar fortificado como si se tratara de una finca. En ningún momento interviene una autoridad superior, aunque fuera por delegación de poderes, a pesar de que esta operación concierne una de las prerrogativas principales del rey. Podría interpretarse como un efecto de la delicuescencia del poder de Enrique IV en aquellos años, como lo sugiere el documento de 1478, en el que, por el contrario, la reina interviene en la cesión de la tenencia de las fortalezas de Mengíbar y Pegalajar entre la ciudad de Jaén y Luis Lucas de Torres. También puede que tenga que ver con las circunstancias de su adquisición por el anterior dueño, Fernando de Villafañe. Este la conquistó de los moros y, por lo tanto, se puede suponer que disponía de una propiedad plena sobre él, al tratarse de un bien primitivamente exterior al reino. El nuevo adquisidor no tendría más obligación hacia la autoridad real que la que tuviera él.

Otra de las características reside en la caducidad del contrato. No solo se limita a dos años, sino que puede ser interrumpido en cualquier momento si así lo desea el condestable. Es cierto que la ruptura se acompaña de compensaciones para el alcaide y, se supone, para los trece hombres de la guarnición, pero sorprende que la defensa de un castillo ignore en tal grado una permanencia mínima, que es la mejor garantía para que sea eficaz. Una posible interpretación sería que lo que interesaba en prioridad a Miguel Lucas era la restauración del castillo y que los dos años de tenencia fueran, además de la seguridad de que se llevaría a cabo, una forma de remuneración de Díaz de Navarrete por haber dirigido las obras.

No vuelve a mencionarse a Alicún en la crónica de Los Hechos del Condestable ni aparece en la documentación relacionada con la herencia de Miguel Lucas.

BIBLIOGRAFÍA

Hechos del condestable Don Miguel Lucas de Iranzo (Crónica del siglo XV). Edición y estudio por Juan de Mata Carriazo; estudio preliminar por Michel Garcia; presentación por Manuel González Jiménez. Editorial Universidad de Granada, Granada MMIX.

Arquellada, Juan de, Sumario de proezas y casos de guerra aconteçidos en Iahen y reynos de España  y de Ytalia y Flandes, y grandeza de ellos desde el año 1353 hasta el año 1590 &. Edición y estudio Enrique Toral y Peñaranda, Jaén, Diputación provincial de Jaén, Instituto de estudios giennenses, 1999.

Escavias, Pedro de, Reportorio de Prínçipes de España, cap cxlvii. en prensa.

Julio de 2025



[1] Ms: Aliar.

[2] La mancha del sello aparece en el recto del folio segundo y se trasluce en el verso del mismo donde se ha copiado el aviso de 1573.

[3] Tampoco la recoge Arquellada.

[4] Según Arquellada (libro 1º, 33), la ganó Villafañe el mismo día que fue conquistada Gibraltar, el 21 de agosto de 1462.

[5] Nuez: pieza móvil que, colocada en el palo (cureña) de la vallesta, se accionaba con una llave para disparar el virote.

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo en el reino de Granada (abril-agosto de 1462) II

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo

en el reino de Granada (abril-agosto de 1462)

II. Testimonios de Pedro de Escavias

Al final del Cancionero de Oñate, Pedro de Escavias ha reunido tres poemas suyos dedicados a personajes sobresalientes de los reinados de Juan II y Enrique IV: Coplas fechas sobre las divisiones del reyno por la privança del condestable don Aluaro de Luna con el señor rey don Juan el segundo quando la batalla de Olmedo; romançe que fizo al señor ynfante don Enrique, maestre de Santiago; Coplas dirigidas al condestable Miguel Lucas, criado del señor rey. Esas tres piezas forman un capítulo aparte dentro de la producción versificada de Escavias, en la que domina la inspiración amorosa bajo la forma de canciones y decires. Ordenadas cronológicamente, esas obras pueden interpretarse también como tres calas en la biografía del poeta, quien estuvo en la corte de Juan II, “siendo paje del rey y harto mochacho”, como lo precisa en el encabezamiento sus poemas. Allí conoció a Álvaro de Luna y al maestre Enrique, quien fue además señor de Andújar, la villa en la que el linaje Escavias ocupó una posición eminente desde que fue conquistada y de la que Pedro sería alcaide y alcalde mayor. En cuanto a Miguel Lucas, estuvo en la frontera de Granada durante el breve período en que fue el privado de Enrique IV y luego gobernó a Jaén en los últimos quince años de su vida (1459-1473), en unión estrecha con Pedro de Escavias, como lo demuestran hasta la saciedad las numerosas ocasiones en que el redactor de Los Hechos del condestable se refiere al andujareño.

En dos de sus obras Pedro de Escavias menciona esos episodios de la frontera: en las Coplas dirigidas al condestable don Miguel Lucas y en el último capítulo, dedicado al reinado de Enrique IV, del Reportorio de Prinçipes de España.

 

Coplas dirigidas al condestable don Miguel Lucas, criado del señor rey

De las Coplas se conservan siete estrofas. Cuatro de ellas (la tercera, la cuarta, la quinta y la sexta)[1] están acompañadas de glosas que reproducen a veces literalmente el texto de la crónica de Los Hechos del Condestable. Reproduzco las de las coplas 3 y 4 que corresponden a las dos incursiones de julio y agosto de 1462.

Virtuoso condestable

vuestros fechos tanto buenos

que fazeys contra [a]garenos

vos dan fama muy loable

1. Tanto que por todo [e]l mundo                                4. No contenta vuestra espada

suenan ya vuestras vitorias                                           de fechos tan singulares

en cantares y en estorias                                               boluistes a los lugares

llamanuos el Çid segundo.                                           que [e]stan juntos con Granada

¡O que fama ynestimable                                             do troxistes d[e] esa entrada

para quien del se pregona                                            fasta los niños de teta

syn que se falle presona                                               syn muchos que de la seta

quel contrario desto fable!                                           murieron abominable.

2. Con dolor de los cuytados                                       5. El rrey Çidiça aquel dia

de la çibdad de Jaen                                                     que del Alhanbra miraua

que [e]n Granada padeçien                                          cuando la presa pasaua

catiuos aherrojados                                                       y la vega toda [a]rdya

çinquanta moros atados                                                su ventura maldezia

de la Yllora troxistes                                                    non osando pelear

los cuales les rrepartistes                                              porque vos veya andar

con amor muy entrannable.                                          como leon espantable.

3. Por la sierra y por lo llano                                        6. No digo dotras entradas

faziendo talas peleas                                                    que fezistes muchas vezes

a Guadix y sus aldeas                                                   trayendo rricos jaezes

posistes a saco mano                                                    y moros manos atadas;

do lloro el pueblo pagano                                            otros muchos a lançadas

trayendo moras y moros                                               matando por alquerias

muchas joyas y tessoros                                               ni dotras cauallerias

que fue cosa ynumerable.                                             de memoria asaz notable.

