Mes: diciembre 2025

Correspondencia con Pedro García Cabrera

Correspondencia con Pedro García Cabrera

Un mes en Tenerife, abril de 1964

Después de cumplir el primer curso, los alumnos de la Escuela Normal Superior de Saint-Cloud disfrutarban de una beca de un año (no contabilizada dentro de los cuatro años que componían el cursus legal) para residir en el extranjero sin obligación particular, oportunidad que un hispanista en ciernes no podía perder. Michèle se mostró conforme. Es así como la pareja de recién casados salió rumbo a Madrid con la firme intención de aprovechar esos meses para viajar por toda España y ampliar el círculo de nuestros conocidos. En vista de ello, compramos una Renault Ondine de segunda mano, con matrícula americana de Florida, lo que abarataba mucho el coste. Fue nuestra fiel Rocinante hasta el final de nuestra estancia.

Ya titular de la Licenciatura, decidí dedicar dos años a una tesina [Diplôme d’Études Supérieures] sobre El Mono Azul (véase ‘Esbozo biobibliográfico’): el primero en Madrid para reunir el material, el segundo, en París, para la redacción y la lectura. Durante el primer trimestre, de octubre a diciembre de 1963, trabajé en la Hemeroteca municipal de Madrid, donde se conservaba una colección de la revista, que completé gracias a la ayuda del librero Miranda, de la calle del Prado, que me facilitó los números que allí faltaban. Desde ese momento, instalados definitivamente en una pensión de la misma calle, a dos pasos del Ateneo, al que solía acudir después de cenar para ahorrarme la molesta presencia de un televisor de reciente adquisición por los dueños de la pensión, empezamos a viajar.

El día primero del año (1964), después de la Nochebuena que celebramos con nuestros amigos madrileños, nos fuimos a Judes, pueblo donde había nacido mi padre, cerca de Arcos de Jalón (Soria), acompañados por dos compañeras de curso, Nicole Avant y Catherine Spinetta. Aquella preparaba, con el mismo director que yo, el Profesor Robert Marrast, una tesina sobre La Gaceta de Arte, publicada en Tenerife en los años anteriores a la Guerra civil. Nicole había estado en las Islas para trabajar en su tesina y había vuelto encantada. Insistió para que fuéramos a Tenerife, asegurándonos de que allí conoceríamos a gente de gran calidad intelectual y artística. Su entusiasmo nos convenció y decidimos dedicar el mes de abril a esa aventura.

De esa temporada, solo nos quedan recuerdos viejos de más de sesenta años, algunas sensaciones y poquísimas fotos. A pesar de ello, lo poco que conserva nuestra memoria ayudará a comprender en qué circunstancias se inició nuestra correspondencia con Pedro García Cabrera, de la que solo conservamos las cartas de nuestro amigo.

En los primeros días de abril, embarcamos en Cádiz en un buque de la Transmediterránea con rumbo a Santa Cruz. Fue un viaje de pesadilla. Tuvimos la mala idea de sacar billetes de tercera clase, como era natural para una pareja de estudiantes que vivía con una sola beca, poco abundante además, sin medir las consecuncias que ello suponía. Carecíamos de experiencia, ya que Michèle solo había viajado a Córcega con sus padres; en cuanto a mí, era mi primer viaje en barco. Lo peor era que los pasajeros de tercera se alojaban en dormitorios, que no camarotes, los cuales naturalmente no eran mixtos. Además, tuvimos que soportar la proximidad de un fuerte contingente de legionarios, la cual resuló tan molesta que el comandante optó por ascender a segunda a las viajeras de tercera, lo que amenizó mucho la prueba para Michèle y sus compañeras. En cuanto a mí, debo confesar que pasé las tres noches y dos días de viaje sin moverme de mi cama, intentando desviar la vista de la ventanilla a la que estaba pegado para no anegarme en las aguas del océano que la batían hasta media altura. Llegué a Santa Cruz destrozado pero me consolé al observar que Michèle lo había pasado mucho mejor.

Al cabo de unos días, una vez superado el mareo y recobrado el dominio de la estación vertical, había llegado el momento de familiarizarnos con el nuevo marco de vida. El hotel en que nos alojamos era modesto pero lleno de encanto. La habitación daba a un patio al que alegraba el canto de unos pajaritos enjaulados. Fuimos descubriendo poco a poco algunas características de la vida isleña. Algunas no nos sorprendieron demasiado, como la suavidad de la temperatura aunque, si no me equivoco, en el mes de abril suele llover con frecuencia. La flora era abundante y coloreada: las jacarandas cargadas de flores, las begonias a lo largo de las carreteras, las palmeras, y los imponentes dragos. También nos sorprendió la gran variedad de tabaco en venta, incluidos los puros, cuyo uso no parecía reservado a señores adinerados, como en nuestro país. Muy pronto nos familiarizamos con la guagua porque, desde el momento en que preguntábamos a un transeunte cómo se iba a tal o cual lugar, siempre nos remitía a esa institución del transporte urbano isleño, aunque el sitio quedara cerca. Nos sorprendió observar que la Casa de Correos tenía cuatro buzones: Canarias; Continente (metrópoli); Extranjero; Venezuela. Nos iniciamos también a la gastronomía local: el potaje con gofio; el pescado, principalmente la vieja; las papas negras o blancas, y la manera de guisarlas (arrugadas); los diminutos plátanos; las naranjas ligeramente aplastadas en su centro, etc.

Aprovechando que habíamos embarcado nuestro coche, recorrimos la isla solos o en compañía de algunos amigos. Las expediciones más memorables fueron la del Teide, con la bajada, con el motor apago, hasta Vilaflor; la de Tacoronte con Pedro y Matilde; la del nordeste de la Isla, con su verdura, su niebla y su relieve, y su niño titiritando de frío que pedía limosna. La visita de Puerto de la Cruz fue breve, porque descubrimos allí las premisas de un futuro desarrollo turístico del que conocíamos ya los efectos nefastos en las costas francesas y españolas. A La Laguna solíamos ir a menudo, porque conservaba el encanto de las primitivas ciudades coloniales y por su Universidad. Allí asistimos con Domingo Pérez Minik a una conferencia del dramaturgo Alejandro Casona, que acababa de regresar de su exilio, una de las últimas que dio, ya que murió al año siguiente (1965). En cambio, no disfrutamos demasiado de la playa, porque el tiempo no se prestaba a ello y por cierto encuentro con una pareja de guardias civiles. Michèle llevaba un traje de baño de dos piezas, lo que estaba prohibido entonces en España, y más en Canarias, cuyo obispo denunciaba entonces los bailes populares como una antesala del Infierno. Tuvo que cubrirse y lo hizo sin discutir, con la seguridad de que no serviría de nada intentar convencer a dos jóvenes que cumplían órdenes y de los que sospechábamos que, envarados en su uniforme de invierno, con gusto se lo hubieran quitado.

Poco a poco, fuimos visitando a los amigos de Nicole: Eduardo Westerdahl, su esposa, Maud; Pedro García Cabrera y Matilde; Domingo Pérez Minik y Rosita principalmente. El recuerdo que les había dejado Nicole era excelente, así que la acogida que nos reservaron fue afectuosa desde el principio.

Los veíamos a menudo. Cenamos más de una vez en casa de Domingo Pérez Minik y Rosita, que sufría ya entonces del reuna deformante que la achacó hasta su muerte. Ella y Michèle se llevaban muy bien. Vivían en un edificio reciente que se había construido en el solar donde tenían su casa, y conservaban algunos cuadros de pintores surrealistas. Manteníamos también un trato frecuente con los Westerdahl, especialmente con Maud, oriunda de Limoges, ciudad cercana a la Turena donde teníamos nuestra casa. Su conversación era interesante porque, durante su vida en París y su vida común con Oscar Domínguez, había conocido a grandes artistas, entre ellos a Picasso. Ofreció a Michèle un preciosa sortija que desgraciadamente se perdió en un viaje posterior. Pedro y Matilde nos llevaron a varios de sus lugares predilectos con la intención de hacérnoslo descubrir. En Tacoronte, conocimos a Salvador Fuentes, con el que había compartido cárcel y que era productor de un vino tinto rústico pero agradable. En Vilaflor, merendamos en un pinar y hablamos de escritura poética. De allí nos acercamos a Los Cristianos, que era la playa preferida de Pedro. Visitamos diversas instituciones culturales de Santa Cruz. Recuerdo perfectamente la que hicimos del Museo arquelógico, guiados por su Director, Luis Diego Cuzcoy, que nos inició a la cultura guanche, gracias a las preciosas momias conservadas en él. También presenciamos algunos momentos compartidos por poetas y pintores, como esa lectura poética que dio uno de ellos, Carlos Pinto, médico en un hospital siquiátrico.

Cuando llegó la hora de volver a la metrópoli, no quisimos repetir la dura prueba de los barcos de la Transmediterránea. Los amigos nos recomendaron viajar por un buque de carga, práctica que aún no se había generalizado. Algunos barcos de la Naviera Pinillos ofrecían un número limitado de camarotes. El que elegimos tenía tres o cuatro muy confortables, de los que solo dos fueron ocupados, uno por una pareja de alemanes, el otro por nosotros. Las condiciones fueron idílicas. La tripulación nos atendió como a recién casados en su viaje de novios y, de hecho, lo fue, aunque ocurriera seis meses después de la ceremonia oficial. Embarcamos al atardecer en Santa Cruz. Hicimos noche en Las Palmas. El día siguiente, mientras se cargaba el buque, recorrimos con nuestro coche la costa de la Isla Grande. Salimos al anochecer con rumbo a Barcelona. Cruzado el Estrecho, navegamos, con la costa a la vista, por una balsa de aceite hasta el final de nuestro viaje.

Desde ese momento, no tuvimos más contactos que epistolares con nuestros amigos canarios, exceptuando algunos escasísimos encuentros en la metrópoli con Pedro y Matilde, al final de su vida, y la estancia que hizo en nuestro piso de París Enrique Lite a principios del año 1965. Nuestro corresponsal privilegiado fue Pedro García Cabrera. El nos mantuvo al tanto no solo de sus actividades sino también de las de los demás amigos canarios. Sirva esta transcripción de sus cartas de testimonio de un momento importante de la vida cultural de las Islas, cuando se fueron tirando las vallas que habían impedido durante tantos años una creación libre de trabas de toda clase.

No conozco mejor definición de la poesía de Pedro García Cabrera que estas líneas de G. K. Chesterton (1874-1936), Le studio de l’inutilité (Paris, éd. Flammarion, 2012, p. 52-53).

“[…] le don du poète (qui est aussi le don de l’enfant) consiste en la capacité de rester relié au monde extérieur, de contempler les choses avec une attention intense et totale, et de tomber en extase devant le spectacle du réel”.

“[…] los dotes del poeta (que también son los del niño) consisten en la capacidad de permanercer en contacto con el mundo exterior, de contemplar las cosas con una atención intensa y total, y de caer en éxtasis ante el espectáculo de lo real”.


 

CARTAS DE PEDRO GARCÍA CABRERA

(1964-1976)

 

Doble dedicatoria de Líquenes,

al Gremio de Artes Gráficas (1928)

y a Michèle y Michel (22-IV-1964)

 

S/C de Tenerife, 29 de mayo de 1964

Sres. Garcia – Enjolras. París.

Queridos amigos:

Recibimos vuestra tarjeta de Barcelona. En ella me anunciaba José Domingo que me escribiría, pero aún no lo ha hecho. Anteayer, por fin, la carta de Michèle desde Dax. Me alegró mucho de que todo haya tenido un feliz remate: aduanas y amigos. Y que el mar se portase tan cortés con vosotros.

Ya sabía por la hermana de Matilde que no habíais podido localizarla. Lamento la molestia que con ello os ocasionamos. Ayer le escribí a Rosario para que recogiese el paquete en Hilarión Eslava, 13. Ella se ha mudado de domicilio en estos días. Como le habíamos anunciado vuestra visita, la pobre nos dice que os tenía preparados unos bocadillos y unas cervezas, que tenía en hielo para invitaros. Un día antes de la vuestra llegó esa para vosotros, que adjunto. Perdonad que vaya abierta. Creyó Matilde que era de vosotros para nosotros y hasta que la abrió no se dio cuenta de su error.

Eduardo y Maud tuvieron un accidente de automóvil en la carretera del Sur. Fue en una recta. Un coche, en dirección contraria, al llegar a la altura del de Maud, se le atravesó. Una maniobra muy extraña. Eduardo está enyesado con fracturas de homoplato y muñeca izquierdos. Latosa y pesada la recuperación pero sin gravedad. Maud y Hugo, con contusiones. Pero ya están perfectamente bien.

Nosotros estamos en vísperas de irnos a Los Cristianos. Tomaré las vacaciones de 8 de junio a 7 de julio. Estoy bastante agotado y necesito descansar, bañarme en el mar y escribir en mis libros. Vdes, sigan escribiendo, si quieren, a Sta Cruz, que ya me enviarán toda la correspondencia a la playa. En principio, iba a ir al Médano, a un chalet un poco más allá del Bar por debajo del cual Vds pasaron el día que estuvimos allá abajo. Pero era muy grande: 7 habitaciones y, para nosotros 3, era demasiado. En vista de ello optamos por un apartamento en Los Cristianos. Es menos playa pero a mí me encantan sus marineros, con los que charlo de lo lindo todas las tardes. Además de que en aquel lugar me identifico más con la soledad de la mar y me facilito la creación poética.

Hemos extrañado vuestra ausencia. Ya les queríamos. Es una pena estar tan lejos. Pero, como dice Michèle: ¡Viva el correo! Más lejos estamos nosotros de la libertad y también gritamos: ¡Viva la esperanza!

Me complace que hayan simpatizado con José Domingo: es un muchacho que vale mucho. Su esposa es también encantadora. Vdes pueden verse con facilidad. En cambio, nosotros, en una isla, hemos de soñar en el rostro y las manos de nuestros amigos. Una isla, por bella que sea, siempre es un poco tumba y ningún rincón es bello para morir. Por eso, evocar, rêver, es nuestro puesto de escape, la única salida que tenemos siempre en todo instante. Por eso, vuestra visita, como la anterior de Nicole, ha sido un sueño.

Día 1-6-64. Acabo de recibir carta de José Domingo. Está encantado con vosotros. Miel sobre hojuelas. Ya sé por él que volveréis a Barcelona unos días.

Hemos comenzado a arreglar la casa de Tacoronte. Cuando regrese de la playa de Los Cristianos, nos iremos arriba el resto del verano. Bajaré y subiré diariamente mientras dure la jornada de verano, que para mí será hasta octubre.

Bien abrazos de todos. Cariñosamente.

  Pedro.

 

Tacoronte, 8 de agosto de 1964

Mis queridos Miguel y Michèle:

Al regresar de Los Cristianos el 17 de julio, me encontré con vuestra hermosa carta y con el riquísimo primer envío de sellos. Gracias, muchas gracias. Con la vuestra, esperaba otra de Nicole. Me decía que había hablado con vosotros al regresar de esto. Os copio sus palabras: “Estaban llenos de vitalidad, seguros de sí, da gusto verles vivir”. De Nicole acabo de recibir una postal de New York, desde la O. N. U.

Hoy llegó la vuestra de Cannes. Muy fresquita, es decir, muy reciente, del día 5, también con unos sellos. Debo deciros que sin sellos también os quiero lo mismo, que no condicionéis vuestras cartas a los sellos. Eso sería echar como una sombra sobre la claridad de nuestro conocimiento y afecto.

En Los Cristianos, lo pasé mejor que otros años. Vivir con el mar, con la mar. Con la mar y no junto al mar. Bañarme a las 8 de la mañana, siempre antes que después, apenas saltar de la cama. Después, desayunar y marcharme a lugares aislados a escribir y gozar del mar a vista hasta la hora del almuerza. La siesta enseguida y, por la tarde, a charlar con los marinos. Escribí mucho, unos 20 poemas en el mes. Al regresar a Los Cristianos, hemos subido a la casa de Tacoronte. La hemos remendado lo bastante y de aquel caserón abandonado, hemos hecho un lugar confortable. Bajo a Santa Cruz y subo todos los días, en coche de mis amigos. A las 21/2 de la tarde, ya estoy aquí, rendidas las 6 horas de trabajo. Hoy, sábado, como termino la jornada a midi, me fui a casa y encontré la de Cannes. La leí allí, en Santa Cruz, en la salita de estar donde hemos estado juntos. Antes de leerla, encendí un cigarrillo inglés, de una caja que dejó Michèle. Así, mientras os leía, os sentí mucho más cercanos y, al mismo tiempo, más dulcemente lejanos.

Unos días después de partir de aquí, tuvieron un accidente de auto Maud, Westerdahl y Hugo. Fue en la carretera del Sur, cerca de Candelaria. No fue grave. Hugo con ligera contusión en un muslo. Maud, varios golpes en cabeza y brazo, sin mayor importancia. Eduardo con fisura de homoplato y muñeca. Estuvo con el brazo en cabestrillo un par de semanas, sin ir al Banco. Ya están todos bien.

José Domingo me escribió. Me dice que sois encantadores. Cuando me habláis de mis amigos, de que si los amigos de Pedro, debo deciros que esos amigos son obra vuestra, que todos son lenguas elogiosas en vuestro favor. Y esto no me lo debéis a mí, sino a vosotros mismos, a vuestra simpatía y gentileza. Ciertamente que yo tengo amigos. No sé si alguna vez logré inspirar amor; pero amistad, sí. Matilde misma fue amistad antes que amor. En vuestro caso concreto, soís amigos míos y del hogar, cosa un poco difícil. Matilde, a quien le he leido la vuestra de hoy, me dice, mientras riega las flores con su manguera, que con mucho gusto os recibiría nuevamente aquí, que le gustaría volver a teneros en Tenerife. Y si una dueña de casa dice esto, está dicho todo.

Aquí en Tacoronte, sigo escribiendo este verano. No tanto como en la mar pero sí algo. He escrito el romance de Vilaflor. Es solo el pinar en el que estuvimos almorzando. He recordado vuestra compañía. Miguel, ¿te acuerdas de aquella confidencia en la que me hablaste de la naturalidad de Michèle, dejando, al sentarse, los muslos a lo vivo? Una imagen del poema habla de los muslos a los pinos. Es un recuerdo sin nombre, sin persona, oculto bajo una palabra, de vosotros dos.

