Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo en el reino de Granada (abril-agosto de 1462) II

Español Ago 2, 2025

Incursiones del condestable Miguel Lucas de Iranzo

en el reino de Granada (abril-agosto de 1462)

II. Testimonios de Pedro de Escavias

Al final del Cancionero de Oñate, Pedro de Escavias ha reunido tres poemas suyos dedicados a personajes sobresalientes de los reinados de Juan II y Enrique IV: Coplas fechas sobre las divisiones del reyno por la privança del condestable don Aluaro de Luna con el señor rey don Juan el segundo quando la batalla de Olmedo; romançe que fizo al señor ynfante don Enrique, maestre de Santiago; Coplas dirigidas al condestable Miguel Lucas, criado del señor rey. Esas tres piezas forman un capítulo aparte dentro de la producción versificada de Escavias, en la que domina la inspiración amorosa bajo la forma de canciones y decires. Ordenadas cronológicamente, esas obras pueden interpretarse también como tres calas en la biografía del poeta, quien estuvo en la corte de Juan II, “siendo paje del rey y harto mochacho”, como lo precisa en el encabezamiento sus poemas. Allí conoció a Álvaro de Luna y al maestre Enrique, quien fue además señor de Andújar, la villa en la que el linaje Escavias ocupó una posición eminente desde que fue conquistada y de la que Pedro sería alcaide y alcalde mayor. En cuanto a Miguel Lucas, estuvo en la frontera de Granada durante el breve período en que fue el privado de Enrique IV y luego gobernó a Jaén en los últimos quince años de su vida (1459-1473), en unión estrecha con Pedro de Escavias, como lo demuestran hasta la saciedad las numerosas ocasiones en que el redactor de Los Hechos del condestable se refiere al andujareño.

En dos de sus obras Pedro de Escavias menciona esos episodios de la frontera: en las Coplas dirigidas al condestable don Miguel Lucas y en el último capítulo, dedicado al reinado de Enrique IV, del Reportorio de Prinçipes de España.

 

Coplas dirigidas al condestable don Miguel Lucas, criado del señor rey

De las Coplas se conservan siete estrofas. Cuatro de ellas (la tercera, la cuarta, la quinta y la sexta)[1] están acompañadas de glosas que reproducen a veces literalmente el texto de la crónica de Los Hechos del Condestable. Reproduzco las de las coplas 3 y 4 que corresponden a las dos incursiones de julio y agosto de 1462.

Virtuoso condestable

vuestros fechos tanto buenos

que fazeys contra [a]garenos

vos dan fama muy loable

1. Tanto que por todo [e]l mundo                                4. No contenta vuestra espada

suenan ya vuestras vitorias                                           de fechos tan singulares

en cantares y en estorias                                               boluistes a los lugares

llamanuos el Çid segundo.                                           que [e]stan juntos con Granada

¡O que fama ynestimable                                             do troxistes d[e] esa entrada

para quien del se pregona                                            fasta los niños de teta

syn que se falle presona                                               syn muchos que de la seta

quel contrario desto fable!                                           murieron abominable.

2. Con dolor de los cuytados                                       5. El rrey Çidiça aquel dia

de la çibdad de Jaen                                                     que del Alhanbra miraua

que [e]n Granada padeçien                                          cuando la presa pasaua

catiuos aherrojados                                                       y la vega toda [a]rdya

çinquanta moros atados                                                su ventura maldezia

de la Yllora troxistes                                                    non osando pelear

los cuales les rrepartistes                                              porque vos veya andar

con amor muy entrannable.                                          como leon espantable.

3. Por la sierra y por lo llano                                        6. No digo dotras entradas

faziendo talas peleas                                                    que fezistes muchas vezes

a Guadix y sus aldeas                                                   trayendo rricos jaezes

posistes a saco mano                                                    y moros manos atadas;

do lloro el pueblo pagano                                            otros muchos a lançadas

trayendo moras y moros                                               matando por alquerias

muchas joyas y tessoros                                               ni dotras cauallerias

que fue cosa ynumerable.                                             de memoria asaz notable.