7. Mas dexando lo que toca

a los perros ysmaeles

enemigos ynfieles

contra quien soys como rroca

tornara contar mi boca

lo cual puede dezir bien

cuanto vos deue Jaen

ser para sienpre açebtable

Glosa de la copla 3

A Guadix / Allende la çibdad de Guadix bien quatro leguas o mas, esta vna sierra por los moros llamada el Çenet, al pie de la cual muchas y buenas aldeas bien ricas estan, las quales en todas las guerras pasadas por estar metidas en el çentro de su defensa de todo asalimiento de enmigos estouieron seguras. Y, como este señor de lo tal auisado fuese, non enbargante que por algunos grandes capitanes, que por mandado del rey nuestro señor en aquella frontera estouiesen antes de aquesto, fuese ensayado de enprender este fecho el qual, aviendolo por muy peligroso, ya del camino a la çibdad de Vbeda se ouiesen tornado, el condestable con fasta mill y trezientos de cauallo y tres mill onbres de pie, vn miercoles por la tarde por el mes de jullio de lxii, de vna ribera que Alhama se llama donde ese dia avie reposado, partio. Y, andando toda la noche, a Guadix a la mano derecha dexando, al alua del dia dio sobre vnos lugares que estan al pie de la sierra ya dicha, llamados al vno La Calahorra y al otro Aldeyra, muy poblados de gentes y bien ricos de todas cosas, por aventura mas que otros lugares semejantes de todo el reyno de Granada los quales, non enbargante la dura resistençia fecha por los enemigos, por animoso conbate luego fueron entrados por fuerça donde, syn los muertos que fueron asaz, muchos moros y moras e ynumerables riquezas de oro y de plata y de seda sacaron tanto que apenas la gente y fardaje era bastante de lo poder traer. Y con todo ello y con muchos ganados la tierra toda quemando ese dia de buelta por delante las puertas de Guadix paso, do trezientos caualleros de la casa de Granada con el Alatar estauan en guarda y, en tanto que toda la caualgada paso, la gente de pie les fizo gran tala. Y despues de muchas escaramuças pasadas, mouio sus batallas y esa noche vino a reposar a la Torre de Xeque que es a vna legua pequeña de ally. Y otro dia continuo su camino fasta llegar a la çibdad de Jahen, de lo qual los moros se quebrantaron mucho porque nunca jamas en ofensa suya ally llegaron christianos. Y deste camino con el mucho trabajo y poco dormir de la gente y los grandes soles y sed que pasaron muchos por algunos dias perdieron el seso.

Glosa de la copla 4

No contenta / No es duda syno quel fecho de Guadix suso rrecontado fue de muy grande audaçia y tanto caualleroso que a qualquier señor grande bastara para se rreputar glorioso e rreposar algund dia. Mas este señor, con vn animo marauilloso, dende a quinze dias, con mil y dozientos de cauallo y fasta tres mill onbres de pie a la Vega de Granada boluio. Y, una tarde, de Alcala la Real se partiendo, toda la noche Xenil arriba andouo fasta que amaneçio sobre unos lugares que son en somo de aquella tan populosa y cauallerosa çibdad, que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena, y tan çerca de aquella que las mugeres y niños se van a pie a librar sus negoçios casy por deporte sin ninguna pena, de la otra parte tan rricos y ajaezados que es cosa marauillosa poderse creer. Y muy poco antes de saliendo el sol, dio sobre los dichos lugares y, como quiera que los abitadores dellos vigurosamente a la defensa se dispusieron y junto con los cristianos fasta quinientos caualleros moros en su socorro allegaron, syn otros asaz caualleros e ynfinita gente de pie que a sus espaldas al rrebato venia, sin enbargo de aquello, luego fueron entrados donde, syn muchos que fueron puestos a cochillo, bien dozientos moros y moras y niños fueron catiuos y presos y los lugares rrobados de muchas joyas de oro y de plata y de seda y puestos a fuego. Y, por çierto, los presos y muertos fueran mas de dos mill sy, la noche de antes, de sus guardas ssentidos no fueran. Y, dado fin a la entrada y despojo, assy por el clamor de las mugeres y niños que, en tanto que sus maridos y padres murien peleando, escaparon fuyendo a la çibdad de Granada, como por la nouedad y graueza del fecho tanto çercano a la dicha çibdad, el alboroço y rrebato fue tan grande aqui, sobreste señor cargo tanta gente que solos los de pie que al canpo eran salidos syn los caualleros eran mas de quarenta mill. Y el, con grande animosidad, rrecogio toda su gente y en tal ordenança se puso a que los moros no se treuieron de le dar la batalla. Y asy, como vençedor trivnfante, toda la tierra rrobando y quemando, con muy grande onrra a la çibdad de Jahen se boluio.

COMENTARIO

El contenido de las coplas y, más aún, la letra de las glosas son un resumen fiel, incluso un calco parcial de los pasajes que la crónica de Los Hechos del condestable dedica a esos sucesos. Como lo indica el título, el poema fue compuesto en vida de su dedicatario, lo que plantea la cuestión de la fecha de su composición. Si se tiene en cuenta que la redacción de la crónica no pasó del capítulo del año 1471, como consecuencia del asesinato del condestable en la Pascua de 1473, se deduce que Pedro de Escavias tuvo acceso a esos capítulos correspondientes a los años 1462 y 1463 antes de que finalizara la redacción del volumen. Esto refuerza la hipótesis que adelanté en el “Estudio preliminar” de la edición de Los Hechos del condestable (Granada, MMIX, p. L-LI) según la que la redacción se hizo por etapas, siendo la primera la relación de los sucesos de los años 1462-1463, que se compuso poco después (¿1464?) cuando aún el proyecto de una crónica no estaba claramente definido. Este tomó cuerpo en el momento en que se redactaron los capítulos relativos a los años anteriores, partiendo arbitrariamente del año 1458, el de la investidura de Miguel Lucas como condestable de Castilla, cuando aún no había dejado la corte ni pensaba refugiarse a Jaén. En la medida en que las Coplas comparten el mismo objeto que esas relaciones, la de contribuir a realzar la figura de Miguel Lucas en un momento preciso de su vida, no es aventurado suponer que la composición de las Coplas fue casi concomitante con la redacción de aquellas. De hecho, ningún momento de la actuación posterior del condestable se prestaba mejor que esos años a la celebración de las hazañas de ese “Cid segundo”.