Salvador Fuentes estuvo ayer aquí. Está muy atareado. Este año, la cosecha de uvas no es muy buena.

Tuvimos la visita de Julián Marías, el discípulo predilecto de Ortega y Gasset. Dio 3 conferencias. Levantaron llamaradas. Dijo cosas tremendas, vivas, actuales. Una, la dijo en el Instituto de La Laguna, donde vimos a Casona. ¡Qué diferente era aquel local recogiendo las palabras de uno y otro! A Casona, le oímos, a Julián Marías, le vivimos y nos vivíamos.

Bueno, salud, como en tiempos de la República. En París os espero. Un abrazo muy fuerte de los tres para los dos. Iba a terminar. Os escribo en el comedor de Tacoronte. Pero acabo de fijarme en la botella de ron Bardinet que compró Michèle para hacer las tortillas en casa, el día en que invitamos a Sartoris [Alberto Sartoris, arquitecto]. Está como mismo la dejastes, Michèle. No hemos tomado nada de ella. Pero, si algún día hace frío, tomaremos una copa y al cabo del licor, tendrá el calor de nuestra amistad. Otro abrazo,

  Pedro

 

Tacoronte, 25 de Agosto de 1964

Queridos Michèle y Michel Garcia:

Gracias, Michel, por tu bella carta. Efectivamente, el día de mi cumpleaños es secreto. Apenas si lo conocen algunas cuantas personas. Y cada vez será menos conocido. Porque ese día sólo tiene un significado para los padres, los abuelos, los tíos que formaban parte del clan familiar en que nací. Sí, ya sé que esa fecha figurará en alguna biografía que de mí se ha hecho, pero entonces esas fechas sólo sirven para situarlo a uno dentro de una generación literaria y están desprovistas de toda intimidad. Ese día lo he convertido en uno más, aunque mis 59 años no sean ya un grano de anís. Solamente el beso de mi esposa más fuerte y alguna sorpresa en la mesa, a la hora de almorzar. Todo lo demás que va unido a ese día, en forma de recuerdo, se ha quedado enterrado muy adentro, hasta el punto que le cuesta trabajo salir a la superficie, hacerse conciencia. No es precisamente olvido, sé que está en el desván de los trastos inservibles. Si acaso, de ese 19 de agosto recuerdo una nadería. Es ella que, mientras estaba en la bodega del barco, al mirar hacia arriba, buscando un poco de azul con lo mirado, sorprendí que los palos y las jarcias del buque, con sus líneas tensas y abstractas, eran un dibujo de Kandisky o de Paul Klee. El otro aspecto, el humano, el aconteciumiento en sí, no tiene ya vida por sí mismo sino en cuanto ha servido para moldearme, entre otras cosas uno de esos moldeos ha sido eso que, tú lo dices, se parece a bondad. Ya tendréis tiempo de serlo vosotros. Ahora, humanistas y revolucionarios. Lo demás se os dará por añadidura, si la evolución es normal por esa doble vía del tren de la persona. No creáis que trato de aleccionaros. Vosotros tenéis el mejor de todos los maestros, que es la juventud y el amor. Son las dos fuerzas mágicas que todo lo pueden.

Sí, mis amigos, amo en vosotros estas fuerzas mágicas y vuestra amistad me las reencarnan.

Soy, pues, dichoso por haber venido a las puertas de mi corazón en ese día.

En París tendréis una carta mía. Esta la dirigiré a Mme Bartholet. Estoy seguro que, de no estar vosotros ahí, la recibiréis.

Matilde os envía muchos abrazos y me dice lo de qiempre: que le gustaría volver a veros por aquí. Saludos de Ani. Y un abrazo muy mío de

  Pedro

 

[Tarjeta de ] FELICIDADES 1965

  De la isla en que vivo

Hoy es la muerte de una mariposa,

volando sobre el mar,

lo que ha llenado el día.

Buscaba una ola quieta

en que poder posarse

y no volvió del agua.

No hubo suicidio

lucha

ni tristeza.

Llegó tan sólo al borde de sí misma,

al ras con ras de su silencio,

con esa sencillez con que el cielo es azul,

nube la nube y pájaro el sonido.

El mar no la hizo suya,

no pudo dominarla.

Cuando cayó estaba ya cumplida

la mariposa que era,

el preludio de libertad de su suelo.

  Pedro GARCIA CABRERA

 

Santa Cruz de Tenerife, 11 de Febrero de 1965

Queridos Micheles:

Recibida vuestra tarjeta de 28 de Enero y anteriormente la de Michel acusando recibo de mi felicitación por Pascuas. Le di a leer vuestra tarjeta a Pérez Minik y me dijo que os había escrito y que seguramente se cruzaría con la nuestra. Supongo que a esas fechas estará en vuestro poder.

Y vamos con las noticias. Ayer, a la 1 y ½, la mujer de César ha tenido 2 gemelas. Lo mismo la madre que las dos recién nacidas se encuentran muy bien. Nacieron en 10 minutos de intervalo. Creo que esto os alegrará.

El verano pasado me fui a Los Cristianos. Es la playa que, por su seguridad, me va a mí mejor entre todas las de Tenerife. A mí me gusta entrar en el mar muy temprano, antes de las 8 de la mañana. Después me desayuno y busco lugares solitarios, a la misma orilla, donde me pongo a escribir. El verano pasado escribí mucho, más que nunca, casi un poema diario. Después del mes en la playa, nos subimos a Tacoronte. Arreglamos la casa y estuvimos arriba hasta mediados de Octubre. Bajaba a trabajar las mañanas y subía a las 2. Como tengo muchos amigos con coche, bajaba y subía con ellos. En Tacoronte seguía escribiendo por las tardes en el libro de romances sobre los pueblos de la isla. Allí hice el de Vilaflor y me acordé de vosotros. Una imagen del poema está sugerida por la presencia en el pinar de Michèle. Al regreso, el grupo de poetas jóvenes que conocisteis en casa de Carlos Pinto [Carlos Pinto Grote, poeta y psiquiatra], me invitó a dar un recital con ellos en un colegio universitario de La Laguna. Este grupo está publicando una colección poética en libros pequeños, à poche [sic por de poche], y me pidieron original para un tomito, que ya les entregué: se titulará De la isla en que vivo y son poemas escritos en Los Cristianos. Ya os mandaré un ejemplar cuando se edite.

Por Noviembre tuve un contratiempo. Me hice un análisis de sangre y tenía un poco de azúcar. Como no soy diabético, con un régimen de comidas apropiado la elimino, sin utilizar medicamentos. El régimen no es duro ni severo, pero me ha hecho bajar casi 10 kg. de peso. Ahora estoy en 65 kg. Me siento más ágil. He eliminado barriga. Estoy contento. Y también otro percance: se me ha vuelto a abrir la herida de la guerra en la rodilla. Me hallo sometido a curas del especialista que me ha tratado siempre esta lesión. No estoy apenado por ello. Pienso que esta herida es la huella que me dejó mi sed de libertad. He de amarla para no caer en la noche del espíritu y en la desesperanza.

Matilde está ahora aprendiendo a conducir. Mientras yo os escribo, está en la misma mesa íntima que conocéis, estudiando “test” de circulación para el examen. Ani, a la vez, merienda, regresada ya de la academia donde estudia taquigrafía y contabilidad. También asiste a francés en la Alianza francesa.

Todos los amigos están bien. Lo mismo Eduardo y Maud que Dorita y Agustín. A Dorita se le murió el padre. Esta carta parece la gacetilla de un periódico. Pero creo que estas cosas tan de todos los días os acercarán más a nosotros, atrapados en el encierro de una isla.

Este invierno ha hecho mucho frío y ha caído mucha nieve. Un día, subimos al Teide. Quisimos llegar hasta Las Cañadas, pero la nieve tenía entorpecida la carretera y no pudimos llegar. Es un bello espectáculo nupcial ver todo blanco.

Debo decirte que los sellos son siempre bien recibidos. Muchos de Francia, los he sustituido en mi colección por los que me habéis enviado. Quiero que en mi álbum estén todos mis mejores amigos. Muchos no los tenía. El ejemplar último de franqueo con el esmalte del siglo XII es estupendo. Gracias, gracias y gracia García. ¿Volveréis por aquí alguna vez? Nuestra casa es la vuestra, y en Tacoronte también tenéis una habitación en que dormir. Muchos abrazos de Matilde y Ani. Mati os quiere igual que yo.

Hasta vuestra felicidad

  Pedro

 

Santa Cruz de Tenerife, 26-IV-65

Sres. Michel y Michèle Garcia-Enjolras París

Queridos amigos:

Creo que me escusaréis por mi silencio. He debido escribiros mucho antes, porque era mi obligación acusaros recibo y daros las gracias por vuestro hermoso obsequio enviado con Lite [Enrique Lite]. Este vino a casa el 12 de marzo pasado y justamente 2 días después, era el santo de Matilde, de modo que vuestro envío fue el primer regalo que recibió Matilde en su onomástica. El primero de la calle porque yo le había ya regalado un Simca 1000 nuevo. De modo que cuando volváis por aquí disponéis de coche y no necesitáis traer el vuestro a Canarias. Matilde está ahora haciendo peninos con el Simca. Sale todas las tardes con un chófer amigo mío, un extaxista, que le acompaña hasta que adquiera total soltura de volante. Matilde me dice que emplee las palabras más expresivas para agradeceros vuestro recuerdo y que no olvida vuestra amistad y os quiere mucho.

Lite viene encantado de París, de vosotros, de vuestros padres. Me ha dicho que vosotros sois muy agradables, pero que vuestros padres os superan aún más en tal sentido.

Este año no iremos a Los Cristianos pues, aunque mi pierna va muchísimo mejor, el médico no quiere que me bañe en el mar porque la arena en suspensión en el agua no me va bien para la herida. Nos pasaremos, por tanto, en Tacoronte el verano. Este año queremos que venga de Madrid mi hermano Anatael, que está bastante agotado por el trabajo; es profesor de la Academia Bilbao: trabaja mucho y gana poco. Los 3 hermanos que vivimos aquí queremos traerlo. Creo que, de venir, solamente estará un mes o poco más. Por consiguiente, si venís a España este verano y queréis dar un salto a Tenerife, os ofrezco casa y comida en Tacoronte o aquí en Santa Cruz. Todo lo arreglaríamos sobre la marcha. De modo que ya lo sabéis: nuestra casa y nuestra mesa está a vuestro servicio durante el verano; todo el tiempo que queráis acompañarnos. Sabed bien que esta invitación no es de boquilla sino de verdad. Y no necesitáis traer sino vuestra juventud, vuestro amor y vuestra cordialidad.

Os adjunto carta para Nicole. A nuestra amiga no se le puede coger posada. Hasta para escribirle hay que hacerlo en vuelo. ¡Maravillosa Nicole! Tiene las alas de Pegaso.

Ahora, los domingos a las 11, mientras Matilde se va a pasear su SIMCA, yo me voy al cine-club. He visto una película de la ‘Nouvelle vague”, Jules et Jim de François Truffaut y A bout de souffle de Jean-Luc Godard, que me han dejado frío, sin despertarme interés. Sobre todo la primera. En cambio, una sesión de documentales franceses, entre ellos La petite cuillère de Villardebot [Vilardebó] y otros de Agnès Varda me entusiasmaron. La última que he visto Sommarlet (Jeux d’été) de Ingmar Bergman me gustó algo, pero no terminó de convencerme. ¿Por qué gastarán tanto tiempo y dinero en pequeños problemas personales, habiendo tantas cosas transcendentales que decir al público?

¿Cómo marchan vuestros estudios este año? Habladme de vosotros cuando tengáis tiempo.

Todos los amigos están bien. Las gemelas de César se crían estupendamente. Hace unos días que fui a verlas, da gloria mirarlas. Tan pequeñas y ya sonríen de manera distinta una y otra.

Bueno, amigos, hasta otro. Abrazos de estos amigos que han quedado “touches” [touchés] por vuestra gentileza y confianza. Hasta la próxima os deseo muchos bienes.

  Pedro

¿Encontró Miguel material importante en Valencia para su Mono azul?

 

Santa Cruz de Tenerife, 9 de marzo de 1966

Ms. Miguel y Michèle Garcia-Enjolras. Paris

Queridos amigos:

Al fin rompo la isla de mi silencio. No, no ha pasado nada. A veces huyo de escribir, no tengo nada que decir, es decir, me parece que son estupideces las ideas que me vienen. Debe ser que atravieso una etapa de poca alegría. No sé en realidad a qué atribuir tanto desgano como tengo. Quizá sean los años que se me han echado encima o tal vez la presión baja. Lo cierto es que cada día me encuentro más torpe para todo, incluso para mi trabajo ordinario. Sé que esto no va bien, que no debo entregarme a la angustia de ver pasar los días sin que traigan algo vivo en el pico. Me duele esperar tanto. Eso es todo. ¿Y para qué ir a vosotros lleno de soledades? Es preferible condenarme al silencio, ya que no soy capaz de retoñarme de alegría.

Pero, en fin, no todo es gris. Ahí estáis vosotros. Os hablaré de los amigos.

Dorita se desenvuelve bastante bien. La casa donde vivía era de ella y estaba a su nombre. Agustín le dejó unos seguros de vida, que ha cobrado – unas 200.000ptas -. Dorita, además, asiste a la Universidad. No sé si sabéis que a ella le faltaban 2 asignaturas para tener la licenciatura de Ciencias Químicas. Dorita fue una estudiante bien dotada y va sacando las 2 asignaturas. Con el título podrá dedicarse a dar clases y sacar adelante a sus hijos. A Dora se la quiere mucho y sus situación económica no es agobiante ni fea.

Este año eligieron a Ani reina de las Fiestas de Invierno de S/Cruz. Empezó todo como un juego. En el Instituto la invitaron a representar a un conjunto artístico que llaman “Los Fregolinos”. Son viejos cantantes, casi todos de mi edad – 60 años -. Digo en el Instituto porque Ani ha querido este curso terminar el bachillerato elemental y la reválida. Pues la eligieron reina entre 18 candidatas. Se ha divertido mucho y nosotros también, aunque yo siempre guardé las distancias para dejarla a ella en libertad y no sintiera el peso de mi generación sobre su cetro.

Mis libros siguen sin publicarse. Todo son dilaciones y obstáculos, si uno quiere hacer las cosas independientes. El verano pasado, escribí mucho. Pero, en el otoño pasado, no he hecho nada que valga la pena ni tampoco he dado golpe en lo que llevamos de invierno, con 20 grados el día más frío.

Recibí tus sellos del Japón, muy hermosos. Y también los que franquean vuestras cartas. Vosotros sí que sois unos amigos estupendos. Era para haberme mandado a la porra ante mi silencio y no lo habéis hecho. Tengo mucho que aprender de vuestra fidelidad al recuerdo de conocernos.

No quiero seguir para que salga esto hoy mismo. Seguiré un día de éstos escribiendo. Pero mi abrazo está siempre vivo para vosotros.

  Pedro

 

Santa Cruz de Tenerife, 25-V-67

Ms. Miguel y Michèle Garcia-Enjolras. Paris

Queridos amigos:

He recibido vuestra carta con la magnífica foto del espléndido Patrice. Cuando, en enero pasado, supe su nacimiento, quise escribir un poema a vuestro hijo. Lo elaboré mentalmente durante varios días pero, cuando me puse a escribirlo, no me gustó: se me había convertido en palabras, nada más, sin fuerza expresiva. Fue un fenómeno curioso: mientras imaginaba el poema, salió bien, lo consideraba una buena obra. Después, al traducirlo en palabras, éstas nacían sin vida. Se conoce que me había chupado toda su emoción. Luego, esperando que acertara en otra ocasión, ha pasado el tiempo, sin poema y sin carta. Pero ahora, será distinto. A la vista de la foto de Patrice, he empezado un nuevo poema que os enviaré cuando lo termine. El está ahora en ese momento en que habla con gesto y ademanes, ese lenguaje universal de la vida, antes de que los vocablos nos den una patria y nos hagan distintos a los demás. Lo que quiero es que un poeta de las islas le salude y dé la bienvenida al mundo y al afecto. Y que esto suceda ahora, cuando él no tiene el don de la palabra, cuando, como los pájaros, entendemos su canto, no importa dónde hayan nacido. Hablamos a menudo de la debilidad de los niños, pero no de su tremenda fuerza viva, de su colosal vivacidad expresiva.

He enseñado la foto a varios amigos: a Domingo, a César, a Lite, y algunos otros amigos que conocisteis aquí, entre ellos Salvador, el de Tacoronte. Todos se han mostrado encantados con vuestra paternidad y con el sol de hijo que tenéis.

Justamente anoche tuvo lugar la apertura de una exposición de pinturas de Lite. Hizo la presentación Domingo. Ha sido tal exposición una verdadera sorpresa. No creía que Lite fuera capaz de trabajar tanto en cantidad y en calidad. Indudablemente, el viaje que realizó a París, vuestra compañía, la experiencia de un ambiente tan cargado de posibilidades artísticas como en la ciudad en que vivís ha obrado poderosamente en el logro de sus cuadros. Es lo que más falta a casi todos los que vivimos en el medio insular, el ver cómo nuestros sueños tienen realidad más o menos afín a nuestra intimidad entre personas a los que ignoramos, con los que no hemos entablado relaciones. Lite, anoche, me enseñó la carta que había recibido de vosotros, con la noticia sobre los Tarquis. Todos los que os han conocido, tanto aquí como en París, hablan de Vdes. en términos muy elogiosos y sois en verdad muy apreciados. Pero, volviendo a Patrice. No me extraña que sea tan observador, que sea tan sencillamente normal, tan vilamente perfecto. Es el fruto del amor y de la ternura, un fruto de selección. Yo lo había ya visto retozar en la mirada de Michèle cuando veía un níño aquí, concretamente en Tacoronte, en casa de Salvador; nunca había visto tal éxtasis como lo que reflejó la cara de Michèle. Desde entonces, ya había comenzado a nacer el hijo, ese que ahora es Patrice.