7. Mas dexando lo que toca

a los perros ysmaeles

enemigos ynfieles

contra quien soys como rroca

tornara contar mi boca

lo cual puede dezir bien

cuanto vos deue Jaen

ser para sienpre açebtable

Glosa de la copla 3

A Guadix / Allende la çibdad de Guadix bien quatro leguas o mas, esta vna sierra por los moros llamada el Çenet, al pie de la cual muchas y buenas aldeas bien ricas estan, las quales en todas las guerras pasadas por estar metidas en el çentro de su defensa de todo asalimiento de enmigos estouieron seguras. Y, como este señor de lo tal auisado fuese, non enbargante que por algunos grandes capitanes, que por mandado del rey nuestro señor en aquella frontera estouiesen antes de aquesto, fuese ensayado de enprender este fecho el qual, aviendolo por muy peligroso, ya del camino a la çibdad de Vbeda se ouiesen tornado, el condestable con fasta mill y trezientos de cauallo y tres mill onbres de pie, vn miercoles por la tarde por el mes de jullio de lxii, de vna ribera que Alhama se llama donde ese dia avie reposado, partio. Y, andando toda la noche, a Guadix a la mano derecha dexando, al alua del dia dio sobre vnos lugares que estan al pie de la sierra ya dicha, llamados al vno La Calahorra y al otro Aldeyra, muy poblados de gentes y bien ricos de todas cosas, por aventura mas que otros lugares semejantes de todo el reyno de Granada los quales, non enbargante la dura resistençia fecha por los enemigos, por animoso conbate luego fueron entrados por fuerça donde, syn los muertos que fueron asaz, muchos moros y moras e ynumerables riquezas de oro y de plata y de seda sacaron tanto que apenas la gente y fardaje era bastante de lo poder traer. Y con todo ello y con muchos ganados la tierra toda quemando ese dia de buelta por delante las puertas de Guadix paso, do trezientos caualleros de la casa de Granada con el Alatar estauan en guarda y, en tanto que toda la caualgada paso, la gente de pie les fizo gran tala. Y despues de muchas escaramuças pasadas, mouio sus batallas y esa noche vino a reposar a la Torre de Xeque que es a vna legua pequeña de ally. Y otro dia continuo su camino fasta llegar a la çibdad de Jahen, de lo qual los moros se quebrantaron mucho porque nunca jamas en ofensa suya ally llegaron christianos. Y deste camino con el mucho trabajo y poco dormir de la gente y los grandes soles y sed que pasaron muchos por algunos dias perdieron el seso.

Glosa de la copla 4

No contenta / No es duda syno quel fecho de Guadix suso rrecontado fue de muy grande audaçia y tanto caualleroso que a qualquier señor grande bastara para se rreputar glorioso e rreposar algund dia. Mas este señor, con vn animo marauilloso, dende a quinze dias, con mil y dozientos de cauallo y fasta tres mill onbres de pie a la Vega de Granada boluio. Y, una tarde, de Alcala la Real se partiendo, toda la noche Xenil arriba andouo fasta que amaneçio sobre unos lugares que son en somo de aquella tan populosa y cauallerosa çibdad, que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena, y tan çerca de aquella que las mugeres y niños se van a pie a librar sus negoçios casy por deporte sin ninguna pena, de la otra parte tan rricos y ajaezados que es cosa marauillosa poderse creer. Y muy poco antes de saliendo el sol, dio sobre los dichos lugares y, como quiera que los abitadores dellos vigurosamente a la defensa se dispusieron y junto con los cristianos fasta quinientos caualleros moros en su socorro allegaron, syn otros asaz caualleros e ynfinita gente de pie que a sus espaldas al rrebato venia, sin enbargo de aquello, luego fueron entrados donde, syn muchos que fueron puestos a cochillo, bien dozientos moros y moras y niños fueron catiuos y presos y los lugares rrobados de muchas joyas de oro y de plata y de seda y puestos a fuego. Y, por çierto, los presos y muertos fueran mas de dos mill sy, la noche de antes, de sus guardas ssentidos no fueran. Y, dado fin a la entrada y despojo, assy por el clamor de las mugeres y niños que, en tanto que sus maridos y padres murien peleando, escaparon fuyendo a la çibdad de Granada, como por la nouedad y graueza del fecho tanto çercano a la dicha çibdad, el alboroço y rrebato fue tan grande aqui, sobreste señor cargo tanta gente que solos los de pie que al canpo eran salidos syn los caualleros eran mas de quarenta mill. Y el, con grande animosidad, rrecogio toda su gente y en tal ordenança se puso a que los moros no se treuieron de le dar la batalla. Y asy, como vençedor trivnfante, toda la tierra rrobando y quemando, con muy grande onrra a la çibdad de Jahen se boluio.