Esta creación en proceso podría aplicarse también al poema de Escavias, ya que el estribillo inicial y la copla 1, encargados de definir la temática de la obra, se refieren exclusivamente a la lucha contra los moros, mientras que la copla 8 parece iniciar un nuevo rumbo hacia otras acciones de Miguel Lucas en beneficio de Jaén que no fueran únicamente bélicas: “Mas dexando lo que toca / a los perros ysmaeles…”. La pérdida material de uno o varios folios finales del códice del cancionero no permite aclarar definitivamente esa duda.

El estribillo inicial y la primera copla carecen de glosa, al no tener más objeto que alabar en términos ditirámbicos la figura del héroe e introducir la relación de sus triunfos. Las coplas siguientes, en cambio, se refieren explícitamente a las entradas realizadas en territorio de Granada y, por eso mismo, son inseparables de las glosas que las completan: la Illora (copla 3); Guadix (copla 4); Churriana y Aruriena [“los lugares / questan juntos con Granada”] (copla 5); Padul y Alhama (copla 6); Arenas y Montefrío (copla 7). Además de designar los lugares asaltados, con la excepción de la 7 que abarca varias entradas, las coplas hacen eco al texto de la crónica al reproducir ciertos datos significativos de la relación en ella contenida: el botín (coplas 2-4), el rey moro Cidiza (copla 5), quemas de cultivos (copla 6), otra vez el botín (copla 7).

La prosa de las glosas alterna un resumen y una transcripción literal de su modelo. Los pasajes siguientes son una copia exacta del texto cronístico:

copla 3

[…] al alua del dia dio sobre vnos lugares que estan al pie de la sierra ya dicha, llamados al vno La Calahorra y al otro Aldeyra, muy poblados de gentes y bien ricos de todas cosas, por aventura mas que otros lugares semejantes de todo el reyno de Granada.

[…] Y deste camino con el mucho trabajo y poco dormir de la gente y los grandes soles y sed que pasaron muchos por algunos dias perdieron el seso.

copla 4

que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena, y tan çerca de aquella que las mugeres y niños se van a pie a librar sus negoçios casy por deporte sin ninguna pena, de la otra parte tan rricos y ajaezados que es cosa marauillosa poderse creer.

[…] Y, por çierto, los presos y muertos fueran mas de dos mill sy, la noche de antes, de sus guardas ssentidos no fueran. Y, dado fin a la entrada y despojo, assy por el clamor de las mugeres y niños que, en tanto que sus maridos y padres murien peleando, escaparon fuyendo a la çibdad de Granada, como por la nouedad y graueza del fecho tanto çercano a la dicha çibdad, el alboroço y rrebato fue tan grande aqui,

La glosa se aparta de la crónica en pocos lugares. La de la copla 4 es precedida de una corta introducción en la que Escavias expresa su admiración por el condestable:

No es duda syno quel fecho de Guadix suso rrecontado fue de muy grande audaçia y tanto caualleroso que a qualquier señor grande bastara para se rreputar glorioso e rreposar algund dia.

Fuera de esa adaptación del texto de la crónica dentro de su nuevo contexto, el de una glosa, algunas variantes indican un compromiso personal de Pedro de Escavias. Así, el cronista recuerda que, durante las campañas de Juan II al inicio de su reinado, “algunos grandes capitanes” habían pensado realizar una expedición contra Guadix, pero habían vuelto riendas a mitad camino sin atreverse a culminarla. Escavias añade “ya del camino a la çibdad de Vbeda se ouiesen tornado”, sin que se mencione esa ciudad en la crónica. Precisa también cómo los cristianos alcanzaron los dos lugares: “Y, andando toda la noche, a Guadix a la mano derecha dexando”, detalle omitido por el cronista que no carece de interés estratégico. En la glosa de la copla 4, se precisa el camino seguido por los asaltantes: “Y, una tarde, de Alcala la Real se partiendo, toda la noche Xenil arriba andouo fasta que amaneçio sobre unos lugares que son en somo de aquella tan populosa y cauallerosa çibdad, que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena”.

El interés de esas variantes reside en que completan la relación del cronista desde la experiencia de un testigo ocular. Sabemos que Escavias pudo haber presenciado las campañas de Juan II, del que fue paje, y también que participó en la expedición de la sierra de Zenete como capitán de la gente de Andújar, encargado del fardaje y de la retaguardia. Según parece, no se resistió a la tentación de precisar algún punto que el cronista había omitido. Así nos enteramos de que los cristianos rodearon a Guadix por el este para alcanzar Aldeire y La Calahorra y que, por el mismo motivo, siguieron el curso del Genil para llegar directamente a Churriana y Armilla sin cruzar por delante de las puertas de Granada. El cronista podía prescindir de esos detalles, no un participante activo que conservaría una imagen concreta e imborrable de aquella experiencia personal.

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Pedro de Escavias, Reportorio de Príncipes de España, cap. clxvii [año 1462]

Pedro de Escavias vuelve a mencionar esas incursiones de Miguel Lucas en territorio granadino en su obra magna, el Reportorio de Príncipes de España, abreviación de la historia de la Península, cuyo capítulo cxlvii y último resume el reinado de Enrique IV. En un apartado enumera a los privados del rey y, al evocar a Miguel Lucas, que fue uno de ellos, cuenta por qué motivo se alejó de la corte y cómo se casó en Jaén con la condesa, señora de la casa de Torres, y desde ese momento se dedicó a “[fazer] cosas buenas en tierras de moros”.

Dende a poco, boluio, con doss mill e quinientas lanças o pocas mas y con tress mill peones del obispado de Iahen y del adelantamiento de Caçorrla, a correr vnos lugares que son allende de la çibdat de Guadix, al pie de vna sierra que es llamada El Çenet, al vno de los quales dizen Aldeyra y al otro La Calahora, muy poblados de gentes y muy rricos de todas alhajas y joyas de oro y de plata y de seda y de lana, por ventura mas que otros lugares semejantes de todo el rreyno de Granada. La cabsa de su abundançia y rriqueza era porque, de todas las guer[r]as pasadas, sienpre estouieron seguros y guardados, porque alli nunca llegaron cristianos, por estar muncho metidos en el çentro de su defensa.

Y, al alua del dia, dio sobre los dichos lugares y entrolos por fuerça, do murieron munchos moros, y otros munchos con sus mugeres y ffijos traxo presos. Y los dichos lugares fueron de todo punto rrobados y puestos a saco mano y apenas, avnque el fardage era muncho, fue bastante de traer el despojo que de alli sacaron. Y asi vino y paso aquel dia con toda la presa por delante de las puertas de la çibdat de Guadix, do se talaron las viñas y panes y pasaron algunas escaramuças, y boluio con todo ello a la çibdat de Iahen. Y del trabajo del camino y de los grandes soles, que era por el mes de jullio, y del no dormir, perdieron munchos en esta jorrnada el seso por algunos dias, que no torrnaron en si.