Yo ahora estoy muy bien de salud. No me molesta nada la pierna y, como he adelgazado algo, me siento más ágil. Trabajo mucho, aunque en la oficina, y poco en poesía. Pero en el verano, el mes de vacaciones es muy fecundo y escribo diariamente un poema. El libro Compañera te doy está ya impreso en Madrid, a falta sólo de tirar la portada. Anoche hablé con un hermano del dueño de la imprenta, encareciéndole que imprimiesen la portada lo antes posible. Espero que por todo el mes de junio próximo lo tenga en mi poder. Ya os enviaré un ejemplar, lo mismo que a Nicole, a la que no olvido, y para quien deseo los mayores bienes.

Tengo, además, otro libro casi acabado. Se titula Las islas en que vivo. Son poemas sobre el mar, escrito todo él en Los Cristianos, la playa adonde voy todos los años, el mes de julio. Estoy comprometido a entregar el original en septiembre para su publicación aquí en Tenerife. Sigo trabajando otro libro de romances, La vuelta a la isla, que va muy avanzado, si bien tengo prisa en forzar su conclusión.

Ani continúa sus estudios. El año pasado hizo 4° de Bachillerato y Reválida en junio y en septiembre el ingreso en la Normal de magisterio. Este año estudia 1° de maestro y en los primeros días de junio le darán las calificaciones del curso. Veremos qué pasa. Matilde bien. Con su SIMCA sin novedad, después de sufrir un pequeño accidente sin consecuencias. Por cierto que Matilde quiso enviaros algún obsequio para Patrice. Luego desistió de momento, pensando que sería mucho más hermoso lo que tuviere el sello de París que lo que pudiere ella remitiros desde aquí. Dame una idea de algo que le pudiera venir bien al niño para enviarlo por correo. Se trata de que en cierta manera participemos en vuestro gozo, no sólo afectivo sino materialmente. Dinos qué prefirirías para él de Tenerife y con el mayor placer procuraríamos complaceros.

Domingo [Pérez Minik] se jubilará el último de mes. Le quedará una buena pensión y tendrá tiempo para escribir. La editorial Guadarrama le está editando un nuevo libro de ensayos literarios y le ha encargado la reedición de otro agotado, poniéndolo al día y aumentando algunos capítulos más. Esta jubilación le conviene a Domingo, porque así podrá dedicarse intensamente a la labor de creación. No sé si me quedará algo importante por ahora. Gracias por los sellos. Un bello ejemplar el del franqueo de la carta. Hace podo, celebramos un acto en honor de Miguel Hernández. Fue magnífico por todos conceptos, con mucho público, policías incluso. Un abrazo y hasta otra.

  Pedro

(Mándame los sellos de esta carta)

 

S/C de Tenerife, 20 de junio de 1967

Ms. Michel y Michèle Garcia Enjolras

Queridos amigos:

Me supongo habrán recibido mi carta última, extensa, como quería Michèle, aunque toda ella giraba sobre Patrice, y cuyo poema les enviaré muy pronto, cuando le dé los toques finales. El día 1 de julio me iré a Los Cristianos, que es la única playa de la isla que me permite bañarme a la hora que más me gusta, las 8 de la mañana, cuando el agua está muy fría y se va calentando al nadar. Estaré allí todo el mes de julio y después, Agosto y Septiembre, en Tacoronte, de donde bajaré diariamente a hacer la jornada de 6 horas de trabajo. En mi carta anterior, dejé de comunicarles algo importante. Se trata de un amigo que llegará a París el día 2 de julio. Es hijo de un íntimo amigo, compañero de Bachillerato. Se llama Alberto Galván Tudela y estudia Filosofía y Letras en Madrid. Deseo darles unos detalles sobre este estudiante. Se educó en un colegio religioso. Sus profesores vieron en él materia para hacer su agosto, quiero decir, cosecha y, contra la aspiración del padre, quisieron apropiárselo. Pero él royó el lazo y abandonó la tutela religiosa, dejando el colegio de los pescadores de inteligencias, para buscar su libertad. Es persona con quien podéis hablar de todo, sin reservas mentales. Le interesa mucho la vida animista, la mentalidad salvaje. Pienso que el Museo de L’Homme, en gran parte, le sugerirá muchas cosas. Le he dado vuestra dirección, más que nada para que no se sienta muy solo en vuestro nido de ciudad. El os podrá informar directamente de la vida estudiantil en Madrid, aspecto que también creo interesante. Ani sólo me aprobó 6 de las 11 asignaturas del curso. Tendrá que apretar en el verano para que pueda completar el curso en Septiembre.

En vuestra carta anterior decíais que no descartabais la posibilidad de volver a Canarias. Al menos eso quise interpretar yo. Ya sabéis que nuestra casa está siempre a vuestra disposición. Y esto no es formulismo, sino auténtica verdad. Matilde os quiere mucho, lo pasaríais bien. Me gustaría una foto de Patrice con el Teide al fondo.

Todos los amigos están bien. Lite ha tenido un gran éxito con su exposición, de crítica y de venta. El sábado anterior fue la clausura. Un acto muy emotivo. En casa todos muy bien. Conservamos el SIMCA sin contratiempos. También es vuestro si volvéis aquí.

Un fuerte abrazo y mis deseos que seáis felices

  Pedro Cabrera

 

S/C de Tenerife, 26 de Enero de 1.968

Queridos Micheles:

Recibí vuestra carta de felicitación por Año nuevo. Lamento mucho la enfermedad de tu madre y deseo que ya se encuentre recuperada. Me satisface que Patrice vaya sobre ruedas, es un decir, quiero significar que se críe de perlas. No os había contestado para hacerlo con más tranquilidad.

Hace dos días os envié una carta personalmente con M. Patrick Webdberg, un importante crítico de pintura surrealista, que vino a ésta a inaugurar una exposición de los cuadros que quedan en Tenerife, desperdigados en colecciones particulares, de Oscar Domínguez, que vivió casi ininterrumpidamente en París desde el año 1927, o cosa así. Hemos hecho una gran amistad, como si nos hubiéramos conocido toda la vida. Tiene interés en conocer la tesis de Nicole sobre Gaceta de Arte, por lo que se refiere al surrealismo. Como no sé la dirección de Nicole, me he permitido darle una carta de presentación para Vdes. al objeto de que le relacionen con Nicole y le facilite dicha tesis.

Ahora sí que va por buen camino la publicación del libro mío Compañera te doy. Pero le he cambiado el título. Ahora llevará el de ENTRE CUATRO PAREDES, porque, como desde 1963 estaba el libro en Madrid pendiente de editarse, alguien que conoció su título [Alfonso Costafreda, 1966] me lo ha pisado y ha publicado un libro de versos con el título de COMPAÑERA DE HOY. Como veis, ya no puedo persistir en la denominación primera, porque aparecería yo como un plagiario. Ahora, después de retirarlo de Madrid, se va a editar aquí y de un día a otro comenzará la imprenta a trabajar en él.

¿Qué ha ocurrido con la tesis de Miguel sobre el Mono Azul? Creo que una vez le pregunté por ella, pero no me habéis dicho ni media palabra de la cuestión y me interesa saber en qué ha quedado el asunto, si lo terminó o no.

Siempre os recordamos con mucho afecto y os deseamos todo género de felicidades, mucho más ahora que tenéis una vida nueva de amor entre los brazos.

Espero que pronto pueda remitiros el libro. Y también otro que estoy ahora en gestiones de publicación, de romances sobre la isla de Tenerife. No sé si os dije que el dedicado a Vilaflor llevará vuestro nombre, en recuerdo de la excursión y almuerzo que realizamos bajo los pinares.

Nada más por hoy. Recuerdos  y abrazos de Matilde y de Any. El abrazo de siempre para vosotros de

  Pedro

Los sellos que franquean esta carta me los envías cuando me escribáis.

 

S/C de Tenerife, 26 de octubre de 1968

Sres. Miguel y Michèle Garcia Enjolras. Paris

Queridos amigos:

Recibí vuestra carta tan cariñosa como siempre sobre la preparación del viaje de Carmelo. No pudo pasar a visitaros. Hace un momento que estuve hablando con él sobre el viaje. Estuvo en París, pero le estaban esperando en Orly tres oceanógrafos franceses que, agradecidos por la ayuda de Carmelo en Copenhague, le cogieron y se lo llevaron a ver las instalaciones de su especialidad. Me dijo que no le dejaron ni un momento, y que lo llevaron fuera de París; en ocasiones y a las horas que le quedaron libres, como no eran a propósito para visitas, no se atrevió a molestaros. Yo lo siento mucho porque tenía verdadero interés en conocer vuestras confidencias a través de mi hermano y os pido en su nombre y en el mío disculpas por no haber ido a charlar con vosotros.

Hoy he puesto un paquete certificado-recommandé (perdonad si no está bien escrito le mot français) conteniendo 4 libros, 2 para vosotros y 2 para Nicole. Ya veréis, como os anuncié que en Vuelta a la isla, figura en romance de Vilaflor dedicado a vosotros. En el próximo libro irá uno dedicado a Nicole. El próximo se titulará Las islas en que vivo, y lo he escrito todo el a la orilla de la mar, en Los Cristianos, aprovechando el mes de vacaciones de cada año. Creo que se publicará en los primeros meses del año que viene.

Hasta la fecha va todo bien. No he tenido contratiempo con Entre 4 paredes, algunos de cuyos poemas son claramente rebeldes, como por ejemplo “Pesadilla”, un poema que ha producido un impacto entre los lectores. La edición ha quedado casi agotada al mes de haberse publicado. De tal manera que no se ha vendido en librería sino directamente por mí. Ahora se están ocupando los críticos de dicho libro. Hasta ahora estoy contento de lo que dicen.

Me complece mucho saber que Patrice se cría muy bien y que Miguel está ya sobre rieles. ¡Magnífico! Me parece que toda tu libertad de mujer la das por la alegría de tener un hijo como el que tienes. Esto me hace pensar en lo que ya sabía, que el sentido del hogar y de la maternidad es en Francia extrordinariamente vivo, aun gozando de la mayor libertad. Es formidable esta característica vuestra, este humanismo basado en la razón y el amor, en las razones del amor, donde la carne se hace pensamiento. Leo con satisfacción cómo se prepara Michèle para sus oposiciones. Te deseo mucho éxito y podéis considerar vuestros triunfos como si fueran míos.

Pérez Minik ha sufrido un mes de cama por una lesión de corazón. No es grave, pero este tipo de lesiones siempre son amenazadoras. Ya sale a la calle y ha vuelto a emprender sus actividades habituales, aunque con un ritmo más mento, para evitar complicaciones. Les hablé de vosotros y se complace en que estéis contentos.

Ani está haciendo el 3° de Magisterio. Se porta muy bien. Es la alegría de la casa y tanto Matide como yo nos sentimos más jóvenes a su lado. Os envían besos y abrazos las dos Mujeres de mi usufructo.

Os deseo las mejores felicidades y no pierdo la esperanza de algún día volver a compartir vuestra gentileza e amigos y de compañeros.

Aquí me tenéis en forma de isla, pero escuchando el rumor de vuestro recuerdo. Con un abrazo,

  Pedro

 

S/C de Tenerife, 31-V-72

Michel y Michèle Garcia Enjolras. Paris

Queridos amigos:

Hace mucho tiempo que no sé de vosotros, pero vuestro recuerdo está siempre vivo. Deseo que Patrice y Virginia se críen bien y seáis muy felices. Yo ahora me encuentro muy bien. Después de la intervención de mi pierna no he tenido más contratiempos con ella. Por ese lado voy muy bien. Ani se casó el día 4 de marzo pasado y ya está en estado. El marido es un muchacho de Lanzarote y se dedica a comprar terrenos y luego vender los solares para edificar. Esto aquí, con el incremento turístico, es un buen negocio. Viven en un piso cerca de nosotros y nos vemos con frecuencia.

Literariamente, después de VUELTA A LA ISLA he publicado dos libros: HORA PUNTA DEL HOMBRE y LAS ISLAS EN QUE VIVO. En el primero hay un poema dedicado a Nicole, que creo que le gustará. Justamente hoy sale de aquí para París el Sr. Desplas Ponset, que ha estado unos días en Tenerife. Es un enamorado de la pintura de Oscar Domínguez y ha hecho fotos en color de los cuadros de Domínguez, entre ellos el que yo tengo. El irá personalmente a llevaros HORA PUNTA… Un ejemplar para vosotros y otro para Nicole. Se ha interesado mucho por el estudio de Nicole sobre Gaceta de Arte y quiere hablar con ella para un libro que desea excribir sobre Oscar y su pintura.

En Dakar, la Universidad me ha publicado una selección de poemas en francés. Está muy bien y en otra ocasión os remitiré un ejemplar.

Este verano pienso ir al norte de la Península. Saldr[emos] Mati y yo desde aquí en el Santa María, el barco que hizo célebre el portugués Galvao, hasta Lisboa y después seguir[emos] por Galicia y el Cantábrico, que no conozco. No sé si pasar[emos] por Francia, al menos prepararé el pasaporte por si tuviera tiempo de cruzar la frontera francesa, pero seguramente no iré a París, sino al mediodía francés.

Todos los amigos se encuentran bien. Y todos los que os conocieron recuerdan vuestra presencia en la isla.

Bueno, tengo muchas más cosas que contaros, pero lo dejaré para otra ocasión. Os escribo a máquina para que sea más fácil la lectura de ésta. Con un fuerte abrazo, sabéis que en esta isla tenéis el amigo de siempre y que os desea, en nombre de Mati y en el mío, los mayores bienes. Esperando tener vuestras noticias, es vuestro

  Pedro

Atención: el número de la calle es ahora el 7 en vez del 5.

 

S/C de Tenerife, 7 de julio de 1972

Mr. Ma (sic) Michel Garcia

Queridos amigos:

Con gran alegría he recibido vuestra carta. Confirmo nuestra salida de aquí el día 11 de este mes. Iremos a Vigo en el Santa María, el barco de Galvao. Procuraremos estar en S. Sebastián el día 31 de julio. En S. Sebastián tengo un amigo. Esta es su dirección. Se llama CARLOS MUNGUÍA, calle Segundino Esnaola, 14-4°. Vosotros podéis ir a su casa y allí os informaréis donde encontrarnos. Yo le escribo con esta fecha para que estén advertidos de vosotros. Si tenéis alguna cosa que comunicarme podéis escribir a Munguía para Pedro García Cabrera.

Os doy también la dirección de Madrid. No sé cuándo llegaremos a la capital de España. Una hermana de Matilde vive en Madrid. Se llama Florencia Torres Marchal y vive en Poblado dirigido de los Cármenes, Bloque 54 Vda (sic) 904. Madrid-19. Tiene teléfono. Es el n° 4716617. Allí podéis escribir y ella nos transmitirá algún recado vuestro, pues nosotros le advertimos que si llega carta vuestra la abran y nos digan cualquier novedad que tengáis, pues nosotros procuraremos estar siempre en contacto con esta hermana de Matilde, dándole cuenta de nuestro viaje por el norte de España, a lo largo del Cantábrico. Nuestra idea es, desde S. Sebastián, bajar a Madrid por Pamplona y Segovia. Luego, de Madrid iremos a Córdoba, a ver los familiares de Matilde y luego seguiremos hasta licante, donde embarcaremos para Canarias en un barco de la Compañía Pinillos, que se llama el SALAZAR. Saldremos de Alicante el día 11 de Agosto por la tarde para Tenerife.

Espero que sí, que podamos vernos y estar juntos. Será para nosotros un gran regalo disfrutar de vuestra amistad.

  Con un fuerte abrazo

              Pedro

 

Madrid, 26-7-72

Queridos amigos:

¡Qué mala suerte! Estuvimos en Lequeitio, a unos 55 kms de S. Sebastián, esperando vuestras noticias. Había hablado con Carlos Munguía para ponerme en contacto por teléfono del sitio donde podríamos encontrarnos. En Lequeitio mismo habíamos hablado para una habitación en la misma casa donde dormíamos nosotros. En la mañana del 22, antes de salir en dirección a S. Sebastián, llamé a Munguía y me dijo que no tenía ninguna noticia de vosotros. Después, 2 días más tarde, tuve que llamar a Lequeitio porque se me había quedado unos souvenirs de la Cuevas de Altamira y nos informaron que, poco después de salir nosotros, llamarían Vdes. ¡Qué pena, penita, pena! Desde aquí, Madrid, al 28 de la mañana, saldremos para Córdoba a ver un hermano de Mati, que hace 30 años que no la ve; pero enseguida iremos a Jaén, a Valdepeñas de Jaén, donde nació Mati, casi en plena Sierra Morena. De allí seguiremos a Granada, y luego a Alicante, donde llegaremos el día 10 de Agosto por la mañana y embarcaremos para Tenerife al día siguiente, 11 por la tarde, en el vapor Salazar de la Compañía Pinillos. No sé si entre en vuestras posibilidades ir a Alicante. Creo que eso será para vosotros muy dificultoso. Pero, por si hubiera alguna posibilidad, os doy la dirección de la casa consignataria del buque, donde iré a sacar el pasaje de regreso a Canarias el día 10 por la mañana, y allí dejaré dónde me hospedaré la noche del 10 en Alicante por si hubiera posibilidad de encontrarnos. La oficia del buque es la siguiente: D. Miguel Polo. CID, 20. Alicante.

Con un abrazo muy fuerte de Pedro y Matilde

Guárdame los sellos del franqueo.     -a c

 

S/C de Tenerife, 13-3-73

Queridos Michel y Michèle,

Acabo de recibir tu tesis sobre el poeta Pedro de Escavias. Es una sorpresa de órdago. He comenzado a leerla. Aún, sólo las páginas en que cronologizas los poemas. Algo hay muy eficaz: el utilizar los conceptos vitales de juventud y madurez para llenar el vacío que dejan las fechas. Es un método existencial del mayor interés. Te felicito. Ya te digo que es sólo la impresión de unas primeras páginas leidas. Más adelante, tal vez pueda decirte algo más. No, claro está, como crítico. Sino como lector.

Me imagino que estáis en Madrid. Y te remito esta apresuradamente por si fuera realidad que, efectivament, andáis por esas tierras. Matilde te agradece vuestro recuerdo, la tan bella carta dedicatoria.