COMENTARIO

El contenido de las coplas y, más aún, la letra de las glosas son un resumen fiel, incluso un calco parcial de los pasajes que la crónica de Los Hechos del condestable dedica a esos sucesos. Como lo indica el título, el poema fue compuesto en vida de su dedicatario, lo que plantea la cuestión de la fecha de su composición. Si se tiene en cuenta que la redacción de la crónica no pasó del capítulo del año 1471, como consecuencia del asesinato del condestable en la Pascua de 1473, se deduce que Pedro de Escavias tuvo acceso a esos capítulos correspondientes a los años 1462 y 1463 antes de que finalizara la redacción del volumen. Esto refuerza la hipótesis que adelanté en el “Estudio preliminar” de la edición de Los Hechos del condestable (Granada, MMIX, p. L-LI) según la que la redacción se hizo por etapas, siendo la primera la relación de los sucesos de los años 1462-1463, que se compuso poco después (¿1464?) cuando aún el proyecto de una crónica no estaba claramente definido. Este tomó cuerpo en el momento en que se redactaron los capítulos relativos a los años anteriores, partiendo arbitrariamente del año 1458, el de la investidura de Miguel Lucas como condestable de Castilla, cuando aún no había dejado la corte ni pensaba refugiarse a Jaén. En la medida en que las Coplas comparten el mismo objeto que esas relaciones, la de contribuir a realzar la figura de Miguel Lucas en un momento preciso de su vida, no es aventurado suponer que la composición de las Coplas fue casi concomitante con la redacción de aquellas. De hecho, ningún momento de la actuación posterior del condestable se prestaba mejor que esos años a la celebración de las hazañas de ese “Cid segundo”.

Esta creación en proceso podría aplicarse también al poema de Escavias, ya que el estribillo inicial y la copla 1, encargados de definir la temática de la obra, se refieren exclusivamente a la lucha contra los moros, mientras que la copla 8 parece iniciar un nuevo rumbo hacia otras acciones de Miguel Lucas en beneficio de Jaén que no fueran únicamente bélicas: “Mas dexando lo que toca / a los perros ysmaeles…”. La pérdida material de uno o varios folios finales del códice del cancionero no permite aclarar definitivamente esa duda.

El estribillo inicial y la primera copla carecen de glosa, al no tener más objeto que alabar en términos ditirámbicos la figura del héroe e introducir la relación de sus triunfos. Las coplas siguientes, en cambio, se refieren explícitamente a las entradas realizadas en territorio de Granada y, por eso mismo, son inseparables de las glosas que las completan: la Illora (copla 3); Guadix (copla 4); Churriana y Aruriena [“los lugares / questan juntos con Granada”] (copla 5); Padul y Alhama (copla 6); Arenas y Montefrío (copla 7). Además de designar los lugares asaltados, con la excepción de la 7 que abarca varias entradas, las coplas hacen eco al texto de la crónica al reproducir ciertos datos significativos de la relación en ella contenida: el botín (coplas 2-4), el rey moro Cidiza (copla 5), quemas de cultivos (copla 6), otra vez el botín (copla 7).

La prosa de las glosas alterna un resumen y una transcripción literal de su modelo. Los pasajes siguientes son una copia exacta del texto cronístico:

copla 3

[…] al alua del dia dio sobre vnos lugares que estan al pie de la sierra ya dicha, llamados al vno La Calahorra y al otro Aldeyra, muy poblados de gentes y bien ricos de todas cosas, por aventura mas que otros lugares semejantes de todo el reyno de Granada.

[…] Y deste camino con el mucho trabajo y poco dormir de la gente y los grandes soles y sed que pasaron muchos por algunos dias perdieron el seso.

copla 4

que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena, y tan çerca de aquella que las mugeres y niños se van a pie a librar sus negoçios casy por deporte sin ninguna pena, de la otra parte tan rricos y ajaezados que es cosa marauillosa poderse creer.