De esto no bien rreposadas sus gentes, dende a veynte dias, torrno a la Vega de Granada con dos mill de cauallo y tress mill onbres de pie. Y, al quarto del alua, dio sobre otros doss lugares, llamados al vno Armilla y el otro Aruriena, que estan en somo de la çibdat de Granada y tan çerca della que las mugeres y niños se van a pie casi por deporte a librar sus negoçios y fazenderas. Y, sin enbargo de la dura rresistençia que en ellos fallo, los dichos lugares fueron entrados y rrobados y munchos moros muertos, y otros con las mugeres y fijos catiuos y presos, ca fasta los niños de teta acaeçio sacar en çeuaderas. Y, como quiera que, por ser tan çerca de Granada, salieron al rrebato fasta mill y quinientos de cauallo y munchos peones, el condestable boluio por la Vega de Granada y, a vista della con toda la caualgada, quemando y destruyendo quanto alcançar podia, sin que los moros osasen pelear con el. Y asi ssalio por Alcala la Real y se boluio a la çibdat de Iahen.

COMENTARIO

Ese capítulo final del Reportorio de Prinçipes de España fue añadido posteriormente a la obra, que en su versión original concluía con el reinado de Juan II. Por consiguiente, también es posterior a la redacción de las glosas a las Coplas y, por ese motivo, esos párrafos no comparten con ellas un objetivo común como el que se observa entre estas y el relato de la crónica de Los Hechos. El nuevo capítulo del Reportorio es posterior al año 1474 en que fallece el rey y, por lo tanto, se redactó por lo menos más de diez años después de la época en que actuaba el cronista de Los Hechos. Las circunstancias también eran muy distintas y es de suponer que la fama de Miguel Lucas habría perdido de su fuerza reinando Isabel y Fernando. Ello no impide que Escavias no dudó en insertar en su Reportorio un eco de esas hazañas del condestable, a pesar de que eso le alejara indudablemente de su objeto principal, que era narrar lo ocurrido en tiempos de Enrique IV.

Lo hizo con los ojos puestos en la crónica de Los Hechos a la que reproduce a veces literalmente: “muy poblados de gentes y muy rricos de todas alhajas y joyas de oro y de plata y de seda e de lanas e linos, por ventura mas que otros lugares semejantes de todo el rreyno de Granada” (Aldeire y La Calahorra). “[…] tanto cerca que las mujeres e niños dellos se van a pie a librar sus megoçios e façenderas, casi por deporte, sin ninguna pena”.

Ello no impide que, como en las glosas, añade algún detalle que no está en la fuente cronística pero que su memoria ha conservado: “ca fasta los niños de teta acaeçio sacar en çeuaderas[2]”. Es una visión que le impresionó, para bien o para mal. No estamos en condiciones de poder juzgarlo, pero tengo la debilidad de pensar que si la recordó es por el efecto de la compasión que le inspiró ver a niños pequeños echados en capachos que se solían usar para dar la cebada a las caballerizas, sin hablar de la angustia de las madres que no dejaría de manifestarse a lo largo del camino.

Julio de 2025



[1] Con la copla 7 acaba el códice del Cancionero, por lo que se ignora si el poema proseguía y si esa copla también tuvo su glosa.

[2] La acepción más acorde con este contexto es la que propone Martín Alonso, remitiendo a la Conquista de Ultramar: «morral o manta que sirve de pesebre para dar cebada al ganado en el campo» (Enciclopedia del idioma, s.v. cebadera). En expediciones militares también se necesitaban par dar de comer a las caballerías en los momentos de descanso previstos al efecto (“dar cebada”).

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo en el reino de Granada (abril-agosto de 1462) I

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo

en el reino de Granada (abril-agosto de 1462)

I. Testimonio de la crónica

Hechos del condestable Miguel Lucas de Iranzo

Huyendo de la corte en 1459, Miguel Lucas de Iranzo, condestable de Castilla, establece su residencia permanente en la ciudad de Jaén, base económica del linaje Torres al que pertenecía su esposa. Su posición de cabeza política del santo reino va afianzándose hasta alcanzar su punto culminante a principios de los años 1460.

La redacción de la crónica de Los hechos del condestable Miguel Lucas de Iranzo, cuyo autor permanece desconocido, siguió un proceso complejo (cf. Hechos del condestable …, “Estudio preliminar” (p. L-LI)). Este se inició en los años 1464-1465 con la relación de los años 1462-1463, que fue completada más adelante con unos capítulos que relatan la época anterior desde 1458, fecha de la investidura de Miguel Lucas como condestable de Castilla, y cubre hasta 1471 incluido. La relación del año 1472 no llegó a componerse, al morir el condestable asesinado en la Pascua de 1473.

En la crónica, el año 1461 acaba con una descripción de la decadencia de Jaén antes de la venida de Miguel Lucas. Contrastando con esta visión negativa, el texto dedicado a los dos años siguientes ofrece la de una ciudad que ha recuperado su prestigio bajo el doble signo de la lucha contra el moro y de la reanudación de una vida caracterizada por toda clase de celebraciones, religiosas y profanas, habituales en una ciudad principal del reino. Las incursiones en el territorio de Granada ocupan casi la totalidad del capítulo dedicado a 1462.

 

Hasta el mes de abril de 1462, las treguas firmadas entre el rey de Castilla y el de Granada prohibían que se hiciera entradas en territorio enemigo. El cronista afirma que Miguel Lucas soportaba muy mal ese freno a su afán por luchar contra “los moros enemigos de nuestra santa fe” (Hechos, cap. VII, p. 76). Por eso, no tardó más de unos días (“dende a cinco días pasados” escribe el cronista) después de finalizadas las treguas para lanzar el primer ataque[1].

Castillos de Arenas, Cambil y Alhabar (abril)

El primer objetivo fue la fortaleza de Arenas [Campillo de Arenas], al pie del puerto del Carretero, que abre paso hacia Granada. Miguel Lucas la asaltó al alba del 20 de abril, martes de Pascua florida, pero tuvo que renunciar al anochecer ante la resistencia de los moros, más numerosos que lo que suponía, y por falta de una “artellería conveniente”.

Diez días después, hizo otro intento, atacando los castillos de Cambil y Alhabar en sendas orillas del río Villanueva, que representaban un peligro permanente para la seguridad de esa zona del reino, al estar alejadas de solo 5 o 6 leguas (unos 20 kms) de la ciudad de Jaén. No pudo tomarlas y se contentó con arrasar la campiña circundante.