Aqui todos bien. Aní vive independiente, en piso cercano al nuestro. Luego hay algo más relacionado con el nuevo matrimonio. Se llevan muy bien y están enamorados. El niño se cría muy bien. En cinco meses no ha tenido la menor indisposición. No sé si habréis recibido en París HORA PUNTA DEL HOMBRE, un libro de poemas, donde hay uno dedicado a Nicole. Os envié dos ejemplares, uno para vosotros y otro para Nicole. Creo que no los habéis recibido, porque no me habéis dicho nada de ello.

Un abrazo muy fuerte de Mati y mío. Que vuestros dos hijos tengan vuestra hechura, y salud, salud, salud en todos sentidos.

Pedro

_______________

[Tarjeta de Año nuevo 1974

Margen izquierdo: felicidades (vertical) 1.974

Margen inferior: isla de tenerife]

                    Isla de Lobos

Qué ideograma de la mar.

Qué sintaxis de piedras salteadas.

Qué gallo de pelea.

Estoy vivaqueando entre tus rocas,

rocas con un cariz de aves de presa,

rocas que rumian un tormento

de castradas colmenas,

rocas con un candado en las entrañas

y una luz de pimienta en los costados.

Pero rocas que me entran por los ojos,

pisapapeles de los mares,

para que la palabra en que sonrío

no se lleve de mi mesa el viento.

                               Pedro García Cabrera

Con el abrazo y mi deseo de que seáis muy felices con vuestros hijos.

                                                                         Pedro y Matilde

 

31 marzo 1975

c/Santiago Cuadrado, 7-2°. Santa Cruz de Tenerife

Queridos amigos:

Recibimos vuestra tarjeta de felicitación para este año. En ella decís: “Se acerca el momento en que os podremos visitar”. Deseamos, Mati y yo, que se realice vuestro deseo. Nuestra amistad tiene los brazos abiertos para recibiros. Pero queremos saber la fecha en que pensáis venir porque nosotros proyectamos hacer una excursióneste año, a comienzos del verano, a Italia y Grecia.

Tenemos mucho que hablar. Entre nosotros he transcurrido bastante silencio, demasiados días en blanco, como si el afecto se hubiera enturbiado. Y no es así ni por nuestra parte ni por la vuestra.

Cuando Michel publicó su estudio sobre el poeta andujareño Pedro de Escavias, os escribí una carta acusando recibo del libro. Tardé tiempo en hacerlo porque lo leí de cabo a rabo antes de contestar a su envío. Dirigí la carta a Madrid, a Meléndez Valdés, 7, creyendo que estaríais en aquella capital. No fue así y me devolvieron la carta un mes después de haberla puesto al correo. En ella hacía unos comentarios muy satisfactorios sobre la obra. Dicha carta la conservo, devuelta y sin abrir, como prueba de mi interés por el trabajo de Michel. No te la envío hoy porque en este momento tengo desorganizado el conjunto de mis libros y papeles por estar cambiando los estantes de mi biblioteca. Si venís, os la entregaré a mano y si no, la remitiré por correo en otra ocasión. Ya veis por esto cómo el silencio no significa olvido.

Cuando el verano de 1972 se frustró el vernos en San Sebastián y haber pasado a Francia, es lo cierto que estuvimos esperando en Lequeitio 4 días y que salimos del país vasco un día antes de la llegada de Michel.

En otra ocasión estuvo aquí un crítico y coleccionista francés de pintura surrealista y le interesó mucho la tesis de Nicole Avant sobre la Gaceta de Arta. Quería visitar a Nicole en París a su retorno a ésa, pero como no sabía, ni sé ahora tampoco, dónde residía ella, le di vuestra dirección por si vosotros la sabíais que se la facilitarais. Con este señor os envié dos ejemplares de un libro de poemas que acababa de publicar, titulado HORA PUNTA DEL HOMBRE, uno para vosotros y otro para Nicole, en cuyo libro hay un poema dedicado a mi inolvidable amiga, a la que tanto Mati como yo recordamos de vez en cuando, lo mismo que a vosotros. Estoy seguro que dicho personaje no se puso en contacto con vosotros ni os entregó los libros enviados. Si alguna vez sabéis la dirección de esa golondrina blanca que se llama Nicole, decidle esto y que le remitiré otro ejemplar del poemario tan pronto sepa bajo qué techo está ahora posada.

Yo me he jubilado ya, desde diciembre pasado. Ahora dispongo de más tiempo para todo lo que me interesa. En noviembre pasado, estuve en Madrid y di un recital poético en el Ateneo. Dejé allá el original de un nuevo libro, las ELEGÍAS MUERTAS DE HAMBRE, que quedó en publicarme la colección ADONAIS, aunque hasta la fecha no tengo noticia sobre el asunto.

Ani tiene solamente un niño, Carlos Javier, que acaba de cumplir 2 años y medio. A Matilde la llama Abi y a mí Puco. Son nombres de su cosecha. Es una preciosidad. El matrimonio se lleva bien y viven cerca de casa. ¿Y Patrice y Virginia? Ya nos contaréis de ellos.

Esperamos vuestra contestación con la fecha aproximada del proyecto de venir a Tenerife para nosotros combinar nuestro viaje a Italia y Grecia. Iremos en avión, en excursión colectiva. Es decir, no llevaremos el coche, un Fiat 124 especial, que utilizaremos cuando vengáis a la isla.

Muchos abrazos de Mati y míos para los dos, deseando mucho volver a veros.

  Pedro y Matilde

PS. Nosotros pensamos salir de aquí a Madrid en mayo y, desde allí, ir a Italia y seguir a Grecia. También, desde Madrid, pensábamos ira Francia a saludaros. Ya nos dijéis lo que sea más conveniente para que todo se combine bien por ambas partes.

 

Santa Cruz de Tenerife, 14 de enero de 1[9]76

Sres. Michèle – Michel Garcia Enjolras. PARIS

Mis queridos amigos:

Os deseo que el año haya comenzado bien. El verano pasado estuvimos en Italia y después un mes en Andalucía: Córdoba y Jaén. No pudimos ir a Francia porque, esperando localizar al hermano de Matilde, el cual residía en Tolosa pero que ya no está allí y no sabemos aún dónde para, se nos hizo tarde y suponíamos que hiciera mucho calor para acercarnos a París a veros. Tal vez podamos ir este año si Miguel no viene a Madrid como pensaba el año pasado. De todas maneras, conviene que os digáis hasta cuándo estáis ahí y nos remitan el número del teléfono para poder avisaros, si vamos. Nosotros seguimos muy bien. Después de mi jubilación dispongo de mucho descanso y trabajo bastante. En estos días, acaba de publicarse en Madrid, en la colección ADONAIS, un libro titulado ELEGÍAS MUERTAS DE HAMBRE, que trata del hambre infantil en la sociedad de consumo. El libro se estructura como una mesa muy alta, en la que están servidos todos los granos elementales, – frijol, lenteja, arroz, maiz, trigo, etc. – y cada grano hace la elegía de sí mismo, no pudiendo llegar a las manos y las bocas de los niños que en torno a esa mesa se mueren de hambre. Aún no tengo críticas sobre este libro que, como digo, acaba de aparecer y del cual no han llegado todavía ejemplares a la isla.

Os incluyo la carta que os escribí cuando Miguel publicó su Repertorio de Príncipes de España y que me devolvieron por haberla dirigido a la dirección de Menéndez Valdés, 7 en Madrid, donde indicaba el remite del paquete con el libro y yo supuse que estaría en la Península. Luego se me extravió la carta devuelta, como os dije en mi anterior. Pero os adjunto a ésta la empeñada en no llegar a su destino.

El niño de Aní se cría muy bien. Ahora está para dar a luz su segundo hijo. Lo espera para fines de este mes. Ella quisiera una niña para tener la pareja. Veremos qué trae la cigüeña.

Ahora hay aquí una chica, alumna de la Universidad de Nantes, Danielle Sotto, que se ha hecho muy amiga mía. Lleva en la isla unos 3 años. Vino a perfeccionar su español, que ya tiene bien aprobado. Pero le falta una tesina y, a petición de ella, la ha autorizado dicha Universidad para que la haga sobre mi poesía. Ahora está trabajando en ella. No recuerdo si os dijo que la Universidad de Dakar, que tiene una sección de publicaciones latino-americanas y africanas, me ha publicado una antología bilingüe de mis libros. La dirige el profesor F. L. Durand, que me hizo la traducción al francés, y uno de los próximos días en que tengo que escribirle, le diré que os remita un ejemplar del cuaderno poético en que figuro.

Deseo saber muchas noticias vuestras, de Patrice y Virginie, de las actividades docentes y literarias de Michel y de todo lo que os venga en ganas. Nosotros siempre somos los mismos que conocisteis y, casi sin palabras y sin cartas, os tenemos bien metidos en la intimidad. Con muchos abrazos de Matilde y míos, sabed que os queremos

  Pedro

 

Santa Cruz de Tenerife, 27-X-76

Queridos Michel y Michèle:

Ha sido una grata sorpresa recibir vuestra tarjeta. Ya deduzco por ella que habéis conseguido este año la beca que no pudisteis lograr el 75. La enhorabuena. Unos días antes de comunicarnos vuestra estancia en Madrid, os había enviado con mi hermano Carmelo, el oceanografólogo, que estuvo en París, mi último libro, ELEGÍAS MUERTAS DE HAMBRE así como otro, HORA PUNTA DEL HOMBRE, donde hay un poema dedicado a Nicole. Seguramente estabais ya en Madrid, aunque de todas maneras mi hermano no hubiera podido veros en París, porque tuvo que salir urgentemente rumbo a Costa Rica a firmar unos tratados de pesca entre aquel país y España. Me trajo los libros enviados y en la primera ocasión los haré llegar a vuestro poder. Mati y yo iremos a Madrid el próximo mes de mayo, pero si para dicho mes no estuvieseis en esa, podríamos adelantar el viaje para poder abrazaros y charlar con vosotros y conocer vuestros hijos, si están a vuestro lado.

Nosotros estamos en la actualidad pasando dos meses, octubre y noviembre, en una residencia a orillas del mar, en el Puertito de Guimar, a 23 km. al sur de Santa Cruz, si bien todas las semanas vamos a casa para recoger la correspondencia. Esta es la razón por la cual no he acusado recibo antes a vuestra tarjeta. Mis 71 años y los 70 de Mati no nos pesan mucho todavía y podemos bañarnos a mar abierto casi todos los días. Ani tiene dos niños, ambos varones, uno de 4 años y el otro nacido hace unos meses. Estoy muy contento con el ligero airecillo de libertad que comenzamos a respirar, si bien todavía no podremos echar las campanas al vuelo. España es un rompecabezas que cuesta mucho entender. Cuando tengáis algún rato libre, contadnos de vuestras cosas para llenar el vacío de tanto silencio. ¿Cuál es tu trabajo ahora, Michel, con esa beca? Y tú, Michèle, ¿Qué jugo le estás acando al tiempo? ¿Cómo van los dos chicos, si no ha aumentado la descendencia? No es necesario que os diga que seguís estando en nuestro corazón y que os deseamos los mejores éxitos en todos los niveles. Os abrazan fuertemente

  Pedro y Matilde

 

[Extractos de mi diario]

Abril de 1977, Pedro y Matilde viajan a Madrid. El miércoles 13, paso a recoger a Pedro al Ateneo donde tiene previsto dar un recital la semana siguiente. Pasamos revista a todos los amigos canarios.

El sábado suguiente, día 16, comemos con Matilde y Pedro en la Casa de Velázquez con los niños. Después de comer, largo paseo en el Retiro. Tomamos té en casa en compañía de Fernando Baeza. Pedro nos cuenta su guerra y los años de la posguerra.

El miércoles 20, lectura del Romancero cautivo en el Ateneo por Pedro. Como si volviera a descubrir el texto a medida que lo lee. Un oyente observa que esos poemas, a pesar de haber sido redactados en condiciones trágicas, no manifiestan ningún sentimiento de odio. Responde un amigo de Pedro, con la aprobación de este, de que los Republicanos (en sentido lato pero resulta tanto más significativo que el término designe a las izquierdas en general, bajo la monarquía heredada de Franco) no han mamado el odio, en contra de sus enemigos. No conocen ese sentimiento.

El miércoles 27, coincido con Pedro y Matilde en la tertulia de Ínsula.

La pareja come con nosotros y unos amigos nuestros el 1° de mayo. Paseo por el Retiro.

 

Ultimo encuentro, lunes 19 de junio de 1978, en Madrid.

Los García Cabrera vienen a tomar el té y cenar con nosotros. En cierto momento, Pedro deja estallar la alegría que le produce estar con nosotros y expresa sus sentimientos por medio de una enternecedora efusión. Conmovedor. Quizás vaya yo a visitarles este invierno. Les acompaño a Carabanchel.

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ANEJOS

Cartas de Enrique Lite

Tenerife, 12-3-65

Mis queridos Micheles:

A pesar de que ya ha transcurrido una semana desde mi llegada a la Isla, esta es la primera carta que escribo. Es lógico. Es natural. Así es por un imperativo incuestionable: el de mi afecto, mi recuerdo y mi agradecimiento. Los Micheles, los padres de los Micheles, el primo de los Micheles han sido mi caballo de batalla en todas las conversaciones y a cada instante, cada vez que tengo que hablar sobre mi viaje, son Vds., mis queridos Micheles, los que tienen que centrar cualquier tema que trate. Ahora mismo, mientras escribo en mi pequeña habitación de trabajo, mi mujer me interrumpe divagando cómo distribuiríamos la casa para albergarlos cuando vengan a Tenerife. Sin gran esfuerzo lo hemos logrado, con lo que ya pueden contar con el pan, la sal y el mesón en este “remiendo del pantalón del Atlántico”. Y no permitiré que sea en otra parte. Esto por descontado.

Sentir lo que por referencias se sabe no deja de ser curioso. Es una gran experiencia. Dolorosa. Triste. Alegre, poco pero alegre. He leido y oido cientos de veces que el regreso es una inmensa satisfacción que, a su vez, produce en el mismo instante otra insatisfacción. Ahora sé que esto es cierto. Estar en mi casa, con mi mujer, mi madre y mis chicos es sin duda alguna maravilloso. Puesto en una balanza legal, no lo cambio por todo el Barrio latino, ni por París entero. Pero, siempre el dichoso “pero”, no puedo borrar del pensamiento mis retrasadas llegadas a “Odeon”, el café en Danton y la galopada por la Rue de [l’]Ecole de Médecine hasta Gay-Lussac para encontrarme con Vds. o con Nicole a la hora señalada. La verdad, desde aquí lo digo con nostalgia, que nunca pude hacer este trayecto sin pararme un instante en los puestos de libros, en una tienda de música que hay en Lussac y dar una lejano vistazo al Jardín de Luxemburgo. Y como esto tantas y tantas cosas más. En especial cuando me encontraba un tanto a solas y sabía que, a la distancia del metro de Montmartre – Pte de Saint-Cloud, tenía colocada en la mesa la servilleta que señalaba el lugar que, como uno más de la familia, me correspondía. Para qué seguir hablando de esto. Han sido horas, días, inolvidables que no pienso dejar para siempre en la memoria, sino simplemente como un antecedente para reanudarlos con más firmeza.

He estado con Pedro, Matilde, Domingo, Rosita y todos los amigos comunes. Al sencillo relato de mi estancia en convivencia con Vds. se han conmovido. Y en todos se palpa el mismo deseo de volver o ir por vez primera a ese París en el que saben que disponen de unos extraordinarios embajadores para el conocimientode su vida y su intrincado paisaje urbanístico y humano. Las mujeres quedaron encantadas por sus pañuelos y sus perfumes y nosotros, los maridos, por nuestros libros. En fin casi el final de un cuento rosa al que rápidamente, en lo que a mí se refiere, ha roto la realidad cotidiana de mi trabajo, las naturales preocupaciones del hogar y esa pequeña problemática cotidiana que es la convivencia en esa extraña fauna de pintores, poetas, escritores y demás profesionales del crimen en la que por destino y propia voluntad me veo envuelto.

Claro que esto no me importa. Al contrario: me apetece. Y cada vez que decido apartarme de todo ello me lleno de una amarga nostalgia que me impele a sumirme de nuevo en tan absurdo y paradójicamente lógico mundo. No sé porqué cuento estas cosas, pero como han salido así, a vuelamáquina, pues ahí quedan.

En Madrid estuve con Félix Grande. Es un gran chico, un excelente conversador y un buen poeta. ¿Qué más se puede pedir? Recordamos durante un par de horas nuestras horas parisinas, distantes y al propio tiempo iguales por la comunidad de amigos y lugares que frecuentamos. Naturalmente evocaba con regocijo su conversación con Bernadette y con gratitud la defensa de que fue objeto por parte de Florence en medio de una discusión de no recuerdo qué película española. Su esposa es encantadora. Lamenté de verdad no poder estar con este ya amigo algún tiempo más, pero otras gestiones, la premura de tiempo (solo estuve dos días) y mi obligada visita de cinco horas al Prado (siempre tres para Goya, una al menos para Velázquez, media sin duda para el Greco y el resto a la buena de Dios) lo impidieron.

Creo que tenía razón en cuanto se refiere al problema de los estudiantes. Tanto Félix como otros amigos compartían plenamente mi punto de vista expuesto ante Vds. y especialmente ante Olmo [Olmos García] (para el que ruego un caluroso saludo y mi promesa de esribirle en el acto hablándole de muchas cosas y de gentes que aquí le conocen). Los estudiantes han querido a toda costa que su problema se circunscriba al área puramente universitaria, para que en ningún caso se pudiera tachar al movimiento de tener un carácter eminentemente político. Desde luego esto es una habilidad perfectamente llevada a la práctica, hasta el extremo de que, como  deben Vds. saber, rechazaron la colaboración de obreros de la fábrica Pegaso para unirse a las huelgas. Quiero decir que han conseguido el fin propuesto, es decir que el el Gobierno no pudo esgrimir la escusa revolucionaria para destruir por la fuerza la oposición universitaria, aunque en la práctica haya empleado esta fuerza para reprimirla. Ahora se ha llegado a un acuerdo para dialogar, sin que este diálogo signifique dejación de posiciones por ninguna de las partes. También esto ha sido un éxito. Pero de ahí a las conclusiones definitivas que se estimaban en París hay un mundo. Al pueblo, en sí, el problema no le ha interesado. Se ha logrado difundir en su ánimo una especie de “slogan” que prosperó mucho y que viene a ser algo así como “esto se permite a los estudiantes porque son unos señoritos”, con lo que logran desprestigiar un tanto sus reacciones y apetencias. En concreto, se está tratando de conseguir  que pueda darse un serio paso en la consecución de libertades ordenadas y de claro pensamiento. Aun no se sabe si ha de lograrse o no. Yo creo que sí. Que se cederá en parte. Pero, por el momento, nada más. Aunque ya es bastante. Podría extenderse ampliamente y con detalle pero Vds. saben que no es posible. En cartas sucesivas les daré más noticias, impresiones, etc.