[…] Y, por çierto, los presos y muertos fueran mas de dos mill sy, la noche de antes, de sus guardas ssentidos no fueran. Y, dado fin a la entrada y despojo, assy por el clamor de las mugeres y niños que, en tanto que sus maridos y padres murien peleando, escaparon fuyendo a la çibdad de Granada, como por la nouedad y graueza del fecho tanto çercano a la dicha çibdad, el alboroço y rrebato fue tan grande aqui,

La glosa se aparta de la crónica en pocos lugares. La de la copla 4 es precedida de una corta introducción en la que Escavias expresa su admiración por el condestable:

No es duda syno quel fecho de Guadix suso rrecontado fue de muy grande audaçia y tanto caualleroso que a qualquier señor grande bastara para se rreputar glorioso e rreposar algund dia.

Fuera de esa adaptación del texto de la crónica dentro de su nuevo contexto, el de una glosa, algunas variantes indican un compromiso personal de Pedro de Escavias. Así, el cronista recuerda que, durante las campañas de Juan II al inicio de su reinado, “algunos grandes capitanes” habían pensado realizar una expedición contra Guadix, pero habían vuelto riendas a mitad camino sin atreverse a culminarla. Escavias añade “ya del camino a la çibdad de Vbeda se ouiesen tornado”, sin que se mencione esa ciudad en la crónica. Precisa también cómo los cristianos alcanzaron los dos lugares: “Y, andando toda la noche, a Guadix a la mano derecha dexando”, detalle omitido por el cronista que no carece de interés estratégico. En la glosa de la copla 4, se precisa el camino seguido por los asaltantes: “Y, una tarde, de Alcala la Real se partiendo, toda la noche Xenil arriba andouo fasta que amaneçio sobre unos lugares que son en somo de aquella tan populosa y cauallerosa çibdad, que son llamados el vno Armilla y el otro Aruriena”.

El interés de esas variantes reside en que completan la relación del cronista desde la experiencia de un testigo ocular. Sabemos que Escavias pudo haber presenciado las campañas de Juan II, del que fue paje, y también que participó en la expedición de la sierra de Zenete como capitán de la gente de Andújar, encargado del fardaje y de la retaguardia. Según parece, no se resistió a la tentación de precisar algún punto que el cronista había omitido. Así nos enteramos de que los cristianos rodearon a Guadix por el este para alcanzar Aldeire y La Calahorra y que, por el mismo motivo, siguieron el curso del Genil para llegar directamente a Churriana y Armilla sin cruzar por delante de las puertas de Granada. El cronista podía prescindir de esos detalles, no un participante activo que conservaría una imagen concreta e imborrable de aquella experiencia personal.

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Pedro de Escavias, Reportorio de Príncipes de España, cap. clxvii [año 1462]

Pedro de Escavias vuelve a mencionar esas incursiones de Miguel Lucas en territorio granadino en su obra magna, el Reportorio de Príncipes de España, abreviación de la historia de la Península, cuyo capítulo cxlvii y último resume el reinado de Enrique IV. En un apartado enumera a los privados del rey y, al evocar a Miguel Lucas, que fue uno de ellos, cuenta por qué motivo se alejó de la corte y cómo se casó en Jaén con la condesa, señora de la casa de Torres, y desde ese momento se dedicó a “[fazer] cosas buenas en tierras de moros”.

Dende a poco, boluio, con doss mill e quinientas lanças o pocas mas y con tress mill peones del obispado de Iahen y del adelantamiento de Caçorrla, a correr vnos lugares que son allende de la çibdat de Guadix, al pie de vna sierra que es llamada El Çenet, al vno de los quales dizen Aldeyra y al otro La Calahora, muy poblados de gentes y muy rricos de todas alhajas y joyas de oro y de plata y de seda y de lana, por ventura mas que otros lugares semejantes de todo el rreyno de Granada. La cabsa de su abundançia y rriqueza era porque, de todas las guer[r]as pasadas, sienpre estouieron seguros y guardados, porque alli nunca llegaron cristianos, por estar muncho metidos en el çentro de su defensa.