Pueblos de la sierra de Zenete (julio)

La expedición de julio de 1462, dirigida contra una zona más alejada del centro del reino que las tres fortalezas mencionadas debe interpretarse como la voluntad del condestable de no cejar en su “odio natural contra la gente agarena y con el continuo deseo de acrecentar su gloria e su fama” (Hechos, cap. VIII, p. 78). El objetivo deja de ser exclusivamente militar, — neutralizar posiciones fortificadas moras avanzadas —, y más ambicioso, en la medida en que aspira a unir las fuerzas cristianas del reino bajo su mando y levantar la moral de la población ofreciéndole la garantía de una existencia sin sobresaltos, además de proporcionarle un rico botín.

El domingo 11 de julio, Miguel Lucas sale de Jahén. Lo acompañan los hombres de armas de su casa y de la ciudad de Jaén, tanto caballeros como infantes. Se dirige al este hacia Jimena, a unos 30 kms (7 leguas castellanas) en cuyas cercanías él y sus tropas duermen aquella noche. Es efectivamente la distancia que suele recorrer una tropa en un día. El lugar elegido para acampar sería la orilla del río Cuadros, cuya agua era indispensable para hombres y cabalgaduras y más en esa estación del año.

El lunes, las tropas alcanzan el curso del Guadiana menor [“Picos del Guadiana”], no lejos de Huesa o Hinojares, después de un recorrido algo superior al del día anterior (36 kms en línea recta hasta Huesa, 9 leguas). El lugar ha sido elegido para facilitar la reunión de los distintos contingentes de hombres de armas que Miguel Luca ha convocado para esa operación y acortar distancias entre ellas, ya que se sitúa precisamente a una jornada de Baeza y Úbeda y a poca distancia de Cazorla. Solo el contingente de Andújar tendrá que cubrir una distancia mayor, que habrá necesitado un día más de marcha que para los de Jaén y dos más que para los demás.

El cronista evalúa el número de combatientes a 1200 caballeros [1300, según Escavias] y 3000 hombres de pie. Esa tropa no alcanza las dimensiones de un ejército, si se compara con el que Juan II reunió para su primera entrada al reino de Granada en 1431 que sumaba “doçe mill lanças de onbres de armas y ginetes y muy muchos peonajes”[2], y era, por lo tanto, diez veces superior. Sin embargo, no deja de ser numeroso si se tiene en cuenta que, en ese tipo de incursión “relámpago” en territorio enemigo, el efecto de sorpresa desempeña un papel fundamental y exige un máximo de discreción hasta llegar al lugar de la acción, cosa que resulta difícil de conseguir con una fuerte concentración de hombres, caballos y mulas.

La reunión de los cinco componentes de la expedición dio lugar a una celebración festiva a costa del condestable que no escatimó medios, “façiendoles muchas onrras e fiestas e otrosi muy grandes gastos con ellos”. La alegría colectiva engendrada en esa pletórica asamblea de combatientes giennenses en presencia del condestable de Castilla no podía menos de levantar los ánimos ante la perspectiva de una expedición en terreno enemigo, hasta desembocar en una exaltación superlativa: “E todos con tamaño placer e alegría que verdaderamente paresçia que yva en son de conquistar e ganar todo el reyno de Granada”. El cronista no se detiene en contar las peripecias de esa velada campestre, pero se sospecha que ocupó buena parte de la noche porque las tropas no arrancaron, al día siguiente, antes de las “dos oras despues de medio dia”.

La tarde del martes y la noche siguiente hasta “la ora de missas” del miércoles es el tiempo que necesitó la tropa para penetrar en territorio granadino, dando un rodeo, se supone por el este, “a fin de furtar [burlar] las guardas de Alicún” y para llegar, unas horas más tarde (“a ora de missas”), “a una ribera que se llama Alhama”. El río Alhama nace en Lugros y desemboca en el Fardes después de recorrer unos 20 kms. En tan corto recorrido, no cuesta demasiado trabajo localizar el lugar en que acamparon los giennenses, si se descarta que lo hicieran donde el Alhama se acerca más a Guadix (una legua corta de la villa), y que los pueblos que fueron asaltados el día siguiente se encuentran más al sur. Lo lógico sería situarlo entre los actuales pueblos de Beas de Guadix y Lugros.

La distancia entre los Picos del Guadiana y el río Alhama se calcula a vuelo de pájaro en unos 50 kms. Las tropas las recorrieron entre las dos de la tarde del martes y las 10 de la mañana siguiente (hora de la misa), es decir en unas 20 horas, una tardanza sin duda debida al relieve y a que parte del recorrido se hizo de noche lo que supone un ritmo más lento y varias paradas para descansar.

A orillas del Alhama, las tropas descansan unas horas y arrancan “después de ora de viésperas”, es decir al caer de la tarde que, en esa temporada del año, interviene hacia las 9, para andar toda la noche y dar al alba del jueves sobre los pueblos de Aldeire y La Calahorra, en la sierra del Zenete.

Salen en formación lista para la batalla: manda la vanguardia el teniente de Cazorla, Juan Martín de Avendaño (200 rocines); le siguen dos cuerpos de combatientes bajo las órdenes respectivamente del condestable con los de su casa y la milicia de Jaén (“quinientos caualleros”) y de Fernando de Villafañe, corregidor de Baeza, con la gente de Baeza y Úbeda (“quatroçientos de cauallo”); la retaguardia con el fardaje queda a cargo de Pedro de Escavias “fasta çiento çinquenta roçines”. La gente de pie no entra en la cuenta del cronista. Se supone que cada contingente está compuesto por combatientes de una misma procedencia.

Los dos pueblos hacia los que se dirige el ejército, Aldeire y La Calahorra, habían sido elegidos, según el cronista, por no haber sido nunca asaltados por tropas cristianas. Por ese motivo, tenían fama de ser “muy ricos de todas alhajas e joyas de oro e de plata e de seda e de lanas e linos, por aventura más que otros lugares semejantes de todo el reyno de Granada”. Además, debida a la absoluta tranquilidad en la que había vivido hasta entonces, su población no estaba lista para defenderse eficazmente. Por eso, los agresores no encontraron gran resistencia por parte de los moradores, que resultaron asustados además por la “grand vocería y estruendo e muchos atabales y trompetas” que acompañó el asalto, que fue tal “que no paresçía sino que todo el mundo daua sobrellos”. A consecuencia de lo cual, “los dichos lugares fueron del todo entrados e robados y estruydos e metidos a fuego y a sangre”.