Quiero que me escriban en francés para así practicar. Yo lo estoy estudiando con ahinco. Como dicen que lo más difícil es la música del idioma, creoque tengo un buen trozo de camino andado. Pues esa música del hablar francés la llevo claramente metida en lo hondo de mi recuerdo.

[en el margen, escrito a mano:

Pág. 1: Escriba a Nicole. No he recibido los libros. Hemos bebido el riquísimo calvados. Adjunto una foto que encuentro a mano. Mandaré más y libros. Escribo muy mal a mano. Y a máquina. Pardon.

Pág. 2: A vuestra madre un muy fuerte abrazo. A vuestro padre con la misma fuerza. A vuestro primo. A todos ( el sr. que vive con Vds. ¿cómo es su nombre, por favor?). Quiero carta de Vds. en seguida.]

 

Enrique Lite Lahiguera

[sin fecha, 1965]

Mis queridos Micheles:

Ni siquiera intento disculparme. Solo me limito a pedir perdón y comprensión de esa ilimitada capacidad que para entender a las personas tienen tanto tú, Michel[e], como tú, Miguel. Y tengo la seguridad absoluta de que en el ánimo de ambos está que mi amistad es fervorosa y firme, mi recuerdo continuo y mi agradecimiento, orque a vuestro lado pasé uno de los momentos más felices de mi vida, constante. Esto que escribo no son frases, son realidades que quisiera poder hacer patentes de alguna manera. Saben Vds. perfectamente que soy poco inclinado a hablar de mí y de lo que hago y esto porque tengo conciencia plena de que una y otra cosa carecen de importancia. Pero lo cierto es que en estos últimos meses he tenido un agitado vivir, todo lo agitado, claro está, que mi Isla permite, y si vivir entre las cuatro paredes del mar puede, en puridad, llamarse así. Me explicaré.

Como creo que ya les dije en mi última y única carta después de mi regreso (hasta la máquina se ha puesto colorada al escribir “última y única”), hube de terminar los murales que me fueron encargados para una fábrica de cigarros. Se trata de una industria modelo y los murales están situados en el gran “hall” y en la sala del consejo de administración. Tan pronto las tenga les enviaré fotografías. Después de esto, he pintado intensamente, tratando de asimilar y traducir en mi lenguaje lo mucho que en mi viaje vi. Esto dio el positivo resultado de que se me concediera el Premio de Honor en el Certamen Regional de Pintura que cada año hace el Ayuntamiento de Tenerife, con el consiguiente escándalo de comentarios, críticas violentas y excesivamente laudatorias, etc. Al mismo tiempo, me atreví a correr el riesgo de terminar la carrera de Bellas Artes y revalidarla ante un tribunal especial enviado por la Dirección General de B. A. Afortunadamente obtuve el título. Y ahora estoy ultimando los bocetos de un mural de cincuenta metros para un gran hotel del Puerto de la Cruz. Quiero hacer una exposición individual en Las Palmas y, a principios del año próximo, otra en Madrid. Y si a esto añaden que desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde trabajo oficialmente para tener un ingreso fijo, y mis cinco muchachos, no les extrañe en absoluto que la próxima noticia que tengan de mí sea que he ingresado en un manicomio.

Sé que nada de esto que les digo significa que no haya tenido los diez minutos necesarios de tiempo para escribirles. Es cierto. Nadie más que yo puede hacerse tantos reproches por esta absurda desidia. No sé, no sé… no sabría qué decir si me encontrara ante Vds., y ante Nicole, la extraordinaria Nicole y Bernadette y Florence y no digamos Correa y Olmo[s] y Murcia y en especial Rubén y su mujer y el maravilloso París que por la mano de todos Vds. pude conocer. Necesario es un punto especial para rogarles que todas estas escusas (banales, desde luego) las trasladen a vuestros padres y para que les digan que, si alguna vez vuelvo a París, aunque se enfaden (sé que no) me volveré a sentar en el sillón del fondo de la sala, tomándome un whisky, encendiendo un cigarrillo con el mechero mágico y conversando con tu primo sobre mi frío y su catarro (tendrá que tener un catarro cuando vaya, pues yo garantizo que tendré frío).

El sinvergüenza de Manolo Casanova ha regresado. Digo el sinvergüenza con todo el cariño que los íntimos amigos ponemos al aplicar esta palabra cuando la empleamos con afecto. Cuenta que no acaba. Como habrán comprobado, es hombre simpático y, garantizo, de una amistad leal y sólida. Dije antes sinvergüenza porque a última hora me enteré de su marcha, mejor dicho, del día de su marcha. Yo hubiera querido que llevase algo a todos. En fin… otro pecado más. Entre Manolo y yo se ha suscitado un problema que yo me anticipo a resolver. Si se entera, me mata. Cuando Vds. vengan aquí. O Nicole. O Rubén. O quien sea que digan Vds., han de vivir en mi casa. A Manolo le dejaremos que nos lleve en su coche a dar vueltas por ahí.

Toda esta carta está desbalazada, incoherente y tonta. Es un testimonio de arrepentimiento y así tienen que comprenderlo. Esta semana escribiré ampliamente sobre otras muchas cosas. Quiero hacerles muchas preguntas para algo que estoy escribiendo; ¡¡por favor, no dejen de contestarme!!

¿Dónde está Nicole?

Un abrazo, muy abrazo,

            Enrique

[añadido a mano]

Envié un catálogo de una exposición. ¿Lo recibiste?

A Nicole le escribí. ¿Dónde vive?

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Carta de Maud Westerdhal

Apartado 387.

Santa Cruz de Tenerife.

Islas canarias.

29 mars 1965

Chère Michèle cher Michel

Merci retardé pour votre mot de nouvel an, et re-merci pour le merveilleux foulard apporté par Lite. C’est très gentil de votre part ; mais je ne dis pas qu’il ne fallait pas, car je suis ravie – c’est mon style et c’est ma couleur, parfaitement choisi. Lite vous est très reconnaissant ; il dit que grâce à vous il a bien profité de son séjour à Paris, que vous avez été des amis et des guides délicieux et dévoués. Je m’en réjouis pour lui, car il aurait pu aller au ratage, seul, sans amis et avec très peu de sous. Il ne pense plus qu’à retourner au plus tôt vers la Gaule et se donne – ceci strictement entre nous – des airs de grand voyageur, grand connaisseur de musées, le gars qui en sait long, qui me fait un peu rigoler sans aucune méchanceté.

Ici vous savez que la vie est assez calme. Ça a pourtant remué un peu cette année, de bones expositions, des vites d’amis étrangers, de bons concerts. Nous avons passé 3 semaines excellentes avec E. L. T. Mesens, le chef du groupe surréaliste belge, un vieil ami à moi, et nouveau, mais du genre coup de foudre réciproque, ami d’Aduardo. Oh ! les conversations en toute liberté, où l’on peut tout dire, et qui feraient frémir les espagnols les plus libres d’esprit, les scandales de Mesens à l’hôtel Mencey, toujours contrebalancés par son exquise éducation et sa gentillesse constante, les grandes rigolades et les grands gros mots sans complexes, ce que c’est agréable et rafraîchissant.

Hugo grandit de façon scandaleuse. Il est fort beau garçon, mais entre dans une période moins tendre, plus indépendante et rebelle. C’est normal, il se libère un peu de nous ; ce n’est pas du détachement ni de l’indifférence, mais l’affirmation de son intégrité personnelle. Notre maison de Bajamar est pratiquement finie ; on meuble petit à petit pour louer pour l’été. En conséquence, les finances sont fort basses et il n’est pas question, d’ici longtemps, d’un voyage. Eduardo, né ici, est plus patient, mais on verra combien de temps je tiendrai le coup avant d’aclater comme une cocotte express trop chauffée (moralement, et physiquement avec l’été qui s’amène).

Mais, si nous n’allons pas à Lagardère, Lagardère viendra peut-être à nous. Vous qui êtes plus mobiles que nous (le savetier et le phynancier), viendrez peut-être che(rcher ici le soleil dont nous avons à revendre. Nous serons heureux de vous revoir, et vous envoyons notre sincère amitié.

                                                             Maud Westerdahl

Muy cariñosos saludos y la esperanza de volverles a ver pronto

                                                                                   Eduardo

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EPÍLOGO

En noviembre del año pasado (2024), después de transcribir las cartas de Pedro García Cabrera, decidí depositar los originales en una institución canaria que los conservara. Mi colega Eduardo Aznar Vallejo me informó de la existencia de una Cátedra Cultural Pedro García Cabrera en la Universidad de La Laguna, cuyo director es el Profesor Guadalberto Hernández. Este me puso en contacto con Cecilia Domínguez, que había conocido a nuestro amigo Pedro, el cual había prologado su primer poemario publicado, y con Nilo Palenzuela, que había dedicado su Tesis doctoral a la obra del poeta. No podía imaginar mejores interlocutores para mi proyecto y, de hecho, las cartas ya están en el Fondo del Archivo Pedro García Cabrera de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife.

Entrega solemne de la alcaidía de Andújar a Pedro de Escavias, el 2 de septiembre de 1450

Entrega solemne de la alcaidía de Andújar

a Pedro de Escavias, el 2 de septiembre de 1450

La documentación existente sobre Pedro de Escavias y sus descendientes inmediatos no es tan escasa como se podría temer, sobre todo si se la compara con la que concierne a otros personajes de su época, algunos mucho más ilustres, como el condestable Miguel Lucas de Iranzo y su esposa Isabel, condesa de Torres.

El alcaide deja constancia en su testamento de que se había preocupado de constituir un archivo personal con las escrituras legales y privadas que había recibido:

yten mando que todos los enboltorios que qualesquier escripturas que fallaren en mis arcas e las cartas mensajeras asi de los Reyes nuestros señores como de otros grandes señores destos rreynos que me oviesen enbiado que las guarde la dicha mi muger e el dicho mi fijo e no las rronpan ni quemen ni echen a mal porque no es rrazon que cartas de tan altos prinçipes e de semejantes señores sean maltratadas ni echadas a perder.

Era ciertamente un loable propósito y los descendientes inmediatos parecen haber respetado las recomendaciones de su antepasado, aunque no pudieran impedir que, al filo de los años y de los siglos, el conjunto sufriera una evidente dispersión. No fue por desidia suya sino porque esas piezas tenían un valor testimonial indiscutible para los que querían que su nobleza o hidalguía fuera reconocida. De hecho, varios de esos documentos, entre los que no faltaba algún original, fueron presentados ante el Consejo de las órdenes de San Juan, Santiago, Calatrava y Alcántara para la obtención de un hábito (cf. Escavias, un linaje giennense, siglos XV a XVII), y se sospecha que no siempre se devolvieron al archivo primitivo.

Los pleitos y demás cartas ejecutorias en torno a la reivindicación de hidalguía de los siglos XVI y XVII permiten hacerse una idea de los documentos que seguían asequibles a las distintas ramas del linaje Escavias. La lista fue completándose con los hallazgos realizados en archivos nacionales, como el de Simancas o el de la Chancillería de Granada. Casi todos los documentos que se conservan hoy han sido publicados en los últimos decenios por Juan-Bautista Avalle-Arce (El cronista Pedro de Escavias, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 1972, p. 153-188), Enrique Toral Peñaranda (“Nuevos documentos y noticias sobre el alcaide Pedro de Escavias”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, XCVII, 1978, p. 19-40; Pedro de Escavias, 1993, passim; Andújar en el siglo quince, Alcalá la Real, MMIX, passim), Michel Garcia (“Otros documentos inéditos de Pedro de Escavias, 1477-1480”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, CXII, 1982, p. 19-60).

Entre los documentos no asequibles cuya existencia es conocida, aunque solo sea porque la obtención de un cargo supone una merced real y una escritura oficial, se echaba de menos el de la entrega de la alcaidía del castillo y fortaleza de Andújar en mayo de 1450. Es una pieza importantísima porque el de alcaide es el primer cargo documentado que ejerció Pedro de Escavias y el que lo identificará en su época y para las generaciones posteriores, a pesar de los varios que fue acumulando a lo largo de su vida: alcalde mayor, alguacil mayor, Guarda del Rey y miembro del Consejo real, etc. Esa merced del Príncipe Enrique marca además la irrupción del personaje en la historia de Andújar, sin que se conozca ningún antecedente que la anuncie. Lo único que sabemos de la vida de Escavias anterior a ese momento es que había sido paje del rey Juan II, porque lo señala, ya en la vejez, en la rúbrica de su colección poética incorporada al final del Cancionero de Oñate.

Además de proporcionar un mejor conocimiento de la biografía del andujareño, ese documento ofrece una información insospechada sobre las condiciones de la concesión del cargo, sobre las prerrogativas y las obligaciones del nuevo titular y las del regimiento de la ciudad hacia él, sin descontar la solemnidad del acto de entrega y lo que nos dice sobre ciertas prácticas legales no desprovistas de una dimensión ritual en uso en la época.

El documento me ha sido comunicado por sus descubridores, Rosalía Calzado y Manuel Rodrigo Figueroa. Habían localizado un expediente redactado en 1671 a petición de Jorge Núñez Velázquez de Cuero (o Quero), que, a punto de volver a las Indias, quiso que se les reconociera, a él y a otros de sus parientes, como descendientes legítimos de los linajes Escavias y Quero. Dentro de esa Probanza están las copias de algunas escrituras que conciernen al alcaide de Andújar, entre ellas el acta de la ceremonia de entrega de la alcaidía.

A principios del siglo XVII, los Quero Escavias empiezan a manifestar un interés por conseguir copias autentificadas de documentos relativos a miembros de su familia. El primero es Luis de Quero Escavias el Mozo (1562-1648/51) quien pide el 10 de julio de 1624, “que se saque un tanto autoriçado en publica forma y manera que haga fe” de una cédula concedida el 30 diciembre de 1480 por los Reyes Católicos, por la que se comprometían a entregar “casas y hacienda” de la ciudad de Granada, cuando esa fuera conquistada, a los escuderos que habían acompañada a Fernando del Pulgar en un asalto para pegar fuego a la ciudad sitiada y a su mezquita, entre los que se hallaba Juan de Quero de la Vega. Y precisa que el original de la cédula está en poder de su tío, Alonso, hermano de su padre, Luis de Quero Escavias el Viejo.

Otros documentos incorporados en la Probanza (fols. 42r-43v) provienen también del archivo de Alonso de Quero Escavias. Es el caso de la selección de cartas originales, entre las treinta y cuatro dirigidas por los reyes Juan II, Enrique IV y Fernando el Católico principalmente a Pedro de Escavias (20 de octubre de 1428) y, por fin, del acta de la entrega de la alcaidía de Andújar a Pedro de Escavias (octubre de 1450), como lo precisa Fernando Antonio de Quero Escavias, cabeza del linaje, en su respuesta a la pregunta 3 que hizo como testigo en la Probanza de Jorge Núñez Velázquez (cf. Escavias, un linaje giennense).

Puede que también haya que sumar a ellos el compromiso que firmaron los caballeros hidalgos de Andújar de mantenerse fiel al rey Enrique IV, el 1 de mayo de 1466 (Probanza, fols. 64v-69r), aunque no se reproduzca la nota archivística correspondiente.

El motivo que evoca Luis de Quero Escavias el Mozo para conseguir esa documentación es principalmente y quizás únicamente económico. Lo confiesa sin rodeos en su petición: si solicita un traslado de esos documentos es porque él es “legitimo descendiente [de Pedro de Escavias y de Juan de Quero de la Vega] y a quien derecha mente pertenece el premio de los muchos seruiçios que hiçieron a la Corona Real de Castilla”.

Es posible que Alonso de Quero Escabias compartiera la misma motivación que su sobrino cuando decidió reunir una colección de documentos familiares, pero no conviene descartar la hipótesis de una ambición menos interesada. Lo sugiere el que el comendador de Almazán no fuera cabeza del linaje, aunque ocupara una posición privilegiada dentro del árbol genealógico familiar. En efecto, es hijo de Catalina de Escabias y pertenece, como sus hermanos, a la primera generación del apellido Quero Escabias. Por eso pudo convencerse de que esa unión entre los dos linajes abría una nueva página en la historia familiar.

Esta convicción compartida se materializaría en la multiplicación de copias de documentos autentificados y su intensa circulación dentro de los linajes concernidos. Explicaría también por qué los traslados fueron sustituyendo a los originales, conservándose estos no ya como instrumentos archivísticos sino como objetos de culto familiar, con sus sellos colgantes de cera bermeja y la firma autógrafa del rey que los emitió. El historiador, que no se confunde necesariamente con el coleccionista, considera esta mutación más bien como benéfica porque, al favorecer la difusión, aunque fuera dentro de un círculo estrecho de personas, favoreció la conservación de los textos.

[Acta de la entrega]

El documento reúne distintas piezas. Indico la foliación y señalo las distintas partes: sin corchetes los subtítulos que figuran en el códice; entre corchetes los que he añadido. Conservo la grafía original, que no siempre respeta la práctica de los escribanos del siglo XVII, limitándome a colocar entre corchetes las letras que se han perdido o han sido omitidas. Para facilitar la comprensión, inserto saltos de párrafos, cambios de línea y un mínimo de puntuación. Mi comentario viene después de la transcripción de los textos.

Este es un traslado bien y fielmente sacado de una merced del alcaydia de la ciudad de Anduxar de su castillo y /22r/ fortaleça hecha a Pedro de Escabias segun parece, por el que su tenor es el siguiente [¿nota añadida en 1671?].