Y, al alua del dia, dio sobre los dichos lugares y entrolos por fuerça, do murieron munchos moros, y otros munchos con sus mugeres y ffijos traxo presos. Y los dichos lugares fueron de todo punto rrobados y puestos a saco mano y apenas, avnque el fardage era muncho, fue bastante de traer el despojo que de alli sacaron. Y asi vino y paso aquel dia con toda la presa por delante de las puertas de la çibdat de Guadix, do se talaron las viñas y panes y pasaron algunas escaramuças, y boluio con todo ello a la çibdat de Iahen. Y del trabajo del camino y de los grandes soles, que era por el mes de jullio, y del no dormir, perdieron munchos en esta jorrnada el seso por algunos dias, que no torrnaron en si.

De esto no bien rreposadas sus gentes, dende a veynte dias, torrno a la Vega de Granada con dos mill de cauallo y tress mill onbres de pie. Y, al quarto del alua, dio sobre otros doss lugares, llamados al vno Armilla y el otro Aruriena, que estan en somo de la çibdat de Granada y tan çerca della que las mugeres y niños se van a pie casi por deporte a librar sus negoçios y fazenderas. Y, sin enbargo de la dura rresistençia que en ellos fallo, los dichos lugares fueron entrados y rrobados y munchos moros muertos, y otros con las mugeres y fijos catiuos y presos, ca fasta los niños de teta acaeçio sacar en çeuaderas. Y, como quiera que, por ser tan çerca de Granada, salieron al rrebato fasta mill y quinientos de cauallo y munchos peones, el condestable boluio por la Vega de Granada y, a vista della con toda la caualgada, quemando y destruyendo quanto alcançar podia, sin que los moros osasen pelear con el. Y asi ssalio por Alcala la Real y se boluio a la çibdat de Iahen.

COMENTARIO

Ese capítulo final del Reportorio de Prinçipes de España fue añadido posteriormente a la obra, que en su versión original concluía con el reinado de Juan II. Por consiguiente, también es posterior a la redacción de las glosas a las Coplas y, por ese motivo, esos párrafos no comparten con ellas un objetivo común como el que se observa entre estas y el relato de la crónica de Los Hechos. El nuevo capítulo del Reportorio es posterior al año 1474 en que fallece el rey y, por lo tanto, se redactó por lo menos más de diez años después de la época en que actuaba el cronista de Los Hechos. Las circunstancias también eran muy distintas y es de suponer que la fama de Miguel Lucas habría perdido de su fuerza reinando Isabel y Fernando. Ello no impide que Escavias no dudó en insertar en su Reportorio un eco de esas hazañas del condestable, a pesar de que eso le alejara indudablemente de su objeto principal, que era narrar lo ocurrido en tiempos de Enrique IV.

Lo hizo con los ojos puestos en la crónica de Los Hechos a la que reproduce a veces literalmente: “muy poblados de gentes y muy rricos de todas alhajas y joyas de oro y de plata y de seda e de lanas e linos, por ventura mas que otros lugares semejantes de todo el rreyno de Granada” (Aldeire y La Calahorra). “[…] tanto cerca que las mujeres e niños dellos se van a pie a librar sus megoçios e façenderas, casi por deporte, sin ninguna pena”.

Ello no impide que, como en las glosas, añade algún detalle que no está en la fuente cronística pero que su memoria ha conservado: “ca fasta los niños de teta acaeçio sacar en çeuaderas[2]”. Es una visión que le impresionó, para bien o para mal. No estamos en condiciones de poder juzgarlo, pero tengo la debilidad de pensar que si la recordó es por el efecto de la compasión que le inspiró ver a niños pequeños echados en capachos que se solían usar para dar la cebada a las caballerizas, sin hablar de la angustia de las madres que no dejaría de manifestarse a lo largo del camino.

Julio de 2025



[1] Con la copla 7 acaba el códice del Cancionero, por lo que se ignora si el poema proseguía y si esa copla también tuvo su glosa.

[2] La acepción más acorde con este contexto es la que propone Martín Alonso, remitiendo a la Conquista de Ultramar: «morral o manta que sirve de pesebre para dar cebada al ganado en el campo» (Enciclopedia del idioma, s.v. cebadera). En expediciones militares también se necesitaban par dar de comer a las caballerías en los momentos de descanso previstos al efecto (“dar cebada”).