El botín ganado por los asaltantes fue tan grande que el cronista renuncia a cifrarlo:

Y el robo y despojo de tantas e tan ricas joyas e alfajas que de alli sacaron, sin las quemas e talas de paruas e huertas, avmentó e aprouechó tanto aquellas quatro çibdades del obispado de Jahén e villas e logares dél e del adelantamiento de Caçorla, que no sé cómo lo diga o estime por yncredulidad de los que no lo vieron ni saben (p. 80).

El saqueo duró desde el alba del jueves hasta “poco más de medio día”, hora en la que se inició el regreso por ante las puertas de la ciudad de Guadix, donde tuvieron lugar algunas escaramuzas con unas tropas moras recién llegadas, al mando de “un buen cauallero de Loxa”, el Alatar, sin que estas consiguieran detener el paso de las tropas y del fardaje.

Las tropas siguieron adelante y se detuvieron para hacer noche del jueves al viernes en la Torre de Xeque, que el cronista sitúa a legua y media de Guadix. El topónimo no se conserva hoy pero puede que se trate del pueblo de Fonelas, donde queda la ruina de una torre atalaya erigida en el siglo XIV.

La cronología del final de la expedición propuesta por el redactor de Los Hechos es errónea: “otro día, viernes, partió de allí e fue a dormir a Sotogordo, que es cerca de los Picos de Guadiana”. Si bien es admisible que las tropas hayan pasado la noche del viernes al sábado a orillas del Guadiana menor, como lo hicieran en el viaje de ida, el lugar de su parada no pudo ser Sotogordo, que se encuentra muy alejado de esa zona. Por otra parte, como el condestable hizo su entrada en Jaén la mañana del domingo, resulta que el cronista a omitido la etapa del sábado por la noche. A partir de los datos incompletos que proporciona, hay manera de restablecer una cronología aceptable. Las tropas pasan la noche del viernes en los mismos parajes en los que se detuvieron, el lunes anterior, camino de Guadix. Necesitaban recuperarse del cansancio y reordenar el fardaje que se encontraría sobrecargado con todo lo que se robó en Aldeire y La Calahorra. Es posible también que se iniciara un reparto del botín, incluido los moros presos, a favor de la gente del adelantamiento que se separaría del ejército en ese lugar para volver a Cazorla.

Los combatientes de las cuatro ciudades del reino, Úbeda, Baeza, Jaén y Andújar, permanecerían juntas y seguirían los cursos del Guadiana y del Guadalquivir hasta Sotogordo, lugar prácticamente equidistante de Jaén, Baeza y Úbeda, donde se detendrían la noche del sábado al domingo para dormir y para ultimar el reparto del botín según un criterio único: “que cada vno oviese libremente lo que allí avía ganado”, contentándose el condestable con la honra de la victoria. Además, la distancia entre Sotogordo y Jaén, de unas siete leguas, es compatible con que el condestable hiciera su entrada en Jaén el domingo, en medio del regocijo general, aunque no fuera precisamente por la mañana, como lo afirma el autor de Los Hechos.

Armilla y Aruriena [Churriana] (agosto)

El éxito de esa operación tendría como efecto levantar el ánimo de los giennenses y disponerlos a segundar al condestable en las expediciones que planeara con la esperanza de sacar un buen botín. Así es como, tres semanas después, el condestable reúne quinientos caballeros y dos mil hombres de pie para una nueva expedición cuyo objetivo no revela hasta llegar a Pinos Puente, a dos leguas de la ciudad de Granada.

Aunque el secreto fuera bien preservado, no tardarían los hombres de armas en imaginar hacia donde se dirigían. El viernes 5 de agosto salen de Jaén y pasan la noche siguiente cerca del río Víboras a dos leguas al sur de Martos; la noche del 6, a orillas del río Carrizal, cerca del castillo de Locubín. Allí se juntan con el condestable Diego, hijo del conde de Cabra, y Martín Alonso de Montemayor, con sus ochocientos a caballo y dos mil quinientos hombres de pie. El domingo 7, alcanzan Alcalá la Real, donde recogen ochenta rocines más y, a hora de vísperas, emprenden el camino hacia Pinos Puente, unas siete leguas más al sur, que recorren de un tirón.

Es el momento que ha elegido Miguel Lucas para revelar el objetivo preciso de la incursión, Armilla y Aruriena [Churriana], dos pueblos al pie de la Sierra Nevada, al sur de la ciudad de Granada. Sus caballeros manifiestan ciertas reticencias ante la perspectiva de un combate desproporcionado con las tropas granadinas, en el mismo corazón de su territorio pero logra convencerlos. Al alba del lunes, los cristianos se abalanzan sobre los dos pueblos y, “acabado de meter a saco mano los dichos lugares”, el condestable recoge a su gente y la pone en buena ordenanza “aviendo por cierto que el rey de Granada pelearía con él”.

Miguel Lucas emplaza al rey de Granada, asegurándole, por medio de un caballero moro que se había acercado, que le esperaría “cuatro o cinco horas”. La respuesta del rey no tardó: “que se fuese en orabuena, que quien alli avia osado llegar osarie pelear con el rey de Granada, y quel rey su señor no estaua en tienpo de pelear con el al presente”. Con la seguridad de que los granadinos no se opondrían a ello, pudo proseguir su saqueo acrecentando el botín ya acumulado con toda clase de reses, vacas, cabras, ovejas y yeguas. Por fin, se retira a Pinos Puente, donde ordena el reparto del botín, cediendo al hijo del conde de Cabra y a Martín Alonso de Montemayor, que se habían unido a él con su gente desde el principio, la mayor parte y dejando a su propia gente lo restante.

Sin demorarse, el condestable y su gente se retiran a dormir ese lunes cerca de Alcalá y, al día siguiente, martes, en Torre del Campo, donde prepara la entrada solemne en la ciudad del día siguiente, “do fue reçebido con tan grant gozo e alegría como solían resçebir en Roma sus enperadores quando de sus conquistas boluien vençedores”.

 

COMENTARIO

Valor testimonial de la crónica

Como era habitual en la práctica historiográfica, para los hechos que no presenció personalmente el cronista se vale de testimonios escritos u orales proporcionados por algunos testigos oculares. La redacción propiamente dicha se hace después de cierto tiempo, como más pronto, una vez concluido el año concernido, lo que supone que el redactor se basa en las notas que tomó en fecha cercana al acontecimiento, sin forzosamente reactualizarlas en el momento de la redacción final. Estas circunstancias explican algunas de las lagunas visibles en el capítulo que el cronista dedica a la expedición de julio de 1462.