[Introducción]

En la noble ciudad de Anduxar, miercoles dos dias del mes de setiembre año del Naçimiento de Nuestro Salbador Jesucristo de mil y quatroçientos y cinquenta años,

estando dentro de las casas del cabildo de la dicha ciudad, estando en ella el honrrado caballero Fernando de Villafañe, Asistente por nuestro señor el Principe en esta dicha ciudad, y Fernando de Baena, alcalde, Luis Lopez de la Saeta, ansi mismo alcalde en la dicha ciudad en lugar de Gonçalo de Baeça, y Rodrigo de Barea, alguacil, y el bachiller Pedro de Quiros, e Fernando Perez de Baena, e Alfonso Diaz de Baena, e Alfonso Lopez Asensio, Jil e Fernan Lopez de Pasilla, regidores, e Pedro Ruiz de Mariana, procurador del concejo de la dicha ciudad, en presencia de mi, Fernando Diaz de Anduxar, escribano de el rey nuestro señor y escribano publico de la dicha ciudad, y de los testigos yuso escritos,

parecio presente Pedro de Escavias, vecino en esta /22v/ dicha ciudad,

y presento ante los dichos señores en el dicho ofiçio por ante mi, el dicho escribano, una carta de nuestro señor el Principe escrita en papel e firmada de su nonbre e sellada con su sello de cera mermeja [sic por uermeja] en las espaldas, la qual yo ley delante de dicha presencia que su tenor es esse que se sigue.

[Carta de merced del Príncipe Enrique]

Zedula del Principe

Don Enrrique, por la gracia de Dios Principe de Asturias, fijo primo jenito eredero de el muy poderoso rey e señor, mi señor padre e señor rey don Juan de Castilla e de Leon,

a el Conçejo, Asistente e alcaldes, alguacil e regidores, caballeros, escuderos, ofiçiales e omes buenos de la ciudad de Anduxar, mis basallos, salud e graçia.

Sepades que ui buestra peticion que me enuiastes en quanto a lo que me me enuiastes a pedir por merced que vos ficiese merced de la tenencia de el castillo de la dicha ciudad para que bos la encomendasedes a una buena persona de esa dicha /23r/ ciudad que lo tubiese en guarda para mi seruiçio.

Yo bos mando que, vista la presente, dedes e entreguedes el dicho mi castillo e fortaleça de esa dicha ciudad a Pedro de Escabias, veçino de esa dicha ciudad, mi basallo, a el qual es mi boluntad de lo mandar dar e entregar para que lo tenga e guarde para mi seruiçio.

E dandogelo e entregandogelo por esta mi carta, alço e quito qualquier pleytomenaje e juramento que por el dicho mi castillo tenga fecho quien hasta entonces lo aya tenido e tenga una, dos e tres veces o mas de quanto de derecho se requiere en tal caso, segun fuero e costunbre de España.

E dandogelo e entregandogelo el dicho castillo a el dicho Pedro de Escabias, mando que recibades de el el pleytomenaje e juramento que en tal caso se requiere para que lo tendra e guardara por mi e para mi el dicho castillo e fortaleça e me acojera en el cada e quando fuere a el, ayrado o de grado, con pocos o muchos, /23v/ o de noche o de dia, e non recibira nin acojera en el otro alguno que mas nin tanto poderoso sea como el[1] sin firma nin carta e espeçial mandado mio para ello.

E tengo por bien e es mi merçed que aya de mi en cada año con la dicha tenencia de el dicho castillo otros tantos marabedis como hasta aqui abia tenido de mi Albaro de Monfernando, mi alcayde que lo solia tener, en quanto a mi merced e uoluntad fuere.

E mando a los mis contadores maiores que lo pongan e asienten asi en los mis libros e nominas de las tenencias e libren a el dicho Pedro de Escabias en cada un año los dichos maravedís, segun e quando libren a los otros mis Alcaydes de los otros mis castillos e fortaleças e tenençias que de mi tienen.

E los unos nin los otros non fagades ni fagan ende al por alguna manera so pena de la mi merçed e de diez mil marabedis a cada uno de bos por quien fincares de lo asi façer e cumplir.

Dada en la noble ciudad de Segobia a once dias de Agosto /24r/ del Naçimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil y quatroçientos y cinquenta años=

Yo el Principe = Yo Diego de Arias de Abila, secretario de nuestro señor el Principe, la fice escribir por su mandado.

escrito entre renglones =asistente= Vala

y abia escrito en las espaldas de la dicha carta donde era registrada= Conçejo Asistente Alcaldes Alguacil Regidores Caballeros Escuderos ofiçiales e omes buenos de la dicha ciudad de Anduxar de esotra parte contenidos ved esta carta de el Principe nuestro señor e cunplidla segun que en ella se contiene= Diego Arias=Juan Garcia = e señalada de otras ciertas señales

[Recepción de la carta]

Requerimiento por Pedro de Escavias

E asi presentada la dicha carta ante los dichos señores en la manera que dicho es, luego el dicho Pedro de Escabias dijo que les requeria e requirio que gela compliesen en todo e por todo, segun en ella se contenia e, conpliendola, le diesen e entregasen luego el dicho castillo, segun e en la manera que el dicho se-/24v/-ñor Principe por la dicha su carta gelo enbia a mandar que lo asi ficiesen.

E dijo que lo farian bien e cumplir[i]an carta e mandado de su Principe e señor natural

e, si lo contrario fiçiesen, dijo que protestaba e protesto de se ir o embiar a querellar de ellos a la merçed de el dicho señor Principe; e, si por non le mandar entregar el dicho castillo, luego algun deseruiçio uiniese a el dicho señor Principe, Su Señoria le mandase tornar a ellos e a sus bienes e non a el dicho Pedro de Escabias e a sus bienes. E de como lo decia e requeria e de lo que ello los dichos señores fiçiesen e respondiesen, dijo que lo pedia e pidio por testimonio a mi, el dicho escribano para guarda de su derecho.

E luego el dicho señor Asistente tomo la dicha carta de el dicho señor Principe en sus manos e besola e pusola encima de su cabeça, e dijo que el, por si e por los otros sobre dichos alcaldes e alguacil e regidores e personas que ende eran presentes, que obedeçia e obedeçio la dicha carta de el dicho señor con la maior e mas debida /25r/ reberencia que podia e debia como carta de su Principe e señor natural, el qual Dios Nuestro Señor deje uibir en sus señorios e acreçentarlos=

E que, en quanto al cumplimiento de ella que el i los sobre dichos dijeron que estaban prestos de lo complir en todo por todo segun en ello se contenia.

Testigos que fueron presentes Juan Ximenez de Cordoba e Alfonso, su ermano, e Gomez Martinez de Parraga, veçinos de la dicha ciudad.

Cabildo abierto

E despues de lo suso dicho en la dicha ciudad de Anduxar, juebes tres de el dicho mes de setiembre de el dicho año de el Señor de mil e quatroçientos e cinquenta años, en la Plaça de Santa Maria de esta ciudad, estando aiuntados a concejo a campana repicada segun que lo an de uso e costunbre, el honrrado caballero Fernando de Villafañe, Asistente en esta dicha ciudad por nuestro señor el Principe, e Fernando de Baena e Gonçalo de Baena, alcaldes, e Pedro Sanchez de Benito Perez, alcalde en lugar de Pedro Serra-/25v /no e Rodrigo de Barea, alguacil, e el bachiller Pedro de Quiros e Fernan Perez de Baena e Fernan Lopez de Pasillas, regidores, e Pedro Ruiz de Moriana, procurador del concejo de la dicha ciudad, e de los caballeros non regidores de la dicha ciudad, Pedro Sanchez de Barajas e Rodrigo de Burg[u]illos Juan Alfonso Palomino e Pedro del Villar e Sancho, su ermano, e Martin de Godoy e Alfonso Sanchez Palomino, e Gomez Martinez de Parraga e Juan de Cardenas e Juan Ximenez de Cordoba e Alfonso Diaz, notario, e Juan Sanchez de Mesa e Pedro Ruiz Façan e Alfonso de El Osso e Alfonso de Cordoba e Luis de la Saeta e Rui Gonçalez e Pedro Sanchez e Alfonso Sanchez de Santiago el moço e Pedro de Castro e Fernando de Barajas e Pedro Lorenço e Juan de Baeça e Juan Ruiz Villar e Pedro Franco e Pedro Sanchez Romo e Gonçalo Rodriguez de Jaen e Alfonso Sanchez e Carlos de Hatero e Fernan Rodriguez de Arjona e Martin Gonçalez de Morales e Alfonso Gonçalez, su fijo, e Juan Serrano e Alfonso Lopez /26r/ de Baeça e Juan Gonçalez de Baños e Alfonso Jil de Lopera e Andres Rodrig[u]ez Palomino e Francisco de La Figuera e Alfonso Sanchez Nabarro e Miguel Sanchez Tejero e Mig[u]el Sanchez Nabarro e Luis Gonçalez de Ayala e Diego Fernandez Contero e Andres Recaudador e Bernabe Serrano e otros muchos de los vecinos e moradores de esta dicha ciudad,

en presencia de nos, Alfonso Sanchez e Ferrnando Diaz, escribanos publicos en la dicha ciudad, e de los testigos suso escritos sus nombres.

Luego en la dicha presencia, vimos en como el señor Asistente dijo en el dicho concejo a todos los sobre dichos en como bien sabian que, a el tiempo que esta dicha ciudad le auia entregado el castillo por mandado de el señor Principe, el le auia fecho juramento e pleytomenaje que, si el dicho señor Principe mandase dar e entregar el dicho castillo a otra persona alguna, que antes que a la tal persona lo diese e entregase, lo faria saber a esta dicha ciudad;

e que, cumpliendo el dicho juramento e pleytomenaje que les tenia fecho, les faria saber /26v/ en como el dicho señor Principe le enbiaba a mandar por una su carta firmada de su nonbre e sellada con su sello e por otras ciertas cartas de el dicho señor Principe firmada[s] de su nonbre que luego diese e entregase el dicho castillo a Pedro de Escabias, su vasallo, vecino de esta ciudad, para que se lo tuviere e guardase por su merçed para su seruiçio;

e dandogelo e entregandogelo, que recibiese de el dicho Pedro de Escabias juramento e pleytomenaje que tendra e guardara el dicho castillo para el dicho señor Principe, segun e en la manera que en la dicha carta mas largamente se contiene;

e que, para cumplir lo que el dicho señor Principe le enuiaba a mandar e porque entendia ser asi complidero a su seruiçio, que le queria dar e entregar luego el dicho castillo a el dicho Pedro de Escabias e recebir de el el dicho pleytomenaje e juramento segun que el el dicho señor Principe gelo manda[ba] e enbiaba a mandar por las dichas sus cartas;

por ende /27r/ que se lo façia saber.

E luego los dichos alcaldes e alguacil e regidores e personero e caballeros e ombres buenos que ende eran presentes dijeron que, pues el dicho señor Principe enbiaba a mandar e mandaba por las dichas cartas que entregase el dicho castillo a el dicho Pedro de Escabias, segun y en la manera que dicha es,

que, en lo que en ellos era, que estaban prestos de las cumplir en todo e por todo, segun e como en ellas se contiene e que, pues el dicho Fernando de Villafañe, Asistente, tenia el dicho castillo por el dicho señor Principe, que lo entregase a el dicho Pedro de Escabias e recibiese de el el dicho pleytomenaje e juramento por el dicho castillo, segun que el dicho señor Principe por las dichas sus cartas gelo enuiaba a mandar, e los otros Alcaydes que an tenido el dicho castillo lo an hecho.

[Condiciones especiales]

E asimesmo que el dicho Pedro de Escabias, aliende de las otras cosas en la dicha carta contenidas, jurase e fiçiese pleytomenaje que, en quanto estubiese en el dicho castillo, non procurara basallos que sean francos nin otra cosa al-/27v/-guna que sea en contra el fuero, derecho e costumbre de esta ciudad para que sean anejos a el dicho castillo.

E luego el dicho Pedro de Escabias dijo que, pues el abia de façer pleytomenaje e juramento para el dicho castillo a el dicho señor Principe de lo tener e guardar por Su Merçed para su seruiçio, e ansimismo a la dicha ciudad que non procuraría cosa alguna de lo sobre dicho que en daño e desafuero de ella fuese,

que la dicha ciudad fiçiese a el el mesmo pleytomenaje e juramento de le ayudar a guardar e defender el dicho castillo, segun que lo abia fecho a los otros alcaydes que abian tenido el dicho castillo e en tal caso se requeria façer.

E luego los dichos alcaldes, alguacil, regidores e personero, caballeros, escuderos e ombres buenos que ende eran presentes dijeron que les plaçia; e todos en concordia por si y en nonbre de la dicha ciudad otorgaron todo su libre e llenero poder cumplido asi como todos e cada uno de ellos abian;

e segun que de derecho mas /28r/ deuia ualer a los dichos Pedro Sanchez de Benito Perez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz de Moriano, personero del dicho concejo, que ende eran presentes, especial mente para que por nonbre de ellos e de la dicha ciudad fiçiesen el dicho juramento e pleytomenaje en sus animas, segun dicho es, el qual ende libre e llenero poder cumplido ellos abian e tenian para lo façer tal e tan complido lo dieron e otorgaron e traspasaron en los dichos Pedro Sanchez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz, personero, e para lo aber por firme obligaron ellos e a sus bienes e de la dicha ciudad=

[Toma de posesión del castillo]

E luego in continenti el dicho señor Asistente e los dichos alcaldes, alguacil, regidores e personero, caballeros, escuderos e omes buenos que ende eran presentes fueron a las puertas del castillo de esta ciudad; e luego el dicho Asistente mando a Pedro de Villaverde, su criado, que estaba dentro de el dicho castillo e lo tenia por el, que le abriese las puertas de el dicho castillo.

E luego el dicho Pedro de Villaberde abrio las dichas puertas e pasose de parte de adentro /28v/ de el dicho castillo con las llaves en la mano.

E luego el dicho señor Asistente dijo que le mandaba e mando que saliese de dentro de el dicho castillo por quanto lo queria dar e entregar a el dicho Pedro de Escabias, según que el señor Principe gelo enbiaba a mandar [e] a el alçaba qualquier pleytomenaje e juramento que de el dicho castillo tiene fecho una e dos e tres ueces, una e dos e tres ueces, una e dos e tres ueces, segun fuero e costumbre antigua de España, e lo daba por libre e quito a el e a sus bienes e a todo su linaje.

E luego el dicho Pedro de Villaberde salio fuera de el dicho castillo e dio e entrego las llaves de el a el dicho señor Asistente, el qual luego las dio e entrego a el dicho Pedro de Escabias.

E tomole por la mano e entrole dentro en el dicho castillo; e dijo que le daba e entregaba en nonbre de el dicho señor Principe con todo lo alto e uajo, segun y en la manera que lo tenia=

E luego el dicho Pedro de Escabias echo fuera de el dicho castillo a el dicho Asistente e çerro las puertas.

Pleytomenaje de Pedro de Escabias

E dijo que reçibia e reçibio el dicho castillo /29r/ e que se otorgaba e otorgo por contento e entregado de el a toda su voluntad;

que façia e fiço pleytomenaje en mano el dicho señor Asistente, asi como en mano de caballero fijodalgo vna e dos e tres ueces, vna e dos e tres ueces, vna e dos e tres ueces, segun fuero e costunbre antigua de España, de tener e guardar el dicho castillo por el dicho señor Principe e para el, e de acogerlo en el quando viniese ayrado o de grado, con pocos o con muchos, de noche o de dia e que non alojara nin recibira en el dicho castillo alguno que mas ni tanto poderoso sea que el dicho Pedro de Escabias sin aber carta ni espeçial mandado de el dicho señor Principe para ello;

e demas que, entre tanto que tubiese el dicho castillo, non procurara ballesteros no otros omes ni otra cosa alguna que sea aneja a el dicho castillo en daño de la dicha ciudad, so aquella pena en que caen e incurren los hijosdalgo que quebrantan e non guardan ni cumplen el pley-/29v/-tomenaje por ellos fecho=

E el dicho Pedro de Escabias dijo que, por quanto el dicho castillo es casa llana e non fuerte e esta casi en medio de esta ciudad çercada de todas partes que, si la dicha ciudad e los vecinos e moradores de ella se alçaran contra el por tomar e ocupar el dicho castillo, que non se lo podria resistir e defender. Por ende dijo que les fara e fiço el dicho pleytomenaje con condicion que, si la dicha ciudad e los vecinos de ella se alçasen contra el para le tomar el dicho castillo e el por esta causa non pudiese dar de el quenta como debia e segun prometido lo tenia, non incurriese en las dichas penas=

Pleytomenaje de la ciudad

E luego los dichos Pedro Sanchez de Benito Perez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz Moriano, por ellos e en nonbre de la dicha ciudad, en manos de el dicho señor Asistente asi como en manos de caballero fijodalgo, dijeron que farian e fiçieron pleytomenaje vna, dos e tres ueces, vna, dos /30r/ e tres ueces, vna, dos e tres ueces, segun fuero e costumbre antigua de España;

que esta ciudad e los vecinos e moradores de ella e de sus lugares e terminos sus partes, bien, leal e derechamente ternan e guardaran esta dicha ciudad e sus arrabales e aldeas e terminos para el dicho señor Principe e lo alojaran en ella ayrado o de grado, con pocos o con muchos, e noche o de dia, segun e en la manera que a el dicho señor Principe pluguiere, e que non iran contra el dicho castillo para lo conbatir nin tomar, nin ofender a el dicho Pedro de Escabias ni aquel ni aquellos que por el dicho castillo tubieren,

antes que le daran todo favor e aiuda e gente que para defensa de el dicho castillo vbiere menester, cada e quando que el dicho Pedro de Escabias se lo requiriere=

Otrosi el dicho Pedro de Escabias, alcayde, por si e por los dichos Pedro Sanchez de Benito Perez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz, Personero, por ellos [e] en nonbre de la dicha ciudad en anima de los dichos vecinos e moradores de ella dije-/30v/-ron que juaraban e juraron por el nombre de Dios e de Santa Maria e por las Palabras de los santos Evangelistas e por una señal de la cruz semejante a esta † que corporal mente con sus manos derechas tocaron, que ellos e por la dicha ciudad e uecinos e moradores de ella ternan, guardaran e cunpliran todo lo suso dicho e cada una boz e parte de ello, so aquellas penas en que caen e incurren aquellos que quebrantan juramento e pleytomenaje justa e debida mente fecho, en lo qual todos consintieron.