La exactitud de los datos que le han sido comunicados puede variar dentro de un mismo acontecimiento. Así parece evidente que la documentación acerca del final de la expedición es de peor calidad que la del principio. Si no cuesta demasiado trabajo restituir el recorrido hasta el asalto a los pueblos de la sierra de Zenete, para el trayecto de regreso a Jaén se observan algunas lagunas. Así persisten dudas sobre el lugar exacto del vivaque de la noche del viernes. El topónimo “Torre del Xeque” resulta dudoso ya que no se conserva ni parece haberse documentado. Resulta también evidente, como ya he señalado, que el redactor confunde las dos últimas etapas, reduciéndolas a una sola. Por otra parte, el cronista desconoce la zona que el ejército cristiano cruzó aquellos días y se limita a repetir la información recibida sin poder enmendarla o completarla. Esa documentación de segunda mano se aplica también a los hombres. Solo menciona el nombre de tres capitanes, omitiendo al que mandaba las tropas de Úbeda; en cuanto a Avendaño, lo designa únicamente por el gentilicio, sin precisar su nombre y sus títulos.

Personalidad de Miguel Lucas

El redactor de Los Hechos comenta las dos expediciones del verano de 1462 a Guadix y al sur de Granada como dos hazañas, especialmente la segunda en la que la reducida tropa giennense se mete literalmente en la boca del lobo en las mismas puertas de la capital, donde estaban concentradas fuerzas más que suficientes para exterminarla. El condestable no minimiza el peligro que corren sus tropas como lo manifiesta en el discurso que dirige a los “caualleros principales”, que hasta entonces ignoraban cuáles eran los objetivos precisos de la expedición:

Bien sabeys que yo parti de Jahen para yr a quemar y robar vnos lugares que son en somo de la çibdad de Granada e muy cerca della, llamados el vno Armedilla e el otro Aruriena. Y a este fin yo enbié llamar y rogar a estos caualleros que fuesen conmigo. Y pues asi es, puesto que en ello consista el peligro por vos recontado, pues vosotros me distes el ardid y para esto. Sali, este quiero seguir y no otro ninguno, que alli do ay mas peligro consiste la onrra y la fama que yo tanto deseo alargar. E si acaesçiere quel rey e la casa de Granada, con tan grant multitud de moros como vosotros decis, salieren a pelear conmigo, avn confio en el alto Dios que ligeramente podrá ser que yo alcance memorable victoria; de que a vosotros e a mi se siga gloria ynmortal.

Esas palabras, que suenan más a prosa caballeresca que a una arenga guerrera, son buena prueba de que la ambición de Miguel Lucas no acepta ninguna limitación ni siquiera la que recomienda la más elemental consideración del contexto bélico. Reconoce que le han advertido del peligro que hace correr a sus tropas y que este es real (“puesto que en ello consista el peligro por vos recontado” / aunque esta empresa contiene el peligro que señaláis) y, al no poder aducir argumento en contra, deposita su suerte y la de sus hombres entre las manos de Dios. Sin duda sería demasiado tarde para renunciar a la expedición, por lo que concluye el cronista: “Y en fin, el dicho señor condestable continuó su camino quanto más recio pudo

Conviene preguntarse si los demás caballeros y el mismo condestable solo contaban con la intervención divina para salir de ese mal paso o si sospechaban que la situación política del momento en el reino nazarí les depararía una salida feliz inesperada. No ignoraban que el rey Cidiza se encontraba muy debilitado. Era tan notorio incluso entre los cristianos que el redactor de Los Hechos dedica un comentario a “la tan grande confusión e discordia [que] entre los moros avia”, valiéndose del testimonio del prior del convento franciscano de Jaén que había pasado en aquel momento varios meses en la corte de Granada para cobrar las parias.

Como lo repitió el caballero moro, el rey de Granada tenía compromisos más graves que contestar a la provocación de unos pocos cristianos, que aunque pudieran dañar gravemente a la población y a la comarca, no representaban un peligro mayor para el poder nazarí, sino “quel rey su señor no estaua en tienpo de pelear con el al presente”.

Cuestiones estratégicas

En la relación de las dos expediciones de julio y agosto, el cronista deja entrever cómo el condestable había montado esas dos operaciones y el plan o ardid que había imaginado para cada una. Para el ataque contra Armilla y Churriana, se había beneficiado de la información que le habían aportado “algunos adalides sabidores de la tierra y de guerra”. Esos caudillos de la frontera eran evidentemente los que mejor conocían el estado de las defensas del reino nazarí y sus eventuales debilidades. Era natural que el condestable recurriera a ellos o que ellos se manifestaran espontáneamente a él, al ser notoria su voluntad de luchar con los moros. Esos colaboradores ocasionales ofrecían a Miguel Lucas el medio para actuar con un máximo de eficacia en un territorio, que, después de residir solo dos años en Jaén, seguía siéndole poco familiar.

En cuanto a la expedición a la sierra de Zenete, un antecedente que relata Jimena Jurado (p. 43) sugiere que la presencia de [Juan Martín de] Avendaño no fue ocasional.

Parece que estas treguas [del año 1452] no tuvieron efecto, ni pasaron adelante, pues en el siguiente año de 1454, como escribe Ruy Díaz de Quesada, en su Kalendario de cosas acaecidas en su tiempo en Quesada, a veintitrés de abril, día de San Jorge, don Martín de Abendaño, teniente del adelantado de Cazorla por Pedro de Acuña, señor de Dueñas, hermano de don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, con la gente de aquel Adelantamiento, y Íñigo de Molina, alcaide de Quesada, pelearon con el rey de Granada en la Vega de Guadix, y le vencieron, y le quitaron y traxeron la cabalgada que él avía tomado.

Esta noticia aclara algún punto del proceso que, sin ella, habría quedado oscuro, siendo el primero que se le ocurriera al condestable pedir la ayuda de la gente del adelantamiento y no se limitara a las fuerzas de las cuatro ciudades del reino (Jaén, Baeza, Úbeda y Andújar), que eran las componentes más naturales de una coalición para cualquier empresa colectiva de los giennenses. Por otra parte, resulta que no era la primera vez que tropas cristianas del adelantamiento penetraban en la comarca de Guadix y no deja de ser significativo que Juan Martín de Avendaño, como teniente del adelantado, se hubiera señalado ya en alguna de esas entradas. Es lógico que Miguel Lucas se dirigiera a él para asesorarlo en esa nueva empresa. Cualquiera que sea el promotor de la entrada, es evidente que Miguel Lucas se concertara antes con gente del adelantamiento de Cazorla y que el teniente interviniera en la preparación de este como iba a intervenir en su realización. Su conocimiento de la zona lo designaba además para mandar la delantera de la tropa y guiarla sin riesgo de perderse en una comarca poco conocida por los demás. Por fin, pudo asegurar a Miguel Lucas que la empresa era factible porque las defensas de los pueblos de la zona eran mucho más fáciles de vencer en un único asalto que las de tres fortalezas que no podían ser conquistadas sin un asedio de varios días.

Los intentos contra las tres fortalezas han demostrado al condestable que la gente de su casa y de la ciudad de Jaén no constituía una fuerza suficiente para llevar a cabo con éxito unas incursiones en el territorio de Granada y que necesitaba la aportación de elementos exteriores, como la milicia de las otras tres ciudades, Baeza, Úbeda y Andújar, así como un contingente significativo del adelantamiento de Cazorla, lo que equivalía a unificar simbólicamente a todas las fuerzas vivas del reino de Jaén, condición indispensable para esperar vencer al enemigo granadino y abrir la posibilidad de algaras de cierta envergadura. Además, se habría convencido de que no conseguiría movilizar a la caballería del reino y a su peonaje si no les garantizaba unas ganancias abundantes.

Buena conciencia

Miguel Lucas coloca sus entradas en territorio granadino bajo el signo de la guerra santa y proclama que él personalmente no aspiraba a nada sino a acrecentar su honra. Al amparo de tan virtuosa misión, el cronista suelta la pluma para relatar las supuestas hazañas de los cristianos que resume en los siguientes términos: a “los enemigos amedrentar e sus tierras dellos ofender y destruyr” (p. 77):

La relación del balance final de la entrada reproduce, en su versión fronteriza, un esquema narrativo ya multisecular en la prosa cronística castellana en el caso de enfrentamientos entre moros y cristianos. Las cifras, trátese de los enemigos muertos o presos, de los ganados robados, sin duda exageradas, así como la radical destrucción de cultivos y edificios sirven para celebrar un triunfo conseguido, Dios mediante, contra unos enemigos que no merecen piedad. No se percibe el menor atisbo de humanidad sino una conciencia tranquila justificada por la convicción de servir a Dios.

Los dichos lugares [Aldeire y La Calahorra] fueron del todo entrados e robados y estruydos e metidos a fuego y a sangre, do muchos moros y moras fueron muertos y presos, en tal manera que los moros fueron muy quebrantados. (p. 80).

[…] luego fueron [Armilla y Churriana] entrados e muertos e presos y los lugares robados y puestos a fuego, do en la verdad fueron muertos e presos bien quinientos moros e moras e niños, e fueran mas de dos mil si la noche de antes no fueran sentidos. […] E asi el dicho condestable, como vencedor trihunfante, mouio su paso, talando y quemando toda la vega y recogiendo y leuando muy grand pieça de ganados vacunos e ovejunos e cabrunos e yeguas e de otras cosas que en la vega fallo (p. 88-89).

Esa violencia no se ejerce solo contra hombres de guerra, sino que afecta también a la población civil, incluidos mujeres y niños, al que no se concede más importancia que a las otras ganancias, animales y objetos. Valga como ejemplo el regreso de la expedición a Guadix que fue particularmente penoso:

Y asi e las grandes jornadas como por cabsa de la sed, que es tierra muy seca, e de la grant calentura del tienpo, ca era en la mayor fuerça de los canicolares, la gente padesçio en este camino e viaje muy grandisimo afán y trabajo, y del poco dormir, muchas personas perdieron el seso y estouieron locos de todo punto por algunos días.

Si lo pasaron tan mal los combatientes cristianos, ¿cómo lo pasarían “los muchos moros y moras catiuos, atados en cuerdas”, que fueron traídos a Jaén, donde fueron vendidos? El cronista no se preocupa de evocarlo siquiera, ni proporciona la cifra de los que murieron en el camino.

El historiador moderno podría juzgar anacrónicas estas consideraciones atendiendo a los cambios que han experimentado las relaciones humanas en los últimos siglos, sin embargo, sospecha que aquella no fuera la única respuesta concebible ya en la época del condestable, sino que existía una forma de coexistencia pacífica entre los dos pueblos, a pesar de la religión que pretendía oponerlos radicalmente. José Rodríguez Molina lo ilustra perfectamente con este testimonio contemporáneo debido a un alhaqueque cristiano, encargado de resolver los conflictos de la frontera:

Cuanto venimos exponiendo nos autoriza a deducir la doble proyección de Jaén en Granada: “Guarda y defendimiento de los reinos de Castilla” y centro, donde durante amplios períodos de la Baja Edad Media se acoge a los granadinos, y desde donde parten para Granada numerosos vecinos a solucionar sus más variados asuntos. Así lo reconocen las declaraciones de un vecino de Jaén, en 1480, cualificado, de otra parte, ya que ejerce el cargo de alhaqueque:

“…dixo que de un año a esta parte él, como alhaqueque desta dicha çibdad, a visto e vee oy día entrar e salir moros del reyno de Granada a esta çibdad con sus mercadurías, así paños, como lino, como cera e otras cosas que traen a esta çibdat, las venden sin contradiçión ninguna ni otro embaraço, y quee vee a vysto que cada día van e vienen christianos a Granada e a su reyno, e van seguros e vienen seguros”.

Con razón pone en tela de juicio la visión que, de las relaciones entre cristianos giennenses y moros granadinos, pretende promover el cronista de Los Hechos del condestable cuando relata “las incursiones guerreras de ese abanderado de la lucha contra el infiel, que se consideraba el Condestable, [que] tienen más de pomposo ropaje y alharaca de crónica que realidad eficiente, generalizada y continuada”. Con todo, no descarto que el fanatismo religioso del personaje fuera real, si bien no estuviera compartido hasta ese extremo por los giennenses de a pie.

BIBLIOGRAFÍA

Hechos del condestable Don Miguel Lucas de Iranzo (Crónica del siglo XV). Edición y estudio por Juan de Mata Carriazo; estudio preliminar por Michel Garcia; presentación por Manuel González Jiménez. Editorial Universidad de Granada, Granada MMIX.

Jimena Jurado, Martí, Obispos de Jaén y anales de su obispado, Madrid 1654, citado en Carriazo y Arroquia, Juan de Mata, En la Frontera de Granada, “5. Las treguas con Granada de 1475 y 1478”, Sevilla, Facultad de Filosofía y Letras, 1971, p. 226.

Rodríguez Molina, José, “Incursiones en tierras granadinas del condestable Iranzo”, Revista del centro de estudios históricos de Granada y su reino, N.°8, Segunda época, Granada 1994, p. 13-40.

Julio de 2025

 



[1] No se incluye en este estudio la entrada que realizaron en octubre de aquel año el condestable y el maestre Pedro Girón, porque se hizo por iniciativa de este e intervino en ella gente de fuera del reino de Jaén.

[2] Las citas de la crónica provienen todas del capítulo VIII; p. 78-90. En la transcripción se reproduce la grafía de la edición de Juan de Mata Carriazo.