E el dicho Pedro de Escabias, alcayde, e el dicho Pedro Sanchez de Benito Perez e Pedro Palomino e Rodrigo de Barea e Pedro Ruiz, personero, e los dichos alcaldes, alguacil e regidores e personero, caballeros, escuderos e omes buenos de la ciudad que ende eran presentes dijeron que alçaban e alçaron a el dicho señor Asistente qualquiera pleytomenaje e juramento que çerca de el dicho castillo se aya fecho e lo daban por quito de todo ello para agora e para siempre jamas, en tanto quanto podian e de derecho debian.

/31r / Y el dicho Asistente dijo que el dicho Pedro de Escabias, alcayde, bien sabia como en las cartas e poderes que de el dicho Principe tiene enbia a mandar a los alcaydes que sus castillos e fortaleças tienen en el obispado de Jaen que lo acojan en lo alto y en lo bajo de ellos, que por ende que le fiçiese pleytomenaje de lo acoger en el dicho castillo e fortaleça a el dicho Asistente cada e quando viniese, segun y en la manera que el dicho señor Principe por las dichas sus cartas lo enuiaba a los dichos sus alcaydes,

Pleytomenaje de Pedro de Escabias a el Asistente

E el dicho Pedro de Escabias dijo que, so cargo de el dicho juramento e pleytomenaje que abia fecho en manos de el dicho Asistente, que prometia e prometio de lo acoger en el dicho castillo e fortaleça cada e quando el dicho Asistente uiniese a esta ciudad, segun e en la manera que en las dichas cartas e poderes que de el dicho señor Principe tiene se contiene.

Testigos que fueron presentes por todo lo suso dicho Fernando de Barajas, Rodrigo de Burguillos, e Martin de Godoy, /31v/ e Fernando Martinez, e Sancho de Godoy, vecinos de esta ciudad=

E yo Alfonso Sanchez, escribano publico de la ciudad de Anduxar so testigo=

E yo Fernando Diaz de Anduxar, escribano de el Rey nuestro señor e escribano publico de la noble ciudad de Anduxar, en uno con los dichos testigos e con el dicho Alfonso Sanchez, escribano, a todo lo sobredicho que de mi se façe mençion, presente fui e es cierto e lo testigo e fiçe. aqui esta mi signo en testimonio de berdad Fernando Diaz escribano

[Petición de un traslado por Pedro de Escavias]

En la noble ciudad de Anduxar, juebes primero dia del mes de otubre del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesu Cristo de mil y quatroçientos e çinquenta años,

ante el honrrado Fernando de Villafañe, alcalde en esta dicha ciudad por el nuestro señor el Principe; en presencia de mi Fernando Diaz de Anduxar, escribano publico de la dicha ciudad e de los testigos iuso escritos sus nonbres,

parecio ante el dicho alcalde Pedro de Escabias, alcayde del castillo de esta /32r/ ciudad, e presento ante el dicho alcalde e leer fiço por mi, el escribano, una carta de nuestro señor el Principe firmada de su nonbre e sellada en las espaldas con su sellos de cera mermeja (sic), la qual yo tome e lei en la dicha presencia que su tenor es este que se sigue.

Carta del Principe[2]

Don Enrrique por la graçia de Dios Principe de Asturias, fijo primogenito eredero de el muy Alto e Poderoso señor e padre, el Rey don Juan de Castilla e de Leon,

a el conçejo, Asistente e alcaldes e alguacil e aegidores, caballeros, escuderos, ofiçiales e omes buenos de la ciudad de Anduxar, mis basallos, salud e graçia.

Sepades que ui buestra peticion que me enuiastes a pedir por merçed que vos ficiese merced de las tenencias de el castillo de esa dicha ciudad para que vos la encomendasedes a una buena persona de esa dicha ciudad que lo tubiese e guardase para mi seruiçio.

E yo bos mando que, vista esta la presente, [de]des e entreg[u]edes el dicho castillo e fortaleça de el e de /32v/ esa dicha ciudad a Pedro de Escabias, veçino de esa dicha ciudad, mi basallo, a el qual es mi merçed de lo mandar dar e entregar para que lo tenga e guarde para mi seruiçio.

E dandogelo e entregandogelo por esta mi carta, alço e quito qualquier pleytomenaje e juramento que para el dicho mi castillo tenga[3] fecho el que fasta entonçes lo aia tenido e tenga vna, dos e tres ueces, vna, dos e tres ueces, vna, dos e tres ueces, segun fuero e costunbre de España.

E dandogelo e entregandogelo el dicho castillo a el dicho Pedro de Escabias, bos mando que reçibais de el el dicho Pleytomenaje e juramento que en tal caso se requiere para que tendra e guardara por mi e para mi el dicho castillo e fortaleça e me acojera cada e quando fuere, ayrado o de grado, con muchos o con pocos, de noche o de dia, e non recibira nin acojera en el otro alguno que mas nin tanto poderoso sea como el sin tener mi carta y espeçial mandado para ello.

E tengo por bien e es mi boluntad que aia de mi en cada año con la /33r/ dicha tenencia de el dicho castillo otros tantos marabedis como hasta aqui abia de mi Albaro de Monfernando, mi Alcayde que lo solia tener, en quanto mi merced e voluntad fuese.

E mando a los mis contadores maiores que lo pongan e asienten asi en los mis libros e nominas de las dichas tenencias e libren a el dicho Pedro de Escabias en cada un año los dichos maravedís, segun e quando libren a los dichos mis Alcaydes de los dichos mis castillos e fortaleças las tenençias que de mi tienen.

E los unos nin los otros non fagades ende al por alguna manera so pena de la mi merçed e de diez mil marabedis cada uno de vos por quien de ello ansi fincare de se façer e conplir.

Dada en la noble ciudad de Segobia a once dias de agosto del Naçimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil y quatroçientos y cinquenta años=

Yo el Principe = Yo Diego de Arias de Abila, secretario de nuestro señor el Principe, la fice escribir por su mandado.

escrito entre renglones =Asistente= Vala=

y abia escrito en las es-/33v/-paldas de la dicha carta esta escrito e firmado esto que se sigue= Registrada= conçejo justiçia Asistente alcaldes alguacil e regidores caballeros escuderos ofiçiales e omes buenos de la dicha ciudad de Anduxar de estotra parte contenidos ved esta carta de el Principe nuestro señor e cunplidla de todo e por todo segun que en ella se contiene= Diego Arias=Juan Garcia = e señalada de otras ciertas señales

[Petición]

E presentada la dicha carta ante el dicho alcalde e leida por mi el presente escribano en la manera que dicho es, luego el dicho Pedro de Escabias, alcayde, dijo a el dicho alcalde que el se entendia aprovechar del traslado de la dicha carta para algunas cosas que le cunplian e que se temia que la dicha carta de el dicho señor Principe se le podia perder por fuego o por agua o por robo o en otra qualquiera manera, por ende dijo que pedia e pidio a el dicho alcalde que mandase a mi, el escribano, que fiel mente sacase e fiçiese sacar de dicha carta original de el dicho señor Principe /34r/ vn traslado, dos o mas, quales quisiese e menester ubiese,

e que a el tal traslado o traslados que asi sacase e fiçiese sacar interpusiese en ellos en cada uno de ellos el dicho alcalde su decreto e autoridad judiçial para que ualiese e fiçiesen fe donde quiera que pareciesen como la dicha carta original de el dicho señor Principe.

E luego el dicho alcalde tomo la dicha carta e firma de el dicho señor Principe e mirola e examinola e dijo que, porque la hallaba sana e non rota, nin chançelada, nin en parte alguna sospechosa, mas antes careciente de todo viçio e error, que mandaba e mando a mi el dicho escribano que fielmente sacase e fiçiese sacar de la dicha carta original del dicho señor Principe un traslado, dos o mas, quales e quantos el dicho Pedro de Escabias, alcayde, quisiere e menester ubiere e que a el tal traslado e traslados que yo asi sacase e fiçiese sacar interponia en ello su decreto e autoridad judiçial para que ualiesen e fiçiesen fe cunplida donde quier que pareciesen bien asi cumplidamente /34v/ como la carta original de el dicho señor Principe que de ello debe façer de derecho=

E yo,el escribano de el numero de el dicho alcalde, saque este traslado de la dicha carta original de el dicho señor Principe , en el qual el dicho alcalde escribio su nonbre.

E lo e sacado fielmente el dicho traslado de la dicha carta original del dicho señor Principe, de donde fue sacado en la dicha ciudad de Anduxar en dicho dia mes y año suso dicho de mil e quatroçientos e cinquenta=

testigos que fueron presentes a el darle la dicha autoridad, leer y concertar este traslado con la dicha carta original de el dicho señor Principe de donde fue sacado, Alfonso Diaz de Baena e Fernando Gutierrez de Lara e Juan Lopez de Arjona, vecinos de la dicha ciudad de Anduxar= Fernando de Villafañe, alcalde=

E yo Fernando Diaz de Anduxar, escribano del Rey nuestro señor e escribano publico de la noble ciudad de Anduxar en uno con el dicho alcalde e testigos a le darle la dicha autoridad e leer e concertar este dicho traslado con la dicha /35r/ carta original de el dicho Principe de donde fue sacado, presente fui y es cierto e de mandamiento de el dicho Alcalde lo escribi e so testigo e fiçe este mi signo= es testimonio Fernan Diaz escribano.

[Certificación de la autenticidad de la copia, 21-02-1628]

Corregido e conçertado fue este traslado con su original que para ese efecto exibio ante mi e su merced, Rodrigo Perez Bueso, alcalde ordinario de esta villa, Pedro de Escavias, vecino de ella, por mandado del dicho alcalde e de pedimento de Don Luis de Quero Escabias=

Yo Francisco de Valladares Sarmiento, escribano publico de esta dicha villa lo hiçe sacar y ua cierto y uerdadero y fueron de ello testigos el licençiado Juan Bautista Serrano, presuitero, y Pedro de el Rey, vecinos de esta villa de Porcuna, en ella, en veinte y un dias de el mes de febrero de mil y seiscientos y ueinte y ocho años [21-02-1628], y lo firmo su meçed (sic) el dicho alcalde, y Pedro de Escabias, el recibo el original y fiçe mi signo= Rodrigo Perez Bueso= Pedro de Escavias en testimonio de verdad. Fran-/35v/-cisco de Balladares Sarmiento, escribano publico= Juan de Arjona Colodro, escribano maior de el cabildo de esta ciudad de Anduxar a el uer, sacar corregir y concertar este traslado con su original que para dicho efeto se saco de el Archibo de esta ciudad que se entrego a los dichos señores informantes y firmaron aqui su recibo, el qual dicho traslado va cierto e uerdadero, y se saco en papel de el sello segundo el primer pliego y ultimo y lo demás comun.

[Fecha en que se hizo la copia para la Probanza]]

En Anduxar en diez de otubre de mil y seiscientos e cinquenta y cinco años [10-10-1655]

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Entrega de la alcaidía, comentario

Introducción

La nota preliminar del documento que describe la ceremonia en la que Pedro de Escavias presenta ante los autoridades de Andújar la carta del Príncipe que le designa como alcaide del castillo de la ciudad nos ofrece una lista de los miembros que componían la institución municipal, que se completará en el auto del cabildo abierto:

Asistente [corregidor]: Fernando de Villafañe

Alcaldes: Fernando de Baena y Luis Lopez de la Saeta [en lugar de Gonzalo de Baena]

Alguacil: Rodrigo de Barea

Regidores: Pedro de Quiros, Fernando Perez de Baena, Alfonso Diaz de Baena, Alfonso Lopez Asensio, Jil y Fernan Lopez de Pasillas

Procurador del concejo: Pedro Ruiz de Mariana

Escribano: Fernando Diaz de Anduxar.

Comparado con esos personajes con cargo oficial, Pedro de Escavias, sin más título que el de “vecino de la ciudad”, resulta poco favorecido. Ni siquiera se le reconoce como “natural” de Andújar, lo que hubiera añadido un rasgo de individualización personal.

Cédula del Príncipe

Designación de Pedro de Escavias

En una carta de merced, el Príncipe no tiene por qué justificar lo que le anima a concederla ni menos admitir que lo hiciera por iniciativa de alguno de sus súbditos o de un grupo de ellos. Sin embargo, puede que no sea mero formulismo jurídico la evocación de una petición por parte del regimiento de la ciudad de Andújar. Si es admisible que este manifestara el deseo de que, desde el momento en que el Príncipe decidió sustituir al alcaide, el cargo recayera en “una buena persona de esa dicha ciudad”, en cambio, la designación del elegido es de la responsabilidad exclusiva del Príncipe, por lo que no cabe suponer que se limitara a dar su visto bueno a una designación sugerida por las autoridades ciudadanas.

La fórmula habitual de identificación “vecino de esa dicha ciudad” con la que queda designado Pedro de Escavias viene completada por la fórmula “mi vasallo”, que sugiere, aunque expresada de manera muy escueta, una relación más personal, como se nota en ciertas cartas posteriores del rey donde viene completada por un calificativo laudatorio, “mi leal vasallo”.

Las más antiguas menciones documentadas de Pedro de Escavias se deben al rey Juan II y al Príncipe Enrique y están relacionadas con la donación de la villa de Andújar que el rey hizo a su hijo. Esta estuvo iniciada en 1444, cuando el Infante Enrique de Aragón ejercía aun oficialmente su señoría en ella, se concretó después de la batalla de Olmedo (19 de mayo de 1445) y fue confirmada a la muerte del Infante (15 de junio).

El concejo de Andújar recibió la noticia de la cesión definitiva el 22 de mayo de 1446 por una carta del rey que, además de nombrar al Príncipe señor de la villa, concedía a esta el título de ciudad:

Otrosi por contenplaçion de vos, el dicho Prínçipe, mi fijo, e porque me lo vos suplicastedes e pedistis por merçed, por la presente, de mi çierta çiençia e poderío rreal, fago çibdad la dicha villa de Anduxar e quiero e es mi merçed e voluntad que de aqui adelante para sienpre jamás será çibdad e aya e goçe en quanto çibdad de todas la prerrogatiua e preheminençias e señoríos e priuilegios y essençiones que han e de que goçan e deuen goçar en quanto calidades las otras çibdades de mis rreynos e que les sean guardadas bien e cunplidamente. E de aqui adelante para sienpre jamás sea llamada e la yo llamo por la presente la çibdad de Anduxar.

Es posible que el rey se arrepintiese de su decisión, probablemente a instancias de Alvaro de Luna que no vería con buenos ojos crecer el poder del Príncipe y de sus favoritos, porque, apenas un mes después misionó a uno de sus criados a Andújar con la carta de introducción siguiente a destinación de Pedro de Escavias:

Pedro de Escavias. Sobre algunas cosas tocantes a mi serbiçio y tocantes a la toma que yo mando facer de esa villa de Andújar para la mi corona real, yo imbio allá a Diego de Arroyo, mi vasallo. Yo vos mando, si servicio me desearedes facer, le deis fe y crédito de todas las cosas que de mi parte en esta razón vos dira tocantes a lo sussodicho, y en ellas fagades y cunplades y pongades en ejecución por quanto lo es muy cunplidero a mi servicio.

De la mi villa de Mayorga, a treinta dias de junio del año de quarenta e seis.

Yo el Rey. Por mandado del Rey: Relator.

La “toma que yo mando facer de esa villa de Andújar para la mi corona real” solo puede interpretarse como la negativa a ceder la villa a su hijo y la embajada de Diego de Arroyo estaría destinada a tomar medidas para que no se cumpliera.

Las otras informaciones que proporciona esta iniciativa real conciernen la posición personal de Pedro de Escavias en el contexto político de la época en el reino de Jaén. La primera consiste en la prueba de que había mantenido con el rey una relación que no se cortó cuando Pedro de Escavias dejó la corte en la que, como paje, había pasado varios años de su infancia. Por otra parte, en el conflicto existente, don Juan parece considerar a Pedro de Escavias como un aliado potencial frente al partido del Príncipe y de Juan Pacheco.

Entre esa fecha de 1446 y la de 1450 en la que recibió el cargo de alcaide de manos del Príncipe, es de suponer que hubo altos y bajos en la situación de Pedro de Escavias al tener que componérselas con las dos autoridades en conflicto. Al parecer, supo salir de apuros porque no hizo nada que le negara radicalmente cualquier perspectiva futura como lo demuestra la concesión de la alcaidía. Lo único que cabe suponer es que tuvo que mostrarse paciente y usar de diplomacia. Por fin, lo que no es dudoso es que supo ganarse la confianza del Príncipe, hacia el que no dejará de manifestar, a lo largo de su reinado, una lealtad sin reserva.

Pudo favorecer esa relación Fernando de Villafañe, “vn cauallero que fue criado de la Reyna doña Maria, madre del Rey don Enrrique”, dato biográfico, quizás el único que tenemos sobre el asistente, que incluye Pedro de Escavias en su Reportorio de Príncipes de España. La proximidad de Villafañe con el Príncipe le valió ser nombrado corregidor de Andújar y más adelante de Baeza, Ubeda y Jaén, hasta 1465, fecha en la que perdió la confianza del rey y, al parecer, tuvo que abandonar el reino de Jaén. Su esposa era hija del famoso alcaide de Antequera, Rodrigo de Narváez.

Condiciones

Según la carta de concesión, las obligaciones del alcaide se limitan a mantener el castillo a la disposición del Príncipe, facilitándole el acceso en cualquier momento y prohibir la entrada a cualquiera que no haya sido recomendado por él. El formulismo jurídico remite ciertamente a una práctica avalada en la tenencia de lugares y fortalezas, pero no impide opinar que la misión queda aquí reducida a su más escueta expresión. Basta con comparar las condiciones impuestas por el condestable Miguel Lucas al alcaide de Alicún (cf. Temas giennenses / Miguel Lucas nombra a Juan Díaz de Navarrete alcaide de Alicún (10 de julio de 1470) para percatarse de que la carta omite muchas obligaciones de las que solían recaer en la persona del alcaide.

La cuestión de la financiación apenas es evocada. Los maravedís que cobrará Pedro de Escavias corresponden a la remuneración del alcaide y esta es equivalente a la que reciben todos los que ejercen ese cargo (“segun e quando libren a los otros mis Alcaydes de los otros mis castillos e fortaleças e tenençias que de mi tienen”). No está previsto un presupuesto para el mantenimiento del castillo ni el pago de sus guardas. No se hace ninguna mención de la defensa de la plaza, trátese de la importancia de la guarnición, de los pertrechos disponibles, como si la fortaleza de Andújar no pasara de ser a los ojos del Príncipe un palacio donde pudiera alojarse.

Al expresar la voluntad de reservarse el uso exclusivo del castillo, el Príncipe parece animado por el deseo de imponer públicamente su autoridad en el reino de Jaén, cuyo señorío le ha sido concedido, actitud comprensible en un joven de 25 años que aspira a librarse de la autoridad paternal. El dato más significativo concierne a las personas a las que se prohíbe el acceso al castillo sin mandato especial. La definición “los que mas ni tan poderoso[s] sea[n] como el” abre un abanico ciertamente amplio de personalidades, en las que caben todos los que ocupan un puesto eminente junto al rey y, para empezar, Alvaro de Luna y sus familiares.

Ese objetivo claramente político se observa en la manera en que el Príncipe interpreta la misión del nuevo alcaide en unas cartas poco posteriores a la toma de posesión:

Pedro de Escavias, alcayde. Por algunas cosas complideras a mi seruiçio es necesaria vuestra persona e uenida según el portador de mi parte vos dira; por ende yo vos mando luego, uista la presente, partades conmigo doquier que yo sea antes ser pueda. Esto faced luego en todo caso porque asi cunple a mi seruiçio.

De Toledo a ueinte y quatro dias de el mes de março de cinquenta y uno. Yo el Principe= Por mandado de el Principe Diego Arias.

La segunda carta no lleva indicación de año, pero basta saber que es anterior a 1454, año en que el príncipe deja de serlo para suceder a su padre como rey de Castilla.

Pedro de Escavias, mi alcayde. Por quanto yo mandé estar en essa mi ciudad a Pedro de Cuellar, mi corregidor, vos mando que si fuere a algunos rebatos y otras partes fuera de esa dicha ciudad, vos juntedes y conformedes con la justicia que el dejare en esa dicha ciudad, porque en todo se guarde lo que cunpla a mi seruiçio. Y asimismo vos conformar con el dicho Pedro de Cuellar y consultad con el todas las cosas que entendieredes que sean cunplideras a mi seruiçio y el pro y bien de esa dicha mi ciudad.

Dada en mi Ciudad Real a 26 de abril. Yo el Principe= Alvar Garcia.

Aun si no sabemos qué misión concreta pensaba encargar el Príncipe a Pedro de Escavias en su primera carta, convocándole fuera de Andújar solo tres meses después de nombrarlo alcaide, en cambio, la segunda carta le asocia a la administración de la ciudad, aunque bajo la autoridad del corregidor. Esas dos cartas podrían interpretarse como un toque de atención del Príncipe descontento por la actuación del alcaide, pero, en la medida en que se le mantuvo en el cargo, también podría significar que el Príncipe le confía misiones no ya solo defensivas sino más políticas en la ciudad de Andújar y su comarca.

 

[Recepción de la carta]

La ceremonia se declina en una serie de gestos simbólicos, que reproducen un ritual de toma de posesión bien conocido.

El primero de esos gestos manifiesta la sumisión de los receptores de la carta hacia su autor, lo que equivale en términos legales a la aceptación de la decisión del Príncipe. Como el acto se hace por medio de un apoderado, Fernando de Villafañe, asistente de la ciudad en nombre del Príncipe, esa sumisión se expresa por las muestras de reverencia y obediencia de la que la carta es objeto: “E luego el dicho señor Asistente tomo la dicha carta de el dicho señor Principe en sus manos e besola e pusola encima de su cabeça”.

Cabildo abierto

Las autoridades no necesitaban ser requeridas ni menos amenazadas como lo hace Escavias (“protestaba e protesto de se ir a querellar…”), para obedecer al mandamiento del señor de la ciudad, y nadie creerá que los ediles se oponían al nombramiento de Pedro de Escavias. La sustitución de un nuevo alcaide al anterior podía realizarse por una gestión directa entre el Príncipe, su representante, asistente o corregidor, y el interesado, pero aquí interviene un factor que no podía ser desechado jurídicamente: la propiedad del castillo, que debía corresponder a la ciudad, en totalidad o compartida con el señor. De allí que, aunque fuera una concesión puramente formal se pidiera el acuerdo de las autoridades locales.

La lista de los que presenciaron el cabildo alcanza los 50, si se suman los 45 caballeros hidalgos de la ciudad “non regidores” a los alcaldes, alguacil, regidores, procurador. Dada la solemnidad del acto, pocos caballeros habrán faltado, por lo que puede considerarse esa lista como una exacta imagen del estamento hidalgo de la ciudad. Los linajes enumerados son algo menos porque no es raro que se mencione a dos miembros de una misma familia (Pablo y Sancho Villar, Pedro Sanchez y Alfonso Sanchez de Santiago, Martin y Alfonso González de Morales). Varios de ellos se señalarán en los años siguientes: Baena, Barea, Barajas, Cárdenas, Godoy, Palomino. Entre ellos, no aparece el apellido Escabias ni el de Priego, que eran los del padre del nuevo alcaide.

De paso el documento alude a la presencia de “muchos de los vecinos e moradores de esta dicha ciudad”, lo que confirma que el auto, que se desarrolló primero en la Plaza de Santa María, fue público y abierto a todos, cualquiera que fuera su clase social.

El discurso pronunciado por el asistente Fernando de Villafañe aporta un dato útil para comprender el proceso seguido en la concesión de la alcaidía. El Príncipe concedió el cargo, se supone que poco después de la fecha en la que el rey lo proclamara señor de la villa (1446), a su corregidor y hombre de confianza. Como lo había prometido en aquel momento al regimiento de la villa, se comprometía a informarlo previamente en caso de que sustituyera a otro titular en el cargo. Esta precisión aclara el desarrollo de las etapas anteriores del acto.

[Condiciones especiales]

En el momento de entregar las llaves del castillo a Pedro de Escavias, el asistente añade una condición en su nombre y en el de la ciudad:

aliende de las otras cosas en la dicha carta contenidas, jurase e fiçiese pleytomenaje que, en quanto estubiese en el dicho castillo, non procurara basallos que sean francos nin otra cosa alguna que sea en contra el fuero, derecho e costumbre de esta ciudad para que sean anejos a el dicho castillo.

La formulación resulta algo enigmática. Quizás haya que entender que se prohíbe al alcaide introducir en el castillo e incorporar a la guarnición (“para que sean anejos al dicho castillo”) personas del exterior que no fueran sometidas a la autoridad de la ciudad (“francos”). De ser así, las autoridades se reservarían el derecho exclusivo en la elección del personal encargado de la defensa del castillo. Escavias repite más abajo parafraseándola la condición enunciada en términos que la hacen más comprensible, aunque siga siendo más bien vaga: “que non procuraría cosa alguna de lo sobre dicho que en daño e desafuero de ella fuese”.

Sea como fuere, el nuevo alcaide parece conformarse con la voluntad de los ciudadanos, pero, de pronto, a modo de compensación – “que la ciudad fiçiese a el el mesmo pleytomenaje” – ante esa renuncia parcial por su parte del libre ejercicio de su cargo, pide a la ciudad “de le ayudar a guardar e defender el dicho castillo”. Si el alcaide no está en condiciones de ejercer por sí solo la totalidad de sus prerrogativas, se hace necesaria la intervención de la ciudad para completarla.

[Toma de posesión del castillo]

Es el momento de la ceremonia en el que más se evidencia el tradicional ritual de la toma de posesión, cualquiera que sea su objeto. Se desarrolla según un proceso invariable, en el que interviene la suspensión del oficial anterior y su sustitución por el nuevo, concretizada en algunos gestos y objetos simbólicos. El primer acto consiste en expulsar al que ejercía el cargo por delegación del asistente, que era el alcaide designado, a introducir al nuevo titular dentro del recinto, tomándole de la mano, y a entregarle las llaves, todo ello “en nonbre del dicho señor Principe”. Ya dueño del espacio e investido en su cargo, Pedro de Escavias culmina el auto echando fuera del castillo al asistente y cerrando las puertas[4].

Intercambio de pleytomenajes

Luego las abre y se supone que la escena siguiente se desarrolla ante las puertas del castillo. El juramento del nuevo alcaide dirigido al asistente, en presencia de los hidalgos y de los vecinos de la ciudad, retoma los términos de la carta del Príncipe, añadiendo algunos detalles que completan útilmente la primera versión: se compromete a no alojar “alguno que mas ni tanto poderoso sea que el dicho Pedro de Escavias”; tampoco ningún hombre de armas, “ballesteros no otros omnes ni otra cosa (¿armas o pertrechos?) alguna que sea aneja al dicho castillo en daño de la dicha ciudad”.

El juramento del cabildo también dirigido al asistente, además de repetir en parte la carta del Príncipe, responde positivamente a la petición formulada por el alcaide de que no combatieran el castillo y participaran a su defensa. Ambas partes juran solemnemente “por el nombre de Dios e de Santa Maria e por las Palabras de los santos evangelistas e por una señal de la cruz semejante a esta † que corporal mente con sus manos derechas tocaron”.

Por fin, el nuevo alcaide jura ante el asistente que le acogerá en el castillo en las mismas condiciones exigidas por el Príncipe en su carta.

Aquí termina al auto de entrega de la alcaidía de Andújar a Pedro de Escavias y se inicia un período de varios decenios, solo interrumpido por el paréntesis de Alfonso de Aguilar en los últimos meses del reinado de Enrique IV y del principio del de Isabel, durante el cual Pedro de Escavias ostentará el cargo.

Petición de un traslado

Los documentos reproducidos a continuación prolongan el auto de entrega. Pedro de Escavias pide uno o varios traslados de las actas de la entrega. La petición va dirigida a Fernando de Villafañe, no ya como asistente del Príncipe sino como alcalde, aunque siga representando a don Enrique (“alcalde en esta dicha ciudad por el nuestro señor el Principe”). Viene precedida por una copia de la misma carta del Príncipe que inaugura el documento (versión B), que presenta algunas variantes con aquella (versión A), que solo interesan para valorar la labor de los escribanos copistas e incitar a no sacar consecuencias demasiado rotundas o apresuradas de sus testimonios [entre corchetes las palabras añadidas en una de las versiones]:

                              versión A                                                            versión B

  el muy poderoso rey e señor, mi señor padre           el muy Alto e Poderoso señor e padre

petición [en quanto a lo que me me enuiastes] a pedir por merçed        0

                         vista la presente                                               vista esta la presente

                      dedes e entreguedes                                        presentedes e entregedes

                vna, dos e tres ueces o mas                       vna, dos e tres ueces [repetido 3 veces]

                         que por el dicho                               que para el dicho mi castillo tenga fecho

                              recibades                                                              reçibais

                quando fuere [a el], ayrado                                       quando fuer ayrado

                      con pocos o muchos                                        con muchos o con pocos

                       por quien fincares                         cada uno de vos por quien de ello ansi fincare

                           de lo asi facer                                                        de se façer

                                                                                                  [Poderes] Asistente

La petición presentada por Pedro de Escavias tiene un antecedente: la recepción por el alcalde Gonzalo de Santo Domingo, en nombre del concejo de Andújar, de la carta ya mencionada dirigida al cabildo por el rey Juan II en 1446. La formulación es la misma, con algunas leves variantes (cf. Terrones de Robles, Antonio, Vida, martyrio y translación de San Euphrasio obispo y patron de Andujar, 1579, fols. 123-126, de donde transcribe el documento Toral Peñaranda, Enrique, Andújar en el siglo XV, p. 73).

por quanto […] se entendia aprovechar del dicho señor Rey para algunas cosas cunplideras a el dicho concejo […] e por quanto se recelan a que se le podría [perder] por agua o por fuego o por rovo o por furto o por otra ocasion alguna […]

pedia e pidio a el dicho alcalde que diese lizencia e autoridad a mi, el escribano publico, que fiel mente escribiese e fiçiese escribir de dicha carta del dicho Rey original un traslado o dos o mas, que los quantos menester obiere […]

E luego el dicho alcalde tomo la dicha carta en sus manos, examino la diligencia mirola e dijo que, por quanto la fallaba sana e non rota, nin canzelada, ni rayda, ni en alguna parte de ella sospechosa […]

e que al traslado e traslados que yo asi sacare o fiziere sacar, que interponia e interpuso su autoridad e decreto judiçial para que valgasen e fiçiesen fe cunplida donde quier que pareciesen como la dicha carta original del dicho señor Rey…

Por lo tanto, se trata de un documento jurídico habitual en este caso.

Documentos finales

La certificación de la autenticidad del traslado del acta de entrega de la alcaidía realizado en 1628 a petición de Luis de Quero Escavias vale sobre todo para testimoniar que el original o la copia antigua seguía en manos de un descendiente del alcaide, homónimo de su antepasado, Pedro de Escavias, vecino de Porcuna. El apellido Escavias se había transmitido hasta entonces por línea de varón, aunque no ya en Andújar.

Conclusión

La designación de Pedro de Escavias para ocupar el cargo de alcaide marca un momento importante en la historia local. Desde 1446, Andújar está bajo la autoridad del Príncipe Enrique, lo que no significa que deje de depender de la autoridad real sino, al contrario, que la cesión al heredero del trono asegura su permanencia en la corona. Al mismo tiempo, el rey Juan II le concede el título de ciudad. La designación de Pedro de Escavias como alcaide interviene cuatro años más tarde y pone fin a la administración del castillo por delegación del Príncipe a uno de sus familiares para entregarla a un “vecino de la villa”. La solemnidad del auto de entrega realizado ante un público numeroso que no se limitó a las autoridades, en la plaza de la iglesia mayor y en las puertas del castillo, subraya su importancia para todos los habitantes de la ciudad.

Otro interés del documento incluido en la Probanza de 1671 es que nos introduce en los entresijos de una administración compartida entre el Príncipe, como señor de la ciudad, y la administración local. Por otra parte, nos familiariza con los que gobernaban entonces Andújar y, más generalmente, con las familias pudientes de la ciudad. Ese medio centenar de caballeros identificados ofrece una visión concreta del grupo dominante, aunque se eche de menos la presencia del estamento clerical y, desde luego, de la población femenina. Es interesante observar cómo esa ceremonia no contiene ningún episodio religioso, como la presencia de un prelado en el séquito, una bendición e incluso una misa solemne. Se trata exclusivamente de un auto político y administrativo.

Nos ofrece también la oportunidad de conocer la situación de Pedro de Escavias en los primeros instantes de una ascensión que irá confirmándose en los años siguientes. En contra de lo que sugieren los genealogistas de los siglos posteriores, que tienden a anticipar su exitosa carrera política, la familia de los Escavias aparece aislada dentro de la sociedad andujareña del año 1450. No se menciona ni al padre de Pedro ni a su hermano menor Alfonso, aquel porque habría muerto ya, este quizás por su poca edad. El único familiar suyo presente en la ceremonia es su cuñado, Pedro de Quirós, regidor de la ciudad, esposo de su hermana Catalina. El nuevo alcaide es un joven jefe de familia cuya edad rondaría los treinta años, que no ejerce ningún cargo en la ciudad, ni siquiera el de regidor. Los apoyos de que disfruta y que desembocan en su nombramiento no emanan de Andújar sino de la corte real y se deben a sus años de paje, que han dejado una huella favorable en el entorno de Juan II. El camino que le queda por recorrer para alcanzar el puesto eminente que ocupará en los años sesenta no se anunciaba tan fácil. Tampoco se podía sospechar que el nuevo alcaide se confundiría con su cargo hasta el extremo de que este servirá para identificarlo hasta su muerte y en la memoria de los genealogistas de los siglos posteriores, “el alcaide Pedro de Escavias”.

No sé cómo llegó a la noticia de Luis de Quero Escavias la existencia de este documento. Puede que fuera el fruto de una investigación llevada a cabo cerca de los descendientes varones del alcaide. Cualesquiera que fueran las circunstancias del hallazgo, el documento fue percibido como importante y merecía figurar como prueba de la antigüedad del linaje. Para nosotros y, mientras no encontremos testimonios anteriores, constituye un texto fundador de donde arranca necesariamente toda consideración histórica sobre Pedro de Escavias y su descendencia.

Merece interpretarse la divulgación de ese documento como un guiño del destino, ya que se debe a un caballero cuyo linaje, los Quero de la Vega, no se había arraigado aún en Andújar. Los Escavias lo conservaron, pero los Quero fueron los que lo salvaron del olvido, por lo que los historiadores deben serles para siempre agradecidos.

Cronología

Carta del Príncipe: 11 de agosto de 1450

Recepción de la carta: miércoles 2 de septiembre de 1450

Ceremonia de la entrega: jueves 3 de septiembre de 1450

Petición de traslados del alcaide ante Fernando de Villafañe: jueves 1 de octubre de 1450

 

Cronología de las copias modernas

21-10-1628. Petición por Luis de Quero Escavias el mozo de las cartas y demás papeles.

10-10-1655: fecha en que se hizo la copia del traslado de 1628 en la Probanza.

 



[1] Entiéndase “tan poderoso como el alcaide”, cf. infra: “ni tanto poderoso sea que el dicho Pedro de Escabias”.

[2] A continuación, se reproduce la carta que ya se trasladó al principio del acta. La transcribo de nuevo aquí porque presenta algunas variantes con la primera versión.

[3] Ms: “tengades”.

[4] “Dicho poder se expresaba en otros elementos aún perdurables como la expulsión de los presentes en el rito. Tomó por la mano al dicho Lorenzo de Padilla y lo echó fuera de la fortaleza y cerró las puertas y luego las abrió, todo esto en señal de verdadera posesión”. Rivera Romero, Miguel Ángel, La toma de posesión en los estados señoriales de la Casa de Arcos (1511-1570). Comercio y cultura en la edad moderna. Iglesias Rodríguez, Juan J. et alii (eds.): pp.2727-2738. Sevilla, Universidad de Sevilla, 2015.